lunes, 27 de abril de 2026

DEL SABOR DEL CAFÉ. ESPECIAL TARDE. GLACIARES Y BURROS, POR LEILA GUERRIERO. 27 DE ABRIL DE 2026.

 






En un discurso reciente, el presidente Javier Milei dijo: “No estamos proponiendo negar los impactos ambientales, lo que estamos diciendo es: hagamos cosas que tengan sentido (…) Con esto de cuidar a la Tierra, con el ambientalismo idiota, entonces hay que destruir el ser humano porque rompe el planeta (…) ¿Para qué nos dio el Creador el planeta? ¿Para contemplarlo? Si no tuviéramos regulaciones idiotas sobre las semillas, podríamos producir por lo menos el doble de lo que producimos”. Argentina es uno de los países con mayor uso de glifosato, un herbicida potente, a nivel mundial. Según Wildlife Conservation Society Argentina, más de 135 especies silvestres son afectadas por el tráfico ilegal en el país, al menos 20 de ellas están en peligro de extinción, y nueve de cada diez animales silvestres mueren durante el viaje a destino. En 2025, la provincia de Tierra del Fuego aprobó el proyecto de ley que habilita la instalación de salmoneras, una actividad prohibida en 2021. Según el Foro para la Conservación del Mar Patagónico y Áreas de Influencia, esta industria, que implica la introducción de una especie exótica, genera problemas como el abuso de antibióticos y la propagación de enfermedades. En abril de este año, se aprobó la modificación de la Ley de Glaciares: ya no se protege automáticamente a todos los glaciares, sólo a los que tienen una “función hídrica comprobada”, y cada provincia puede decidir qué zonas proteger y cuáles habilitar para, por ejemplo, la minería. Puesto que la producción ovina está en crisis por sequías prolongadas y el aumento de predadores, consecuencia del cambio climático, a las carnicerías de la ciudad patagónica de Trelew ha llegado una novedad revolucionaria: la carne de burro. No hay evidencia de que haya sido un Creador el que nos dio el planeta pero, más allá de eso, tampoco es que lo estemos contemplando con demasiada delicadeza. LEILA GUERRIERO es escritora. Publicado en El País el 25 de abril de 2026.











 












SALUTACIONS A LES LLENGÜES DE LA MEVA PÀTRIA. AVUI DILLUNS, 27 D'ABRIL DE 2026, EN CATALÀ

 






Hola, bon dia de nou a tots i feliç dilluns i feliç inici de l'última setmana d'abril, en la mesura del possible de cadascú, perquè el món segueix la seva bola, costa avall i sense fre, davant la inexplicable passivitat del Consell de Seguretat de les Nacions Unides, el matonisme barat i simpli de Trump i la impertorbable desvergonya. En resum, que seguim igual de malament que la setmana passada. Però anem amb les entrades del bloc del dia d'avui. La primera, a El tema del día, és de l'escriptor mexicà Jorge Volpi; es titula Una altra intel·ligència, que la que afirma, amb paraules del filòsof francès Éric Sadin, que la IA fa pudor de mort. La segona és un arxiu del bloc del 30 de juny de 2017 en què l'economista Carlos Sebastián, en una entrada titulada Capitalisme garantit, afirmava que el capitalisme políticament garantit era aquell en què l'Estat protegia algunes empreses, com autopistes, elèctriques o bancs, assumint els seus riscos, i aprovant regulacions que els beneficiaven o els beneficiaven. El poema del dia, a la tercera, es titula Agost, 1914, està escrit per la poetessa britànica Vera Brittain, i ho publico en la seva versió original anglesa i en espanyol. I la quarta, com cada dia, són les vinyetes d'humor. El sabor del cafè de la tarda està signat per l'escriptora argentina Leila Guerriero, es titula Glaceres i rucs, i en què satiritza les darreres declaracions del seu president, Javier Milei, sobre la salvaguarda del medi ambient del planeta on habitem tots nosaltres, inclòs ell. La primera especial nit del dia està escrita per l'economista nord-americà Robert Reich, es titula El veritable propòsit del fanatisme de Trump, i s'hi pregunta per què Trump va publicar dimecres el vídeo i la transcripció d'un podcaster intolerant que va utilitzar estereotips racistes contra els immigrants xinesos i indis. El segon de la nit l'escriu la també nord-americana aspirant a doctora en literatura, Virginia Karnstein, i es titula La dreta té una omnicausa, en què acusa Trump d'argumentar que els demòcrates han de recórrer a mètodes nefastos per guanyar; «Fa trampa», afirma. Venint-ne, cal tenir cinisme a prova de bombes. I el tercer i últim especial de la nit està escrit pel politòleg Damon Dinker, es titula Consells que els demòcrates no haurien de seguir, i hi rebutja el tipus de joc dur polític, com seria l'ampliació del Tribunal Suprem duta a terme per un futur president demòcrata i una majoria demòcrata al Senat. Tamaragua, amics meus. Ens veiem demà si la deessa Fortuna ho permet. Sigueu feliços, us ho prego: us ho mereixen. Petons. Els vull. HArendt











ENTRADA NÚM. 10359

DEL TEMA DE CADA DÍA. OTRA INTELIGENCIA, POR JORGE VOLPI. 27 DE ABRIL DE 2026

 







“Yo sé por lo pronto que no conseguiría respetar a un autor que utilizara los recursos de la inteligencia artificial en sus obras de imaginación”, escribió Juan Gabriel Vásquez en EL PAÍS hace unos días. Y ofreció sus razones: “La inteligencia artificial aprende a pasos agigantados, cierto, pero aprende siempre sobre la base de lo que ya existe; a menos que mucho me equivoque, ignora el accidente y el azar, que son rasgos de lo humano”. Casi al mismo tiempo, Samantha Schweblin declaró en estas mismas páginas: “La mejor ficción pega un salto hacia afuera, descubre algo nuevo, supera al autor. La inteligencia artificial puede ser más brillante, más rápida, estar mejor informada que nosotros, pero no es una inteligencia: es un lenguaje de predicciones. No hay manera de que dé un salto hacia afuera”. Y concluyó: “Dicho de otro modo: tiene todas las posibilidades para producir mala literatura”.

Dos de los más notables escritores de nuestro tiempo —amigos cuya obra admiro sin reservas— parecerían coincidir, así, con el filósofo francés Éric Sadin, quien, en una entrevista también publicada en EL PAÍS, de plano aseguró que “la IA apesta a muerte”. Sin duda, desde que OpenAI lanzó ChatGPT el 30 de noviembre de 2022, las amenazas de la inteligencia artificial generativa no han hecho sino multiplicarse: sus perniciosos efectos sociales, económicos o políticos —con un sinfín de empleos en entredicho o su uso en los bombardeos en Gaza o Irán—, así como ecológicos y de salud mental —millones de jóvenes hoy la usan para gestionar sus emociones—, por no hablar de su cuestionamiento de la autoría o la propiedad intelectual, resultan insoslayables.

Del dominio del fuego a la máquina de vapor y de la imprenta a internet, cada tecnología ha trastocado el orden natural de las cosas, pero lo que ocurre con los grandes modelos de lenguaje (LLM) parecería más extremo: nunca habíamos construido una máquina capaz de valerse del lenguaje humano con una habilidad semejante a la nuestra. Usando solo palabras habituales, podemos comunicarnos con ella —o, según sus detractores, creer que lo hacemos— y pedirle que haga cosas: desde redactar un correo —o, para disgusto de muchos, un poema o una novela— hasta resolver un cálculo imposible para los humanos, y desde escribir toda suerte de programas hasta aprender de sus errores y mejorarse a sí misma.

Sin embargo, no deja de asombrar que el argumento usado para advertirnos sobre sus peligros consista en cuestionar su inteligencia a partir de un prejuicio tan habitual como engañoso: asumir que, dada su naturaleza predictiva, la IA jamás logrará producir algo nuevo. En el centro de su diatriba detecto un añejo temor asociado con la tradición excepcionalista, es decir, aquella que confía en que los humanos poseemos algo que nos vuelve únicos y, sea lo que fuere —nadie ha logrado definirlo—, impedirá que una cosa llegue a emularnos. Desde esta óptica, solo nosotros imaginamos algo nuevo, mientras los miserables algoritmos, anclados en el silicio en vez del carbono, no son sino loros estocásticos —como los bautizó Emily Bender en un artículo viral— que apenas repiten lo que les decimos sin entenderlo y sin a crear jamás una oración de veras novedosa, como si los humanos lo hiciéramos a todas horas.

Me temo que, en efecto, hay una equivocación fatal en asumir que lo único que hacen los LLM es parlotear. Evitando el escabroso debate filosófico en torno a si las IA generativas en verdad saben lo que afirman —lo cual nos llevaría a los oscuros meandros de la conciencia—, cualquiera que haya usado ChatGPT, Gemini, Mistral o Claude puede constatar su impresionante uso del lenguaje. Aun así, los excepcionalistas insisten en que se trata de un espejismo: algo —otra vez: quién sabe qué— nos vuelve por fuerza superiores. Un anhelo romántico desmentido por los hechos.

Como afirma Christopher Sommerfield en Strange New Minds (2025), por supuesto hay cosas que los LLM son incapaces de hacer porque no son humanos: no sienten curiosidad por el mundo, sus memorias son endebles y, por ahora, su agencia es limitada, pero ello no significa que les esté vedado lo insólito. De hecho, dado su carácter predictivo y, sí, probabilístico —están tan dominados por el azar como nosotros—, pueden acomodar frases de formas nunca vistas. ¿Ello las vuelve creativas? Diría que, en general, no, porque suelen recurrir a nuestros clichés, pero en ocasiones sí: cuando uno las agita con entereza, a veces —a veces— alcanzan destellos de alta fantasía, para no hablar de genialidad, pues este término solo reforzaría el mito al que se aferran los escritores que ven amenazado su estatus.

Durante décadas, los excepcionalistas confiaron en que una máquina jamás llegaría a hablar sin cometer errores, a resolver acertijos y crucigramas, a tramar juegos de palabras o a escribir poemas con la misma consistencia de un aficionado: todo eso ya lo hacen con creces. Tal vez el problema sea desconocer cómo funciona nuestra mente: igual que los LLM, nuestros cerebros también son —según la imagen neurocientífica— máquinas de futuros. La principal tarea de nuestras 86 mil millones de neuronas es adelantarse al porvenir, incluso cuando hablamos. O en especial cuando hablamos. Asociamos ideas por similitud o proximidad —metáfora o metonimia— y, copiándonos, la IA hace exactamente lo mismo.

Los chats de IA generativa no son sofisticadas herramientas de copiar y pegar, sino modelos que, tras analizar millones de expresiones humanas —y aprender de ellas, como los niños—, han conseguido abstraer las reglas generales de la lengua, lo que les permite jugar probabilísticamente con ella. Por paradójico que suene, tal vez por ello sean nuestra invención más humana: las concebimos a nuestra imagen y semejanza. Y, al hacerlo —no me queda duda— las volvimos inteligentes. Con ello no quiero decir conscientes, y menos aún deslizar que sean idénticas a nosotros. De hecho, el principal problema al que nos enfrentamos al utilizarlas es no darnos cuenta de que responden con la misma convicción que cualquiera de nuestros amigos. En el fondo, cada uno debería tener una camiseta con el lema: “Soy humano y cometo errores. Verifica mi información”.

Concluyo: si las enfrentamos de manera crítica, buscando que no nos controlen o seduzcan, y si las ponemos a prueba con prompts cada vez más agudos —y dejamos de verlas como oráculos o trucos de circo—, las IA generativas pueden ser creativas. Pero para ello se necesita confrontarlas en un nuevo espacio ontológico, como propone Jianwei Xun, el avatar IA-humano creado por el filósofo italiano Andrea Colamedici, en Pensar con prompts (2026). Las amenazas de la IA para la humanidad apuntan a un colapso civilizatorio, pero de nada sirve resguardarnos en la confortable posición según la cual solo los humanos somos inteligentes y creativos, como si ello bastara para blindarnos contras las guerras con que sus desarrolladores devastan el planeta o para frenar sus brutales usos políticos y bélicos o la manera como acentúan la ya de por sí escalofriante desigualdad que nos sacude. JORGE VOLPI es escritor. Publicado en El País el 24 de abril de 2026.





























DEL ARCHIVO DEL BLOG. CAPITALISMO GARANTIZADO, POR CARLOS SEBASTIÁN. PUBLICADO EL 30 DE JUNIO DE 2017

 








El capitalismo políticamente garantizado es aquel en que el Estado protege a algunas empresas, como autopistas, eléctricas o bancos, asumiendo sus riesgos, aprobando regulaciones que les benefician o ignorando abusos. Y las ‘puertas giratorias’ explican solo una parte de esta práctica, dice Carlos Sebastián, catedrático de Teoría Económica de la Universidad Complutense y autor del libro España estancada (Galaxia Gutenberg, 2016), en un artículo de hace unos meses en El País.

La afortunada expresión de Max Weber que encabeza estas líneas, dice Sebastián, —una alternativa a la de capitalismo clientelar— sería aplicable a buena parte del sistema económico español. En este marco institucional, el Estado, o quienes ejercen el poder político de hecho, protege a un determinado número de empresas utilizando distintas vías: asume el riesgo de las empresas, promulga regulaciones que les benefician, hace la vista gorda ante incumplimientos de normas o ante abusos, las favorecen en concursos y adjudicaciones, etcétera. Las consecuencias de estas prácticas sobre la eficiencia productiva, sobre la calidad del emprendimiento y sobre la distribución de la renta son bastante obvias.

Viene a cuenta esta reflexión, sigue diciendo, por la noticia de que el Estado debe compensar a Abertis porque el tráfico en la autopista AP-7 ha sido menor del previsto. Esta asunción del riesgo empresarial por parte del Estado es la consecuencia de un convenio que el Gobierno de Zapatero suscribió con Abertis en 2006, según el cual la empresa realizaba unas inversiones de mejora y el Estado le garantizaba por contrato un flujo de ingresos.

Este potente grupo de concesiones de autopistas se ha visto favorecido por la “garantía” del Estado —por utilizar el término weberiano— antes de su creación, añade. Su antecedente, Acesa —Abertis surgió por fusión de Acesa y Áurea—, incumplió los términos de las concesiones originales (no reinvirtiendo los excesos de beneficios obtenidos), desoyó los requerimientos del Ministerio de Fomento cuando Borrell era ministro (1993), pese a perder sucesivos recursos contra esa resolución, y en 1998 llegó a un acuerdo con el Gobierno de Aznar y con la Generalitat por el que se daban como buenos los incumplimientos anteriores y, como premio, veía extendido el periodo de concesión a cambio de unas muy reducidas rebajas tarifarias. Y en 2006, con otro Gobierno, firmó el citado convenio con el ministerio de Magdalena Álvarez que obliga al Estado a pagar a Abertis unos 1.500 millones de euros.

El convenio parece cerrado de forma tan conveniente para los intereses de Abertis que el Estado tendrá que pagar, así lo acaba de confirmar el Tribunal Superior de Justicia de Madrid, comenta. Uno no puede evitar recordar los casos Castor y Ferro, en los que empresas del grupo ACS vieron cómo el Estado ha asumido finalmente el riesgo de las inversiones privadas, gracias a sendos contratos técnicamente inmaculados. Resulta llamativo que el Consejo de Estado, una semana antes del decreto que sancionaba el convenio entre Abertis y el Ministerio de Fomento, advertía que este “incluía una peligrosa cláusula de compensación que implicaba la desaparición del riesgo para la empresa concesionaria que se apartaba del principio rector que regulaba las concesiones de autopistas desde 1972”. Advertencia que el Consejo de Ministros desoyó seis días después al aprobar el Decreto 454/2006.

Este caso tan evidente de “capitalismo políticamente garantizado”, señala, dista mucho de ser un hecho aislado. Durante varios años las compañías eléctricas se han beneficiado de que las autoridades hayan mirado hacia otro lado cuando estaban recibiendo una financiación superior a la que les correspondía por la regla implícita en los costes de transición a la competencia —no debían ser compensados cuando el precio era superior a los 36 euros el megawatio hora y lo fueron— y se han beneficiado igualmente de la falta de rigor en la gestión de las concesiones hidroeléctricas —tanto en la determinación del canon como en la (ausencia de) subasta pública cuando se terminaba el periodo de concesión—. También en los términos del decreto de 2015 que estableció el llamado impuesto al sol, que eliminaba la competencia de instalaciones fotovoltaicas y lo hacía especialmente en horas en las que el precio es mayor y el margen de las eléctricas es más elevado.

Y qué decir de los bancos, que, por ejemplo, se han beneficiado de una reforma de ida y vuelta en la libertad del cliente de cambiar de hipoteca, que fue facilitada en 1994, cuando querían entrar de lleno en el mercado hipotecario —dominado por las cajas— y se ha restringido notablemente en 2007, cuando los bancos estaban muy presentes en ese mercado crediticio; o que ven cómo la reclamación de un cliente ante el Banco de España carece de efecto aunque este haya dado la razón al particular, afirma más adelante.

Pero el capitalismo políticamente garantizado no se limita a la protección del Estado a las grandes empresas del Ibex —ni, por cierto, es la consecuencia de que no pocas de esas empresas tengan consejeros con pasado político—, señala. Empresas medianas, coticen o no en un mercado de acciones, reciben trato de favor en concursos, tramitación de permisos y normativas por parte de los distintos niveles de la Administración pública, rehén esta, en muchos casos, de las fuerzas políticas. Hay muchas anécdotas más o menos públicas, pero sería necesario un gran esfuerzo compilatorio para revelar con más nitidez esta realidad clientelar. Sus consecuencias sobre la competencia y sobre la eficiencia son enormes. Por ejemplo, la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia estima que las malas prácticas en la contratación pública generan un sobrecoste del 25% (un 4,7% del PIB), pero el coste real puede ser mayor por sus efectos sobre la eficiencia productiva.

La existencia de las llamadas “puertas giratorias”, comenta, explica solamente una parte de esta práctica de garantía política a las empresas. Pequeña si limitamos la expresión a la existencia de consejeros de las empresas del Ibex con pasado político. Mayor si lo extendemos a la actividad profesional de los ex altos cargos que, como pone de manifiesto el reciente estudio de la Fundación Hay Derecho, está indebidamente supervisada por la Oficina de Conflictos de Intereses: el hecho de que antiguos altos cargos creen consultoras que asesoran a empresas grandes y medianas es más frecuente de lo que debiera. Otra puerta giratoria de menor intensidad, pero relevante, sería la de abogados del Estado que asesoran a grandes empresas en su relación con la Administración o en los conflictos con ella.

La financiación de los partidos políticos constituiría otro ingrediente de este puzle, concluye diciendo, pero no sé si el conjunto formado por las distintas “puertas giratorias” más las aportaciones a los partidos constituye la razón fundamental de la realidad institucional resumida por la expresión de Weber. Lo cual no quiere decir que no haya que poner coto a esas prácticas. CARLOS SEBASTIÁN es economista.


























DEL POEMA DE CADA DÍA. AGOSTO, 1914, POR VERA BRITTAIN

 








AGOSTO, 1914



Decidles, oh mensajeros de la paz nacidos del cielo, 

que nosotros, que un día fuimos alegres, ya no lo somos más; 

ordenad que cesen los ruidosos tambores de celebración, 

que los bailarines de pies ligeros abandonen la pista festiva.


Porque hemos visto las sombras en la pared,

 y hemos oído las voces de los asesinados;

 la oscuridad de la noche se extiende sobre todo, 

y en el viento oímos el sonido de la lluvia.


El mundo ha cambiado, y nosotros hemos cambiado con él; 

la risa de los viejos tiempos muere en nuestros labios;

las lámparas de la esperanza se apagan una a una, 

y toda nuestra alegría se oscurece por el eclipse.


Id, decid a las naciones que el día ha pasado, 

aquel en que los hombres eran hermanos y el mundo era libre;

 las puertas de hierro de la guerra se han cerrado al fin,

 y somos prisioneros del destino.




VERA BRITTAIN (1893-1970)

poetisa británica






***





AUGUST, 1914



Tell them, O sky-born messengers of peace,


That we, who once were glad, are glad no more;


Bid the loud drums of celebration cease,


The light-foot dancers quit the festive floor.




For we have seen the shadows on the wall,


And we have heard the voices of the slain;


The darkness of the night is over all,


And in the wind we hear the sound of rain.




The world is changed, and we are changed with it;


The old-time laughter dies upon our lips;


The lamps of hope are one by one unlit,


And all our joy is darkened by eclipse.




Go, tell the nations that the day is past


When men were brothers and the world was free;


The iron gates of war are closed at last,


And we are prisoners of the destiny.





VERA BRITTAIN (1893-1970)

British poet





***




Vera Mary Brittain (29 de diciembre de 1893 – 29 de marzo de 1970) fue una escritora, anglicana, feminista y pacifista inglesa, mejor recordada por ser la autora de un libro de memorias superventas Testamento de juventud (1933), en el que hace un recuento de sus experiencias durante la Primera Guerra Mundial y el inicio de su cruzada en pro del pacifismo.


















DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY LUNES, 27 DE ABRIL DE 2026

 



























domingo, 26 de abril de 2026

SALUTATIONES LINGUA COMMUNI EUROPAE NOSTRAE DILECTAE, LATINA, HODIE, DIE SOLIS, XXVI APRILIS, MMXXVI

 







Salvete, bonum mane omnes, et felicem Dominicam. Bellum? Aeque malum, sed desiit, saltem publice. Gratias ago pro interrogatione. Unio Europaea? Claudicans, sed melior, multo melior, nunc cum Hungari Orbanum abiecerint. Gratias ago pro interrogatione. Sed differentiae inter sodales eius manent in multis aliis aspectibus maximi momenti Unione, quamquam saltem de iis loquuntur et disputant. Nec amplius dicam (adhuc). Vos relinquo cum marathone hebdomadario iocorum pictorum et tribus specialibus diurnis omni Dominica, quibus spero vos toto corde frui. Primum, a historico Iavier Moscoso scriptum, titulo "Centum (vel Ducenti) Anni ad Unum vel Duas Quaestiones Respondendas" inscribitur; secundum, ab Antonio Legaz, analysta securitatis et defensionis scriptum, titulo "Latus Clarum Historiae" inscribitur; Tertius autem et ultimus, a Francisco Fukuyama historico scriptus, "Visio Mea Americae Post-Trump" inscribitur. Vos quoque relinquo, ut quotannis circa hoc tempus, cum traditione Praemii Cervantiensis anni 2025 a Maiestatibus Suis Rege et Regina Hispaniae, in Paraninfo Universitatis Alcalá de Henares, hac vice scriptori Mexicano Gonzalo Celorio. Id videre potestis in columna dextra huius blogi, in sectione actionibus Familiae Regiae Hispanicae dedicata. Et summe gratus sum quod hic quotidie estis. De lingua Latina, vos certiores facio eam non esse linguam mortuam, sed potius codicem geneticum Europae. Ita, eam ut linguam francam adoptando, Unio Europaea vocem neutralem, communem et profundam, quae fines transcendit, recuperare posset, hereditatem nostram classicam cum futuro identitatis communis sine hegemonia linguistica coniungens, cum Latina symbolum unitatis nostrae esset. Videbimus vos proxima Dominica, si Fortuna voluerit. Tamaragua, amici mei. Oscula. Amo vos. HArendt















ENTRADA NÚM. 10354

REVISTA DE PRENSA. MI VISIÓN DE UNA AMÉRICA POST-TRUMP, POR FRANCIS FUKUYAMA. ESPECIAL NOCHE TRES. 26 DE ABRIL DE 2026

 








Necesitamos reconstruir la capacidad estatal. Ahora que Donald Trump se está debilitando visiblemente, es importante empezar a pensar seriamente en lo que vendrá después de él. No es ningún secreto que soy un gran admirador del movimiento de la Abundancia, popularizado el año pasado por Ezra Klein y Derek Thompson en un libro del mismo nombre. La esencia de la Abundancia es reconstruir la capacidad del Estado estadounidense y crear un gobierno capaz de construir de nuevo. En primer lugar, se encuentran la vivienda y la infraestructura: bienes públicos que contribuirán significativamente a paliar la crisis de asequibilidad para los estadounidenses de a pie.

En las últimas décadas, Estados Unidos ha perdido capacidad estatal, un vacío que se ha hecho más evidente en su incapacidad para construir infraestructuras. Hoy en día existe un enorme déficit en el mantenimiento de nuestras carreteras, puentes y sistemas de servicios públicos, por no hablar de las nuevas infraestructuras que nos gustaría tener, como el tren de alta velocidad.

La disminución de la capacidad estatal tiene varias causas. La principal es la cantidad de restricciones que nos hemos impuesto, lo que el jurista Nick Bagley denomina el « fetichismo del procedimiento ». Según Marc Dunkelman, desde la década de 1960 hemos adoptado una mentalidad jeffersoniana en la que el gobierno se percibe como una amenaza a nuestras libertades; argumenta que necesitamos recuperar una perspectiva «hamiltoniana» en la que veamos al gobierno como una fuerza para el cambio progresista. Los jóvenes con habilidades y capacidad para usar la tecnología eficazmente no desean trabajar en el gobierno hoy en día, y hemos externalizado bienes y actividades públicas a contratistas privados con sus propios intereses. Nuestro gobierno a menudo carece de la capacidad para supervisar adecuadamente a quienes ha contratado para realizar su trabajo. FRANCIS FUKUYAMA es historiador. Publicado en Persuasion el 22 de abril de 2026.