martes, 20 de enero de 2026

DEL POEMA DE CADA DÍA. HOY, POEMA 104, DE EMILY DICKINSON

 







POEMA 104


EN donde me he perdido piso suave,
siembro una flor tomada del jardín,
sobre el rostro borrado me detengo
y me aflijo.

A quienes yo perdí, con piedad guardo
del rudo acento o la cruel palabra,
cual si la cabecera de su lecho me oyese.
Aunque es de piedra.

Sabrás por esto cuándo yo he perdido:
por un sombrero negro, o por un velo oscuro
o por un temblor leve de mi voz,
como el de ahora.

La respuesta a por qué perdí la saben
aquellos que con los más níveos hábitos
regresaron a casa hace ya mucho,
junto a la eternidad.




EMILY DICKINSON (1830-1886)
poetisa estadounidense



















DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY MARTES, 20 DE ENERO DE 2026

 




























SAÚDOS NAS LINGUAS DA MIÑA TERRA. HOXE, MARTES, 20 DE XANEIRO, EN GALEGO.

 









Ola, bos días de novo a todos e a todas, e feliz martes. Pois si, porque parece que sobrevivimos ao infame martes 13 da semana pasada. Un bo sinal: imos polo bo camiño, e Trump e as súas ameazas de matón non asustaron aos seus socios da OTAN. Canto tempo leva? Ah, só os deuses o saben. Imos coas entradas do blog de hoxe, martes 20 de xaneiro de 2026. A primeira trata da perspicaz opinión, ao meu ver, do escritor e membro da Real Academia Española, Javier Cercas, que afirma que unha vez publicada unha novela, o seu propietario deixa de selo autor, e o lector convértese no verdadeiro protagonista e propietario (non só materialmente) dela. Na segunda entrada, un arquivo do blog en xaneiro de 2020, a escritora Almudena Grandes, falecida recentemente, contounos que cen anos despois da súa morte, a obra de Benito Pérez Galdós, autor dos «Episodios nacionais», non só explicaba o que nos acontecera aos españois, senón que tamén contiña as claves do que nos estaba a acontecer agora. O poema do día, na terceira entrada, titulado «104», é da gran poeta estadounidense Emily Dickinson. E a cuarta e última entrada, como sempre, inclúe as viñetas humorísticas do día. Adeus, amigos meus, e ata mañá. Que a Deusa Fortuna nos protexa de todo mal. Sede felices, por favor. Bicos. Quérovos.

















lunes, 19 de enero de 2026

DE HOBBES Y TRUMP

 







Contra el orden mundial el presidente Trump pretende que EE UU obtenga lo que quiere de aquellos a los que considera débiles; frente a esta amenaza no bastan las condenas, escribe en El País (15/01/2026) el historiador israeli Shlomo Ben-Ami. Un año después de comenzar su segundo mandato, es indudable que Donald Trump es el presidente estadounidense más revolucionario de la historia reciente, comienza diciendo. En principio, America First podía parecer una postura aislacionista (sobre todo para la base MAGA de Trump), pero ahora está claro que incluye una visión del mundo hobbesiana, según la cual los poderosos Estados Unidos extraen lo que quieren de aquellos a los que consideran débiles. De acuerdo con ella, no parece probable que EE UU se enfrente militarmente a países equiparables, como China, ni dotados de armas nucleares, como Rusia o Corea del Norte. Competirá con otras superpotencias por los recursos y las tecnologías avanzadas, para evitar que superen a EE UU. Pero lo más seguro es que, en general, Trump no intervenga mucho en las esferas de influencia de esos Estados, siempre que se mantengan al margen de lo que él considera que es de EE UU.

Lo que sucede es que, en opinión de Trump, no están manteniéndose al margen. La presencia de China en América Latina se considera, cada vez más, una amenaza estratégica. Ha invertido miles de millones de dólares en Brasil, ha incorporado a Colombia a su iniciativa de la Nueva Ruta de la Seda y ha invertido generosamente en la producción argentina de cloruro de litio, componente esencial para fabricar baterías. Además, China ha reemplazado la soja que adquiría a los exportadores estadounidenses comprando el doble de volumen a Brasil, y ha hecho del puerto de Chancay, en Perú, el centro neurálgico de su logística en la región. La potencia asiática aumentó el comercio electrónico con Latinoamérica casi un 50% en 2025 y, de paso, vincula las infraestructuras digitales a sus objetivos en materia de soberanía de datos, ciberseguridad y expansión de su capacidad de vigilancia. Pekín también ha ampliado considerablemente su presencia militar en todo el continente mediante la venta de armas, programas de formación y alianzas estratégicas, en particular con Venezuela.

La idea de que la presencia de China en Latinoamérica es una amenaza para EE UU parte de una vieja teoría. En 1823, la Doctrina Monroe estipuló que el hemisferio occidental estaba bajo el dominio estadounidense y que cualquier actuación extranjera en América se consideraría un acto hostil. Desde entonces, casi un tercio de las casi 400 intervenciones que ha llevado a cabo EE UU en todo el mundo se han producido en América Latina, donde ha derrocado gobiernos que consideraba contrarios a sus intereses, a menudo con tácticas que los tribunales internacionales declararon ilegales más tarde.

En 2013, el secretario de Estado del presidente Barack Obama, John Kerry, anunció que “la era de la Doctrina Monroe” había terminado: EE UU vería a América Latina como un socio y no como una esfera de influencia. Ahora ha cambiado esa postura: el Gobierno de Trump, en su Estrategia de Seguridad Nacional de 2025, se compromete a “restablecer y hacer cumplir” la Doctrina Monroe. Estaba listo el terreno para el ataque a Venezuela y el secuestro de su presidente, Nicolás Maduro.

Maduro era un dictador que robó las elecciones presidenciales de 2024, diezmó la economía venezolana y violó los derechos humanos de su pueblo. Pero la intervención estadounidense tiene poco que ver con “liberar” a Venezuela de esa “tiranía”. De acuerdo con esa lógica, hay muchos más dictadores que derrocar y, sin embargo, Trump está más interesado en anexionarse Groenlandia.

A Trump ni siquiera le interesa especialmente un cambio de régimen en Venezuela. Probablemente, considera a los dos líderes de la oposición, Edmundo González y la Nobel de la Paz María Corina Machado, demasiado débiles y demasiado liberales para ser lacayos fieles. En lugar de ellos, ha tomado posesión como presidenta interina la vicepresidenta Delcy Rodríguez, cuya experiencia en doblegarse ante China y Rusia probablemente pueda transferirse a EE UU.

Aunque la Estrategia de Seguridad Nacional no cita a Venezuela, no deja lugar a dudas sobre las intenciones de Trump. Estados Unidos, afirma, no permitirá que “unos competidores no hemisféricos” sitúen “tropas ni otros instrumentos amenazantes, ni que posean o controlen activos estratégicos vitales en nuestro hemisferio”. Trump quiere asegurarse de que sea EE UU el que controle los vastos recursos venezolanos, empezando por las mayores reservas de petróleo del mundo.

Hasta ahora, China absorbía alrededor del 80% de las exportaciones anuales de petróleo venezolano. Uno de los compradores del 20% restante, a precio reducido, es Cuba. Controlar el sector petrolero venezolano tiene muchas ventajas para EE UU: ofrece oportunidades para sus petroleras, priva de una fuente de energía a China y debilita la ya maltrecha economía cubana.

Desde luego, a Trump le encantaría ser el presidente que acabase con el régimen cubano, entre otras cosas porque le daría muchos puntos entre la numerosa comunidad cubana estadounidense. El secretario de Estado, Marco Rubio, ha llegado a insinuar que Trump podría atacar Cuba (el presidente colombiano, Gustavo Petro, también ha recibido amenazas del Gobierno de Trump por sus duras críticas a las intervenciones de EE UU en Latinoamérica).

Aparte del petróleo, Venezuela alberga grandes reservas de minerales críticos, incluidas tierras raras, fundamentales para numerosas industrias de alta tecnología. Si Estados Unidos consigue controlarlos, podría debilitar la hegemonía china en esas cadenas de suministro.

La obsesión de Trump por apoderarse de la riqueza mineral de otros países no se limita a Venezuela. El año pasado, Washington empleó la intimidación para obligar a Ucrania a firmar un acuerdo por el que se compromete a repartir con EE UU los beneficios de la futura venta de sus reservas minerales y energéticas, en teoría para reembolsarle los gastos destinados a ayudar a su defensa. Ahora, Groenlandia está en el punto de mira del presidente porque tiene las mayores reservas del mundo de tierras raras sin explotar.

Trump asegura que Estados Unidos quiere proyectar una imagen de fuerza para “volver a ser respetado”. Muchos gobernantes están dispuestos a seguirle la corriente con la esperanza de salir beneficiados. El presidente argentino, Javier Milei, aplaudió el ataque a Venezuela, entro otros dirigentes. Los partidos “patrióticos” de extrema derecha de Europa, a los que la Estrategia de Seguridad Nacional elogia, también se han mostrado satisfechos con la intervención.

A estas alturas, debería estar claro que Trump no es digno de confianza. Los aliados europeos están comprendiéndolo porque afrontan la posibilidad de tener que defender Groenlandia. También está dándose cuenta María Corina Machado, quien dedicó su Nobel a Trump esperando que derrocara el régimen de Maduro y se ha visto marginada. El miedo, el odio y la desconfianza no se transforman en respeto.

Con la operación en Venezuela, Trump ha invitado descaradamente a China a invadir Taiwán, al tiempo que justifica la invasión de Ucrania por Rusia. También ha sentado las bases para más acciones militares ilegales de Washington en América Latina y en otros lugares. Si el mundo quiere evitar el comienzo de una nueva era hobbesiana en las relaciones internacionales, no bastan las condenas. Las viejas y las nuevas potencias, como Alemania, India o Japón, deben trabajar unidas para reafirmar y hacer cumplir las normas de conducta. Shlomo Ben-Ami es exministro de Asuntos Exteriores de Israel, vicepresidente del Centro Internacional de Toledo para la Paz y autor de Profetas sin honor. La lucha por la paz en Palestina y el fin de la solución de dos Estados (RBA).





















ENTRADA NÚMERO 9738

DEL ARCHIVO DEL BLOG. HOY: SOBRE IDENTIDADES Y NACIONALISMOS.PUBLICADO EL 09/01/2019

 







En recientes estudios sobre el nacionalismo, concretamente sobre el nacionalismo español, apunta con fuerza la tendencia a considerar como una misma realidad nacionalismo y sentimiento nacional, es decir, a considerar que el sentimiento de quienes con más o menos precisión se sienten españoles no es sino una forma de nacionalismo, escribe el abogado José María Ruiz Soroa, nacionalismo que no se percibe como tal por estar amparado y diluido en un Estado de larga duración, por lo que tendería a vivirse poco menos que como “natural” o “de sentido común”. Pero, continúa diciendo, algunos estudiosos consideran, que aunque sea como “nacionalismo banal”, ese sentirse españoles (o vascos o catalanes) es también y en el fondo nacionalismo, con lo cual, prácticamente toda la población sería nacionalista de alguna nación, concluyen. 

Esta idea confunde dos realidades muy diversas y, sobre todo, convierte en inexplicable la existencia y perduración de España como comunidad política. Por un lado, no tiene en cuenta que el nacionalismo incluye necesariamente un elemento dogmático o doctrinal característico, el de la exclusividad. Las naciones de los nacionalistas son por definición excluyentes de cualquier otra, de manera que una persona y un territorio sólo pueden corresponderse con una nación. Esta exclusividad se traduce en la noción de soberanía, entendida a la manera antigua de Bodino: la nación aspira a ser soberana, a constituirse como la última y única fuente de poder constituyente para una sociedad concreta. En términos más concretos, una persona no puede ser a la vez nacionalista española y nacionalista vasca. 

Bueno, pues resulta que muchas personas, dos de cada tres en el País Vasco (tomo los datos del Euskobarómetro de otoño 2018) se sienten a la vez vascas y españolas, aunque sea con intensidad diversa de ambas identidades (igual en la mayoría). Y esta identificación nacional subjetiva se produce tanto entre los sujetos nacionalistas como en los no nacionalistas: el 65,3% de los votantes del PNV se sienten de ambas identidades, sólo el 30,2% se siente exclusivamente vasco. Les ahorro parecidas encuestas de otras naciones, nacionalidades y regiones españolas. Y, ¿qué significa esto? Pues si no me equivoco mucho, significa precisamente que por ser la de nación una realidad social construida o imaginada sobre la base de sentimientos e ideas, no una realidad objetiva derivada de datos naturales, las personas somos perfectamente capaces de sentirnos miembros de más de una nación, de identificarnos como miembros de más de una comunidad simbólica de pertenencia y afectos. La idea de soberanía exclusiva no nos atenaza con su dualismo inexorable porque los sentimientos nacionales no son pura ideología (como sí lo es el nacionalismo) sino una construcción personal lábil y barroca que cada uno construye a su gusto, o al gusto de sus recuerdos e infancias. Sólo cuando a las personas se les fuerza en situaciones de polarización empiezan a construir su sentimiento nacional como exclusivo o antagónico, en situaciones normales pueden hacer perfectamente lo que los nacionalismos no pueden: poseer varias naciones. ¡Y allá cuidados con la soberanía y el poder constituyente, uno no vive cotidianamente en un cielo dogmático! 

La sociedad que habita en ese ámbito territorial que denominamos España se siente mayoritariamente como parte integrante de una comunidad política y cultural muy vieja, pero también de otras más pequeñas comunidades, tanto culturales como políticas, igual de viejas y más próximas a su ámbito de experiencia (no sólo naciones, sino también ciudades y pueblos). Y no encuentra ninguna contradicción en ello porque en general no es nacionalista, sino sólo nacional. Y de varias cosas a la vez. Es más, todos los estudios sobre la cuestión han destacado desde antiguo la elevadísima fuerza que tiene el sentimiento de identificación subestatal en el caso de los españoles, algo llamativamente característico en Europa. No es algo en absoluto exclusivo de las consideradas como naciones propiamente dichas (Euskal Herria o Cataluña), sino que aparece con igual o superior pujanza para Extremadura o León. El español es característicamente muy territorial en sus identificaciones sentimentales, e incluso a veces construye su idea de España no directamente sino a través o por medio de su tierra próxima. 

Si todos esos abigarrados, mezclados y superpuestos sentimientos nacionales fueran de verdad nacionalismo en sentido estricto, España habría dejado de existir hace mucho. Porque serían incompatibles, cada uno reclamando angustiado su plaza exclusiva en ese lugar llamado soberanía y dando codazos eslovenos al otro. Y no es así, lo demuestra la historia. Mientras no se polaricen por la pasión estúpida de los dogmáticos, los españoles convivimos con nuestras variadas pertenencias sin necesidad de recluirnos en nuestras ínsulas. Discutimos sobre la distribución del poder, pero eso es normal en toda sociedad compleja y no nos debe llevar a caer en la unidimensionalidad nacionalista. Es la que peor se adecua a España. Incluso para entenderla. Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt 













ENTRADA NÚMERO 9737

DEL POEMA DE CADA DÍA. HOY: MIENTRAS TÚ EXISTAS..., DE ÁNGEL GONZÁLEZ

 







MIENTRAS TÚ EXISTAS….




Mientras tú existas,

mientras mi mirada

te busque más allá de las colinas,

mientras nada

me llene el corazón,

si no es tu imagen, y haya

una remota posibilidad de que estés viva

en algún sitio, iluminada

por una luz cualquiera...

Mientras

yo presienta que eres y te llamas

así, con ese nombre tuyo

tan pequeño,

seguiré como ahora, amada

mía,

transido de distancia,

bajo ese amor que crece y no se muere,

bajo ese amor que sigue y nunca acaba.




ÁNGEL GONZÁLEZ (1925-2008)

poeta español



























ENTRADA NÚMERO 9736

DE LAS ENTRADAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY LUNES, 19 DE ENERO DE 2026

 




























ENTRADA NÚMERO 9735

SALUTATIONES LINGUIS PATRIAE MEAE. HODIE, LUNA, XIX IANUARII, LATINE

 






Salvete, iterum bonum mane omnes, et felicem diem Lunae et felicem initium hebdomadis. Hodie statim ad scripta diarii interretialis progrediemur, sine ulteriore mora. Prima, a historico Israelitico Shlomo Ben Ami scripta, de Trump agit et quomodo, contra ordinem mundi, intendit ut Civitates Foederatae Americae ea quae volunt ab iis quos debiles aestimant obtineant. Secunda est scripta diarii interretialis archivata ex Ianuario MMXIX in qua causidicus Iosephus Maria Ruiz Soroa de nationalismo Hispanico locutus est, vehementer indicans inclinationem ad nationalismum et sensum nationalem tamquam unum et idem considerandum, id est, ad considerandum sensum eorum qui, plus minusve accurate, Hispanicam nihil nisi formam nationalismi sentiunt. Carmen diei, in tertia inscriptione, est a poeta Ángelo González, et inscribitur "Dum Existas...". Et quarta et ultima, ut semper, sunt imagines comicae diei. Hoc est totum pro hodie. Tamaragua, amici mei. Cura ut valeas, et ante omnia, conare esse beatus. Ad cras, si Fortuna nobiscum est. Oscula. Amo te.













ENTRADA NÚMERO 9734

domingo, 18 de enero de 2026

DE CASI UNA CARTA DE AMOR A MARIANO RAJOY. ESPECIAL DOS DE HOY DOMINGO, 18 DE ENERO DE 2026

 







El cansancio de un viejo mundo ha dado paso a este nuevo, pero aquel mundo en el que el líder popular fue presidente ofrecía aún algunas cosas buenas, colmena en El País (16t/01/2026) el escritor y director del Instituto Cervantes en Roma, Ignacio Peyró. No es solo una tradición española, pero es una tradición muy española no concederle nada al adversario político, comienza diciendo. El refrán “Al enemigo, ni agua” no se inventó en Canadá. Un punto de desencuentro muy visible ha sido siempre el del callejero, tantas veces usado con el propósito de honrar a los tuyos y, mucho más interesante, chinchar a los demás. En su portentoso libro sobre Palma, Valentí Puig cuenta cómo actuaban los gobiernos del XIX con las esfinges del paseo del Born: los conservadores les cubrían los pechos y los progresistas volvían a descubrírselos en cuanto regresaban al poder. Así una vez tras otra. Hoy, la cizaña continúa y, por ejemplo, hay una estación de AVE —la de Burgos— que honra a la socialista Rosa Manzano, mientras que sería impensable una estación dedicada a la popular Loyola de Palacio. En cicatería compiten izquierdas y derechas, pero las sensibilidades políticas se escoraron a la izquierda apenas hecha la Transición. Y eso explica en parte que hoy cierta derecha se ponga tontorrona con Felipe González, mientras que hay que hacer espeleología en los archivos hasta ver que la izquierda reconoce algo a, pongamos, un Aznar. Ignacio Sotelo, socialista oveja negra, le otorga “una leve reducción del paro” y “una Administración un poco más eficiente”.

Con estos precedentes, voy a hacer una de esas cosas por las que parece que habría que pedir perdón a medio país: hablar bien —o un poco bien— de Mariano Rajoy, quien, tras fingir durante décadas que solo le interesaban el fútbol, los whiskies y la prima de riesgo, está dedicando la larga digestión de su presidencia a la escritura. ¡Y qué dedicación! Tres libros en seis años es una productividad que, por usar una expresión que quizá le gustara al propio Rajoy, no se veía desde los tiempos de El Tostado. Una trabajera suficiente, en todo caso, para replantearse la galvana existencial de un personaje cuya caricatura ha estado siempre cerca de la del casinista amodorrado. Ha querido la casualidad, además, que un clásico de la literatura política de todos los tiempos, los Ricordi de Guicciardini, coincida en las mesas de novedades con El arte de gobernar, de Rajoy, quizá para que así podamos comparar quién es el más florentino de los dos. Boutades aparte, la de escribir no es mala labor en un expresidente ahora que tenemos a alguno en labores, allá por esos mundos, mucho más opacas.

Ante un título como El arte de gobernar, solo caben dos opciones: o Rajoy se ha vuelto loco, o en la editorial le dijeron: “Tranquilo, presidente, esto son cosas del marketing”. No solo porque tuviera siempre un sentido del pudor ante la grandilocuencia, sino, ante todo, porque en su carrera nunca ha buscado lo que muchos buscan al escribir: apuntarse los tantos cortoplacistas de la vanidad. Rajoy no molaba tanto como Rato, no apretaba tanto como Cascos y no rezaba tanto como Mayor Oreja. Todos se creyeron mejores que él, y él, paciente como pizarra galaica percutida por la lluvia, los vio pasar a todos. Salisbury, uno de los políticos que más se le parecen, lo dejó dicho: “Lo importante es aplazar”. Y de hecho, el gran éxito de Gobierno de Rajoy sería, si no aplazar, sí evitar: a los hombres de negro, en concreto. Pero no todo fue —llámenlo como prefieran— manejo de los tiempos o postergamiento. Cuando leemos a Wolfgang Münchau que “España está conectada al 81,5% en fibra óptica y Alemania al 10%”, Mariano tiene algo que decir. Cuando Sánchez saca pecho de los buenos vientos de la economía española, olvida prudentemente citar a un gallego. Y cuando pensamos en España y Venezuela, quizá haya que recordar al señor de Pontevedra que por primera vez recibió a líderes opositores. Hay puntos que concederle al Rajoy presidente, y no solo al Rajoy expresidente.

La política española ha cambiado más entre 2018 —cuando Rajoy pierde el poder— y 2026 que en todo lo que media entre el primer Felipe y el último Aznar. Los años más movidos nos resultan más extensos, y al pensar en Rajoy, que ya tenía el aire de un señor de otro tiempo, ahora nos parece que hubiera compartido tribuna con Segismundo Moret. Sus carencias en el Gobierno y en el partido se han glosado generosamente: la corrupción, Cataluña, la ausencia de esa voracidad, de esa hambre de hacer, que ya entonces empezaba a caracterizar a la política. Yo mismo me he demorado en esas carencias en otras ocasiones y alguna la vi —por haber trabajado en el gabinete de Moragas— desde dentro.

El cansancio de ese viejo mundo ha contribuido al paso a este nuevo. Sin embargo, ese mundo de Rajoy ofrecía aún algunas cosas buenas. La política no buscaba llenar vacíos morales o ansias de sentido, sino traducirse en políticas concretas. Gestionar no se limitaba a comunicar. Un discurso no era necesariamente una predicación o una exposición de la bondad de nuestros sentimientos. Y polarizar se podía poco con un señor como él, a la vez raro de amar e imposible de detestar. Así, mientras votamos a demagogos a sabiendas de que son demagogos, a veces uno puede dar en pensar en lo que era una madurez política —en palabras de Alan Wolfe— “disciplinada por la adversidad, templada por el tiempo y modulada por un sentido cada vez mayor de la realidad”. Ese peso, esa gravitas, los tenía Rajoy y también los tenía Rubalcaba. Pero hoy el PP se parece a lo que ha sido siempre en mucho mayor medida que el PSOE, y en eso —un anclaje para nuestra democracia— han tenido que ver Rajoy y también Feijóo: hoy que todo se extrema, el partido no se ha encanallado.

Algo tendrá Rajoy que hasta Rodríguez Zapatero va proclamando en público —quizá con un punto de pasmo del gallego— su amistad con él. Tal vez sea que representa el último momento de un cierto respeto antiguo frente a unos años más obvios y más crudos, en los que uno puede, por ejemplo, considerar que eso de los Presupuestos Generales del Estado es materia opcional, política viejuna. Sí, el último momento de unas deferencias y pudores que hoy pueden parecer risibles, pero que estaban basadas en un sentido de la ambigüedad, de la ironía, de la imperfección del mundo, y que sin duda no aguantarían ya un minuto ante el tumbao de Sánchez, el pecholobo de Abascal o la mezcla de grandilocuencia y chulería de Rufián. Cuando Edmund Burke ve llegar la novedad radical de la Revolución Francesa, se espanta de los “sofistas, economistas y calculadores” que van a llevar las riendas del mundo: hoy podríamos hablar de los tuiteros, consultores e influencers que buscan y viven de infartar nuestra vida pública. Última floración sofisticada —o quizá fruto demasiado maduro— de nuestro orden liberal, ni Rajoy pudo ni nadie hubiera podido parar lo que venía. Los escitas, escribe Renan, han conquistado el mundo. Y quizá esto no sea irreversible, pero no está tan lejos el día en que nos digamos que quien no ha conocido el Gobierno en funciones de Mariano Rajoy no ha conocido la alegría de vivir. Y esta, me temo, es una broma solo a medias.






















ENTRADA NÚMERO 9733

DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY. ESPECIAL UNO DE HOY DOMINGO, 18 DE ENERO DE 2026

 























































































ENTRADA NÚMERO 9732