martes, 28 de enero de 2025

De las viñetas de humor de hoy martes, 28 de enero de 2025

 





































lunes, 27 de enero de 2025

De las entradas del blog de hoy lunes, 27 de enero de 2025

 






Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz lunes, 27 de enero de 2025. La búsqueda de la pureza es una constante en la historia, se dice en la primera de las entradas del blog de hoy, titulada De la pureza, y aunque en la mitología clásica Zeus era el primero en quebrantarla, las religiones monoteístas siempre pretendieron erigirse en fortalezas y guardianes de la pureza moral. La segunda el día es un archivo del blog de junio de 2019; se titulaba Tropezar con la memoria, e iba de las llamadas "piedra de la memoria", que pretenden guardar la información que se pierde cuando se extinguen la memoria y la sabiduría que conocer el pasado entraña. El poema de hoy, en la tercera, se titula La lentitud de los bueyes, y comienza con estos versos: Vendrá el silencio, y cruzaré la nada./Y encontraré la muerte flotando sobre el heno. Y la cuarta, como siempre, son las viñetas de humor. Pero ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Nos vemos mañana si la Fortuna lo permite. Sean  felices, por favor. Tamaragua, amigos míos.












De la pureza

 







La búsqueda de la pureza es una constante en la historia. Aunque en la mitología clásica Zeus era el primero en quebrantarla, las religiones monoteístas siempre pretendieron erigirse en fortalezas y guardianes de la pureza moral, escribe en la revista Ethic [Contra la pureza, 22/01/25] su director, el escritor Pablo Blázquez. La aristocracia, por su parte, se formulaba hundiéndose en las raíces de su árbol genealógico. Era una cuestión de linaje, de sangre azul, que no debía mezclarse con la sangre infesta de la plebe, mestiza por naturaleza. Su pretensión de pureza era social, estamental. «Este menda desciende directamente de la pata del Cid», se bromea aún cuando algún cursi presume demasiado de sus orígenes, aunque en realidad lo que se lleve ahora sea fardar de abolengo poligonero, de barrio chungo y macarra, de pueblo perdido entre las llanuras o valles de esa España vacía de la que tanto se habla. Luego llegaron los movimientos marxistas, con sus resonancias bíblicas y la turra del materialismo histórico. Y vaya sí corrió la sangre en esa siniestra dictadura del proletariado que se había propuesto acabar con la burguesía y sus vicios capitalistas. En este breve repaso, de pincelada gruesa, por supuesto no pueden faltar los nazis y sus tropas de asalto, que como sabemos quisieron imponer al mundo la pureza racial con sus delirantes mitos sobre la raza aria y su abominable solución final, que no pretendía otra cosa que exterminar al pueblo judío de la faz de la tierra. Tampoco los fanáticos islamistas, siempre prestos a atacar a los infieles del mundo civilizado. En el origen del totalitarismo encontramos siempre un dogma de fe que conecta de alguna forma con un ideal de pureza, ya sea moral, social, racial o ideológico.  

Las cazas de brujas contra los impuros siempre han encontrado una coartada moral, intelectual e incluso científica. En el siglo XIX, el racismo pretendía ser una ciencia exacta que podía diferenciar a las personas sobre la base de hechos biológicos como el tamaño de los cráneos. Y el mismísimo Kant, padre de la Ilustración, a quien tanto debemos quienes creemos en la democracia liberal y sin cuya filosofía no se entendería, sin ir más lejos, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, condenó y deshumanizó a los homosexuales cuando escribió que sus relaciones estaban «por debajo del nivel de los animales» y hacían «al hombre indigno de su humanidad». Kant nació en 1724 y murió en 1804. Quizá hoy nos sorprenda más que la Organización Mundial de la Salud no retirara la homosexualidad de su manual de trastornos mentales hasta 1990, diecisiete años después que la Asociación de Psiquiatras de Estados Unidos.

¿Y qué pasa hoy en las sociedades liberales que se edificaron para hacer frente a todos esos dogmas y asegurar la convivencia entre ciudadanos libres e iguales? Tras una serie de crisis, nos enfrentamos a la sacudida de los movimientos de agitación y propaganda populistas, que cada vez cuentan con más adeptos y cuyas consignas se mueven por las redes sociales a toda mecha. En las sociedades abiertas nos encontramos sobre todo dos tendencias que tensionan desde dentro un sistema que tiene que demostrar ahora, más que nunca, la calidad y resistencia de sus instituciones. De un lado, los nacionalistas identitarios, nostálgicos de unos valores tradicionalistas que ven amenazado su ideal de estilo de vida ante la inmigración y los profundos cambios que estamos experimentando. Las élites, a menudo autocomplacientes, persisten en su error de tratarlos como ciudadanos de tercera, por lo que el volumen del resentimiento aumenta. Y de otro lado, los nuevos puritanos, abanderados woke de «una sociedad que quiere vivir sin religión, pero no sin sermones» y donde «la atmósfera cultural exige constantemente exámenes de conducta moral e ideología», como ha escrito el ensayista Brian Patrik Eha en un artículo que pudimos leer en esa gran revista que es Letras Libres. En la era de la inflación moral, el ciudadano García se enfrenta cotidianamente a una legión de incansables Torquemadas, que en sus reprimendas públicas suelen usar buenas causas, como el feminismo, la lucha contra el racismo o el medio ambiente, a las que acaban perjudicando con sus infumables dogmas.

Decía Julián Marías que «el sucedáneo del totalitarismo es la politización», esto es, «poner la política en primer plano y juzgar todo desde ella». Esta actitud opera una increíble falsificación de la historia. Frente a la impostura y la sobreactuación de la pureza ideológica, ¿no debería inspirarnos más confianza el mestizaje de las ideas que viajan y evolucionan con el curso del tiempo? Porque esto no va de izquierdas y de derechas, ni de bandos, como insisten en hacernos creer los que viven de esa cantinela que sirve sobre todo para movilizar a las masas y futbolizar la realidad política, en verdad mucho más rica y compleja. Ahí es precisamente donde descansa la esencia y la fuerza de nuestras democracias, aunque produzca cierto sonrojo tener que recordarlo.















[ARCHIVO DEL BLOG] Tropezar con la memoria. Publicado el 20/06/2019
















Todos los que han conocido a supervivientes son conscientes de la información que se pierde cuando se extingue su memoria y de la sabiduría que conocer el pasado entraña, escribe en El País el periodista Guillermo Altares.
Las llamadas “piedras de la memoria”, Stolpersteine, han empezado a colocarse en Madrid, comienza diciendo Altares. Se trata de pequeñas esculturas de cobre del artista alemán Gunter Demnig, del tamaño de un adoquín, destinadas a conmemorar a víctimas del nazismo y el fascismo. Figura el nombre de la víctima, su lugar de nacimiento y el sitio donde fue asesinado. La idea es que los peatones se tropiecen levemente con ellas y así se den cuenta de que hay algo extraño en ese lugar. Las placas están colocadas ante los domicilios de los ausentes.
Los barrios judíos de Berlín o Roma están llenos de estas piedras. Ya se han colocado 70.000 en cientos de ciudades, con lo que representan el mayor monumento contra el fascismo del mundo. No solo conmemoran a judíos, sino a todas las víctimas de los totalitarismos del siglo XX: discapacitados, testigos de Jehová, gitanos, objetores de conciencia, homosexuales, socialdemócratas o republicanos españoles. Nadie se libró de la furia asesina.
La proliferación de estas piedras coincide con un momento inevitable al que más tarde que pronto tendrá que enfrentarse Europa: la desaparición de los últimos testigos de los años treinta y de la II Guerra Mundial. Las recientes conmemoraciones del desembarco de Normandía estuvieron centradas en los veteranos con la sensación general de que en la próxima celebración, el 80º aniversario, quedarán muy pocos. Lo mismo ocurre con Auschwitz, el campo de exterminio nazi, donde normalmente se realizan ceremonias cada 10 años, aunque en esta ocasión, el próximo 27 de enero, se recordará a los supervivientes en el 75º aniversario de la liberación del campo ante el temor de que dentro de cinco años queden demasiados pocos testigos.
Todos los que han conocido a supervivientes y a los que sus padres o abuelos les contaron sus guerras son conscientes de la información que se pierde cuando se extingue su memoria y de la sabiduría que conocer el pasado entraña. Una de las lecciones de aquellos años consiste en minusvalorar el peligro que encarna la ultraderecha, en olvidar su capacidad para laminar las instituciones desde dentro, como ocurre en Hungría o Polonia. Para eso sirven las Stolpersteine, para toparse con el pasado. Visto lo visto, por muchas que se coloquen nunca serán suficientes. Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt


















Del poema de cada día. Hoy, La lentitud de los bueyes, de Julio Llamazares

 







LA LENTITUD DE LOS BUEYES



Vendrá el silencio, y cruzaré la nada. Y encontraré la muerte flotando sobre el heno.


Viejas leyendas acecharán mis pasos en el lugar donde germina la superstición.


Y en los últimos páramos, la escarcha borrará las huellas de mi ausencia para que así podáis seguir alimentándoos de olvido.


(¿Acaso recordáis la lentitud de vuestros padres cuando la hierba ya ha ocupado su lugar?)


El barro que ahora habito se fundirá en vosotros como el esparto aplicado a las heridas.


Frutos agraces traspasarán mi alma cuando abandone los lugares profesados en la cohabitación.


Pero seguramente nadie recordará mi forma ni la oquedad silente que ocupará mi sitio.


Seguramente entonces, al borde de la nada, más allá del silencio, yo estaré preguntándome el porqué del olvido, la abrasada razón por la que el tiempo coloca amargas hierbas sobre nosotros.


Y una sustancia antigua, como de tallos verdes, manará lentamente del silencio como única respuesta.



Julio Llamazares (1955)

poeta español




















De las viñetas de humor de hoy lunes, 27 de enero de 2025