jueves, 9 de octubre de 2014

Cambio de ciclo: ¿Fin del capitalismo? ¿Hora de revoluciones?



Lenin arengando a los soviets (Anónimo, Museo de Bostón)



A mis nietos Gabriel, Guillermo y Saúl,
aunque aún no puedan entenderlo,
porque ellos representan el futuro


Cuando el Muro de Berlín se vino abajo en noviembre de 1989, y con él todo el sistema de dominación política y económica de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas sobre su propio territorio (que saltaría hecho pedazos dos años más tarde) y sobre el del resto de países del llamado "bloque socialista" de Europa Oriental, pareció a muchos que la Historia (con mayúsculas) se hubiera detenido y que un nuevo ciclo histórico dominado por el sistema capitalista en lo económico y el democrático-liberal en lo político, se hubiera instalado ya para siempre, o para mucho tiempo, en toda la sociedad. Era, el "fin de la historia", ya predicho por Hegel y Marx en el siglo XIX, entendido, en palabras del profesor Israel Sanmartín, como término de un proceso dialéctico que a través de unos estadios comprensibles e incluso predecibles desembocan en uno postrero que otorga sentido y realidad a los acontecimientos. ¿Se equivocaron Hegel y Marx? Parece que sí.

Un año antes de la caída del Muro, en 1988, un joven profesor de Ciencias Políticas estadounidense, Francis Fukuyama, escribió un polémico artículo que alcanzó una enorme difusión en todo el mundo. Se titulaba "El fin de la historia". Y en España mereció el estreno con él de la revista Claves de Razón Práctica, una publicación fundamental para conocer, en español, lo que se cuece en el mundo sobre historia, cultura, filosofía, sociología, economía y política. La tesis central del artículo era que, con el triunfo insoslayable del sistema económico capitalista y el político democrático-liberal, la Historia (de nuevo con mayúscula) había llegado a su culminación. Que nada más perfecto para el desarrollo del hombre y de la sociedad podría sustituir a ambos sistemas. ¿Se equivocó Fukuyama? Parece evidente que sí.

Veinticinco años después el mundo y el sistema económico capitalista y el político democrático-liberal están, como mínimo, trastocados. ¿Cambio de ciclo? ¿De paradigma? (Paradigma es, en palabras del filósofo estadounidense Thomas S. Kuhn, toda una constelación de convicciones, valores y modos de proceder compartidos por los miembros de una socidad dada). Bien pudiera ser...

Lo es, por ejemplo, para el sociólogo norteamericano Jeremy Rifkin, que acaba de publicar un libro (2014) titulado "La sociedad del coste marginal" en el que augura la jubilación del sistema capitalista, una tesis que defiende en un recientísimo artículo titulado "Hacia el Internet de las cosas". Dice en él que para el año 2050 los "prosumidores" (ya no existirán consumidores) dominarán el mundo con una nueva concepción de la economía, la cultura y las artes como productores y consumidores de manera gratuita, o casi, gracias al coste marginal cero. Un penúltimo logro, dice, de la democratización, la autogestión y autoregulación de un nuevo sistema llamado "procomún colaborativo", que habrá derrocado para esas fechas, al capitalismo. ¡Cuán largo me lo fiáis, amigo Sancho!, le dijo don Quijote a su escudero... ¿Será posible? Me gustaría que sí.

¿Será este, ahora, el momento de la Revolución? ¿De ese cambio de ciclo presentido? ¿De ese nuevo paradigma en la historia de la humanidad? Pienso, sinceramente, que no deberíamos dejarnos llegar por las ensoñaciones ni las utopías. Es cierto que sin "utopías" es difícil avanzar, pero las utopías, las más recientes: el comunismo (el dominio de una clase para abolir las clases) y el nazismo (el dominio de una raza para abolir la libertad y dominar a las demás) han causado demasiado sufrimiento, demasiada sangre, demasiadas muertes, como para no tomarlas, al menos, con un cierto escepticismo.

Mi admirada y profusamente citada Hannah Arendt, decía en su libro "Sobre la revolución", que la palabra "revolución", etimológicamente, no significa "cambio hacia delante", sino al contrario, cuando una situación se entiende como defectuosa o necesitada de cambio, como un "volver hacia atrás". Es decir, a una situación que se reconoce como "mejor" y "más justa", basada en la experiencia y el recuerdo del pasado.

Un joven, polémico y famoso filósofo surcoreano, Byun-Chul Han, muy crítico con las ideas de Jeremy Rifkin, ha escrito un reciente artículo titulado "¿Por qué hoy no es posible la revolución?", en el que afirma que quien pretenda establecer un sistema de dominación lo primero que debe hacer es eliminar resistencias. ¿Por qué el régimen  de dominación democrático-liberal es tan estable? ¿Por qué hay tan poca resistencia? ¿Por qué toda resistencia se desvanece tan rápido? ¿Por qué ya no es posible la revolución a pesar del creciente abismo entre ricos y pobres?, se pregunta el profesor Han. Para explicarlo, dice, es necesario comprender adecuadamente como funcionan hoy el poder y la dominación. Y a ello se dedica en el artículo que comento. ¿Tendrá razón Han? 

Como ven sigo planteando más preguntas que respuestas. En todo caso espero que los enlaces les resulten de interés. Sean felices por favor, y ahora, como también decía Sócrates, "Ιωμεν": nos vamos. Tamaragua, amigos. HArendt




La libertad guiando al pueblo (E. Delacroix, Museo del Louvre)





Entrada núm. 2175
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"La verdad es una fruta que conviene cogerse muy madura" (Voltaire)

3 comentarios:

Ruth Campos dijo...

Gracias por la dedicatoria

HArendt dijo...

Un placer, señora...

Mark de Zabaleta dijo...

Simplemente genial !

Saludos