martes, 2 de junio de 2026

DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY MARTES, 2 DE JUNIO DE 2026

 






















DEL ARCHIVO DEL BLOG. IRAZOKI Y LAS GOTAS CONTRADAS. PUBLICADO EL 10 DE JULIO DE 2020

 






Las aberraciones de la historia [Irazoki y las gotas contadas, Revista de Libros, 2/6/2020] comenta el escritor y crítico literario Rafael Narbona- merman nuestra fe en el hombre, pero cada vez que surge la voz de un poeta fieramente humano se restablece nuestra confianza, revelándonos que la ternura y la inteligencia hacen retroceder a las pasiones más indignas. Francisco Javier Irazoki (Lesaka, 1954) es un hombre bueno y eso se transparenta en su poesía, luminosa, humilde y esperanzadora. La excelencia moral no es siempre garantía de excelencia artística, pero cuando ambas virtudes convergen el resultado es altamente inspirador. El contador de gotas es la última entrega de una trilogía que comenzó con Los hombres intermitentes y continuó con Orquesta de desaparecidos. Se trata de un tríptico autobiográfico, donde una suave melancolía convive con un acendrado optimismo vital. Irazoki nunca ha caído en la trampa del pesimismo. Conoce el dolor, pues ha sufrido accidentes y pérdidas, pero nada le ha hecho repudiar la vida. Su concepto de la existencia excluye lo sobrenatural. No hay ninguna referencia a Dios. Nunca deplora la finitud. Como diría su entrañable amigo Fernando Aramburu, «un paseo por la vida es suficiente». Irazoki es un poeta intimista y con grandes dotes de introspección, pero nunca le ha dado la espalda a  la realidad. Su voz se ha alzado contra el terrorismo de ETA, cuidando la memoria de las víctimas. Su coraje cívico nunca se ha oscurecido con sentimientos de rencor o revancha. Simplemente, se ha distanciado de los corazones endurecidos que han bañado de sangre su tierra natal, escarneciendo su tradicional espíritu de paz y acogida.

El contador de gotas comienza con una cita de Ramón Eder: «Sin compasión no hay cordura». Irazoki manifiesta desde la primera línea su perspectiva humanista. No hay equilibrio ni armonía sin piedad y solidaridad. Nuestros semejantes no son un escenario de fondo, sino una llamada permanente a la fraternidad. Irazoki inicia su viaje al pasado con las letras del alfabeto: «las letras del abecedario dormitan contra una tapia de mi cerebro». Las palabras son la llave de los recuerdos, la clave que hace inteligible lo que vivimos, la puerta que franquea el paso a la memoria. Irazoki se remonta hasta el principio: «Nací en una familia de campesinos y pastores feos que enamoraron a mujeres de gran belleza». La feliz conjunción de «belleza y desarmonía extremas» alumbró invariablemente el mismo fruto: «una mansedumbre que plantaba árboles». Fundidos con la tierra, los antepasados de Irazoki crecieron como árboles cargados de frutos: «El atuendo de mis ancestros incluía esquejes de roble, castaño o haya». El abuelo abandonó el pastoreo trashumante. Sus dos hijos mayores emigraron a América y, a su regreso, trajeron semillas de tabaco, sin reparar en que las lluvias y las granizadas no favorecían su cultivo. El abuelo no se arredró y logró que las semillas fructificaran con tamaños desiguales, evidenciando la diversidad de la vida. «Cada hebra de tabaco era una bomba de surrealismo». Cada bocanada, provocaba fenómenos insólitos: las pupilas crecían, la estatura disminuía. El abuelo se transformó en «un tallo transparente». Gracias al tabaco, Irazoki y su hermana crecieron como «borrachos sobrios», evitando los abismos que devoraron a otros jóvenes de su generación. Sus neuronas solo necesitaban la imaginación para bailar y vagar por el mundo.

Tras demorarnos en el pórtico de El contador de gotas, ya sabemos lo que nos espera: un árbol frondoso donde lo fantástico y lo cotidiano se funden, un poliedro de infinitas caras que atrapan imágenes del pasado y de un posible porvenir, un templo donde la naturaleza y el hombre se expanden interminablemente. Personalmente, me ha recordado los mejores momentos del realismo mágico, pero sin ningún preciosismo que lastre las palabras, cargándolas con un empalagoso almíbar. Zoki —me permito llamarle así, pues siempre he sentido su obra como algo muy cercano— es enemigo de la retórica, algo previsible en un tenaz adversario del fanatismo moral y político. Su niñez estuvo poblada por ilusionistas, otoños, soledades, espejos, intrusos, silencios, disfraces, oscuridades, aguadores, desiertos, zorros —ese «poeta maldito» que camina «atado a su soledad omnívora»—. Infancia de poeta, pero también de atleta que hacía subir el balón a una velocidad vertiginosa por un campo de fútbol. Una mala caída frustró su carrera deportiva, dejando una huella permanente en su cuerpo. La desgracia, lejos de llenarlo de amargura, hizo crecer su humanidad. Una humanidad que ya se había rebelado contra los prejuicios en nombre de los cuales se menospreciaba a los emigrantes o se desconfiaba de los gitanos.

Irazoki aprendió muy pronto a amar la diversidad. La promiscua alegría de las ciudades ahuyentó cualquier delirio de pureza racial. Frente al ensimismamiento de los esencialismos, apostó por la apertura a lo incierto y plural. Al igual que Albert Camus, se topó con las primeras certezas en un campo de fútbol. En el terreno de juego se aprende coraje, alegría y resignación. Despedirse de él por una mala caída es doloroso, pero es una buena experiencia para entender que la vida es una sucesión de adioses. La poesía reemplazó al fútbol: Blas de Otero, César Vallejo, Nazim Hikmet, Emily Dickinson. La belleza de las letras no apagó el fervor por las proezas deportivas. Sus ojos advirtieron que los ciclistas de la Vuelta a España eran «dioses manchados» que subían por «las cuestas» del deseo. Las peripecias de un pelotón son minuciosas analogías de la vida. En ellas, hay soledad, gregarismo, fatalidad.

El paso de los años desnudó el mundo real. El «hábito inmóvil» del racismo hacia los que no encajaban en el mito de la patria vasca declaraba intrusos a las  familias de Andalucía, Extremadura, Galicia, Asturias. Los partidarios del odio subían por una escalera hasta llegar a «una cima sin preguntas». Eran los cazadores de «palabras, pensamientos, ideas, incertidumbres». Con el corazón hundido en el resentimiento, hablaban con «frases encarceladas», esgrimiendo «las rejas de sus teorías». Irazoki abrazó a uno de esos corazones, pero descubrió que solo era «una piedra llena de odio». Buscó entonces otros interlocutores: Verlaine, Julio Ramón Ribeyro, Lautréamont, París. Irazoki completó su aprendizaje en las ciudades. La irrupción del amor le arraigó aún más a la vida. No en vano El contador de gotas está dedicado a Bárbara Loyer, su compañera. Compuesto en París entre 2016 y 2019, recoge un tiempo de gozo y de heridas, de recuerdos y proyectos. El pasado, lejos de ser un fardo, labra el porvenir. Irazoki sabe que el poeta es todos los hombres. Sus palabras le permiten infiltrarse en las vidas ajenas. No es una apropiación, sino un encuentro. El poeta «cuenta las gotas de los días vividos». Observa su yo y su yo le devuelve la mirada. Es imposible escribir y no sentirse escindido, desdoblado, multiplicado. El yo es realmente otro.

Irazoki rinde tributo a la música. Los músicos callejeros no son solitarios que esperan unas monedas, sino los artífices de la felicidad. La angustia se aplaca con sus notas. Sus interpretaciones son medicamentos que curan. El alma se alimenta de la belleza. Al heredar de sus familiares, Irazoki se desprendió de todo lo material para refugiarse en Los cantos de Maldoror. Se demolió por dentro para reconstruirse, masticando una pequeña bola de luz. El fruto fue una aguda conciencia ética. Irazoki no es un poeta didáctico, pero sí es un poeta comprometido. Comprometido con la causa del hombre y siempre en guerra con el totalitarismo. Lector de Ósip Mandelstam y Anna Ajmátova, ha vivido en sus carnes la lepra de la intolerancia. El silencio es la casa del poeta, pero el poeta no puede quedarse mudo cuando los pistoleros intentan sepultar la libertad. Irazoki evoca su primer paseo con Maite Pagazaurtundúa por San Sebastián. En las calles se respiraba miedo, complicidad con los asesinos, turbia equidistancia. Era el mismo aire opresivo que se respiró en la Alemania nazi, la Italia fascista y la Unión Soviética. Detrás, siempre el mismo mito: la identidad colectiva, un tótem que se nutre del egoísmo primario.

Irazoki rescata dos cuadernos de su juventud que contienen una serie de aforismos. Son frases ingeniosas que expresan un decálogo moral: desconfiar del idealismo; utilizar el ingenio para combatir las supersticiones, especialmente las que disfrutan de un amplio crédito; alejarse de los placeres que esclavizan la mente y el cuerpo; espantar el dogmatismo con preguntas; no transigir con la amargura; no permitir que la ambición material nos robe la vida; no complacerse con las propias lágrimas; sitiar el rencor. «Que el perdón —concluye Irazoki— sea más fuerte que la herida». Es indudable que el mundo sería un lugar mucho más habitable, cumpliendo estos preceptos. El contador de gotas es una bella utopía. No me importaría vivir entre sus páginas, donde todo es muy humano. Con su barba de ermitaño, Zoki podría confundirse con un santo laico, pero sé que a él no le agradaría la comparación. Su mirada no está en lo alto, sino en este mundo. Su paraíso es una calle de París iluminada por las notas de una balada de jazz".



















DEL POEMA DE CADA DÍA. SALITRE, POR PABLO NERUDA. 2 DE JUNIO DE 2026

 







SALITRE




Salitre, harina de la luna llena,

cereal de la pampa calcinada,

espuma de las ásperas arenas,

jazminero de flores enterradas.

Polvo de estrella hundida en tierra oscura,

nieve de soledades abrasadas,

cuchillo de nevada empuñadura,

rosa blanca de sangre salpicada.

Junto a tu nivea luz de estalactita,

duelo, viento y dolor, el hombre habita:

hondura y soledad son su medalla.

Hermanos de las tierras desoladas:

aquí tenéis como un montón de espadas

mi corazón dispuesto a la batalla.




PABLO NERUDA (1904-1973)

poeta chileno




***




Pablo Neruda, seudónimo y posterior nombre legal de Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto (Parral, 12 de julio de 1904-Santiago, 23 de septiembre de 1973), fue un poeta y político chileno. Es considerado entre los más destacados e influyentes artistas de su siglo; además de haber sido senador de la república chilena, miembro del Comité Central del Partido Comunista (PC), precandidato a la presidencia de su país y embajador en Francia. En 1971 Neruda recibió el Premio Nobel de Literatura «por una poesía que con la acción de una fuerza elemental da vida al destino y los sueños de un continente». Entre sus múltiples reconocimientos destaca el doctorado honoris causa por la Universidad de Oxford. El escritor Gabriel García Márquez se refirió a él como «el más grande poeta del siglo XX en cualquier idioma» y el crítico literario Harold Bloom, quien lo considera uno de los veintiséis autores centrales del canon de la literatura occidental de todos los tiempos, señaló: «Ningún poeta del hemisferio occidental de nuestro siglo admite comparación con él».





















DEL ASUNTO DEL DÍA. TRAFICANTES DE HALAGOS, POR IRENE VALLEJO. 2 DE JUNIO DE 2026

 






En los hipnóticos escaparates de las redes sociales, la influencia se puede comprar. Existen empresas que ofrecen admiración de alquiler: seguidores, comentarios entusiastas, adhesiones apasionadas, elogios en serie —aunque no en serio—. La reputación tiene un precio, y la alabanza amañada catapulta a quien paga. Después de todo, la palabra fama proviene del verbo latino fari —hablar—, ya que famoso es quien está en boca de todos. Curiosamente, de la misma raíz deriva fábula: la celebridad tiene algo de cuento. Siguiendo el hilo y la melodía lingüística, fanfarrón, del árabe hispano farfar, significa “inestable, volátil, charlatán”. En esta feria de las banalidades, la vanidad digital cultiva el truco y trato.

La compra de ovaciones tiene precedentes antiguos. El historiador romano Suetonio cuenta en sus crónicas que Nerón amaba la música y, aun siendo su voz débil y ronca, insistía en dar recitales. Pagó sumas exorbitantes para que 5.000 jóvenes reclutados aplaudieran sus lamentables interpretaciones. Esta argucia serviría como inspiración a las claques europeas. En el siglo XIX, surgieron agencias que proveían a los teatros y autores de aduladores, un mecanismo que derivaría con el tiempo en las risas enlatadas de la televisión. El principio es el mismo: escenificar el éxito ayuda a triunfar. Tener público, aunque sea ficticio, genera publicidad. Ahí nacen las campañas dopadas y la demoscopia fantasiosa. Como intuyó Nerón, pionero de la mercadotecnia, es posible conseguir poder verdadero a través de la fama falsa.

Esta es una lógica que encumbra, cada vez más, a ególatras y aduladores. Las apariencias nos engañan y nos encantan; el prestigio, como su nombre indica, ama a los prestidigitadores. Desde tiempos de Nerón, una y otra vez, numerosas sociedades se han entregado, seducidas y convencidas, a fatuos arrogantes. La teoría proclama que los grandes líderes son quienes anteponen su misión a su ego, el interés público a la vanidad personal. En principio, los narcisistas son fáciles de identificar: se jactan de sí mismos, reclaman atención constante, se sienten con derecho a un trato especial y, cuando no lo obtienen, se erigen en víctimas y airean sus quejas. Pero, paradójicamente, todavía hoy, continúan hechizando y atrapando voluntades.

Un estudio sobre las elecciones estadounidenses entre los siglos XIX y XX reveló que, en tiempos de inestabilidad social, la gente deseaba un presidente que transmitiera aplomo, audacia y dominio. La abrumadora sensación de incertidumbre y ansiedad es propicia para las voces autoritarias que prometen restaurar el orden y para los ególatras embriagados de confianza y desafío. Como explica Giuliano da Empoli en su ensayo La hora de los depredadores, el caos ya no es el alma de los rebeldes, sino el sello distintivo de los poderosos. En un mundo impredecible gana el actor que se mueve con mayor decisión, de forma más agresiva, más sorprendente, el que impone su propia realidad. Serán avasalladores, pero nunca aburridos: folclóricos, extravagantes y cínicos, un espectáculo entretenido. Responsabilizarse es serio y tedioso; tiene más gracia atesorar medallas, coleccionar aplausos y atribuirse logros legendarios.

Sin embargo, sabemos que las personas con altos niveles de narcisismo son peores gobernantes. La experiencia enseña que están más dispuestas a manipular a los demás, a tomar atajos y esquivar las normas. Intentarán deshacerse de todo lo que ralentiza y limita su voluntad, ya sean los procedimientos garantistas, las leyes, los periodistas, los contrapoderes o los jueces. Se atribuyen todos los méritos mientras culpan a los demás de los fracasos. Se jactan de ser escudo frente a amenazas que ellos mismos crean y contra enemigos a los que previamente azuzaron. Consideran el liderazgo como una oportunidad que deben aprovechar; el poder es para ellos más un vicio que un servicio. El legado de estos líderes con frecuencia queda empañado por los desmanes despóticos y nepotistas, la corrupción y la hybris de decisiones desastrosas.

Intoxicados por las loas de los aduladores, estos líderes corren el riesgo de caer en la obstinación y negarse a cambiar de rumbo. En ocasiones, jaleados por sus colaboradores incondicionales, se enrocan en su torreón o se lanzan a galopar hacia temerarias decisiones y ostentaciones. En una época de constantes desahucios, el emperador Nerón, enamorado de los ornamentos dorados, se empeñó en construir una enorme mansión, la Domus Aurea, en pleno centro de Roma, con incrustaciones de oro y madreperla que destellaban bajo el sol, además de un lago artificial y una colosal estatua suya de más de 30 metros. Uno de sus predecesores, Calígula, despreciaba a los consejeros que no se plegaban a sus deseos, así que depositó toda su confianza en un caballo originario de Hispania llamado Incitatus, es decir, Impetuoso. Le regaló un establo de mármol con abrevadero de marfil, una villa amueblada y esclavos a su exclusivo servicio. El animal lucía mantas de púrpura, símbolo regio. Según averiguaciones de Suetonio, el emperador planeaba, en un gesto de sarcástico desprecio hacia las instituciones, nombrar a Incitatus cónsul, la máxima magistratura romana. Desde entonces Calígula, que eligió a un asesor capaz solo de relinchar, es el símbolo de la arrogancia política. Cuando el poder pierde los estribos, las proclamas épicas terminan por resultar patéticas.

En un ecosistema encabezado por vanidosos proliferan los aduladores y lamebotas. El filósofo griego Teofrasto, discípulo de Aristóteles, describió agudamente en Los caracteres al individuo que recurre a la lisonja para ganarse el favor de jefes y gerifaltes. Endulza sus oídos: “Fíjate como todos te miran: esto no le sucede a nadie más, solo a ti”. Le quita una mota o un pelo de la ropa mientras elogia su buen gusto y su figura. Si su alabado habla, ordena que callen los demás. Cuando termina, grita: “¡Bravo!”. En el teatro, se adelanta para mullirle los cojines. Si el patrón se burla de alguien, lo celebra a carcajadas; y, llevándose la mano a la boca, finge retorcerse de risa. En una comedia de Plauto, aparece retratado en plenitud de facultades el parásito Ganapán. Este hambriento perpetuo consigue camelar a un soldado fanfarrón para que le pague la cena, lanzándole su red de halagos: “Eres un héroe intrépido. En la India, le rompiste la pata a un elefante de un puñetazo”. “Y sin esfuerzo”, dice el militar. “Segurísimo. Si hubieras golpeado con todas tus fuerzas, tu brazo habría atravesado la panza del elefante. Bajo tus golpes perecieron un mismo día 150 soldados en Cilicia, 100 más en Sardes y 60 en Macedonia”. “¿Y eso cuánto suma?”. “7.000″. Plauto juega a la caricatura, pero nos avisa sobre el poder de los elogios para manipular y lograr favores de los vanidosos. Es el punto débil de quienes se derriten ante las alabanzas: cebado su ego —y cegada su razón—, resultan fáciles de embaucar por quien promete éxitos y mayores glorias.

La historia prueba que la mejor manera de impedir que los narcisistas tomen el poder consiste en abordar las amenazas que inquietan a la gente. Una vida más amable, tiempos serenos, mayor seguridad laboral y menor zozobra volverán a los votantes reacios a candidatos prepotentes. Adictos al caos, los ególatras pregonan su fuerza mientras dividen y debilitan la sociedad. Por el contrario, los líderes humildes, admitiendo sus fragilidades, nos robustecen. Cuidado con confundir vanidad con valía: la fanfarronería suele ser solo fanfarria. Irene Vallejo es filóloga y escritora, Premio Nacional de Ensayo de 2020 por El infinito en un junco (Siruela). El País, 31 de mayo de 2026.
























AGURRA NIRE HERRIALDIKO HIZKUNTZETAN. GAUR, ASTEARTEA, 2026KO EKAINAREN 2A

 






Kaixo, egun on berriro guztioi, eta astearte zoriontsua, asteko bigarren eguna eta hileko bigarren eguna. Dena ondo badoa, gorabehera nabarmenik gabe, gaur aterako naiz. Trianatik paseo bat emaztearekin, Las Palmasko kalerik ederrenean erakusleihoetatik begirada txiki bat, kafea eta gozokiak (agian...). Atzo, astelehena, egun normala izan zen. Etxean geratu nintzen. Kanpoan bero handia egiten zuen, eta lainoak dena hondatu zuen. Ea gaur hobeto den. Gabriela Mistralen Poema eta Prosa Antologia irakurtzen ari naiz oraindik, eta Gilgameshen Epopeia (K.a. 2100) Madrilgo Casa del Librotik iristeko zain nago. Duela egun batzuk eskatu nuen, eta irakurtzeko gogo handia dut. Espero dut gaurko blog sarrerak interesgarriak izatea. Egun ona izan. Bihar arte, Zorte Andereak nahi badu. Tamaragua, lagunok. HArendt

















ENTRADA NÚM. 10674

lunes, 1 de junio de 2026

BOAS NOITES, FELIZ DESCANSO E DOCES SOÑOS. LUNS, 1 DE XUÑO DE 2026

 






Ola, boas noites, feliz descanso e doces soños a todos nesta noite de luns, do 1 de xuño ao martes 2 de xuño. Rematou outro mes desastroso para o Partido Socialista en particular e para toda a esquerda española en xeral, incapaz de reaccionar ante as garras conxuntas do Partido Popular, agora atrapado inextricablemente na rede do partido ultradereitista Vox, e unha boa parte do poder xudicial intocable de dereitas. Por exemplo, por que ningún órgano xudicial pode ou non quere explicar como os detalles e as fotografías das presuntas probas incriminatorias contra o expresidente do Goberno José Luis Rodríguez Zapatero chegan á prensa e ás cadeas de televisión antes de chegar á propia oficina xudicial que ordenou a súa incautación? Non é iso tamén corrupción, e peor que a outra? Mañá, a partir das 6:00 da mañá (hora das Illas Canarias), atoparedes as novas publicacións do martes 2 de xuño de 2026 no blog. Tamaragua, meus amigos. Que a deusa Fortuna e o benévolo Destino estean contigo. Ata mañá. Quérote. Bicos. HArendt
















DE LA TARDE QUE CAE. UNA CASA EN LLAMAS, POR LEILA GUERRIERO. 1 DE JUNIO DE 2026

 








No pasa nada. Nada de enorme gravedad, nada como no poder pagar las cuentas, nada como no tener para comer, nada como no tener casa, nada como no tener ropa, nada como estar en guerra, nada como una enfermedad grave, nada como la pérdida del amor, nada como el secuestro o la tortura o la cárcel, nada como no poder caminar y, sin embargo, estamos preocupados. Porque se rompió la licuadora, porque nos da temor el examen, porque se nos vence la licencia de conducir, porque nos torcimos el pie, porque nos salió una arruga nueva, porque no vino el pintor a la hora en que dijo que iba a venir, porque no sabemos qué ropa ponernos para una reunión de trabajo, porque se cayó la conexión a internet, porque alguien no nos contestó un mensaje de WhatsApp, porque no llega el correo electrónico con la confirmación de una compra, porque el vuelo está atrasado, porque se nos despegó la suela del zapato en una ciudad extranjera y no tenemos otro par, porque el teléfono se quedó sin batería, porque no entendemos cómo completar ese formulario online, porque perdimos los auriculares inalámbricos, porque tenemos pocos likes en un posteo de Instagram, porque el delivery de helado no llega hasta nuestro barrio, porque hay polillas, porque se discontinuó el champú que usábamos, porque no sabemos qué cocinar, porque no encontramos el control remoto. ¿No es deslumbrante la masiva capacidad de olvido del fin, la masiva capacidad para hacer de cuenta que no nos sucederá la mayor de las catástrofes, la masiva capacidad para preocuparnos por el desdén de un desconocido o el virus de la computadora cuando todos, absolutamente todos, a pesar de la belleza, del trigo y del rayo, de Rembrandt y de Rothko, de Lorrie Moore y de Flaubert, de Laurie Anderson y de Beethoven, de los caballos y del color rojo, del mar y de los duraznos, del pan y de las canciones de cuna, hemos nacido en una casa en llamas? Leila Guerriero es escritora. El País, 30 de mayo de 2026.

















DEL CAFÉ DE SOBREMESA. ¿QUIÉN VA A GESTIONAR EL ESTADO DE ÁNIMO DE LOS PROGRESISTAS?, POR CRISTINA MONGE. 1 DE JUNIO DE 2026

 






La democracia necesita que todos y cada uno de los actores ejerzan diligentemente el rol que tienen encomendado. Si alguno de ellos se desvía de su función o la desempeña de forma perversa, la democracia se erosiona, y el engranaje se empieza a gripar pudiendo llegar a colapsar. Algo de esto estamos viviendo.

Ante las imputaciones de Zapatero y otros dirigentes socialistas, cualquier demócrata tiene que apelar a dos principios básicos: respeto y apoyo a la justicia, por un lado, y presunción de inocencia por otro. Sin embargo, a menudo se olvida que para que ambas existan hace falta una condición previa: el rigor informativo.

Durante los últimos días estamos viendo con asiduidad alusiones al presidente Zapatero como condenado, titulares que dan a entender acusaciones que luego no se concretan en el desarrollo del artículo, informaciones irrelevantes junto a otras que sí parecen tener trascendencia. El condicional ha desaparecido de muchos de los artículos que intentan describir lo que se sabe y lo que se podría saber. El rigor informativo se evapora al ritmo vertiginoso de los acontecimientos y de esta manera la conversación pública, el lugar donde se conforman las opiniones y las emociones, se contamina irremediablemente con el virus de la desconfianza. Objetivo conseguido: ya todos dudan de todo.

En este contexto, y analizando la opinión publicada —a la espera de tener datos de opinión pública—, se puede comprobar cómo analistas y columnistas conservadores dan por condenados a Zapatero, a Begoña Gómez, al hermano del presidente del Gobierno y a todos los investigados en los alrededores de Ferraz. Los informes de la UCO y de la UDEF son presentados como fallos definitivos, inapelables. Para este sector no hay duda de nada ni presunción de inocencia que valga, por mucho que los que saben algo de leyes insistan en que todos son indicios, a menudo suposiciones que deberán probarse, en su caso, en un juicio con todas las garantías procesales. Así ocurrió con la Gürtel, y sólo tras una sentencia firme la mayoría de las fuerzas políticas apoyaron la única moción de censura aprobada en democracia, la que llevó a Sánchez a la presidencia del Gobierno.

Los progresistas lo tienen más difícil. Algunos están convencidos de que todo es lawfare y forma parte de un ataque concertado contra el Gobierno. Otros dudan, a menudo sólo en la intimidad o en círculos de afinidad política. Recuerdan la sentencia al fiscal general del Estado y esa alusión a que la filtración procedía de él “o de alguien de su entorno”. Repasan las redes y no pueden evitar ver una relación causal entre el vídeo de Aznar recordando de forma escalofriante su “el que pueda hacer que haga” y los requerimientos e imputaciones 24 horas después. Pero hay algo que unos y otros comparten. Lo llaman decepción, desolación, hundimiento moral, abatimiento general.

Los procesos judiciales que rodean al Partido Socialista se van a alargar en un laberinto de indicios, pruebas o no pruebas, imputaciones y filtraciones. ¿Quién va a gestionar este proceso? ¿Quién se va a hacer cargo del estado de ánimo de los progresistas? En los últimos años, era Zapatero quien cumplía esta función. ¿Y ahora? Las declaraciones del presidente del Gobierno y secretario general del PSOE no recogen este sentir. Tirar de ironía diciendo que no convoca elecciones porque hacerlo sería primar el interés partidista, —dado el mejor resultado que iba a conseguir—, es no entender el estado de ánimo de los suyos. No está el horno para bromas. Exhibir los logros de este Ejecutivo, que son muchos y notables, no sirve de consuelo para quienes desean que todo esto sea una pesadilla.

La sociedad, y en especial los progresistas, necesitan entender qué está pasando. Tras el escándalo de Ábalos, Koldo y Cerdán, el PSOE anunció una serie de medidas internas para levantar diques de contención de forma que nada parecido volviera a suceder. Incluso se encargó una auditoría externa que acreditó que, en efecto, no había rastro de financiación ilegal, la línea roja que los socios de gobierno le pusieron a Sánchez en su día. ¿Qué se hizo, cómo se hizo? De la misma manera, el Gobierno anunció un plan de regeneración democrática tutelado por la OCDE del que poco se conoce.

Hacerse cargo del estado de ánimo de los progresistas significa, más allá de las formalidades institucionales, hacer un ejercicio de empatía, dar seguridad y recuperar confianza. Esto supone mirar de frente el problema, dar todas las explicaciones necesarias y algunas más, y ayudar a analizar con visión crítica —¡ay ese pensamiento crítico, tan mentado como olvidado!— para que cada cual consiga separar el grano de la paja.

Es posible que al PSOE le espere una larga travesía por el desierto. Saldrá de ella, como lo ha hecho otras veces, y posiblemente de forma más rápida porque más rápidos son los tiempos. Quien tenga la empatía necesaria para entender el sentir de la izquierda española y darle una respuesta que gane su confianza será decisivo en ese futuro. Cristina Monge es sociòloga. El País, 30 de mayo de 2026.

















DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY LUNES, 1 DE JUNIO DE 2026

 































DEL ARCHIVO DEL BLOG. AL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL LO RENUEVA LA LEY, NO LAS MATEMÁTICAS, POR JOSÉ ANTONIO MARTÍN PALLÑIN. PUBLICADO EL 20 DE DICIEMBRE DE 2022

 






Hace dos semanas, conocimos la decisión del Gobierno de nombrar a los dos magistrados del Tribunal Constitucional que, según la Constitución y su ley orgánica, le corresponden. A partir de este trámite no puede surgir ningún impedimento para que, una vez publicados sus nombramientos en el BOE, tomen posesión de sus cargos sustituyendo a los dos magistrados nombrados por el anterior Gobierno, Pedro González-Trevijano y Antonio Narváez. Pero lo que es legal, siguiendo una lectura, gramatical, lógica y racional del texto constitucional, su ley orgánica y antecedentes jurisprudenciales no se acepta por un sector del Tribunal Constitucional, que alega que la sustitución ha de hacerse por tercios completos. Esta posición se basa en una simple operación matemática al alcance de cualquier escolar.
El actual presidente del Tribunal, González-Trevijano (nombrado magistrado el 12 de junio de 2013) se resiste a ejar su cargo, esbozando la teoría de que las matemáticas, es decir, un tercio, son la ley y que, por tanto, los cuatro nuevos magistrados (dos del Gobierno y dos del Consejo General del Poder Judicial) deben tomar posesión al mismo tiempo. En ningún lugar de la Constitución ni de la Ley Orgánica del Tribunal Constitucional se dice que los nombramientos deben hacerse conjuntamente como si se tratase de un solo órgano constitucional. Tanto el Gobierno como el Consejo del Poder Judicial son órganos constitucionales autónomos, con sus respectivas responsabilidades.
El artículo 159.1 de la Constitución se limita a decir que el Tribunal Constitucional se compone de 12 miembros: cuatro a propuesta del Congreso, cuatro a propuesta del Senado, dos a propuesta del Gobierno y dos a propuesta del Consejo General del Poder Judicial. La redacción del artículo no deja margen para artificios interpretativos que obliguen al Gobierno y al Consejo a demorar la efectividad de sus nombramientos, a la espera de lo que decida cualquiera de ellos. Lo único que puede sostenerse, con arreglo a la lógica más elemental, es que los órganos constitucionales no pueden nombrar a cinco magistrados.
El Código Civil, en su artículo 3, establece las pautas interpretativas de todas las normas de nuestro ordenamiento jurídico. Se debe atender al sentido propio de sus palabras en relación con el contexto, con sus antecedentes históricos y legislativos y con la realidad social. En este debate no podemos acogernos a los antecedentes históricos y legislativos ni interviene la realidad social; simplemente disponemos de las normas y el sentido literal de sus palabras. Ya he comentado lo que, a mi juicio, da de sí la interpretación literal del artículo 159.1 de la Constitución. Para profundizar con mejor criterio sobre el tema debatido, juega un papel fundamental la Ley Orgánica del Tribunal Constitucional, de 3 de octubre de 1979. Carece de exposición de motivos, por lo que no disponemos como pauta interpretativa del pensamiento del legislador. Por ello tenemos que atenernos exclusivamente al contenido de su articulado.
Según el artículo 2 de la Ley Orgánica del Tribunal Constitucional, este órgano solo tiene la competencia para la simple verificación de los nombramientos de los magistrados del Tribunal Constitucional y juzgar “si los mismos reúnen los requisitos requeridos por la Constitución y la presente ley”. En síntesis, comprobar si son juristas de reconocida competencia con más de 15 años de ejercicio profesional. Esta función, según el artículo 10, la debe realizar el Tribunal en pleno.
El artículo 17 de la ley orgánica refuerza la autonomía de cada uno de los órganos constitucionales al establecer que antes de los cuatro meses previos a la fecha de expiración de los nombramientos, el presidente del tribunal solicitará de los presidentes de los órganos que han de hacer las propuestas para la designación de los nuevos magistrados que inicien el procedimiento para ello. Luego, el Gobierno y el Consejo, cada uno por su lado, tienen la obligación constitucional de proceder al nombramiento de los magistrados que les corresponden.
Por si existiesen dudas sobre su alcance, se puede acudir a la sentencia de 15 de noviembre de 2016, del pleno del Tribunal Constitucional, firmada por González-Trevijano, en la que se establece una doctrina que aclara perfectamente la posibilidad de nombramientos independientes, sin necesidad de esperar al otro órgano constitucional. Solventando un conflicto surgido por el nombramiento de los vocales del Consejo General del Poder Judicial, que otorga 10 al Congreso y 10 al Senado, declara que se puede constituir válidamente el Consejo con los 10 vocales nombrados por una de las dos Cámaras y determina los efectos que se derivan de la Cámara que haya incumplido el plazo de designación. Con mayor precisión, advierte de que en la interpretación de las normas no se puede ir más allá de donde la Constitución no lo haga de manera inequívoca. Rechaza la tesis de que todos los nombramientos se tengan que hacer en “unidad de acto” y admite que puede haber “renovaciones parciales”. Se trata con ello de eliminar “situaciones de bloqueo”.
El señor González-Trevijano, que yo recuerde, no ha expresado de forma pública y oficial su intención de denegar el nombramiento de los dos magistrados designados por el Gobierno hasta que no se proceda por el Consejo al nombramiento de los dos que le corresponden, pero ha transmitido a varios medios que esa es la interpretación que él hace del texto constitucional. Esta es la opinión que, al parecer, comparten varios magistrados pertenecientes a la línea más conservadora y que conforman la mayoría.
Si el Gobierno, de forma coherente y en virtud de un acuerdo del Consejo de Ministros, ha designado a un magistrado y a una magistrada, lo debe publicar en el Boletín Oficial del Estado y transmitirlo para que el pleno del Tribunal Constitucional verifique exclusivamente si reúnen los requisitos y condiciones establecidos por la Constitución y la Ley Orgánica del Tribunal Constitucional. En dicho pleno y por aplicación de las normas supletorias que regulan las abstenciones y recusaciones de los jueces, tanto González-Trevijano como Antonio Narváez deben abstenerse de intervenir, ya que tienen un claro conflicto de intereses. Su voto en el sentido negativo se debe interpretar como una decisión interesada en conservar a
ultranza sus propios cargos, que ya están caducados por el propio texto de la Ley Orgánica del Tribunal Constitucional. La decisión de participar en la votación sería un grave atentado a la independencia, imparcialidad y dignidad que la ley orgánica exige a todos los componentes del Tribunal Constitucional, con un grave deterioro de su prestigio.
Es cierto que las resoluciones del Tribunal Constitucional no pueden ser objeto de revisión por ningún otro poder o institución. Este choque institucional, al margen de la degradación del concepto de justicia que deben defender sus componentes, podría llevarnos a un conflicto institucional, en el que se puede comprometer a la persona del Rey, ya que, según el artículo 56 de la Constitución, se le concede la función de arbitrar y moderar el funcionamiento regular de las instituciones del Estado.
Espero que el Gobierno no renuncie a sus competencias, que publique los nombramientos de sus dos magistrados en el BOE y se evite una crisis institucional, que solamente sería atribuible al desprecio de la legalidad constitucional, ni más ni menos que por una mayoría de magistrados del Tribunal Constitucional que, no en vano, es el máximo intérprete de la Constitución. José Antonio Martín Pallín fue Juez del Tribunal Supremo. El País, 16 de diciembre de 2022.