domingo, 22 de febrero de 2009

El día de la ignominia

Mañana se cumplen 28 años del intento de golpe de Estado conocido en España con el nombre de "23-F" (1). A estas alturas, ya es historia. Los responsables fueron juzgados, condenados, cumplieron sus penas o fueron indultados cuando el Gobierno lo consideró conveniente. Pero es una fecha para el recuerdo. Recuerdo para el que yo no guardo ningún sentimiento especial salvo el de la enorme vergüenza que sentí aquella tarde-noche de 1981. Hasta que el rey pudo leer su discurso por televisión. Como para muchos españoles, para mi, con él, terminaba la zozobra, pero la vergüenza persistiría por mucho tiempo. Mejor dicho, todavía persiste, porque aunque me resisto a ello, cuando ponen las imágenes de aquellos traidores a su patria, su rey, sus conciudadanos y su honor, asaltando a tiro limpio el Congreso de los Diputados, se me viene el rubor a las mejillas y la vergüenza me impide articular palabra.

Aquella tarde, estaba esperando en la biblioteca del Centro Asociado de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), en la calle Luis Doreste Silva, de Las Palmas, a que fuera la hora del coloquio programado de la asignatura de Geografía e Historia que correspondía aquel día. Un alumno llegó a la biblioteca y comentó que habían asaltado el Congreso en plena sesión de investidura de Calvo Sotelo como presidente del Gobierno. Bajé enseguida al coche, que tenía aparcado en la puerta misma del recinto de la universidad, en pleno centro de la avenida marítima que recorre la ciudad de norte a sur paralela a la costa, y me puse a oir emisoras de radio. Ninguna era capaz de concretar nada, salvo que se había interrumpido la sesión en el Congreso ante la entrada de guardias civiles armados, que había habido disparos... Y poco más. Busqué un teléfono público y llamé a casa. No me contestó nadie, y entonces me acordé que aquella tarde mi mujer había quedado en visitar a algunos clientes con el director regional del banco para el que ella y yo trabajábamos en aquel entonces. Volví a casa tras recoger a nuestras hijas, de 12 y 2 años. Estaban con mi suegra, su abuela, que vivía en nuestra misma calle, en el barrio del Presidente Zárate, a unos cinco kilómetros como mucho de la universidad, en el extremo sur de la ciudad de Las Palmas, frente al mar. Mi mujer volvió poco después, no sabía nada sobre lo que había ocurrido, así que nos pusimos a oir la radio. Llamamos, sin problema en las líneas a mis padres y mis dos hermanos. Todos vivían en Madrid. Nos contaron que las calles estaban tranquilas, y la gente atenta en sus casas, pegadas a las radios en espera de noticias que no llegaban. No logro recordar que tipo de sentimientos nos embargaban en ese momento. Desde luego no eran de temor, miedo o algo similar, a pesar de ser sindicalista en activo con responsabilidades de ámbito provincial en la Federación de Banca de la Unión General de Trabajadores (UGT), el sindicato hermano del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), el partido mayoritario de la oposición. Más bien de incredulidad, estupor y vergüenza; sí, mucha vergüenza, porque de nuevo España fuera protagonista de una asonada militar a lo siglo XIX. Lo había estudiado en profundidad por aquellas fechas en la universidad y el recuerdo era irremediable. La angustia y la incertidumbre duraron hasta el momento de ver al rey por televisión. Después de verlo nos fuimos a dormir, agotados pero tranquilos. El golpe, o lo que intentara ser, estaba claro que había fracasado. A la mañana siguiente acudimos a nuestro trabajo, no como siempre de ánimo, pero acudimos. A medida que fueron transcurriendo las horas, el intento de golpe de Estado fue tomando el formato de un esperpento valleinclanesco. Ver salir por las ventanas del Congreso, arrojando sus armas al suelo, a numerosos guardias civiles de los que habían participado en el asalto, que se entregaban brazos en alto a las fuerzas de policía que rodeaban el edificio, era un espectáculo en el que uno, como espectador, no sabía muy bien si reir o llorar.

Hace unos días Televisión Española (TVE1) puso una mini serie de ficción de dos capítulos titulada "23-F: El día más difícil del rey" (2), dirigida por Silvia Quer, que ha batido todos los récords de audiencia del país durante las dos jornadas en que se emitió. Aunque algunos medios la han tildado de oportunista y falta de rigor, a mi, personalmente, me gustó y me emocionó. Y por el número de espectadores que la vieron, parece que también interesó a bastantes españoles. Quiero suponer que sobre todos a los que por aquellos años teníamos ya edad suficiente para darse cuenta de lo que pudo suponer.

¿Recuerdan ustedes que pensaron o sintieron durante esas horas entre el 23 y 24 de febrero de hace 28 años? Si quieren contarlo tienen esta página a su disposición. Sean felices. Tamaragua. (HArendt)




http://1.bp.blogspot.com/__H6iAlgnQz4/ReNuIhipoOI/AAAAAAAAAKM/WznN3ORAso4/s400/23f1.bmp
Adolfo Suárez se enfrenta a los militares asaltantes




Notas referenciadas:
(1) http://es.wikipedia.org/wiki/23-F
(2) http://es.tv.yahoo.com/10022009/10/23-f-dia-mas-dificil-rey-martes-estreno-1-jueves.html

Fotos:
(1) El presidente del gobierno, Adolfo Suárez, y el vicepresidente, general Gutiérrez Mellado, se enfrenta a los golpistas:
http://1.bp.blogspot.com/__H6iAlgnQz4/ReNuIhipoOI/AAAAAAAAAKM/WznN3ORAso4/s400/23f1.bmp

Videos:
(1) Avance de la película "23-F: El día más difícil del rey":
http://www.youtube.com/watch?v=d5-Up6FzNjk





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