martes, 3 de febrero de 2026

DEL ARCHIVO DEL BLOG. HOY, EL NUEVO ENEMIGO. PUBLICADO EL 30/03/2017

 








Con los novelistas -los buenos- y los filósofos -casi todos-, mantengo una cordial relación de amor y odio a partes iguales que, en el fondo, no es más que envidia pura y dura. ¡Al, la envidia!... Sin duda el pecado capital de los españoles... Dejémoslo así. A ambos, filósofos y novelistas, hay que escucharlos siempre cuando hablan de otras cosas que no son ni la literatura ni la filosofía. Lo que no implica, ni por asomo, compartir sus opiniones siempre. Me pasaba con Francisco Umbral o Camilo José Cela. Me pasa hoy y ahora con Fernando Savater o Mario Vargas Llosa. Y otros, claro, que no cito.

Mario Vargas Llosa escribe muy a menudo de política, y aunque no comparta del todo algunas de las cosas que dice, lo hace tan bien que en cualquier caso disfruto de su lectura. Hace unos días escribía en El País sobre los nuevos enemigos. Sigan leyendo y averiguarán a quienes se refería.

El comunismo se ha convertido en una ideología residual, comenzaba diciendo. Ahora la amenaza es el populismo, que ataca por igual a países desarrollados y atrasados. El comunismo ya no es el enemigo principal de la democracia liberal —de la libertad— sino el populismo. Aquel dejó de serlo cuando desapareció la URSS, por su incapacidad para resolver los problemas económicos y sociales más elementales, y cuando (por los mismos motivos) China Popular se transformó en un régimen capitalista autoritario. Los países comunistas que sobreviven —Cuba, Corea del Norte, Venezuela— se hallan en un estado tan calamitoso que difícilmente podrían ser un modelo, como pareció serlo la URSS en su momento, para sacar de la pobreza y el subdesarrollo a una sociedad. El comunismo es ahora una ideología residual y sus seguidores, grupos y grupúsculos, están en los márgenes de la vida política de las naciones.

Pero, a diferencia de lo que muchos creíamos, añade, que la desaparición del comunismo reforzaría la democracia liberal y la extendería por el mundo, ha surgido la amenaza populista. No se trata de una ideología sino de una epidemia viral —en el sentido más tóxico de la palabra— que ataca por igual a países desarrollados y atrasados, adoptando para cada caso máscaras diversas, de izquierdismo en el Tercer Mundo y de derechismo en el primero. Ni siquiera los países de más arraigadas tradiciones democráticas, como Reino Unido, Francia, Holanda y Estados Unidos están vacunados contra esta enfermedad: lo prueban el triunfo del Brexit, la presidencia de Donald Trump, que el partido del Geert Wilders (el PVV o Partido por la Libertad) encabece todas las encuestas para las próximas elecciones holandesas y el Front National de Marine Le Pen las francesas.

¿Qué es el populismo?, se pregunta. Ante todo, la política irresponsable y demagógica de unos gobernantes que no vacilan en sacrificar el futuro de una sociedad por un presente efímero. Por ejemplo, estatizando empresas y congelando los precios y aumentando los salarios, como hizo en el Perú el presidente Alan García durante su primer Gobierno, lo que produjo una bonanza momentánea que disparó su popularidad. Después, sobrevendría una hiperinflación que estuvo a punto de destruir la estructura productiva de un país al que aquellas políticas empobrecieron de manera brutal. (Aprendida la lección a costa del pueblo peruano, Alan García hizo una política bastante sensata en su segundo Gobierno).

Ingrediente central del populismo, añade, es el nacionalismo, la fuente, después de la religión, de las guerras más mortíferas que haya padecido la humanidad. Trump promete a sus electores que “América será grande de nuevo” y que “volverá a ganar guerras”; Estados Unidos ya no se dejará explotar por China, Europa, ni por los demás países del mundo, pues, ahora, sus intereses prevalecerán sobre los de todas las demás naciones. Los partidarios del Brexit —yo estaba en Londres y oí, estupefacto, la sarta de mentiras chauvinistas y xenófobas que propalaron gentes como Boris Johnson y Nigel Farage, el líder de UKIP en la televisión durante la campaña— ganaron el referéndum proclamando que, saliendo de la Unión Europea, Reino Unido recuperaría su soberanía y su libertad, ahora sometidas a los burócratas de Bruselas.

E inseparable del nacionalismo, dice más adelante, es el racismo, y se manifiesta sobre todo buscando chivos expiatorios a los que se hace culpables de todo lo que anda mal en el país. Los inmigrantes de color y los musulmanes son por ahora las víctimas propiciatorias del populismo en Occidente. Por ejemplo, esos mexicanos a los que el presidente Trump ha acusado de ser violadores, ladrones y narcotraficantes, y los árabes y africanos a los que Geert Wilders en Holanda, Marine Le Pen en Francia, y no se diga Viktor Orbán en Hungría y Beata Szydlo en Polonia, acusan de quitar el trabajo a los nativos, de abusar de la seguridad social, de degradar la educación pública, etcétera.

En América Latina, comenta, Gobiernos como los de Rafael Correa en Ecuador, el comandante Daniel Ortega en Nicaragua y Evo Morales en Bolivia, se jactan de ser antiimperialistas y socialistas, pero, en verdad, son la encarnación misma del populismo. Los tres se cuidan mucho de aplicar las recetas comunistas de nacionalizaciones masivas, colectivismo y estatismo económicos, pues, con mejor olfato que el iletrado Nicolás Maduro, saben el desastre a que conducen esas políticas. Apoyan de viva voz a Cuba y Venezuela, pero no las imitan. Practican, más bien, el mercantilismo de Putin (es decir, el capitalismo corrupto de los compinches), estableciendo alianzas mafiosas con empresarios serviles, a los que favorecen con privilegios y monopolios, siempre y cuando sean sumisos al poder y paguen las comisiones adecuadas. Todos ellos consideran, como el ultraconservador Trump, que la prensa libre es el peor enemigo del progreso y han establecido sistemas de control, directo o indirecto, para sojuzgarla. En esto, Rafael Correa fue más lejos que nadie: aprobó la ley de prensa más antidemocrática de la historia de América Latina. Trump no lo ha hecho todavía, porque la libertad de prensa es un derecho profundamente arraigado en Estados Unidos y provocaría una reacción negativa enorme de las instituciones y del público. Pero no se puede descartar que, a la corta o a la larga, tome medidas que —como en la Nicaragua sandinista o la Bolivia de Evo Morales— restrinjan y desnaturalicen la libertad de expresión.

El populismo, afirma, tiene una muy antigua tradición, aunque nunca alcanzó la magnitud actual. Una de las dificultades mayores para combatirlo es que apela a los instintos más acendrados en los seres humanos, el espíritu tribal, la desconfianza y el miedo al otro, al que es de raza, lengua o religión distintas, la xenofobia, el patrioterismo, la ignorancia. Eso se advierte de manera dramática en el Estados Unidos de hoy. Jamás la división política en el país ha sido tan grande, y nunca ha estado tan clara la línea divisoria: de un lado, toda la América culta, cosmopolita, educada, moderna; del otro, la más primitiva, aislada, provinciana, que ve con desconfianza o miedo pánico la apertura de fronteras, la revolución de las comunicaciones, la globalización. El populismo frenético de Trump la ha convencido de que es posible detener el tiempo, retroceder a ese mundo supuestamente feliz y previsible, sin riesgos para los blancos y cristianos, que fue el Estados Unidos de los años cincuenta y sesenta. El despertar de esa ilusión será traumático y, por desgracia, no sólo para el país de Washington y Lincoln, sino también para el resto del mundo.

¿Se puede combatir al populismo? termina preguntándose. Desde luego que sí, responde. Están dando un ejemplo de ello los brasileños con su formidable movilización contra la corrupción, los estadounidenses que resisten las políticas demenciales de Trump, los ecuatorianos que acaban de infligir una derrota a los planes de Correa imponiendo una segunda vuelta electoral que podría llevar al poder a Guillermo Lasso, un genuino demócrata, y los bolivianos que derrotaron a Evo Morales en el referéndum con el que pretendía hacerse reelegir por los siglos de los siglos. Y lo están dando los venezolanos que, pese al salvajismo de la represión desatada contra ellos por la dictadura narcopopulista de Nicolás Maduro, siguen combatiendo por la libertad. Sin embargo, la derrota definitiva del populismo, como fue la del comunismo, la dará la realidad, el fracaso traumático de unas políticas irresponsables que agravarán todos los problemas sociales y económicos de los países incautos que se rindieron a su hechizo. Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt























ENTRADA NÚM. 9810

DEL POEMA DE CADA DÍA. HOY, LIBERTAD, DE ÁNGELA RIVERA AYMERICH

 






LIBERTAD



A tiros nos dijeron cruz y raya.

En cruz estamos. Raya. Tachadura.

Borrón y cárcel nueva. Punto en boca.

Si observas la conducta conveniente,

podrás decir palabras permitidas:

invierno, luz, hispanidad, sombrero.

(Si se te cae la lengua de vergüenza,

te cuelgas un cartel que diga “mudo”,

tiendes la mano y juntas calderilla.)

Si calzas los zapatos según norma,

también podrás cruzar a la otra acera

buscando el sol o un techo que te abrigue.

Pagando tus impuestos puntualmente,

podrás ir al taller o a la oficina,

quemarte las pestañas y las uñas,

partirte el pecho y alcanzar la gloria.

También tendrás honestas diversiones.

El paso de un entierro, una película

de las debidamente autorizadas,

fútbol del bueno, un vaso de cerveza,

bonitas emisiones en la radio

y misa por la tarde los domingos.

Pero no pienses libertad, no digas,

no escribas libertad, nunca consientas

que se te asome al blanco de los ojos,

ni exhale su olorcillo por tus ropas,

ni se te prenda a un rizo del cabello.

Y, sobre todo, amigo, al acostarte,

no escondas libertad bajo tu almohada

por ver si sueñas con mejores días.

No sea que una noche te incorpores

sonambulando libertad, y olvides,

y salgas a gritarla por las calles,

descerrajando puertas y ventanas,

matando a los serenos y los gatos,

rompiendo los faroles y las fuentes,

y el sueño de los justos, porque entonces,

punto final, hermano, y Dios te ayude.



ÁNGELA FIGUERA AYMERICH (1902-1984)

escritora española























ENTRADA NÚM. 9809

DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY MARTES, 03 DE FEBRERO DE 2026

 






























ENTRADA NÚM. 9808

lunes, 2 de febrero de 2026

SALUTACIONS A LES LLENGÜES DE LA MEVA PÀTRIA, AVUI DILLUNS, 2 DE FEBRER, EN CATALÀ

 







Hola, bon dia de nou a tots i feliç dilluns. El primer del mes de febrer. Esperem que sigui una mica menys desafortunat i tràgic que el gener passat. Anem amb les entrades del bloc. La primera, de Diego López Garrido, director de la Fundació Alternatives, que ens diu que l'ordre mundial està tocat, però no enfonsat, i alguns països intenten restaurar el model colonialista, però el model sorgit després de la Segona Guerra Mundial continua viu. La segona, un arxiu del bloc del febrer del 2019, és de Máriam Martínez-Bascuñán, professora en Ciència Política de la Universitat de Columbia, a Nova York que es preguntava: Què passa quan has d'executar allò que has promès i descobreixes que el teu relat xoca amb la realitat?, ningú va respondre. El poema del dia és del poeta espanyol Luis Antonio de Villena i es titula Emmy Hennings: Un crepuscle. I la quarta, com sempre, són les vinyetes d?humor del dia. Tamaragua, amics meus. Sigueu feliços, si us plau. Petons. Els vull. HArendt













ENTRADA NÚM. 9807

DEL TOCADO PERO NO HUNDIDO ORDEN MUNDIAL

 








El orden mundial está tocado, pero no hundido, y algunos países tratan de restaurar el modelo colonialista, pero el modelo surgido tras la Segunda Guerra Mundial sigue vivo, escribe en El País (30/01/2026), Diego López Garrido, director de la Fundación Alternativas y exsecretario de Estado para la Unión Europea

Desde que Donald Trump ocupó la presidencia de Estados Unidos por segunda vez y empezó a actuar de manera amenazante, caprichosa e impredecible, se ha impuesto en analistas y medios el mantra de que el llamado “orden mundial” está irremediablemente roto. Discrepo de esta visión de la realidad internacional. Trump no es tan fuerte, ni el ordenamiento internacional tan débil como para profetizar una sentencia de muerte.

Se dice que el Estado nación moderno nació con el Tratado de Westfalia (1648), que puso fin a la guerra de los Treinta Años y a la guerra de los Ochenta Años. Desde entonces la forma política básica del planeta ha sido el Estado soberano.

Cuando terminó la II Guerra Mundial, que empezó siendo una guerra europea —la segunda en medio siglo— el orden mundial se constituyó mayoritariamente de modo opuesto a la fisonomía que habían tenido los Estados perdedores. Frente a la dictadura fascista triunfó la democracia como forma de gobierno legítimo. Frente a la ley del más fuerte —proclamada por los nazis— se impuso la defensa de la independencia de los Estados. Y frente a la tortura y la violencia practicadas por los gobiernos de los países del Eje, se afirmaron los derechos humanos como valores supremos e invulnerables.

Las instituciones nacidas de la victoria de los aliados, en primer lugar, las Naciones Unidas, con la Carta que prohíbe la intervención militar sin acuerdo del Consejo de Seguridad y la agresión de un Estado a otro, y con los juicios de Núremberg a los crímenes del nazismo, se han mantenido 80 años de forma incólume.

Este orden mundial no hizo sino fortalecerse y consolidarse en esas ocho décadas. Con los dos pactos de libertades civiles y de derechos sociales. Y más recientemente con la creación del Tribunal Internacional de Justicia y el Tribunal Penal Internacional, que están en plenitud de funcionamiento.

Hay dos acontecimientos que han contribuido a hacer irreversible todas estas decisiones de la comunidad internacional. El primero, la creación de la Unión Europea, apoyada en valores imprescindibles: la democracia, el Rule of Law y los derechos humanos y libertades públicas. El segundo, la implosión de la Unión Soviética, y el ingreso en la Unión Europea de Estados que, por muchos años, o formaban parte o estaban sometidos a la URSS mediante el Pacto de Varsovia, que se concibió como respuesta a la Alianza Atlántica.

Es cierto que las acciones de Trump, en el interior de Estados Unidos (persecución despiadada de inmigrantes) y hacia el exterior (Venezuela, aranceles extraordinarios, pretensión de expansión hacia Groenlandia, el canal de Panamá y hasta Canadá) son de un impacto disruptivo incuestionable. Y que parece tambalearse la OTAN, ante la conducta incomprensible de Trump de acercamiento a Putin, al que se acerca al perdonar la invasión de Ucrania. Sin embargo, esta conducta no es equiparable a las reglas del orden internacional vivas desde 1945.

Son normas que resisten que Estados Unidos se haya retirado de decenas de organizaciones internacionales o de tratados tan relevantes como la Convención de Derechos del Niño, el Protocolo de Kioto o el Acuerdo de París contra el cambio climático. En su última intervención ante la Asamblea de Naciones Unidas, en efecto, el presidente de Estados Unidos hizo un discurso directamente hostil a Naciones Unidas y negacionista del cambio climático. Palabras improductivas y dañinas, pero no tanto como para acabar con el orden mundial.

Debemos admitir que el mundo de hoy sufre transformaciones de importancia indudable: la violación del derecho internacional por las decisiones arbitrarias de Trump o Putin; el auge de la política económica proteccionista y nacionalista que dificulta el libre comercio; el crecimiento incontenible de la deuda, particularmente en los propios Estados Unidos, o el envejecimiento poblacional, salvo en África, el continente joven.

Para todo ello, el protagonismo de la Unión Europea —ahora algo oscurecida y no suficientemente integrada— es absolutamente necesario. Pero a la Unión le faltan instrumentos de política exterior y carece de una defensa común. Algo que se podría obtener, para los Estados que lo quieran, con un nuevo Tratado, que parece necesario dado el desdén de Trump respecto de la OTAN y su célebre artículo 5.

Estados Unidos es un país poderoso, y de eso se está aprovechando su Gobierno ultraconservador. Pero no es admisible aceptar que la política de Trump —de efectos, a mi juicio, efímeros— signifique el fin del ordenamiento que salvó a Europa y el mundo occidental de caer en el infierno del fascismo y de sus crímenes contra la humanidad.

El orden mundial está herido por el deseo de países muy importantes de crear en torno a ellos esferas de influencia expansionista, que se asemejan a la política ferozmente colonialista que Europa impuso durante siglos en América y África. Pero ese orden mundial y ese derecho internacional diseñado para la paz y la prosperidad sigue estando vigente. Lo único que hace falta es que creamos en él y que nos neguemos a ser vencidos por una nueva forma de brutalidad en el siglo XXI.












ENTRADA NÚM. 9806

DEL ARCHIVO DEL BLOG. HOY, DEL HEROÍSMO DE LOS PUSILÁNIMES. PUBLICADO EL 20/02/2019

 







¿Qué sucede cuando tienes que ejecutar aquello que has prometido y descubres que tu relato choca con la realidad?, se pregunta la politóloga Máriam Martínez-Bascuñán, profesora en Ciencia Política de la Universidad de Columbia, en Nueva York.

Dice el refrán, comienza diciendo la profesora Martínez-Bascuñán, que el hombre es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras. Es una manera de entender algo recurrente en la historia: que las acciones persiguen a las palabras, especialmente cuando estas se inflan y generan estados emocionales. Después, nadie se responsabiliza de los acontecimientos que las suceden, pero los generadores de ese argot embriagado de mística y revancha sí tienen nombres y apellidos. En política, esto suele ocurrir cuando los líderes se convierten en clérigos entregados a los viejos diosecillos faccionales (nación, raza, pueblo) y comienzan a predicar en lugar de vertebrar propuestas reales.

Lo vimos en la presentación de La Crida y los celestiales discursos de sus promotores en vísperas del juicio a los políticos del procés. Sus oficiantes, con Torra a la cabeza, regresan heroicamente a la ofensiva para declarar la guerra santa y combatir por el relato contra un Estado que presentan como una apisonadora movida por “la injusticia, la venganza y el odio” y que sojuzgaron nada menos que a “todo un pueblo”. Esa crida o “llamada” de Puigdemont declara con arrogancia que, si en un tiempo prudencial no se produce “la oportunidad de ejercer la soberanía plena gracias al apoyo de la voluntad de la mayoría, entonces la ejerceremos”.

Pero, ¿qué sucede cuando tienes que ejecutar aquello que has prometido y descubres que tu relato choca con la realidad? Porque la gente no cambia de opinión. Los independentistas a los que han ofrecido una república clamarán por ella al igual que los brexiteers piden alzar de nuevo las imposibles fronteras que les han prometido. Están en su derecho: se llama rendición de cuentas, pero resulta que cuando “el pueblo, poseído por esas palabras desoladas y excitantes, exige realmente las enérgicas medidas anunciadas como necesarias, a los caudillos les falta el valor para negarse”.

Estas palabras de Stefan Zweig explican el extraño proceso por el que los clérigos políticos dejan de liderar la opinión pública que han contribuido a crear para convertirse en sus esclavos al no encontrar el valor para resistirse. Nos hablan sobre la cobardía y sobre lo que ocurre cuando jugamos con palabras embriagadas de fanatismo: que generan un fanatismo imparable. Un argot incendiario solo puede producir incendios, desencadenar acontecimientos irrefrenables ante los que solo queda claudicar medrosamente, guiados, como nos dice Zweig, por “el miedo a caer en desgracia por moderado”. Y es curioso percatarse de que aquello que aparece bajo la forma lustrosa de un heroico martirologio, nos coloca, como tantas otras veces, frente al miedo y la imprudente locura política de los pusilánimes. Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt 
















ENTRADA NÚM. 9805

DEL POEMA DE CADA DÍA: HOY, EMMY HENNINGS: UN CREPÚSCULO, DE LUIS ANTONIO DE VILLENA

 







EMMY HENNINGS: UN CREPÚSCULO



Me acerqué a ella. De cierto, todo parecía pobre y gastado,

pero manso asimismo. La casita pequeña frente al paisaje,

sus ojos plenos de pequeñas arrugas…

Desde aquí no oí la guerra, pero sabía que muchos sufrían.

¿Alguien escapa al sufrir?

Dígame, Emmy, ¿no recuerda sus años de juventud

pese a la pobreza, a la dificultad, a la ocasional prostitución?

Acaso eso no debí decirlo.

Querido, yo lo digo. Yo misma. No se incomode.

¿Quiere más zumo de manzana?

No echo nada de menos. Todo se va y se rompe

empezando por nosotros mismos.

Somos ceniza en vientos salvajes.

Ball estudiaba el cristianismo primitivo.

Yo amo también a esos santos bizantinos que desdeñaban la vida.

¿Cielo, dice? A mis años me resulta ingenuo.

Mire cómo se va la luz, esos tonos morados hacia las montañas…

Éter, morfina, cabarés, lesbianas. La vida.

No me gusta recordar mis novelas, aunque

las trazaría de nuevo. Usted es joven, Luis, joven.

Yo solo espero deshacerme en Dios, ser nada en Dios.

Como no haber nacido.

Nadie sabe para qué sirven el dolor y la desdicha,

pero ya ve, querido, usted me ha buscado

porque yo sufrí, amé, gocé, malgasté, perdí,

y nunca dejé de ser excepcionalmente desdichada…

¿Tendrá algún mérito haber vivido?

Era malva todo: un paisaje de la Suiza italiana.



LUIS ANTONIO DE VILLENA (1951)

poeta español






















ENTRADA NÚM. 9804

DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY LUNES, 2 DE FEBRERO DE 2026

 



























ENTRADA NÚM. 9803

domingo, 1 de febrero de 2026

SALUTATIONES LINGUA PATRIAE NOSTRAE COMMUNIS: EUROPAE. HODIE, DIE SOLIS, KALENDIS FEBRUARIIS, ANNO MMXXVI

 







Lingua Latina non est lingua mortua, sed codex geneticus Europae. Ea ut linguam francam adoptando, Unio Europaea vocem neutralem, communem et profundam, quae fines transcendit, recuperabit, hereditatem nostram classicam cum futuro identitatis communis sine hegemoniis linguisticis coniungens. Latina lingua, unitas nostra.

De hodiernis scriptis, die Solis, Kalendis Februariis, anno MMXXVI: prima, picturae humoristicae hebdomadae; secunda, tertia, quarta et quinta, articuli a Paulo Krugman, Timotheo Snyder, Roberto Reich et Timotheo Garton Ash, respective, de crisi democratiae Americanae. Laeti estote, quaeso. Cras iterum vos videbimus, si Fortuna voluerit. Tamaragua, amici mei. Oscula. Vos amo. HArendt












ENTRADA NÚM. 9802