martes, 26 de noviembre de 2013

Viviendo en Babel por un fin de semana



A todos nos ha pasado encontrarnos con limitaciones por culpa del idioma. Normalmente ocurre cuando uno viaja a un país con distinta lengua que el suyo, pero gracias al traductor de Google y cuatro frases aprendidas en el avión de ida, uno es capaz de salir adelante... (sigue aquí). Ruth Campos
Del blog "Pensando en la estación" 




Entrada núm. 2002
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Pues tanto como saber me agrada dudar (Dante Alighieri)

lunes, 25 de noviembre de 2013

Una "Esperanza" frustrada


Lo escribo con mayúscula porque la "Esperanza" a la que me refiero en el epígrafe no es una de las tres virtudes teologales definidas como tales por la iglesia católica. Me refiero, como supongo que habrá adivinado sin excesiva dificultad el lector de esta entrada, a doña Esperanza Aguirre, condesa de Bornos, Grande de España, expresidenta del Senado, exministra de José María Aznar, expresidenta de la Comunidad Autónoma de Madrid, y la gran "esperanza" blanca (ahora sí, con minúscula) del liberalismo español del siglo XXI para liderar en un futuro no por indeterminado, necesariamente lejano, a ese catastrófico ente hacia la deriva autoritaria y reaccionaria en que se ha convertido el partido popular español. 

Hasta ahora, en que esa esperanzada Esperanza ha demostrado su talante liberal, del que ella siempre ha presumido, espetando al ministro de Justicia una iracunda reprimenda por no haber cesado al magistrado español en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo, el juez don Luis López Guerra, que tuvo el indecoroso atrevimiento de votar en contra de la interpretación de la justicia española sobre la denominada "doctrina Parot". 

Eso es espíritu liberal, doña Esperanza, y lo demás cuento. Locke, Montesquieu, Constant, Stuart Mill, Madison, Jefferson, etc., etc., etc., ellos sí, auténticos liberales, tienen que estar removiéndose inquietos en sus tumbas viendo en lo que se ha convertido la doctrina liberal en España, y en quienes son sus protagonistas, al inicio de la segunda década del siglo XXI.

Porque digánme ustedes, por favor, que tiene que ver la doctrina clásica del liberalismo político, establecida desde el siglo XVII y definida por características tales como considerar al individuo como persona única, la libertad como un derecho inviolable, la igualdad ante la ley, el derecho a la propiedad como fuente de desarrollo, la división de poderes como garantía de un gobierno democrático, la libre discusión como medio de participación política o la tolerancia religiosa como imperativo de un Estado laico, con lo que hoy está haciendo el partido popular y su gobierno en España. Una esperanza frustrada más: frustrados los españoles, frustrados los liberales, frustrada doña Esperanza, condesa de Bornos. No seré yo quien lamente su frustración, sobre todo la de esta última... 

Sean felices, por favor. Y como decía Sócrates: "Ιωμεν", vámonos. Tamaragua, amigos. HArendt


Entrada núm. 2001
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La ópera "Marina", de Emilio Arrieta, desde El Palco de RTVE


Como todos estos últimos finales de mes es un inmenso placer para este blog que su entrada número 2000 esté dedicada a una de las grandes obras de la ópera española. Una de las representaciones que han marcado el panorama operístico de este año y que llegó el pasado domingo al programa El Palco, de la 2 de RTVE, presentado por la soprano Ainhoa Arteta, acercándonos un espectáculo escénico de primer orden como es la ópera "Marina", de Emilio Arrieta, en una producción del Teatro de la Zarzuela.

Fue compuesta por el maestro Emilio Arrieta a partir del libreto de Miguel Ramos Carrión, quien a su vez había adoptado una zarzuela de Francisco Camprodón. Esta obra se estreno como zarzuela en 1855 en Madrid, y fue el propio Arrieta quien la transformó en ópera para estrenarla años después en el Teatro Real, convirtiéndose en la primera ópera cantada en español que se estrenaba en el mismo.

Ahora llega a RTVE como una nueva producción del Teatro de La Zarzuela, de este mismo año, en la que se combina material musical de las dos versiones, como ópera y como zarzuela, de forma que el público puede escuchar arias y fragmentos musicales de esta obra por vez primera.

Esta ópera en tres actos cuenta con la dirección musical de Cristóbal Soler y con un elenco formado por la soprano Mariola Cantarero, como Marina, y el tenor Celso Albelo y los barítonos Simón Orfila y Juan Jesús Rodríguez, entre otros.

El director de escena, Ignacio García, ha creado una realista y romántica versión en la que se han cuidado todos los detalles para recrear un puerto de mar en el escenario del Teatro de La Zarzuela, ya que "Marina" es una historia que transcurre en Lloret de Mar, cuando este era un pueblo de pescadores, y narra los amores y desamores de sus protagonistas: Marina, Jorge y Pascual. Pueden disfrutarla íntegramente en el enlace de más arriba. Desgraciadamente su contenido solo estará disponible hasta el próximo día 9 de diciembre. 

Sean felices, por favor. Y como decía Sócrates: "Ιωμεν", vámonos. Tamaragua, amigos. HArendt



Entrada núm. 2000
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Día Internacional contra la Violencia Machista


Hoy, 25 de noviembre, Día Internacional contra la Violencia de Género, expresión esta que no refleja con exactitud la inmensidad de esta lacra social, quiero dedicaros la entrada a vosotras y para vosotras: las mujeres del mundo, con todo mi respeto y admiración profunda. Y con ella, la más hermosa pintura de mujer del Museo Thyssen-Bornemisza, de Madrid: "El retrato de Giovanna Tornabuoni", de Domenico Ghirlandaio (1449-1494). Y lo hago sin comentarios innecesarios; tan solo, con la reproducción de la genial viñeta que Forges hiciera con este mismo motivo en tal fecha como hoy de 2009. 

Sed felices, por favor. Y como decía Sócrates: "Ιωμεν", vámonos. Tamaragua, amigas. HArendt


Entrada núm. 1999
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domingo, 24 de noviembre de 2013

Vanidad o banalidad: ¿cuestión de semántica?


La segunda acepción que el Diccionario de la Lengua Española da a la palabra vanidad es la de "arrogancia, presunción y envanecimiento"; la primera de banal, término semánticamente muy parecido, es la de "trivial, común e insustancial". Con sinceridad, no pienso que la vanidad sea uno de mis grandes y peores pecados capitales, pero a punto de llegar a la entrada número 2000 del blog, y con esta de hoy, la 223 del año, igualar las del 2011, que fue el que más tuvo, no sé si es el momento de decir adios a una experiencia que comenzó va a hacer ocho años y que da muestras de agotamiento.

En noviembre de 2008, mi paisano, el escritor y periodista Juan Cruz, escribió uno de esos estupendos artículos que te obligan a pensar sobre, a poco que cribes la información, la enorme e informe cantidad de vanidad y banalidad que uno se encuentra en internet. O el de hoy mismo, del profesor Daniel Innerarity en El País, titulado "El lado menos amable de la red"

Decía hace un momento que la vanidad no me afecta en exceso, pero la banalidad me aterra. Y releído ahora el citado artículo de Cruz, al cabo de los años, es un poco la puntilla que me faltaba para la desmoralización absoluta.

Como casi siempre que me pongo sentimental, y hoy lo he estado en grado sumo viendo durante todo el día reportajes y series televisivas sobre el magnicidio de Dallas de hace cincuenta años (¡Dios mio, cincuenta años ya; si me parece que fue anteayer!), no se muy bien donde acudir para serenar mi espíritu, y como no tengo un "Jack Daniels" con hielo a mano, acabo buscando refugio en la poesía. Por puro azar recalo de nuevo en "Las flores del mal" (Alianza, Madrid, 1984) de Charles Baudelaire; sí, el mismo libro que hace unos meses conté ya en el blog que intenté leer sin demasiado éxito a mi nieto de ocho años. Como soy de los que piensan que la poesía es intraducible, les dejo la versión castellana reseñada y la original en francés del tercer poema del libro, el titulado "Elevación", que me ha parecido muy ilustrativo de mi estado anímico de hoy. Y mañana será otro día; o al menos eso espero. 

Sean felices, por favor. Y como decía Sócrates: "Ιωμεν", vámonos. Tamaragua, amigos. HArendt



"Élévation"

Au-dessus des étangs, au-dessus des vallées,
Des montagnes, des bois, des nuages, des mers,
Par delà le soleil, par delà les éthers,
Par delà les confins des sphères étoilées,

Mon esprit, tu te meus avec agilité,
Et, comme un bon nageur qui se pâme dans l'onde,
Tu sillonnes gaiement l'immensité profonde
Avec une indicible et mâle volupté.

Envole-toi bien loin de ces miasmes morbides;
Va te purifier dans l'air supérieur,
Et bois, comme une pure et divine liqueur,
Le feu clair qui remplit les espaces limpides.

Derrière les ennuis et les vastes chagrins
Qui chargent de leur poids l'existence brumeuse,
Heureux celui qui peut d'une aile vigoureuse
S'élancer vers les champs lumineux et sereins;

Celui dont les pensers, comme des alouettes,
Vers les cieux le matin prennent un libre essor,
— Qui plane sur la vie, et comprend sans effort
Le langage des fleurs et des choses muettes!

Charles Baudelaire ("Les fleurs du mal")

***

"Elevación"

Por encima de estanques, por encima de valles,
De montañas y bosques, de mares y de nubes,
Más allá de los soles, más allá de los éteres,
Más allá del confín de estrelladas esferas,

Te desplazas, mi espíritu, con toda agilidad
Y como un nadador que se extasía en las olas,
Alegremente surcas la inmensidad profunda
Con voluptuosidad indecible y viril.

Escápate muy lejos de estos mórbidos miasmas,
Sube a purificarte al aire superior
Y apura, como un noble y divino licor,
La luz clara que inunda los límpidos espacios.

Detrás de los hastíos y los hondos pesares
Que abruman con su peso la neblinosa vida,
¡Feliz aquel que puede con brioso aleteo
Lanzarse hacia los campos luminosos y calmos!

Aquel cuyas ideas, cual si fueran alondras,
Levantan hacia el cielo matutino su vuelo
-¡Que planea sobre todo, y sabe sin esfuerzo,
La lengua de las flores y de las cosas mudas!

Charles Baudelaire ("Las flores del mal")



Entrada núm. 1998
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viernes, 22 de noviembre de 2013

Primo Levi: Una historia sobre Auschwitz


Los que vivís seguros 
En vuestras casas caldeadas
Los que os encontráis, al volver por la tarde,
La comida caliente y los rostros amigos:
Considerad si es un hombre
Quien trabaja en el fango
Quien no conoce la paz
Quien lucha por la mitad de un panecillo
Quien muere por un sí o por un no.
Considerad si es una mujer
Quien no tiene cabellos ni nombre
Ni fuerzas para recordarlo
Vacía la mirada y frío el regazo
Como una rana invernal.
Pensad que esto ha sucedido:
Os encomiendo estas palabras.
Grabadlas en vuestros corazones
Al estar en casa, al ir por la calle, 
Al acostaros, al levantaros;
Repetídselas a vuestros hijos.
O que vuestra casa se derrumbe, 
la enfermedad os imposibilite,
Vuestros descendientes os vuelvan el rostro.

"Si esto es un hombre" (Primo Levi, 1958)



En el número de diciembre de 2005 leí en "Revista de Libros" un artículo títulado "Trilogía de Primo Levi", escrito por el profesor y sociólogo Juan Manuel Iranzo. Como hago siempre que leo algún artículo o crítica sobre algún libro que me llama la atención (poco o ninguno de ellos será nunca un "super ventas" en las estanterías de las grandes superficies comerciales), guardo la referencia cuidadosamente para comprarlo y leerlo cuando se presente la ocasión favorable. Sinceramente, ya compro pocos libros, pero por fortuna la Biblioteca Pública del Estado en Las Palmas de Gran Canaria, como ya he comentado en ocasiones anteriores, tiene un buen fondo de títulos y suele ser generosa en la adquisición de aquellos que no tiene y le solicito: "Si esto es un hombre" (Muchnik Editores, Barcelona, 2002), de Primo Levi, fue uno de ellos.

La misma tarde que lo saqué de la biblioteca, junto a los "Pensamientos", de Blaise Pascal, comencé a leerlo en la guagua que me traía de vuelta a casa. Nada más llegar, le comenté a una buena amiga a través del féisbuc la profunda impresión que la lectura de sus primeras páginas, que se abren con el poema que reproduzco más arriba, me habían causado, y que tenía la impresión de que no iba a ser capaz de seguir con su lectura. Su respuesta casi inmediata, fue que no era capaz de imaginar como un lector como yo me cuestionaba continuar leyéndolo. Su crítica, cariñosa pero directa, fue un estímulo para mí. Acabo de terminarlo hoy mismo, casi de un tirón, como es habitual cuando una lectura me engancha, entre llevadas y traídas de nietos al colegio y acompañamiento a mis hijas, de chófer, en sus precompras navideñas y de reyes. Y tengo que decir que es uno de los libros más intensamente conmovedores que he podido leer nunca y que me ha provocado un mayor impacto emocional; y he leído bastantes, ya "nel mezzo del cammin di nostra vita", que decía Dante. 

"Si esto es un hombre" es el primero de los libros de la trilogía que Primo Levi (1917-1987), nacido en el seno de una familia judía del Piamonte, dedicó a los campos de exterminio nazis. En 1943 fue capturado como partisano y deportado a Auschwitz. El libro relata en primerísima persona el horror de unos seres cuya principal preocupación era de la sobrevivir para poder contar la atrocidad de los campos de exterminio. Una atrocidad que nadie creería si nadie puediera contarla. Es lo que hace Levi en el austero testimonio de unas páginas, escritas con serenidad y sin odio, devolviendo al horror su realidad y haciéndolo inteligible. Y eso, a pesar de la demoledora sentencia del filósofo alemán Theodor Adorno de que "escribir poesía después de Auschwitz sería un acto de barbarie". Levi lo hizo, y aquí queda su testiomonio. 

Su lectura me ha llevado a reeditar mi entrada de hace unos días, la titulada: "En el 75.º aniversario de la "Kristallnacht" o Noche de los cristales rotos. ¿Vuelta a empezar?", cuya relectura, así como el artículo del profesor Iranzo y la biografía de Levi que cito más arriba, me atrevo a recomendarles.

Sean felices, por favor. Y como decía Sócrates: "Ιωμεν", vámonos. Tamaragua, amigos. HArendt


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Lágrimas por Kennedy, en el 50.º aniversario de su asesinato


Cincuenta años no son nada, a escala cósmica; a escala humana es otra cosa. Resulta bastante probable que una persona pueda celebrar el primer cincuentenario de un hecho que vivió, conoció y le afectó, para bien o para mal, cincuenta años antes. Que pueda conmemorar o recordar ese mismo hecho cien años después, resulta, por desgracia, bastante improbable.

Mis padres estuvieron suscritos a la revista gráfica "LIFE", en español, que les llegaba desde México, entre los años 1952 y 1969. Recuerdo que estaban encuadernadas, por semestres, en unos impresionantes tomos en piel de color verde que a mí me encatanba hojear cuando estaba enfermo y me quedaba en cama. Fue con ellas con la que me aficioné al beísbol, mi deporte favorito, y a la política. Cuando me vine a Canarias, en 1967, las perdí de vista, y cuando mis padres murieron, desaparecieron de casa sin dejar rastro. Recuerdo un reportaje de 1961 que realizaron a las pocos estadounidenses que todavía vivían al cumplirse el centenario del inicio de la Guerra de Secesión que enfrentó al Norte y al Sur entre 1861 y 1865. Y por supuesto, los que dedicaron a las elecciones presidenciales de 1960, la crisis de los misiles con Cuba y el magnicidio de Dallas.

A esta hora exacta, las 18:30 de la tarde (hora de Canarias) del 22 de noviembre, se cumplen cincuenta años del asesinato, aun no esclarecido a juicio de la historia, aunque sí lo esté a efectos oficiales, del presidente de los Estados Unidos de América, John F. Kennedy, y aunque mi hija Ruth me reproche, con humor y bastante razón, que lo saque a relucir cíclicamente en el blog (ella me dice, con cierto aire de sorna que se sabe la entrada de memoria, algo que es verdad, y me lo ha demostrado) hago caso omiso de su advertencia y lo traigo de nuevo hasta aquí porque sé, con seguridad, que no podré hacerlo cuando se celebre el centenario del mismo, aunque espero y deseo que mis hijas, mis nietos y bisnietos me recuerden con cariño ese 22 de noviembre de 2063 cuando se conmemore tan trascendental acontecimiento de la segunda mitad del siglo XX.

Supongo que todos nostros nos hemos preguntado en alguna ocasión porqué hay acontecimientos y recuerdos que quedan fijados en la memoria como grabados a fuego y otros, en cambio, acaban difuminándose hasta perderse sin dejar rastro. ¿Cuáles son esos recuerdos preferentes?: ¿La primera experiencia sexual? ¿El descubrimiento de la muerte? ¿El nacimiento del primer hijo?… 

Para mí, uno de esos acontecimientos que perduran para siempre en la memoria ocurrió el 22 de noviembre de 1963, a esta misma hora de hace cincuenta años. Era viernes, y en Madrid las siete y media de la tarde. Yo tenía en ese tiempo 17 años, y estaba llegando a la casa de mis padres, en la calle Chile, en el distrito de Chamartín, donde vivíamos entonces.

Volvía andando hasta allí, para ahorrarme el billete de autobús, desde el Hospital Militar de Maudes, en Cuatro Caminos, a unos seis kilómetros de casa, de visitar a mi madre, que estaba internada en él a la espera de ser operada unos días más tarde. Javier Fernández, mi mejor amigo, hijo de guardia civil, como yo, me había acompañado. Los dos estudiabámos en el colegio “Infanta María Teresa”, en la Prolongación de la calle del General Mola (hoy Príncipe de Vergara) Instrucción Pre-Militar Superior. Nuestra ilusión era entrar como alumnos en la Academia General Militar de Zaragoza. Ninguno de los dos sabíamos ni intuíamos que, apenas un mes más tarde, y después de un conflicto bastante cómico con nuestro profesor de francés en el Colegio, aprovechando las vacaciones de Navidad, abandonaríamos los estudios militares y el colegio para siempre. 

Es todavía de día en Madrid. La casa de mis padres estaba en un segundo piso. Nada más entrar en el portal me encuentro a mi hermano Alberto, once años mayor que yo, que bajaba las escaleras saltando los escalones de dos en dos. Al verme, sin apenas detenerse, me espeta: "¡Han matado a Kennedy. Están poniéndolo por la tele!". La verdad es que no le hago mucho caso -él sabe que admiro a Kennedy; es mi héroe favorito- y le suelto un ”¡vete a la mierda, gilipollas!”, que me sale sin pensar. En casa solo está mi cuñada Mary, la mujer de mi hermano. No hay nadie más. Mi padre se ha quedado en el hospital acompañando a mi madre. La televisión está encendida y, efectivamente, están dando la noticia: El presidente Kennedy ha sido tiroteado en Dallas, Tejas, hace una hora. Me quedo abobado mirando la pantalla. Tengo la impresión de que el mundo, al menos el mundo que yo conozco, se me ha caido encima de repente, pues nunca he vivido una situación como esta. Llamo por teléfono a mis padres al hospital y me pasan con mi madre: le cuento lo que ha pasado, lo que está diciendo la televisión. Se queda muda, y al instante, no se si me dice o me pregunta si “eso va a ser otra guerra mundial”. No se que responderle porque a mi edad no se tienen respuestas para una pregunta así.

Ellos han vivido en Sevilla la proclamación de la República. Estaban en Asturias en octubre de 1934, cuando la revolución obrera. Y en Barcelona, en julio de 1936. Los últimos meses de la guerra civil los ha pasado sola en Barcelona, con mi padre internado en un campo de concentración en Francia. La segunda guerra mundial la han pasado prácticamente en la isla de El Hierro, en Canarias, donde mi padre ha sido destinado, o desterrado -según se vea-, aunque según mi madre, los cinco años allí vividos fueron para ella los más felices de su vida. Es lógico que esté aterrada. Me dice que no le cuente nada a mi padre, que ella se lo dirá ahora. Y cuelga el teléfono entre sollozos. 

Mi hermano, mi cuñada y yo nos pasamos la noche pegados al televisor, como, suponemos, que gran parte de los españoles y del resto del mundo. Al día siguiente, sábado, mi amigo Javier y yo nos encontramos a la puerta del colegio. La calle General Mola está en absoluto silencio a las nueve de la mañana. La gente hace largas colas en los quioskos de prensa, esperando pacientemente para comprar un periódico. No llegamos a entrar en clase. Javier y yo hemos decidido que ese día tenemos cosas más importantes que hacer. Comentamos entre nosotros lo que ha pasado, las noticias que se van filtrando en las colas. Hay miedo en la gente de que hayan sido los rusos, o los cubanos, pues la crisis de los misiles hace pocos meses que ha tenido lugar. Compramos un periódico. Y decidimos ir andando hasta la Embajada de los Estados Unidos, en la calle Serrano, no muy lejos de nuestro colegio. 

Somos “viejos” conocidos de la Embajada pues ambos solemos ir a menudo a leer libros en la Biblioteca de la Casa Americana, una institución cultural dedicada a propagar la imagen y la ideología norteamericana en Europa. Nos sabemos los nombres de todos los estados de la Unión y sus capitales respectivas, y jugamos a menudo a irlos nombrando uno a uno, de memoria, siguiendo su ubicación en el mapa. 

La Embajada está fuertemente custodiada, en el exterior, por la policía española. Entramos en ella mostrando nuestra tarjetas de socios de la Casa Americana y llegamos hasta el acristalado vestíbulo de su entrada principal. La bandera ondea a media asta sobre el techo de la Embajada. Nada más entrar en el vestíbulo, a la izquierda del mismo, han montado junto a una bandera de los Estados Unidos una pequeña mesa cubierta con un paño de terciopelo negro donde hay una bandeja de plata en la que vemos muchas tarjetas de visita. También hay un libro, grande, forrado de cuero azul marino donde vemos que la gente, después de hacer una pequeña cola, deja su testimonio de pésame escrito en el mismo. 

Delante de nosotros hay dos muchachas más o menos de nuestra edad, quizá uno o dos años mayores que nosotros, norteamericanas sin duda, que lloran desconsoladamente. Una es rubia, y la otra pelirroja. La rubia va vestida con falda gris claro y un jersey rojo sin mangas, sobre una blusa blanca. La pelirroja lleva unos ajustados pantalones azules y un jersey blanco. Junto a la mesita un infante de marina norteamericano, con su uniforme de gala, hace la guardia en posición de descanso; con su brazo derecho sujeta un fusil que se apoya en el suelo, el brazo izquierdo está doblado, a la altura de su cintura, en la espalda. El soldado, sin mover un músculo de su rostro, está llorando, mansamente... Mi amigo y yo nos quedamos impresionados por la escena, y al menos a mi se me forma un nudo en la garganta. Escribimos en el libro un escueto “Nuestro más sentido pésame”, y dejamos nuestras firmas. 

Salimos inmediatamente detrás de las dos muchachas al patio exterior de la Embajada donde está el aparcamiento y vemos que las dos se han parado ante un Wolkswaguen (un escarabajo) amarillo. Lanzados, les preguntamos que si viven en Chamartin. Nos contestan, más serenas ya, que no, pero que si queremos nos alcanzan hasta allí. Les decimos que sí, y subimos los cuatro al coche. Ellas delante y nosotros detrás. Hablan bastante bien español. Nos cuentan que son estudiantes y que están pasando un año académico en España para aprender español. El trayecto es corto hasta Chamartin, por el Paseo de la Castellana hacia el norte hasta llegar a la calle de Alberto Alcocer y de allí, girando a la derecha, hasta la plaza de la República Dominicana, donde nos dejan. Intentamos quedar con ellas, pero nos dicen, amablemente, que no. Nuestro intento de ligue ha quedado abortado, pero lo hemos intentado: las hormonas son las hormonas...

Volvemos a nuestras casas después de pasar el resto de la mañana vagabundeando por las calles del barrio. Todo está paralizado, pero hay una gran serenidad en las gentes. Los días siguientes los paso pegado a la televisión y leyendo ávidamente los periódicos. Por televisión veo la emotiva escena a bordo del avión presidencial en que el vicepresidente Johnson, camino de Washington con el cadáver de Kennedy en la bodega del aparato, jura junto a la viuda de éste su cargo como nuevo presidente de los Estados Unidos. Más tarde, cuando ya todo el mundo sabe que han detenido al presunto asesino, Lee Harvey Oswald, estoy viendo en directo por televisión como van a trasladarlo desde el lugar donde está retenido hasta el juzgado. Un único pensamiento cruza mi mente en ese momento: ¡Ójala lo maten! Y ante mis ojos un señor con sombrero tejano, Jack Ruby, sale de entre el público con una pistola en la mano disparando a bocajarro sobre él… Esa premonición, cumplida inmediatamente de formulada, me ha acompañado siempre como una maldición y nunca podré olvidarme de ella. Al igual que me acompañará para siempre la imágen vista de nuevo por televisión días más tarde del solitario corcel negro, ensillado, que acompaña los restos mortales de Kennedy por las calles de Washington; y el saludo militar de John-John, su hijo pequeño, acompañado de su hermana y de su madre, al pasar ante ellos el cortejo fúnebre… Ahí están, vívidos como si fueran hoy, todos esos recuerdos. Y supongo que ahí seguirán, mientras yo pueda seguir diciendo que tal día como hoy de hace nosecuantos años…

A fecha de hoy no parece que haya habido una excesiva proliferación informativa alrededor del cincuentenario. En el diario El País he leído en estas semanas dos interesantes reportajes al respecto: "Los que vieron morir a Kennedy", y el titulado "250 000 voces para llorar a Kennedy". Yo, por mi parte, y para no dejar en mal lugar a mi hija Ruth, traigo de nuevo hasta el blog los enlaces a las entradas y vídeos que publiqué en 2012: "John F.Kennedy, asesinado en Dallas (22/11/63)", y  "Erykah Badu canta "Windows seat" (Dallas, 2010)"; las que dediqué al acontecimiento en 2011: "Tal día como hoy de hace no sé cuantos años...", y "Funeral y entierro del presidente Kennedy"; y la que escribí en 2009 bajo el epígrafe "22-N: Una fecha para el recuerdo"

En este enlace pueden ustedes acceder a un recopilatorio bastante completo de todos los reportajes y noticias que El País ha venido publicando sobre el asesinato de Kennedy desde 1976 hasta ahora mismo. Mi intención es ir añadiendo a la entrada todo aquello que se vaya publicando sobre el cincuentenario que me parezca de interés, por ejemplo, este titulado "El Camelot de Kennedy sin conspiraciones"; este otro: "Abraham Zapuder, piedra fundamental del periodismo ciudadano", sobre el hombre que grabó las únicas imágenes del atentado; el titulado "Quién mató a Kennedy"; este de "Dallas, cincuenta años después"; el de "La América de John F. Kennedy"; o el de "Jackie Kennedy y la invención de Camelot". Así que les invitó a revisar la entrada de vez en cuando durante las próximas semanas. El canal Historia, que puede verse en algunas plataformas de televisión de pago como Digital+ o Movistar TV, tienen programados una serie de reportajes y películas sobre el magnicidio y la trágica historia familiar de los Kennedy para hoy día 22. Y Cuatro, en abierto, el sábado próximo. Espero poder verlos.

Sean felices, por favor. Y como decía Sócrates: "Ιωμεν", vámonos. Tamaragua, amigos. HArendt



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lunes, 11 de noviembre de 2013

Sobre historia y memoria: Muy personal


Resultaría bastante pretencioso por mi parte eso de escribir "historia" con mayúsculas, así que como no quiero pecar de ello después de tanto debate y palabras, algunas interesantes, sobre el polémico asunto de la "memoria histórica", me he decidido a hacer una modestísima contribución a la misma: la de mi propia familia, como homenaje a tantas y tanta otras familias divididas por la guerra civil y obligadas por las circunstancias o por grado a luchar en bandos opuestos. No voy a dar más nombres de los necesarios, pero los hechos y los personajes son reales, y los transmito tal y como a mí me llegaron a través de la memoria y la transmisión oral de mi familia.

13 de septiembre de 1923: El general Primo de Rivera da su golpe de Estado. El rey Alfonso XIII, que se encuentra de vacaciones en San Sebastián con la Familia Real, enterado del pronunciamiento militar, abandona el palacio de Miramar a las doce en punto de la noche. Entra en Madrid a las seis de la mañana. El coche de escolta lo conduce un joven guardia civil de 22 años adscrito a la Casa Real. Es mi padre. Y es republicano.

14 de abril de 1931: Proclamación de la república. Mi padres viven en Sevilla, donde mi padre se encuentra destinado. Mi madre, apolítica total, le comenta estupefacta como es posible que las mismas masas que dos años antes aclamaban emocionadas al rey en la inauguración de la Exposición Universal de Sevilla griten ahora, entusiasmadas, vivas a la república.

Octubre de 1934: Trubia (Asturias). Los mineros se han sublevado contra el gobierno de la república y han ocupado, entre otros lugares, la fábrica de armas sita en la ciudad. Es la denominada "Revolución de Asturias". Asaltan el cuartel de la guardia civil de la localidad. Mi padre está destinado allí. Las mujeres de los guardias y sus hijos, que viven en la casa cuartel, se refugian en zanjas abiertas en el exterior pues el edificio está siendo bombardeado con los cañones que los mineros han obtenido en el asalto a la fábrica. A mi madre, embarazada de mi segundo hermano, le dan un fusil, no sabe muy bien para qué, y la meten en una zanja con mi hermano mayor. Los mineros no llegan a ocupar el cuartel.

18 de julio de 1936: Mis padres viven en Barcelona. Mi padre ya es sargento, y está destinado en el Parque de Automovilismo. Es el chófer del coronel Escobar, jefe de la guardia civil en Barcelona. Está afiliado a Falange Española. Permanece fiel al gobierno de la república ante el golpe militar, como toda la guardia civil de Barcelona.

1938: En fecha indeterminada. Después de vicisitudes varias por toda la zona republicana, mi padre se encuentra de nuevo en Barcelona. Es detenido, acusado de conspiración contra la república y condenado a muerte. Mi abuelo materno, militante socialista, acude desde Madrid para interceder por él y acompañar a mi madre. Se le indulta de la pena de muerte y es ingresado en un barco-prisión fondeado en el puerto de Barcelona. La aviación "nacional" bombardea Barcelona, mi abuelo es alcanzado por una de las bombas y pierde una pierna.

Mi padre y dos guardias civiles más encarcelados, escapan del barco y huyen a pie hasta la frontera francesa. Uno de sus compañeros, herido, es devorado por los cerdos una noche en la que se han refugiado en una alquería, camino de la frontera. Logra llegar a Francia y es internado en un campo de concentración cercano a Lyon. El trato que dan allí a los españoles es inhumano.

Mi madre y mis hermanos no volverán a saber nada de él hasta abril de 1939, cuando por un parte radiofónico se enteran de que ha sido repatriado a España.

1940: Mi padre es investigado y juzgado como desafecto al régimen, al no haberse sublevado en julio del 36. No pueden probarle nada en contra y es destinado como comandante militar a Valverde, en la isla de El Hierro, en Canarias. Allí permanecerá con mi madre y mis hermanos hasta 1945, en que, asciende a teniente y vuelve destinado a la península: primero a Andalucía, donde yo nazco, luego a Asturias y más tarde a Castilla-La Mancha. Asciende a capitán y es destinado a Madrid. En 1956 pasa a la reserva, y se retira, por edad, en 1958, con el grado honorífico de comandante.

Mi madre siempre fue una mujer religiosa, fuerte, y muy conservadora. Toda su familia paterna era militante del partido socialista. Un tio-abuelo mio, el más querido por mi madre, hermano de mi abuelo, fue diputado en las Cortes republicanas y alcalde del municipio de Vallecas, ahora  integrado en el de Madrid. Se llamaba Amós Acero. Era un hombre de orden, muy preparado, republicano ferviente y socialista. Protegió los conventos e iglesias de su localidad cuando ocurrieron los sucesos de abril de 1931, defendiendo a los sacerdotes y religiosas de Vallecas. En 1941, fue condenado a muerte por un consejo de guerra y ejecutado. De nada valieron las intercesiones de esos mismos religiosos que él protegió.

En casa de mis abuelos maternos, de quien eran amigos, en la Rivera de Curtidores de Madrid, comieron muchas veces Indalecio Prieto, Julián Besteiro, Largo Caballero, el doctor Negrín y otros dirigentes socialistas, antes de la guerra civil. Mi madre los conoció desde joven. Mis abuelos maternos murieron a mediados de los años 50. Llegué a conocerlos y jugué muchas tardes en su casa cuando mis padres iban a visitarlos.

Mi abuelo paterno fue también guardia civil. Murió en 1903. Nunca llegué a ver una foto suya. Tuvo 21 hijos, tres con mi abuela, que vivió con nosotros hasta mediados de los 50. En casa de mis padres vi su nombramiento como guardia civil expedido por la reina-regente, María Cristina. Un tio mio, hermano de mi padre, fue teniente de la Legión durante la guerra civil. Todos los hermanos varones de mi madre, y los maridos de sus hermanas, lucharon del lado republicano.

Otro día, si tengo ánimo, seguiré con la historia. Ahora, les dejo el enlace a un interesante artículo aparecido en la Revista Claves de Razón Práctica de noviembre de 2008 titulado "Argumentos patéticos. Historia y memoria de la guerra civil".

Una persona asesinada es una persona asesinada, ¿o no?, se pregunta el autor del mismo, el profesor Ángel G. Loureiro, catedrático de Literatura Española Contemporánea y Teoría Literaria en la prestigiosa universidad de Princeton (Estados Unidos). Uno puede tener una clara simpatía por la República, dice, pero eso no resuelve las cuestiones éticas planteadas por los asesinados de ambos bandos. Y concluye su artículo: Sería muy tranquilizador tener una respuesta políticas a los dilemas suscitados por los asesinatos pero las cuestiones planteadas por todas las víctimas de la guerra civil no admiten una respuesta política tan sencilla como muchos asumen o exigen.

Sean felices, por favor. Y como decía Sócrates: "Ιωμεν", vámonos. Tamaragua, amigos. HArendt


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domingo, 10 de noviembre de 2013

La conferencia de los socialistas españoles: Nov. 2013. ¿Punto y aparte?


Acabó la conferencia política de los socialistas españoles que durante tres días ha tenido lugar en Madrid. Tiempo habrá del análisis pormenorizado de la misma, aunque yo no tengo mucho ánimo para ello, escaldado como estoy de expectativas anteriores. Si lo tiene, por ejemplo, el profesor de la Universidad noruega de Gotemburgo, el español Víctor Lapuente Giné, con unas más que razonables objecciones que formula a las conclusiones de la misma en su artículo "La carga del hombre rojo", que resume en dos puntos: 1) el coste de la propuesta se hace recaer de nuevo en "otros" en vez de pedir sacrificios a los "nuestros"; y 2) hubiese sido más práctico salir de la conferencia con una buena brújula que con un mapa tan detallado. También opina sobre la conferencia política socialista Antonio G. Maldonado, en su blog "Despachos de letras", con un sarcástico artículo titulado "El PSOE de Brian. La Conferencia Política del Frente Judaico".

Lamentablemente, y por culpa de mi escepticismo visceral, creo que ambos tienen razón. En todo caso, tengo claro que la resurrección de la izquierda democrática española pasa necesariamente por el PSOE: por otro PSOE, renovado hasta los tuétanos, o no pasa; y ya me puedan contar desde IU y adláteres lo que quieran, que no hay otra.

Hace unos años vi por televisión una película del director francés Claude Chabrol titulada "Le fleur du mal" (2002). Su personaje principal era una aún joven mujer, esposa de un destacado miembro de la alta burguesía provinciana francesa y concejala en el ayuntamiento de su localidad que decide presentarse como candidata independiente a la alcaldía. En un momento de la película, su marido le pregunta por qué ha decidido presentarse si a ella nunca le ha gustado la política; la respuesta de la esposa es: "lo que yo hago, no es política"... Ganó la alcaldía.

Reproduzco la acepción de político que recoge el diccionario de la Real Academia Española: "persona que interviene en las cosas del gobierno y negocios del Estado". Quizá el personaje tuviera razón en lo que decía...

Por esas mismas fechas (lo recuerdo bien porque ya escribí sobre ello en el blog) oía por la radio las declaraciones de un concejal del ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria que anunciaba que iban a promover la creación de un "metro", de ocho líneas, en la capital insular. Le preguntaba el locutor, supongo que con ingenuidad: "¿Con la financiación del Estado, no?". Y la respuesta fue: "Sí, claro". Sin comentarios. ¿Político o imbécil?... Esa es la clase de "políticos" que no deberíamos permitir que volvieran.

También en noviembre de 2008 publicaba en El País el profesor Ramón Vargas-Machuca, catedrático de Filosofía Política y exdiputado socialista durante cuatro legislaturas, un artículo titulado "Decálogo del buen político". Decía en él, que al buen político cabía exigirle profesionalidad, talento, información, eficiencia, innovación, decisión, prudencia, astucia, responsabilidad y persuasión...

Creo que son cualidades necesarias, pero no suficientes, porque a ellas habría que añadirle dos supuestos externos a él mismo: primero, una retribución justa, equilibrada y suficiente, establecida con carácter previo por un organismo supervisor e independiente de la Administración Pública, gracias a la cual el ejercicio de la actividad política no le resultara lesivo a sus intereses personales y profesionales; y segundo, una taxativa limitación en el número de mandatos en el ejercicio del cargo. A lo mejor así se animarían a dedicarse a la política buenos profesionales ajenos a ella, reticentes a hacer del "servicio público" una forma de vida o de vivir de él... Haberlos, haylos, seguro. Como las meigas, en Galicia, y las brujas en mi tierra, aunque no crea en ellas.

Les recomiendo la lectura de los artículos de los profesores Lapuente y Vargas-Machuca en los enlaces de más arriba; hoy, con más razones que nunca.

Sean felices, por favor. Y como decía Sócrates: "Ιωμεν", vámonos. Tamaragua, amigos. HArendt



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Encontrar las palabras


"Lass uns die Worte finden": Encontremos las palabras... Esa frase se la escribía en una carta de amor la poetisa austríaca Ingeborg Bachmann (1926-1973) al poeta rumano Paul Celan (1920-1970), su amante, poco antes de romper su relación. Ambos están considerados como los autores líricos cumbre en lengua alemana del siglo XX. Ambos murieron jóvenes, en su plenitud artística, de forma violenta: ella, en un extraño incendio, nunca aclarado, de su casa romana; él, tirándose al Sena desde uno de sus puentes en París. Luego me detendré en la razón del título de esta entrada.

Siempre resulta complicado encontrar las palabras justas para lo que uno pretende contar. A mí, mejor lector de ensayo que de ficción, de vez en cuando me entra la vena heterodoxa que uno lleva dentro y se resarce por unos días de tanta lectura pretenciosa, aunque no por ello menos satisfactoria. Por ejemplo, sigo con los ocho volúmenes de la impresionante "Historia crítica del pensamiento español" (Círculo de Lectores, Barcelona) de José Luis Abellán, del que me queda por leer el tomo 7 y la mitad del 6; aunque ahora estoy enfrascado con las "memorias", en dos tomos (de 1946 y 1970, respectivamente) del general Carlos Martínez de Campos, duque de la Torre, que abarcan el período 1892-1953 ("Ayer": Instituto de Estudios Políticos, Madrid). Interesantísimas, pues no en vano fue un gran escritor, miembro de número de la Real Academia Española.

Pero hablaba de mis otras lecturas esporádicas, las noveladas, que de vez en cuando me alegran el espíritu. Con ellas me pasa como con las lluvias en Canarias, que no llueve nunca, pero que cuando lo hace, lo es torrencialmente. Así que, si en la no-ficción, no paso de una veintena de páginas al día, con las "otras", si le cojo el gusto (algo que "sé" si va a ocurrir no más alla de la tercera página) caen de un tirón. Me ha pasado con las tres últimas lecturas, en lo que va de mes, que han caído a una por día: el "San Manuel Bueno, mártir", de Unamuno (Cátedra, Madrid); el "Mister Witt en el Cantón", de Ramón J. Sender (Alianza, Madrid); y el mucho más actual "La verdad sobre el caso Harry Quebert" (Alfaguara, Madrid), del suizo Joël Dickert.

Comienzo por esta última, cuyas "tres" primeras páginas me animaban a abandonar la lectura de las 672 restantes, que se presentaba cansina. Al final, seguí de un tirón con ella y la disfruté; pura literatura de evasión -una trama policíaca- que transcurre en una pequeña ciudad de Nueva Inglaterra a lo largo de una treintena de años y trata sobre la extraña desaparición de una joven. Está muy bien construida y los artificios literarios resultan muy interesantes. En todo caso, una vez leída, se acabó la historia.

De la obra de Sender, está todo dicho, supongo... Yo, al menos, poco tengo que añadir -salvo que la he releído emocionado- sobre esta historia novelada de la revuelta del cantón de Cartagena, que transcurre entre mayo y diciembre de 1873, en plena efervescencia revolucionaria federalista. Momentos finales de una experiencia, la I República española, que acabó a manos, como no podía ser menos, de un militar. Por cierto, antepasado del general Carlos Martínez de Campos de cuyas memorias hablaba al comienzo de la entrada.

De la genialidad literaria y poética, vital y angustiosa, de Unamuno, su "San Manuel Bueno, mártir" es un ejemplo preclaro. Leer su novela es zambullirse en el atormentado mundo interior del que quiere creer, o cree, sin fe. Una terrible experiencia por la que pasé hace ya mucho tiempo y que ya no me atormenta lo más mínimo.

Y toda esa larguísima digresión para, al final, llegar donde quería: a ese "encontremos las palabras" que da título a la entrada de hoy, y que están en el artículo del número de noviembre de la nueva edición electrónica de Revista de Libros, titulado "La retrovanguardia digital". Escrito por Manuel Arias Maldonado, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Málaga, lo pueden leer en el enlace anterior.

Su "tesis" central es -siguiendo al historiador británico Tom Standage, uno de cuyos últimos libros comenta en su artículo- que la erupción de las redes sociales actuales no constituye sino la prolongación natural de una constante histórica: una polifonía social solo interrumpida durante la era de la comunicación de masas, que se ramifica en direcciones insospechadas, disminuyendo así el número de las influencias compartidas sobre las que se organiza la conversación pública.

Y todo, para plantearse finalmente nuevas preguntas acerca del futuro de la opinión pública e incluso de la propia democracia, y concluir, que quizá lo mejor y único posible sea esforzarse en hacer cada uno lo que podamos en el espacio que nos es dado y con los medios de que disponemos; que no son pocos, dice. Y en ello estamos, por lo menos yo... Encontremos pues, las palabras y sigamos adelante.

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En el 75.º aniversario de la "Kristallnacht" o Noche de los cristales rotos. ¿Volvemo a empezar?


En esta noche del 9 al 10 de noviembre se cumplen 75 años justos del inicio de lo que acabaría convirtiéndose en el Holocausto: la "Shoah", el exterminio sistemático y premeditado de los judíos de Alemania y Europa por el régimen nazi. La atrocidad fue de tal calibre que ninguna de las realizadas posteriormente por régimen, estado, nación u hombre alguno, y las ha habido de todos los colores y calibres, le resulta equiparable. Fue la llamada por los historiadores "La Noche de los Cristales". Aquella noche, como había anunciado ya cien años antes el poeta alemán Heine (de origen judío): "quién quema libros termina tarde o temprano por quemar hombres", dio comienzo uno de esos hechos que avergonzarán por siempre a la humanidad. Y como dijo el también judío italiano Primo Levi en uno de los libros más intensamente conmovedores que he podido leer nunca, "Si esto es un hombre" (Muchnik, Barcelona, 2002), quizá no podamos comprender nunca lo que pasó, pero si podemos y debemos comprender dónde nació, y estar en guardia. Si comprender es imposible -dice-, conocer es necesario, porque lo sucedido puede volver a suceder, las conciencias pueden ser seducidas y obnubiladas de nuevo: las nuestras también, concluye.

Lo recordaba en su día un interesante artículo de El País titulado "La España en guerra ante la Kristallnacht", del profesor de Antropología Social de la Universidad Complutense de Madrid, Alejandro Baer.

El artículo del profesor Baer se centraba en explicar la diferente actitud que mostraron ante los hechos que se relatan en el mismo el gobierno y la prensa de la zona republicana, por un lado, y el gobierno y la prensa de la zona nacional, por otro. La primera, condenándolo con energía y rotundidad; la segunda, amparándolo y justificándolo.

Pero a mi lo que más me llamó la atención del artículo fue la afirmación, que comparto, de que "los enraizados prejuicios y estereotipos antisemitas, con que se prodigaron en noviembre de 1938 quienes finalmente ganaron la Guerra Civil, han perdurado durante décadas. Sus resabios y ramificaciones forman parte de nuestro presente". ¿Acaso le cabía a alguien duda de ello? No me atrevería yo a afirmar rotundamente que la mayoría de la sociedad española sea racista; desde luego, arraigados prejuicios antisemitas si que tiene. Y en lo que discrepo del profesor Baer es que provengan del régimen franquista... Tengo la impresión de que son bastante más antiguos.

Hay un libro espléndido y admirable del filólogo e historiador Américo Castro titulado "España en su historia: cristianos, moros y judíos" (Círculo de Lectores, Barcelona, 1989), que explicita ese eterno tema de discusión académica nacional sobre que es el "Ser de España". Castro, contra la opinión de otros eminentes historiadores españoles como Claudio Sánchez Albornoz, con el que polemizó duramente sobre ello, se inclina por la tesis del mestizaje entre cristianos, moros y judíos, como característica definitoria del "ser nacional español". Es por ello por lo que al inicio del capítulo X de su libro afirma con rotundidad: "La historia del resto de Europa puede entenderse sin necesidad de situar a los judíos en un primer término; la de España, no. La función primordial y decisiva de los hispano-hebreos es indisoluble, a su vez, de la circunstancia de haber vivido articulados prietamente con la historia hispano-musulmana."

Como atestigua mi apellido paterno y el escudo de armas familiar (se dice en él que "probó" su hidalguía, lo que significa que había dudas sobre la pureza de su sangre...) soy descendiente de conversos. Como lo fueron innumerables españoles tales como el propio rey Fernando el Católico; los escritores Juan de Mena, Fernando de Rojas, fray Luis de León, Mateo Alemán, Hernando del Pulgar, Jorge de Montemayor y el mismo Miguel de Cervantes; los místicos (y santos) Teresa de Jesús y Juan de la Cruz; el teólogo Juan de Torquemada; el médico y científico Miguel Servet; los filósofos Juan Luis Vives, Francisco Sánchez y Benito Espinosa... La lista es interminable y espléndida.

Decir ahora que el antisemitismo español, según algunos especialistas el más arraigado de Europa, es producto del franquismo, o de la confrontación israelí-palestina actual me parece como poco quedarse un poco cortos... El problema es que tengo la impresión de que Europa, y España con ella, camina de nuevo hacia un resurgimiento populista de la xenofobia y el racismo. Confío en equivocarme, pero ejemplos recientes en sentido contrario, tenemos más que sobrados. Termino con otro párrafo, que me parece muy significativo, del libro de Primo Levi que cité al comienzo de la entrada: "Destruir al hombre es difícil, casi tanto como crearlo: no ha sido fácil, no ha sido breve, pero lo habéis conseguido, alemanes. Henos aquí dóciles bajo vuestras miradas; de nuestra parte nada tenéis que temer: ni actos de rebeldía, ni palabras de desafío, ni siquiera una mirada que juzgue." ¿Volvemos a empezar?

Les dejo un impresionante documento histórico sobre la "Shoah", el documental del mismo título realizado por el director francés Claude Lanzmann en 1985, de nueve horas de duración. Pueden verlo aquí si lo desean. Está en francés y subtitulado en español.

Sean felices, por favor. Y como decía Sócrates: "Ιωμεν", vámonos. Tamaragua, amigos. HArendt


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