martes, 31 de marzo de 2026

DEL POEMA DE CADA DÍA. HOY, ALGUNAS AMISTADES SON ETERNAS, DE PABLO NERUDA

 







ALGUNAS AMISTADES SON ETERNAS




Algunas veces encuentras en la vida

una amistad especial:

ese alguien que al entrar en tu vida

la cambia por completo.


Ese alguien que te hace reír sin cesar;

ese alguien que te hace creer que en el mundo

existen realmente cosas buenas.

Ese alguien que te convence

de que hay una puerta lista

para que tú la abras.


Esa es una amistad eterna…


Cuando estás triste

y el mundo parece oscuro y vacío,

esa amistad eterna levanta tu ánimo

y hace que ese mundo oscuro y vacío

de repente parezca brillante y pleno.


Tu amistad eterna te ayuda

en los momentos difíciles, tristes,

y de gran confusión.


Si te alejas,

tu amistad eterna te sigue.

Si pierdes el camino,

tu amistad eterna te guía y te alegra.


Tu amistad eterna te lleva de la mano

y te dice que todo va a salir bien.


Si tú encuentras tal amistad

te sientes feliz y lleno de gozo

porque no tienes nada de qué preocuparte.


Tienes una amistad para toda la vida,

ya que una amistad eterna no tiene fin.




PABLO NERUDA (1904-1973)

poeta chileno




***




Pablo Neruda, seudónimo de Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto fue un poeta y político chileno. Es considerado entre los más destacados e influyentes artistas de su siglo; además de haber sido senador de la república chilena, miembro del Comité Central del Partido Comunista (PC), precandidato a la presidencia de su país y embajador en Francia. En 1971 Neruda recibió el Premio Nobel de Literatura «por una poesía que con la acción de una fuerza elemental da vida al destino y los sueños de un continente». Entre sus múltiples reconocimientos destaca el doctorado honoris causa por la Universidad de Oxford. El escritor Gabriel García Márquez se refirió a él como «el más grande poeta del siglo XX en cualquier idioma» y el crítico literario Harold Bloom, quien lo considera uno de los veintiséis autores centrales del canon de la literatura occidental de todos los tiempos, señaló: «Ningún poeta del hemisferio occidental de nuestro siglo admite comparación con él». Fuente: Wikipedia.



















DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY MARTES, 31 DE MARZO DE 2026

 









































lunes, 30 de marzo de 2026

HACIA UN MOVIMIENTO PRODEMOCRÁTICO. ESPECIAL TRES DE LA NOCHE DE HOY LUNES, 30 DE MARZO DE 2028

 







Amigos, ¿por qué me estoy manifestando hoy? Esta mañana alguien me preguntó por qué nos manifestábamos hoy. «Sé contra qué se manifiestan —contra Donald Trump—, pero ¿hay también algún propósito positivo?». Esto fue lo que le dije: Poner fin al reinado del rey Trump no es el único objetivo de las manifestaciones de hoy. El propósito es mucho más amplio. Trump no es el causante del creciente cinismo hacia la democracia ni de la creciente polarización de nuestra sociedad.mÉl es la consecuencia y la culminación de décadas de abandono de nuestro sistema. Incluso antes de Trump, no podíamos haber continuado por el camino que seguíamos hacia una desigualdad cada vez mayor de ingresos, riqueza y oportunidades.

Esto se debe a que cuando los ingresos, la riqueza y las oportunidades se concentran en pocas manos, también lo hace el poder. Y cuando el poder se concentra en pocas manos, la confianza en todas las instituciones disminuye. La democracia se debilita.

En 1964, cuando yo estaba en mi adolescencia, solo el 29 por ciento de los votantes pensaba que el gobierno estaba "dirigido por unos pocos grandes intereses que velaban por sus propios intereses". Para 2013, años antes de que Trump surgiera en la política estadounidense, el 79 por ciento de los estadounidenses pensaba así.

Una gran parte del público estadounidense se ha sentido tan frustrada y cínica con respecto a la democracia que ha creído las flagrantes mentiras de un autoproclamado hombre fuerte y ha apoyado a un partido político que ya no defiende la democracia. Si hay algo positivo en esta situación tan sombría, es que Trump finalmente nos está obligando a afrontar esta crisis a largo plazo.

Hace décadas, los intereses económicos de Estados Unidos financiaron a una élite republicana que creía en el conservadurismo fiscal, el anticomunismo y la democracia constitucional. Esa generación anterior de conservadores adinerados apoyó a candidatos como Barry Goldwater, que quería preservar las instituciones estadounidenses.

La clase multimillonaria actual impulsa una agenda radicalmente antidemocrática para Estados Unidos. Respaldó la mentira de Trump de que las elecciones de 2020 fueron fraudulentas, financió su campaña electoral de 2024 e incluso cuestiona el valor de la democracia. Peter Thiel, el multimillonario financiero del sector tecnológico que se encuentra entre los que lideran esta iniciativa, escribió en una ocasión: "Ya no creo que la libertad y la democracia sean compatibles". Thiel y sus compañeros multimillonarios del movimiento antidemocrático no quieren conservar casi nada, al menos no nada que haya ocurrido después de la década de 1920, lo que incluye la Seguridad Social, los derechos civiles e incluso el derecho al voto de las mujeres. Como escribió Thiel: La década de 1920 fue la última de la historia estadounidense en la que se podía ser genuinamente optimista respecto a la política. Desde 1920, el enorme aumento de beneficiarios de la asistencia social y la extensión del derecho al voto a las mujeres —dos sectores que resultan notoriamente difíciles para los libertarios— han convertido la noción de "democracia capitalista" en un oxímoron.

Tonterías. Si la “democracia capitalista” se está convirtiendo en un oxímoron, no es por la asistencia pública ni porque las mujeres hayan obtenido el derecho al voto. Es porque capitalistas multimillonarios como Thiel han estado ahogando la democracia con enormes donaciones de campaña a candidatos autoritarios que quieren desempoderar al pueblo.

No es casualidad que la década de 1920 marcara el último suspiro de la Primera Edad Dorada, cuando los ricos de Estados Unidos saquearon gran parte de la riqueza de la nación, lo que obligó al resto a endeudarse profundamente tanto para mantener su nivel de vida como para sostener la demanda general de los bienes y servicios que producía el país. Cuando esa burbuja de deuda estalló en 1929, sobrevino la Gran Depresión. Fue también la década en la que Benito Mussolini y Adolf Hitler surgieron para crear las peores amenazas a la libertad y la democracia que el mundo moderno jamás había presenciado.

Estados Unidos y el mundo deberían haber aprendido una gran lección de la Primera Edad Dorada y del fascismo que comenzó a crecer como un cáncer en la década de 1920: Las enormes desigualdades de ingresos, riqueza y oportunidades alimentan las enormes desigualdades de poder político que dan lugar a líderes autoritarios que destruyen tanto la democracia como la libertad.

Nos encontramos en la Segunda Edad Dorada de Estados Unidos. La única manera de proteger lo que queda de nuestra libertad es enfrentar al actual movimiento antidemocrático con un audaz movimiento prodemocrático que proteja y revitalice las instituciones de autogobierno.

Un movimiento prodemocrático dedicado no solo a oponerse a líderes autoritarios como Trump y al poder del dinero como el de Peter Thiel, sino también a empoderar a todos los estadounidenses, política y económicamente. Por eso me estoy manifestando hoy. ROBERT REICH es profesor en la Universidad de California en Berkeley. Publicado en Substack el 28 de marzo de 2026.














EUTANASIA, EL ESCÁNDALO DE LA MUERTE Y DE LA LIBERTAD. ESPECIAL DOS DE LA NOCHE DE HOY LUNES, 30 DE MARZO DE 2026

 









La eutanasia incomoda porque obliga a tomarse en serio la libertad. Mientras la libertad consiste en votar, en divorciarse o en cambiar de trabajo, la sociedad la celebra con entusiasmo, pero cuando la libertad alcanza el territorio de la vida y de la muerte, entonces deja de parecernos una conquista y empieza a resultarnos una amenaza. El caso de Noelia Castillo no reabre el debate de la eutanasia, reabre una discusión mucho más incómoda: decidir a quién pertenece una vida cuando esa vida depende de los cuidados de los demás y… del permiso de los demás.

España dispone de una ley de eutanasia. El Estado ha asumido la responsabilidad de regular la muerte asistida con un sistema de garantías extremadamente riguroso, de modo que la eutanasia no aparece como una improvisación ni como un capricho, sino como una decisión sometida a informes, evaluaciones y plazos de reflexión. Y aun así cada caso termina convertido en una batalla judicial, moral y política, como si la voluntad del interesado fuera el elemento menos importante de todos. O como si haber cumplido 25 años con «toda la vida por delante» –el ejemplo de Noelia– tuviera que aceptarse como un límite normativo inaceptable.

El debate desemboca siempre en la orilla de la religión. Legítima en la conciencia, abusiva cuando coloniza el Código Civil o el Penal. Una convicción espiritual –la vida como un don de Dios, el suicidio como un «pecado mortal»– orienta una conducta; no debe dictar una ley general. De ahí procede la infamia muy al uso estos días de acusar al Estado de organizar ejecuciones con dinero público. ¡Asesinato! Pura pirotecnia verbal. Fundamentalismo de quienes prefieren el espanto a la honestidad intelectual.

Lo verdaderamente inquietante no es la eutanasia, sino la idea de que la vida de una persona pueda convertirse en propiedad moral del prójimo. La familia cree decidir por amor, la religión cree decidir por fe, la política cree decidir por principios, y entre todos terminan decidiendo por otro. La eutanasia no enfrenta la vida y la muerte, enfrenta la voluntad individual y la tutela colectiva, enfrenta la soberanía del individuo y la tentación permanente de los demás de protegernos incluso contra nosotros mismos.

Vivir no consiste únicamente en mantener el cuerpo funcionando, vivir implica autonomía, conciencia, voluntad, dignidad. Cuando esas dimensiones desaparecen o se convierten en una forma de sufrimiento irreversible, la prolongación artificial puede terminar convertida en una forma de encarnizamiento que tranquiliza a los vivos mucho más de lo que alivia a quien sigue respirando sin las menores intenciones de hacerlo.

La ciencia y la religión, que discrepan en casi todo, coinciden en la necesidad de conservar el hálito, unos por la idea del alma y otros por la idea del progreso médico, así es que entre ambos han construido una civilización que considera la muerte un fracaso, cuando el fracaso quizá consistiría en convertir la vida en una obligación incluso hasta cuando ha dejado de ser una elección.

El caso de Noelia no debería haberse convertido en un símbolo ni en una bandera ni en un argumento político, porque nadie debería representar una causa por el hecho de querer dejar de sufrir, pero la eutanasia adquiere esa capacidad de convertir las tragedias privadas en discusiones públicas, y esas discusiones revelan siempre lo mismo, que la sociedad acepta la libertad mientras no le incomoda, mientras no le obliga a enfrentarse a decisiones que preferiría no tomar, mientras no le recuerda que la vida tiene un final y que ese final no siempre llega cuando los demás consideran oportuno.

La eutanasia no obliga a nadie a morir, pero su prohibición sí obligaría a muchos a vivir contra su voluntad, y esa diferencia debería bastar para entender que el debate no trata sobre la muerte, trata sobre la libertad, sobre la propiedad de la vida y sobre la dificultad que tenemos para aceptar que la libertad de los demás incluye decisiones que nosotros no tomaríamos. La muerte seguirá siendo el mayor escándalo de la condición humana, pero convertir la vida en una obligación también debería escandalizarnos.

¿A quién pertenece una vida? Durante siglos la respuesta fue sencilla: la vida pertenecía a Dios. Después empezó a pertenecer al Estado. Y en el ámbito privado, a la familia. La idea de que la vida pertenece al individuo es relativamente reciente y todavía nos produce vértigo. Por eso la eutanasia incomoda tanto. No porque trate de la muerte, sino porque trata de la libertad.

La sociedad acepta la libertad mientras no le incomoda, acepta que cada cual arruine su vida, se equivoque, fracase o se destruya lentamente, pero se inquieta cuando alguien decide terminar su vida de forma consciente, porque esa decisión elimina la coartada del destino y nos obliga a aceptar que la libertad puede tener consecuencias irreversibles.

La eutanasia tiene mejor aceptación que el aborto en la sociedad española. Incluso entre los ciudadanos que se declaran católicos practicantes, aunque la posición de la Iglesia es inequívoca, igual que ocurre con las demás religiones monoteístas. Impresiona descubrir cuánto temen la muerte las confesiones que prometen la vida eterna…

La eutanasia, el suicidio asistido.  Tanto vale una fórmula como la otra para asomarnos al tabú de la muerte. Y para afrontar la necesidad de legislar sobre ella con transparencia, rigor y sensibilidad, incluyendo la objeción de conciencia. Y predisponiendo una campaña de sensibilización respecto a la normalización del testamento vital: dejar escritas unas voluntades como medida preventiva a un accidente, a un proceso degenerativo o demencial, de tal manera que la última decisión no recaiga en el arbitrio de los familiares ni allegados. Resulta sarcástica la situación de quienes deciden morir y  no pueden hacerlo porque están esclavizados en su cuerpo o en su cabeza. RUBEN AMÓN es escritor. Publicado en Ethic el 27 de marzo de 2026.



















EL FIN DE LA INMIGRACIÓN. ESPECIAL UNO DE LA NOCHE DE HOY LUNES, 30 DE MARZO DE 2026

 









Los estadounidenses detestan al ICE, pero aun así está teniendo éxito. La decisión impulsiva de Donald Trump de desplegar a un gran número de agentes del ICE en los Cinnabons de los aeropuertos estadounidenses —sin indicios de que realmente estén ayudando a los desmoralizados y mal pagados empleados de la TSA a lidiar con las largas filas en los controles de seguridad— podría tener consecuencias políticas no deseadas: recordará a los estadounidenses cuánto detestan al ICE y el gran daño que está causando. Sin embargo, datos recientes muestran que la represión del gobierno contra la inmigración está funcionando. La inmigración a Estados Unidos está cayendo en picado y podría estar a punto de revertirse. Y esa caída está haciendo que Estados Unidos sea más pobre y débil, tanto ahora como a largo plazo. Trump cree, o finge creer —es imposible distinguir la diferencia— que ICE es popular, publicando en Truth Social que El público adora a ICE. Son unos grandes patriotas estadounidenses, solo que tienen músculos mucho más grandes y fuertes que la mayoría, que es lo que se supone que deben tener.

Ejem. En fin, dos nuevas encuestas demuestran lo ilusorio que es afirmar que el público "adora al ICE".

En primer lugar, G. Elliott Morris informa que el ICE goza de tan poca confianza y respeto público que “pertenece a una categoría aparte”: Una nueva encuesta del PRRI muestra que el apoyo público a la agenda antiinmigración de Trump, que nunca fue particularmente fuerte, se ha desplomado a medida que la ciudadanía presencia la crueldad y la destructividad de dicha agenda en acción. La encuesta revela una marcada disminución en la aprobación de la gestión de Trump en materia de inmigración, incluso entre los republicanos. Y la encuesta de PRRI muestra muy poco apoyo público a las tácticas de ICE, como su costumbre de merodear cerca de las escuelas buscando padres (y a veces niños) para arrestar. Un observador casual podría ver estas encuestas y pensar que la cruzada contra los inmigrantes está flaqueando, sobre todo si se tiene en cuenta la eficacia de la resistencia popular en Minnesota y la serie de derrotas legales del ICE. Más recientemente, funcionarios de Trump admitieron que sus afirmaciones de que el ICE tenía derecho a realizar arrestos en los tribunales de inmigración se basaban en "una declaración errónea de un hecho", lo que en lenguaje sencillo se conoce como una "mentira".

Pero la realidad es que, por impopulares que hayan sido las acciones de la administración, han “logrado” detener esencialmente la inmigración a los Estados Unidos. El gráfico en la parte superior de esta publicación muestra las últimas estimaciones de la Oficina del Censo sobre los movimientos de personas que entran y salen de los EE. UU., donde “2026” en realidad se refiere a un “año estimado” que va de julio de 2025 a junio de 2026. Las cifras para el año calendario 2026 serán casi con seguridad más bajas. El Censo declara que

Actualmente, las estimaciones de la migración internacional neta (MIN) muestran una tendencia hacia una migración neta negativa (es decir, salen más personas del país de las que entran). Si esta tendencia continúa, sería la primera vez en más de 50 años que Estados Unidos registra una migración neta negativa.

¿Por qué está sucediendo esto? Después de todo, si analizamos un caso aparentemente análogo, la política arancelaria de Trump, igualmente caótica y plagada de desafíos legales, no ha logrado provocar una disminución significativa en las importaciones netas, es decir, en el déficit comercial . ¿Por qué, entonces, el ataque de Stephen Miller y Trump contra los inmigrantes ha tenido tanto éxito en frenar la inmigración?

Porque las importaciones no son personas, pero los inmigrantes sí. Ahora bien, para aquellos inmigrantes que ya están aquí, es poco probable que deportemos a un gran porcentaje. Y si bien miles han sido enviados a los nuevos gulags de Estados Unidos —lo siento, pero así son los centros de detención del ICE—, su número probablemente no llegará a millones. Pero millones de posibles inmigrantes se ven disuadidos por el miedo a la detención, la deportación y la separación de sus familias.

Y esto nos perjudicará a todos. Ya se han desmentido exhaustivamente las falsas afirmaciones de que la inmigración perjudica a los nacidos en el país. Pero añadiré dos puntos más. Primero, permítanme abordar la afirmación de que la venganza antiinmigrante de Trump provocó un aumento repentino del empleo entre los nativos. Como todos los que entendieron las cifras desde el principio comprendieron, este aumento no fue real: hubo una anomalía en la forma en que se estimaron las cifras que creó un incremento ficticio en el empleo de los nativos que desaparecería una vez que se publicaran las nuevas estimaciones del Censo. Justin Fox ofrece una buena explicación. Y, efectivamente, las cifras oficiales muestran un desplome del empleo entre los nativos en los últimos meses. Tanto el aumento como el desplome fueron artefactos estadísticos, no la realidad. Esto no sucedió. Así que no, la guerra contra los inmigrantes no está generando más empleo para los nativos. De hecho, está contribuyendo al estancamiento de la economía en la construcción y el sector servicios. Incluso la administración Trump ha admitido que la represión migratoria está perjudicando a los agricultores estadounidenses y al suministro de alimentos.

En segundo lugar, permítanme decir una palabra sobre las repercusiones fiscales de la inmigración. Los funcionarios de Trump han dicho cosas notables al respecto, notables por su falsedad y su xenofobia pura y dura. Stephen Miller afirmó recientemente que la extracción de riqueza de los contribuyentes estadounidenses para beneficiar a personas que no pertenecen a este país es la causa principal de la deuda nacional. Pero, más allá de la crudeza de esta afirmación, resulta útil para reflexionar sobre el impacto fiscal de la inmigración. Es importante reconocer que el gobierno federal es, en una expresión muy común, básicamente una compañía de seguros con un ejército. En concreto, el gobierno federal recauda impuestos principalmente de los adultos en edad laboral para financiar la defensa o programas sociales que destinan la mayor parte de sus recursos a las personas mayores: Medicare, Medicaid y la Seguridad Social.

La inmigración amplía la base de contribuyentes, lo que significa que más personas comparten la carga del pago de impuestos para financiar la defensa. Esto incluye a los inmigrantes indocumentados, ya que sus empleadores retienen los impuestos sobre la nómina de sus salarios, con la ventaja fiscal añadida de que nunca recibirán prestaciones. Además, dado que los inmigrantes son relativamente jóvenes y gozan de buena salud, aumentan los ingresos del gobierno, aunque su impacto en los gastos es diferido. La Administración del Seguro Social realiza análisis de sensibilidad de los factores que afectan sus proyecciones y concluye sistemáticamente que una mayor inmigración mejora la salud financiera del sistema, mientras que una menor inmigración la perjudica.

Podría extenderme mucho más, pero la idea principal debería quedar clara. Trump, Miller y compañía están teniendo éxito en su cruzada antiinmigrante, a pesar de los numerosos fallos en su implementación, porque están logrando ahuyentar a millones de personas que deseaban vivir y trabajar en Estados Unidos, contribuyendo a nuestra sociedad. Y este "éxito" nos dejará más pobres y débiles. PAUL KRUGMAN es premio Nobel de economía. Publicado en Substack el 27 de marzo de 2026.



















DEL SABOR DEL CAFÉ. HOY, ¿QUÉ OCURRIÓ ALLÍ? ESPECIAL DE LA TARDE DEL LUNES, 30 DE MARZO DE 2026

 







Todo lo que somos empezó a fraguarse en medio de un paisaje doméstico accesible a través del ojo de la cerradura. Las cerraduras no tienen ojo ya: ha sido sustituido por una cicatriz que no permite adivinar, desde este lado, lo que ocurre en el otro. Hubo un tiempo, sin embargo, en el que por el ojo de la cerradura nos asomábamos al mundo. Una de las primeras manifestaciones de ese mundo fue el pedazo de la habitación de los padres facilitado por ese ojo. Ni siquiera era preciso que ellos se hallaran dentro, y en actitud amatoria, para que el paisaje íntimo al que éramos capaces de acceder nos pareciera extraño. Un mundo extraño: eso eran aquella cama doble y aquel armario de tres cuerpos con un espejo en el central. Resultaba sobrecogedor el lugar en el que dormían mamá y papá. Allí se concibió lo inconcebible: nosotros. Todo lo que somos empezó a fraguarse en medio de un paisaje doméstico accesible a través del ojo de la cerradura.

Aquel ojo era una metáfora antes de que supiéramos lo que era una metáfora. Veíamos sin entender, pero algo quedaba grabado en una zona blanda de la conciencia. Aquella alcoba no era solo una estancia: era una hipótesis. Allí se había producido el hecho improbable de nuestra existencia, y eso convertía la cama en un artefacto narrativo, en una máquina de fabricar biografías. Con el tiempo comprendimos que el ojo de la cerradura no servía tanto para espiar como para ensayar la idea de frontera. De este lado estaba el niño; del otro, el mundo adulto, compacto, insondable, organizado en cajones que no debían abrirse. La cerradura fue el primer editor de la realidad: recortaba, censuraba, sugería. Nos enseñaba que todo relato depende del punto de vista y de la cantidad de luz disponible.

El director de cine se asoma al objetivo de la cámara un poco con el mismo espíritu de quien mira a través del ojo de una cerradura. De ahí el carácter onírico de las mejores películas. Porque seguimos preguntándonos lo mismo: qué ocurrió exactamente allí dentro para que nosotros estemos aquí fuera. JUAN JOSÉ MILLÁS es escritor. Publicado en El País el 27 de marzo de 2026.























SALUTACIONS A LES LLENGÜES DE LA MEVA PÀTRIA. AVUI DILLUNS, 30 DE MARÇ DE 2026, EN CATALÀ

 







Hola, bon dia de nou a tots. Feliç dilluns, feliç setmana santa als creients de bona fe, i bones vacances als afortunats que poden gaudir-la. En fi com deia al començament, feliç setmana a tothom, de debò. Anem amb les entrades del bloc d'avui. La primera, signada per Daniel Innerarity va de la polarització política, i diu que si l'animadversió a l'adversari fos equidistant, el rebuig al líder rival hauria de ser igual entre els votants del PP i els del PSOE, però no ho és, que és molt més acusada en els de dretes. A la segona, un arxiu del bloc del 30 de març del 2019, avui fa set anys, estava escrit per Jorge Marirrodriga, que ironitzava sobre la frase aquesta tan manida de “van viure feliços per sempre”. El poema del dia a la tercera es titula Iberia, i està escrit pel poeta espanyol Manuel Vilas. La quarta, com sempre, són les vinyetes d'humor, i per acabar, com cada dia, El sabor del cafè de totes les tardes i els especials de la nit, si n'hi hagués, d'haver-hi, com les meigues d'aquesta vella terra que és Espanya, n'hi ha. Tamaragua, amics meus. Ens veiem demà si la deessa Fortuna així ens ho permet. Sigueu feliços, us ho prego: us ho mereixen. Petons. Els vull. HArendt












ENTRADA NÚM. 10119

POLARIZACIÓN ASIMÉTRICA

 







Si la animadversión al adversario fuera equidistante, el rechazo al líder rival debería ser igual entre los votantes del PP y los del PSOE, pero no lo es. Que los políticos se enfrenten con mayor o menor dureza es algo que ha ocurrido siempre. Cuando hablamos de polarización como un fenómeno político peligroso para la convivencia nos referimos, sobre todo, a un clima social. Hablamos más de cómo actúan los electorados que de cómo actúan los líderes.

La polarización política no es solo un aumento del desacuerdo. Es algo más profundo y más inquietante: la transformación del adversario en un otro moralmente ilegítimo. Cuando la política deja de ser una disputa sobre fines, medios o prioridades y pasa a ser un juicio sobre la esencia del otro —sobre su decencia, su patriotismo, su legitimidad o incluso su humanidad—, la convivencia democrática entra en zona de riesgo.

La cuestión acerca de quién es el responsable de la polarización en España suele tener, en general, dos explicaciones. La primera atribuye la polarización exclusivamente al adversario: son “ellos” quienes crispan, quienes dividen. La segunda, algo más elegante pero no menos problemática, reparte la culpa entre todos: todos tensan, todos son responsables por igual. Esta equidistancia suele presentarse como ecuanimidad, pero a menudo es también una forma de pereza intelectual.

El mayor obstáculo para una discusión honesta sobre la responsabilidad de la polarización es la dificultad de acordar un criterio objetivo. ¿Cómo se mide? ¿Cómo se establece la responsabilidad? ¿Dónde empieza el desacuerdo legítimo y dónde la demonización? ¿Cuándo diríamos que un electorado está polarizado? Si no fijamos un criterio compartido, el debate sobre la polarización se convierte en una prolongación del propio conflicto que pretende analizar.

Si aceptamos que la polarización conlleva el odio al adversario o, cuando menos, su rechazo radical, entonces podríamos encontrar un indicador aceptable que nos permitiera poner números a nuestras intuiciones. Las opiniones sobre los líderes políticos no se construyen únicamente a partir de lo que hacen o dicen. Se construyen, en gran medida, a partir de cómo se califica lo que dicen: si se presenta como un error, como una discrepancia legítima o como una prueba de maldad moral.

El CIS pide cada mes a una muestra representativa de la sociedad española que valore, del 1 al 10, a los líderes políticos. ¿Cómo es el nivel de máximo rechazo de quienes votaron al PP en las últimas elecciones generales al presidente del Gobierno? ¿Y cómo es el nivel de máximo rechazo de los votantes socialistas al líder del PP?

Si la polarización fuera simétrica, entonces el rechazo extremo al líder rival debería ser parecido entre los votantes del PP y los del PSOE. Pues bien, lo que observamos en el barómetro de marzo del CIS es que el 67% de los votantes del PP le dan al presidente Sánchez un 1, la calificación más baja posible, mientras que el 32% de los votantes del PSOE le dan un 1 al señor Núñez Feijóo. De modo que, si la polarización de los electorados fuera simétrica, esos porcentajes deberían aproximarse; pero no lo hacen. Alguien podría argüir que la diferencia de valoración se debe a razones objetivas, y que la valoración de los líderes no está influida por la ideología de quienes los juzgan, pero lo cierto es que el porcentaje de 1 al presidente Sánchez, incluso entre los votantes del PP, crece fuertemente, cuanto más a la derecha se sitúan. Y lo mismo ocurre, aunque con mucha menos radicalidad, entre los votantes de izquierdas cuando valoran al señor Núñez Feijóo.

Mientras que una parte significativa de los votantes progresistas percibe al líder conservador como un adversario político con el que discrepa, entre los votantes conservadores predomina una visión del presidente del Gobierno como alguien moralmente inaceptable, incluso peligroso. Este clima no se genera solo a partir de los hechos, sino muy principalmente a través de los marcos interpretativos desde los que esos hechos son leídos. La polarización no es ni simétrica ni espontánea. No es irrelevante que, en ese contexto, el líder de la oposición haya hablado en varias ocasiones de encarcelar al presidente del Gobierno: no porque esas palabras sean jurídicamente viables, sino porque refuerzan la idea de que el adversario no es simplemente alguien equivocado al que mandar a la oposición, sino alguien que merece ser castigado con la cárcel. Esa lógica es profundamente corrosiva para la democracia.

Tal vez la pregunta decisiva es qué tipo de vínculo político estamos reforzando: uno basado en la afirmación de un proyecto común o uno sostenido por la negación del otro. De esa respuesta depende, en buena medida, la calidad de nuestra convivencia democrática. Lo primero es políticamente saludable: implica identificación, proyecto, expectativa. Lo segundo es negativo: se basa en el miedo, el desprecio o la hostilidad moral. Ambas dinámicas generan movilización, pero no producen el mismo tipo de democracia.

Si ambos electorados se cohesionaran por igual mediante el entusiasmo, entonces la valoración de 10 al líder propio debería ser parecida en ambos casos. Sin embargo, si atendemos al recuerdo de voto, mientras que el 24% de los votantes de Sánchez lo califican con un 9 o un 10, en el caso de Feijóo solo lo hacen el 7%. No es lo mismo: hay más entusiasmo extremo en el PSOE hacia su líder que en el PP hacia el suyo.

De todo lo anterior cabría extraer al menos tres conclusiones. La primera es que la polarización no es un hecho natural inevitable sino una estrategia cuidadosamente elaborada y en la que los actores políticos participan de diferente modo e intensidad. Unos son más polarizadores que otros y el criterio que aquí hemos empleado (el porcentaje de valoraciones mínimas, que de hecho suponen una descalificación radical del adversario) puede hacer que el debate acerca de quién polariza sea menos subjetivo (la culpa sería siempre de los otros) y menos equidistante (todos lo hacen por igual). La segunda conclusión es que la polarización es una estrategia tan tentadora cuanto menos se confía en sí mismo. Incidir en lo malo que son los otros pone de manifiesto que se confía poco en la bondad del propio proyecto. La voluntad de polarizar contra el adversario termina revelando más lo poco que se valora uno a sí mismo que la maldad del adversario. La tercera conclusión es más bien un interrogante acerca de cómo evolucionará la política en las sociedades democráticas. Hoy por hoy, la política del rechazo parece electoralmente más beneficiosa que la política en positivo. Esto es así al menos a corto plazo, pero cabe preguntarse si no hay una recompensa electoral para quien formula sus propuestas políticas sin necesidad de descalificar al adversario, si es tan atractiva y viable una política fundada exclusivamente sobre el rechazo al otro. Polarizar es una manera de infravalorar la capacidad de la gente para identificar lo mejor y suponer que su juicio político se reduce a rechazar aquello que hemos descalificado como lo peor. DANIEL INNERARITY es catedrático de Filosofía Política en la Universidad del País Vasco.
























DEL ARCHIVO DEL BLOG. HOY, FELICES ‘MA NON TROPPO. PUBLICADO EL 30 DE MARZO DE 2019

 






En Escocia pasan cosas muy raras, nos advertía ayer la sección de Ciencia. Una de ellas, relataba, es lo que le sucede a Jo Cameron, una mujer de 66 años que —gracias a una mutación genética— no siente dolor. Esto es algo muy útil en las visitas al dentista, pero bastante más peligroso cuando, por ejemplo, se maneja la plancha. Pero hay más. Los expertos explican —y vamos a simplificar— que la señora Cameron tiene un exceso de anandamina. Se trata de un compuesto presente en nuestro cuerpo que produce bienestar y tiene unos efectos similares a la marihuana (naturalmente, esto es un mero símil teórico desde el más absoluto desconocimiento práctico, conste). ¿El resultado? Que no solo no siente dolor sino que además siempre está contenta. O al menos contentilla.

Pero aquí viene lo curioso, porque Cameron reconoce llanamente: “Soy ridículamente feliz y es molesto estar conmigo”. Una frase tremenda, si se reflexiona sobre ella, y que da para al menos dos conclusiones. La primera es que una cosa es no sentir dolor y otra muy diferente no sufrir. Lo primero, salvo desgraciadas excepciones, es algo posible de aliviar cuando no de eliminar. Lo segundo es mucho más complicado de tratar. Podemos enmascararlo o reinterpretarlo, pero al contrario de lo que sucede con el dolor, el sufrimiento —como tal o sus cicatrices— dura para siempre.

La segunda conclusión es que, en general, nos parece fenomenal que los demás sean felices, ma non troppo. “Vivieron felices para siempre” normalmente es un final de cuento. O al menos lo era hasta que surgió la moda de reescribir no solo la historia sino también la fantasía.

Una concepción derivada del concepto de expiación religiosa es que se puede arreglar el estado de desorden que causa el daño cometido mediante un acto —por ejemplo, un pago— o una fórmula —una petición de perdón—. Es decir, mediante lo que se llama una reparación. Pero sucede que esa reparación no palia el dolor ni muchísimo menos borra de un plumazo el sufrimiento. Por eso, en vez de perseguirnos —personas, Gobiernos o países— epistolarmente exigiendo reparaciones tal vez deberíamos concentrar esa energía en recordar y subrayar aquellas cosas que demuestran que cuando compartimos somos más felices. O al menos estamos contentillos, que en los tiempos que corren no es poco. JORGE MARIRRODRIGA es profesor en la Universidad CEU San Pablo. Publicado en El País el 30 de marzo de 2019.