domingo, 9 de noviembre de 2025

LA VERDADERA PRUEBA DE NUESTRO PROGRESO. ESPECIAL 10 DE HOY DOMINGO, 9 DE NOVIEMBRE DE 2025

 







Trump ha puesto a Estados Unidos en retroceso, escribe el economista Robert Reich en Substack el 5 de noviembre de 2025. Amigos, comienza diciendo, los demócratas tuvieron un gran día ayer, es la verdadera prueba de nuestro progreso, y crucial que perfeccionen su mensaje económico para las elecciones de mitad de mandato del próximo año, centrándolo en la asequibilidad y la equidad.

Trump está haciendo lo contrario. Aunque un tribunal federal le ordenó seguir proporcionando cupones de alimentos a unos 42 millones de estadounidenses de bajos ingresos que dependen de ellos, ayer amenazó con negárselos de todos modos hasta que termine el cierre del gobierno.

En una publicación en redes sociales, afirmó que los beneficios del Programa de Asistencia Nutricional Suplementaria, comúnmente conocido como cupones de alimentos, “solo se otorgarán cuando los demócratas de la izquierda radical abran el gobierno, lo cual pueden hacer fácilmente, ¡y no antes!”. Qué bajo ha caído Trump.

Hace ochenta y ocho años, en su segundo discurso inaugural, Franklin D. Roosevelt dijo a Estados Unidos que “la prueba de nuestro progreso no consiste en si aumentamos la abundancia de quienes ya tienen mucho, sino en si proporcionamos lo suficiente a quienes tienen muy poco”.

No se trataba de una prueba del poderío militar de la nación ni del tamaño de su economía. Era una prueba de nuestra autoridad moral. Teníamos el deber de consolar a los afligidos, incluso si eso implicaba incomodar a los acomodados.

El régimen de Trump ha adoptado el criterio inverso. Su progreso se medirá por si aumenta la abundancia de quienes ya tienen mucho y reduce la ayuda a quienes tienen muy poco. Y está superando esta prueba con creces.

El régimen inicialmente indicó su disposición a utilizar 4.650 millones de dólares de fondos de emergencia para financiar los cupones de alimentos, lo que cubriría aproximadamente la mitad de los beneficios de este mes. En consecuencia, algunas familias estadounidenses necesitadas habrían comenzado a recibir ayuda alimentaria, pero no la suficiente, y esto no ocurriría hasta dentro de varias semanas. Los nuevos solicitantes de este mes no recibirían ninguna ayuda.

Ahora, en abierta rebeldía contra la orden del juez, Trump afirma que no se proporcionarán cupones de alimentos en absoluto, a menos que los demócratas del Congreso cedan en su exigencia.

¿Y cuál es esa demanda? Que los estadounidenses de bajos ingresos continúen recibiendo atención médica subsidiada. De lo contrario, las primas de los seguros médicos para millones de estadounidenses de bajos ingresos se dispararán el próximo año en un promedio del 30 por ciento, debido a que la ley republicana de Trump, conocida como "Gran Hermosa" (Gran Fea), recortó drásticamente los subsidios de Obamacare.

Los republicanos impusieron la ley "Big Ugly" en el Congreso sin dar a los demócratas del Senado la oportunidad de obstruirla, porque los republicanos utilizaron un proceso llamado "reconciliación", que solo requería una votación mayoritaria del Senado.

El programa The Big Ugly también exige a los solicitantes y beneficiarios de Medicaid —también de bajos ingresos— que documenten al menos 80 horas de trabajo al mes.

Muchas personas que dependen de Medicaid no podrán hacerlo, ya sea porque son incapaces de trabajar o porque no podrán realizar los trámites necesarios para obtener una exención del requisito laboral.

La Oficina de Presupuesto del Congreso estima que el requisito de trabajo será la mayor fuente de ahorros de Medicaid, reduciendo el gasto federal en los necesitados en 326 mil millones de dólares durante 10 años y provocando que millones de personas se queden sin seguro médico.

En total, el Gran Recorte Fiscal recorta aproximadamente 1 billón de dólares durante la próxima década de programas cuyos principales beneficiarios son los pobres y la clase trabajadora, y otorga alrededor de 1 billón de dólares en beneficios fiscales a los miembros más ricos de nuestra sociedad. Se trata del cambio más drástico en la prueba moral de FDR en la historia de Estados Unidos. Ante esta indignación, el cierre del gobierno es la única herramienta práctica que tienen los demócratas.

Para la segunda investidura de FDR en 1937, la mayor parte del país aún sufría de vivienda precaria, alimentación deficiente y falta de ropa. Sin embargo, todos estábamos en la misma situación. La fortuna de los magnates de la Edad Dorada había quedado prácticamente destruida por la Gran Depresión de 1929.

Tal vez en esas circunstancias era más fácil aceptar la idea de que la prueba de nuestro progreso no radicaba en si aumentábamos la abundancia de quienes ya tenían mucho, sino en si proporcionábamos lo suficiente a quienes tenían muy poco.

Hoy, sin embargo, los intereses económicos dominan Estados Unidos, ejerciendo tanto poder económico y político que la nación está suspendiendo estrepitosamente la prueba de Franklin D. Roosevelt.

El pasado fin de semana, justo cuando millones de estadounidenses de bajos ingresos perdían sus cupones de alimentos, Trump organizó una fastuosa fiesta con temática de “El Gran Gatsby” en su finca de Mar-a-Lago, repleta de flappers de los años 20 y música inspirada en Gatsby de los locos años veinte.

Algunos críticos lo han calificado de “insensible”, pero fue una representación precisa del tono que Trump ha impuesto a Estados Unidos.

Trump está organizando una gran fiesta para los ricos de Estados Unidos: les otorga recortes de impuestos y desregulación para garantizar que su riqueza (y el apoyo hacia él) siga creciendo.

Mientras tanto, les está ofreciendo a los estadounidenses pobres y de clase trabajadora el alimento más jugoso del odio: odio hacia los inmigrantes, las personas de color, el “estado profundo”, los “socialistas”, los “comunistas”, las personas transgénero y los demócratas.

Esta es la fórmula que los hombres fuertes han utilizado durante un siglo: más riqueza para los ricos, más  intolerancia para la clase trabajadora y los pobres, hasta que toda la fachada se derrumba bajo el peso de su propia hipocresía. Pero ayer, millones de votantes estadounidenses se negaron a tolerar esta injusticia. Rechazaron, de forma contundente y clara, la fórmula que Trump y su régimen han utilizado.

Ahora es responsabilidad de todos nosotros —ya seamos demócratas, republicanos o independientes; ricos, de clase media, de clase trabajadora o pobres; conservadores o progresistas— devolver a la nación a una senda moralmente sostenible. Robert Reich























COPLESTON Y RUSSELL. EL DEBATE SOBRE LA EXISTENCIA DE DIOS. ESPECIAL 9 DE HOY DOMINGO, 9 DE NOVIEMBRE DE 2025

 







¿Existe Dios? La cuestión pone a prueba los límites de la racionalidad y del conocimiento, escribe en Nueva Revista (22/10/2025) el director de la misma José  Manuel Grau. En 1948, la BBC emitió un programa sobre la existencia de Dios. Hizo historia y la transcripción de aquel debate ha dado lugar a su vez a innumerables debates. Los invitados eran (y son) dos celebridades globales: Frederick C. Copleston y Bertrand Russell. El primero, un jesuita mundialmente conocido por su Historia de la filosofía. El segundo, un agnóstico, lógico matemático, filósofo también, y una de las mentes más agudas del siglo XX. 

Durante la discusión repasaron tres argumentos relacionados más o menos directamente con la posible demostración de la existencia de Dios. La contingencia es el primero. Todos los seres que constituyen el mundo son contingentes: existen, pero podrían no haber existido.  Existen, pero no existen por sí mismos. Eso, para Copleston, no para Russell, remite a un ser necesario cuya esencia incluya existir. Los otros dos argumentos son el de la experiencia religiosa: muchos hombres la tienen y la manera más sencilla de explicarla es por alguna causa objetiva. Y el argumento moral: en la medida en que reconocemos bien y mal, hay que pensar en un ser supremo, justificación y garante de esa realidad. 

La existencia o no existencia de Dios es una cuestión decisoria, el filo de la navaja para muchos seres humanos, quizás para todos, pero tiene además un interés intelectual añadido: pone a prueba los límites de la racionalidad y del conocimiento.

Según Copleston, la existencia de Dios puede ser filosóficamente probada por un argumento metafísico. Metafísico quiere decir más allá de lo experimental. Además, según él, solamente la existencia de Dios da sentido a las experiencias moral y religiosa. 

Russell está de acuerdo con Copleston en que lo que llamamos «el mundo» consta sencillamente de seres contingentes. Pero para Russell los seres contingentes están simplemente ahí y carece de sentido incluso plantear la cuestión de explicar su existencia. Russell argumenta que no necesita recurrir a Dios para dar cuenta ni de las obligaciones morales ni del sentido religioso. Se remite a soluciones distintas, como la costumbre o la educación.

Al comienzo del famoso debate de la BBC sobre la existencia de Dios, Frederick C. Copleston pregunta a Bertrand Russel si está de acuerdo en que por Dios se significa «un ser personal supremo, que es distinto del mundo y creador del mundo». Russell responde: «Sí», sin más. Puede ceder ahí porque es un agnóstico. No persigue demostrar que Dios no exista (no es ateo), sino que el conocimiento de Dios es inaccesible al entendimiento humano. Copleston, como cabía esperar, afirma que «un ser tal existe realmente», y que su existencia «puede ser probada filosóficamente». 

Copleston pregunta a Russell: «¿Estaría usted de acuerdo en que si no hay Dios —si no hay Ser absoluto— no puede haber valores absolutos? Quiero decir, ¿estaría usted de acuerdo en que si no hay bien absoluto se sigue como resultado la relatividad de los valores?». Russell no está de acuerdo: «No; yo pienso que estas cuestiones son lógicamente distintas».

Copleston defiende que «para poder explicar la existencia [toda existencia, la existencia en general], hemos de llegar a un ser que contenga dentro de sí mismo la razón de su propia existencia, es decir, que no pueda no existir». Russell responde: «La dificultad de este argumento es que yo no admito la idea de un ser necesario, ni admito que tenga significado particular alguno decir de otros seres que son “contingentes”». Estas frases no tienen para Russell significación, «a no ser dentro de una lógica que rechazo». Lo ilustra de esta manera:  «La palabra “necesario” es, me parece, una palabra inútil, salvo en el caso de que se aplique a proposiciones analíticas, no a cosas». Las proposiciones analíticas (como Dos y dos son cuatro) expresan verdades necesarias: pueden ser demostradas dentro de un sistema formal. En cambio, las proposiciones sintéticas (como Me duele el estómago) expresan hechos contingentes y dependen de la experiencia.

Copleston le recrimina su actitud dogmática. Lo que no encaja en su máquina es «no existente o es carente de significado». Le echa en cara que un sistema particular de lógica moderna sea el solo criterio de significado. «Usted sabe tan bien como yo que ni su existencia ni la mía pueden ser explicadas sin referencia a algo o a alguien fuera de nosotros, nuestros padres, por ejemplo. Un ser “necesario”, por otra parte, significa un ser que tiene que existir y no puede no existir. Usted puede decir que no hay tal ser, pero le resultará difícil convencerme de que no entiende los términos que estoy empleando».

Llevado a este extremo, Russell precisa que no entra en su lógica «un ser cuya esencia envuelve existencia», aunque no conozcamos «esa esencia». El universo «está justamente ahí, y eso es todo», carece de explicación para el premio Nobel. Inteligible, según Russell, es algo diferente. Lo «inteligible tiene que ver con la cosa misma, intrínsecamente, y no con sus relaciones». Para Russell, el concepto de causa es «un concepto íntegramente derivado de nuestra observación de cosas particulares». No ve «razón de ningún género para suponer que el total tenga causa alguna». Copleston responde: «Si el total no tiene causa, entonces, según pienso, tendría que ser su propia causa, lo cual me parece imposible». Y de nuevo Russell: «Todo hombre que exista tiene una madre; se me antoja que su argumento es que, por lo tanto, la raza humana tiene que tener una madre. Pero es obvio que la raza humana no tiene una madre: pertenece a una esfera lógica distinta».

Copleston resume el pensamiento de Russell: «No es legítimo ni tan siquiera plantearse la cuestión de la causa del mundo», a lo que Russell responde: «Sí, tal es mi posición». Llegados a este punto, no pueden avanzar más por el argumento de la contingencia. 

Copleston no considera la experiencia religiosa «como una prueba estricta de la existencia de Dios», pero piensa que «es cierto decir que la mejor explicación de ella es la existencia de Dios». La réplica de Russell es esta: «Todo lo que sea argüir, partiendo de nuestros estados mentales, la existencia de algo fuera de nosotros, es un asunto sumamente espinoso». Llega a sostener: «Hasta donde a mí se me alcanza, no veo que pueda usted, partiendo de lo que dicen los místicos, construir un argumento a favor de Dios que no sea igualmente un argumento a favor de Satanás». Y a subrayar: «El hecho de que una creencia tenga un buen efecto moral sobre un hombre no constituye evidencia alguna en favor de su verdad». Más: «Un hombre puede ser profundamente influido por la lectura de Licurgo, bajo la impresión de que este personaje existió anteriormente. En tal caso, ese hombre estaría influido por un objeto al que amaría, pero que no sería un objeto existente». Pero Copleston no se deja avasallar: «En un sentido ese hombre está amando un fantasma —eso es perfectamente cierto—. Pero en otro sentido está amando lo que él percibe que es un valor».

Para Copleston, hay un orden moral inscrito en la conciencia humana, y «es ininteligible si se prescinde de la existencia de Dios». Russell no puede «atribuir un origen divino a este sentido de obligación moral», que juzga «muy fácilmente explicable por vías bien distintas».

Russell siente que algunas cosas son buenas y que otras son malas. Ama las cosas que son buenas o que piensa que son buenas, y odia las cosas que piensa que son malas. «Pero no digo que esas cosas son buenas porque participan de la bondad divina». 

Copleston contraataca: «¿Cómo justifica usted la distinción entre bueno y malo y cómo considera la distinción entre ambos?». Pero Russell no ve que haya que justificar tal distinción más «de lo que deba justificarme cuando distingo entre el azul y el amarillo. ¿Cómo me justifico al distinguir entre el azul y el amarillo? Simplemente, veo que son diferentes».

Copleston pregunta: «¿Por qué facultad distingue lo bueno y lo malo? A lo que Russell responde: «Por mis sentimientos».

Copleston discrepa acerca de que el bien y el mal digan simplemente referencia al sentimiento, porque ello conduciría a que el bien y el mal los impondría el más fuerte del momento, como los nazis en su día. Pero para Russell eso es una simplificación, porque hay que «tomar también en cuenta los efectos de las acciones y sus sentimientos hacia esos efectos».  

Copleston, finalmente, piensa que el modo en que Russell da razón de los juicios morales del hombre lleva inevitablemente a una contradicción entre lo que exige su teoría y sus propios juicios espontáneos. 

Las citas de este artículo están tomadas de: —Russell, Bertrand/Copleston, Frederick C. (2017). Debate sobre la existencia de Dios. Introducción de Carmen Paredes Martín. Traducción de Carmen García Trevijano. Oviedo: KRK Ediciones. Cuadernos de Pensamiento 21. Este debate fue originalmente radiado en 1948 en el tercer canal de la BBC de Londres y publicado en otoño de ese mismo año en la revista Humanitas. Primera edición española en Revista Teorema, Valencia, 1978.  2.ª edición, 2012. 3.ª edición, 2017.

Bertrand Russell (1872-1970) es uno de los filósofos más influyentes del siglo XX. Sus obras sobre lógica y fundamentos de las matemáticas son pioneras. Defendió posiciones pacifistas. En 1950 obtuvo el premio Nobel de Literatura (sí, de Literatura), en reconocimiento a sus «variados y significativos escritos, en los que defiende los ideales humanitarios y la libertad de pensamiento».

Frederick C. Copleston (1907-1994) se convirtió al catolicismo desde el anglicanismo a los 18 años e ingresó en la Compañía de Jesús. Entre 1946 y 1975 publicó su obra magna: una monumental Historia de la filosofía. Adquirió gran notoriedad a partir de su debate con Bertrand Russell en 1948. 

José Manuel Grau Navarro es director de Nueva Revista, doctor en Periodismo (Universidad de Navarra) y licenciado en Ciencias Físicas (Universidad Complutense de Madrid). Ha sido corresponsal de ABC y director de Comunicación del Ministerio de Educación.

















UN IMPUESTO SOBRE EL PATRIMONIO QUE SÍ FUNCIONARÍA. ESPECIAL 8 DE HOY DOMINGO, 9 DE NOVIEMBRE DE 2O25

 







Amigos, cómo construir un futuro mejor a pesar de Trump y sus lacayos republicanos (Parte 1),escribe en Substack (03/11/2025) el economista Robert Reich. No tenemos que depender del gobierno federal, comienza diciendo —que sigue paralizado, cuyo Congreso, controlado por los republicanos, sigue siendo disfuncional, cuya Corte Suprema emite murmullos ininteligibles desde su agenda paralela y cuyo presidente está loco— para impulsar una agenda progresista. Varios estados están tomando la iniciativa.

Un ejemplo claro: recientemente me uní a uno de los sindicatos más poderosos de California (United Healthcare Workers West de SEIU, cuyos miembros trabajan en hospitales y clínicas de todo el estado) y a uno de los economistas más respetados del país (Emmanuel Saez de Berkeley) para presentar una iniciativa electoral estatal de California para 2026 que establecería el primer impuesto sobre el patrimonio del país.

Se trata de un impuesto de emergencia a los multimillonarios, para compensar el recorte de 100 millones de dólares al programa Medicaid de California que Trump y el Congreso republicano impusieron con su proyecto de ley "Una Gran Hermosa" (o "Gran Fea"). Recordemos que dicho proyecto de ley redujo los impuestos principalmente a los ricos y lo financió disminuyendo los fondos federales para Medicaid.

Si la medida reúne los requisitos para incluirse en la boleta electoral de noviembre de 2026 y es aprobada por los votantes de California, impondría un impuesto del 5% sobre el patrimonio de los aproximadamente 200 multimillonarios del estado. El 90% de esos fondos se destinaría a los beneficiarios de Medicaid de California y a las instituciones que los atienden (y el 10% restante a las escuelas primarias y secundarias del estado).

Su propósito es abordar lo que de otro modo sería una crisis para muchos beneficiarios de Medicaid y para los hospitales y clínicas que los atienden. Sin embargo, la medida podría tener implicaciones mucho más amplias para Estados Unidos, en un momento en que la fortuna de los ultrarricos ha alcanzado niveles estratosféricos mientras que los ingresos medios están estancados y la financiación pública se está reduciendo.

De hecho, en varios lugares están surgiendo propuestas para aumentar los impuestos a los ultrarricos para financiar las necesidades de la gente trabajadora promedio; sobre todo en la ciudad de Nueva York, donde el candidato demócrata a la alcaldía, Zohran Mamdani (que podría ser elegido próximo alcalde de la ciudad mañana), pretende aumentar en un 2% los impuestos sobre la renta de los residentes con ingresos anuales superiores a un millón de dólares para financiar el cuidado infantil universal.

Estas propuestas han provocado la previsible indignación de los ricos, junto con amenazas de que se mudarán a otros lugares donde los impuestos son más bajos y predicciones funestas de que sus compañeros plutócratas se negarán a mudarse allí.

Sin embargo, hay escasa evidencia de estas consecuencias. De hecho, cuando Massachusetts aprobó un impuesto a los millonarios en 2023, los conservadores afirmaron que los ricos huirían. Pero dos años después, no lo han hecho, y Massachusetts ha recaudado 5700 millones de dólares para infraestructura y educación pública. Cabe señalar también que la propuesta de California es un impuesto único que se aplicaría exclusivamente sobre el patrimonio neto actual de los multimillonarios en 2025.

Así que, incluso si deciden mudarse a las Islas Vírgenes, seguirán siendo responsables del 5 por ciento de su patrimonio en 2025. (Pueden aplazar sus pagos durante los próximos cinco años, pero estos seguirán basándose únicamente en su patrimonio neto en 2025).

Del mismo modo, el impuesto no afectará la fortuna de ningún multimillonario que se mude a California el próximo año o en cualquier año posterior, ya que solo se aplica a los multimillonarios que viven en el estado este año.

Los ingresos de los multimillonarios estadounidenses han aumentado un promedio del 7,5 % anual desde el inicio de la pandemia, en marcado contraste con el escaso aumento promedio del 1,5 % para los estadounidenses de ingresos medios. Por lo tanto, incluso después de la aplicación del impuesto del 5 %, los ultrarricos seguirán enriqueciéndose a un ritmo vertiginoso.

Las sumas que deberán pagar son fácilmente calculables, ya que aproximadamente el 72% de la riqueza de los multimillonarios reside en sus acciones cotizadas en bolsa. Al igual que con el pago de sus impuestos sobre la renta, los multimillonarios presentarían sus declaraciones de impuestos sobre el patrimonio en 2027 (siempre que la medida se hubiera aprobado en noviembre del año anterior) basándose en su patrimonio neto de 2025. El Estado puede auditar dichas declaraciones si sus estimaciones de sus fortunas difieren significativamente de las presentadas.

La situación política no podría ser mejor, dado que 15 millones de californianos inscritos en Medi-Cal (la versión estatal de Medicaid) están a punto de perder gran parte, si no la totalidad, de su seguro médico debido a los recortes impuestos por Trump y los republicanos del Congreso, quienes, una vez más, redirigieron esos fondos a enormes recortes de impuestos para los ricos. Y recuerden, este impuesto afecta solo a 200 multimillonarios. (Los californianos tienen hasta junio para reunir el número requerido de firmas válidas —aproximadamente 874.000— para incluirlo en la boleta electoral de noviembre de 2026).

Por supuesto, esta no es la solución definitiva a las vergonzosas desigualdades de riqueza e ingresos en Estados Unidos, pero es un comienzo. Puede abrir el camino a nuevos esfuerzos para controlar a los obscenamente ricos. Ojalá que la elección de Mamdani mañana abra otro camino.

Estos esfuerzos son esenciales no solo para financiar lo que la mayoría de la gente necesita, sino también para preservar nuestra democracia.

También ofrecen poderosos recordatorios de que, incluso con Trump dominando Estados Unidos como una babosa gigante, el cambio positivo puede y seguirá ocurriendo a nivel estatal (y municipal). Continuaré destacando las propuestas estatales más prometedoras e importantes. Robert Reich es economista.























COMO AFRONTAR EL CAOS TRUMPISTA. ESPECIAL 7 DE HOY DOMINGO, 9 DE NOVIEMBRE DE 2O25

 






Amigos, escribe en Substack (02/11/2025) el economista Robert Rich (Reflexión dominical: Cómo afrontar el caos de Trump), Trump es incapaz de permitir que las tensiones y los conflictos disminuyan sin crear otros nuevos. Un ejemplo claro, comienza diciendo,: tras reunirse la semana pasada con el presidente chino Xi Jinping, anunció que China y Estados Unidos —la mayor y la segunda mayor economía del mundo— reducirán la tensión en la guerra comercial. Suena bien, supongo (hasta que te das cuenta de que las dos naciones han vuelto a la situación anterior a que Trump iniciara la guerra comercial).

No contento con apaciguar las aguas, Trump también anuncia que Estados Unidos reanudará de inmediato las pruebas de armas nucleares, tras más de 30 años de inactividad. ¿Por qué? No da ninguna explicación, salvo que «otras naciones» lo están haciendo. (Ninguna de las tres principales potencias militares del mundo ha realizado una prueba de armas nucleares desde 1996, pero lo harán si Estados Unidos reanuda las pruebas).

El aspirante a rey, enajenado por su locura, no soporta ni un instante de calma. Se nutre de las crisis, las emergencias, el caos y el desorden; todo lo cual le otorga más poder, si se lo permitimos. Se niega a financiar el programa SNAP (cupones de alimentos) durante este cierre del gobierno, a pesar de que el Congreso asignó fondos para tal fin. No extenderá los subsidios de Obamacare. Sus aranceles están perjudicando gravemente a los agricultores y a las pequeñas empresas. Por no hablar de sus violentas redadas del ICE, sus persecuciones penales contra opositores políticos y su “guerra” contra Venezuela.

En todos los ámbitos de nuestra vida, está aumentando el estrés. ¿Cómo debemos afrontar este caos provocado por Trump? No se trata de ignorar las noticias. Esto solo beneficia la estrategia de Trump: cree que puede causar aún más caos si no prestamos atención.

No fingiendo que nada de esto importa. Sí importa . La negación solo debilita nuestra determinación. Desde luego, no cayendo en la desesperación o la falta de esperanza. Eso es lo que Trump y sus seguidores desean más que nada. La falta de esperanza es una profecía autocumplida. Entonces lo ganará todo.

Afrontamos la situación fortaleciéndonos. Nos manifestamos, como ya lo hicimos el 18 de octubre con cifras récord, y como lo volveremos a hacer con cifras aún mayores. Llamamos a nuestros representantes en el Congreso. Asistimos a sus reuniones públicas. Protegemos a las personas vulnerables de nuestra comunidad. Nos organizamos para las elecciones de mitad de mandato. También nos tomamos las cosas con calma. Mantente al tanto de las noticias, pero no intentes leer todo lo que te llega. Tómate un respiro de vez en cuando.

Nos mantenemos informados, y mantenemos informados a los demás, de las cosas positivas que están sucediendo: la probabilidad de que la Proposición 50 de California sea aprobada el martes, que Zohran Mamdani se convierta en alcalde de Nueva York, que Virginia y Nueva Jersey elijan a demócratas.

Agradecemos la valentía y la determinación de los jueces de nuestra nación (incluidos algunos nombrados por Trump) para detener sus brutales e ilegales ataques.

Observamos el desplome en las encuestas de Trump, debido en gran medida a sus descabelladas políticas económicas. Incluso sus votantes le están dando la espalda.

Mantenemos la fe en los ideales de Estados Unidos. Nos mantenemos lo más cerca posible de nuestros seres queridos y amigos más entrañables. Y celebramos los pequeños y nobles actos de bondad, dondequiera que ocurran. Robert Reich es economista.

















LA RELACIÓN ESPECIAL DEL MAPA DE ORIENTE PRÓXIMO. ESPECIAL 6 DE HOY DOMINGO, 9 DE NOVIEMBRE DE 2025

 







La historiadora Montserrat Ginés Gilbert, reseña en  Revista de Libros (30/09/2025) el libro de Martin Alonso Zarza titulado El rabo mueve al perro. Israel y Estados Unidos en el devenir de Oriente Próximo

(Barcelona, El Viejo Topo, 2025). El reciente libro de Martin Alonso Zarza El rabo mueve al perro: Israel y Estados Unidos en el devenir de Oriente Próximo, comienza diciendo, se publica mientras Gaza, ocupada por Israel desde 1967, sufre un asedio atroz por parte del ejército israelí en respuesta al ataque de Hamás a las bases militares israelíes y a los asentamientos fronterizos el 7 de octubre de 2023. Su población ha sido diezmada y sus edificios e infraestructuras completamente destruidos. Gaza, a la que el autor califica de «crisol de desesperación, sufrimiento y trauma» ya no existe.

El rabo mueve al perro evidencia un amplio conocimiento del autor de la temática abordada. Se prevé que el lector agradezca su análisis exhaustivo y profundo, a la vez que accesible en términos de comprensión, gracias a un buen trabajo de puntualización y desarrollo de las tesis expuestas con el propósito de garantizar la continuidad del hilo argumental. Con ello conseguirá conocer con exactitud la «relación especial» entre Estados Unidos e Israel que ha diseñado a distancia la política de Oriente Próximo durante los últimos 75 años.

Por suerte para los lectores en español ahora pueden acceder a un estudio completo, riguroso y bien documentado sobre los factores que han hecho posible la perpetuación del conflicto palestino-israelí, también conocido como la ocupación de los territorios palestinos por parte de Israel. El autor nos advierte de que no se trata de un libro sobre la cuestión palestina, pero puntualiza que esta es insoslayable, ya que esta es crucial para el futuro del Próximo Oriente, para las relaciones entre Occidente y el sur global y, en última instancia, para la supervivencia del orden internacional tal como lo conocemos hoy.

Desde un principio, Alonso Zarza establece las bases de su perspectiva cuando anuncia que no atenderá al requisito de imparcialidad «desde la neutralidad de la equidistancia», sino que ejercerá su derecho a establecer los hechos «desde la prioridad normativa que inspiró la lección de la catástrofe mayor del siglo XX y se plasmó en el Derecho Internacional Humanitario y la Declaración Universal de los Derechos Humanos». Para entender lo que pasa en Gaza, afirma, hay que tener en cuenta dos cosas: no hay inmaculadas concepciones en el devenir de las sociedades (Gaza no es un cisne negro) y los destinos no están predeterminados. A su juicio, solo desde posturas esencialistas y excepcionalistas se puede defender esta visión.

El rabo mueve al perro es un análisis detallado de los principales factores ideológicos, políticos, religiosos, étnicos y culturales que han contribuido a que el fenómeno de la creación y permanencia del Estado de Israel en Palestina, seguido de la expulsión de la población árabe de Palestina, su confinamiento en campos de refugiados y su borrado como ciudadanos de pleno derecho se haya convertido en el llamado conflicto palestino-israelí: un tumor enquistado en el vientre de Oriente Próximo. Mediante una organización del material en apartados temáticos relacionados entre sí y con el respaldo de una bibliografía extensa, se va trazando el verdadero perímetro de Israel ―un pequeño país de unos diez millones de habitantes― que no es otro que el alcance de su enorme influencia global.

Se nos advierte que lo que ocurre en Gaza ya ocurrió en Srebrenica: la limpieza étnica, la pulsión genocida, descritas por David Hearst en Gaza extermination: Netanyahu is finishing the job while the world watches (2024) como el horror compartido de «la separación de hombres que desaparecen, ejecuciones sumarias, privación de agua, alimento e infraestructura sanitaria, muertos cuyo número multiplica varias veces el de Srebrenica, y que se pudren en las calles, producción industrial de la muerte y desprecio de la legalidad internacional». El autor, que conoce bien los estragos del nacionalismo serbio, señala la afinidad ideológica entre éste y los mitos del sionismo, ambos obsesionados con la homogeneización étnica. Mladic y Karadzic tuvieron que asumir sus responsabilidades en La Haya. No así los dirigentes israelíes, lo cual debería alertarnos de que nos estamos deslizando hacia «la incivilización de la mano de la impunidad». Asistimos a un recrudecimiento de la sistematización del horror, del empoderamiento de los agentes de la violencia y de la indefensión de las víctimas. A diferencia de lo ocurrido en Potočari, Gaza es masacrada por Israel a la vista de todos. Israel ocupa un lugar destacado dentro de la corriente de descivilización que caracteriza a los países de la órbita iliberal. Es su avanzadilla, pues cuenta con el poderoso apoyo de Estados Unidos y sus aliados, que le han dado luz verde para cometer sus atropellos. Curiosamente, a las extremas derechas en todo el mundo les ha costado muy poco dar la espalda a su pasado antisemita (el antisemitismo de verdad) y acompañar a Israel en su deriva hacia el supremacismo, el nativismo y el nacionalismo fundamentalista, aunque en el caso de Israel todos estos extremismos estén además aderezados con fuertes dosis de mesianismo, militarismo y fundamentalismo religioso. Por ejemplo, Geert Wilders, fundador y líder del partido de extrema derecha holandés PVV, convencido islamófobo y opuesto a la emigración, es uno de los mayores valedores de Israel, además de haber vivido en este país y de tener muy buenos contactos con el lobby israelí del que ha recibido financiación.

El autor sostiene la hipótesis de que el Estado de Israel ocupa una posición central en el movimiento iliberal a escala global; un movimiento que se caracteriza por su hostilidad hacia los valores de la Ilustración, los derechos humanos, el concepto de nación como comunidad de ciudadanos y la emancipación universal. Además, el proyecto sionista tiene la característica singular de ser la última iniciativa colonial de Occidente. En consecuencia, se erige como un anacronismo histórico que comparte con el anacronismo decimonónico «la alterización deshumanizadora que ve a los colonizados como animales». Así es como Theodor Herzl veía a los árabes, como seres inferiores, y al Islam como una fuerza tenebrosa. Para él, Israel era un muro de contención para Europa frente al Islam, un centinela avanzado de la civilización europea frente a la barbarie. Leemos que la extrema deriva iliberal de Israel ya había sido denunciada por el escritor y pacifista israelí David Grossman, quien catalogó el paisaje político de Israel antes del 7 de octubre como «la fusión de la religión con el mesianismo, de la fe con el fanatismo, de lo nacional con lo nacionalista y lo fascista», resaltando «la indiferencia casi total de los israelíes frente a la ocupación» como «parte sustancial de la identidad de Israel»1. En la misma línea de Grossman, Alonso Zarza critica la visión romántica asociada al sionismo primigenio que prometía transformar el desierto en un edén, cuando «lo que conoce la mitad de la población que vive en Palestina es cómo destruye casas, mata el ganado, incendia cosechas y arranca almendros y olivos»; todo ello con la pasividad o incluso la colaboración del ejército israelí.

El acta política que cierra la puerta definitivamente a que Israel pueda ser considerada una comunidad de ciudadanos, lo que el autor denomina «el desenlace del frenesí iliberal», está contenida en las llamadas leyes de Israel como Estado nación. Según la Ley de Nacionalidad, el Estado de Israel pertenece al pueblo judío, en una identificación expresa de pueblo y territorio. Cualquier intento de hacer referencia al derecho internacional o a los derechos humanos de los palestinos será objeto de rechazo y recriminación. Se invocará el carácter excepcional de Israel debido al sufrimiento histórico del pueblo judío, la necesidad de defenderse en un entorno hostil y el hecho de ser la única democracia de Oriente Próximo, es decir, se invocará la impunidad. La reclamación al derecho exclusivo de la tierra para los judíos, antes respaldado principalmente por el sector radical de los colonos, tiene cada vez más adeptos en Israel. La profunda militarización de la sociedad israelí se asienta en el uso indebido del Holocausto como coartada posibilitando que la exaltación del ejército se combine con la deshumanización de los palestinos. Según Miko Peled2, se trata de un ejército cada vez más integrado por los colonos de los asentamientos, una «combinación tóxica de mesianismo, militarismo y extremismo nacionalista que mina el pluralismo social, porque alienta el silenciamiento de los disidentes y las libertades civiles».

Un amplio apartado de El rabo mueve al perro está dedicado a analizar en profundidad lo que constituye el nudo argumental del libro: la relación especial que mantienen Estados Unidos e Israel: «Israel no tiene mejor amigo que Estados Unidos, y Estados Unidos no tiene mejor amigo que Israel», dijo Netanyahu durante una visita a aquel país en 2011. Diez años antes, se le había escuchado pronunciar otras palabras, sinceras esta vez: «Estados Unidos es algo que se puede mover muy fácilmente, mover en la dirección correcta. No se interpondrán en tu camino». Ambas frases, afirma el autor, recogen la esencia de la relación especial, «una suerte de puente aéreo entre los líderes de ambos países… la sensación de sentirse en casa en el Estado huésped».

La relación especial se erige sobre una intrincada red de conexiones de carácter bíblico, ideológico-religioso, político, militar y económico. Resulta particularmente ilustrativa la parte del libro dedicada a explicar el mito fundacional de carácter religioso que comparten Estados Unidos e Israel, sin el cual la instrumentalización mediático-cultural que ha influido tan decisivamente en que los ciudadanos estadounidenses tengan una opinión tan favorable de Israel quizás no habría sido tan exitosa. El simbolismo de la «ciudad sobre la colina» (City Upon a Hill) destinada a ser el faro de rectitud para todos los que arribaran al nuevo mundo define la misión de los peregrinos llegados a las costas de Nueva Inglaterra. Esta misión civilizadora se recupera a finales del siglo XIX bajo el lema del Destino Manifiesto, en esta ocasión encomendada por el Dios de la conquista que llama a «América» a expandir su territorio hasta llegar al Pacífico. Del mismo modo, Israel fundamenta la creación de un Estado para el pueblo judío en un mandato divino que instituye el derecho a una tierra («desde el río hasta el mar») según lo prescrito en los textos sagrados. El excepcionalismo adscrito a ambas misiones colonizadoras lleva implícita una apología religiosa de la expansión territorial y una autorización para llevar a cabo la limpieza étnica. La ideología del Destino Manifiesto justificó la violación de tratados, la confiscación de las tierras a los pueblos indígenas y eventualmente su expulsión forzada. También el mito del pueblo escogido y la amenaza de los amalecitas bíblicos, como encarnación del mal, han sido usados por Israel como justificación para el pillaje territorial, los constantes ataques a los palestinos y, en definitiva, para negarles el derecho de autodeterminación. El autor califica de «sanción bíblica del colonialismo» el respaldo de las iglesias evangélicas estadounidenses al proyecto sionista, una «faceta poco discutida de la relación especial» (pág. 188). El evangelismo ha defendido posiciones directamente racistas en Estados Unidos (en el siglo XIX, muchas iglesias bautistas del sur defendían la esclavitud basándose en la lectura de la Biblia) y ha mantenido vínculos con el apartheid en Sudáfrica. Los evangélicos cristianos «born again» creen en la segunda venida y son una importante fuerza política dentro al Partido Republicano.

El mito del excepcionalismo que comparten Israel y Estados Unidos es un punto de partida eficaz, pero no lo suficiente para explicar por qué acabó arraigando tan profundamente la legitimación de la relación especial en el ideario del ciudadano estadounidense. El autor mantiene que el empuje definitivo lo aporta la gran influencia de Hollywood en la cultura de masas, que contribuye al «enmarcado victimista y nativista del Holocausto», al mismo tiempo que «legitima y normaliza la formación de un Estado colonialista, la limpieza étnica y la subordinación del pueblo palestino». Desde mediados de los 70, esta operación contribuye a la «americanización, deshistorización y patrimonialización instrumental del Holocausto» negándole su carácter pedagógico al menospreciar a las víctimas de otras atrocidades. Se lo presenta como parte de la memoria estadounidense, una coartada para neutralizar toda crítica a Israel y para adscribir un estatus especial al hecho de ser judío. El éxito de la novela Exodus (1990) (20 millones de ejemplares vendidos en un año), el programa de Oprah Winfrey presentado en Auschwitz o La lista de Schindler son algunos de los ejemplos de mercancía sentimental para el consumo de masas.

El poder duro de la relación especial opera mediante compromisos estratégico-militares y de inteligencia que han perpetuado la ocupación bajo pretexto de las necesidades especiales de seguridad de Israel e incluso bajo la apariencia de procesos de paz. Israel se presenta como la avanzadilla de la civilización, la única democracia de Oriente Próximo, aunque los hechos lo contradicen. Dice el autor citando a David Grossman que «un régimen de ocupación no puede ser democrático. Es imposible». En los grupos de presión que defienden los intereses de Israel se unen el poder ideológico, económico y militar a través de sus respectivos canales religioso, neoliberal y neoconservador. En este contexto, se destaca la importancia de «A Clean Break: A New Strategy for Securing the Realm», un proyecto concebido con el propósito de consolidar la posición regional de Israel mediante su fortalecimiento militar y la contención activa de sus oponentes. El plan, resume Martin Zarza, tenía como finalidad diseñar «un Gran Oriente Próximo a la medida de Israel (Gran Israel) con la balcanización de los países árabes y la bantustización de Cisjordania» y suponía una ruptura del concepto de paz por territorios por el de paz por la fuerza. La seguridad y estabilidad de Israel ya no dependerán de negociaciones y acuerdos de paz. La guerra de Irak se alineaba de manera precisa con este propósito. La autoría de «A Clean Break» refleja la diversidad de las minorías activas del lobby proisraelí. Fue elaborado por el grupo «Study Group on a New Israeli Strategy Toward 2000» del think tank The Institute for Advanced Strategic and Political Studies (IASPS) con sede en Washington y Jerusalén y liderado por Richard Perle, exsubsecretario de Defensa para Asuntos Estratégicos Globales de Ronald Reagan y director del American Enterprise Institute (AEI). Firman el documento otros 6 participantes con afiliaciones en instituciones académicas y no académicas y entidades privadas de EEUU e Israel.

El ámbito económico de la relación especial viene precedido por la revolución neoliberal de Israel que, siendo anterior a la de Thatcher y Reagan, actúa de avanzadilla. La «Likudización» de Israel empieza en la época laborista de Rabin, cuando las políticas económicas dejan atrás a las clases trabajadoras e Israel se une a la globalización liderada por Estados Unidos. Bajo el mandato de Netanyahu, Israel se convierte en un ejemplo de privatización, desregulación y liberalización. En Alquimistas del Malestar (2022) Alonso y Merino sostienen que «Netanyahu inauguró el camino de lo que caracterizaría a los populismos del siglo XXI, antes del Brexit, de Donald Trump e incluso de Berlusconi». Lo consigue mediante la «legitimización del capital identitario en la calidad de la pertenencia que aseguraba la Ley Básica», que consagra la exclusividad del pueblo judío a tener derecho a la autodeterminación nacional. Así el proceso de neoliberización se alinea con una etnoreligiosificación.  La clave del éxito del neoliberalismo en Israel se explica muy bien en Start-up Nation: The Story of Israel Economic Miracle (2009), que es otro producto de la relación especial con un claro enfoque económico. Lo publica el American Council of Foreign Relations, un think tank de Wall Street dedicado a globalizar el neoliberalismo como modelo económico del capitalismo. El libro, de gran éxito en Estados Unidos, persigue elevar a Israel a la categoría de milagro de creatividad y desarrollo exaltando su excepcionalismo y calificando a los fundadores del Estado de artífices de la primera nación start-up de la historia. Alonso Zarza lo define como un «exponente del sionismo neoliberal» que «recompone la historiografía sionista para insertar el capitalismo contemporáneo israelí en una secuencia teleológica, realzando la función de los militares como hecho diferencial para crear esa cultura única que ve a los árabes y palestinos como inferiores».

En el apartado dedicado al lobby israelí como poder de las minorías activas en la relación especial leemos esta interesante reflexión de Cicerón para describirlo: «A menudo los procesos sociales responden a una doble característica: la inexistencia de inmaculadas concepciones y la condición pequeña de los orígenes de todas las cosas», que en el caso del lobby israelí, «son, además de pequeños, oscuros». El surgimiento del poderoso lobby proisraelí se origina en una reunión del American Zionist Council (20 de octubre de 1953), después que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas condenara unánimemente a Israel por la masacre de Qibya en la que el Tsahal asesinó a 69 civiles palestinos, mayormente mujeres y niños. En las páginas de El rabo mueve al perro descubrimos la reticencia durante años al simple nombramiento de la existencia de dicho lobby motivada por el temor a las posibles represalias que han sufrido sus opositores. En los cónclaves del lobby israelí, donde el rabo mueve al perro definitivamente, se ha engendrado durante años la política exterior de Estados Unidos a la medida de Israel. En el contexto actual, donde la información sobre este poderoso grupo de presión ha empezado a divulgarse en el ámbito público, y a pesar de las repercusiones desfavorables para Estados Unidos (no son pocos los que consideran a Israel un pasivo crónico para el país), el lobby continúa ejerciendo una gran influencia en los círculos políticos, tanto en las filas republicanas como en las demócratas. Un ejemplo significativo es que apenas encontramos ningún cargo político, ni siquiera ningún presidente, que se arriesgue a contravenir sus propósitos, ya que esto conllevaría la ruina de su carrera política. Se le aplicaría la rúbrica de antisemitismo que señala a los que se atreven a romper el silencio. El autor opina, citando a Mearsheimer y Walt, que el poder del lobby se debilitaría si se llegara a una solución del conflicto palestino, lo que implicaría la pérdida de sus fuentes de poder e influencia.

Si la invocación de los amalecitas bíblicos proporciona a Israel la justificación para mantener su enorme aparato bélico y su dependencia militar de Estados Unidos (el poder duro), la hasbará (el poder blando) busca blanquear los atropellos del Estado de Israel apropiándose del lenguaje por medio de recursos retóricos y de adoctrinamiento para fines propagandísticos. Se trata de la diplomacia pública de Israel, su aparato de comunicación, y también de amedrantamiento cuando hace falta. La hasbará ha conseguido que lo anormal parezca normal, que la ocupación parezca algo no tan malo y que los crímenes de guerra parezcan menos crímenes. El autor atribuye a los servicios secretos israelíes la primicia en el uso de la cancelación y fabricación de posverdades, siendo también la hasbará una avanzadilla de esta práctica. El objetivo es doble: convencer a los que no están de acuerdo en que las políticas de Israel son las únicas posibles, justas y necesarias, e impedir que otras versiones alcancen popularidad. Muchas instituciones de Estados Unidos están influenciadas por la hasbará y en Israel opera como mecanismo de autocensura y silencio. Dos documentos significativos salidos de su agenda son el Informe Luntz y el The Israel Project’s 2009 Global Language Dictionary. El primero, escrito tras la Operación Plomo Fundido, que causó la muerte a 1387 palestinos, recomienda estrategias para transmitir una visión positiva de Israel. El segundo tiene como objetivo instalar su narrativa en los medios y en las universidades. El destino del informe Goldstone que tuvo una gran cobertura mediática después que su autor fuese obligado a retractarse, es otro triunfo de la hasbará.

Y así llegamos a la israelización del discurso político norteamericano, la obra maestra del lobby israelí y ejemplo palpable de la relación especial en su forma de control ideológico. Finalmente, el lobby ha conseguido que las prácticas típicas del macartismo (censura, denuncias y detenciones) se instalen definitivamente en casa. El Campus Watch, por ejemplo, se dedica al señalamiento de alumnos y profesores críticos con Israel a los que acusa de antisemitismo (en ocasiones se les aplica la legislación antiterrorista). Se trata de un proyecto del Middle East Forum (MEF), un grupo de presión del lobby israelí que dice tener la misión de promover los intereses de Estados Unidos en Oriente Próximo y proteger los valores occidentales frente a las amenazas de esa región. Un ejemplo paradigmático reciente de la hasbará es la política informativa del Estado de Israel respecto a la guerra de Gaza. Evidentemente, toda crítica de la hasbará será interpretada como una expresión de antisemitismo.

De la israelización de Estados Unidos pasamos a la israelización del mundo. Cuando se analiza el impacto global de los acontecimientos en Oriente Próximo se hace un «balance (provisional) de daños» con una nómina de afectados. Israel como «epicentro» cuenta con graves deterioros que ha sufrido como sociedad. Se señala su deslizamiento hacia el totalitarismo (que le ha llevado a cometer múltiples operaciones de castigo sobre Gaza con miles de muertos ―la última en curso encaminada a la destrucción total― y miles de asesinatos selectivos), su deshumanización como sociedad (impermeabilidad al sufrimiento causado), su estado de negación permanente de las atrocidades cometidas y el gran pacto de silencio entre la población israelí y sus medios. Israel no tolera las críticas, pero su proverbial recurso a acusar de antisemitismo a los que incurren en ellas ha dejado de ser bien recibido en amplios sectores de la población mundial. Y por último, está la negativa a reconocer la ocupación: Palestina no existe. No hay apartheid.

Palestina y Oriente Medio son los siguientes damnificados. Afirma el autor que Palestina es «un punto ciego para la lente de la relación especial o un agujero negro para la perspectiva del derecho internacional». En su supuesta tarea de mediación, Estados Unidos ha favorecido siempre a Israel y menoscabado la realidad palestina. Sus sucesivos presidentes han pasado de puntillas por la continuada colonización de Cisjordania por los judíos ortodoxos y los supuestos procesos de paz han sido manipulados por Israel con su consentimiento. Gaza ha sufrido cinco operaciones de castigo anteriores a su destrucción en curso iniciada en octubre de 2023. Los palestinos de los territorios ocupados sufren rutinariamente detenciones y encarcelamientos sin garantías, expropiación de tierras y ataques violentos de los colonos amparados por el Tsahal. Todas estas prácticas están destinadas a impedir la creación de un Estado palestino.

Estados Unidos es el penúltimo afectado. A pesar de ser el responsable del fracaso de la paz en Oriente Medio, al actuar siempre de parte en favor de Israel, al permitir los asentamientos ilegales y desinteresarse por la suerte de los palestinos, es evidente que está manipulado por Israel en una relación desigual sin obtención de beneficios. En casa tendrá que lidiar con la corriente extremista e iliberal de su extrema derecha (el proyecto estrella del trumpismo es Project 2025, elaborado por The Heritage Foundation, una organización ultraconservadora sintonizada con el lobby israelí que ejerce influencia sobre la política estadounidense con el fin de lograr una mayor alineación con los intereses de Israel). También su imagen exterior de EEUU ha sufrido un gran deterioro a causa de su apoyo sin fisuras a Israel. A pesar de todo ello, el autor no prevé un cambio de rumbo en la relación especial «mientras la cultura de la justicia y los derechos humanos permanezca subordinada a los intereses defendidos por el lobby israelí».

Finalmente, la relación especial también daña el orden político global, ya que Estados Unidos incumple la legalidad internacional al desentenderse de los valores protegidos por las instituciones de las que supuestamente debería ser valedor (en los últimos 20 años, EEUU ha vetado 17 resoluciones del Consejo de Seguridad, 15 de las cuales eran relativas a la cuestión palestina). Su apoyo incondicional a Israel en la operación de destrucción de Gaza muestra que la democracia estadounidense rompe las reglas del derecho internacional y que los ideales que dice defender no son los mismos que los que aplica en Oriente Próximo. Por otro lado, los ataques de Israel a la Corte Penal Internacional y la Corte Internacional de Justicia, así como a las tropas de las Naciones Unidas, preconizan que en Gaza puede perecer también el orden internacional junto a los palestinos. La inacción de la Unión Europea en el conflicto ahonda todavía más la distancia entre Occidente y el Sur Global, lo que debilita la posición moral del primero en el mundo. Sin embargo, en contraste con las posturas de los líderes políticos, la opinión pública, tanto en el ámbito occidental como en el contexto global, se ha manifestado de manera contundente en contra de la ofensiva militar israelí en Gaza, lo que presagia un desajuste en el liderazgo político mundial.

El autor teme una regresión al «nosotros» contra «ellos» si se produce un serio deterioro del marco normativo de las Naciones Unidas creado con el fin de velar por los derechos humanos. Al ignorar el dolor de todas las víctimas de atrocidades perdemos nuestra humanidad, tal como invoca esta reflexión del historiador Enzo Traverso3 que el autor cita en el epílogo: «Si la memoria del Holocausto significa apoyar la política de Israel todas nuestras referencias se derrumban».

Estas son las principales conclusiones que se desprenden de la obra reseñada: el conflicto de Oriente Próximo está ligado estrechamente a la cuestión palestina y su resolución depende de la política exterior de EEUU, la cual juega siempre en el bando de Israel. El lobby israelí, que mueve los hilos de Oriente Próximo desde hace años, posee un gran poder de influencia con el que se asegura el compromiso y la lealtad de prácticamente todo el espectro político norteamericano para que se oponga a cualquier cambio que pueda desviarse del curso político establecido por Israel, incluyendo el fin de la ocupación y la promoción de procesos de paz auténticos. Paralelamente, el ciudadano estadounidense, influenciado por la narrativa hollywoodiense que durante años ha presentado a Israel encapsulado en un relato ficticio y edulcorado en el que los palestinos están ausentes, ha incorporado los mitos de Israel e ignorado sus realidades. El autor defiende su tesis sobre la trama relacional de poder entre Israel y Estados Unidos sirviéndose de una sólida base documental. A pesar de ello, es inevitable que la complejidad del tema abordado rebase el espacio de un solo volumen como el que nos ocupa aquí. (Si bien cabe recordar que Alonso Zarza ya había abordado el tema del iliberalismo y del populismo autoritario de Israel en Alquimistas del malestar. Del momento Weimar al trumpismo global (2022), una obra escrita en colaboración con F. Javier Merino).

El marco del libro, concluido en 2024, permite iluminar la operación conjunta de Israel y Estados Unidos contra Irán llevada a cabo el 22 de junio de 2025, de acuerdo con el plan de intervención en Oriente Próximo diseñado en el documento «A Clean Break» ya mencionado. La hasbará se ocuparía de confeccionar la narrativa apuntando al riesgo que el arsenal nuclear iraní representa para la estabilidad de la región y la paz mundial y ocultando simultáneamente que Israel es el único país del Oriente Próximo que posee dicho arsenal. Mientras Gaza, sometida a la hambruna y al exterminio, continúa estando en el punto ciego de la relación especial, parecen visualizarse puntos de rotura en el tejido de conformidad imperante hasta ahora en la sociedad estadounidense. Asistimos al rechazo cada vez mayor de su población joven, en muchos casos de ascendencia judía, a la política de ocupación de Israel y en general de agresión en Oriente Próximo. También es novedosa cierta oposición por parte de algunos medios del mainstream a plegarse a la doctrina de silencio oficial. Incluso en las filas de la extrema derecha estadounidense que apoyó a Trump surgen voces disidentes que critican el objetivo, nunca cuestionado con anterioridad, de librar guerras no propias de las que EEUU no obtiene ningún beneficio. No obstante, a pesar de su naturaleza extraordinaria y novedosa, estas manifestaciones son claramente insuficientes para alterar el equilibrio de fuerzas e intereses de la relación especial. En el contexto actual, se puede afirmar que el lobby proisraelí mantiene su estructura de poder inalterada, y que el futuro de la población palestina bajo ocupación israelí depende en gran medida del impulso y la capacidad de las organizaciones civiles de derechos humanos, así como de la persistencia de las organizaciones internacionales en contener el ataque a su legitimación por parte de sus detractores.

Montserrat Ginés Gibert es profesora jubilada de Tecnología y Cultura de la Universidad Politécnica de Cataluña. Licenciada en Historia Moderna y Contemporánea y doctora en Filología Inglesa. Ha realizado trabajos y colaboraciones en las áreas de literatura norteamericana, literatura comparada y tecnología y cultura. Es autora de The Southern Inheritors of Don Quixote (Louisiana State University Press, 2000) y The Meaning of Technology: Selected Readings from American Sources (Edicions UPC, 2003).