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miércoles, 29 de octubre de 2025
martes, 28 de octubre de 2025
DE LAS ENTRADAS DEL BLOG DE HOY MARTES, 28 DE OCTUBRE DE 2025
DE LA HISTERIA UNIVERSAL DE ESPAÑA
¿Despertaremos de esta pesadilla destructiva, intolerante y vocinglera, de esta Histeria Universal de España, en que han conseguido encerrarnos?, se pregunta en El País el escritor Javier Cercas, el 25 de octubre de 2025. Que yo sepa, comienza diciendo, solo hay algo peor que un sanchista histérico, de esos que llevan al cuello un escapulario de Pedro Sánchez, y es un antisanchista histérico, de esos que consideran a Pedro Sánchez la personificación del Maligno. El problema es que el debate político en España parece monopolizado por esos dos fantoches, y que todo conspira para desterrar cualquier discusión racional o matizada; quien la intenta es demonizado con el peor insulto: equidistante. Basta con ver esos debates televisivos donde los tertulianos de izquierdas regurgitan el argumentario de la izquierda y los tertulianos de derechas regurgitan el argumentario de la derecha. Por supuesto, este envenenamiento deliberado del debate público no es privativo de nuestro país, sino solo la versión carpetovetónica del espejismo de debate universal propiciado por las redes sociales, cuya prosperidad depende de mantener nuestra atención fija en la pantalla el máximo tiempo posible, con el fin de que las empresas puedan acceder a nuestros datos personales y vendernos todo lo vendible a través de nuestros dispositivos digitales. Se trata de un modelo de negocio perverso que está corroyendo la democracia, porque, como dice Michael Sandel, “nos separa en burbujas de afinidad y alienta la forma más inflamatoria y sensacionalista de debate ideológico, destruyendo la posibilidad de discusión y desacuerdo público razonable”. ¿Resistirán nuestras democracias esta embestida de sectarismo furioso? ¿Nos dejaremos arrastrar al matadero de una histeria inducida por el poder, que necesita una sociedad dividida y polarizada, donde nadie escucha y todos gritan? ¿Permitiremos que nos sigan enfrentando artificialmente?
Me invitan al Festival de las Ideas, que desde el año pasado reúne en Madrid a pensadores de todo el mundo, y, cuando oigo que la charla se celebra un sábado a las siete de la tarde en plena plaza de España, me digo que voy a hablar ante cuatro frikis, pero resulta que la plaza está llena a rebosar, como durante todo el festival. Me invitan a otro encuentro parecido que se celebra desde hace cinco años en Magaluf, Mallorca, y, cuando me dicen que tengo que hablar a la una de la tarde de un domingo y al aire libre, en esa playa conocida por el turismo de borrachera, la práctica del balconing y los concursos de felaciones, me digo que voy a estar más solo que la una, pero resulta que cientos de personas abarrotan el auditorio, como durante todo el festival. Y de repente caigo en la cuenta de que cosas así suceden desde hace un tiempo en toda España, de que hay personas que se reúnen para escuchar, preguntar, dialogar y tratar de razonar en la plaza pública, y me da un ataque salvaje de optimismo y me pregunto si no habrá cada vez más gente harta de tanta histeria, de tanta polarización, de tanto partidismo, de tanta irracionalidad, si no se está incubando una rebelión pacífica y silenciosa contra quienes siembran la discordia con un discurso público simplista, divisivo, falsario, hueco y ponzoñoso, que nos está matando. Pero, como sé que soy un optimista peligroso, corto en seco mi entusiasmo, me digo que la plaza de España y Magaluf y demás oasis son solo un espejismo, que no habrá una rebelión, que vamos a seguir como sonámbulos hacia el matadero, hasta que leo estas otras palabras de Sandel que se me antojan un calco de mi euforia reprimida: “La ciudadanía de las democracias se siente frustrada con la política y la vaciedad del debate público. El discurso político actual consiste en una conversación tecnocrática muy restringida, que no inspira a nadie. Y, cuando entra la pasión, se convierte en un ring en el que los contrincantes no se escuchan. La ciudadanía quiere algo mejor. La gente quiere que la vida pública gire en torno a cuestiones importantes: ¿qué es una sociedad justa? ¿Cuál debería ser el papel del dinero y los mercados? ¿Qué nos debemos como ciudadanos?”.
¿Lleva razón Sandel? ¿La llevamos los optimistas? ¿Queremos algo mejor? ¿Despertaremos de esta pesadilla destructiva, intolerante y vocinglera en que han conseguido encerrarnos? ¿Permitiremos que nos dividan para vencernos? Ustedes dirán.
Javier Cercas es escritor y miembro de la Real Academia Española.
DEL ARCHIVO DEL BLOG. MUJERES (VERSIÓN RECORTADA). PUBLICADA EL 02/11/2008
El hermoso artículo de Mario Vargas Llosa en El País de hoy, lleno de elogios por la actriz británica y decidida activista pro-derechos civiles, Vanessa Redgrave, por la que comparto con el autor mi admiración plena, me ha hecho recapacitar sobre el enorme privilegio de vivir, a pesar de todos los "tsunamis" financieros que se nos vengan encima, en este acorralado puerto a la defensiva que llamamos Occidente. Y no digamos si encima se es mujer.
Me parece terrible y de una crueldad inusitada la pasmosa indolencia con que en este Occidente del que presumimos como eje de la civilización se ha recibido y reaccionado ante la lapidación de una joven somalí de 23 años años, de la que sólo sabemos su nombre, Aisha. Ni una palabra del Secretario General de las Naciones Unidas, ni del Papa, ni de los candidatos a presidir los Estados Unidos, ni del presidente de Rusia, ni del Dalai Lama, ni de los líderes musulmanes moderados, ni de Dios..., De nadie, salvo de los familiares y unos cuantos vecinos y amigos de Aisha. Y unas descomprometidas palabras de condena del hipersensibilizado presidente de Francia y de la Unión Europea. Y si no es por la corresponsal de El País en Ciudad del Cabo, Lali Cambra, ni nos enteramos los lectores españoles. De vergüenza. Amnistía Internacional sí da la cara a diario, y gracias a su labor se salvan muchas Aishas en el mundo. ¿Será posible ver el día en que las religiones y los dioses, y sus intérpretes varios, dejen de jodernos a los pequeños e insignificantes humanos y que podamos vivir, equivocarnos y morir en paz?
No recuerdo quien dijo que en Filosofía y Literatura, después de los clásicos griegos, todo era mera paráfrasis... Lo comparto plenamente. Será por eso que mis tres personajes femeninos preferidos de ficción, son producto de los trágicos griegos. Dos de ellos de Eurípides: Ifigenia, la inocente y desventurada hija de Agamenón y Clitemnestra, sacrificada a los dioses en aras de la victoria aquea sobre los troyanos; Medea, la repudiada y vengativa esposa de Jasón, inmisericorde ante la traición del amado; y la tercera, mi favorita, la sacrificada y heroica Antígona, de Sófocles, hija de Edipo y Yocoasta, que afronta con serenidad la condena a muerte que le es impuesta por rendir honores fúnebres a su hermano rebelde.
Y si tuviera que nombrar a únicamente tres mujeres contemporáneas a las que admiro profundamente, me quedo con la imagen de infinita tristeza y soledad de la actriz norteamericana Marilyn Monroe, la valiente fragilidad y sensibilidad de la filósofa francesa Simone Weil, y la descarada independencia de juicio crítico de la politóloga norteamericano-alemana Hannah Arendt. Estas dos últimas lúcidas críticas de su tiempo, ambas intelectuales de prestigio, y judías. ¿Será casualidad esto último?... No creo que ellas se hubieran callado... Vaya dicho en homenaje de todas las Aishas del mundo que nunca subirán a los altares. Sean felices a pesar de todo. Tamaragua. HArendt
DEL POEMA DE CADA DÍA. HOY, LA CANCIÓN DE MARÍA, DE SYLVIA PLATH
LA CANCIÓN DE MARÍA
El cordero dominical cruje en su grasa.
La grasa
sacrifica su opacidad…
Una ventana, oro sagrado.
El fuego la vuelve preciosa,
el mismo fuego
que derrite a los herejes de sebo
y expulsa a los judíos.
Sus gruesos paños mortuorios flotan
sobre la cicatriz de Polonia, la Alemania
calcinada.
No mueren.
Pájaros grises me obsesionan el corazón,
ceniza de boca, ceniza de ojo.
Se posan. Sobre el alto
precipicio
que lanzó a un hombre al espacio
los hornos resplandecían cual cielos, incandescentes.
Es un corazón
este holocausto en el que penetro,
oh, niño mimado que el mundo matará y devorará.
SYLVIA PLATH (1932-1963)
poetisa estadounidense
lunes, 27 de octubre de 2025
DE LAS ENTRADAS DEL BLOG DE HOY LUNES, 27 DE OCTUBRE DE 2025
Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz lunes, 27 de octubre de 2025. No quisimos invertir en defensa, y dependemos de EE UU; no quisimos tener minas, y dependemos de China. Revertir eso y ser independiente requerirá un enorme esfuerzo, se lee en la primera de las entradas del blog de hoy. En la segunda un archivo del blog de noviembre de 2017 se hablaba de la idea de democracia de los independentistas catalanes, que era la de hacerle caso al Gobierno cuando el Gobierno actúe como tú quieres, y hacerle caso a la justicia cuando se ponga a tu servicio. El poema del día es de una poetisa española nacida en 1961 que comienza con estos versos: Seré nadie/y seré olvido./Los copos de nieve/del invierno helado/limpiarán, suaves,/los restos del tiempo. Y la cuarta y última son las viñetas de humor. Volveremos a vernos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Sean felices, por favor. Tamaragua, amigos míos. Y como decía Sócrates: ἡμεῖς ἀπιοῦμεν. HArendt
SIN SACRIFICIOS SEREMOS UN PROTECTORADO
Los sacrificios necesarios para no ser un protectorado: No quisimos invertir en defensa, y dependemos de EE UU; no quisimos tener minas, y dependemos de China. Revertir eso y ser independiente requerirá un enorme esfuerzo, afirma en El País [25/10/2025] el analista político Andrea Rizzi. Dolía escuchar a Steve Bannon decir, en una entrevista con The Economist publicada este jueves, que los europeos somos un protectorado. Dolía porque hay en ello parte de verdad, comienza diciendo Rizzi.
Durante décadas no quisimos invertir lo suficiente en Defensa, y dependemos de EE UU para nuestra seguridad. En ese sentido, de alguna manera, sí hemos sido un protectorado, porque esa dependencia ha condicionado y condiciona nuestras decisiones. El asunto es de tal calibre que comprime nuestra independencia: si la Comisión ha titulado esta semana su programa del año que viene “el momento de la independencia” por algo será. Porque todavía no la tenemos. Para algunos —los más expuestos al riesgo ruso— esa dependencia de EE UU es tan crucial que inhibe su disposición a mantener pulsos con la Casa Blanca. Lo vimos claramente en la cuestión comercial, donde se rehuyó la pelea no porque en ese sector no podíamos librarla, sino porque muchos no quisieron por otras razones. Ahorramos durante décadas dinero que pudimos utilizar en pensiones y servicios sociales. Esa red social es admirable, pero el descuido de la defensa tiene un coste, que antes no se veía bien, y ahora es evidente.
Tampoco quisimos tener minas y plantas procesadoras, y ahora dependemos de China para las materias primas estratégicas que alimentan la manufactura de la modernidad, un activo con un potencial avasallador.
Tampoco invertimos de forma adecuada en I+D+i, ni quisimos renunciar a nuestros pequeños reinos de taifas financieros nacionales o incluso regionales para crear un verdadero mercado único de capitales profundo y líquido, y el resultado es que hemos perdido una tras otra las carreras de la innovación. En Europa las grandes compañías de hoy son las mismas de hace medio siglo. Y, en las tecnologías punteras, andamos por detrás de EE UU y China, y ahí también hay una forma de dependencia.
Estas dependencias son hoy más peligrosas que ayer. El mundo nunca fue una guardería, pero ahora es un campo de batalla desatada. Vladímir Putin dispara misiles, Donald Trump aranceles, Xi Jinping restricciones. Es un momento de reconfiguración sobre la base de la fuerza. Nuestras bocas expresan palabras, las de ellos, exhiben —y usan— dientes. Ante este escenario, conviene interiorizar que conseguir no ser un protectorado o vasallos en este mundo requerirá sacrificios.
Los franceses no quieren elevar su edad de jubilación, actualmente en unos asombrosos 62 años. Los españoles no quieren gastar en defensa más de un 2,1%, dicen que es suficiente así —parece, más bien, el máximo políticamente tolerable para su Gobierno—. Los alemanes no quieren hacer nada que irrite a China porque, a pesar de todo, todavía sus empresas esperan ganar algo de dinero (cada vez menos) ahí. Son bastantes aquellos que no quieren que la Política Agraria Común sufra muchos recortes. Los halcones no quieren la deuda mancomunada necesaria para espolear inversiones porque no quieren atarse a compañeros de los que no se fían. Todo es comprensible. Ahora bien, hay que comprender que sin acciones decididas los fantasmas de protectorados y vasallajes cobran cuerpo. Harán falta muchos recursos para evitarlo.
El diseño del equilibrio correcto es una tarea diabólicamente complicada. La cohesión social es obviamente un bien imprescindible. La lucha contra el cambio climático también lo es. Muchos otros son los objetivos de máximo valor. Pero conviene no confundirse: la independencia no la lograremos con pequeños retoques presupuestarios y pequeños reajustes de competencias. Hace falta un cambio revolucionario. Es legítimo elegir no hacerlo, y se puede entender la voluntad de defender un modelo con muchas virtudes. Pero hay que ser honestos y saber que no hacerlo nos expone a graves riesgos de sometimiento en los próximos lustros. Porque ese modelo se diseñó en un mundo que ya no existe.
Ya se acabó el mundo de la protección benévola de EE UU y del ten con ten con China por el cual nuestras empresas se forraban implantándose ahí mientras ellos succionaban nuestra tecnología. Ahora EE UU nos considera un peso, y no un activo, como decía Bannon cuando nos calificaba un protectorado más que aliados, y China ya está en posición para inundarnos con su extraordinario potencial manufacturero que ya no necesita nuestra tecnología. Rusia es una fuerza imperial desatada.
Ahora estamos en un mundo de fuerza bruta, y esta es militar y tecnológica. Conseguirla requiere un enorme esfuerzo. Ni los delgados planes de prepuesto comunitario, ni la negativa a los eurobonos, ni los retrasos en el desembolso del préstamo a Ucrania apoyado en los fondos rusos congelados, ni los titubeos a la hora de integrarnos más y ceder competencias, ni las batallitas y parálisis de tantas políticas nacionales van en esa dirección. Y por ello duele escuchar a Bannon llamarnos protectorado, porque es una herida del pasado que sigue abierta, y que no estamos curando bien.
Andrea Rizzi es analista político.
DEL ARCHIVO DEL BLOG. EL DOCTOR 155 Y LA DUI. PUBLICADO EL 02/11/2017
Hacerle caso al Gobierno cuando el Gobierno actúe como tú quieres, hacerle caso a la justicia cuando se ponga a tu servicio, esa es la idea de democracia de los independentistas catalanes, comenta en El País el periodista y escritor Manuel Jabois.
El jueves 26 de octubre, en Barcelona, Carles Puigdemont no abortó la declaración de independencia de Cataluña porque no le garantizaron, desde el Gobierno, que la justicia atendería sus demandas. Dos veces quiso anunciar elecciones y olvidar su promesa de acatar “el mandato del pueblo catalán”; dos veces dio marcha atrás al no tener lo que él llamó “garantías” y que eran exactamente eso: las garantías de que él no era un ciudadano con los mismos derechos y los mismos deberes que otro, sino alguien con privilegios gracias a una posición de fuerza obtenida fuera de la ley.
El martes 31 de octubre, en Bruselas, Carles Puigdemont dijo que no regresaría a España hasta que no obtuviese “garantías de un juicio justo”. Una semana después de negociar una justicia a la carta como elemento de chantaje al Estado, Puigdemont reclamó una justicia que no dependiese delictivamente del Gobierno español sino que fuese homologada por un Govern destituido, al que hay que consultar para que el juicio tenga las garantías que demanda su autoproclamado presidente en el exilio.
Hacerle caso al Gobierno cuando el Gobierno actúe como tú quieres, hacerle caso a la justicia cuando se ponga a tu servicio. La ley es la violencia; su incumplimiento es la paz. El Govern da ejemplo al mundo al privar de derechos a la mitad de sus ciudadanos imponiendo su mayoría por encima de la ley; el Estado ejerce “extrema agresividad”, “máxima beligerancia” y “violencia institucional” al restaurar la legalidad. El expresidente de la Generalitat es una víctima perseguida que busca auxilio en el extranjero; España tiene un problema de “déficit democrático” al empeñarse en hacer cumplir la Constitución que la ha convertido en democracia.
Desde hace siete años, cuando Mas advirtió de que el Parlament incumpliría la ley al iniciar un proceso constituyente, hasta ahora, cuando Puigdemont ha terminado su trabajo con el resultado esperado (unos señores fingiendo que trabajan en Barcelona y otros en Bruselas fingiendo que no les dejan trabajar), el soberanismo ha exigido siempre “garantías”. Garantías de que su situación era diferente, de que su voluntad sería respetada por encima de la voluntad de los demás, de que el Parlamento ha de plegarse a sus deseos, y ahora la justicia, y después cualquier cosa con tal de jugar sobre seguro, garantizándoles que nunca van a perder.
No basta con hacer lo que te da la gana: los demás tienen que reconocer que puedes hacerlo. Por tanto no se asume ni la responsabilidad de acabar con el adversario: se le pide al adversario que se ejecute a sí mismo. Una jugada maestra si hubiese un maestro detrás, y millones de tontos delante. Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt
DEL POEMA DE CADA DÍA. HOY SERÉ NADIE Y SERÉ OLVIDO
SERÉ NADIE Y SERÉ OLVIDO
JULIA POVEDA (1961)
poetisa española







































