domingo, 26 de octubre de 2014

Valores, civismo y mayúsculas



Rajoy, Aznar y Rato: ¡Qué tiempo tan feliz, que nunca volverá...! 


Siempre he desconfiado de la gente que habla o escribe con mayúsculas. Por supuesto que con eso no me refiero a los que escriben en alemán, un idioma que hace uso profuso de ellas. Me refiero a aquellos a los que no se les cae de la boca, la pluma o el teclado palabras como Dios, Patria, Libertad, Justicia, Estado, Nación, Derecha, Izquierda, Religión, Paz, Guerra, Valores, Civismo y todo el largo etcétera que ustedes quieran. Me cabrean mucho porque suelen ser -hay pocas excepciones a la regla- los que uso más torticero hacen de esos valores que dicen defender. ¿Pruebas?: Basta con abrir un periódico y encender un televisor para ponerse al día. Me excusarán de citar algún caso en particular pues se iría al traste el límite de palabras que me impongo para cada entrada del blog en un mero índice de los susodichos.

Frente a la generalizada apelación a los valores no vendría nada mal un poco más de prosaico interés en la defensa de los derechos y libertades individuales consagrados constitucionalmente y cada vez más restringidos en esta España y Europa nuestras: el proyecto de ley de seguridad ciudadana y la falta de acuerdo para hacer frente al tremendo desafío de la inmigración ilegal, por ejemplo.  

Daniel Innerarity, catedrático de Filosofía Política y Social en la Universidad del País Vasco, en un artículo en El País de hace ya unos años titulado "Cuidado con los valores" comentaba con sarcasmo que cuando un profesor de Oxford se refiere a la decadencia de Occidente en realidad está pensando en lo malo que es el servicio doméstico. ¿Una boutade más de un ingenioso profesor universitario? Me temo que no, porque como se decía en el artículo citado, a lo largo de la historia los seres humanos hemos justificado hasta lo menos justificable apelando a los valores morales. Pero habría que preguntarse -continuaba- si con la actual inflacción de discursos morales no se estaba poniendo de manifiesto algo más ideológico e inquietante para las democracias contemporáneas, algo que se traduce en un permanente cuestionamiento de la prioridad que en una sociedad democrática le corresponde a los derechos, el consentimiento, las garantías y las libertades individuales reduciendo el espacio de la política, no para fundar los derechos sino para ponerlos en cuestión.


Sean felices por favor, y ahora, como también decía Sócrates, "Ιωμεν": nos vamos. Tamaragua, amigos. HArendt




Reunión del Consejo Europeo, febrero 2013


Entrada núm. 2183
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"La verdad es una fruta que conviene cogerse muy madura" (Voltaire)

3 comentarios:

Mark de Zabaleta dijo...

Simplemente magistral !

Saludos

AlénMediaGroup / avlpress dijo...

Querido Carlos, en relación con tu mención al uso torticero de las palabras, ya decía Mario Benedetti en uno de sus poemas: "En mi país hay un presidio llamado Libertad, así que cuando uno vive en Libertad tiene para 30 años de condena"…
Pero, con independencia de la prostitución del lenguaje, lo cierto es que nunca se ha dispuesto de tantos medios y recursos humanos y materiales –al margen de coyunturales crisis- en general para casi cualquier cosa. Basta con echar la mirada solo unas décadas atrás, cuando el asfalto, la luz eléctrica o un teléfono eran un sueño imposible en muchas poblaciones, no del "tercer mundo", de nuestro país.
Pongamos por caso la educación, …si podemos trascender puntuales capítulos en recortes presupuestarios. Nuevas tecnologías, excelentes materiales didácticos elaborados por cualificados expertos docentes, importantes y confortables equipamientos en infraestructuras,... sin duda deberíamos poder presumir de - porcentualmente - los mejores alumnos y profesores de la historia,...y sin embargo no es así. Comienza a ser ya una preocupación en la calle el descubrimiento de lo que parece ser sólo la punta del Iceberg de una larvada "guerra" en las aulas y fuera de ellas: violencia, abusos, acosos,...profesores que sienten temor de algunos alumnos, alumnos que tienen miedo de otros compañeros,...
La corrupción no es una excepción. En el pim,pam,pum partidario, raro es el grupo que sale indemne del contagio de algunos de sus integrantes. Y esto, no es una cuestión de casta, ni de color. No puede serlo cuando está tan extendida. Nuestros políticos no son una excepción del resto del tejido social. No lo creo.
Quizá no se trate de una crisis de valores, pero entonces, ¿qué está pasando y por qué?
Yuval Noah Harari refiriéndose al conflicto de Oriente Medio afirma, que el problema es que hay dos comunidades que rigen sus vidas con «mitologías incompatibles», y de momento «nadie ha sido capaz de reconciliar estas historias antagónicas con un nuevo relato integrador».
Esta conclusión seguramente también es válida para las relaciones interpersonales: andamos huérfanos de relatos integradores de nuestras personales historias antagónicas,… y no parece que vayamos hacia ninguna convergencia.
Concluye con una inquietante reflexión: «A pesar de las cosas asombrosas que los humanos son capaces de hacer, seguimos sin estar seguros de nuestros objetivos y parecemos estar tan descontentos como siempre…».
En nuestro descargo añadiría que no estar confusos en un mundo que crea y destruye mitos a la misma velocidad en que construye y derriba valores y códigos éticos, en ocasiones sin sustituirlos por nada, no es el escenario más idóneo para construir nada. Por eso tal vez, a veces no es que construyamos la casa por el tejado, es que al llegar al tejado ya no tenemos nada debajo.
El poder, algunos de sus representantes, puede que no contribuyan en mucho a evitar la decadencia (que no es lo mal que está el servicio doméstico), pero no se trata de ninguna entelequia ajena, es nuestra también, de los individuos singulares. Los mismos que nos sentimos legitimados para tirar la primera piedra y todas las demás que le siguen, siempre contra otros, porque nosotros somos –todos- inocentes.
La OMS informó el pasado 19 de octubre que se registraron en 2014 al menos 9.936 casos de ébola en el mundo, de los cuales, constan al menos 4.887 muertes. No llegan a 5 en lo que denominamos “primer mundo” (con todas las alarmas e histerias disparadas), el resto básicamente en África. Pero el paludismo causó más de 627.000 muertes en el mismo período, la malaria más de un millón,…si esto no es decadencia y crisis de valores…

Carlos Campos - HArendt dijo...

Muchñisimas gracias por su ponderado comentario. Se lo agradezco sinceramente y lo comparto en gran parte.