lunes, 18 de agosto de 2025

DEL POEMA DE CADA DÍA. HOY, EL POLVO DEL PEREGRINO, DE ANDRÉS MIRÓN

 







EL POLVO DEL PEREGRINO




COMO UNA LOBA HERIDA

por la umbría de un bosque atarquinado,

nos persigue

y acosa


y amilana


la melancolía.

Y no hay posible paredón que burle

su oscuro seguimiento,

ni corteza

que impida livideces en la carne.

Vaga herida,

ingrávida y silente

por todos los caminos

de la sangre.

Y cuando alza

su zarpa enfurecida

a la menor cadencia de un suspiro,

ahí se acaba

la amaritud de su apariencia

para hendirnos

su índole letal de loba herida.




ANDRÉS MIRÓN (1941-2004)

poeta español


























DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DE HOY LUNES, 18 DE AGOSTO DE 2025

 




































domingo, 17 de agosto de 2025

DE LA VERDAD SOBRE EL REGALO DE LA UE A TRUMP DE 600.000 MILLONES. ESPECIAL DE HOY DOMINGO, 17 DE AGOSTO DE 2025

 







Los aranceles son malos. Un presidente engañado es peor, escribe el premio Nobel de Economía, Paul Krugman ,en su blog: https://paulkrugman.substack.com [El nuevo acuerdo comercial del Emperador, 07/08/2025]. El martes, comienza diciendo Krugman, Donald Trump explicó en la CNBC por qué la Unión Europea se enfrenta a un arancel de "solo" el 15 %. Pero sus palabras fueron simplemente delirantes, y la ilusión debería ser aún más preocupante que los aranceles.

Los europeos, afirmó Trump, habían acordado desembolsar 600 000 millones de dólares, lo que describió como un «regalo», no un préstamo. Y enfatizó que se trata de «600 000 millones de dólares para invertir en lo que quiera. En lo que quiera. Puedo hacer lo que quiera con ellos».

Al parecer, Trump cree que la Unión Europea ha accedido a proporcionarle un fondo secreto personal de 600.000 millones de dólares.

De hecho, como señalé tras el anuncio del "acuerdo", la UE no aceptó nada parecido. De hecho, literalmente no podría haber llegado a un acuerdo así. Las naciones europeas no son economías planificadas en las que el gobierno pueda decirle al sector privado dónde invertir, y, en cualquier caso, la Comisión Europea, que negoció con Trump, no puede decirles a los gobiernos de los Estados miembros qué hacer.

Así que piensen en ello como el nuevo acuerdo comercial del emperador: Trump se pavonea, se siente muy impresionado consigo mismo, pero en términos sustanciales está completamente desnudo.

¿Importa? He visto algunos comentarios que dicen que no. Oye, es solo otra fantasía egocéntrica de Trump, como su creencia de que tenemos inflación cero, su índice de aprobación del 71% y que "a la gente le encantan los aranceles".

Pero no creo que debamos sentirnos tranquilos respecto de los delirios comerciales de Trump porque ha perdido el contacto con la realidad en todos los ámbitos.

¿Qué pasará si Trump se da cuenta de que Europa no ha prometido lo que él cree que ha prometido, o, como probablemente lo verá, de que la UE ha incumplido su promesa? Ya nos ha dado una respuesta: va a volver a subir el arancel a Europa al 35 %.

Es posible que no pueda cumplir esa amenaza. De hecho, existe una posibilidad muy real de que los tribunales declaren ilegales muchos de los aranceles que Trump ya ha impuesto (y sin duda lo son) y ordenen al gobierno que reembolse el dinero ya recaudado.

Pero supongamos que la Corte Suprema hace lo que suele hacer y decide que la Constitución permite a Trump hacer lo que quiera. ¿Cuánto miedo debería tener Europa ante la posibilidad de que Trump vuelva a subir los aranceles, incluso más que antes?

Bueno, he estado haciendo cálculos, y por lo que sé, aumentar los aranceles estadounidenses del 15% al 35% perjudicaría menos a Europa de lo que muchos imaginan. Sí, perjudicaría, pero no tanto. Al establecer un arancel del 15% como base —lo que los países pagan incluso si llegan a acuerdos— , Trump ha agotado gran parte de su munición para la guerra comercial, reduciendo considerablemente la eficacia de futuras amenazas.

Después de todo, Europa nunca ha dependido tanto del acceso a los mercados estadounidenses. En 2024, las exportaciones de bienes de la UE a Estados Unidos representaron poco menos del 3 % de su PIB; una suma considerable, pero insuficiente para que la prosperidad europea dependa de la buena voluntad estadounidense.

Los aranceles de Trump harán que la UE sea aún menos dependiente del mercado estadounidense. En la introducción del domingo expliqué que la cifra crucial es la "elasticidad Armington", que mide la sensibilidad de los flujos comerciales a los aranceles, y que una estimación razonable de dicha elasticidad es 3. Si nos basamos en esa cifra, cabría esperar que el arancel del 15 % vigente redujera las exportaciones de la UE a Estados Unidos en aproximadamente un tercio, hasta alrededor del 2 % del PIB.

Es un golpe palpable, pero no enorme. En un artículo publicado en el Financial Times , Richard Milne afirma que los informes de las empresas europeas muestran una sorprendente resiliencia. Además, la pérdida de negocios en EE. UU. se verá parcialmente compensada por un mayor gasto público en Europa, con Alemania, en particular, impulsando el gasto en infraestructura y defensa.

Eso con un arancel del 15 %. Pero ¿qué pasa si Trump eleva los aranceles al 35 %? Mis cálculos aproximados indican que esto reduciría las exportaciones de Europa a Estados Unidos en otro 0,7 % del PIB. Es decir, el impacto para Europa si Trump cumple sus amenazas sería menor que el impacto que ya ha impuesto con los aranceles que planea mantener de todas formas.

Esto tiene sentido si lo piensas. Cuanto más altos sean los aranceles que Trump impone a las importaciones, menos venderán otros países a Estados Unidos. Y cuanto menos nos vendan, menos tendrán que perder si aumentamos aún más los aranceles.

Y ese argumento ni siquiera considera la gran posibilidad de que otra ronda de aranceles de Trump provoque represalias por parte de Europa y otros socios comerciales. Hasta ahora, la UE ha optado por no tomar represalias contra los aranceles de Trump porque sus funcionarios decidieron que llegar a un acuerdo, o al menos aparentarlo, era mejor que entrar en una guerra comercial de ojo por ojo. Pero si resulta que Trump ve un acuerdo no como el fin de la historia, sino simplemente como el punto de partida para nuevas demandas, sospecho que incluso los tímidos burócratas de Bruselas acabarán por decidir que ya es suficiente. Pero, una vez más, en este punto las matemáticas de la guerra comercial importan menos que la locura que hay detrás de ella.

Siempre ha habido un tufo de megalomanía en la política arancelaria de Trump: la creencia de que puede usar la amenaza de aranceles para obligar a otros países a seguir sus órdenes en múltiples frentes, desde prometer no alejarse del dólar como moneda de reserva hasta abandonar el procesamiento de los aspirantes a dictadores que intentaron derrocar la democracia.

Sin embargo, al convertir los aranceles del 15 por ciento en la nueva normalidad —al mantenerlos altos incluso cuando los países hacen, o pretenden hacer, concesiones a Estados Unidos— Trump ha agotado gran parte de las municiones comerciales que tenía.

Sin embargo, Trump será el último en reconocer que su capacidad para intimidar al mundo tiene límites, ya sea en materia comercial o en cualquier otro ámbito. Y esa falta de concienciación debería preocuparnos a todos. Paul Krugman es premio Nobel de Economía.









sábado, 16 de agosto de 2025

DE LAS ENTRADAS DEL BLOG DE HOY SÁBADO, 16 DE AGOSTO DE 2025





 


Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz sábado, 16 de agosto de 2025. El Tribunal Constitucional ha tenido una inmejorable oportunidad para demostrar su razón de ser y armonizar posturas jurídicas distintas, comenta en la primera de las entradas del blog de hoy Pedro Cruz Villalón, expresidente del Tribunal Constitucional, y no queda sino mirar hacia adelante. En la segunda, un archivo del blog de agosto de 2016, HArendt comentaba que se tenía por una persona ecuánime y poco dada a los exabruptos. En mis tiempos de activismo político y sindical, dice, me molestaba profundamente que mis compañeros me dijeran que tenía la sangre de horchata, dado que era difícil sacarme de mis casillas fuera cual fuera la situación; bien, supongo que con la edad uno pierde facultades. El poema del día, en la tercera, se titula Lo incómodo de estar todavía vivos, es de la poetisa española Luna Miguel, y comienza con estos versos: Por pereza siempre dejamos ganar a la pereza/o lo que es lo mismo: por dejar de hacer/por dejarnos caer en la desgana
/escogemos el camino más breve el menos/esperanzador. Y la cuarta y última, como siempre, son las viñetas de humor, pero ahora, como decía Sócrates, "Ιωμεν" (toca marchar); volveremos a vernos mañana si las Euménides y la diosa Fortuna lo permiten. Sean  felices, por favor. Tamaragua, amigos míos. HArendt















DE LA SENTENCIA DEL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL SOBRE LA AMNISTÍA

 









El Tribunal Constitucional ha tenido una inmejorable oportunidad para demostrar su razón de ser y armonizar posturas jurídicas distintas: y no lo ha hecho, escribe en El País [Ahora que la amnistía es constitucional, 07/08/2025] el jurista Pedro Cruz Villalón, expresidente del Tribunal Constitucional. Ahora que el Tribunal Constitucional ha validado la amnistía, al jurista que suscribe no le queda sino mirar hacia adelante. Atrás quedan las expresiones de incredulidad e inquietud ante lo que en los medios se presentaba como texto de la ponencia previa a la deliberación y fallo. La sentencia, es cierto, ha evidenciado que mi inquietud, no así mi incredulidad, poseían fundamento, pero lo relevante ahora es que nuestro juez constitucional ha dejado dicho, en única y definitiva instancia, que aquella ley de amnistía, aparte unos muy puntuales extremos, es constitucionalmente adecuada. Y no sobra añadir que pecaría de temeraria la pretensión por parte de cualquier poder del Estado de poner en cuestión a partir del Derecho interno lo declarado por el tribunal.

Pendiente queda mirar hacia adelante. Pues ni la Constitución ni la misma justicia constitucional han salido sin rasguños del trance. En lo que sigue dejaré de lado los sufridos por la Constitución, no porque me parezcan nimios, sino porque ya han sido competentemente señalados. Opto en su lugar por centrar la atención en los sufridos por la propia justicia constitucional patria. Lo avanzaré sin rodeos: nuestro Tribunal Constitucional ha perdido en esta ocasión una inmejorable oportunidad de hacer valer que, como tal institución, mantiene su razón de ser.

Gertrude Lübbe-Wolff, una figura señera de la justicia constitucional alemana, ha dado a la luz un ingente trabajo bajo el epígrafe Culturas de la deliberación (Beratungskulturen, disponible en abierto). El largo subtítulo da cuenta de la razón de ser del empeño: en castellano, “cómo trabajan los tribunales constitucionales y de qué depende que integren o polaricen”. El mensaje es evidente. Lo que singulariza a estos órganos es, esencialmente, su capacidad y su voluntad de deliberar, tanto una cosa como la otra. Por así decirlo, la deliberación está en el ADN del juez constitucional. Y en función de cómo acierten en llevar a cabo esa dimensión de su oficio, los tribunales constitucionales contribuirán a la integración o a la polarización de la comunidad política: desde luego, siempre sin merma de la claridad y coherencia de la sentencia.

Por “deliberación” hay que entender aquí el momento crucial de intenso y si es preciso prolongado diálogo entre los integrantes de la institución en el tratamiento de un litigio constitucional. A mayor complejidad del asunto, mayor urgencia adquiere la garantía de la suficiencia de esta etapa en el proceso de alumbramiento de la sentencia. Por su parte, la “integración”, entendida aquí como factor de cimentación de la comunidad política en torno a su Constitución, es un objetivo ciertamente cargado de ambición, por lo que en nuestras circunstancias ya será mucho si la justicia constitucional evita erigirse ella misma en un factor adicional de “polarización”, categoría esta última en la que no hace falta detenerse.

Lo que lamentablemente parece haber ocurrido en el caso que nos ocupa es un ejemplo de libro del referido efecto aditivo, seguramente involuntario, de polarización. Todo apunta, en el origen, a un trabajo competente por parte del grupo de letrados y letradas del tribunal en esta ocasión singularmente adscritos a la tarea, siempre en el contexto de las oportunas orientaciones recibidas. Pero una vez culminado ese trabajo, y distribuida la ponencia, se suponía llegado el momento de la implicación de la decena (esta vez) de integrantes del pleno del tribunal. En definitiva, tocaba deliberar con toda la amplitud que el caso requería a partir de lo que no pasaba de ser una opinión sobre diez. Es aquí donde honestamente pienso que el tribunal ha fallado de manera ostensible.

En este sentido conviene retener dos datos: a) el recurso de inconstitucionalidad, tal como aparece resumido en los antecedentes de la sentencia, evidencia la extraordinaria envergadura del asunto, coherentemente puesta de manifiesto en las 150 densas páginas de fundamentos jurídicos; b) este asunto había polarizado a nuestra sociedad a unos niveles raramente conocidos. La suma de estos dos factores ofrecía una circunstancia única para hacer valer que el título que nuestra Constitución dedica al Tribunal Constitucional sencillamente continuaba teniendo sentido: no solo por la competencia del juez constitucional para encarar en grupo los complejos problemas esta vez implicados, sino por su capacidad de integrar en toda la medida de lo posible las diferentes perspectivas legítimamente presentes en el pleno, por encontradas que inicialmente parecieran. Pues ambas capacidades se veían en esta ocasión eminentemente puestas a prueba.

En cambio, y lamentando mucho decirlo, la sentencia ha optado en su consecuencia por polarizar a base de no deliberar. Desde que en el arranque del pasado junio el texto de la ponencia llegó anómalamente a los medios, en paralelo con su distribución interna, se generalizó la opinión de que “esa” era ya la sentencia, dándose la consiguiente relevancia a la noticia. Se fijó, por lo que se sabe, un calendario poco menos que inapelable de deliberación y fallo sin correspondencia alguna con la complejidad técnica del asunto y con el reto de explorar puntos de encuentro. Poco extrañaría que el par de semanas disponibles hasta dicha deliberación y fallo hubiera sido empleado, en hipótesis, por los ya discrepantes en la puesta en pie de unos previsibles votos, tan extensos en algún caso como los fundamentos jurídicos de la sentencia. ¿Hubo ocasión de exponer a suficiencia en el pleno del Tribunal las respectivas posiciones antes de concluir en voto discrepante en caso de derrota? No lo parece, a juzgar por el ritmo de deliberación seguido.

Pero, cabría preguntarse, ¿es que no había modo de que las cosas hubieran ocurrido de manera diferente? La realidad es que cualquier intento de aproximación de enfoques hubiera requerido una deliberación sin fecha de caducidad, que adicionalmente diera a tiempo a la ponente para reflexionar sobre las numerosas sugerencias que sin duda habría recibido, antes de regresar al pleno con un segundo o tercer texto. Basta imaginar el trabajo y el tiempo que hubiera requerido poner en pie un esquema de sentencia que, por ejemplo, concluyera en una declaración de inconstitucionalidad de la ley excepcionalmente no seguida de su nulidad: como por lo demás la propia sentencia hace en un momento muy secundario. Pero sin duda vivo fuera de la realidad.

Por desgracia, todo parece indicar que se había alcanzado un punto en el que nadie en el tribunal conservaba esperanza o confianza alguna en la deliberación. Al final se obtiene la sensación de que en el interior de nuestra justicia constitucional está hoy ausente algo tan elemental como el reconocimiento del otro, si se quiere, la capacidad de ver en el otro un interlocutor válido. Sería injusto no asumir que este lamentable estado de cosas arranca de atrás, pero mucho me temo que este episodio se vea en el futuro como epítome de esta infausta evolución. En suma, el cuadro resultante ha sido el de una justicia constitucional en cuyo seno no se delibera. Con el efecto de aparecer como una instancia de mera traslación del conflicto a una instancia adicional carente de efectivo valor añadido para el desarrollo de nuestra vida pública. Lo peor que le puede pasar.Pedro Cruz Villalón fue presidente del Tribunal Constitucional (1998-2001) y abogado general en el Tribunal de Justicia de la Unión Europea.





















DEL ARCHIVO DEL BLOG. VAMOS A JUGAR AL TRILE. PUBLICADO EL 23/08/2016

 






Vamos primero con las definiciones, y recurro como siempre al nuevo Diccionario de la lengua española (2014). 1.- trilero: Tahúr que dirige el juego del trile. 2.- tahúr: Jugador fullero. 3.- fullero: Que hace fullerías. 4.- fullería: Astucia, cautela y arte con que se pretende engañar. Y 5.- trile: Juego callejero de apuestas fraudulentas que consiste en adivinar en qué lugar de tres posibles se encuentra una pieza manipulada. Aclarado queda...

En contra de lo que suelen afirmar los filósofos, uno no suele ser buen juez de sí mismo... Por eso, quizá, hace unos días me quedé con mal sabor de boca al publicar mi último vuelapluma, titulado Coincidencia casual y dedicado a nuestro presidente del gobierno en funciones don Mariano Rajoy. ¿Me habré pasado dos pueblos, como decía graciosamente otro destacado exdirigente del PP reverenciado en su momento por don Mariano y ahora defenestrado como apestoso por lo que pueda pasar? Me tengo por una persona ecuánime y poco dada a los exabruptos... En mis tiempos de activismo político y sindical me molestaba profundamente que mis compañeros me dijeran que tenía la sangre de horchata, dado que era difícil sacarme de mis casillas fuera cual fuera la situación. Bien, supongo que con la edad uno pierde facultades...

Don Mariano amenaza a los españoles con unas terceras elecciones el día de Navidad... La verdad es que sería una pasada, pero en fin cosas más raras se han visto. Lo que me llama poderosamente la atención es que haga responsables de esas nuevas elecciones, ¡tres, tres en un año!, a quien no vote por él como presidente del gobierno en el próximo pleno de investidura. Ganarse la investidura es su problema, no el de la oposición ni el de los que no le hemos votado. Y si es incapaz de conseguirlo, la solución no es pedirles a los demás que le voten, sino que él, por el bien de todos los españoles, se bote a sí mismo. O pedírselo a su partido. Lo demás es faena de tahúr, trilero o farsante. O de pillo, o pícaro, si prefieren que recurramos a términos arraigados en la tradición literaria española.

Ver que persona tan comedida habitualmente como el periodista Xavier Vidal-Folch tenga que recordarnos algo tan elemental como lo anterior en un artículo de El País titulado Embestidura me reconcilia conmigo mismo. Nunca sabrá cuanto se lo agradezco.

Todo feo. Demasiadas embestidas tácticas en la pre-cocción de la investidura de Mariano, dice Vidal-Folch. La primera fue ningunear la Constitución, cuando el candidato designado por el Rey amagó con desobedecerla. Pidió reunirse con el líder de la oposición “para ver si me presento”. ¿Cómo que si me presento? Despreciaba así el mandato del artículo 99.2 de la Carta Magna, por el que el candidato “expondrá” su programa y “solicitará” la confianza de la Cámara. No es una opción, es un doble imperativo. Una doble obligación de hacer. Cuestionarla es una conducta extraña en un dirigente que predica sin descanso la necesidad de cumplir la ley. ¿O eso solo rige para los demás?

La segunda, continúa diciendo, fue olvidar la promesa al probabilísimo socio, y a su propio partido: “Una vez conocidas las condiciones de Ciudadanos para negociar, las someteré a debate y aprobación por el Comité Ejecutivo Nacional del PP” (tuit del día 10). No hubo nada porque “el PP no ha venido a hablar de condiciones”, proclamó tras reunir ese órgano, el día 17. Una coz, quizá para devaluar el impacto de su inmediata aceptación integral —verdadero trágala— de las seis sensatas condiciones de marras.

La tercera y última embestida, añade, fijar la fecha de investidura de forma que si fracasa, la tercera elección deba celebrarse el 25-D. Para presionar a Pedro Sánchez a facilitarla: “A ver si tiene narices de enviar a 36 millones de españoles a votar en Navidad”, tuiteó, gentleman, Xavier García Albiol. “Chantaje”, replicó Jordi Sevilla. Escupir a la mano de quien te tiene que dar de comer, curiosa táctica. Exigir al rival que haga (abstenerse) lo que tú no hiciste (ídem) cuando estabas en su posición de hoy (ser candidato), sorprendente coherencia.

Agravada si lo haces de forma perentoria, agónica, amenazante, termina diciendo. Confundir investidura con embestidura conlleva riesgo: la de desanimar, desincentivar e inhibir a aquellos de los rivales —los hay— partidarios de desbloquear la situación. ¿Cómo? Imponiendo un alto precio (social: ajuste sin recortes de bienestar, alza del salario mínimo, convenios serios, fiscalidad progresiva, alquiler simbólico a los desahuciados…) a su indispensable abstención. Matar, pero muriendo, pésimo negocio. Gracias, don Xavier. Hoy dormiré mucho más tranquilo; gracias de todo corazón. Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt

















DEL POEMA DE CADA DÍA. HOY, LO INCÓMODO DE ESTAR TODAVÍA VIVOS, DE LUNA MIGUEL

 







LO INCÓMODO DE ESTAR TODAVÍA VIVOS


y las flores desaparecen

Hilda Doolittle


por pereza siempre dejamos ganar a la pereza


o lo que es lo mismo: por dejar de hacer


por dejarnos caer en la desgana



escogemos el camino más breve el menos


esperanzador o lo que es lo mismo: «separar


esto no sirve de nada» «qué pérdida


de tiempo» como si acaso al tiempo



hubiésemos podido alguna vez ganarlo «todo


 está perdido» y «para qué» por dejar



de hacer dejamos de hacernos «cuánta pereza


el trabajo de un futuro limpio» «cuánto



nos cuesta entretenernos separando los


deshechos de nosotros mismos» «cuántas


y qué mal las quejas» que por pereza


destrozamos el mundo o lo que es lo mismo:


la vida es escandalosamente perezosa el futuro


es escandalosamente perezoso el mundo es


escandalosamente pequeño si lo piensas



solo nos cuesta amarlo porque nadie nos advirtió


de que amar y de que cuidar y de que vencer a la pereza


es un trabajo tan incómodo



como el de estar todavía vivos




LUNA MIGUEL (1990)

poetisa española