martes, 12 de agosto de 2014

El poeta Eladio Cabañero y el tema de España en la poesía española contemporánea (XLI)




Las Lagunas de Ruidera (Castilla-La Mancha)



¿Por qué buena parte de los españoles que nos declaramos de izquierdas damos la impresión de estar un tanto perdidos en el uso de términos tales como "pueblo, país, patria, gobierno, nación, España, estado"?... Al usarlos parecen similares pero no lo son. Para la derecha, sí; todo es lo mismo y va en el mismo saco. Los españoles que nos declaramos de izquierdas no deberíamos avergonzarnos de reivindicar el uso del nombre de España, la patria común que a todos nos acoge y ampara, No es solo de ellos, es también nuestra. Y deberíamos hacerlo sin vergüenza alguna, sin ningún tipo de remordimiento, sin amargura ni complejo de ninguna especie. Y para eso puede servirnos la poesía.

De ahí, mi atrevimiento de traer durante unas cuantas semanas, o mientras el cuerpo aguante, lo que algunos de los grandes poetas contemporáneos, poetas del exilio exterior e interior, pero españoles todos hasta la médula, han dicho sobre su patria común, sobre la nuestra, sobre España y su añoranza. Y es que, en palabras de Walt Whitman, "el poeta es el instrumento por medio del cual las voces largamente mudas de los excluidos dejan caer el velo y son alcanzados por la luz". 

Hoy traigo hasta el blog al poeta Eladio Cabañero. Nace en Tomelloso (Castilla-La Mancha) en 1930. Su padre, destacado dirigente socialista local, muere fusilado al finalizar la guerra civil. Trabaja en el campo y la construcción para ganarse la vida. De formación autodidacta, en 1956 se traslada a vivir a Madrid. Trabaja durante varios años en la Biblioteca Nacional de España y más tarde en la editorial Taurus y como redactor jefe de varias publicaciones literarias. Miembro de la conocida como Generación del 50, ganó el Premio Nacional de Literatura. Su poesía canta al paisaje y las gentes de su Castilla-La Mancha natal, así como al amor, la soledad y la queja ante las injusticias. Todo ello con emocionado lirismo. Murió en Madrid el año 2000. Les dejo con su poema "La Patria", que se inicia con un verso de Francisco de Quevedo:


"Miré los muros de la patria mía..."
Francisco de Quevedo

Abierta a los paisajes, silenciosa,
se deja resbalar por sus colinas
hasta las manos que la aman.
Montes a la redonda
cobijan a los pueblos más perdidos,
blancos, disimulados
entre las trochas y el romero.
Pero no basta.

La Patria disecada en los museos,
la Patria del recuerdo y las cenizas
donde un analfabeto nunca cuenta
y una rosa tampoco,
la Patria de antes, la que ha recibido
tantas lecciones de sus hijos muertos,
mejor será olvidarla,
dejarla atrás.

A Dios alaban cuantos de la piedra
construyen una estatua para un hombre,
un muerto predilecto.
Parados en los parques y las plazas,
piloteando la deriva propia,
habitan unos pocos
de los que consiguieron sentar nombre
de héroe.

Mejor que pechos de oro, frentes
de bronce y cinturón de acero con espada,
hombres dando al arado sus derechos
de siembre, hombres
con las manos de encina, tendones
de la propia cordillera, venas
como las fintas de los rayos, dedos
haciendo por el aire y los barbechos
la señal de la siembra.

Yo estoy con los que eligen un amigo,
los que agrupan los nombre naturales
para dar riego al corazón.
Quiero aprender del padre que trabaja
para que el hijo coma,
quiero elegir un pueblo abandonado
donde conozca a todos los vecinos,
para vivir debajo de su tejas
con mi familia y mi conducta.
Quiero
defender la verdad de cada día,
merecer bien el aire,
comer mi pan de harina bien ganada
como lo come un labrador cansado
de luchar con la tierra y de ser pobre.

Cumpliré mi palabra.
Entregaré las cuentas a lo último;
después me saldré al campo
a ver desde algún cruce de caminos
ponerse al sol un día por mi Patria.

"La Patria"
Eladio Cabañero


Y en la próxima ocasión nos vemos con el poeta Gerardo Diego. Sean felices por favor, y ahora, como también decía Sócrates, "Ιωμεν": nos vamos. Tamaragua, amigos. HArendt




El poeta Eladio Cabañero



Entrada núm. 2139
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Pues tanto como saber me agrada dudar (Dante Alighieri
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