martes, 7 de abril de 2026

VIVIENDO EN EL INFIERNO. CRÍMENES DE GUERRA EN CAMINO: UNA ACTUALIZACIÓN ESCALOFRIANTE. ESPECIAL NOCHE TRES DEL MARTES, 7 DE ABRIL DE 2026

 









Es posible que Estados Unidos, tal como lo conocemos, llegue a su fin el martes. Hola, soy Paul Krugman. Actualización del domingo por la mañana. Ayer comenté lo terrible que fue el mensaje de Trump sobre la gloria a Dios y todo eso, pero hoy la situación es mucho, mucho peor. Enseguida citaré a Trump.

Pero permítanme hacer como Heather Cox Richardson y hablar de historia por un segundo. Piensen en lo que dijo Abraham Lincoln, un presidente que en realidad estaba ganando su guerra, en su segundo discurso inaugural. Probablemente todos hayan escuchado la magnífica conclusión, que comienza,

Sin malicia hacia nadie, con caridad para con todos, con firmeza en lo justo según Dios nos permite discernir lo justo, esforcémonos por terminar la obra que tenemos entre manos.

Determinación, humildad, decencia. Ahora, déjenme leerles la publicación de Donald Trump en Truth Social de esta mañana:

El martes será el día de la central eléctrica y del puente, todo en uno en Irán. No habrá nada igual. ¡Abran el maldito estrecho, malditos locos, o vivirán en el infierno! Ya verán. Alabado sea Alá.

¿Qué nos pasó? Este no es el país que deberíamos ser.

Si Trump realmente va a dar la orden de cometer crímenes de guerra masivos, de destruir infraestructura civil, centrales eléctricas y puentes, lo que, entre otras cosas, provocará muchas muertes en Irán, ¿obedecerán los militares? Hace un año, habría dicho que no.

Pero lo que sí sabemos ahora es que, en primer lugar, existe al menos un componente significativo de MAGA dentro del cuerpo de oficiales. Y sabemos que Pete Hexeth ha estado corrompiendo y desmantelando sistemáticamente las fuerzas armadas durante los últimos 14 meses. Generales que plantean preocupaciones éticas han sido despedidos. Oficiales que simplemente quieren ser inteligentes en materia de guerra y no creen que todo se reduce a la ética guerrera y la letalidad han sido despedidos, por lo que es muy posible que exista un grupo de oficiales dispuestos a seguir instrucciones para cometer crímenes de guerra.

Se puede llegar a ser aún más pesimista. Tim Snyder ha estado argumentando que básicamente nos estamos preparando para un golpe de Estado, que de alguna manera la guerra será una farsa y que esta expansión desmesurada del gasto militar en el último presupuesto de Trump es un soborno a las fuerzas armadas.

Espero que se equivoque. Pero en cualquier caso, Dios mío, si Trump se sale con la suya y no se acobarda —y creo que TACO está muy sobrevalorado—, creo que con demasiada frecuencia Trump sí que lleva a cabo sus locuras.

Es muy posible que para el martes, Estados Unidos se haya consolidado como uno de los grandes villanos del mundo. No quiero estar aquí, pero, ya saben, estén advertidos. Esto está sucediendo. Esto es real.

Es lo más asombroso y horrible que he visto en mi vida, y todos hemos visto muchas cosas horribles. Cuídate, supongo. PAUL KRUGMAN es premio Nobel de Economía. Publicado en Substack el 5 de abril de 2026.














REFLEXIÓN DEL DOMINGO: ¿HUMOR? LIGEREZA EN TIEMPOS OSCUROS. ESPECIAL UNO DE LA NOCHE DEL MARTES, 7 DE ABRIL DE 2026

 







Amigos: Alguien me escribió ayer diciendo que mi publicación del Día de los Inocentes («Por qué me presento») le pareció de mal gusto: «Tu patético intento de humor llega en medio de una guerra sin sentido donde las bajas se acumulan e incluso mueren niños. Los sádicos agentes de un presidente monstruoso han asesinado hasta ahora a dos estadounidenses y siguen aterrorizando a los inmigrantes. Y estamos perdiendo nuestra democracia. ¡Esto no es para tomárselo a broma!».

Bueno, fue un intento de humor. Y tal vez no salió muy bien. Pido disculpas a cualquiera que, como este tipo, lo haya considerado de mal gusto.

Pero necesito decir algo sobre el humor en tiempos tan oscuros como estos.

Necesitamos humor. Trump no es motivo de risa , pero necesitamos un respiro de la interminable mediocridad que representa, de su régimen y de la ira y la intolerancia que ha alimentado.

Por eso es importante que nos burlemos, no solo de Trump y sus secuaces, sino también de nosotros mismos.

Hace unas noches cené con unos amigos. Uno me contó una historia divertidísima sobre cómo conoció a su pareja. Otro me habló de cómo lo despidieron de su primer trabajo, y lo hizo con tanto humor autocrítico que nos partimos de risa. Yo también conté mis propias anécdotas. Nos reímos sin parar durante dos horas. Volví a casa más descansado que en semanas.

No me malinterpreten. Me tomo muy en serio los temas que me importan. Pero intento no tomarme a mí mismo demasiado en serio. En momentos como este, si no podemos reírnos de vez en cuando —incluso a costa nuestra— podemos caer fácilmente en un estado de pesimismo y desánimo constantes.

Por eso, a veces intento aligerar estas páginas con un poco de humor, aunque no siempre dé en el clavo. O, como dijo Julie Andrews, una pizca de azúcar hace que la medicina baje mejor.

De hecho, se sabe desde hace miles de años que el humor en sí mismo puede ser beneficioso para la salud. Proverbios 17:22: «Un corazón alegre es buena medicina, pero un espíritu abatido debilita a la persona». O, si prefieres la sabiduría popular por excelencia : «La risa es la mejor medicina».

Amigos míos, sé que son tiempos difíciles. Por eso mismo es tan importante buscar maneras de aliviar la tensión.

Por favor, cuídense mucho y den un fuerte abrazo a sus seres queridos. ROBERT REICH es economista y profesor de la Universidad de California en Berkeley. Publicado en Substack el 5 de abril de 2026.
















DEL SABOR DEL CAFÉ. HOY, NADA NOS LIBRA DE LA CRUELDAD. ESPECIAL TARDE DE HOY MARTES, 7 DE ABRIL DE 2026

 







Cuando los vigilantes morales de los cuentos ponen sus sucias manos sobre los mitos fundacionales de la narrativa oral, me pregunto por qué en vez de empeñarse en corregir lo viejo no se inventan personajes adecuados al presente. Es lo que hizo Roald Dahl con astucia: inventó nuevos héroes y heroínas, aunque jamás desdeñó la esencia de esas historias resistentes al tiempo como el pedernal. Los malvados de Dahl lo son sin redención posible; en cambio, los buenos brillan por su inteligencia y valentía. Esta tensa dualidad, sumada a la desbordante fantasía de sus novelas, convirtió a Dahl en el autor más querido de la infancia. Es, sin duda, una idea maniquea de la vida que tal vez procediera de la propia infancia del autor en un internado inglés donde maltrataban tanto maestros como estudiantes mayores, todos empeñados en destrozar la infancia de un niño que miraba cada noche por la ventana hacia el punto cardinal donde suponía que estaba el hogar materno.

Dahl fue un aliado entusiasta de la infancia, pero, ay, nada nos libra de la crueldad, ni tan siquiera a aquellos que la han padecido. He visto estos días Giant (Gigante), una obra que trata de un capítulo muy concreto de la vida de Dahl, escrita por Mark Rosenblatt, primera obra de un autor que, anticipándose por unos días al brutal atentado del 7 de octubre y sus despiadadas consecuencias, aborda sin haberlo previsto el asunto moral de nuestros días: la crueldad inmisericorde del Estado de Israel. La obra colgó el cartel de no hay entradas desde la primera semana, ha ganado todos los premios posibles, sobre todo a la maestría del gran actor, John Lithgow, y ahora triunfa en Broadway. A España nos la ha traído nuestro Josep Maria Pou, gigante en altura real e interpretativa.

Cuenta Giant el momento en que la editora americana manda a Inglaterra a una emisaria para tratar de convencer al autor de que pida disculpas por una reseña en la que acusaba al pueblo judío, en general, de los mortíferos bombardeos del ejército israelí contra víctimas civiles en Beirut, durante la guerra de Líbano de 1982. La editorial anima al autor a retractarse de sus palabras, porque a punto está de aparecer en el mercado su novela Las brujas (que gozó de gran éxito), y la confusión entre lo israelí y lo judío está siendo entendida como un inaceptable antisemitismo. Dahl se indigna y nosotros, los espectadores, aun observando a un tipo arrogante, entendemos esa coacción de la editorial como una consecuencia de la naciente corrección política que empuja a los autores a ser diplomáticos más allá de su obra. Como es lógico, la masacre actual nos sitúa del lado de Dahl en el primer acto, pero en el giro brillante del segundo vamos descubriendo que nuestro autor, además de la piedad hacia los inocentes, también está poseído por un antisemitismo despreciable muy de su época, de su país, de su clase social. Y se nos torna desagradable y oscuro.

Rosenblatt ha querido retratar al autor amado en su discutible complejidad, y sacude los principios del espectador, hasta el punto de que nos lleva a preguntarnos si la repulsión hacia las atrocidades del Estado de Israel no nos puede arrastrar a culpar a un pueblo entero. ¿Cómo mantener la cabeza fría cuando el corazón está que arde? Los asesinos envilecen a su pueblo, pero su pestilencia también acaba por atufarnos a nosotros. Cuánto se echan de menos voces como la de Primo Levi: “Lo que me preocupa es una evolución de Israel en el sentido militarista, una actitud fascistoide que subyace de manera larvada... Siento [a Israel] como mi segunda patria y lo querría diferente a todos los demás países. Precisamente por esto siento angustia y vergüenza por las acciones en los campamentos de refugiados. Desconfío de los éxitos obtenidos con el empleo dañino de las armas”. Lo mejor que puede provocar una obra es que los espectadores debatan a la salida del teatro protagonizando un tercer acto que aquí está servido. ELVIRA LINDO es escritora. Publicado en El País del 5 de abril de 2026.




















AGURRA NIRE HERRIALDEKO HIZKUNTZETAN. GAUR, ASTEARTEA, 2026KO APIRILAREN 7A, EUSKARAZ

 






Kaixo, egun on berriro guztioi, eta astearte on. Gerra? Okerrera doa; ez dut ulertzen nola espero dezakezun beste ezer erabakiak Donald Trump izeneko buru lauko batek hartzen dituenean, Ameriketako Estatu Batuetako presidentea ere badenak. Baina jarrai dezagun gaurko mezuekin. Lehenengoan, Irene Vallejo idazleak dio inpartzialak garela sinetsi nahi dugula, gure iritziak aurreiritzirik gabe sortzen direla, kristalezko iturri garbiak bezala, baina errealitatean, zientziaren arabera, giza ezagutza aurreiritzien maldan behera irristatzen dela, eta ohikoenetako bat afinitatea dela: hobe antzeko txarra ona ezezaguna baino. Bigarrena, John Carlin idazleak 2017ko uztaileko blog sarrera bat da, non presidenteak, bere lehen agintaldian, CNNko bi telebista aurkezleren aurka odola eta behazuna bota berri zuen txio sinestezina, desorekatua izan arren, kontatzen duen, Estatu Batuetako komandante nagusi gisa duen rolarekin bat ez datorren gorila baten antzeko jarrerarekin. Hirugarrena, beti bezala, eguneroko poema da. Gaur, gerraren izugarrikeriaren aurkako poema sorta jarraituz, Miguel Hernández poeta espainiarrarena da, eta "Eskuak" izenburua du. Laugarrena, beti bezala, marrazki bizidun umoretsuak dira, eta amaitzeko, egunero bezala, arratsaldero kafearen zaporea eta gaueko bereziak, baldin badaude —eta badaude, sorginak bezala Espainia den lurralde zahar honetan—. Tamaragua, lagunok. Bihar arte, zorteak uzten badizu. Izan zaitezte zoriontsuak, otoitz egiten dizuet: merezi duzue. Musuak. Maite zaituztet. HArendt















ENTRADA NÚM. 10187

DEL TEMA DE CADA DÍA. HOY, A TU IMAGEN Y SEMEJANZA

 







A lomos de su rocín flaco, entre desagravios y entuertos, afirma don Quijote que la libertad es uno de los más preciosos dones, por encima de los tesoros que encierra la tierra y el mar encubre. Aplaudimos esas palabras al unísono. Sin embargo, muchas de las voces que sacralizan la autonomía individual se enfurecen contra sus efectos. Añoran las ciudades sin inmigrantes, las tradiciones sólidas, el idioma único, la sangre sin mezcla. Cunde la ansiedad porque en este océano de posibilidades se diluyen nuestras costumbres de siempre, emergen valores nuevos y fluyen identidades líquidas. Los nostálgicos de la uniformidad parecen ignorar que la fuente de todas las diversidades es, precisamente, la libertad.

Nos gusta creer que somos imparciales, que nuestras opiniones brotan limpias de prejuicios, como manantiales cristalinos. En realidad, según la ciencia, el conocimiento humano tiende a resbalar por la pendiente de los sesgos. Uno de los más habituales es el de afinidad: más vale malo semejante que bueno por conocer. Numerosos estudios revelan que, si sentimos similitud con alguien, de forma inconsciente nos parecerá mejor persona. La misma ciudad o color de piel; orígenes, cualidades y trayectorias semejantes crean sigilosamente una predisposición favorable. Un resorte interno nos impulsa hacia esa constelación de rasgos compartidos, hacia el anhelo de un mundo homogéneo que resulte previsible, seguro, tranquilizador. En cambio, lo diferente o mestizo genera inquietud, incluso dentro de uno mismo. Así lo advierte el Lazarillo de Tormes, un clásico español poco sospechoso de veleidades inclusivas. Cuando el padre del niño Lázaro muere en la guerra, la madre viuda, viéndose sin marido ni abrigo, empieza a tener trato carnal con un hombre negro, trabajador en unas caballerizas, “porque traía pan, pedazos de carne y en el invierno leños con que calentarnos”. Al principio Lázaro tenía miedo, pero empezó a encariñarse con el extraño cuando vio que mejoraba el comer. “Con tanta visita, mi madre vino a darme un hermano negrito muy bonito, al que yo brincaba en mis rodillas”. El pequeño, al ver a su padre tan distinto del resto de la familia, lo señaba con dedo miedoso y decía: “¡Madre, coco!”. Y así concluye el protagonista: “¡Cuántos debe de haber en el mundo que huyen de otros porque no se ven a sí mismos!”.

Los sesgos cognitivos son atajos mentales para pensar rápido. Gracias a ellos encadenamos ideas sin demasiada lógica, con distorsiones, pero aprisa. Son herramientas evolutivas que tienen sentido cuando la supervivencia depende de una respuesta inmediata, no de un análisis profundo —es decir, rara vez en nuestras vidas actuales—. Esa misma velocidad nos arrastra hoy a equivocarnos, presa de tópicos o conclusiones apresuradas. En general no somos conscientes cuando circulamos por la ruta breve. Si queremos contrarrestar las pendientes deslizantes de nuestra percepción es preciso conocerlas —y reconocerlas—. En particular, ese gusto por lo afín es el origen de nuestro deseo, un tanto irracional, de rodearnos de personas a nuestra imagen y semejanza. Esta forma de pensar conduce a exagerar diferencias que no son decisivas. Ante la asombrosa variedad del mundo, el pensamiento rápido —y simple— acentúa lo dispar, mientras el razonamiento sosegado —y complejo— descubre lo compartido.

Los relatos fundacionales de las diversas culturas reflejan la curiosidad humana, siempre palpitante, por nuestros orígenes. Aunque fabulosamente variados, coinciden en un mensaje compartido: nos hicieron iguales, del mismo material. Dependiendo de la geografía de las narraciones será barro, maíz, nieve... Entre los más poéticos encontramos, en el antiguo Egipto, el mito heliopolitano del nacimiento de la humanidad. Cuenta que el dios Atum, creador de la tierra y todas las cosas, vivía aburrido en una tediosa colina rodeada de agua. Tan poderoso como soy —decía— y no tengo compañía. Cierta vez estornudó, y de sus espasmos nasales surgieron su hijo Shu y su hija Tefnut. Ambos jóvenes eran curiosos, querían ver mundo más allá del cerro natal. Partían y cada vez tardaban más en regresar, hasta que Atum, de nuevo solo, los perdió de vista por completo. Cuando un buen día los vio retornar a salvo, las primeras lágrimas del mundo rodaron por su rostro paterno. Al caer a la tierra se transformaron en pequeños seres, la especie humana, hija de un llanto de alegría.

En esas leyendas late la intuición de que somos muy semejantes. Como afirma el antropólogo Agustín Fuentes en su ensayo La chispa creativa, la ciencia ha probado que pertenecemos a una única raza de individuos muy afines. “Ni la genética, ni el comportamiento, ni la altura, ni la forma del cuerpo, la cara o la cabeza, ni el color de la piel, ni la nariz, ni el tipo de pelo ni ninguna otra medida biológica divide a los humanos modernos en subespecies”. A pesar de habernos extendido por todo el planeta, permanecemos extremadamente cohesionados desde el punto de vista genético. La idea de raza, explica, carece de base evolutiva, “es una categoría creada y mantenida en lo social, histórico y político”. El concepto de las diferencias irreconciliables ha sido, durante siglos, una herramienta útil para azuzar bandos y alentar el odio. Da resultado por los sesgos y la desconfianza alojada en nosotros hacia lo desconocido.

En los últimos tiempos, algunos líderes atizan el fuego del miedo y reviven el debate de la convivencia con los extranjeros. Afirman conocer lo que la ciudadanía quiere, cuando en realidad están intentando modelar sus percepciones. Nos dicen: “Os oímos”. Pero el sociólogo Hein de Haas, tras estudiar durante décadas los flujos de opinión, concluye en Los mitos de la inmigración que la gente piensa, en general, de forma mucho más matizada que sus líderes, contemplando pros y contras. Conscientes del valor emocional de las percepciones, políticos partidarios de la mano dura contra la inmigración espolean el sesgo de afinidad al servicio de sus intereses. Paralelamente, las redes sociales no solo complacen, sino acentúan esos mismos prejuicios para cautivar la atención. Unos y otras rentabilizan el señuelo del odio, fuente de errores y horrores.

Se suele pensar que la xenofobia aumenta en proporción a la presencia de forasteros, pero los estudios prueban que las sociedades con un historial más largo de acogida y mestizajes suelen ser más abiertas. Con frecuencia, las comunidades de frontera se muestran más hospitalarias, porque comparten un largo pasado de convivencia. Familiarizarse con extranjeros favorece la mutua confianza, y no a la inversa, sobre todo si hay mezcla y si las generaciones jóvenes se escolarizan de forma natural junto a niños inmigrantes. En cambio, la segregación por barrios y escuelas abre trincheras. A largo plazo, el racismo mengua cuando la gente se habitúa a convivir en tranquila vecindad, y contempla a los demás como individuos, no como epítomes andantes de la incompatibilidad cultural. Cuanto más se relacionan propios y ajenos, iguales y distintos, más claramente emergen las semejanzas que nos unen. Y ahí, en el encuentro cotidiano, se tejen las alianzas de lo humano compartido. Los egipcios creían que la prole de los dioses nació de un par de estornudos; nosotros, los mortales, algo más líricos, fuimos lágrimas. A fin de cuentas, todos, divinos y carnales, gotas en el mismo charco. Secreciones de la alergia o la alegría de Atum, no somos tan diferentes ni podemos permitirnos ser indiferentes. IRENE VALLEJO es filóloga y escritora. Publicado en El País del 5 de abril de 2026.










DEL ARCHIVO DEL BLOG. HOY, ¿HA HABIDO ALGÚN LÍDER MÁS RIDÍCULO EN LA HISTORIA? PUBLICADO EL 3 DE JULIO DE 2017

 






Lo más increíble no es que Donald Trump soltara otra tuitorreada de adolescente trastornado la semana pasada, escupiendo sangre y bilis contra una pareja de presentadores de televisión. Ni que ayer el comandante en jefe de Estados Unidos recurriera a una ofensiva gorilesca en su guerra santa contra la CNN.

Lo más increíble no es que Trump degrade la dignidad de su cargo, la de su país y la de su lengua cada vez que convierte sus impulsos en palabras.

Lo más increíble no es, como detalló The New York Times la semana pasada, que haya dicho más de cien mentiras en los cinco meses pasados desde su investidura.

Lo más increíble no es que sus extranjeros favoritos sean déspotas rusos, filipinos o saudíes.

Lo más increíble no es que el presidente de Estados Unidos sea el líder más raro del planeta, con la posible excepción del de Corea del Norte.

Lo más increíble no es que la totalidad de sus conocimientos del mundo cabrían cómodamente dentro de una lata de Coca-Cola.

Lo más increíble no es que cuando el hombre más poderoso del planeta se reúna esta semana con los líderes del G20 en Hamburgo él sera, de lejos, el más bobo y el más irresponsable de la clase.

Todo esto lo saben perfectamente bien Angela Merkel, Emmanuel Macron, Vladímir Putin y Xi Jinping. Lo saben ustedes, queridos lectores. Lo sabe la gran mayoría de los miembros del Congreso norteamericano, los jueces de la Corte Suprema, los gobernadores de los 50 Estados. Lo tienen que saber también los miembros de su gabinete, obligados todos a tratarle como un niño malcriado, o un perro rabioso, o un loco rey feudal.

Por eso lo que sí es increíble, lo más increíble y lo más aberrante de la época en la que vivimos, es que el Congreso, la Corte Suprema, los gobernadores y los miembros del gabinete presidencial de Estados Unidos aguanten que semejante energúmeno ocupe el cargo más peligroso de la tierra, que no le hayan destituido por el bien de su país y el de la humanidad; que no hayan recurrido a la Constitución o al sentido común o a lo que sea para forzar su salida; que no hayan seguido la lógica del senador del partido republicano que dijo la semana pasada, como respuesta a aquel grotesco tuit presidencial contra los dos periodistas: “Pare. Por favor pare ya”.

Si fuese el gerente de un local de McDonald’s lo hubieran despedido hace tiempo. Pero no. Pasan los días, uno se despierta por la mañana, y ahí sigue Trump.

¿Ha habido alguna vez en la historia algún líder en el que la discrepancia entre el alcance global de su poder y la ridiculez de su persona haya sido más abismal? Quizá algún emperador romano. Invito a que los lectores hagan propuestas. JOHN CARLIN  es escritor. Publicado en El País el 3 de julio de 2017.
























DEL POEMA DE CADA DÍA. HOY, LAS MANOS, DE MIGUEL HERNÁNDEZ

 






LAS MANOS




Dos especies de manos se enfrentan en la vida,

brotan del corazón, irrumpen por los brazos,

saltan, y desembocan sobre la luz herida

a golpes, a zarpazos.


La mano es la herramienta del alma, su mensaje,

y el cuerpo tiene en ella su rama combatiente.

Alzad, moved las manos en un gran oleaje,

hombres de mi simiente.


Ante la aurora veo surgir las manos puras

de los trabajadores terrestres y marinos,

como una primavera de alegres dentaduras,

de dedos matutinos.


Endurecidamente pobladas de sudores,

retumbantes las venas desde las uñas rotas,

constelan los espacios de andamios y clamores,

relámpagos y gotas.


Conducen herrerías, azadas y telares,

muerden metales, montes, raptan hachas, encinas,

y construyen, si quieren, hasta en los mismos mares

fábricas, pueblos, minas.


Estas sonoras manos oscuras y lucientes

las reviste una piel de invencible corteza,

y son inagotables y generosas fuentes

de vida y de riqueza.


Como si con los astros el polvo peleara,

como si los planetas lucharan con gusanos,

la especie de las manos trabajadora y clara

lucha con otras manos.


Feroces y reunidas en un bando sangriento

avanzan al hundirse los cielos vespertinos

unas manos de hueso lívido y avariento,

paisaje de asesinos.


No han sonado: no cantan. Sus dedos vagan roncos,

mudamente aletean, se ciernen, se propagan.

Ni tejieron la pana, ni mecieron los troncos,

y blandas de ocio vagan.


Empuñan crucifijos y acaparan tesoros

que a nadie corresponden sino a quien los labora,

y sus mudos crepúsculos absorben los sonoros

caudales de la aurora.


Orgullo de puñales, arma de bombardeos

con un cáliz, un crimen y un muerto en cada uña:

ejecutoras pálidas de los negros deseos

que la avaricia empuña.


¿Quién lavará estas manos fangosas que se extienden

al agua y la deshonran, enrojecen y estragan?

Nadie lavará manos que en el puñal se encienden

y en el amor se apagan.


Las laboriosas manos de los trabajadores

caerán sobre vosotras con dientes y cuchillas.

Y las verán cortadas tantos explotadores

en sus mismas rodillas.




MIGUEL HERNÁNDEZ (1910-1942)

poeta español




***



Miguel Hernández Gilabert (1910-1942) fue un poeta y dramaturgo de especial relevancia en la literatura española del siglo XX. Aunque tradicionalmente se le ha encuadrado en la generación del 36, Miguel Hernández mantuvo una mayor proximidad con la generación anterior hasta el punto de ser considerado por Dámaso Alonso como «genial epígono» de la generación del 27. Actualmente —y tras las interesantes aportaciones de A. Sánchez Vidal— se le asocia a la Escuela de Vallecas. Los libros fueron su principal fuente de educación lírica, convirtiéndose en una persona totalmente autodidacta en este aspecto. Los grandes autores del Siglo de Oro: Miguel de Cervantes, Lope de Vega, Pedro Calderón de la Barca, Garcilaso de la Vega y, sobre todo, Luis de Góngora, oficiaron como sus principales maestros. Murió en la prisión de Alicante, en la que estaba recluido, a los 32 años de edad. Fuente: Wikipedia.






















DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY MARTES, 7 DE ABRIL DE 2026