jueves, 5 de mayo de 2011

Determinismo






Un basural en la República Dominicana




Me gusta cultivar las relaciones con mis amigos, sobre todo -perdónenme los caballeros- con mis amigas. No creo que haya muchas personas tan sumamente orgullosas como yo de sus amigas, orgullo que me es deparado por el inmerecido aprecio que ellas me dispensan y no por mis propios méritos. Mis otras grandes pasiones son mi familia, la teoría política, la historia y la literatura. La mayor parte de las veces van entrelazadas tan estrechamente, que me resulta difícil separar unas de otras. 

Hoy vuelvo a referirme a una de esas amigas entrañables, y en esta ocasión la cito con nombre y apellidos: María Victoria Embid, que me honra con su amistad y su cariño desde hace muchos años. Madrileña, madre, trabajadora, que además escribe, y muy bien, relatos cortos de contenido social, con lo que ha ganado ya varios premios. Uno de ellos: "Desierto y mar"  me permitió publicarlo en el blog en Febrero del pasado año.

Hace unas semanas, ganó otro premio en el XI Certamen de Relatos Cortos "Únete", (en la foto, situada junto al Secretario General Confederal de UGT, Cándido Méndez) que convoca dicha central sindical, con un relato triste, intimista y desesperanzado. escrito en primera persona, por el protagonista del mismo, un muchacho dominicano que sobrevive a duras penas en uno de los innumerables basurales que rodean muchas ciudades de la América hispana y del tercer mundo. Se titula "Determinismo", un término que en la definición que da del mismo el Diccionario de la Real Academia, designa a la teoría que supone que la evolución de los fenómenos naturales está completamente determinada por las condiciones iniciales. 

Es un honor para mi blog y para mí publicarlo, con su consentimiento, y con la esperanza de que les resulte lectura interesante. Y espero que sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt




DETERMINISMO 
María V. Embid

Desde que Enrique, el cooperante, no está, aquí todo nos va muy mal, como dice mi abuela, vamos “de mal en peor”. Hace unos meses mi padre murió. Mi madre también murió hace algunos años. Estábamos enterrando a mi padre y sus huesos aún no habían tocado tierra, cuando comenzó a hacer un viento de esos que nubla la visión y le dejamos allí con el cuerpo a medio enterrar.  Dicen que ese viento viene del Interior. Yo nunca he estado allí, bueno en realidad nunca he salido del batey. Sé que aquí vivo y aquí moriré, eso dice mi abuela. Ella vino a este país desde Haití y se quedó en la ribera del río, al resguardo de las basuras de República Dominicana. Las basuras nos dan para vivir, lo peor es la enfermedad. Yo tengo deformados los pies y apenas puedo caminar. A mi me gusta bailar y cuando lo hago otros chicos se ríen de mí. Yo lo sé, pero no me importa, me gusta hacer reír, al menos, Wilson, el niño bailón,  como me llaman, sirve para algo.  El viento del interior se convirtió en  huracán y éste atrajo a las  tormentas y se puso a llover como nunca había visto, y eso que yo no he visto mucho, pero mi abuela decía que nunca había visto llover así, decía que esos vientos calientes vienen de África, los mismos que había cuando sus antepasados esclavos estaban allí, y que ahora, sus almas contrariadas vienen en forma de viento atrayendo a los aguaceros. Yo no sé donde puede estar ese lugar, creo que está al sur del batey, pero son suposiciones mías porque, ni siquiera la abuela, sabe donde puede encontrarse. 

Dicen que en la ciudad, cuando el cielo se pone así de revoltoso,  sacan a las personas de sus casas para que nada malo les pase, pero a nosotros no nos dicen nada, quizás porque aquí somos tan pobres que ni el viento puede golpearnos. Mi abuela dice que para ellos no existimos porque las basuras nos hacen invisibles. Ella a veces nos habla así. Todos lo primos que vivimos con ella nos reímos cuando lo hace. La tía nos dice que no le hagamos mucho caso, que desde que le “pasó el agua” la santera, anda diciendo tonterías, pero a mi me parece que tiene razón.

Cuando empezó a llover las chabolas comenzaron a quebrarse. El aguacero llegó de repente, como grandes olas de agua, no tuvimos tiempo de esconder nada, lo único que pudimos hacer fue escondernos nosotros mismos, allí acurrucados entre las basuras. Estoy tan acostumbrado a las basuras que me encuentro a gusto entre ellas, forman parte de mí o yo formo parte de ellas. Mi abuela dice que estamos entre lo que somos y que, cuando alguien entra en el batey, no distingue cuando empieza la basura y cuando empezamos nosotros. Mi tía ríe cuando mi abuela habla así, pero yo creo que a veces la basura y nosotros somos como la misma cosa.

Cuando el río comenzó a crecer y rebosar los campos a eso de la media noche, yo estaba muy dormido y me despertó el estruendo y el agua que ya me calaba los huesos. La abuela comenzó a hablar al cielo. Mi tía chillaba y le decía que se dejara de llamamientos,  que había que despertar a los chicos, pero mis primos y yo ya estábamos despiertos, nos despertó el agua en las camisas ya caladas como cuando nos bañamos en el río. Me levanté y seguía lloviendo sin parar. El cielo estaba negro como un montón de basura quemada. Me asomé al río pero había perdido sus orillas y ya la basura flotaba en el agua. En la chabola, el agua sonaba a chorros como cuando nos cae un cubo para darnos de restregones. Entre mi primo el grande y yo, tratamos de parapetarla, pero para entonces, ya caía con tanta fuerza que “a pocas” no se nos lleva  también. Por él, por mi primo, supe que la riada se había llevado a Patosa, nuestra gallina, era ya vieja pero ponía huevos muy grandes, en más de una ocasión le había salvado de hacer puchero para varios días o meses. 

Las noticias nos llegaron días después, cuando nos dijeron a los que estamos abajo, que la riada se había llevado la nave central de nuestra escuela y que las cosechas del huerto fueron desperdiciadas a causa del gran chapoteo. Mi abuela decía que tal cantidad de lluvia nunca podría ser tragada por la tierra y parece ser que así fue, porque en los meses que siguieron, las montañas de basura se habían encogido como cuando se nos encoge el estómago de no comer.  La abuela nos decía que eso sería nuestro final. Y algo de razón llevaba porque al poco tiempo comenzamos a enfermar por beber de aquella agua parduzca. De “aquellas”, mi primo el chico se murió y la abuela lo enterró una mañana. 

Cuando los cielos se abrieron y  la lluvia pareció templarse, mis primos y yo intentamos ir a la escuela, lo hicimos cruzando el lodazal que cubría los caminos hacia la vereda. La nave central de la escuela estaba anegada, el huerto encharcado bajo el lodo y el invernadero, llenito de semillas, había corrido con la riada, como Patosa. 

Las semillas las había traído Enrique desde España. En el suelo solo quedaba una parte del papel del embalaje en el que se podía ver “ISCOD”. Yo no conozco muy bien las letras pero las recordaba porque mis primos y yo habíamos arrastrado los sacos desde la camioneta cuando Enrique las trajo de Almería. 

En la escuela nos daban los desayunos por las mañanas. Por eso íbamos. Y lo hacíamos limpitos y con nuestras camisetas blancas. Yo tardaba mucho en atravesar el huerto para llegar a la nave de la leche y, cuando llegaba, a veces se había acabado, pero el señor que manda, siempre tenía un poco más, para los que como yo, íbamos a empellones y algo trastabillados. Venían muchos señores por aquí, de España nos decían. Nos regalaban camisetas blancas que usábamos para venir a la escuela. Esos hombres nos cogían afectos y nosotros a ellos también, pero siempre se terminaban yendo. Yo, la última vez que vino Enrique, pensé en irme con él, al menos eso me dijo, que me llevaría con él a España, decía que allí me curaría pero eso fue antes de los aguaceros. La mañana que se iba, yo llegué con mi zurrón y fui a pedir a la abuela una zamarra pues me habían dicho que fuera del batey hacía frío. 

- Me voy a España abuela.  

- ¿Dónde está eso?

 - No lo sé abuela, supongo que está a la vuelta de África. 

- Está bien no te tardes. El cielo anda revuelto.

Aquella mañana me levanté temprano, el último tramo, lo hice casi volando. Jamás pensé que mis piernas pudieran correr tanto apenas sostenidas por un solo pie en el suelo. Cuando llegué, Don Rafael, estaba trabajando en el huerto y las escuelas estaban vacías. Era temprano, casi no había amanecido, lo supe porque el sol todavía no había echado sus rayos sobre el batey. Pensé que había llegado demasiado pronto y esperé hasta que Enrique llegara, y lo hice allí, sentado en el alféizar de la entrada.  No supe cuanto tiempo estuve allí, ni cuanto tiempo había pasado, no escuché el murmullo de los niños al entrar, ni el ruido de los peroles de leche chocando contra el suelo, porque cuando la nave central estuvo repleta, yo todavía seguía sentado en el poyete con mi zurrón y la zamarra colgados de mis piernas. A eso de la media tarde don Rafael me encontró. Sé que era media tarde porque el sol ya casi se había volteado del todo.   

  -¿Qué haces aquí todavía? - me preguntó -  Espero a Enrique. Me voy del batey. Me acarició con su mano blanca y pude adivinar que, Enrique, ya no vendría a buscarme. Me encontraron días más tarde al atardecer. Las sombras se inclinaban hacia el lado oeste de las basuras, por eso supe que el sol estaba cayendo. Yo estaba encogido de hambre y sería por lo de las basuras y eso de que te hacen invisible, como decía la abuela, porque tardaron varios días en encontrarme, eso me contaron cuando me llamaron  – Nos manda la tía a buscarte – me dijo mi primo el grande. Yo me quedé un poco más entre las basuras, en esos momentos y por primera vez, sentí el viento cálido y húmedo sobre mi cuerpo, ese mismo viento que, una vez estuvo todo encima de nosotros, no nos traería nada bueno. Cuando llegué a casa busqué los brazos de la abuela, ella miraba las nubes, decía que estaban preñadas de almas negras y que tarde o temprano el cielo las escupiría todas. Y no le faltó razón.

Después de la marcha de Enrique, seguí yendo a la escuela. Don Rafael me dijo que no me preocupara, que volvería en otra ocasión. Pero no lo hizo. Aún así yo le esperé a la mañana siguiente y a la otra también, hasta que no quise esperar más. Días más tarde, fue cuando el río comenzó a perder sus orillas y  las aguas a rebosar los campos.

Un día, por Don Rafael, me enteré que Enrique había desaparecido. Poco después nos llegaron noticias de que se le había llevado la riada en la capital. Se le llevó como a mi gallina. Yo pensé que eso solo nos pasaría a nosotros por eso de ser invisibles, quizás,   Enrique también lo era, un invisible de piel blanca. Y algo de eso tuvo que ser, porque un día alguien le trajo en un puchero repleto de cenizas. Le habían quemado como a un montón de basura y las arrojaron en un montículo que hay detrás de la escuela.  Allí, todos los niños rezamos al cielo, ese cielo que un día furioso se nos llevó lo que teníamos. En esos momentos me acordé de mi padre al que habíamos dejado con el cuerpo a medio enterrar, quizás su cuerpo también se lo llevó la riada, mejor que ya estuviera muerto y no penara esa travesía, porque como dice la abuela, la vida es un camino que nos adentra entre las basuras. 

A veces miro a la abuela. Ya no mira al cielo. Está triste. En realidad creo que siempre lo ha estado. Esta mañana, después de la escuela he ido a las basuras. Allí he vuelto a notar el viento, ese viento cálido y húmedo. Le he seguido. Me ha llevado hasta el mar. Allí he bailado entre las olas, he bailado hasta dejar de sentir el agua bajo mis pies. Entre todas las almas negras contrariadas. Entre la envoltura del viento y del mar. Allí me he fijado en ese trozo de cielo que ha vuelto a ser azul y, con la mano, he dicho adiós a ese viento cálido y húmedo que dicen viene de África.




Vicky Embid (centro de la foto) junto a Cándido Méndez





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Una mirada a la pobreza

lunes, 2 de mayo de 2011

La Oreja de Van Gogh homenajea a las víctimas de los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid

sábado, 30 de abril de 2011

Diario de Sesiones de las Cortes de Cádiz - Abril de 1811






José I Bonaparte, Rey de España (1808-1813)






Octava entrega mensual del Diario de Sesiones de las Cortes de Cádiz. En esta ocasión, el correspondiente al mes de abril de 1811. Pueden acceder a él en este enlace de la página electrónica del Congreso de los Diputados español. Espero que les resulte interesante. Sean felices, por favor. Tamaragua, amigos. HArendt







La carga de los mamelucos (Francisco de Goya, 1746-1828)





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Galería de retratos de los Secretarios de Estado españoles durante el reinado de José I Bonaparte (1808-1813)

sábado, 23 de abril de 2011

Stéphane Hessel: ¡Indignaos, jóvenes de Europa!






Stéphane Hessel




Estoy con él, decididamente. "Él, es Stéphane Hessel, por supuesto. Y con el llamamiento a la juventud europea que se contiene en su libro-manifiesto "¡Indignaos!" (2), que pueden leer íntegramente en este enlace. Pero me abruma y desasosiega observar el ingenuo voluntarismo de muchos bienintencionados, la puerilidad ignorante de otros y el oportunismo de casi todos los que se indignan en estos días contra el capitalismo, el FMI, los bancos, la Unión Europea, los gobiernos y la democracia liberal...  Cuidado, mucho cuidado con las utopías y las revoluciones que prometen un mundo distinto y mejor. Ya sabemos como comienzan, pero también como terminan; algunas, la mayoría, en un baño de sangre.... Las utopías no dejan de ser ideologías, y las dos grandes ideologías que alumbró el pasado siglo XX, no acabaron con el mundo por pura casualidad y no trajeron a Europa nada más que sufrimiento, muerte y desolación... Mucho ojo con ese "Fiat iustitia et pereat mundus" (Hágase justicia y perezca el mundo) del emperador Fernando I (siglo XVI). Nunca la utopía debería estar por encima de los seres humanos.

Vuelvo a mi siempre inagotable fuente de inspiración, Hannah Arendt: "Una ideología difiere de una simple opinión en que afirma poseer, o bien la clave de la Historia, o bien la solución de todos los "enigmas del Universo" o el íntimo conocimiento de las leyes universales ocultas que, se supone, gobiernan a la Naturaleza y al hombre. Pocas ideologías han ganado suficiente importancia como para sobrevivir a la dura lucha competitiva de la persuasión y solo dos han llegado a la cima y han derrotado esencialmente a las demás: la ideología que interpreta a la Historia como una lucha económica de clases y la que interpreta a la Historia como una lucha natural de razas" ["Los orígenes del totalitarismo. II. Imperialismo" (Alianza, Madrid, 1987)]. 

¡Indignaos, jóvenes! ¡Tenéis todas las razones para hacerlo! Reclamad la herencia de vuestros padres y engrandecedla; pero no tiréis por la borda cuanto ellos os legaron. Luchad contra los que la han dilapidado y expulsadlos, pero no sigáis a los que os prometen utopías y mundos futuros que solo existen en su imaginación. Indignaos, pero no dejéis que la cólera enturbie vuestra razón. Y sed felices a pesar de todo, por favor. Al menos, intentadlo. Tamaragua, amigos. HArendt





Portada de "¡Indignaos", de Stéphane Hessel





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"¡Indignaos", de Stéphane Hessel

miércoles, 13 de abril de 2011

Maleta en mano






El Panteón (Roma)






Hace cinco años estando en Roma, me dije que intentaría ir cada cinco años a la Ciudad Eterna. Y si llego a Las Canteras me daré con un canto en los dientes pero la ilusión no se rompe. Una de mis grandes pasiones es viajar, lo malo es que no es tan rentable como el gusto al paseo; pero gracias a la imaginación y al canal VIAJAR, he vuelto a Roma por mi aniversario.

Nada como ponerte un documental sentadita en el sofá de casa y volver a vivir los cafés a las siete de la tarde y un frío espeluznante, fui en marzo. Y lo mejor de todo, ¡ni aviones ni aeropuertos! Vaya tembleque tenía el avión cuando despegó del Fiumicino. Que me encante viajar, no significa que me gusten los aviones, más bien todo lo contrario; pero la estancia compensa la mayoría de las veces.

No sé ustedes pero yo viajo unas cuatro veces al año al extranjero, especialmente a Europa. Escojo un país, luego una región, llamo a mi amigo Google y empiezan los nervios. Busco los vuelos, planeo la ruta (imprimo un mapa de la zona y voy marcando con colorines los puntos a visitar) escojo los hoteles, el coche si hace falta; en ese caso, voy a la guia Repsol, calculo las rutas y hasta los peajes. Hago una lista de los monumentos y sitios a visitar ( busco fotos, claro está) , mido hasta el tiempo que hay que dedicar en cada sitio. Vamos, que no hago una presentación en power point porque sería excesivo. Cuando ya está todo, se lo enseño a mis padres, a mi marido, en el trabajo y... entonces miro la cuenta del banco y digo: ¡Qué bonito fue! ¡Qué bien me lo pasé! Otro año volveré a visitar lo que me faltó. El año pasado me hice una ruta de Barcelona al Montblanc que ufffff mañana mismito me iba.

Mi marido dice que me dedique a la organización de viajes, así que si alguien quiere... por un módico precio hacemos vacaciones mejores que El Corte Inglés. Hasta otra, nos vemos. ¿En Roma...?  Ruth








El Foro (Roma)





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"La dolce vita" (Fellini, 1960)

jueves, 31 de marzo de 2011

Diario de sesiones de las Cortes de Cádiz - Marzo de 1811






Fernando VII, por Francisco de Goya





Desde esta entrada del blog pueden se puede acceder al Diario de Sesiones de las Cortes de Cádiz correspondiente al mes de marzo de 1811 que publica el Congreso de los Diputados español. El vídeo que la acompaña está dedicado a la serie de litografías realizada por el pintor Francisco de Goya (1746-1828) titulada "Los desastres de la guerra" que se encuentran en el Museo del Prado de Madrid. Espero que les resulte interesante. Sean felices, por favor. Tamaragua, amigos. HArendt 







Manuel Godoy, por Francisco de Goya







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Los desastres de la guerra, de Goya

miércoles, 23 de marzo de 2011

Postales desde el País de la Niñez




Hace ya casi un mes que el escritor canario Juan Cruz publicó en El País un entrañable artículo sobre la infancia, la memoria, los recuerdos, y también sobre el alzhéimer, titulado "Somos nuestra infancia" . Me dejó una profunda impresión pero hasta hoy no me había decidido a escribir sobre él. "La memoria se fija en la niñez y nos da identidad: lo primero que se aprende es lo último que se olvida", dice Juan Cruz, citando al también escritor Julio Llamazares, que dice de ella: "la memoria es la identidad; en la infancia se determina nuestro ADN", y al poeta alemán Michael Krüger, que construye uno de sus versos diciendo: "A veces me escribe la infancia / una tarjeta postal: ¿Te acuerdas?". "Todo lo que recordamos -se dice en el artículo- más nitidamente nace a los tres años, y ese almacenamiento más puro dura hasta la adolescencia. Luego, la memoria empieza a ser quebradiza; a los 40 años tenemos charcos, a los cincuenta ya hay lagunas, y la memoria empieza a causar malas pasadas cuando superamos los sesenta".

Me reconozco en esa situación: rememoro con más precisión hechos y vivencias de mi infancia, entre los cinco y diez años -muy feliz a pesar de todas las privaciones habituales en una familia de clase media-baja de la época- que la que media entre mis diez y veinte años. Y esa, más y mejor que la que va de los veinte a los sesenta. Ahora, a los sesenta y cinco, me cuesta recordar que comí ayer o donde estuve hace dos días. Por eso llevo una agenda personal que dura ya cerca de cincuenta años que me ha sacado de muchas dudas, errores y perplejidades.

Si tuviera que elegir algunas postales recibidas desde el País de mi Niñez me quedaría, sin dudarlo, con una en la que veo pasar los árboles desde la ventanilla del tren que me lleva en una soleada y fría mañana de invierno desde Sigüenza a mi nuevo hogar en Madrid, a punto de cumplir los cuatro años. Otra, el libro que me regaló la empleada de hogar de mi madre -se llamaba Cristina y yo la adoraba- el día que cumplí ocho años. O mis primeros y únicos novillos: cuarenta y cinco días sin aparecer por el colegio en el invierno de 1955. Y la emoción y el orgullo que me embargaba cuando les enseñaba a mis compañeros de clase, a escondidas, la pistola automática 9 mm Parabellum de mi padre, que yo siempre encontraba por mucho que él la escondiera... Tengo más postales, por supuesto, pero no quiero parecer el abuelo Cebolleta. Fui un niño feliz, y espero que mis nietos lo sean también, porque en el País de la Niñez solo se vive una vez...  En todo caso no dejen de leer el artículo de Juan Cruz, les aseguró que les gustará. Y sean felices, por favor. Tamaragua, amigos. HArendt 








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"Pues, tanto como saber, me agrada dudar" (Dante)
"La verdad es una fruta que conviene cogerse muy madura" (Voltaire)

Judy Garland canta Somewhere Over The Rainbow (El mago de Oz, 1939)

Entrevista a Hannah Arendt (1973)

lunes, 21 de marzo de 2011

Equinoccio





El equinoccio de primavera desde la azotea de mi casa (Las Palmas, 20/03/11)





A las 23:21 UTC de ayer domingo hemos entrado en la primavera del hemisferio norte. Disfrútenla en lo que puedan porque viene agitada... Y sean felices, por favor. Tamaragua, amigos. HArendt









Alegoría de la Primavera (Madrid)





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El equinoccio de primavera 2011 en Chichén Itzá

jueves, 10 de marzo de 2011

Las Palmas y el Carnaval





La Reina del Carnaval de Las Palmas 2011





No soy un entusiasta del carnaval, pero disfruto viendo gozar de él a mis paisanos. Y es que en los días finales de los suaves inviernos grancanarios las palabras "Carnaval" y "Las Palmas"  se convierten en sinónimos. El carnaval forma parte de la idiosincrasia de Las Palmas y del pueblo canario en general. Alguien dijo que Canarias era un estado de ánimo rodeado de agua por todas partes; no recuerdo al autor de la cita, pero pienso que tiene toda la razón. La insularidad es un estado de ánimo. Solo los isleños podemos comprenderlo y asumirlo. Y el Carnaval es uno de esos momentos en que ese estado de ánimo da rienda suelta a todo lo que lleva dentro. Ha sido un isleño, un canario de Tenerife (no hay "una" Canarias, a pesar de lo que diga la propaganda oficial, sino "unas islas"  canarias, cada una de ellas única y especial, en un mar común que nos une más de lo que nos separa), el escritor Juan Cruz, el que ha pronunciado este año el Pregón del Carnaval de Las Palmas. Les invito a leerlo. Y disfruten de los vídeos que he puesto en el blog sobre la elección de la Reina del Carnaval de Las Palmas y la Gala Drag Queen 2011. Sean felices, por favor. Y el año próximo nos vemos de nuevo en Gran Canaria. Tamaragua, amigos. HArendt 







Cartel oficial del Carnaval de Las Palmas 2011





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Gala Drag Queen 2011 Las Palmas de Gran Canaria

Gala de elección de la Reina del Carnaval de Las Palmas (2011)

lunes, 28 de febrero de 2011

Cortes de Cádiz: Diario de Sesiones - Febrero de 1811





Los desastres de la guerra, grabado de Francisco de Goya



En el enlace que se indica más adelante de la página electrónica del Congreso de los Diputados de España, puede leerse el Diario de Sesiones de las Cortes de Càdiz correspondiente al mes de febrero de 1811. Hace justamente 200 años. Espero que les resulte interesante. Sean felices, por favor. Tamaragua, amigos. HArendt





La familia de Carlos IV, de Francisco de Goya




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Goya en tiempos de guerra. Museo del Prado (Madrid)

miércoles, 23 de febrero de 2011

El golpe de estado del 23-F, treinta años después






Gutiérrez Mellado y Adolfo Suárez 






Estoy muy cansado... Pero comparto lo que para sí misma, y sobre lo que para ella representaba la tarea de escribir, decía la novelista francesa Françoise Sagan y que yo  reproducía en mi última entrada del blog. 

Hoy, trigésimo aniversario del intento de golpe de estado que ha pasado a la historia bajo las siglas 23-F, me hubiera gustado decir o escribir algo original, pero creo que es una tarea estéril. Salvo voces aisladas como las del abogado, escritor y cineasta grancanario Gustavo Socorro que aún insisten en el argumento de tramas secretas y en la implicación del propio rey Juan Carlos o de personas de su entorno más inmediato en la preparación del golpe, la verdad política, jurídica e histórica, está ya dicha. 

En varias ocasiones he escrito en el blog sobre el 23-F [v. "El día de la ignominia", "Anatomía forense" o "Anatomía de un instante"]. En la Wikipedia se puede encontrar una información muy sucinta sobre el hecho, pero con buenos e interesantes enlaces. Y en El País de hoy puede verse, y descargarse pare el recuerdo, las siete ediciones facsímiles que dicho diario publicó sobre el desarrollo del golpe de estado a lo largo de los días 23 y 24 de febrero de 1981.

Personalmente viví la jornada con un sentimiento de profunda vergüenza. Sí, creo que ese fue el único sentimiento del que guardo recuerdo. En ningún caso de miedo o temor. Aquella tarde había estado acompañando a mi mujer a comprar unas cortinas para el cuarto de estar, y luego a las cinco, hora de Canarias, estaba sentado en mi coche a las puertas del centro asociado de la UNED en Las Palmas esperando para asistir a un coloquio sobre alguna de las asignaturas, no recuerdo cual, que cursaba de la licenciatura en Geografía e Historia, escuchando la radio. Fue así como tuve noticia de lo que estaba pasando en Madrid. Volví a casa enseguida y llamé por teléfono a mis padres y mis hermanos, que vivían en Madrid. Y luego, como todos los españoles, me puse a escuchar la radio junto a mi mujer y mis hijas. 

Cuando el rey salió por televisión supe, con seguridad, que aquello había acabado y nos fuimos a dormir, más por agotamiento que por valentía. Al día siguiente mi mujer y yo fuimos a nuestros trabajos respectivos convencidos de que la rendición de los asaltantes era cuestión de horas. 

Aún hoy, treinta años después, no he logrado sobreponerme al sentimiento de vergüenza que sentí aquel nefasto día, que solo palía el recuerdo del honroso comportamiento ante los golpistas del diputado comunista Santiago Carrillo, del general Gutiérrez Mellado y del propio presidente del gobierno, en funciones, Adolfo Suárez. Ellos salvaron el honor del parlamento, del gobierno, del ejército y de los españoles.

La omisión de toda referencia a los nombres de quienes mancharon con su actuación el uniforme que portaban es absolutamente premeditada por mi parte. No creo que merezcan ni siquiera que se les mencione.

Sean felices a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt






   
Santiago Carrillo






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lunes, 21 de febrero de 2011

Tristeza, rostro bello...






La escritora Françoise Sagan (1935-2004)




Las horas de hospital de un domingo dan para mucho, aunque se destinen a acompañar a un enfermo. A mi me han dado hoy para releer Buenos días, tristeza (Cátedra, Madrid, 1996), la extraordinaria novela de Françoise Sagan. Escrita en 1954, cuando solo tenía 18 años, la catapultó a la fama literaria de la noche a la mañana, y solo tres años después la llevaría al cine el gran director Otto Preminger.

La leí por vez primera, en francés, con dos años menos de los que tenía su autora cuando la escribió. Me la había regalado una amiga francesa con la que me carteaba desde hacía un tiempo, y su impacto en mí fue electrizante. Normal, hasta cierto punto, pues catalogada por muchos críticos como una novela de iniciación, con apenas 16 años la verdad es que casi todo resulta iniciación... Me aprendí de memoria, en francés, el poema de Paul Eluard que sirve de introducción a la novela, y casi todo el capítulo primero. Y me crean o no, sigue siendo, aún hoy, el único poema que soy capaz de recordar y recitar completo, en francés o en español. 

Dicen que un buen comienzo es el cincuenta por ciento del éxito de una novela. Y el de Buenos días, tristeza no puede resultar más sugerente: "Dudo en dar el nombre, el hermoso y grave nombre de tristeza, a este desconocido sentimiento cuyo tedio y dulzura me obsesionan. Es un sentimiento tan completo, tan egoísta, que casi me produce vergüenza, mientras que la tristeza me ha parecido algo honroso. Conocía el aburrimiento, la añoranza en menor medida el remordimiento, pero de la tristeza no había tenido experiencia alguna. Hoy algo se repliega sobre mí, como un tejido de seda, suave e irritante, y me separa de los demás."

Más tarde leí, ya en español, la mayor parte de sus otras novelas, y escribió unas cuantas, pero ninguna de ellas me gustó tanto ni alcanzó el clamoroso y espectacular éxito de Buenos días, tristeza. Françoise Sagan se convirtió para mí en un icono de juventud que persistió durante mucho tiempo y que en cierta manera no me ha abandonado nunca. Su azarosa vida personal jamás la apartó de lo que era, indiscutiblemente, la razón de su existencia: escribir.

Dejó dicho de sí misma: "Escribir es la única verificación que tengo de mí misma. A mi entender, es el único signo activo de que existo, y lo único que no me es muy difícil hacer. (...) Si no escribiera la vida sería diferente, no tendría ganas de encontrar las palabras que corresponden a lo que siento, ni tan siquiera tendría ganas de comprender o conocer, la vida estaría muerta".

Todos esos recuerdos me han venido esta tarde al releer Buenos días, tristeza, junto a una cama de hospital. Y es que la tristeza puede presentársenos en muchas ocasiones bajo la apariencia de un bello rostro, como dice el último verso del poema de Eluard. Un sentimiento que no debemos confundir con la "desgracia", que es un hecho o acontecimiento, como dijo la propia Sagan, que "no nos enseña nada, nos deja cojos, nos pone contra la pared". Por esos caminos transitamos ahora...

Sean felices, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt




Adieu tristesse
Bonjour tristesse
Tu es inscrite dans les lignes du plafond
Tu es inscrite dans les yeux que j'aime
Tu n'es pas tout à fait la misère
Car les lèvres les plus pauvres te dénoncent
Par un sourire
Bonjour tristesse
Amour des corps aimables
Puissance de l'amour
Dont l'amabilité surgit
Comme un monstre sans corps
Tête désappointée
Tristesse beau visage.

- - - - - - - - - - - - - - - -

Adiós tristeza.
Buenos días tristeza.
Estás inscrita en las líneas del techo.
Estás inscrita en los ojos que amo.
Tú no eres exactamente la miseria,
pues los más pobres labios te denuncian
por una sonrisa.
Buenos días tristeza.
Amor de los cuerpos amables,
potencia del amor,
cuya amabilidad surge
como un monstruo incorpóreo.
Cabeza sin punta,
tristeza bello rostro.

Paul Eluard (1895-1952)









Imagen de portada de "Bonjour tristesse"





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"Pues, tanto como saber, me agrada dudar" (Dante)
"La verdad es una fruta que conviene cogerse muy madura" (Voltaire)

Bonjour Tristesse, de Otto Preminger (1958)

lunes, 7 de febrero de 2011

Grandeza y servidumbres de la democracia





Atentado de ETA en 1991




El artículo que en El País de hoy publica su corresponsal político en el País Vasco, Luis R. Aizpeolea, titulado "La izquierda ''abertzale''' da un gran paso", me ha llevado a una dolorosa reflexión personal sobre la democracia, y lo que ella conlleva de dramática servidumbre y de gloriosa grandeza. La grandeza de la democracia, el respeto a la ley, es también su servidumbre. Comprendo las reticencias del gobierno y del partido socialista, me llena de estupor el cinismo del partido popular, y me preocupa la práctica unanimidad de la izquierda y los nacionalistas, pero la democracia tiene estas cosas. Si el partido que la izquierda nacionalista radical vasca pretende crear cumple los requisitos que la Constitución y la ley le imponen, habrá que legalizarla. Y todas las consideraciones personales, por justas que resulten, o por peligrosas que pensemos que sean las consecuencias de esa legalización, tienen que ceder ante el hecho fundamental de que la democracia no se construye desde la exclusión del adversario político sino desde el respeto a su existencia, por mucho que nos desagrade lo que dicen o hacen. La ley solo juzga hechos, no opiniones. Son las personas las que delinquen, no los partidos. Son la Constitución y la ley quienes determinan el terreno de juego de la democracia, no  nuestras opiniones, nuestras filias o nuestras fobias. Podemos comprender y compartir el dolor de las víctimas, pero nadie puede pedir a otros que compartan su dolor si no desean hacerlo; lo que si podemos y debemos exigirles es que condenen la violencia, la extorsión y el asesinato como medio de actuación política. Esa es, como demócratas, nuestra servidumbre. Esa es, como demócratas, nuestra grandeza. Ahora, que decidan los jueces. Sean felices a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt








Dirigentes radicales vascos presentan nuevo partido






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ETA en acción (Película El Lobo)

lunes, 31 de enero de 2011

Cortes de Cádiz: Diario de Sesiones - Enero de 1811





Los fusilamiento del 2 de mayo en Madrid, por Francisco de Goya






Como viene siendo habitual desde hace un tiempo, la última entrada del mes la dedico a la reproducción del Diario de Sesiones de las Cortes de Cádiz correspondiente a este mismo mes del año 1811. Y como todas las anteriores está tomada de la página electrónica del Congreso de los Diputados español. Espero que la disfruten. Tamaragua, amigos. HArendt







Los desastres de la guerra, grabado de Francisco de Goya






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Bicentenario de la Batalla de Bailén 1808-2008; Recreación Histórica

domingo, 30 de enero de 2011

Urgente: ¿Arde el Islam?






El presidente egipcio Hosni Mubarak





Contra lo que pueda parecer a primera vista los comentarios vertidos en este blog no son análisis políticos fundamentados. Ni lo son, ni lo pretenden. Son meras reflexiones muy personales, a vuela pluma, sobre lo que otros opinan o escriben con mucho mejor criterio y fundamento. Hay en él más preguntas que respuestas, y como expongo en mi firma electrónica, tengo muy claro que "la verdad es una fruta que conviene cogerse muy madura" y que "tanto como saber, me agrada dudar". También suelo repetir que lo importante es lo comentado, no lo que yo comento. Lo recuerdo para que no se malinterprete en demasía lo que escribo a continuación sobre la rebelión popular que en estos mismos instantes sacude al islam norteafricano.

El subdirector de El País, Lluís Bassets, en su blog Del alfiler al elefante, da hoy algunas claves de lo que está pasando en su comentario "De la calle árabe a la plaza de la democracia". Soy bastante escéptico al respecto (ya saben mi definición de escéptico: un optimista chamuscado por la realidad), pero parece que algo ha comenzado a moverse en el aparente monolítico mundo islámico. Y aunque es muy posible que ese movimiento no haya hecho más que empezar, también lo es que salgamos de guatemala para caer en guatapeor. Las claves que da Bassets parecen indicar que no, que esta vez las cosas van por otros derroteros. Es cierto que el Islam nunca ha sido monolítico ni en lo religioso, ni en lo social, ni en lo político, y conviene estar atentos. Occidente debería aprender de los errores del pasado. Y aunque "esos cerdos", como decía el muy pragmático exsecretario de Estado estadounidense Henry Kissinger fueran "nuestros cerdos", convendría en esta ocasión no caer en el mismo error de siempre: apoyar a los corruptos y dejar en la estacada a los que piden libertad. Sean felices. Tamaragua, amigos. HArendt








Henry Kissinger






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Revuelta popular en Egipto

jueves, 27 de enero de 2011

Berlusconi insulta a un presentador de "La7" italiana.

Internet, redes sociales y activismo político



Alexis de Tocqueville


Internet y las redes sociales: Facebook, Twitter, Eskup, Tuenti, etc., se están convirtiendo, quizá sin proponérselo expresamente, en un novísimo instrumento de activismo y agitación política de primer orden. La campaña presidencial de Obama, en 2008, fue la primera gran experiencia política, fructífera, de utilización de Internet y las redes sociales con intencionalidad política. Le siguieron después los sucesos en Irán y la República Popular China, y ya, como quien dice ayer, las campañas contra los censores de Wikileaks, la caída del despótico régimen tunecino y, hoy mismo, los sucesos de Egipto.

Organizaciones no gubernamentales y proderechos humanos como Amnistía Internacional o Avaaz, entre otras, han encontrado en Internet y las redes sociales un instrumento idóneo para hacer llegar y circular sus mensajes y peticiones, en cuestión de segundos o minutos, a millones de personas en todo el mundo sin posibilidad alguna de control por parte de los gobiernos denunciados. Los partidos políticos deberían poner sus barbas a remojar. Parece claro que van a perder, si no lo han perdido ya, toda capacidad de movilización y agitación al lado de estas asociaciones sin nombre que surgen de la nada, se extienden como las olas, se llevan por delante todos los obstáculos y parecen no obedecer consigna explícita alguna. Las campañas partidistas, las estrategias electorales de los partidos políticos, ya no van a poder seguir funcionando como hasta ahora y van a tener no solo que adaptarse a los nuevos tiempos sino ceder protagonismo a la sociedad global que las redes sociales están protagonizando.

Ya en 1835, un aristócrata francés, Alexis de Tocqueville, en su libro "La democracia en América" (Aguilar, Madrid, 1989) dejó dicho: "Después de la libertad de actuar solo, la más natural al hombre es la de coordinar sus esfuerzos con los de sus semejantes y actuar en común. Por su naturaleza, el derecho de asociación me parece casi tan inalienable como la libertad individual. El legislador no puede querer destruirlo sin atacar a la sociedad misma. [...] Uno se asocia, ciertamente, con el fin de hablar, pero la idea de pasar próximamente a la acción preocupa a todos los ánimos. Una asociación es un ejército. En ella se habla para conocer sus efectivos y darse ánimos y después se marcha contra el enemigo. A los ojos de los que la componen, los recursos legales pueden parecer uno de los medios utilizables, pero no son nunca el único medio para triunfar. [...] El ejercicio del derecho de asociación se hace peligroso en proporción a la imposibilidad en que están los grandes partidos de convertirse en mayoría..."

Cambien ustedes las palabras "derecho de asociación" por las de "Internet y redes sociales" y reconocerán conmigo lo que tienen de premonitorias las palabras de Alexis de Tocqueville. ¿Habrán leído los fundadores de Facebook y Twitter "La Democracia en América"

Les propongo como colofón de esta digresión tan personal la lectura del artículo que en el diario El País del pasado 16 de enero, tan solo un día después de la caída definitiva y fulgurante del régimen de Ben Alí en Túnez. Se titula "Revolución democrática en el Magreb. La voz del nuevo Túnez", y lo publicaba el escritor Juan Goytisolo, buen conocedor del mundo árabe. Disfruten de su lectura. Y sean felices, por favor. Tamaragua, amigos. HArendt 



El expresidente tunecino Ben Alí


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Revolución en Túnez

sábado, 22 de enero de 2011

¿Quién defiende la Constitución española?





María Emilia Casas, presidenta del Tribunal Constitucional



Merecido el rapapolvo que María Emilia Casas, en su último acto institucional como presidenta  del Tribunal Constitucional, ha dirigido a las Cortes Generales y a las honorables Señorías que la componen por su descarada manipulación del tribunal a la hora de renovar a sus miembros en los plazos fijados por la Constitución. Daba cuenta de ello el diario El País en una crónica de su corresponsal Julio M. Lázaro publicada el pasado día 13. 

La fórmula con la que el rey, como Jefe del Estado, sancionó la Constitución, proclamaba solemnemente: "Mando a todos los españoles, particulares y autoridades, que guarden y hagan guardar esta Constitución como norma fundamental del Estado". Tengo la penosa impresión de que treinta y dos años después de su aprobación esta solemne proclama sigue siendo para muchos solo eso, una fórmula.

Desde luego lo es para una gran parte del pueblo español, "único titular de la soberanía  nacional y del que emanan todos los poderes del Estado", que la respeta pero la desconoce, que no la ha interiorizado y no la ve como obra propia, y que cuando ha pretendido darla a conocer, respetar y amar como suya a los futuros ciudadanos en la escuela, la derecha cavernícola, reaccionaria y clerical se ha lanzado a degüello en contra de tal pretensión.

También es, casi, una mera fórmula para los gobiernos de turno, de izquierdas o de derechas, que la vulneran cada vez que pueden y les dejan, para los tribunales ordinarios que ni la citan ni utilizan en sus resoluciones, para los partidos nacionalistas que la desprecian, y para la derecha española, que la sacraliza y venera en público como a una vestal romana pero la mancilla, humilla y viola a diario sin pudor alguno.

¿Quién protege entonces la Constitución española? Pues, afortunadamente, el Tribunal Constitucional que la propia Constitución crea y regula en su Título IX, la gran aportación, junto a la organización autonómica del Estado, de la Constitución de 1978. Tribunal que, a mí modesto juicio, ha cumplido más que dignamente hasta ahora las funciones que tiene encomendadas como defensor de la Constitución. 

La polémica doctrinal sobre "quién" debe ser el defensor de la Constitución viene de lejos. Los Estados Unidos de América la resolvieron muy pronto, en 1802, apenas trece años después de aprobada su Constitución, cuando el Tribunal Supremo, en una memorable sentencia de su presidente, el juez John Marsahll, en el caso "Marbury contra Madison", estableció que la Corte Suprema podía cambiar una ley aprobada por el Congreso si ésta violaba la Constitución, y con ello el poder judicial de revisión de las leyes y la supremacía absoluta de la Constitución sobre cualquier otra disposición legal.

En Europa, la polémica sobre "quién debe ser el guardián de la Constitución" se desata en el período que transcurre entre la finalización y el comienzo de la I y II guerras mundiales (1918-1939), y tuvo su epicentro en el desarrollo de una interesantísima y controvertida polémica jurídico-política y doctrinal que sostuvieron dos de los más grandes juristas de esa época: el alemán Carl Schmitt y el austriaco Hans Kelsen. 

Un libro reciente: "La polémica Schmitt/Kelsen sobre la justicia constitucional. El Defensor de la Constitución versus ¿Quién debe ser el Defensor de la Constitución?", editado por Tecnos (Madrid, 2010), con los alegatos doctrinales de ambos juristas, ha sido comentado espléndidamente por el profesor Roberto L.Blanco, de la Universidad de Santiago, en un artículo titulado "Y la Constitución, ¿quién la defiende?" , publicado en el último número de Revista de Libros (169/Enero 2011). 

Por mi parte, ya he tratado el tema en profundidad en otras entradas de este blog:   "El problema de la justicia constitucional", el 4/6/08; "Misceláneas constitucionales", el 5/12/09; y "Jurisprudencia constitucional", el 19/5/10, y a ellas me remito.

Sean felices, si pueden y les dejan; o por lo menos, inténtenlo. Tamaragua, amigos. HArendt 







El Tribunal Constitucional, en sesión








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