miércoles, 22 de octubre de 2014

China: ¿potencia mundial o tigre de papel?




China, hoy. Shanghai



Dos días después de mi llegada a Canarias, el 29 de marzo de 1967, me incorporé a mi nuevo destino en los aledaños del Puerto de La Luz, en Las Palmas de Gran Canaria, permaneciendo en el mismo hasta febrero de 2006 en que me jubilé. En febrero de ese mismo año había pedido a la empresa para la que trabajaba en Madrid desde 1964, el traslado a Canarias, una tierra mítica en la vivencia personal y la historia de mi familia. En ella me casé, nacieron mis hijas y nietos y en ella vivo desde entonces. 

En aquellos lejanos tiempos la comunidad hindú, aparte de enormemente apreciada por todos los isleños, era un emporio de riqueza para Canarias. Las calles que llevaban al Puerto de La Luz, sobre todo Albareda, Juan Rejón, La Naval, y el parque de Santa Catalina, estaban completamente tapizadas de bazares de "indios". Y lo mismo ocurría en la calle de Triana, unos kilómetros más al sur, otro emporio comercial. La razón de esa riqueza, que llegaba a todos, era la Ley de Puertos Francos de 1852, promulgada durante el reinado de Isabell II, que liberalizó la entrada y salida de mercancias en el archipiélago canario y que duró ciento veinte años, hasta 1972, en que fue sustituida por la Ley de Régimen Económico y Fiscal para Canarias, especificidad económica y fiscal de Canarias que recogió la Constitución de 1978 en su disposición adicional tercera.

Uno podía encontrar de todo en los bazares de los "indios": artículos que en la Península conocían solo de nombre, y que si los había, estaban a precios exorbitados. Cuando volvíamos de vacaciones a la Península siempre llevábamos máquinas de fotos, grabadoras, radios portátiles y hasta televisores, que lográbamos colar en la aduana de Barajas (por avión) o en Cádiz (por barco) que nos habían encargado familiares o amigos, o como simples regalos.

La entrada en la Unión Europea, a pesar de nuestra especificidad fiscal y económica, acabó con ese comercio que a todos beneficiaba. Hoy, los bazares de "indios" han desaparecido casi por completo para convertirse en "chinos": locales inmensos, abarrotados de ropas, juguetes y utensilios de toda especie, regentados (a título de franquicia) por jóvenes ciudadanos chinos que trabajan de sol a sol, y lo que haga falta. Hace unos días una amiga mía se encontró en la tesitura de adquirir un carrito, de esos para la compra, en un "chino". Diez metros después de salir del local, se le habían desprendido las dos ruedas al carro. Reclamó, y le dieron otro sin rechistar. En general, uno encuentra de todo en uno de esos locales, pero los productos son de ínfima calidad. Y son útiles para una urgencia, lo reconozco, pero de ahí no pasan. Pero no quiero elevar lo que no es nada más que una anécdota a la condición de categoría; solo era eso, una anécdota.

La expresión "tigre de papel" tiene su origen en un antiguo proverbio chino y se utiliza para designar algo o alguien que aparenta ser una amenaza pero que a la hora de la verdad se revela como inofensivo. La utilizó políticamente por primera vez en 1956 el dirigente y fundador de la República Popular China, Mao Zedong, para definir al imperialismo estadounidense, y luego fue reutilizada con profusión por los Estados comunistas (ellos se definían a sí mismos como de "socialismo real") para referirse a los Estados y sociedades capitalistas y socialdemócratas del bloque occidental. ¿Es hoy la República Popular China, a finales de 2014, la nueva potencia económica mundial en ciernes, o más bien como dijo de los "otros" Mao Zedong, solo un "tigre de papel"?

A dilucidarlo en la medida de lo posible, ayuda el artículo del sociólogo español Julio Aramberri, titulado "China: ¿del sueño a la pesadilla?", y publicado recientemente en la prestigiosa Revista de Libros. Para ello, Aramberri, que es profesor visitante en la Dongbei University of Finance and Economic de la ciudad china de Dalian, se sirve de las más recientes publicaciones internacionales sobre la economía china y su realidad en el escenario internacional. Hasta cinco libros de reciente aparición publicados por economistas y analistas económicos de acreditada solvencia son comentados por el profesor Aramberri en su artículo (que pueden leer en el enlace de más arriba). 

El extenso artículo del profesor Aramberri, que escribe siempre con grandes dosis de ironía y humor sin perjuicio de un profundo rigor conceptual, contiene apartados con subtítulos tan sabrosos y provocativos como "Godzilla resurge de nuevo", "Andy Warhol y el desarrollo económico", "Mal guión, pésimos actores", "Un día en la vida del honorable Zhon y del honorable Zhang", "Los parias de las tierra", "Juegos prohibidos" o "¿Y mañana el mundo entero?", concluye con una nada amable reflexión sobre el futuro de China que dice así: "El presidente Xi ha bautizado su programa de gobierno como el sueño chino. Es un programa de rejuvenecimiento nacional, mejora de las condiciones de vida del pueblo, prosperidad, construcción de una sociedad mejor y fortaleza militar; en suma, una opción estrechamente nacionalista. La represión con mano de hierro de las protestas en el Tibet y en Xinjiang (o en Hong Kong, de momento más suaves), la imposición unilateral de una zona de exclusión aérea en el Mar del Este y las fricciones con Filipinas y Vietnam en el Mar del Sur no se corresponden con las ilusiones de los defensores de la gobernanza global. Dejarse guiar por ellas contribuiría a ignorar la posibilidad, en absoluto remota, de que, llevado de sus problemas internos, el sueño chino acabe por convertirse en una pesadilla universal".

Les encarezco su lectura. Estoy seguro de que les resultará más que interesante. Sean felices por favor, y ahora, como también decía Sócrates, "Ιωμεν": nos vamos. Tamaragua, amigos. HArendt





China, hoy. ¿Tibet o delincuentes comunes?





Entrada núm. 2180
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"La verdad es una fruta que conviene cogerse muy madura" (Voltaire)

1 comentario:

Mark de Zabaleta dijo...

Excelente planteamiento !

Saludos