jueves, 27 de noviembre de 2025

DE CRIMINALES CON DENOMINACIÓN DE ORIGEN

 







Hay que distinguir entre criminales y criminales, que se note la diferencia entre una casa desvalijada por un extranjero y otra asaltada por un compatriota, comenta en El País (26/11/2025) el escritor Sergio del Molino. Que la Ertzaintza y ahora los Mossos publiquen el “origen” de los detenidos en sus estadísticas es sin duda un gran avance contra la delincuencia, comienza diciendo. Los criminales son como el vino, el aceite o el embutido, y no es lo mismo un asesino de Jabugo o de Rioja, con su denominación de origen protegida, que uno de marca blanca que te puedes encontrar en cualquier supermercado. Hay que distinguir entre criminales y criminales, que se note la diferencia entre una casa desvalijada por un extranjero y otra asaltada por un vasco de ocho apellidos. No te roba igual uno que otro: el extranjero lleva la marca de Caín en la sangre, mientras el español, sobre todo si es católico, tendrá sus razones. ¿Quién no está predispuesto a perdonar a un compatriota? Entre españoles las cosas se arreglan con unas copas de coñac en el bar, y tan amigos. Pero si el asaltante es extranjero no hay nada que hacer. Por ejemplo, si es musulmán, no le puedes invitar a jamón, y así no hay quien se reconcilie.

La reforma estadística va a marcar un antes y un después en la historia del delito de España. Si hacen buenos malabares con los datos, acabarán demostrando lo que Vox y Aliança Catalana quieren: que los españoles no roban ni matan ni violan. El crimen no va con nuestro carácter nacional. La delincuencia es un vicio importado, como la Coca-Cola o Halloween, y si algún español cae en sus redes alguna vez, será por influencia foránea, porque todo se pega, sobre todo lo malo.

No son los de Vox ni los de Aliança quienes han anunciado los cambios en la estadística, sino dos gobiernos autonómicos de partidos que presumen de democráticos y defensores de la sociedad compleja, plural y abierta: la coalición PNV-PSE en Euskadi, y el PSC en Cataluña. Son partidos en teoría opuestos al racismo, incluso beligerantes contra él. Apoyan iniciativas contra el odio y sostienen instituciones que trabajan en la asistencia e integración de los inmigrantes. Pero cuando la extrema derecha les aprieta en las encuestas, deciden combatirla convirtiéndose en ella. Acatan su discurso con la esperanza de atraer a sus votantes. Cortejan a los racistas si hace falta, diciendo que hay que comprender su inquietud y atender sus miedos.

Es una estrategia digna de Napoleón: si te conviertes en tu enemigo, este deja de ser una amenaza. Así se comió el PSOE a Podemos, fagocitando su discurso social y dejándole sin argumentos ante los electores. Así esperan algunos devorar a los ultras o, como poco, amortiguar su crecimiento. Curiosa manera de derrotarlos, otorgándoles todas las victorias. Sergio del Molino


















DE LAS IDEAS CLAVES DE HANNAH ARENDT PARA ENTENDER LA CRISIS DE LAS DEMOCRACIAS

 







Las teorías políticas de la filósofa Hannah Arendt expuestas en ‘Los orígenes del totalitarismo’ nos permiten entender la situación actual de las democracias y sus posibles causas y condicionantes, comenta en la revista Ethic (13/12/2025) la escritora Gudrun Palomino. Es imposible negar la influencia de Hannah Arendt (1906-1975) en la teoría filosófica y política con obras como Eichmann en Jerusalén, Los orígenes del totalitarismo y La condición humana, comienza diciendo. Sin embargo, en una época en la que la democracia se ve disminuida en los gobiernos actuales, las teorías políticas de Hannah Arendt, décadas después, arrojan luz sobre la posible comprensión de la crisis democrática mundial. Estas son siete de sus ideas clave.

La pérdida del pluralismo. Para Arendt, la política nace en el espacio público, donde las personas toman conciencia de los actos del resto, así como de los propios. La política debe ser plural, un espacio donde convivan diferentes puntos de vista y haya un debate entre la comunidad. Con el pluralismo, es posible incluir al otro y que se potencie la liberad y la igualdad política. Sin embargo, en una sociedad donde se rechaza al otro (por diferencias económicas, raciales, de género, etcétera) no hay un pluralismo representado realmente en la democracia.

Alienación del individuo en la sociedad de masas. Al anular el pluralismo, se anula la reflexión crítica. En una debilitación de la democracia y un auge del totalitarismo, se busca alienar a cada persona y se retuerce la burocracia para despersonalizar a la masa. Si bien Arendt criticaba esta alienación en los totalitarismos del siglo XX, como también lo criticó la filósofa Simone Weil en Reflexiones sobre las causas de la libertad y de la opresión social, esto se puede ver reflejado en la actualidad en la sensación de impotencia ante el clima político y bélico mundial.

Desconfianza en las instituciones. Con el monopolio de la política y la alienación de los individuos, comienza el odio del Gobierno y el disgusto hacia este, según Arendt en Los orígenes del totalitarismo. El pueblo, que se ve apartado de la política, comienza a desconfiar y a odiar tanto a los políticos como a las instituciones y sirve como caldo de cultivo para que se dé un auge de los movimientos populistas.

Auge de movimientos populistas. Con la Alemania nazi y el estalinismo, emergieron los movimientos populistas, que marcan una separación y delimitan un enfrentamiento entre dos grupos: el pueblo «real» y la élite «corrupta». Con la idea del pueblo «real», un pueblo que ignora el pluralismo, se combina el populismo con el autoritarismo y el nativismo (con un odio hacia las etnias distintas de la que debería ser la correcta y representativa del pueblo «real»; en el caso que explica Arendt fue hacia el pueblo judío).

Espejismos dentro de las democracias. Uno de los dos espejismos que explora Arendt era el de suponer que las masas que eran indiferentes políticamente no importaban, que eran neutrales y que eran un fondo en la vida política de la nación. Habían hecho creer a secciones del pueblo que sus opiniones y luchas no eran importantes, y explica que «lograron convencer al pueblo de que las mayorías parlamentarias no correspondían necesariamente a las realidades del país, minando así el respeto propio y la confianza de los Gobiernos que también creían en la regla de la mayoría más que en sus constituciones».

Propaganda, noticias falsas y desinformación. «La sinceridad nunca ha figurado entre las virtudes políticas y las mentiras han sido siempre consideradas en los tratos políticos como medios justificables», sostiene Arendt en Las crisis de la república. Los líderes de masas dentro de una crisis democrática intentan seducir al pueblo con falsedades. Pero antes de conseguir el poder, para «encajar la realidad en sus mentiras, su propaganda se halla caracterizada por su extremado desprecio por los hechos como tales», explica en Los orígenes del totalitarismo. Según la filósofa, cuanto más pequeño sea un movimiento político totalitario, más energía gastará en propaganda. Dicha propaganda antes no accedía con tanta facilidad a los medios, pero ahora, sobre todo con el bombardeo de información en las redes sociales, es más común que se vea incluida dentro de las noticias falsas.

El terror: el gobierno del miedo. El miedo y el terror son una forma sólida de dominación. Es, según Arendt, la esencia del gobierno totalitario, y se representa en la banalización del mal, los asesinatos en masa, el abandono de la solidaridad, los campos de concentración y las amenazas constantes. Sin embargo, con el auge de los conflictos bélicos y de los populismos en los últimos años, ciertos países supuestamente democráticos están viviendo una especie de terror en los términos que Arendt expone en Los orígenes del totalitarismo por las amenazas como medio de intimidación. Además, de acuerdo con la filósofa, el aislamiento, que se está dando en las sociedades occidentales actuales, «puede ser el comienzo del terror; es ciertamente su más fértil terreno; y siempre su resultado». «El aislamiento y la impotencia, es decir, la incapacidad fundamental para actuar, son siempre característicos de las tiranías. Los contactos políticos entre los hombres quedan cortados en el Gobierno tiránico y frustradas las capacidades humanas para la acción y para el poder», afirma Hannah Arendt. Gudrun Palomino














COMO DESHACERSE DE "CITIZENS UNITED"

 







Podemos eliminarlo sin una nueva Corte Suprema. Tampoco necesitamos una enmienda constitucional. Hay una solución mucho más sencilla, escribe en Substack (24/11/2025) el economista y profesor de la Universidad de California en  Berkeley, Robert Reich. Amigos, comienza diciendo, varios de ustedes respondieron a mi "reflexión dominical" de ayer diciendo que el primer paso para salir del lío en el que estamos es deshacerse de la disparatada decisión de la Corte Suprema de 2010 en el caso Citizens United contra la Comisión Federal Electoral, que sostuvo que las corporaciones son personas, con derecho a la misma protección de la Primera Enmienda que el resto de nosotros. El gasto político corporativo estaba creciendo antes de Citizens United , pero la decisión abrió las compuertas al gasto ilimitado de los súper PAC y al dinero oscuro no revelado que sufrimos hoy.

Entre 2008 y 2024, los gastos "independientes" declarados por grupos externos se multiplicaron por más de 28, pasando de 144 millones de dólares a 4.210 millones de dólares . El dinero no declarado también se disparó, con grupos de dinero oscuro gastando millones para influir en las elecciones de 2024.

La mayoría de las personas con las que hablo asumen que la única manera de detener el dinero corporativo y oscuro en la política estadounidense es esperar a que la Corte Suprema deshaga el caso Citizens United (podríamos esperar mucho tiempo) o enmendar la Constitución de los Estados Unidos (esto es extraordinariamente difícil).

¡Pero hay otra manera! Quiero contársela porque es muy probable que funcione.

Estará en la boleta electoral el próximo noviembre en Montana. Quizás tú también puedas incluirlo en la boleta electoral de tu estado.

La cuestión es la siguiente: los estados individuales —ya sea a través de sus legisladores o de sus ciudadanos mediante iniciativas electorales— tienen la autoridad de limitar la actividad política corporativa y el gasto de dinero oscuro, porque ellos determinan qué poderes tienen las corporaciones.

En el derecho estadounidense, las corporaciones son criaturas de las leyes estatales. Durante más de dos siglos, la facultad de definir su forma, límites y privilegios ha pertenecido exclusivamente a los estados.

De hecho, las corporaciones carecen de poderes hasta que un gobierno estatal les otorga alguno. En el caso de la Corte Suprema de 1819, Trustees of Dartmouth College v. Woodward, el presidente del Tribunal Supremo, John Marshall, estableció que:

Una corporación es un ser artificial, invisible, intangible, y existe únicamente en el marco de la ley. Siendo una mera creación de la ley, posee únicamente las propiedades que le confiere el estatuto de su creación, ya sea expresamente o como consecuencia de su propia existencia... Los objetivos para los que se crea una corporación son universalmente los que el gobierno desea promover. Se consideran beneficiosos para el país; y este beneficio constituye la contraprestación, y en la mayoría de los casos, la única contraprestación, de la concesión.

Los estados no tienen por qué otorgar a las corporaciones la facultad de gastar en política. De hecho, podrían decidir no otorgársela.

No se trata de derechos corporativos , como determinó la Corte Suprema en el caso Citizens United . Se trata de poderes corporativos.

Cuando un Estado ejerce su autoridad para definir a las corporaciones como entidades sin el poder de gastar en política, ya no será relevante si las corporaciones tienen derecho a gastar en política, porque sin el poder para hacerlo, el derecho a hacerlo no tiene sentido.

El código corporativo de Delaware ya se niega a otorgar a las fundaciones privadas el poder de gastar en las elecciones.

Es importante destacar que un estado que ya no otorga a sus corporaciones el poder de gastar en las elecciones también niega ese poder a las corporaciones constituidas en los otros 49 estados, si desean hacer negocios en ese estado.

Todo lo que un estado tendría que hacer es promulgar una ley con una disposición como ésta: “Toda corporación que opera bajo las leyes de este estado tiene todos los poderes corporativos que tenía anteriormente, excepto que nada en este estatuto otorga o reconoce ningún poder para participar en actividades electorales o actividades de emisión de boletas”.

¿Suena descabellado? Para nada. En Montana, organizadores locales han redactado y presentado una iniciativa constitucional para que los votantes la consideren en 2026, el primer paso de un movimiento que busca extenderse a nivel nacional. Esta iniciativa rechazaría otorgar a todas las corporaciones la facultad de gastar en las elecciones.

Llamada Iniciativa de Elecciones Transparentes , no anularía la decisión de Citizens United , sino que anularía sus consecuencias . (Haga clic en el enlace para obtener más información).

El argumento se expone en un documento que el Centro para el Progreso Americano publicó hace varias semanas. (Felicitaciones al CAP y a su autor, Tom Moore, miembro senior del CAP, quien anteriormente se desempeñó como asesor y jefe de gabinete de un veterano miembro de la Comisión Federal de Elecciones).

Nota para gobernadores y legisladores estatales: La decisión de Citizens United es sumamente impopular. Alrededor del 75 % de los estadounidenses la desaprueba. Pero la mayoría de sus gobernadores y legisladores estatales no se han dado cuenta de que tienen la autoridad para hacer que Citizens United sea irrelevante. Mi recomendación: utilicen esa autoridad para librar a la nación de Citizens United. Con suerte, los habitantes de Montana liderarán el camino. Robert Reich













DEL ARCHIVO DEL BLOG. YO SOY LA REVOLUCIÓN. PUBLICADO EL 27/11/2016

 






Los frutos del castrismo fueron la ineficacia económica y la autocracia del caudillismo, escribe en El País (27/11/2016) el catedrático de Ciencia Política, Antonio Elorza. Fidel gobierna Cuba como si fuera una hacienda de su propiedad”, afirmaba hace años uno de sus adversarios políticos encarcelado, confirmando la idea de Carlos Franqui, que fuera inicialmente su colaborador político como director de Revolución. El sentido autocrático, comienza diciendo que caracterizó a su forma de ejercicio del poder encuentra un claro antecedente en la figura de su padre, soldado español que regresa a la Isla y que rige con mano de hierro su hacienda en Birán, al este de Cuba, con 10.000 hectáreas, siendo señor de vidas y bienes de sus trabajadores haitianos. También su padre le inspira un rasgo propio del campesino gallego: su desprecio al bienestar material y al comercio, y posiblemente también la estimación de la profesión médica.

Es un sentido del poder que cobra contenido político, y dimensión violenta, en sus años de estudiante universitario, una vez que sus formas de actuación, con una excelente retórica parlamentaria y los usuales valores del orden y la disciplina, han sido moldeados durante sus años entre los jesuitas del elitista Colegio de Belén en La Habana. Fue desde el principio un líder, apasionado por la política y la historia. Alejandro Magno, en correspondencia con su segundo nombre, fue principal, referente: el gran conquistador, al cual se unirán como fruto de sus lecturas en la cárcel Marx y Lenin, de quienes admirará “lo bien que aplastaban a sus enemigos”. De paso hay que advertir su total distanciamiento de la economía, sin cobrar a sus clientes populares y dispuesto siempre a aprovechar la generosidad de sus amigos, según me contaba su entonces amiga Martha Frayde, su habitual cocinera vespertina, a quien condenó más tarde a varios años de cárcel. De hecho Fidel nunca tuvo verdaderos amigos, con la excepción de Celia Sánchez, desde los días de la sierra a la muerte de ella en 1980.

La vida política en La Habana de 1950 no favorecía la admiración por la democracia representativa. Por eso el mismo Fidel que evoca la libertad democrática anterior al golpe de Batista en La historia me absolverá, ataca allí mismo “la politiquería”. Su extraordinaria habilidad para la maniobra le permitirá jugar una baza, la democrática, escondiendo la otra, la dictatorial. Se lo explica a Melba Hernández desde la cárcel batistiana para regular los tratos con otros opositores: hay que llevarse bien con ellos, “para luego aplastarlos como cucarachas”. El juego del gobierno burgués en el triunfo de la revolución, a efectos de reconocimiento internacional, para un mes más tarde forzar su dimisión y ejercer directamente el mando fue una primera obra maestra, precedida unos días por un hito siempre olvidado, el decreto de 7 de febrero de 1959, que sorprende hasta a los comunistas, y sustituye la Constitución de 1940 por las bases de su régimen.

Poco después, para librarse del presidente liberal Urrutia, el juez que votó a favor suyo tras el asalto al cuartel de Moncada en 1952, Fidel inventa el golpe de Estado por televisión, refrendado por movilizaciones de masas que obligan a Urrutia a dimitir y a huir. El pretexto había sido una dimisión suya como primer ministro, no como jefe del Ejército, anunciada en Revolución por orden suya y que incluso Raúl desconocía. La política era para él un juego con un solo jugador. Y jugador implacable, como constatarán todos sus adversarios, incluido un Partido Comunista, el PSP, que utiliza como único instrumento disponible en 1959 si desea evitar el pluralismo del Movimiento 26 de Julio, y para propiciar la ayuda soviética, pero al que descabeza para evitar la consolidación de una alternativa regida desde Moscú. El libro Un asunto sensible, de M. Barroso, lo cuenta muy bien.

Al modo de una versión cubana del maoísmo, Fidel busca el fundamento de su poder en las masas, ese pueblo cubano que agita con sus interminables discursos en una “democracia de la plaza pública”, y al que de paso controla con una permanente represión, apoyado en los Comités de Defensa de la Revolución, un invento de inspiración peronista, y con una estructura política y parapolicial omnipresente. Es un esquema totalista, donde resulta preciso que “el poder popular” quiera lo que quiere Fidel.

Todo ello en nombre de un gran propósito: cumplir la tarea de revolución nacional auspiciada por José Martí. Solo que Martí consideraba esa misión como esencialmente democrática, y para Fidel la democracia carecerá de sentido. Con su poder personal, bastaba en todos los planos. De ahí que sus frutos fuesen la ineficacia económica y la autocracia propia de un caudillismo. Antonio Elorza es catedrático de Ciencia Política.













DEL POEMA DE CADA DÍA. HOY, LA REVOLUCIÓN EXQUISITA, DE IGNACIO VLEMING

 







LA REVOLUCIÓN EXQUISITA




I


Una revolución comienza cada día

y siempre nos parece

inaplazable.

¡Ayer ardían todas las catedrales de Francia!




II


Se difunden mensajes algo contradictorios.

Hay quien levanta sus manos con escándalo.

Quiero deciros algo: en realidad

tampoco yo lo tengo tan claro.

No sé si recordáis

El traje nuevo del emperador.

¿Quién se atreverá a señalar

que va desnudo? ¿Los niños

o los locos?




III


Los pirómanos bailaban con el fuego

mientras se desplomaban los nidos

de las aves migratorias. De la revolución

nos separa un chispazo. Quizá nos olvidamos

la luz blanca encendida y por esto

fallezca un ángel inocente. ¿Pero mueren

los ángeles? ¿Pero son inocentes?


Lo habéis oído bien,

cuando menos se espera

muere un ángel.




IV


El pintalabios hace

que el beso se intensifique,

pero tal vez estéis equivocados,

puede que demasiado cómodos

en la tibia impostura rebelde.


¡Me parece cosmética!




V


Voy a enseñaros las postales que compran los

turistas.

Esto es exactamente lo que quiero deciros.

Dos niñas con vestidos tradicionales

no son un souvenir.

Fuera de foco abren sus manos

para pedir limosna.




IGNACIO VLEMING (1981)

poeta español
























DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY JUEVES, 27 DE NOVIEMBRE DE 2025

 





























miércoles, 26 de noviembre de 2025

DE LAS ENTRADAS DEL BLOG DE HOY MIÉRCOLES, 26 DE NOVIEMBRE DE 2025

 






Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz miércoles, 26 de noviembre de 2025. El PP fía su crítica al Gobierno a decisiones judiciales que desmontan su argumento de que vivimos en una dictadura, se lee en la primera de las entradas del blog de hoy, y una de las penas de la desaparición de Chiquito de la Calzada es que nunca sabremos cómo habría pronunciado lawfare. El libro ‘Sobre el trabajo’ (Página Indómita, 2025), se lee en la segunda de ellas, recoge algunos de los textos más destacados de la filósofa y activista francesa Simone Weil (1909-1943), quien con gran lucidez reflexionó sobre la experiencia obrera, las condiciones laborales modernas y cómo estas repercuten sobre el espíritu humano. La geografía es el destino de cualquier país, podemos leer en la tercera de las entradas de hoy, y pocos destinos son tan despiadados como ser vecino de Rusia. En la cuarta de hoy podemos leer un archivo del blog de diciembre de 2016 en el que se hablaba del funcionamiento de la justicia en España: una justicia lenta, politizada, antigua y ahogada en papel, con la mitad de jueces que la UE, una organización decimonónica y unos sistemas informáticos no se entienden entre sí: un desastre permanente. El poema del día es hoy de un poeta sudafricano nacido en 1924, y comienza con estos versos: Como cuando la partida de ajedrez comienza/hasta que uno es forzado a renunciar./El pensamiento/es una función/del carácter. Y la última entrada del día, como siempre, son las viñetas de humor. Volveremos a vernos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Sean  felices, por favor. Tamaragua, amigos míos. Y como decía Sócrates: ἡμεῖς ἀπιοῦμεν. HArendt













DE POLÍTICOS Y JUECES

 







El PP fía su crítica al Gobierno a decisiones judiciales que desmontan su argumento de que vivimos en una dictadura, escribe en el El País (25/11/2025) el profesor de Ciencia Política de la Universidad de Gotemburgo, Víctor Lapuente. Una de las penas de la desaparición de Chiquito de la Calzada, comienza diciendo, es que nunca sabremos cómo habría pronunciado lawfare. Aunque seguro que hubiera sido más atinado que nuestros políticos. Porque todos abusan del concepto: la izquierda al pensar que detrás de toda acción judicial hay una causa política, y la derecha al entender que detrás de toda acción política debe haber una causa judicial. El Gobierno se encastilla en el poder argumentando un asedio de jueces motivados por ideología —lo cual es poco razonable, pero útil— y la oposición centra su ataque al Gobierno en los casos judiciales —lo cual es absolutamente irracional—.

Así, el lawfare se ha convertido en el invisible éter que sostiene la vida política en España. Como la quintaesencia en la antigua Grecia o el fluido de Mésmer en el XIX, el lawfare no existe, pero es el principio que lo activa todo.

No hace falta ser Einstein, quien descartó el éter con la teoría de la relatividad, para cuestionar la existencia del lawfare. Solo hay que confiar en la integridad de los miembros de una judicatura sometida a un garantismo extremo, con decisiones colegiadas y múltiples niveles de apelación. En una red tan tupida cualquier injusticia acaba atrapada. Y luego mirar los datos. Ninguna democracia ha sentado en el banquillo a tantos representantes de los grandes estamentos: de la banca a la Casa Real pasando por muchos políticos conservadores. El PP tiene un rosario de causas abiertas y sentencias pendientes.

No tiene lógica creer en una confabulación judicial contra el Gobierno, como hace la izquierda, aunque tiene sentido político si la legislatura es estéril. Pero lo que no tiene pies ni cabeza es lo del PP: encomendarse a las causas judiciales para atacar al Gobierno. Los populares han sentenciado anticipadamente a Sánchez por todo tipo de delitos: abuso de poder por el caso del fiscal general, corrupción política por la amnistía, o ser el jefe de un equipo de gánsteres.

El PP fía su crítica al Gobierno a unas decisiones judiciales que, o no son como esperan (la amnistía en Europa) o, si lo son (como el fallo contra García Ortiz), desmontan su argumento de fondo: que Sánchez es un dictador. Qué dictadura tan rara donde el fiscal general es condenado por revelación de secretos, y los jueces acorralan a dos exsecretarios de Organización del partido en el Gobierno, a la esposa y al hermano del presidente. Aún pueden rectificar. Solo necesitan pensar que Sánchez no es un autoritario Orbán, sino un inane Scholz o Macron. Eso lo vería hasta Condemor. Víctor Lapuente













DEL TRABAJO

 







El libro ‘Sobre el trabajo’ (Página Indómita, 2025), se lee en la revista Ethic (22/10/2025)  recoge algunos de los textos más destacados de la filósofa y activista francesa Simone Weil (1909-1943), quien con gran lucidez reflexionó sobre la experiencia obrera, las condiciones laborales modernas y cómo estas repercuten sobre el espíritu humano. El artesano que posee sus propias herramientas, su propia materia prima, reina en su trabajo. Moldea la materia a su gusto, utilizando las herramientas como mejor sabe, según su criterio, gracias a la habilidad que es su virtud propia. Regula el ritmo de trabajo a su conveniencia. Como ser vivo y pensante, dispone con libertad de las cosas inertes sometidas a su acción. Su inteligencia domina la materia. […]

Este dominio, que constituye la felicidad y la dignidad del trabajador, se transforma paulatinamente en una completa esclavitud, a medida que la artesanía es sustituida por la manufactura realizada con ayuda de una máquina, y que esta manufactura es sustituida por la fábrica, es decir, a medida que se desarrolla el régimen capitalista. El capitalismo se define aparentemente por el hecho de que el obrero está sometido a un capital material compuesto de instrumentos y materias primas, que el capitalista no hace más que representar. El régimen capitalista consiste en que las relaciones entre el trabajador y los medios de trabajo se invierten: el trabajador, en lugar de dominarlos, es dominado por ellos.

La historia del capitalismo es la historia del desarrollo de la cooperación en el trabajo. Las condiciones materiales del capitalismo se hicieron realidad cuando se reunió en un gran local a un gran número de obreros con el encargo de transformar una materia que no les pertenecía. Los obreros se convirtieron entonces en asalariados; debían entregar al patrón una parte de sus productos, pero en el curso del trabajo seguían siendo semejantes a los artesanos independientes. De igual manera, en nuestros días, las relaciones entre el campo, el arado y el hombre son las mismas ya sea el arado conducido por el propietario o por un asalariado.

Pero los obreros reunidos en un mismo lugar no trabajaron independientemente los unos de los otros durante mucho tiempo. La agrupación de los trabajadores condujo casi de inmediato a la cooperación y, en consecuencia, a la división del trabajo. A partir de ese momento, el trabajador independiente no fue ya el obrero, sino el taller en su conjunto. El patrón debía asegurarse de la coordinación del trabajo y, por lo tanto, cada trabajador estaba sometido a su autoridad durante el transcurso de la jornada. Pero cada obrero seguía siendo hasta cierto punto independiente en la parte del trabajo colectivo que se le había encargado. Debía saber por sí mismo lo que tenía que hacer. Poseía, si no las herramientas, al menos el manejo de las mismas. Poseía su habilidad de buen obrero. Era un elemento activo del taller.

Pero el trabajo es tanto más productivo cuanto más dividido está. Así, la división del trabajo fue llevada poco a poco hasta su grado máximo, en el que cada trabajador solo tiene un gesto que realizar. A partir de ese momento, el gesto del obrero podía ser sustituido por un movimiento mecánico. Y fue entonces cuando se desarrolló el maquinismo. La máquina tiene con respecto al obrero fabril la superioridad de asegurar una coordinación mucho más precisa de las diversas partes del trabajo colectivo, ya que los engranajes ciegos son mucho más regulares en su funcionamiento que los cuerpos humanos. Una vez que la máquina ocupó el lugar de la simple coordinación de los trabajos, el obrero se vio privado no solo de las herramientas, sino también del manejo de las mismas: esta manipulación quedaba asegurada en adelante por la propia máquina. La inteligencia, la habilidad, todas las virtudes que hacen tan valioso al artesano quedaron así ubicadas al margen del trabajador, y como cristalizadas de manera inerte, en forma de máquina.

Desde entonces, la subordinación del trabajador al capital, del ser vivo y pensante a la materia ciega, se realiza en la forma misma del trabajo; se convierte en una condición de la producción, presente en cada momento de la misma. El obrero, privado sucesivamente de la materia prima y de la instrucción de su habilidad, no posee ya más que su fuerza animal; y esta fuerza solo puede ser un elemento de la producción si se la pone al servicio de la máquina del mismo modo que el buey es puesto al servicio del labrador. […]

El papel del régimen capitalista en la historia humana ha consistido en hacer pasar a la humanidad del trabajo individual al trabajo colectivo, y en aumentar así, en proporciones formidables, la productividad del trabajo. El capitalismo ha cumplido con este papel, pero solo lo ha hecho aplastando cada vez más al trabajador, hasta reducirlo a una condición absolutamente inhumana. Los trabajadores llegados al último grado de sometimiento empiezan a tomar conciencia de esa condición inhumana en que se encuentran; y a partir de ese momento, el problema que deben resolver es el de restablecer el dominio del trabajador sobre las condiciones de trabajo, sin destruir la forma colectiva que el capitalismo ha impreso a la producción. En la solución a este problema radica toda la Revolución. Este texto es un fragmento de ‘Sobre el trabajo’ (Página Indómita), de Simone Weil.