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miércoles, 25 de septiembre de 2024
martes, 24 de septiembre de 2024
De las entradas del blog de hoy martes, 24 de septiembre de 2024
Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz martes, 24 de septiembre de 2024. Esta semana, un diputado del PP y otro de ERC, hablaron en el patio del Congreso, se comenta en la primera de las entradas del blog de hoy, y durante la conversación, se sonrieron e incluso parece que bromearon, así que en Twitter les pidieron explicaciones, cuando no les pusieron a caldo: ¿cómo es posible que dos rivales políticos puedan mantener una conversación amigable? En la segunda de ellas, un archivo del blog de septiembre de 2012 se hablaba de democracia, soberanía nacional, parlamento y federalismo; doce años después da la impresión de que muchos siguen sin tener claro que significan esos términos. La tercera es un poema de un escritor español de origen sefardí, que muestra su apasionado amor a una ninfa, esas deidades femeninas asociadas a lugares naturales como arroyos, ríos, manantiales o montes. Y la cuarta, como siempre, son las viñetas de humor del día. Espero que sean de su interés. Y ahora, como decía Sócrates, nos vamos, y nos vemos de nuevo mañana si la diosa Fortuna lo permite. Y sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Tamaragua, amigos míos. HArendt
De amigos, progres y fachas
Esta semana, Borja Sémper y Gabriel Rufián hablaron en el patio del Congreso. Durante la conversación, se sonrieron e incluso parece que bromearon, así que en Twitter les pidieron explicaciones, comenta la escritora Ana Iris Simón en El País [Amigos progres, amigos fachas, 21/09/2024].. “Pillan a Borja Sémper y a Gabriel Rufián de compadreo en los exteriores del Congreso, parece que han quedado para tomar una caña después”, compartía un usuario de la red social, acompañando su exclusiva de un vídeo.
Sémper y Rufián contestaron con retranca, ironizando sobre lo ridículo que es pensar que dos personas con ideologías distintas no puedan tener una relación cordial e incluso ser amigos. A Pablo Iglesias también le ocurrió. Sucedió en 2019, cuando “lo pillaron” de risas con Inés Arrimadas e Iván Espinosa de los Monteros. Él también dio explicaciones. “Esta Nochebuena, en muchas familias habrá votantes de UP, de partidos independentistas, de Vox, del PSOE o de cualquier otro. Igual que en las cenas de trabajo o de clase de la facultad. Y hablarán y se reirán. Eso no es una falta de coherencia política, sino condición humana”, escribió entonces.
La única pega es que si hoy Sémper y Rufián o ayer Iglesias y Espinosa tienen que justificarse por tener una relación cordial es, en parte, por lo que sus partidos han sembrado. De las acusaciones de brocha gorda y los hombres de paja ―que si la alerta antifascista, que si los socialcomunistas con cuernos y rabo― a la polarización y la deshumanización del otro. Han convertido el Congreso en un estadio y a sus votantes en hinchas, pero luego se extrañan si les sacan tarjeta roja de acuerdo con las reglas que ellos mismos han establecido. Cuando Iglesias dio aquellas explicaciones sobre su cordialidad con Espinosa, por cierto, Rufián se mosqueó. Le reprochó que era cobarde comparar “a quien está en una celda por sus ideas con su compadreo de hoy con los dirigentes del partido que le pedían 75 años en el juicio que le llevó a dicha celda”. Como dicen en mi pueblo, la boca es mu castigá.
En su despedida, Begoña Villacís “sacó las vergüenzas” a sus compañeros del Ayuntamiento de Madrid contando su relación personal con varios de ellos. Habló de los pantalones de premamá que le dejó a Rita Maestre y del día que fue al tanatorio para darle el pésame a Almeida por la muerte de su madre. “Estas vergüenzas que os acabo de sacar convierten esta profesión en algo extraño, y esto no es bueno. Convierten esta profesión en el único oficio que se habla mejor a la espalda que a la cara”, dijo para rematar su discurso. Fue emocionante, pero se olvidó de lo que eso genera fuera del hemiciclo.
Unas semanas antes de que Rufián y Sémper fueran “pillados” en el Congreso, la presentadora Inés Hernand escribió un comunicado justificando su amistad con Cristina Cifuentes ante los que la criticaban. Y le ocurrió lo mismo que a sus señorías: también se le pasó que seguramente ella haya contribuido a aquello que se volvió en su contra, porque los medios también hacemos nuestra parte.Tanto la generación de Hernand ―que es la mía― como la siguiente, los Z, da más importancia a la ideología a la hora de escoger amigos que las anteriores. Lo recoge un estudio del PIR Center y lo puede comprobar cualquiera que tenga ojos. Para los tuertos, concebir al que piensa distinto como peor, como alguien que no es digno siquiera de trato o amistad, será un progreso; para el que sepa ver, una evidente pérdida. Pero los responsables miraremos para otro lado. E incluso nos sorprendemos cuando lo que hemos sembrado dé frutos. Ana Iris Simón es escritora.
De soberanía nacional, parlamento y federalismo. [Archivo del blog, 26/09/2012]
Me decepcionó profundamente José Manuel Otero Novas, dos veces ministro en los gobiernos de Adolfo Suárez, abogado del Estado, supongo que en excedencia, dada su vinculación con las más importantes empresas españolas de los sectores de banca, seguros, transportes, construcción, energía y prensa, entrevistado ayer en Canal 13, mientras las turbas rugientes y vociferantes sitiaban el Congreso de los Diputados en Madrid y amenazaban con acabar por la fuerza (PP, "dixit") con el régimen parlamentario y constitucional. Menos mal que estaban allí las fuerzas de orden público (vulgo antidisturbios) para impedirlo.
Del poema de cada día. Hoy, A una ninfa, de Néstor David Ramírez
A UNA NINFA
Ninfa eres,
para mí adorada,
sueño sin fortuna,
jamás cumplido,
destino con dolor
siempre negado,
afán secreto,
tarea arriesgada.
No traicioné
a quien me era dada,
por esposa y compañera,
así elegida,
pero soñé con tu
amor prohibido
y en justo castigo
mi alma fue anegada.
Pero ni dioses
ni martirio me impiden
ya, volver a
soñar con besar
tus bellos senos
ahora que sé
que todo es humo.
Así pues espero
el momento
en que tras vernos
me desnuden
tus manos
y me arrastren
a perderme entre
tus muslos.
tan oscuros.
Néstor David Ramírez (1906-1975)
Poeta hispanosefardí
lunes, 23 de septiembre de 2024
De las entradas del blog de hoy lunes, 23 de septiembre de 2024
Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz lunes, 23 de septiembre de 2024. Este muchacho que no ha cumplido ni 19 años, se cuenta en la primera entrada del blog de hoy, va de un lado a otro por Madrid cargado con secretos que nadie podría sospechar mirando una cara juvenil en la que todavía no hay huella alguna de sufrimiento ni experiencia; lleva panfletos subversivos, libros de divulgación marxista clandestinos, manuales para fabricar explosivos, para agitar la lucha urbana y lleva también una pistola. En la segunda de ellas, un archivo del blog de septiembre de 2011, se hablaba del valor y utilidad de las democracias y sobre si eran mejores las democracias representativas o las directas. La tercera la ocupa hoy el poema La dulce queja, de Federico García Lorca. Y la cuarta, como siempre, son las viñetas de humor del día. Espero que sean de su interés. Y ahora, como decía Sócrates, nos vamos, y nos vemos de nuevo mañana si la diosa Fortuna lo permite. Y sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Tamaragua, amigos míos. HArendt
De intelectuales y criminales
Este muchacho que no ha cumplido ni 19 años va de un lado a otro por Madrid cargado con secretos que nadie podría sospechar mirando una cara juvenil en la que todavía no hay huella alguna de sufrimiento ni experiencia, cuenta en El País [Los maestros macabros, 21/09/2024], el escritor Antonio Muño Molina. Lleva panfletos subversivos impresos a multicopista. Lleva libros de divulgación marxista que en esa época estaban en los escaparates de todas las librerías. Lleva otros más peligrosos, clandestinos, manuales para fabricar explosivos, para agitar la lucha urbana. Lleva también una pistola. Cruza Madrid con el corazón agitado, menos de miedo que de pura expectativa, porque le han anunciado que va a encontrarse con jóvenes héroes de la clandestinidad que vienen del Norte, o de Francia, y a los que tendrá que guiar por Madrid. A uno de ellos incluso tendrá que alojarlo en su casa. El recién llegado, que tiene un aspecto tosco y receloso, cena en silencio en el comedor familiar. Los padres no se fían del extraño invitado. Pero desde hace tiempo se resignan a la deriva ideológica de su hijo, las cosas que hace y no les dice. Son antifranquistas, en la órbita ilustrada del PCE en aquellos años, pero el hijo radicalizado los acusa de moderación y reformismo, pues él se inclina hacia esa extrema izquierda cuya hostilidad obsesiva se vierte no contra la dictadura, sino contra los comunistas que ahora hablan del Pacto por la Libertad y no de la dictadura del proletariado y parecen limitar su estrategia a un proyecto de democracia burguesa pactado con las derechas.
El héroe y sus camaradas llegados del Norte, con la aureola de la lucha armada, van por los bares de Madrid con metralletas en las mochilas y exhibiendo fajos de los billetes verdes de entonces. Para sorpresa del joven que los acompaña, que tiene serias aficiones literarias y dedica mucho esfuerzo al estudio del marxismo, los héroes etarras resultan ser unos bravucones que se emborrachan y dicen piropos groseros a las mujeres. Para distraerse mientras esperan algo, una misión importante tal vez, como el asesinato de Carrero Blanco hace unos meses, los héroes, aparte de emborracharse, le piden al joven guía que los lleve al cine. Pero lo que les gustan no son las películas que entonces empezaban a estrenarse, las de Saura o Erice o Bergman. Ellos quieren ver una de John Wayne, en la que el actor interpreta a un policía bronco y matón que dispara una metralleta idéntica a las que ellos guardan en sus mochilas. En la sala a oscuras, gritan y aplauden cada vez que John Wayne dispara a quien se le pone por delante.
Quien actúa de enlace con los evidentes pistoleros, y quien sin la menor duda participa de sus planes, es esta mujer a la que en los documentos de la organización incautados después por la Policía sus cómplices vascos llaman La Rubia y también La Tetona. Es menuda y sonriente, y el muchacho le tiene casi tanta admiración como a su marido, el dramaturgo eminente, el patriarca barbado de cara bonachona que además es un teórico de la Revolución, con mayúsculas, tan radical en su defensa de la necesidad de la violencia que los revisionistas del PCE lo han expulsado. El dramaturgo eminente y la esposa menuda y activista son amigos antiguos de los padres del joven, y además padres de su mejor amigo en el instituto. Los padres de él comprenden que su hijo está siendo abducido por esta pareja: un adolescente entusiasta y politizado de aquellos años, encrespado contra la mezcla de brutalidad y aburrimiento de la dictadura, se siente más atraído por la épica de las armas que por la prudencia táctica de quienes en esa época tantean salidas verosímiles y no violentas del franquismo.
Nada es más temible que el influjo de los adultos hacia los que un joven proyecta su necesidad de aprender y admirar, padres vicarios que se le presentan como la antítesis del conformismo de los padres verdaderos, y que pueden apoderarse vampíricamente de su voluntad, y arrojarlo a peligros y a veces a crímenes de los que ellos mismos se abstienen con sórdida cautela. Un día, este joven, alentado por ellos, está muy cerca de cometer un asesinato; y poco a poco se da cuenta de que lo están enredando en una trama terrorista cuya finalidad no es acabar con el régimen, sino ahogar en sangre cualquier esperanza de cambio democrático; y también matar, por el gusto de hacerlo, como esos brutos que no tienen la menor noción de libertad ni de justicia y aplauden las ráfagas de metralla de John Wayne y de Clint Eastwood.
Y otro día descubre con horror y vergüenza que sus dos mentores, la mujer y el marido, han sido cómplices en la matanza indiscriminada de la cafetería Rolando, en la calle del Correo de Madrid. “¿Has visto, Eduardo?”, le grita ella al día siguiente al encontrarlo por la calle, “¡en el corazón del régimen! ¡Les hemos dado duro!”. El marido, oracular, dictamina: “Ha sido la acción revolucionaria más importante desde la Guerra Civil”. Fue ella quien tuvo la idea de atentar contra la cafetería, imaginando que la frecuentaban sobre todo policías, tan cerca de la Dirección General de Seguridad. De las 13 personas que murieron en la explosión, solo dos tenían algo que ver con la Policía: un inspector jubilado que tomaba una caña en la barra y una auxiliar administrativa. De todos los muertos y los heridos, de los supervivientes que llevan toda la vida arrastrando aquel dolor, casi nadie se ha acordado en medio siglo. El joven, Eduardo Sánchez Gatell, fue delatado sin ningún escrúpulo por la amiga y mentora, Eva Forest, y vivió momentos de terror y tortura en las celdas de castigo de la prisión de Carabanchel. El dramaturgo eminente, Alfonso Sastre, lo trató con desprecio cuando se dio cuenta de que al discípulo se le habían abierto los ojos y ya no estaba dispuesto a seguir a ciegas su macabro izquierdismo, ni a mancharse con la vileza de las matanzas justificadas por elucubraciones doctrinarias que no han escondido nunca otra cosa que ambición de poder, odio de la democracia e indiferencia al dolor de los que no son como ellos.
A Sánchez Gatell lo imagino en sus ensoñaciones políticas y literarias por aquel Madrid de 1974 que yo conocí. Lo imagino mejor porque a los 18 años fui parecido a él; él con mucho más arrojo, yo solo y perdido: en su memoria de aquel tiempo, El huevo de la serpiente. El nido de ETA en Madrid, Sánchez Gatell describe con exactitud los sótanos de la DGS que yo sigo recordando, y la sensación de bajar esposado a otro mundo gobernado por el miedo: “Me invadía el miedo, ese miedo que te empapa hasta los huesos”. Después de la cárcel militó en partidos de la izquierda democrática, ejerció como psicólogo, ha sido diputado socialista en la Asamblea de Madrid: un ciudadano libre en un país libre a pesar de los criminales de la extrema derecha y de la extrema izquierda, y de los turbios intelectuales que han seguido celebrando el asesinato y la tiranía cuando se ejercen en nombre del Pueblo, de las Masas, de la Humanidad. A los seres humanos concretos a veces es inevitable eliminarlos. Alfonso Sastre, luchador siempre contra la opresión española de su Euskal Herria adoptiva, no tuvo dificultad en aceptar estrenos en los teatros públicos y premios nacionales, ni en cobrar su importe. Eva Forest, protectora y asesora de terroristas hasta el final de su vida, disfrutó las muchas comodidades de un escaño en el Senado, y fue recordada como una gran defensora de los derechos humanos en un homenaje póstumo que le rindió el Ateneo de Madrid. Como bien sabe Eduardo Sánchez Gatell, los puros y radicales de la izquierda macabra tienen además un gran talento para colocarse. Él ha cumplido la tarea de contar las cosas tal como fueron, como nunca puede imaginar el que no las vivió. Antonio Muñoz Molina es escritor y académico de la RAE.
La democracia participativa en Hannah Arendt. [Archivo del blog, 26/09/2011]
El poema de cada día. Hoy, La dulce queja, de Federico García Lorca (1898-1936)
LA DULCE QUEJA
Tengo miedo a perder la maravilla
de tus ojos de estatua, y el acento
que de noche me pone en la mejilla
la solitaria rosa de tu aliento.
Tengo pena de ser en esta orilla
tronco sin ramas; y lo que más siento
es no tener la flor, pulpa o arcilla,
para el gusano de mi sufrimiento.
Si tú eres el tesoro oculto mío,
si eres mi cruz y mi dolor mojado,
si soy el perro de tu señorío,
no me dejes perder lo que he ganado
y decora las aguas de tu río
con hojas de mi otoño enajenado.
Federico García Lorca (1898-1936)
Poeta español















































