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martes, 29 de julio de 2025
lunes, 28 de julio de 2025
DE LAS ENTRADAS DEL BLOG DE HOY LUNES, 28 DE JULIO DE 2025
DE LA NECESIDAD DE UNA EUROPA RESISTENTE
El proyecto de los nuevos oligarcas de la tecnología es de naturaleza imperial, y su única moral es el enriquecimiento sin límites y el poder sin cortapisas, afirma en El País [Por una Europa que resista, 20/07/2025] el escritor Juan Gabriel Vásquez. En septiembre del año pasado, comienza diciendo Vásquez, en alguna entrevista impune con algún propagandista de YouTube, el candidato a la vicepresidencia J. D. Vance soltó una idea espeluznante que pasó casi desapercibida en España. Estados Unidos podría retirar su apoyo a la OTAN, dijo, si Europa seguía con sus intentos de regular las plataformas digitales de Elon Musk. Y enseguida se llenó la boca con defensas de la libre expresión como valor supremo de la cultura norteamericana, por supuesto, igual que lo hizo el pasado mes de febrero, cuando vino a Múnich para darles a los líderes europeos lecciones sobre el tema: un discurso –espero que lo recuerden mis lectores– que pasará a la historia por su singular mezcla de arrogancia, ignorancia supina, desinformación y franca mentira. Para ese momento ya había comenzado a parecerme extraño que aquella defensa de la libre expresión, aparte de su profunda hipocresía, disfrazara apenas lo que Vance buscaba en realidad: coartar o minar el derecho europeo a regular las plataformas. Y allí se juega más, mucho más, de lo que parece. Esta es la conversación que les quiero proponer este domingo.
Pues con el paso de los meses, cuanto más nos internamos en esta distopía digital que llegó para quedarse, más claro lo veo: la amenaza de septiembre y el discurso arrogante de febrero delatan, entre muchas otras cosas, la profunda antipatía que la administración Trump siente por la Europa democrática. Pero no solo la administración Trump, desde luego, sino también la amplia caterva de parásitos de extrema derecha que ha florecido bajo su paraguas. Y la antipatía que le tienen a Europa tiene una razón (tiene muchas, pero sobre todo una): esa Europa puede convertirse en un raro lugar de resistencia. ¿Ante qué? Ante la nueva alianza que ha surgido entre esa extrema derecha y las oligarquías tecnológicas que la apoyan, cuyos dueños se han convertido recientemente en sus ideólogos. Por eso los ataques a Thierry Breton, el antiguo comisionado europeo, que se atrevió a sugerir que las leyes europeas exigieran a las plataformas monitorear su contenido para evitar la desinformación y la injerencia extranjera en elecciones locales. En su discurso de Múnich, Vance habló de “comisario” en vez de “comisionado” (y habrá quedado feliz de su ingenio); Musk, por su parte, lo llamó “el tirano de Europa”.
Hace rato que Elon Musk le declaró la guerra a la Unión Europea, no solo con su apoyo abierto y vocal a todos los proyectos antieuropeístas —defendiendo a Marine Le Pen cuando fue condenada, normalizando con su apoyo vergonzoso a Alternativa por Alemania—, sino usando deliberadamente el inmenso poder de su plataforma para azuzar el odio entre ciudadanos. Durante los disturbios recientes del Reino Unido, que no se pueden entender y acaso no se hubieran producido sin la retórica xenófoba de las redes sociales, Musk usó la suya para rociar el fuego con pocas palabras de gasolina: “La guerra civil es inevitable”. Recuerdo muy bien haberme preguntado de qué le servía a Musk, concentrado como estaba en gastar millones de dólares para que Donald Trump fuera presidente, meterse a alimentar el sentimiento antimigrante de una pequeña ciudad europea. La respuesta es, primero, que ya no hay ciudades pequeñas: todo ocurre en el gran escenario de lo digital. Y la segunda respuesta tiene la forma de un credo, el credo de Musk y los suyos: nunca hay que desperdiciar una oportunidad de crear el caos o, una vez creado, de avivarlo cuanto sea posible.
De eso vive esta nueva alianza perversa: del caos meticulosamente creado. Hace unos cinco años, el escritor Giuliano da Empoli inventó el concepto de “ingenieros del caos” para referirse a esos científicos, ideólogos o pequeños geniecillos de Silicon Valley que descubrieron la manera de usar los datos y los algoritmos para ganar elecciones: Trump, Matteo Salvini, el Brexit. Suelo atender a lo que escribe Da Empoli, que parece tener más información que nadie, que siempre ve la realidad con mirada lúcida y la desmenuza para nosotros, los profanos, con transparencia orwelliana. Ahora ha editado un volumen de la extraordinaria revista francesa Le Grand Continent dedicado, justamente, a la alianza brutal entre los nuevos populismos y la oligarquía tecnológica; y es allí donde he encontrado un término curioso para nombrar la nueva realidad que esa alianza está produciendo: el tecnocesarismo. Dice Da Empoli que el proyecto de los nuevos oligarcas de la tecnología es de naturaleza imperial, y que su única moral es el enriquecimiento sin límites y el poder sin cortapisas. Y viendo las alianzas políticas que ha buscado o aceptado, es difícil no darle la razón.
Europa representa para el tecnocesarismo un contrapeso molesto, pues el objetivo final de la alianza es un imperio de nuevo cuño; y esta Unión Europea es un proyecto nacido en parte de la derrota de los viejos imperialismos, aunque la izquierda más sectaria no quiera a veces concederle ni siquiera ese crédito. Ahora una fracción de esta Europa ha cobrado conciencia de que el imperio tecnocesarista, que habla de libertad todo el tiempo, en realidad la coarta; de que estos nuevos oligarcas hablan sin parar de progreso, pero en realidad sus valores son profundamente reaccionarios: una contrarrevolución en toda regla. ¿Cómo podemos defendernos? El imperio en la sombra, como lo llama la revista de marras, carece de contornos precisos, no existe en el mundo tangible y depende del consentimiento de nosotros, sus súbditos, que frívolamente lo hemos alimentado con nuestros datos, nuestra credulidad, nuestro escepticismo y nuestra pereza: la credulidad con la que nos abandonamos a las mentiras y las desinformaciones siempre que nos satisfagan, el escepticismo que nos impide tomarnos en serio sus amenazas o la gravedad de sus intenciones, la pereza que no nos deja averiguar acerca de sus funcionamientos o exigir de ellos una mínima transparencia.
Esta Europa incómoda que levanta la mano para disentir ante el proyecto tecnocesarista, esta Europa tercamente humanista que no teme enfrentarse al poder de los oligarcas de la tecnología, no solo es un obstáculo para ellos, sino que tal vez sea el único capaz de resistirse efectivamente al futuro que quieren inventar. Por eso la atacan y la seguirán atacando, aunque otros la ataquen por otras razones: los enemigos de Europa, aunque no sean solidarios en sus razones, lo serán en su esfuerzo. Nos corresponde a nosotros decidir si ese futuro que nos plantean los señores del poder digital nos parece o no digno de confianza: si ese futuro en que la inteligencia artificial se adueña de todo, ese futuro construido a escala inhumana por gente que nunca se ha llevado muy bien con las humanidades, contará con nuestra complicidad inconsciente: si, metidos en el mundo del entretenimiento constante y la crispación política, en el mundo simultáneo de los videos divertidos y del miedo fabricado, seremos incapaces de resistir al más potente proyecto de manipulación colectiva que el mundo ha conocido.
“La democracia consiste en querer dar a una comunidad el control de su destino”, escribe Giuliano da Empoli. “Si esta perspectiva fracasa, reemplazada por un futuro perfectamente incomprensible, la democracia deja de tener sentido: y no queda más que el murmullo sordo de los ventiladores de los data centers”. Hay una batalla entre el proyecto de los tecnocésares y lo que podemos llamar democracia humanista. Tal vez, esta sea una nueva utopía: la construcción de un futuro digital donde volvamos a ser dueños de lo que somos, de lo que nos pasa, de lo que decidimos. Juan Gabriel Vásquez es escritor. Su última novela es Los nombres de Feliza (Alfaguara)
[ARCHIVO DEL BLOG] SEDICIÓN. PUBLICADO EL 31/07/2017
DEL POEMA DE CADA DÍA. HOY, COMO UNA GRAN CIUDAD, ESPAÑA MÍA, DE CONCHA ZARDOYA
COMO UNA GRAN CIUDAD, ESPAÑA MÍA
Como una gran ciudad, España mía,
te elevas en mis sueños, tras los aires.
Me llamas con tu luz y tu hermosura,
con el dulce misterio de tus campos.
Como una isla, tú vas por mi sangre
y buscas ese puerto de mi alma
donde un faro -tú misma- brilla siempre.
¡Sobrenadas aun en ese océano!
Y todos tus jardines se unifican
para ser uno solo ante mis ojos.
Y todas tus aldeas se han erguido
hasta llegar aquí, junto a mis sienes.
¡Se desbordan tus ríos, abrazándome!
(¿Los acrece mi llanto cada día?)
Los olivos me tienden su ramaje.
(¿Esa mano de plata iluminada?).
Y las cuatro estaciones, fugazmente,
ya las veo girar en tus paisajes.
Inefables acordes me revelan
el perdido secreto de tu nombre.
¿Más cenizas que luz, en mi memoria?
¿Más tristeza que amor, en este pecho?
Solo sé que el recuerdo es esperanza
que sobrevive en mí para salvarme.
CONCHA ZARDOYA (1914-2004)
poetisa chilena
domingo, 27 de julio de 2025
DE LOS PENSADORES DEL OPTIMISMO. ESPECIAL DE HOY DOMINGO, 27 DE JULIO DE 2025
Aunque la atención esté normalmente enfocada en pensadores con un cariz pesimista, no falta quien ha reclamado que la vida y el mundo en su conjunto merecen ser reafirmados, dice en la revista Ethic [Los tres pensadores del optimismo, 07/07/2025] el filósofo Alejandro Villamor. Hablar de optimismo en un mundo marcado por las guerras, la pobreza y la desigualdad puede ser visto como un lujo e incluso como una provocación, comienza diciendo Villamor. No obstante, aunque la atención esté normalmente enfocada en pensadores con un cariz más pesimista, no falta quien ha reclamado que la vida y el mundo en su conjunto merecen ser reafirmados. A modo de ejemplo, a continuación serán exploradas tres figuras que, con sus respectivas diferencias, han legado una perspectiva más optimista de la realidad.
Friedrich Nietzsche (1844-1900): No es inusual encontrar referencias que vinculan la obra nietzscheana con una suerte de pensador pesimista que ha vaciado de sentido la realidad. Su conocida tesis sobre la «muerte de Dios» destaca que ningún sentido trascendente (Dios, el Progreso, el Bien, la Verdad…) se salva de ser una mera ficción. Esta faceta destructora aniquila de raíz cualquier punto de referencia que nos habilite para rehuir el sinsentido en que parece que nos hallamos inmersos.
Acorde a esto, resulta innegable que la filosofía de Nietzsche nos conduce a un nihilismo difícil de digerir. A partir de aquí, es de justicia reconocer que el filósofo alemán no se resigna a ese destino. Su ocaso de los ídolos es para él un primer paso de cara a una revalorización de la vida.
Acosado por la enfermedad y la frustración –su amada Lou Andreas-Salomé lo rechazó hasta en tres ocasiones–, Nietzsche fue consciente de los dolores de la vida. Es innegable que en el mundo hay sufrimiento. No obstante, la asunción del nihilismo, de la muerte de Dios, es para el filósofo una oportunidad para asumir con entereza la vida, con todas sus miserias.
Una vez se ha diluido la posibilidad de encontrar un sentido externo, el individuo se encuentra con el mejor regalo posible: la posibilidad de dotar al mundo del propio sentido, con sus valores. Es así que la obra de Nietzsche se ofrece como una ocasión para que cada uno haga de la tragicomedia que es la vida una experiencia que esté dispuesto a repetir eternamente: «¿Era esto la vida? ¡Bien! ¡Otra vez!».
Steven Pinker (1954): Profesor de Psicología en la Universidad de Harvard, así como autor de bestsellers como Los ángeles que llevamos dentro y En defensa de la Ilustración, Steven Pinker es una de las voces más visibles del optimismo racional. Su enfoque se basa en una exhaustiva revisión (no exenta de controversia) de datos históricos y estadísticas para argumentar que el mundo, con todos sus problemas, sigue una tendencia positiva. En términos globales, la mejora de la salud, el aumento de la longevidad, la expansión de la alfabetización o la reducción de la violencia son indicadores que apuntan a ello.
Contra las acusaciones de ser un pensador naíf, Pinker no niega que existen graves desafíos –como la crisis climática, las guerras o las desigualdades estructurales–, pero mantiene que una excesiva focalización en las malas noticias distorsiona nuestra visión de las cosas. Así, en libros como los citados muestra cómo los avances en ciencia y educación son palpables, de tal modo que, aun cuando no debamos esperar ninguna panacea, hay cabida para la esperanza.
Con sus más y sus menos, su optimismo procura apoyarse en la interpretación de los datos sin caer en una mera opinión infundada. Y es así que para Pinker el optimismo gravita alrededor de la convicción de que ningún problema es inevitable, de que todo puede ser abordado con el uso de la razón.
Martha Nussbaum (1947): La pensadora Martha Nussbaum –Premio Princesa de Asturias en 2012– es una de las figuras más influyentes de la filosofía moral y política contemporánea. A través de su enfoque de las capacidades, elaborado mano a mano con el economista indio Amartya Sen, propone que el desarrollo humano se mida no solo en términos económicos (como, por ejemplo, mediante el PIB de un país), sino a través de las oportunidades reales que tienen las personas para lograr una vida plena.
En trabajos como Las fronteras de la justicia, Nussbaum defiende una visión que reconoce la vulnerabilidad que hay en la vida –llegando a considerar el sufrimiento de los animales–, pero no por ello desiste en la búsqueda de un mundo más justo. De hecho, cree que gracias al reconocimiento de estas fragilidades podremos erigir instituciones más compasivas e inclusivas.Con un aroma similar al de Pinker, el optimismo de Nussbaum radica en la confianza en el poder de la educación y del diálogo para cultivar la empatía. No se trata de esperar a que las cosas mejoren, sino de formar una ciudadanía que se comprometa con el feliz desarrollo de las capacidades tanto propias como ajenas. Alejandro Villamor Iglesias es filósofo.
sábado, 26 de julio de 2025
DE LAS ENTRADAS DEL BLOG DE HOY SÁBADO, 26 DE JULIO DE 2025
Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz sábado, 26 de julio de 2025. La Unión Europea necesita adaptarse a un nuevo tiempo repleto de desafíos, dice en la primera de las entradas del blog de hoy el analista de política internacional Andrea Rizzi: La propuesta de presupuestos de la Comisión Europea no es suficientemente ambiciosa, señala. Si queremos ser ciudadanos independientes en un mundo hostil, necesitamos hacer más a escala común. En la segunda, un archivo del blog de marzo de 2018, Jorge Urdánoz Ganuza, profesor de Filosofía del Derecho, proponía avanzar hacia una desnacionalización de la idea de Estado que permitiera trasladar la cuestión sobre lo que es la nación a las creencias particulares de cada uno. El poema del día, en la tercera, se titula Tres cantos a España, es del poeta español Manuel Arce, y comienza con estos versos: Sobre tus verdes campos,/sobre tus secos campos vestidos de batalla,/la disfrazada muerte de los hombres he visto/luchar contra una vida de muerte disfrazada. Y la cuarta y última, como siempre, son las viñetas de humor, pero ahora, como decía Sócrates, "Ιωμεν" (toca marchar); volveremos a vernos mañana si las Euménides y la diosa Fortuna lo permiten. Sean felices, por favor. Tamaragua, amigos míos. HArendt






















































