domingo, 29 de diciembre de 2024

[ARCHIVO DEL BLOG] Sexo, amor y otras soledades compartidas. Publicado el 24/11/2010











Uno. "Hacía mucho frio. Su rostro, fragante del aire fresco, estaba cerca del suyo; y de repente, le gritó al hombre que estaba junto al horno: -Señor, ¿está el fuego muy caliente? Pero el hombre no la podía oír con el rugido del fuego. Mejor era así. Tal vez la habría contestado con brusquedad. Una oleada de una alegría aún más tierna se le escapó entonces del corazón y, como una cálida corriente, corrió por sus arterias. Como dulces relampagueos de estrellas, momentos de su vida en común que nadie conocía ni conocería nunca centellearon súbitamente en su memoria y la iluminaron. Sentía un deseo irresistible de recordarle esos momentos, de hacerle olvidar los años monótonos de la vida que compartían, para acordarse sólo de sus momentos de éxtasis. Porque los años, pensó, no habían colmado la sed de su alma ni la de ella. Sus hijos, los escritos de él, las labores del hogar de ella, no habían logrado extinguir el fuego de sus almas. En una carta que le había escrito a ella entonces, le había dicho: "¿Cuál es la razón de que palabras como ésta me resulten tan torpes y tan frías? ¿Será que no hay palabra suficientemente tierna para describirte?" Como una música distante, estas palabras que le había escrito hacía años acudieron a su memoria desde las sombras del pasado. Deseaba ardientemente quedarse a solas con ella. Cuando los otros se hubieran ido, cuando ella y él estuvieran solos en la habitación del hotel, entonces estarían solos, juntos. Pronunciaría dulcemente su nombre: -¡G...!".
Dos. "Rocío cayendo. No te sentará bien, guapa, estar sentada en esa piedra. Da flujo blanco. Nunca tendrás un nenito luego a menos que sea grande y fuerte como para abrirse paso para arriba peleando. Podría darme almorranas a mi también. Se pega también como un catarro de verano, una pupa en el labio. Cortarse con hierba o papel lo peor. Fricción de la posición. Me gustaría ser la piedra en que ella se sentó. Ah guapina no sabes lo mona que estabas. Empiezan a gustarme de esa edad. Manzanas verdes. Echar mano a todo lo que ofrece. Imagino que es la única vez que cruzamos las piernas, sentados. También en la biblioteca hoy: aquellas chicas graduadas. Felices la sillas debajo de ellas. Pero es el influjo del atardecer. Ellas notan todo eso. Abiertas como flores, saben sus horas, girasoles, alcachofas de Jerusalén, en salones de baile, arañas, alamedas bajo las farolas. Damas de noche en el jardín de M.D. donde le besé el hombro. Me gustaría tener un retrato al óleo de ella entonces en tamaño natural. Junio era también cuando la cortejé. Vuelve el año. La historia se repite. Oh cumbres y montañas, con vosotras estoy de nuevo. Vida, amor, viaje en torno a tu propio mundillo. ¿Y ahora? Lástima que sea cojita claro pero hay que estar en guardia y no sentir demasiada compasión. Se aprovechan". 
Tres. ¡Que distintos ambos textos!, ¿verdad?... Y sin embargo hablan de lo mismo: del amor. El sentimiento más poderoso del universo. Y si lo quieren ver desde un punto de vista más prosaico, del sexo. Hasta nuestro viejo conocido Michel de Montaigne, tan citado por mí últimamente, lo asevera: "Todo el movimiento del mundo se reduce a este ayuntamiento y gira en torno a él: es una materia infusa por todas partes, es el centro hacia el que todo apunta", ("Ensayos", Libro III, capítulo V: Sobre unos versos de Virgilio). Ni Freud lo hubiera dicho mejor..
En el primer fragmento, el protagonista está ansioso por quedarse a solas con su mujer. Vienen de una cena de Navidad familiar y han decidido pasar la noche en un hotel para no tener que volver bajo la nevada a su hogar. Mientras ella se desviste el rememora los tiempos de juventud de ambos y su pasión se despierta... En el segundo texto es ella la protagonista, pero no la vemos. Ha estado observando en la playa, mientras cae la tarde, al hombre cuyos pensamientos leemos. Los de ella, han girado en torno a un hipotético romance con el desconocido al que observa, piensa, sin que él lo sepa; él, casado, y mucho mayor que ella, sólo ve una joven que despierta su deseo carnal y que le lleva a ensoñaciones lujuriosas...  
Ocho años separan los textos transcritos más arriba. El primero es un fragmento de uno de los relatos cortos más hermosos de la historia de la literatura: "Los muertos" (Alianza, Madrid, 1994), de James Joyce, el último de los quince relatos incluidos en su libro "Dublineses", publicado en 1914, y llevado al cine magistralmente en 1987 por el director norteamericano John Huston; el segundo lo es, con toda seguridad, de la obra cumbre literaria del siglo XX, también de Joyce: "Ulises" (Lumen, Barcelona, 1989), publicado en 1922. Sean felices. Tamaragua, amigos. HArendt. 














Del poema de cada día. Hoy, Cuerpo de mujer, de Pablo Neruda

 






CUERPO DE MUJER



Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos,

te pareces al mundo en tu actitud de entrega.

Mi cuerpo de labriego salvaje te socava

y hace saltar el hijo del fondo de la tierra.


Fui solo como un túnel. De mí huían los pájaros

y en mí la noche entraba su invasión poderosa.

Para sobrevivirme te forjé como un arma,

como una flecha en mi arco, como una piedra en mi honda.


Pero cae la hora de la venganza, y te amo.

Cuerpo de piel, de musgo, de leche ávida y firme.

Ah los vasos del pecho! Ah los ojos de ausencia!

Ah las rosas del pubis! Ah tu voz lenta y triste!


Cuerpo de mujer mía, persistiré en tu gracia.

Mi sed, mi ansia sin límite, mi camino indeciso!

Oscuros cauces donde la sed eterna sigue,

y la fatiga sigue, y el dolor infinito.



Pablo Neruda (1904-1973)

poeta chileno

















De las viñetas de humor de hoy domingo, 29 de diciembre de 2024

 
































sábado, 28 de diciembre de 2024

De las entradas del blog de hoy sábado, 28 de diciembre de 2024

 






Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz sábado, 28 de diciembre de 2024. La palabra idea es de origen griego, del verbo ver, comenta en la primera de las entradas del blog de hoy la escritora Nuria Labari: Idea es aquello que ves y permanece hasta el punto de que lo consideras una forma de conocimiento, así, todavía hoy, cuando hay algo que por fin entendemos, decimos “ya lo veo”. La segunda entrada de hoy es un archivo del blog de febrero de 2018 en el que se hablaba de los intelectuales: El intelectual vendría a ser quien esclarece, porque trae a la conciencia de la mayoría de personas aquello que, sin saberlo a ciencia cierta, pensaban; y su compromiso es únicamente con sus ideas: decir lo que piensa y no otra cosa. La tercera es hoy un poema del poeta chileno Gonzalo Rojas que comienza con estos versos: Ya no se dice oh rosa, ni/apenas rosa sino con vergüenza; ¿con vergüenza/a qué? ¿a exagerar/unos pétalos, la/hermosura de unos pétalos? Y la cuarta, como siempre, son las viñetas de humor del día. Espero que todas ellas les resulten de  interés. Y ahora, como decía Sócrates, nos vamos. Nos vemos de nuevo mañana si la diosa Fortuna lo permite. Sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Tamaragua, amigos míos. HArendt











De mirar y pensar la realidad

 






Cuando Joseba Elola, el director de este ágora, me llamó hace casi dos años para escribir una columna en estas páginas me entró el vértigo. Entonces yo firmaba en el periódico, pero no en Ideas, un suplemento que tiene claramente nombre de templo. “Yo no soy filósofa, Joseba”, le expliqué. “Tampoco soy una intelectual. Ni puedo traerte una buena idea cada domingo”. No era el síndrome de la impostora, decía la verdad. “Pero es que Ideas no va de eso. Solo tienes que mirar la realidad y pensar sobre ella”. “¿La realidad? ¿Pero qué realidad? ¿En plan las grandes ideas de nuestro tiempo?”. “Puedes hablar de lo que quieras, de Platón o de TikTok, de Dua Lipa o Wislawa Szymborska, incluso de todos a la vez. Mira donde tú quieras y no te importe si nadie más está mirando ahí o si te parece demasiado pequeño”. Podría decir que acepté el reto pero, en realidad, lo que acepté (y celebré) fue el regalo, comenta en Ideas, la revista dominical de El País [500 formas de enamorarnos del mundo] la escritora Nuria Labari.

La palabra idea es de origen griego, del verbo ver. Idea es aquello que ves y permanece hasta el punto de que lo consideras una forma de conocimiento. Todavía hoy, cuando hay algo que por fin entendemos, decimos “ya lo veo”. Así que Joseba tenía razón: un suplemento que se llame Ideas es uno de visiones, de todas aquellas cosas que decidimos mirar desde la consciencia y la atención. Y lo que aquí se lee es justo eso, distintas miradas atendiendo a la realidad con esa atención enamorada de la que Lévi-Strauss decía que era el principio del conocimiento en todas las culturas. Ideas es, por tanto, un suplemento erótico, en el sentido en que Theodor Kallifatides hablaba del erotismo que se desprende de la realidad. Y, por esta misma razón, Ideas no es un espacio ideológico.

A menudo se confunden ideas con ideología e ideología con doctrina. Pero la ideología entendida en sentido doctrinal es un sistema cerrado frente al de las ideas que son siempre un sistema abierto. Eso no quiere decir que la mirada de quien plantea una idea no sea consciente e intencionada. Pero será intencionada en la búsqueda de una verdad que, por relativa o efímera que sea, se llega a establecer como tal. A mí por ejemplo, una de las cosas que más me gusta de Ideas es que aquí leo y disfruto de ideas que no me gustan nada. Encontrar opiniones distintas a las de una es fácil, pero el esfuerzo de desprender la mirada de la ideología es lo que no abunda. Como en la reciente entrevista de Íñigo Domínguez a Adriana Cavarero, una filósofa que defiende a mis amados Platón, Arendt y Judith Butler como fuente de pensamiento y articula un discurso feminista transexcluyente que me espanta a continuación. Con todo, Cavarero deja claro cuál es el lugar de su mirada. “Cuando no discutimos mediante el diálogo, cuando lo que queremos es vencer al oponente y no entender lo que dice, estamos preparados para el totalitarismo, para el populismo”.

Me gusta la voluntad de diálogo de Ideas y me gusta también que el pensamiento toque el suelo por aquí, que salga a la calle, que se vaya de rebajas con Sergio del Molino (y que Marx le perdone) o que nos cuente todo lo que aprendió Sabina Urraca cuando se mudó a EE UU y dejó de ser percibida como una mujer blanca. Decía Goethe que “toda la teoría está en la realidad” y que no hay que buscarla fuera. Y yo creo que a Goethe le gustaría leer Ideas. Ojalá a ustedes también. Felicidades y a por 500 más.









[ARCHIVO DEL BLOG] Intelectuales cebolletas. Publicado el 11/02/2018














El intelectual vendría a ser quien esclarece, porque trae a la conciencia de la mayoría de personas aquello que, sin saberlo a ciencia cierta, pensaban. Su compromiso es únicamente con sus ideas: decir lo que piensa y no otra cosa, comenta en El País el profesor Manuel Cruz, catedrático de Filosofía Contemporánea en la Universidad de Barcelona y portavoz del PSOE en la Comisión de Educación del Congreso de los Diputados.
El término intelectual, comienza diciendo, apenas conserva unas pocas briznas de su antiguo prestigio, de cuando dicha figura venía a constituir una modalidad secularizada del sacerdote y se le atribuía una enorme autoridad para emitir juicios de valor sobre cuanto pudiera ocurrir en la esfera pública y buena parte de la privada. Hoy en día para conseguir el mismo efecto sobre la ciudadanía hace falta reunir un número muy elevado de profesionales de la cultura, como si la cosa ya fuera al peso, y para alcanzar la repercusión que obtenía alguno de aquellos intelectuales de antes con sus argumentos no hubiera otra que recoger una abundante cantidad de firmas.
Esta patente devaluación de la figura a menudo se interpreta en una clave equivocada. Como si lo que ya no existieran fueran intelectuales de una superioridad intelectual y moral tan notable como la que supuestamente poseían los del pasado. Cuando tal vez la clave debería ser la contraria, y habría que empezar afirmando que el secreto de la autoridad que se les atribuía nunca residió en esa presunta jerarquía sino casi en su opuesto. De ahí que quizá la definición más adecuada del intelectual se podría resumir en unas pocas palabras, sin duda para muchos exageradamente modestas: intelectual es aquel que tiene algo que decir.
De aceptar la definición de urgencia, lo que caracterizaría a la mejor versión de esta figura no sería su superioridad, su excepcionalidad o ninguna otra forma de supremacía sino, más bien al contrario, su completa, absoluta y perfecta normalidad. Esto es, el hecho de que fuera capaz de plantear y argumentar unas ideas susceptibles de ser entendidas y aceptadas por el máximo de gente o, si se prefiere, de decir unas palabras en las que cualquiera se pudiera reconocer. El intelectual vendría a ser quien esclarece porque trae a la conciencia de la mayoría de personas aquello que, sin saberlo a ciencia cierta, pensaban. La tarea que tendría encomendada sería entonces la de acompañar a sus interlocutores en el camino de la autoclarificación, tarea que finalizaría en el momento en que estos consiguieran acceder a su particular ¡eureka!
Recuerdo una entrevista con Fernando Fernán Gómez que leí hace unos años. En ella reconstruía su trayectoria, centrándose especialmente en su faceta como director de cine, e iba pasando revista a las películas de las que había quedado más satisfecho a nivel personal, a las que habían tenido mejor crítica, sin olvidar aquellas que habían resultado un auténtico fiasco en taquilla. En un momento dado de la entrevista, al ser preguntado precisamente por la película de la que había quedado menos contento, hizo referencia a una, cuyo título no consigo recordar, pero respecto de la que sí recuerdo bien las razones de su descontento.
Había sido, comentaba, una película de autoencargo. Esto es, alcanzada una cierta altura de su carrera, Fernán Gómez llegó al convencimiento de que había adquirido el suficiente dominio del oficio y de los gustos del público como para llevar a cabo un producto con unas características tales que tuviera el éxito asegurado. Filmó esa película y el resultado fue un desastre. Entonces descubrió que lo que debía hacer no era, artificiosamente, ponerse en la piel de otros y realizar algo a la medida de lo que les atribuía, sino permanecer lo más fielmente en su propia piel y dirigir las películas que a él le gustaran, confiando en que gustaran también a mucha gente.
Así fue como consiguió grandes creaciones. No había más secreto: ser lo más veraz posible y, desde esa sencilla afirmación de sí mismo, conectar con los espectadores. Materializaba con este nada pretencioso comportamiento lo que antes señalábamos, esto es, asumía que sus gustos no eran excepcionales sino perfectamente comunes y que lo que a él le emocionaba podía emocionar a cualquiera. Lo más íntimo es lo más universal, escribió el poeta hace muchas décadas, y de nuevo este sencillo criterio resultaba ser el camino más directo para acceder al alma del mayor número de personas.
Es desde semejante perspectiva desde la que (re)cobra su sentido la vieja expresión “compromiso del intelectual”, así como la afirmación según la cual el compromiso del intelectual es únicamente con sus ideas. En efecto, esta figura, definida por su sencillez, también viene obligada por un compromiso a su vez sencillo: decir lo que piensa, y no otra cosa. No, por ejemplo, lo que sus lectores estén esperando que diga, lo que él crea que es más conveniente para sus intereses, lo que entienda que puede agradar al editor del medio para el que trabaja o cualquier otra consideración ajena al pensamiento mismo. Rechazar estas tentaciones tiene sus riesgos, claro está. El específico fracaso que aguarda a quien mantiene en la plaza pública lo que de veras piensa en su fuero interno es quedar descalificado por otros, verse refutado por los acontecimientos o ser incapaz de dar cuenta de aquello que pretende explicar.
Intentaré ilustrar en primera persona lo que estoy pretendiendo sostener. En los últimos tiempos, a menudo he tenido la impresión de que los comportamientos y las palabras de algunos de los nuevos protagonistas que irrumpían en la vida pública de este país, anunciando una regeneración radical, no me venían de nuevas. Al contrario, me provocaban la poderosa sensación de que la película que protagonizaban, supuestamente recién estrenada, yo ya la había visto. De inmediato, lo confieso, me asaltaba el temor a estar incurriendo en el imperdonable pecado de cebolletismo (por el legendario abuelo Cebolleta de los tebeos de mi infancia, que todo cuanto ocurría lo relacionaba con algún episodio de su lejana juventud), esto es, la resistencia a aceptar los cambios y novedades que acompañan al devenir de la historia. Pero, inevitablemente, me preguntaba a continuación: ¿hay otra opción que señalar lo que uno cree estar viendo?, ¿acaso resulta aceptable ocultar lo que se piensa por el miedo a según qué tipo de críticas, o a las críticas de según quién?
Para mi tranquilidad y alivio, el tiempo se encargó de demostrar que, en efecto, estábamos ante un mero remake de una vieja película. Un remake que, lejos de hacernos olvidar la versión original, conseguía que la añoráramos intensamente. Pero, de cualquier forma, más allá de que en unas ocasiones el tiempo nos pueda dar la razón y en otras quitárnosla, no hay para ese particular profesional del espíritu que es el intelectual más alternativa que la de correr el riesgo de decir lo que piensa, sea esto lo que sea. Por más que a continuación twiter, facebook y similares puedan rugir o incluso arder en llamas. Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: vámonos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt
















Del poema de cada dia. Hoy, Adiós a Hölderlin, de Gonzalo Rojas

 






ADIOS A HÖLDERLIN



Ya no se dice oh rosa, ni

apenas rosa sino con vergüenza; ¿con vergüenza

a qué? ¿a exagerar

unos pétalos, la

hermosura de unos pétalos?


Serpiente se dice en todas las lenguas, eso

es lo que se dice, serpiente

para traducir mariposa porque también la

frágil está proscrita

del paraíso. Computador

se dice con soltura en las fiestas, computador

por pensamiento.


Lira, ¿qué será

lira?, ¿hubo

alguna vez algo parecido

a una lira? ¿una muchacha

de cinco cuerdas por ejemplo rubia, alta, ebria, levísima,

posesa de la hermosura cuya

transparencia bailaba?


Qué canto ni canto, ahora se exige otra

belleza: menos alucinación

y más droga, mucho más droga. ¿Qué es eso de

acentuar la E de Érato, o de Perséfone? Aquí se trata

de otro cuarzo más coherente sin

farsa fáustica, ni

Coro de las Madres, se acabó

el coro, el ditirambo, el célebre

éxtasis, lo Otro, con

Maldoror y todo, lo sedoso y

voluptuoso del pulpo, no hay más

epifanía que el orgasmo.


Tampoco es posible nombrar más a las estrellas, vaciadas

como han sido de su fulgor, muertas,

errantes, ya sin enigma,

descifradas hasta las vísceras por los

instrumentos que vuelan de galaxia en galaxia.

Ni es tan fácil leer en el humo lo

Desconocido; no hay Desconocido. Abrieron la

tapa del prodigio del

seso, no hay nada sino un poco

de pestilencia en el coágulo del

Génesis alojado ahí. Voló el esperma

del asombro.



Gonzalo Rojas (1916-2011)

poeta chileno


















De las viñetas de hoy sábado, 28 de diciembre de 2024

 



























viernes, 27 de diciembre de 2024

De las entradas del blog de hoy viernes, 27 de diciembre de 2024

 







Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz viernes, 27 de diciembre de 2024. Con la mejor intención de hacer frente a la actual proliferación de bulos, desinformación y las mentiras en política, dice en la primera de las entradas de hoy en el blog el filósofo Daniel Innerarity, algunos echan mano del aliado más disponible pero menos necesario e incluso inconveniente: la verdad. En la segunda de las entradas de hoy, un archivo de febrero de 2015, el autor del blog decía que los españoles, al contrario de anglosajones y franceses, no éramos excesivamente aficionados a la lectura de memorias, y menos aún si están escritas por políticos contemporáneos, entre otras razones, porque la mayoría no saben escribir, aunque lo más probable es que tampoco las hubieran escrito ellos. La tercera es hoy un poema del poeta español Rafael Soler que comienza con estos versos: Llega el instante/de dar tinta y papel/a su memoria... Y la cuarta, como siempre, son las viñetas de humor del día. Espero que todas ellas les resulten de  interés. Y ahora, como decía Sócrates, nos vamos. Nos vemos de nuevo mañana si la diosa Fortuna lo permite. Sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Tamaragua, amigos míos. HArendt