miércoles, 30 de julio de 2025

DEL JACOBINISMO DE PODEMOS

 






El jacobinismo de los morados les impide entender que atacando a Junts o al PNV ofenden a mucha más gente por el camino, señala en El País [Podemos y el estigma de los catalanes ‘racistas, 24/’7/2025] la politóloga Estefanía Molina. No hará falta que Vox llegue a la Moncloa para que se cuestione el autogobierno de Cataluña, comienza diciendo Molina. Podemos se basta y se sobra para ir abonando ese camino. Ione Belarra irritó esta semana a muchos catalanes afirmando que cederles competencias de inmigración implicaba que “los Mossos puedan ejercer las funciones que hasta ahora hace la Policía Nacional, por ejemplo, redadas racistas”. Luego se indignarán porque se les llame jacobinos.

A poco que uno rasque verá que, en instancia última, la crítica de Podemos es a la cesión de competencias. De un lado, saben perfectamente que quien las gestionaría hoy sería Salvador Illa, investido por ERC y Comunes. Resultará que el PSC también es sospechoso en términos de integración y convivencia, como si ser catalán trajera aparejado la incapacidad de liberarse de ciertos instintos.

Segundo, porque Podemos se excusa en el preámbulo del pacto entre Carles Puigdemont y Pedro Sánchez, donde Junts asocia la pérdida de la lengua o la nación al fenómeno migratorio, para asegurar que la ley sería racista en sí misma. Es una falacia jurídica. Como recordó Jaume Asens, que la exposición de motivos de una ley sea muy desafortunada no quiere decir que obligue a hacer nada concreto. Las competencias no tienen una carga en sí mismas; ese valor moral se lo da Podemos. Asens, por cierto, reconoció que no le había gustado que sus colegas se opusieran a la cesión competencial a Cataluña simplemente porque Junts lo pedía.

Por último, la siguiente frase no la dijo Puigdemont. “[La migratoria] es una de las grandes competencias que deberíamos recuperar, entre otras cosas, porque formamos parte de una nación que tiene su identidad nacional en riesgo”. Curiosamente, es de Arnaldo Otegi, coordinador de Bildu, con quien Ione Belarra e Irene Montero posaban sonrientes hace unos días. Nunca es el qué, siempre es el quién: no le han afeado aquellas palabras, que se sepa. Se rumorea incluso que hasta exploran juntos algún tipo de alianza política.

Y cómo será la cosa, que Podemos ha logrado poner de acuerdo al PSC, ERC y Junts. Illa ha dicho que no va a tolerar que se dude de la profesionalidad de los Mossos, y Oriol Junqueras se marcó un tuit reprochando que estas cosas, antes, las decían Albert Rivera e Inés Arrimadas.

Hete ahí el problema: que desde Podemos no entienden —porque son jacobinos— que en su descuidada afrenta contra Junts o el PNV acaban ofendiendo a mucha más gente por el camino. Lo mismo ocurrió en la última campaña electoral en Euskadi. Los morados presentaban en un vídeo a dos votantes del PNV como catetos aprovechados con txapela. El estallido en redes fue notorio, y no solo de quienes apoyan a Imanol Pradales. Hay estigmas que inevitablemente se perciben como colectivos.

Y lo anterior no impide asumir que a Junts le preocupa la pujanza de Aliança Catalana, que tiran de retórica identitaria para justificar el haber enterrado el procés, o que cierto votante tiene nostalgia de catalanismo pujolista. Pero si mucha gente se ha indignado en Cataluña es porque Podemos tampoco está para presentarse como salvador de nadie. Ione Belarra formaba parte del Gobierno de España cuando el episodio del salto a la valla de Melilla, que se saldó con al menos una veintena de muertos. La ministra morada no dimitió entonces ante el estupor de la tragedia, y ni siquiera lograron que Fernando Grande-Marlaska fuera cesado como titular de dicha cartera.

Quizás la mayor prueba de que Belarra metió la pata sea que, en muy poco tiempo, las competencias estatales en materia de migración podrían estar en manos de un Ejecutivo de PP y Vox. Quién no preferiría en ese caso que fuera Illa quien le tramitara su expediente de extranjería. Podemos dejó de ser plurinacional a la velocidad que se hundió en Galicia, Euskadi y Cataluña. Su mayor problema ahora es creer que ciertos estigmas solo afectan a Junts o el PNV, cuando no, a las instituciones de un pueblo entero. Le están haciendo el trabajo a la ultraderecha, aunque les duela reconocerlo. Estefanía Molina es politóloga.




















[ARCHIVO DEL BLOG] LA TRAICIÓN DEL JUGLAR. PUBLICADO EL 30/07/2017

 







Los trovadores latinoamericanos viven hoy una etapa de permisiva tranquilidad. Su enemigo no es la censura, sino el reggaeton. Silvio Rodríguez, firmante del manifiesto Dejen votar a los catalanes, se ha extraviado en Cuba entre reverencias y silencios, escribe en El País [La traición del juglar, 30/07/2017] la periodista cubana Yoani Sánchez. Los cantautores son a menudo confundidos con profetas o líderes, comienza diciendo Yoani. Los temas de numerosos trovadores han terminado por moldear conciencias, erigirse en lemas políticos y volverse mantras incuestionables. Todo movimiento social necesita su fondo musical y en América Latina estos solitarios de la guitarra han acompañado sonoramente a más de uno.

Cronistas pertrechados de melodía, la mayoría de las veces se toma a estos intérpretes al pie de la letra, confundiéndose al personaje de sus estrofas con el ser de carne y hueso que sube al escenario. Bajo las luces, en la íntima atmósfera de un teatro, entona esas frases que después se trastocan para miles de espectadores en eslóganes y posturas. Tras los duros años en que una copla podía costarles la vida o la prisión, los trovadores latinoamericanos que dieron forma a la canción protesta viven ahora una etapa de permisiva tranquilidad. La batalla más encarnizada la libran ante el reggaeton, no contra la censura. Su mayor temor no radica en engrosar las listas negras, sino en que el público mueva el dial para buscar cualquier otra música “más movidita”.

Dejaron de ser el centro de las reseñas y de los críticos, para ser colocados en la aburrida esquina de los consagrados que ya no llenan estadios ni arrancan suspiros. Viven de las glorias pasadas y rara vez una canción suya vuelve a escalar las listas de éxito, aunque en los platós televisivos se les siga presentando como “insuperables” o “indiscutibles”.

Entre aquellos melenudos de verso fácil, los más pícaros han cedido su guitarra a algún poder al que años atrás criticaron, para vegetar a la sombra de festivales, homenajes y entrevistas. Los pocos dardos que aún lanzan en sus textos mezclan los más recurrentes lugares comunes del discurso progresista, mientras que su indumentaria mantiene todas las trazas de un disfraz de calculado desaliño.

Los nombres más conocidos de hace unas décadas acarician hoy los discos con los que convocaron multitudes e hicieron latir conciencias. A falta de aquellas emociones, actualmente se dedican —sin partitura y con voz debilitada— a dictar cátedra de cómo comportarse cívicamente o a azuzar una rebeldía que ellos mismos descartaron por poco rentable.

La música de Rodríguez, compañera una vez de la desobediencia, es hoy la lírica del poder

Algunos de aquellos temas musicales que compusieron cuando soplaban los aires de hacer el amor y no la guerra han sido secuestrados por militantes y extremistas que los cantan —con las venas del cuello a punto de reventar— frente a sus contrincantes políticos. De expresiones musicales libertarias pasaron a ser mordazas para acallar la diferencia, meros himnos de ciega batalla.

Los tiempos de rimar y creerse cada verso han dado paso al cinismo. Muchos de los juglares que pusieron ritmo a la inconformidad se alejaron de la escena pública; otros aparcaron la canción incómoda en busca de mayores ingresos, mientras que la mayoría, extraviada la musa, se ha convertido en defensora de cuanta causa pueda tapar su sequía creativa.

Nostálgicos de un tiempo en que congregaban multitudes, más de uno ha optado por cantarle al poder y dedicar sus estribillos a ciertos populistas bastante impresentables. Escriben por encargo, ensalzan en sus estribillos a desteñidas revoluciones transmutadas en dictaduras y se ganan un espacio en las tarimas oficiales donde las promesas abundan y la sinceridad falta.

No son los tiempos en que Víctor Jara llevó su arte hasta las últimas consecuencias. “Yo no canto por cantar / ni por tener buena voz, / canto porque la guitarra / tiene sentido y razón”, aseguró el chileno que murió a los 40 años con decenas de balas hundidas en su cuerpo. Ahora abundan los creadores que cuidan cada palabra para evitar salirse del esquema de lo políticamente correcto. Compositores de rimas pulidas y cabello bien peinado que se pasean por palacios de Gobierno y reciben con beneplácito sus honoris causa. Forman parte de esa pléyade de intelectuales y creadores que salen en la foto de familia con todo aquel que le plante cara a quienes ellos señalan como la causa de todos los problemas. Antiimperialistas acérrimos, falsos ecologistas y recelosos de la riqueza —siempre que esa fobia no incluya a su bolsillo—, se les ve protagonizando cantatas contra lejanos poderes y Gobiernos bajo los que no viven.

Hace unos cuatro años, el cantautor español Luis Eduardo Aute aseguró que se identificaba con la Revolución Ciudadana del presidente Rafael Correa. La afirmación fue hecha justo en un momento en que el gobernante ecuatoriano se enfrascaba en una dura pelea contra los medios informativos de su país y ponía límites férreos a la libertad de prensa. Las poses irreverentes tienen siempre mucho de miopía, de no ver más allá de su fabricada irreverencia. Bajo el influjo de sus propios estribillos, Aute se creyó el personaje de sus canciones y aquello de que: “Dicen que todo está atado / Y bien atado a los mercados”, cuando en realidad olvidó que a otros poderes también les gusta controlar cada detalle, especialmente la palabra.

Los trovadores de antaño cantan ahora contra poderes y gobiernos lejanos

En Cuba habita un caso extremo. Silvio Rodríguez perdió el unicornio azul de su creatividad hace muchos años. En la misma medida en que sus temas se llenaban de costuras y aburrimiento, su proyección pública se volvió más cercana al discurso oficial. Dejó de escribir canciones inolvidables para enzarzarse en diatribas contra “los enemigos de la Revolución”.

Recientemente, el cantautor sumó su firma al manifiesto Dejen votar a los catalanes que pide al Gobierno español que permita un referéndum sobre la independencia en Cataluña. El nombre de Rodríguez está acompañado por otras figuras como la artista Yoko Ono, la filósofa afroamericana Angela Davis y la premio Nobel Rigoberta Menchú.

El autor de Ojalá rubricó la afirmación de que “una gran mayoría de catalanes ha expresado repetidamente y de diversas maneras el deseo de ejercer el derecho democrático a votar sobre su futuro político”. Considera que “evitar que los catalanes voten” contradice los principios democráticos, precisamente aquellos que los cubanos llevan décadas sin poder disfrutar en su propia tierra.

A este Rodríguez nada le queda de la rebeldía que caracterizó sus primeras tonadas. En 2003, su firma se sumó al Mensaje desde La Habana a los amigos que están lejos, en el que un grupo de intelectuales exponían justificaciones para el encarcelamiento de 75 disidentes en la Isla. El documento respaldó también la decisión del Gobierno de Fidel Castro de fusilar a tres hombres que secuestraron una embarcación de pasajeros para intentar escapar hacia Estados Unidos.

Con una vida cómoda, un estudio de grabación autorizado por el Gobierno y con una mesa repleta, el juglar se extravió en reverencias y silencios. Su música, que una vez acompañó la desobediencia de tantos ciudadanos en esta parte del mundo, ahora forma parte de la lírica oficial, de la sinfonía del poder. Yoani Sánchez es periodista cubana y directora del diario digital 14ymedio.













EL POEMA DE CADA DÍA. HOY, HIJA DEL VIENTO, DE ALEJANDRA PIZARNIK

 






HIJA DEL VIENTO


Han venido.
Invaden la sangre.
Huelen a plumas,
a carencias,
a llanto.
Pero tú alimentas al miedo
y a la soledad
como a dos animales pequeños
perdidos en el desierto.

Han venido
a incendiar la edad del sueño.
Un adiós es tu vida.
Pero tú te abrazas
como la serpiente loca de movimiento
que sólo se halla a sí misma
porque no hay nadie.

Tú lloras debajo del llanto,
tú abres el cofre de tus deseos
y eres más rica que la noche.

Pero hace tanta soledad
que las palabras se suicidan.


ALEJANDRA PIZARNIK (1936-1972), poetisa argentina












DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DE HOY MIÉRCOLES, 30 DE JULIO DE 2025

 


































martes, 29 de julio de 2025

DE LAS ENTRADAS DEL BLOG DE HOY MARTES, 29 DE JULIO DE 2025

 






Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz martes, 29 de julio de 2025. Cada vez que ha habido un intento de no hablar de caridad, sino de corregir desequilibrios estructurales, el resultado ha sido avergonzante, afirma en la primera de las entradas del blog de hoy Jahel Queralt. En la segunda, un archivo del blog de hoy hace diecisiete años, HArendt hablaba de la sentencia que acababa de condenar al director de la COPE, Federico Jiménez Losantos, y del presidente de la Conferencia Episcopal Española, monseñor Rouco. La tercera es un poema de Jaime Gil de Biedma titulado De todas las historias de la historia, que comienza con estos versos: ¿Y qué decir de nuestra madre España,/este país de todos los demonios/en donde el mal gobierno, la pobreza/no son, sin más, pobreza y mal gobierno. Y la cuarta y última, como siempre, son las viñetas de humor, pero ahora, como decía Sócrates, "Ιωμεν" (toca marchar); volveremos a vernos mañana si las Euménides y la diosa Fortuna lo permiten. Sean  felices, por favor. Tamaragua, amigos míos. HArendt















DE LA DESVERGÜENZA DE LA LLAMADA COOPERACIÓN INTERNACIONAL

 






Cada vez que ha habido un intento de no hablar de caridad, sino de corregir desequilibrios estructurales, el resultado ha sido avergonzante, afirma en El País [La cooperación internacional empieza por no hacer daño, 21/07/2025], la filósofa Jahel Queralt. El 1 de julio, Donald Trump consumó algo de lo que ya venía advirtiendo desde su primer mandato: el cierre de USAID, el programa de ayuda al desarrollo. The Lancet ha hecho las cuentas: esta decisión tendrá un coste de 14 millones de vidas antes de 2030, entre las cuales hay las de 4,5 millones de niños menores de cinco años. Una inmoralidad, sin duda, que el hombre más poderoso del mundo justifica con el lema que le llevó al poder: America(ns) first!, comienza diciendo Queralt. Unos días después, en Sevilla, tuvo lugar la IV Conferencia de Financiación para el Desarrollo de la ONU, donde Europa se reivindicó como el nuevo líder moral y se renovaron los votos solidarios de destinar el 0,7% del PIB en ayuda oficial. Noruega y Luxemburgo son los únicos que cumplen. España, que durante el Gobierno de Zapatero llegó a destinar el 0,45% del PIB, formó parte de la avanzadilla. Pero con la crisis de 2008 llegó el repliegue: recortes drásticos y un replanteamiento de prioridades. Nuestro propio “Spaniards First”. Hoy, nuestra contribución es de un modestísimo 0,24%, con la promesa, legalmente recogida en la Ley de Cooperación para el Desarrollo Sostenible de 2023, de alcanzar el 0,7% para 2030. Una previsión optimista para los próximos cinco años que, según el Gobierno, pasa por encima de aumentar el gasto en defensa.
Todos estos debates y cumbres tan llenos de compromisos adoptan siempre una perspectiva donantecéntrica: nosotros, los países ricos, somos quienes donamos, ayudamos, repartimos, cooperamos; ellos, los pobres, se benefician pasivamente de nuestra solidaridad. Críticos como Dambisa Moyo o William Easterly denuncian que esta lógica refuerza una mentalidad colonial y una falsa superioridad moral del Norte sobre el Sur, con resultados decepcionantes pese a décadas de ayuda y cientos de miles de millones invertidos. Evaluar el impacto de la ayuda es complejo. Pero la mirada donantecéntrica ignora un hecho fundamental: esos miles de millones no bastan para saldar la deuda que tenemos con África. No hablamos ahora de una deuda moral, postcolonial, difusa y discutible, sino de una deuda contante y sonante cuantificable. Descontando la ayuda que reciben, los países africanos son acreedores netos de Occidente.
Según un estudio de Global Financial Integrity y el Political Economy Research Institute (2018), entre 1970 y 2015, unos 1,4 billones de dólares salieron de 30 países africanos mediante flujos financieros ilícitos y evasión fiscal. En ese tiempo recibieron 992.000 millones en ayuda y acumularon 497.000 millones en deuda externa. El balance es claro: África tiene en el haber de la contabilidad global mucho más de lo que se le anota en el debe. Aunque el desequilibrio sea escandaloso, las cuentas grosso modo son frías y anestesiantes. A menudo, lo que más interpela son los casos concretos. Como el de Glencore, la multinacional minera con sede en Suiza, que durante años pagó sobornos en la República Democrática del Congo para asegurarse concesiones mineras a bajo coste, y subfacturó minerales exportados manipulando precios entre filiales (lo que se conoce como transfer pricing) para trasladar sus beneficios a jurisdicciones fiscalmente más ventajosas. ¿El resultado? Pérdidas millonarias en impuestos no cobrados para el Estado congoleño. En 2024, las autoridades suizas condenaron a Glencore a pagar 150 millones de dólares por su modus operandi fraudulento. Pero no fue una compensación al país saqueado —¡qué va!—, sino una sanción por dañar el “interés público suizo”; concretamente su imagen de país garante de un capitalismo serio y bien regulado. El Congo no vio un dólar. Suiza, en cambio, salió doblemente beneficiada: primero, como refugio financiero de las ganancias obtenidas mediante corrupción; después, quedándose con el botín de la multa, en un ejercicio de restauración reputacional revestido de justicia.
Este tipo de prácticas no son una excepción: las ampara un entramado institucional que consolida privilegios. Y no por ignorancia: sabemos bien hacia dónde se inclina el tablero. Pero cada vez que los líderes mundiales se han reunido, no para hablar de caridad, sino para corregir desequilibrios estructurales, el resultado ha sido avergonzante. Un buen ejemplo, y oportuno en estos días de amenazas arancelarias, fue la Ronda de Doha, lanzada en 2001 para integrar a los países pobres en el libre comercio; aquello tan manido de “enseñarles a pescar” en vez de darles peces. Los países en desarrollo cumplieron: abrieron sus mercados. Pero los países ricos no recortaron sus subsidios, y su algodón, su trigo y su arroz llegaron dopados al Sur y arruinaron a millones de pequeños productores. Para paliar el incumplimiento, los países pobres pidieron aplicar aranceles defensivos: una herramienta prevista por la OMC como “trato especial y diferenciado” para garantizar del derecho al desarrollo. Pero su solicitud fue bloqueada en nombre de un libre comercio que ya entonces era un espejismo. Y lo sigue siendo. Los mismos países que negaron ese margen mínimo de protección levantan hoy sus propias barreras arancelarias invocando conceptos como “seguridad nacional” o “autonomía estratégica”, mucho más difusos y menos urgentes que la supervivencia de millones. Podemos seguir hablando de ayuda al desarrollo y darnos cita para nuevas cumbres. Pero reconozcamos al menos que nos parecemos en algo a un secuestrador que organiza una colecta para su rehén, sin soltar la llave. Jahel Queralt es filósofa y profesora lectora Serra Húnter en la Facultad de Derecho de la Universidad Pompeu Fabra y coeditora de Razones públicas (Ariel).

















[ARCHIVO DEL BLOG] A MONSEÑOR LE CRECEN LOS ENANOS. PUBLICADO EL 29/07/2008












A Monseñor, y me refiero al cardenal-arzobispo de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal Española, el señor Rouco, le crecen los enanos... Pero él, como si nada. Supongo que lo hace como sacrificio por los sufrimiento de Su Señor Jesucristo... Lo de este hombre, don Federico Jiménez Losantos, es de vergüenza. Pero más vergüenza da el comportamiento del señor Rouco y sus socios de la Conferencia Episcopal. En cualquier medio de comunicación que se precie, después de dos condenas seguidas por insultos e injurias, ese señor estaría en la calle, sin indemnización, y presentando demanda por despido improcedente ante el Juzgado de lo Social. En la COPE, cadena de emisoras de la Santa Madre Iglesia Católica, Apostólica y Romana-Franquicia Española, no. Tendría que ocurrir un terremoto para que el señor Rouco removiera la silla del señor Jiménez Losantos. Da que pensar... Pero en fin, cosas de curas. Con su pan se lo coman... Al final se van a ver todos en el infierno.
Más adelante puede leerse la noticia de la nueva condena tal y como la adelantaba El País de hace unas horas, el fallo de la Sentencia que condena al señor susodicho, y un artículo del novelista y escritor gallego, Manuel Rivas, del pasado día 17, también en El País. Y si son creyentes (yo soy ateo, gracias a Dios) rueguen por Monseñor Rouco. Se lo merece, el pobre, por los disgustos que le están dando el gobierno "rojo" de Zapatero, los teólogos españoles, los católicos de base, la asignatura de Educación para la Ciudadanía, la COPE y el señor condenado hace unas horas. 
El artículo de El País dice así: "Losantos suma una nueva condena por insultos", (El País/Europa Press): Deberá pagar 100.000 euros y leer en su programa de la Cope la sentencia.- Injurió al ex director de 'Abc', José Antonio Zarzalejos. El juzgado de primera instancia número 69 de Madrid ha declarado culpable al locutor de la cadena Cope Federico Jiménez Losantos por intromisión en el honor del ex director del diario Abc, José Antonio Zarzalejos. Losantos, que insultó en antena al periodista, deberá ahora pagar inserciones publicitarias en EL PAÍS, El Mundo y Abc para publicar la sentencia que le inculpa, así como leer la misma en el espacio radiofónico que dirige en la cadena de los obispos y pagar multa de 100.000 euros.
La fiscal María Gómez Galindo apoyó en el juicio que el locutor indemnizase al ex director del diario Abc con 600.000 euros por los daños morales que, a su juicio, pudo causarle durante los casi dos años en los que se dirigió a él con "afirmaciones injuriosas e innecesarias" de "evidente contenido insultante y vejatorio". Finalmente la sentencia recoge una indemnización de 100.000 euros.
El abogado de Zarzalejos enumeró durante la vista el pasado día 17 el catálogo de expresiones "injuriosas, hirientes y vejatorias" que Losantos pronunció entre 2006 y 2007 contra el entonces director de Abc: zote, zafio, sicario, zoquete, infausto, melón, hortera, calvorota, abyecto, falsario, necio, traidor, embustero, detritus y avieso, entre otros.
Losantos afirmó entonces que sólo dependiendo "del contexto, el tono y la circunstancia" esos calificativos podían ser considerados como insultos, y que el director de un programa de radio como La mañana no lee simplemente las noticias, sino que las comenta con sátira. "Sin las críticas y el humor de la sátira es impensable la libertad de expresión", señaló Losantos.
El pasado mes de junio el locutor estrella de la emisora de radio propiedad de la Conferencia Episcopal Española también fue condenado por injurias, en este caso contra el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón (PP). Losantos debe pagar al regidor madrileño 36.000 euros. En aquella ocasión el locutor anunció que apelaría el fallo ante la Audiencia Provincial de Madrid. Cabe esperar que haga lo mismo en el caso de Zarzalejos. (El País/Europa Press, 29/07/08)
Y éste es el del escritor Manuel Rivas: "¡Hi ha!". Resulta que el programa estrella informativo de la emisora episcopal española era en realidad un espacio humorístico. Hablar de información en La mañana (de la Cope) es, pues, un eufemismo. Así lo ha dado a entender el conductor y "poeta satírico" Federico Jiménez Losantos en uno de los juicios en que ha comparecido acusado de pertinaz vejaminista. De manera críptica, en los círculos obispales el programa es conocido como La risa pascual. Al parecer, ha habido intensos debates entre los pastores de la Iglesia sobre la adecuación de las prédicas intimidantes de este nuevo "periodismo exorcista" a la moral cristiana. Algún prelado medievalista podría aportar como referentes de autoridad de don Federico la llamada festa stultorum (o "fiesta de los locos") y la "fiesta del asno" que culminaba con las autorizadas y muy celebradas "misas de burro". En el imprescindible La cultura popular en la Edad Media y en el Renacimiento, Mijail Bajtin describe un oficio redactado por el austero clérigo Pierre Corbeil: "El sacerdote, a modo de bendición, rebuznaba tres veces, y los feligreses, en lugar de contestar con un amén, rebuznaban a su vez tres veces". El defensor de don Federico quiso enmarcar su estilo en los escarnios de Quevedo y Góngora, pero yo lo veo más en la línea tradicionalista de La fiesta del asno, donde se buscaba una complicidad colectiva, un coral y jocoso "¡hi ha!". Ahora sabemos que las campañas de crispación eran, en realidad, grandes parodias satíricas. ¿Qué se buscaba, por ejemplo, con el boicot al cava catalán? ¡Unas risas, nomás! ¿Y con la teoría de la conspiración del 11-M? Animar un poco el cotarro marciano, en una versión cutre de La guerra de los mundos. ¿Y las personas insultadas, desolladas vivas, por no prestarse al rebuzno? Hombre, aquí la gente es muy susceptible. No puedes usar indirectas como "detritus" o "sicario". España se rompe, monseñor, y además no sabe aguantar una broma. (El País, 17/07/08). Sean felices, por favor a pesar de la COPE. HArendt.



















EL POEMA DE CADA DÍA. HOY, DE TODAS LAS HISTORIAS DE LA HISTORIA, DE JAIME GIL DE BIEDMA

 








DE TODAS LAS HISTORIAS DE LA HISTORIA




¿Y qué decir de nuestra madre España,


este país de todos los demonios


en donde el mal gobierno, la pobreza


no son, sin más, pobreza y mal gobierno,


sino un estado místico del hombre,


la absolución final de nuestra historia?


De todas las historias de la Historia


la más triste sin duda es la de España


porque termina mal. Como si el hombre,


harto ya de luchar con sus demonios,


decidiese encargarles el gobierno


y la administración de su pobreza.


Nuestra famosa inmemorial pobreza


cuyo origen se pierde en las historias


que dicen que no es culpa del gobierno,


sino terrible maldición de España,


triste precio pagado a los demonios


con hambre y con trabajo de sus hombres.


A menudo he pensado en esos hombres,


a menudo he pensado en la pobreza


de este país de todos los demonios.


Y a menudo he pensado en otra historia


distinta y menos simple, en otra España


en donde sí que importa un mal gobierno.


Quiero creer que nuestro mal gobierno


es un vulgar negocio de los hombres


y no una metafísica, que España


puede y debe salir de la pobreza,


que es tiempo aún para cambiar su historia


antes que se la lleven los demonios.


Quiero creer que no hay tales demonios.


Son hombres los que pagan al gobierno,


los empresarios de la falsa historia.


Son ellos quienes han vendido al hombre,


los que le han vertido a la pobreza


y secuestrado la salud de España.


Pido que España expulse a esos demonios.


Que la pobreza suba hasta el gobierno.


Que sea el hombre el dueño de su historia.




JAIME GIL DE BIEDMA (1929-1990)

poeta español