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martes, 26 de agosto de 2025
lunes, 25 de agosto de 2025
DE LAS ENTRADAS DEL BLOG DE HOY LUNES, 25 DE AGOSTO DE 2025
Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz lunes, 25 de agosto de 2025. Leí los clásicos y leo las novedades por curiosidad, por gusto y para sentir que son posibles otros veranos, escribe en la primera de las entradas del blog de hoy el escritor José Luis Sastre; leí para aprender a leer, y para aprender a escribir, dice, y para sentir que se podía subir y bajar por un relato e ir y volver y disfrutarlo igual que si todas aquellas cosas de la ficción fueran algo físico y real. En la segunda, un archivo del blog de agosto de 2017, Riay Tatary, presidente de la Comisión Islámica de España, escribía: Hemos de retomar la cotidianeidad más unidos y con el objetivo de un futuro próspero y en paz; todos somos conciudadanos y convecinos y participamos de sueños y anhelos comunes: vamos al trabajo y volvemos a casa, acompañamos a nuestros hijos al colegio y a su regreso, nos preocupamos sobre su futuro. El poema del día, en la tercera, se titula Desolación, está escrito por la poetisa chilena Gabriela Mistral, y comienza con estos versos: La bruma espesa, eterna, para que olvide dónde/me ha arrojado la mar en su ola de salmuera./La tierra a la que vine no tiene primavera:/tiene su noche larga que cual madre me esconde. Y la cuarta y última, como siempre, son las viñetas de humor, pero ahora, como decía Sócrates, "ἡμεῖς ἀπιοῦμεν" (nos vamos); volveremos a vernos mañana si las Euménides y la diosa Fortuna lo permiten. Sean felices, por favor. Tamaragua, amigos míos. HArendt
DE QUÉ ME SIRVE LEER
Leí los clásicos y leo las novedades por curiosidad, por gusto y para sentir que son posibles otros veranos, escribe en El País [Los libros que hemos leído, 13/08/2025] José Luis Sastre. Leí a Julio Cortázar, comienza diciendo Sastre, para aprender a leer, y para aprender a escribir. Para sentir como no había sentido antes que se podía subir y bajar por un relato e ir y volver y disfrutarlo igual que si todas aquellas cosas de la ficción fueran algo físico y real, porque desde luego lo eran. Leí a Leila Guerriero para darme cuenta de que no valía la pena escribir después de eso o que, si lo intentaba, las palabras jamás se me ordenarían de una manera parecida.
Leí los clásicos y leo las novedades por curiosidad, por gusto y para sentir que son posibles otros veranos o que mis veranos se alargan, porque el que lee sabe que siempre es verano y que todo es posible. Leí a Vicent Andrés Estellés y a Joan Fuster para tener conciencia de la identidad y de la importancia de ser de pueblo y de reivindicarlo. Les leo para no olvidarme y, mientras, busco entre novelas y cuentos el sentido de un mundo que se ha vuelto inexplicable.
Leí a Albert Camus porque yo creí que escribía del tiempo que le tocó vivir a él, en la Resistencia y al final de la Segunda Guerra Mundial, en la denuncia de las atrocidades de las dictaduras más allá de su signo. Lo leo aún porque en sus libros hay un sentido del deber y de la justicia, una exigencia moral y, por encima de lo demás, el valor de la condición humana, que está al margen y por encima de las ideologías. Por eso aquellos textos, escritos cuando el mundo estuvo al borde de un colapso sin remedio, me hacen tanta falta todavía: porque aprendí la importancia de la denuncia y a no callar ante lo injusto.
Es de allí, de aquellas crónicas viejas tan modernas, de donde obtengo las herramientas para mirar mejor el mundo y para mirarlo con memoria. Donde aprendí a decir que no porque ese era el requisito de un hombre rebelde: el que aprende a decir que no. Por eso leo, en fin: para que no se apaguen las luces. Para que sea aún posible la fraternidad del verano por mucho que amenacen el frío y la oscuridad. José Luis Sastre es periodista y escritor.
DEL ARCHIVO DEL BLOG. MUSULMANES EN ESPAÑA. PUBLICADO EL 24/08/2017
Hemos de retomar la cotidianeidad más unidos y con el objetivo de un futuro próspero y en paz, escribe en El País [Musulmanes en España, 24/08/2017] Riay Tatary, presidente de la Comisión Islámica de España. Todos somos conciudadanos y convecinos y participamos de sueños y anhelos comunes, comienza diciendo Tatary: vamos al trabajo y volvemos a casa, acompañamos a nuestros hijos al colegio y a su regreso, nos preocupamos sobre su futuro. La mayoría de la sociedad española, musulmanes incluidos, somos solidarios y nos ayudamos para un mayor beneficio de todos, alegrándonos de los progresos de nuestros convecinos, pertenezcan al grupo humano que sea, como hermanos y compañeros en este viaje que realizamos a lo largo de nuestras vidas, compartiendo inquietudes y actividades.
Esta hermandad y ayuda mutua debe estar bien enraizada en nuestro interior para que sean rechazados planteamientos relativos a que todos los males, errores y delitos son “del otro”, que nosotros somos de lo mejor y los otros de lo peor, cuando en realidad la naturaleza humana es la misma en cada comunidad y lugar. Existe, lamentablemente, un porcentaje, ínfimo eso sí, de descarriados, nocivos y delincuentes.
Este minúsculo porcentaje inferior al 1% de cualquier comunidad, evidentemente, no define a la práctica totalidad de la sociedad local, nacional o internacional. Las acciones criminales de una fracción minúscula perteneciente a un grupo humano no deben llevarnos al prejuicio de generalizar y estigmatizar a todo el grupo, sino a reflexionar sobre medidas preventivas para que los descarriados sean menos aún y cooperar para lograr una tierra segura y en progreso.
De los aproximadamente 46,5 millones de habitantes de nuestro país, estimamos que hay 1,9 millones de habitantes de fe musulmana, de los cuales un 42% somos ciudadanos españoles que realizamos nuestras actividades laborales, domésticas, lúdicas, etcétera, como cualquier otro convecino, plenamente integrados en la sociedad. En todo momento, a la hora de hablar, y sobre todo de escribir, debemos evitar el lenguaje del “nosotros y vosotros” como algo contrapuesto. Debemos, por el contrario, trabajar juntos para resolver los retos que se nos presentan, aunque afecten a un grupo social más que a otro.
Debemos distinguir entre personas de bien, que son la inmensa mayoría de la sociedad, de aquellos individuos antisociales violentos y asesinos que captan a nuestros hijos para conseguir sus objetivos criminales
Debemos distinguir entre personas de bien y de buena voluntad, que son la inmensa mayoría, de aquellos individuos antisociales, violentos y asesinos, depredadores que captan a nuestros hijos para conseguir sus objetivos criminales. Son captadores nocivos en cuya detección debemos cooperar todos para lograr una más efectiva prevención y represión del terrorismo.
Todavía está pendiente de desarrollar la enseñanza religiosa para el alumnado musulmán en la mayoría del Estado, a sabiendas de que es una herramienta primordial preventiva contra la delincuencia juvenil, las drogas, las sectas nocivas y las bandas armadas. No estamos pidiendo algo que no tengan ya nuestros hermanos católicos, que tienen una vacuna contra estos y otros males que asedian a los jóvenes.
Es vital la cooperación de funcionarios y dirigentes relacionados con la educación para contratar profesores de religión, algo notablemente trascendente en Cataluña. Hace falta también cooperación de funcionarios y fuerzas policiales para la detección de personas nocivas y evitar su infiltración en las comunidades religiosas, allí donde pueden tener acceso a nuestros jóvenes y echarles a perder su vida y su alma.
Los medios de comunicación tienen un papel muy importante para evitar la creación de fracturas sociales y también para no generar alarma social y reacciones de desprecio hacia todo un colectivo por las acciones de un ínfimo número de descarriados.
Todos juntos, conciudadanos de toda convicción religiosa y humanista, ahora dolidos por la agresión sufrida, debemos apoyar a las víctimas y a sus familiares, conseguir mayor cooperación de las autoridades educativas y policiales. Así nos protegeremos todos, estando alerta ante los síntomas nocivos y de reclutamiento de los jóvenes. Los convecinos hemos de retomar la cotidianeidad más unidos, enfocando nuestro trabajo común hacia un futuro mejor para todos, con el convencimiento de que nuestros valores, comunes y compartidos, nos harán conseguir una sociedad cohesionada que responda al unísono ante los intentos de asesinarnos y desestabilizarnos, permaneciendo firmes contra el terror y contra el odio.
Continuemos el día a día fortaleciendo nuestra sociedad y nuestros valores. Todos hermanados, ciudadanos de distintas convicciones, dedicando nuestros esfuerzos a lograr un futuro común en paz y próspero para todos. Riay Tatary Bakry es presidente de la Comisión Islámica de España.
DEL POEMA DE CADA DÍA. HOY, DESOLACIÓN, DE GABRIELA MISTRAL
DESOLACIÓN
La bruma espesa, eterna, para que olvide dónde
me ha arrojado la mar en su ola de salmuera.
La tierra a la que vine no tiene primavera:
tiene su noche larga que cual madre me esconde.
El viento hace a mi casa su ronda de sollozos
y de alarido, y quiebra, como un cristal, mi grito.
Y en la llanura blanca, de horizonte infinito,
miro morir intensos ocasos dolorosos.
¿A quién podrá llamar la que hasta aquí ha venido
si más lejos que ella sólo fueron los muertos?
¡Tan sólo ellos contemplan un mar callado y yerto
crecer entre sus brazos y los brazos queridos!
Los barcos cuyas velas blanquean en el puerto
vienen de tierras donde no están los que no son míos;
sus hombres de ojos claros no conocen mis ríos
y traen frutos pálidos, sin la luz de mis huertos.
Y la interrogación que sube a mi garganta
al mirarlos pasar, me desciende, vencida:
hablan extrañas lenguas y no la conmovida
lengua que en tierras de oro mi pobre madre canta.
Miro bajar la nieve como el polvo en la huesa;
miro crecer la niebla como el agonizante,
y por no enloquecer no encuentro los instantes,
porque la noche larga ahora tan solo empieza.
Miro el llano extasiado y recojo su duelo,
que viene para ver los paisajes mortales.
La nieve es el semblante que asoma a mis cristales:
¡siempre será su albura bajando de los cielos!
Siempre ella, silenciosa, como la gran mirada
de Dios sobre mí; siempre su azahar sobre mi casa;
siempre, como el destino que ni mengua ni pasa,
descenderá a cubrirme, terrible y extasiada.
GABRIELA MISTRAL (1889-1957)
poetisa chilena

















































