sábado, 8 de abril de 2017

[A vuelapluma] Algunas fechas de la Transición





Mañana, 9 de abril, hace cuarenta años justos. Era el Sábado Santo de 1977, y el gobierno de Adolfo Suárez legalizaba, contra todo pronóstico y por sorpresa, al partido comunista de España. Lo han contado muy bien en sendos libros Joaquín Bardavío y Alfonso Pinilla. De ambos he escrito ya suficientemente en el blog. 

Es esa una fecha clave para entender la Transición española a la democracia. Las otras son, para mí al menos, el 22 de noviembre de 1975 (la proclamación de Juan Carlos I como rey), el 3 de julio de 1976 (la designación de Adolfo Suárez como presidente del gobierno), el 6 de diciembre de 1978 (la aprobación en referéndum de la Constitución), el 23 de febrero de 1981 (el intento de golpe de Estado), y el 28 de octubre de 1982 (la victoria socialista en las elecciones generales), hecho este con el que la Transición política española a la democracia, puede darse como culminada. Pero cada uno puede elegir las que prefiera; o ninguna, faltaría más. 

La intrahistoria de ese Sábado Santo de 1977, la contó antes que nadie Joaquín Bardavío en su libro Sábado Santo rojo (Ediciones V, Madrid, 1980), que leí con fruición en abril de ese mismo año, y Alfonso Pinilla la recrea de nuevo en su reciente libro La legalización del PCE. La historia no contada. 1974-1977 (Alianza, Madrid, 2017), que hace solo unos días terminé de leer. Ambos se complementan, la de Bardavío es más amplia a mi juicio, abarca más aspectos; la de Pinilla se centra más en lo que atañe a los contactos secretos entre Adolfo Suárez y Santiago Carrillo, que por encargo del primero llevó a cabo con absoluta discreción el periodista y director en aquellas fechas de la Agencia Europa Press, José Mario Armero, con cuyas notas reconstruye su historia Alfonso Pinilla. Ambos son magníficos y se los recomiendo encarecidamente.

Seis días después de ese Sábado Santo, el 15 de abril de 1977, en una abarrotada rueda de prensa, el máximo dirigente del PCE en aquel entonces Santiago Carrillo, dando pruebas de la madurez política de su organización, dijo que el cambio de toda la situación política de España, tras una detenida deliberación, les había llevado a considerar su actitud hacia los símbolos y emblemas del Estado que acaba de reconocerles, y que por eso, en tanto que representativa de ese Estado que les reconocía, habían decidido colocar aquel día allí, en la sala de reuniones del Comité Central, al lado de la bandera de su partido, que era y seguiría siendo la roja con la hoz y el martillo, la bandera del Estado español, la bandera bicolor. En lo sucesivo, en los actos del partido -añadía- al lado de la bandera de éste, figurará la bandera con los colores oficiales del Estado. La bandera -continuó- no puede ser monopolio de ninguna facción política, ni mucho menos podríamos abandonarla a los que intentan hacer uso de ella para impedir el paso de la dictadura a la democracia. Esa bandera -concluía- es hoy por hoy una bandera de todos los españoles, independientemente de las ideas políticas que profesen. 

Momentos después, Santiago Carrillo sacaba a colación el otro gran símbolo del Estado: "Si la monarquía continúa obrando de una manera decidida para establecer en nuestro país la democracia, estimamos que en unas próximas Cortes nuestro Partido y las fuerzas democráticas podrían considerar la monarquía como un régimen constitucional".

¿Mero oportunismo? Creo sinceramente que no. Creo que el PCE, por el que no siento especial simpatía, por el que nunca he votado y por el que no creo que vaya a hacerlo en ocasión alguna,  mostró con su actuación la moderación, la entereza y la madurez de una organización política democrática. No creo que se pueda decir lo mismo de otras organizaciones a la izquierda y la derecha de la política nacional de hoy. Pero es lo que hay...


Madrid, 15 de abril de 1977



Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt



HArendt






Entrada núm. 3430
elblogdeharendt@gmail.com
La verdad es una fruta que conviene cogerse muy madura (Voltaire)

No hay comentarios: