lunes, 30 de septiembre de 2024

De las viñetas de humor de hoy lunes, 30 de septiembre de 2024

 


















domingo, 29 de septiembre de 2024

De las entradas del blog de hoy domingo, 29 de septiembre de 2024

 





Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz domingo 29 de septiembre de 2024. Podríamos encontrar muchos ejemplos en las últimas semanas, de la catalanofobia del PP, se comenta en la primera de las entradas del blog de hoy, pero con las entrevistas de sus dirigentes en la semana que termina se dice todo. En la segunda, un archivo del blog de octubre de 2019, se hablaba de que estábamos inmersos en una profunda renegociación de género y que quizá habría que buscar un nuevo término que reflejara mejor unas relaciones físicas y emocionales entre hombres y mujeres más equilibradas y libres. La tercera es hoy un poema de Paul Éluard que sirvió de introducción a una famosa novela de los años 50 del pasado siglo. La cuarta, como siempre, son las viñetas de humor del día. Espero que todo ello le resulte interesante. Y ahora, como decía Sócrates, nos vamos, y nos vemos de nuevo mañana si la diosa Fortuna lo permite. Y sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Tamaragua, amigos míos. HArendt










De la catalanofobia del PP

 





Podríamos encontrar muchos ejemplos en las últimas semanas, pero solo recojo las entrevistas más recientes, escribe en La Vanguardia [El PP y la catalanofobia, 24/09/2024] su director Jordi Juan: Alfonso Rueda, presidente de la Xunta de Galicia, afirma este domingo en El Mundo: “No admitiré que se le dé un solo euro a Catalunya a costa de Galicia”. Y María Guardiola, presidenta de la Junta de Extre­madura, también este domingo en La Razón: “La defensa del interés de Extremadura no puede ir en perjuicio de un catalán”. Y el fin de semana pasado, Juan Moreno Bonilla, presidente de la Junta de Andalucía, en El Mundo: “No voy a aceptar que un catalán tenga más que un andaluz”.

Si se fijan todo el relato va en la misma dirección: contraponer el catalán al gallego, al extremeño o al andaluz. Se da por hecho que el nuevo sistema de financiación va a suponer un incremento de las cuentas de Catalunya a costa del resto de comunidades. De nada vale decir que el proyecto aún no se ha presentado, ni se ha discutido, y que el propio presidente de la Generalitat, Salvador Illa, proclame que “Catalunya ha estado y estará a la primera línea de la solidaridad en España”. Lo que se busca es tratar de imponer un discurso que alienta la catalanofobia en toda España.

En la reunión mantenida ayer en la sede del PP en Génova, donde Alberto Núñez Feijóo reunió a todos sus barones, se dejó caer de nuevo la idea de organizar manifestaciones para salir a la calle y denunciar las consecuencias de la “singularidad” de Catalunya. Menos mal que la propia dirección nacional del PP enfrió los ánimos movilizadores y señaló que, de momento, esta vía no está sobre la mesa.

No es bueno alentar la confrontación entre territorios. El independentismo catalán lo ha hecho y tiene buena parte de culpa de la fractura que se ha generado estos últimos años. Pero parece que el PP no se ha enterado o no se ha querido enterar de que el perfil del actual presidente de la Generalitat es muy diferente. Alentar la catalanofobia solo puede llevar a su vez a fomentar más hispanofobia en Catalunya y dar nuevos argumentos al independentismo que no ha desaparecido. No todo vale para ganar votos. Jordi Juan es director de La Vanguardia.









De los dilemas de la seducción. [Archivo del blog, 01/10/2019]

















Estamos inmersos en una profunda renegociación de género y quizá haya que buscar un nuevo término que refleje mejor unas relaciones físicas y emocionales entre hombres y mujeres más equilibradas y libres, escribe la profesora Olivia Muñoz-Rojas, doctora en Sociología por la London School of Economics e investigadora independiente.
Es pronto aún para vaticinar las consecuencias estructurales del movimiento MeToo, pero una de las cuestiones que parece preocupar a algunos es el futuro de la seducción entre los sexos. ¿Cómo seducir en un mundo donde hay que ir haciendo explícito lo que uno desea y no en cada momento de un encuentro íntimo? ¿Cómo seducir en la transparencia cuando la seducción, tal y como la conocemos hasta ahora, se basa en la ambigüedad? Del latín seducere,conducir a otra parte, las tres acepciones de seducir que presenta el Diccionario de la RAE ayudan a entender el singular cóctel semántico y cultural que esconde la palabra y, con ella, el acto de seducir: “1. tr. Persuadir a alguien con argucias o halagos para algo, frecuentemente malo. 2. tr. Atraer físicamente a alguien con el propósito de obtener de él una relación sexual. 3. tr. Embargar o cautivar el ánimo a alguien”.
Las nociones de pecado, sexo y amor conviven tácitamente en la etimología de la palabra y contribuyen a explicar el paradigma de la seducción, heteronormativo y androcéntrico, todavía dominante en la cultura occidental. Herencia, sobre todo, del siglo XIX, explican los historiadores; bajo este paradigma, la seducción en el terreno de las relaciones íntimas se entiende como un juego de poder entre el hombre y la mujer que sigue un guion particular. Un guion, para la psicología, es un esquema mental, “una estructura cognitiva que representa un conocimiento organizado sobre un determinado ámbito”, que guía nuestras acciones y nos ayuda a anticipar las de los demás. Desde esta perspectiva, y admitiendo toda su complejidad en la práctica, el guion prototípico de la seducción, especialmente en las primeras relaciones, se resume de la siguiente manera: el hombre toma la iniciativa de una aproximación física y la mujer muestra, inicialmente, resistencia antes de sucumbir a la seducción del varón. Se asume que es el hombre quien inicia la actividad sexual, dado su supuesto mayor impulso sexual, que explicaría también su promiscuidad. Frente a esta iniciativa, se espera que la mujer ejerza de guardiana del sexo, marcando los límites al varón en la situación concreta y exponiéndose, en general, con menor frecuencia a situaciones de intimidad, si no quiere ser percibida como una mujer fácil. Uno de los problemas de este guion de la seducción, que permea nuestra cultura (desde las artes hasta los medios) y condiciona nuestros actos, es que comparte elementos con el que asociamos a una situación de abuso sexual. Ciertos estudios, como el realizado por Heather Littleton y Danny Axsom con estudiantes universitarios estadounidenses, demuestran que algunos de sus elementos, como la resistencia simbólica atribuida a la mujer, pueden llevar a determinados varones a perseverar en sus avances físicos, aun cuando esta resistencia es genuina; y a algunas mujeres a interpretar esos avances contra su voluntad como parte del guion normal de la seducción.
Esto lleva a preguntarse si la cuestión del consentimiento a un avance sexual se resuelve con un sí explícito por parte de la mujer. Pues es posible consentir a una actividad sexual no querida o deseada, como explican las psicólogas Lucia F. O’Sullivan y Elizabeth R. Allgeier. Ese consentimiento, sería, nuevamente, el resultado de expectativas sociales y de género, incluida la anticipación de una reacción contrariada o violenta por parte del varón de no producirse ese consentimiento o, desde la perspectiva del varón, la expectativa de que debe consumar una acción sexual por él iniciada. Al calor del movimiento MeToo, hay quienes reivindican la importancia de explorar abiertamente todas las zonas grises que resultan de este guion asimétrico y ambiguo aún imperante, en el que el placer sexual de las mujeres ocupa un papel secundario, sus expresiones de resistencia o consentimiento pueden ser fingidas con el fin de adaptarse a aquel y, por otra parte, el varón carga con el peso visible de la iniciativa.
No es casualidad que en los últimos años un gran número de estudios sobre sexualidad y consentimiento —generalmente, desde una perspectiva feminista— se hayan generado en la órbita anglosajona, donde también se inició el movimiento MeToo. Y que, al mismo tiempo, algunas de las reacciones de reivindicación masculinista más visibles hayan surgido en el mismo entorno cultural: desde el inusitado éxito del psicólogo canadiense Jordan Peterson, quien denuncia el “asalto contra la masculinidad” que cree distinguir en la actualidad, hasta el renovado interés por la llamada comunidad de seducción (Seduction Community), una red informal de grupos físicos y virtuales que promueve técnicas para el cortejo y de autoafirmación masculina para contrarrestar la que perciben como creciente e injustificada dominación femenina en las relaciones entre los sexos.
Fuera del entorno anglosajón, una de las reacciones críticas al MeToo que más atención recibió en su momento fue la tribuna que firmaron a principios de 2018 un centenar de mujeres, entre ellas la actriz Catherine Deneuve, en Le Monde. Estas, en su mayoría francesas, consideraban que “tocar una rodilla, tratar de robar un beso, hablar de cosas íntimas en una cena profesional o enviar mensajes de connotación sexual a una mujer cuya atracción no es recíproca”, junto a otros elementos que podrían formar parte del guion de la seducción, no debieran ser suficientes para incriminar a un hombre y acusarlo de acoso sexual, y, menos aún, destruir su carrera. El escrito pone en evidencia la brecha cultural que muchos aprecian entre un supuesto puritanismo anglosajón que confronta a las mujeres con los hombres, y una presunta libertad sexual francesa que reclama matices —¿acaso, junto a los donjuanes, no conviven las femmes fatales?— y cuestiona el papel de víctima estructural de la mujer en sus relaciones con el varón.
Como parte de la profunda renegociación de las relaciones de género que estamos viviendo en la actualidad, el guion de la seducción se está reescribiendo. Hay mucho en juego en un aspecto tan esencial de las relaciones entre los sexos y no debería sorprender que muchos, tanto hombres como mujeres, teman perder, en ese nuevo guion (quizá, nuevos guiones), el papel que hasta ahora han ostentado. Desde algunos sectores científicos y académicos hay tímidas, pero muy necesarias, llamadas a una exploración de carácter más interdisciplinar sobre las dinámicas de la seducción y su evolución en nuestra especie; una que tenga en cuenta tanto nuestra biología como nuestra socialización y la interacción entre ambas. El objetivo es encontrar elementos empíricos y teóricos con los que trabajar colectivamente para impedir los abusos y lograr que más hombres y mujeres se sientan genuinamente cómodos y satisfechos en sus relaciones íntimas. Es posible que, en el proceso, el significado de seducir cambie e, incluso, que abandonemos la palabra por otra que refleje mejor unas relaciones físicas y emocionales entre hombres y mujeres más equilibradas, libres y equitativas. Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt
















Del poema de cada día. Hoy, Desfigurada apenas, de Paul Éluard (1895-1952)

 






DESFIGURADA APENAS



Adiós tristeza.

Buenos días tristeza.

Estás inscrita en las líneas del techo.

Estás inscrita en los ojos que amo.

Tú no eres exactamente la miseria,

pues los más pobres labios te denuncian

por una sonrisa.

Buenos días tristeza.

Amor de los cuerpos amables,

potencia del amor,

cuya amabilidad surge

como un monstruo incorpóreo.

Cabeza sin punta,

tristeza bello rostro.



Paul Éluard (1895-1952)

Poeta francés















De las viñetas de hoy domingo, 29 de septiembre de 2024

 





















sábado, 28 de septiembre de 2024

De las entradas del blog de hoy sábado, 28 de septiembre de 2024

 





Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz sábado, 28 de septiembre de 2024. El Plan de Acción por la Democracia presentado por el Gobierno, se comenta en la primera de las entradas del blog de hoy, bien puede entenderse como un inventario de deberes pendientes, con mínimas novedades, poca concreción, escasa ambición y nula participación. En la segunda, un archivo del blog de septiembre de 2015, se hablaba del mito de la vida eterna y de como ha sido tratado literariamente en numerosas ocasiones, con mayor o menor fortuna, con rigor científico y sin él. La tercera es hoy el poema titulado A una joven rica, de la filósofa francesa Simone Weil. Y la cuarta, como todos los días, son las viñetas de humor. Espero que sean de su interés. Y ahora, como decía Sócrates, nos vamos, y nos vemos de nuevo mañana si la diosa Fortuna lo permite. Y sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Tamaragua, amigos míos. HArendt











 


De la democracia española

 






El Plan de Acción por la Democracia presentado por el Gobierno bien puede entenderse como un inventario de deberes pendientes, con mínimas novedades, poca concreción, escasa ambición y nula participación, escribe en El País [Las tareas pendientes de la democracia española, 24/09/2024] la socióloga española Cristina Monge.

Es cierto que este plan partía con una dificultad notable, la de estar a la altura del anuncio que de él hizo el presidente del Gobierno: “un antes y un después de la legislatura”, dijo cuando puso fin en mayo a una crisis aún no explicada. Cuando las expectativas son tan altas es muy fácil decepcionar. Con el fin de huir de valoraciones apresuradas, conviene analizar en detalle.

El Plan de Acción por la Democracia bebe de su homólogo en Europa aprobado en 2020 y desarrollado en 2023. Sus 31 medidas se articulan en tres ejes: ampliar y mejorar la calidad de la información gubernamental; fortalecer la transparencia, pluralidad y responsabilidad de nuestro ecosistema informativo, y reforzar la transparencia del poder legislativo y del sistema electoral. La atención se fija en dos de los tres poderes del Estado —el legislativo y el ejecutivo—, obviando al judicial, e incorpora al denominado “cuarto poder”, los medios de comunicación.

Una lectura atenta de las medidas permite comprobar que forman parte del repertorio habitual que distintos gobiernos, expertos y profesionales recomiendan para hacer frente a los desafíos que las democracias tienen hoy ante sí. No parece, a priori, y a la espera de su concreción, que ninguna de estas cuestiones puedan suponer un retroceso ni una merma de la calidad de la democracia, como se apunta desde las filas conservadoras.

Dicho lo cual, conviene hacerse algunas preguntas. ¿Son estas 31 medidas lo que España necesita para abordar los desafíos de desconfianza institucional y desafección que minan la democracia? ¿Aporta este plan algo nuevo que haga pensar que estamos ante una apuesta estratégica? Cuesta creerlo. De las 31 medidas que el plan contiene, prácticamente la mitad son compromisos ya adquiridos previamente —como las referentes a Gobierno Abierto— o derivan de obligaciones europeas, en concreto del Reglamento Europeo sobre la Libertad de Medios de Comunicación. Algunas incluso están fuera de plazo, como la aprobación del Real Decreto por el que se desarrolla una estrategia para combatir la corrupción contemplada en la Ley 2/2023, que el Gobierno tenía que haber presentado durante este mes de septiembre. En otros casos, se trata de obligaciones legales que llevan tiempo esperando a ser ejecutadas, como la creación de la Autoridad Independiente de Protección del Informante, que deriva de la misma ley.

Entre aquellos compromisos que pueden considerarse nuevos, hay algunos de notable importancia, como la creación de dos nuevas unidades contra la corrupción en la Fiscalía General del Estado, la obligación para todas las administraciones públicas de rendir cuentas cada seis meses, la celebración de debates electorales o la publicación de los microdatos de las encuestas. Otras cuesta calificarlas de innovadoras, cuando se trata de reivindicaciones históricas como la reforma de la ley de secretos del Estado, de compromisos electorales como lo que afecta a la ley mordaza, de prácticas que se han ido perdiendo como la celebración de un Debate anual sobre el estado de la nación en sede parlamentaria, o el enésimo intento de regular los grupos de interés, tras el último anteproyecto de 2022 que no llegó a ver la luz.

Visto en perspectiva, este Plan de Acción por la Democracia es más bien un inventario, un plan de deberes pendientes. Habrá quien vea en esto un avance y no le faltará razón. Sin embargo, dada la preocupación por el deterioro de la democracia que existe en Occidente, teniendo en cuenta el espacio que ha ocupado en el debate público, y considerando la solemnidad con que fue anunciado, cabía esperar mucho más.

Este plan adolece, al menos, de tres carencias, y no son menores. En primer lugar, el plan adolece de falta de concreción, lo que permite ver fantasmas a quien quiere verlos y decepciona a quien, esperanzado, esperaba encontrar una propuesta de valor. Por otro lado, carece de toda ambición. No encontrarán en sus páginas ni una visión proactiva ni propuestas innovadoras. Se trata más bien de medidas defensivas que buscan ir tapando vías de agua, cuando la crisis, a tenor de todos los indicadores, es mucho más profunda. Finalmente, y quizá aquí se encuentre una de las causas de lo anterior, el plan nace sin ninguna participación, aspecto en el que, por cierto, tampoco incorpora nada. Que un plan por la calidad de la democracia nazca sin las aportaciones de las personas que, desde su ámbito profesional, académico o de organizaciones de la sociedad civil, llevan años pensando y trabajando en estos asuntos, indica, cuando menos, una escasa ambición y poca habilidad para la generación de alianzas, claves a la hora de afrontar desafíos como este.

Algunas de las medidas anunciadas están en el tejado del Gobierno, y deberá rendir cuentas de ellas, como ya venían haciendo en el programa Cumpliendo. Otras necesitan de un trámite parlamentario que se antoja tortuoso, si bien puede ser un momento para su enriquecimiento y mejora. Si tanto el Ejecutivo como los grupos parlamentarios ven en este plan alguna posibilidad de afrontar los desafíos que las democracias tienen ante sí, deberían paliar estas carencias. Cristina Monge es socióloga.









De la vida eterna. [Archivo del blog, 22/09/2015]









El mito de la vida eterna ha sido tratado literariamente en numerosas ocasiones, con mayor o menor fortuna, con rigor científico y sin él. Entre las obras señeras que han tratado el tema de la búsqueda de la inmortalidad por parte del hombre podemos leer el "Fausto" de Goethe, el "Drácula" de Bram Stoker o el "Frankenstein" de Mary Shelley. Personalmente, la que más me ha gustado es la de Mary Shelley, pero reconozco la insuperable calidad literaria de la obra de Goethe. Y en el "Génesis", ya podemos encontrar el primer relato sobre la búsqueda de la inmortalidad por parte del hombre...
Ficción y literatura son términos sinónimos. Ciencia e investigación científica no pueden moverse en ese terreno de la ficción, pues parten siempre de la realidad. Y la realidad es que más o menos tarde, todo lo existente envejece y muere. ¿Merece la pena invertir en la búsqueda científica de la eternidad? Hace unos años el físico y profesor de la Universidad de Barcelona, director del Área de Ciencia y Medio Ambiente de la Fundación La Caixa, Jorge Wagensberg, se planteaba en un artículo en El País, titulado "La eternidad no tiene futuro", el interrogante de si es posible superar la inevitabilidad del envejecimiento y de la muerte desde un plano científico y de los "costes" que ello supondría para la especie. La idea de eternidad me parece aterradora. Dice el emperador Marco Aurelio (siglo II d.C.) en sus "Meditaciones": "Cuando hagas alguna cosa, reflexiona y pregúntate si la muerte es terrible porque te priva de ella". No tiene objeto alguno preocuparse por lo que es inevitable. Y la muerte lo es. "La muerte es el precio que tenemos que pagar por haber vivido. Es un precio razonable", dice Hannah Arendt en su "Diario filosófico, 1950-1973". Y pienso que tiene razón. 
En cuanto a las viñetas que hoy traigo hasta el blog se trata de una selección de las más recientes de mis dibujantes favoritos: Forges, Gallego y Rey, Idígoras y Pachi, Montecruz, Morgan, Padylla, Ros y El Roto. Y ahora, como decía Sócrates, "Ιωμεν", nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt