martes, 19 de agosto de 2025

DEL POEMA DE CADA DÍA. HOY, TUS CRÍMENES, DE JUSTO BRAGA

 






TUS CRÍMENES


Tienes ojos de venganza cuando miras
y un azul
en tu mirada inamovible.

Yo he visto esa mirada

dirigida al enemigo,

descubriendo, desolado,
su pálpito nervioso.

Soplaba,
otra vez,
la fábula del viento.

Y tú,
ni pálida ni débil,
te alegrabas
de tanto crimen,
tan injusto cometido por tus ojos.



JUSTO BRAGA (1959), poeta español












DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DE HOY MARTES, 19 DE AGOSTO DE 2025

 





































lunes, 18 de agosto de 2025

DE LAS ENTRADAS DEL BLOG DE HOY LUNES, 18 DE AGOSTO DE 2025

 






Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz lunes, 18 de agosto de 2025. Y feliz día también para mi “alma mater”, la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) que hoy cumple 53 años. El escándalo por los falsos títulos de los políticos es un trampantojo, escribe en la primera de las entradas del blog de hoy Estefanía Molina, y lo que debería soliviantarnos en realidad es que los partidos cada vez premien más a quienes repiten sus relatos prefabricados sin pestañear. En la segunda, un archivo del blog de agosto de 2017, escribía el politólogo Víctor Lapuente, los independentistas creen que España es un artilugio chusquero, pero, paradójicamente, asumen la existencia de una unidad indisoluble entre las fuerzas españolas del Gobierno, la fiscalía, el poder judicial, los medios de comunicación y demás instituciones de ámbito estatal y que estas actuarían siguiendo unos protocolos definidos. El poema del día, en la tercera, se titula El polvo del peregrino, del poeta español  Andrés Mirón, y comienza con estos versos: Como una loba herida/por la umbría de un bosque atarquinado,/nos persigue/y acosa. Y la cuarta y última, como siempre, son las viñetas de humor, pero ahora, como decía Sócrates, "Ιωμεν" (toca marchar); volveremos a vernos mañana si las Euménides y la diosa Fortuna lo permiten. Sean  felices, por favor. Tamaragua, amigos míos. HArendt












DE LOS MUÑECOS ROTOS DE LA POLÍTICA ESPAÑOLA

 







Lo que debería soliviantarnos, escribe en El País Estefanía Molina [Palmeros y muñecos rotos en política, 08/08/2025] en realidad, es que los partidos cada vez premien más a quienes repiten sus relatos prefabricados sin pestañear. El escándalo por los falsos títulos de los políticos es un trampantojo, comienza diciendo. Es sabido que en política demasiado a menudo se asciende por hacer la pelota, callar debidamente o tener un núcleo leal. Maquillar el currículum quizás solo les sirva a algunos para aliviarse ese sonrojo. Lo que debería soliviantarnos, en realidad, es cómo se está degradando el hecho de tener a académicos, altos funcionarios o profesionales de prestigio en las instituciones, si los partidos cada vez premian más a quienes repiten sus relatos prefabricados sin pestañear.

Nada menos que la ministra de Universidades, Diana Morant, salió estos días a alabar la trayectoria del excomisionado de la dana tras las sospechas sobre su currículo. Solo por el puesto que Morant ocupa, debió ahorrarse ese apuro. Morant es además ingeniera de Telecomunicaciones. Es triste asumir que hasta alguien preparado repite el mensaje que al partido le conviene porque es lo que toca.

Así que de nada sirve decir “los políticos no son todos iguales” —y menos mal— porque no estamos hablando de la voluntad personal o de la valía de cada individuo en concreto. Se trata de cómo funciona el sistema en su conjunto, y sí, los incentivos para toda la clase política son hoy los mismos. Tan corrosiva es la antipolítica que solo ve defectos en nuestros representantes, como la que niega cualquier lacra fingiendo que así no da alas a los reaccionarios. Lo que espolea a la ultraderecha no es denunciar lo que se hace mal, sino hacer las cosas mal y luego pretender que a alguien le parezca normal.

La realidad es que la política española expulsa de forma creciente talento mientras atrae arribismo. Quien no pueda soportar la castración de su pensamiento libre, su criterio o rigor, a la larga se marchará, si además tiene alternativa laboral. La polarización y el actual cesarismo en los partidos obligan a sostener posturas rígidas o surrealistas, por eso de que ceder un milímetro equivale a dar munición al adversario. Fíjense cómo la mayoría repite consignas, con independencia de su rango o capacitación. No va de colores o ideologías. Generalmente, serán capaces de transigir con lo que les echen quienes no puedan ganarse mejor la vida fuera, necesiten nutrir su ego mediante el cargo, o algunos cínicos asumiendo que aquí se juega.

Dirán que esto ha pasado siempre, pero querer permanecer a toda costa en la alta representación se puede volver cada vez más una necesidad material. La política vuelve a percibirse como una suerte de privilegio a ojos de la calle, como ya pasó en el 15-M. Sus salarios no serán excesivos para su nivel de responsabilidad, pero muchos cuadruplican los del currante de a pie. La prueba de ese malestar latente se puede leer repetidamente estos días en redes sociales: “Le voy a recomendar a mi hijo que se afilie a un partido, y así se soluciona la vida” o “ya casi es mejor tener carné político que estudios”.

Será ironía, pero no perdamos la intuición de fondo: hay ciudadanos llegando a la conclusión de que aconsejar a sus chavales que desarrollen su autonomía, su criterio o valor profesional, ya no siempre es una garantía de progreso como antaño se creyó. La depauperación de las viejas clases medias también ha roto aquel sueño aspiracional de que ir a la universidad o instruirse era suficiente mérito o ascensor social para garantizarse un mínimo bienestar. Por eso, el proceso de envilecimiento de nuestra sociedad puede ser irreversible: los incentivos para ser honesto o competente se reducirán en España si la precariedad permanece estructural. Aunque nadie quiera verlo, tiene mucho que ver con las expectativas frustradas de nuestra juventud. Sería natural, perdonen el sarcasmo, que hoy la recomendación familiar fuera acercarse a quien parte el bacalao, callar y asentir para alcanzar o preservar un estatus.

Ese nihilismo es generacional, pero los partidos lo están institucionalizando y agravando. Politizar las altas instituciones del Estado o las empresas públicas lleva al recelo de que esos juristas, economistas, arquitectos… tal vez solo están ahí como meras correas de transmisión para ejecutar órdenes sin rechistar. Todo ello, bajo la coartada de la especialización. Lo mismo ocurre con los discursos que circulan en el debate público. Los partidos tienen capacidad de promocionar a los expertos que más les convienen o de reducir los ángulos de pensamiento al sectarismo de sus influencers. En cambio, otros profesionales no se prestarán a contradecir lo que han estudiado, o a ver el mundo sin matices por unos minutos de fama.

Estas dinámicas ya están generando muñecos rotos. Si lo más apreciado es tener a peones, no a mentes pensantes o críticas, entonces la crisis que tiene hoy España es moral. Cuando llegue un mejor palmero, la persona se dará cuenta de que estaba ahí por su servilismo o utilidad, no por su valor. Para cualquiera resultaría doloroso. Todavía más, para el joven precario que se ha esforzado en tener una formación y puede llegar a creer que hacer las cosas bien no tiene recompensa, que no montar escándalos condena a la invisibilidad, o peor aún: que los principios con los que creció de nada le han servido o quizás, ni servirán. Estefanía Molina es politóloga.









DEL ARCHIVO DEL BLOG. ¿EXISTE ESPAÑA? PUBLICADO EL 14/08/2017

 





La pregunta que implícitamente se formula en un artículo de El País el profesor Víctor Lapuente Giné, doctor en Ciencias Políticas por la Universidad de Oxford y profesor e investigador en el Instituto de Calidad de Gobierno de la Universidad de Gotemburgo, puede parecer excesiva, retórica y hasta provocativa, pero, ¿es cierta o no?
Los independentistas creen que España es un artilugio chusquero, pero, paradójicamente, asumen la existencia de una unidad indisoluble entre las fuerzas españolas, comienza diciendo. El Gobierno, la fiscalía, el poder judicial, los medios de comunicación y demás instituciones de ámbito estatal actuarían siguiendo unos protocolos definidos.
Obviamente, esa España no existe. Como no existe unidad de acción en democracia moderna alguna. Cada poder se rige por sus propios códigos. Y, sin duda, puede haber presiones de unos poderes a otros. Pero de ahí a ejecutar un plan coordinado dista un trecho. Toda institución en una democracia —y por ende sus ocupantes temporales— es una especie que busca la supervivencia y vive en permanente tensión con su entorno, luchando por su autonomía contra viento y marea. Porque, perdida la autonomía, un organismo democrático está condenado a la irrelevancia.
A la inversa, muchos constitucionalistas creen que hay una unidad de acción en el independentismo que, en realidad, tampoco existe. Si “España” es un conjunto variado de instituciones con intereses particulares, el independentismo es un agregado de partidos y movimientos sociales diversos. Algunos de esos vectores se condicionan los unos a los otros, pero sus intereses no están alineados. La guerra soterrada entre ERC y el PDeCAT es solo un ejemplo. Los partidos son animales políticos que pueden coaligarse para dar caza a una presa concreta, pero no son hormigas o abejas que sacrifican su individualidad en pos de un objetivo común.
De ello se desprende una consecuencia negativa y una positiva. La mala noticia es la incertidumbre. Es una incógnita lo que vaya a suceder en los próximos meses, pues no habrá un único choque entre dos trenes, sino múltiples colisiones entre muchos trenes y, sobre todo, muchos descarrilamientos.
La buena nueva es que la ciencia política nos enseña que los acuerdos entre dos adversarios internamente heterogéneos son más fáciles que entre dos adversarios fuertemente cohesionados. Hay más puntos de encuentro. Pero, antes de ello, cada uno de los bandos debe entender que el otro no existe, concluye afirmando. Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt

















DEL POEMA DE CADA DÍA. HOY, EL POLVO DEL PEREGRINO, DE ANDRÉS MIRÓN

 







EL POLVO DEL PEREGRINO




COMO UNA LOBA HERIDA

por la umbría de un bosque atarquinado,

nos persigue

y acosa


y amilana


la melancolía.

Y no hay posible paredón que burle

su oscuro seguimiento,

ni corteza

que impida livideces en la carne.

Vaga herida,

ingrávida y silente

por todos los caminos

de la sangre.

Y cuando alza

su zarpa enfurecida

a la menor cadencia de un suspiro,

ahí se acaba

la amaritud de su apariencia

para hendirnos

su índole letal de loba herida.




ANDRÉS MIRÓN (1941-2004)

poeta español


























DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DE HOY LUNES, 18 DE AGOSTO DE 2025

 




































domingo, 17 de agosto de 2025

DE LA VERDAD SOBRE EL REGALO DE LA UE A TRUMP DE 600.000 MILLONES. ESPECIAL DE HOY DOMINGO, 17 DE AGOSTO DE 2025

 







Los aranceles son malos. Un presidente engañado es peor, escribe el premio Nobel de Economía, Paul Krugman ,en su blog: https://paulkrugman.substack.com [El nuevo acuerdo comercial del Emperador, 07/08/2025]. El martes, comienza diciendo Krugman, Donald Trump explicó en la CNBC por qué la Unión Europea se enfrenta a un arancel de "solo" el 15 %. Pero sus palabras fueron simplemente delirantes, y la ilusión debería ser aún más preocupante que los aranceles.

Los europeos, afirmó Trump, habían acordado desembolsar 600 000 millones de dólares, lo que describió como un «regalo», no un préstamo. Y enfatizó que se trata de «600 000 millones de dólares para invertir en lo que quiera. En lo que quiera. Puedo hacer lo que quiera con ellos».

Al parecer, Trump cree que la Unión Europea ha accedido a proporcionarle un fondo secreto personal de 600.000 millones de dólares.

De hecho, como señalé tras el anuncio del "acuerdo", la UE no aceptó nada parecido. De hecho, literalmente no podría haber llegado a un acuerdo así. Las naciones europeas no son economías planificadas en las que el gobierno pueda decirle al sector privado dónde invertir, y, en cualquier caso, la Comisión Europea, que negoció con Trump, no puede decirles a los gobiernos de los Estados miembros qué hacer.

Así que piensen en ello como el nuevo acuerdo comercial del emperador: Trump se pavonea, se siente muy impresionado consigo mismo, pero en términos sustanciales está completamente desnudo.

¿Importa? He visto algunos comentarios que dicen que no. Oye, es solo otra fantasía egocéntrica de Trump, como su creencia de que tenemos inflación cero, su índice de aprobación del 71% y que "a la gente le encantan los aranceles".

Pero no creo que debamos sentirnos tranquilos respecto de los delirios comerciales de Trump porque ha perdido el contacto con la realidad en todos los ámbitos.

¿Qué pasará si Trump se da cuenta de que Europa no ha prometido lo que él cree que ha prometido, o, como probablemente lo verá, de que la UE ha incumplido su promesa? Ya nos ha dado una respuesta: va a volver a subir el arancel a Europa al 35 %.

Es posible que no pueda cumplir esa amenaza. De hecho, existe una posibilidad muy real de que los tribunales declaren ilegales muchos de los aranceles que Trump ya ha impuesto (y sin duda lo son) y ordenen al gobierno que reembolse el dinero ya recaudado.

Pero supongamos que la Corte Suprema hace lo que suele hacer y decide que la Constitución permite a Trump hacer lo que quiera. ¿Cuánto miedo debería tener Europa ante la posibilidad de que Trump vuelva a subir los aranceles, incluso más que antes?

Bueno, he estado haciendo cálculos, y por lo que sé, aumentar los aranceles estadounidenses del 15% al 35% perjudicaría menos a Europa de lo que muchos imaginan. Sí, perjudicaría, pero no tanto. Al establecer un arancel del 15% como base —lo que los países pagan incluso si llegan a acuerdos— , Trump ha agotado gran parte de su munición para la guerra comercial, reduciendo considerablemente la eficacia de futuras amenazas.

Después de todo, Europa nunca ha dependido tanto del acceso a los mercados estadounidenses. En 2024, las exportaciones de bienes de la UE a Estados Unidos representaron poco menos del 3 % de su PIB; una suma considerable, pero insuficiente para que la prosperidad europea dependa de la buena voluntad estadounidense.

Los aranceles de Trump harán que la UE sea aún menos dependiente del mercado estadounidense. En la introducción del domingo expliqué que la cifra crucial es la "elasticidad Armington", que mide la sensibilidad de los flujos comerciales a los aranceles, y que una estimación razonable de dicha elasticidad es 3. Si nos basamos en esa cifra, cabría esperar que el arancel del 15 % vigente redujera las exportaciones de la UE a Estados Unidos en aproximadamente un tercio, hasta alrededor del 2 % del PIB.

Es un golpe palpable, pero no enorme. En un artículo publicado en el Financial Times , Richard Milne afirma que los informes de las empresas europeas muestran una sorprendente resiliencia. Además, la pérdida de negocios en EE. UU. se verá parcialmente compensada por un mayor gasto público en Europa, con Alemania, en particular, impulsando el gasto en infraestructura y defensa.

Eso con un arancel del 15 %. Pero ¿qué pasa si Trump eleva los aranceles al 35 %? Mis cálculos aproximados indican que esto reduciría las exportaciones de Europa a Estados Unidos en otro 0,7 % del PIB. Es decir, el impacto para Europa si Trump cumple sus amenazas sería menor que el impacto que ya ha impuesto con los aranceles que planea mantener de todas formas.

Esto tiene sentido si lo piensas. Cuanto más altos sean los aranceles que Trump impone a las importaciones, menos venderán otros países a Estados Unidos. Y cuanto menos nos vendan, menos tendrán que perder si aumentamos aún más los aranceles.

Y ese argumento ni siquiera considera la gran posibilidad de que otra ronda de aranceles de Trump provoque represalias por parte de Europa y otros socios comerciales. Hasta ahora, la UE ha optado por no tomar represalias contra los aranceles de Trump porque sus funcionarios decidieron que llegar a un acuerdo, o al menos aparentarlo, era mejor que entrar en una guerra comercial de ojo por ojo. Pero si resulta que Trump ve un acuerdo no como el fin de la historia, sino simplemente como el punto de partida para nuevas demandas, sospecho que incluso los tímidos burócratas de Bruselas acabarán por decidir que ya es suficiente. Pero, una vez más, en este punto las matemáticas de la guerra comercial importan menos que la locura que hay detrás de ella.

Siempre ha habido un tufo de megalomanía en la política arancelaria de Trump: la creencia de que puede usar la amenaza de aranceles para obligar a otros países a seguir sus órdenes en múltiples frentes, desde prometer no alejarse del dólar como moneda de reserva hasta abandonar el procesamiento de los aspirantes a dictadores que intentaron derrocar la democracia.

Sin embargo, al convertir los aranceles del 15 por ciento en la nueva normalidad —al mantenerlos altos incluso cuando los países hacen, o pretenden hacer, concesiones a Estados Unidos— Trump ha agotado gran parte de las municiones comerciales que tenía.

Sin embargo, Trump será el último en reconocer que su capacidad para intimidar al mundo tiene límites, ya sea en materia comercial o en cualquier otro ámbito. Y esa falta de concienciación debería preocuparnos a todos. Paul Krugman es premio Nobel de Economía.