miércoles, 30 de octubre de 2013

¿Halloween vs. Don Juan Tenorio?


Las cosas ya no son como eran; si eso es para bien o para mal, no soy quién para decirlo..., pero a mi me gustaba más lo de antes. Cuando era niño, a inicios de los 50, la noche de "Todos los Santos" era mágica ¡y terrible! para mí. Sentado al calor de la mesa camilla junto a mi madre oí durante años la restrasmisión radiofónica del "Don Juan Tenorio" de Zorrilla lleno de miedo, emoción y asombro. Me encantaba la escena de la seducción de doña Inés por don Juan, aquella de "¿No es verdad, ángel de amor...?", pero la que de verdad me ponía los pelos de punta, literalmente, era la de la aparición del espíritu del espíritu del comendador, don Gonzalo de Ulloa, a la cena a la que don Juan le ha invitado en el cementerio, con sus llamadas a la puerta, que sonaban cada vez más cercanas... 

Unas veces escuchaba el "Don Juan" con la cabeza apoyada sobre los brazos y estos sobre la mesa camilla, simulando dormir, pero emocionado hasta los tuétanos; otras, ayudando a mi madre a separar, a mano, y una por una, las lentejas que cocinaría ella el día siguiente; o desgranando las vainas de las judías verdes... Son cosas que no se olvidan. Algunos años, mis hermanos mayores, cuando llegaba la escena de la aparición del comendador, golpeaban las puertas para asustarme..., y lo conseguían. Esa noche me resultaba difícil conciliar el sueño, y cuando lo lograba era para soñar con esqueletos que salían de sus féretros... ¡y se ponían a bailar!...

Hoy día la fiesta de "Halloween", contracción de la frase en inglés "all hallow's eve" (víspera de todos los santos), una celebración de origen celta que se celebra en los países anglosajones la noche del 31 de octubre, se ha extendido prácticamente a todo el mundo occidental perdiendo su sentido originario.

Yo, sigo prefiriendo recordar esa noche el mito universal de "Don Juan". Por eso, mañana 31 de octubre, en esa noche mágica de Todos los Santos, o de Halloween si lo prefieren, les invito a disfrutar del "Don Juan Tenorio" (1844), de José Zorrilla, y de su antecedente directo, "El burlador de Sevilla" (1617), de Tirso de Molina. Y si no tienen ganas de leer, esperen a la doce de la noche y disfruten de este vídeo, rescatado de los archivos de RTVE, con la representación del "Don Juan Tenorio" de Zorrilla en un "Estudio 1" de 1966, dirigido por Gustavo Pérez Puig, con el actor Francisco Rabal en el papel de don Juan y la actriz Concha Velasco en el de doña Inés. Es un auténtico lujo, se lo aseguro.

Sean felices, por favor. Y como decía Sócrates: "Ιωμεν", vámonos. Tamaragua, amigos. HArendt



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martes, 29 de octubre de 2013

Los "Príncipe de Asturias", 2013








En octubre de cada año hay una cita ineludible en "Desde el trópico de Cáncer" con los Premios "Príncipe de Asturias", considerados unánimente como los más prestigiosos del mundo tras los "Nobel" de la Real Academia Sueca. En este vídeo pueden ver la ceremonia completa de la entrega de los Premios "Principe de Asturias, 2013" que tuvo lugar el pasado viernes, 25 de octubre, en la ciudad de Oviedo. Nunca me los había perdido; esta vez, sí, por circunstancias familiares, pero los he seguido más tarde, en diferido, por televisión y lo traigo hasta el blog porque creo que merece la pena verlo.

Una ceremonia muy emotiva que yo no veo razones para glosar cuando pueden disfrutarla ustedes mismo en el enlace anterior, o leyendo la crónica que de ella hacía el corresponsal de El País, Jacinto Antón: "El amor al oficio frente a la adversidad y las amenazas del mundo, desde la que pueden acceder a los discursos íntegros de Antonio Muñoz Molina, premio Príncipe de Asturias de las Letras; de Michael Haneke, premio Príncipe de Asturias de las Artes; Annie Leibovitz, premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades; y al del propio don Felipe, cerrando la ceremonia de entrega de los premios de este año.

También recibieron sus Premios Saskia Sassen (Ciencias Sociales), la ONCE -Organización Nacional de Ciegos de España (Concordia), la Sociedad Max Planck para el Avance de la Ciencia (Cooperación Internacional), José María Olazábal (Deportes), y los profesores Peter Higgs -el del "Bosson"-, Francois Englert y el CERN, conjuntamente (Investigación Científica y Técnica).

Sean felices, por favor. Y como decía Sócrates: "Ιωμεν", vámonos. Tamaragua, amigos. HArendt


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domingo, 27 de octubre de 2013

La decepción Obama


Las imágenes de aquel 4 de noviembre de 2008, va a hacer cinco años dentro de unos días, se me quedaron en la retina por mucho tiempo. Mis 67 años de vida me han hecho pasivo protagonista de algunos avatares históricos. El primero (los cito por estricto orden cronológico), al que no pude asistir ni puedo recordar, el de mi concepción, pues si la Madre Naturaleza es exacta en sus cálculos, lo fui el 8 de mayo de 1945, exactamente el día que terminaba la II Guerra Mundial en Europa. El segundo, la toma de posesión de John F. Kennedy como presidente de los Estados Unidos de América, el 20 de enero de 1961. El tercero, su asesinato en Dallas, va a hacer 50 años el mes que viene. El cuarto, la llegada del hombre a la Luna, el 20 de julio de 1969. El quinto, el atentado de las Torres Gemelas de Nueva York, el 11 de septiembre de 2001. El sexto, los atentados en Madrid del 11 de marzo de 2004. Y algunos más, evidentemente, que no cito aunque los recuerdo. Y hace cinco años la alegría desbordada de buena parte de la población del mundo por la victoria de Barack Obama en las elecciones presidenciales de los Estados Unidos de América de 2008.

Su discurso de aquella noche, el ya famoso "Sí, podemos", fue una magnífica pieza de oratoria política, dicho sin papeles, con serenidad contenida. A mi me recordó enormemente el de la toma de posesión de John F. Kennedy como presidente, que pueden comparar con el de Barack Obama, de cuarenta y ocho años después. 

Hoy, la "decepción Obama" es innegable. Que la causa de esa decepción sea imputable únicamente a él, ya es más discutible. Pero está ahí, como una realidad insoslayable: por ejemplo, el descubrimiento del espionaje masivo de sus agencias de información a gobiernos y países aliados europeos, entre ellos, España, pero también Alemania y Francia, con la complicidad y partipación todo hay que decirlo, de su aliado más fiel e incondicional, el Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte, al que todo lo que haga su "Gran Hermano" del oeste le parece muy bien. Pero va a ser que no; el gobierno de Obama debe dar explicaciones rápidas y creibles o muchas cosas importantes se pueden ir al garete. A mayor abundamiento, léase el artículo "Adictos a los datos" del profesor y especialista en relaciones internacionales José Ignacio Torreblanca.

En todo caso, yo solo quería agradecer a la diosa Fortuna que me diera la oportunidad de ver y disfrutar de aquel 4 de noviembre de 2008; lo demás es historia...

Sean felices, por favor. Y como decía Sócrates: "Ιωμεν", vámonos. Tamaragua, amigos. HArendt


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jueves, 24 de octubre de 2013

Utopía e Ilustración


En la presentación de este blog dice su autor que se declara hijo de la Ilustración, monárquico y socialdemócrata. Supongo que para algunos les sonará anticuado, caduco... Creo que se equivocan, pero dejémoslo así de momento.

Tenía pensado desde hace un tiempo dedicar una entrada a reflexionar sobre lo que el pensamiento ilustrado tuvo de relación con lo utópico, un tema, este, que me apasiona. Y lo que son las casualidades, justamente esta mañana, mientras voy en la guagua en busca de mi nieto más pequeño para acompañarlo al colegio con mi hija, llego al capítulo X del libro que estoy leyendo en estos momentos: la "Historia crítica del pensamiento español. Tomo 4", de José Luis Abellán (Círculo de Lectores, Barcelona, 1993) y me encuentro con que lleva casi el mismo título: "Ilustración y utopía", que pensada dar a la entrada de hoy.

Tengo claro que mis posibles reflexiones no estarán nunca a la altura de las del profesor Abellán así que voy a seguir algunas de las pautas que da este y dejar las que yo tenía pensadas para otra ocasión. En todo caso, y sobre "utopías", un asunto que ya he tratado anteriormente en el blog, les remito a mi entrada de noviembre del pasado año: "Sobre utopías y otras cosas...", que creo les resultará interesante.

La comenzaba con este párrafo que resume bastante bien mi pensamiento al respecto: "Utopía: palabra griega que significa "lugar que no existe"... Una buena amiga de muchos años con la que he compartido vida académica, estudios, intimidades, complicidades y muchas otras cosas, tenía la palabra "utopía" grabada a fuego en su corazón. Yo, no; me resulta imposible después de ver lo que las dos grandes utopías del pasado siglo, el fascismo y el comunismo le han hecho a la humanidad. A pesar de ello, pienso, como mi amiga, que no se puede vivir sin ella".

Efectivamente, no podemos vivir sin pensamiento utópico, pero tampoco podemos obviar el daño que cifrarlo todo a un futuro y un lugar que, posiblemente no existan y al que nunca vamos a llegar puede provocar. Así pues, un poco de sano escepticismo crítico ante la avalancha de utopismo desaforado que últimamente parece haberse apoderado de los españoles (secesiones territoriales, cambios de régimen político, abolición de sistemas socioeconómicos y felicidad a golpe de revoluciones varias) como panecea universal, creo que no viene mal. 

Cita el profesor Abellán en su libro una carta del ilustrado español por antonomasia, Gaspar Melchor de Jovellanos (1744-1811) -a cuyo pensamiento y obras principales pueden acceder desde este enlace de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes- a otro ilustrado británico contemporáneo suyo, que pienso refleja bastante bien lo que quiero decir: "Jamás concurriré a sacrificar la generación presente por mejorar las futuras.  Usted -dice a su interlocutor- aprueba el espíritu de rebelión; yo no: le desapruebo abiertamente, y estoy muy lejos de creer que lleve consigo el sello del mérito... Creo que una nación que se ilustra puede hacer grandes reformas sin sangre, y creo que para ilustrarse tampoco sea necesario la rebelión".

Dice Abellán al inicio del citado capítulo X: "Los ilustrados más típicos se hallaban todos animados por un profundo deseo de cambio, que es lo que originó el giro copernicano que desde entonces va a dar la cultura española. Ahora bien -dice-, un impulso de cambio total supone una meta ideal a la cual se aspira, y que en siglo XVIII no puede dejar de tener un carácter utópico". Y sigue diciendo: "El XVIII es el siglo de las utopías, y así aparece en Francia, donde el pensamiento ilustrado y enciclopedista se canaliza por vías utópicas: la entronización de la diosa Razón, la recuperación del estado de naturaleza, el mito del buen salvaje... Algunos de ellos -añade- tenían un olvidado origen español, como ocurría con el último citado; de ahí que España no pudiese permanecer al margen de semejante movimiento, si bien en nuestro país no culminó en un proceso revolucionario, como ocurrió en el vecino".

Unas páginas antes ha definido nuestro autor lo que significaba el término ilustrado a finales del siglo XVIII: "hombre que busca el progreso y la transformación de la sociedad, con una serie de rasgos muy típicos: tolerancia religiosa, sentido crítico respecto al pasado, optimismo frente al futuro, confianza en el poder de la razón, oposición a la autoridad eclesiástica y al poder tradicional de la Iglesia, interés por los problemas sociales y el desarrollo técnico de la sociedad, impulso hacia lo natural y valoración positiva de la experiencia, exaltación del progreso y del conocimiento...".

Termino la entrada con un poema de Jovellanos en el que se refleja muy claramente el contenido utópico y "presocialista" del pensamiento ilustrado y su profunda fé en una humanidad futura mejor, poema que figura en su "Respuesta a la epístola de Moratín":


El fatal nombre
de propiedad, primero detestado,
será por fin desconocido. ¡Infame,
funesto nombre, fuente y sola causa
de tanto mal! Tú solo desterraste,
con la concordia de los siglos de oro,
sus inocentes y serenos días.

Nueva generación desde aquel punto
la tierra cubrirá, entrambos mares;
al franco, al negro etíope, al britano
hermanos llamará, y el industrioso
chino dará, sin dolo ni interese,
al transido lapón sus ricos dones.

Un solo pueblo entonces, una sola
y gran familia, unida por un solo
común idioma, habitará contento
los indivisos términos del mundo.

No más los campos de inocente sangre
regados se verán, ni con horrendo
bramido, llamas y feroz tumulto
por la ambición frenética turbados.

Todo será común; que ni la tierra
con su sudor ablandara el colono
para un ingrato y orgulloso dueño.

Todo será común; será el trabajo
pensión sagrada para todos; todos
su dulce fruto partirán contentos.

Una razón común, un solo, un mutuo
amor los atarán con dulce lazos.

Una sola moral, un culto solo,
en santa unión y caridad fundados,
el nudo estrecharán, y en un solo himno,
del Austro a los Triones resonando,
la voz del hombre llevará hasta el cielo
la adoración del universo, a la alta
fuente de amor, al solo Autor de todo.


Explicado, espero, el por qué de "hijo de la Ilustración"; dejo lo de monárquico y socialdemócrata, quizá, para otro momento. Todo muy antiguo, sí; será la edad...

Sean felices, por favor. Y como decía Sócrates: "Ιωμεν", vámonos. Tamaragua, amigos. HArendt



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martes, 22 de octubre de 2013

La "Doctrina Parot": Restableciendo el derecho desde Europa


Se veía venir y no ha habido lugar para sorpresa alguna posible: el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, con sede en Estrasburgo, ha echado por tierra la denominada "Doctrina Parot", establecida por nuestro Tribunal Supremo y ratificada por el Constitucional, ordenando la puesta en libertad inmediata de la etarra Inés del Río, tras cumplir 26 años de cárcel de los 3800 a los que fue condenada en 1987.

Tampoco resulta sorprendente la reacción de las asociaciones de víctimas del terrorismo, explicables en su dolor e indignación, pero a las que hay que hacer ver, con todo el respeto debido, que su dolor e indignación, justificadas y explicables, no pueden hacer que el Estado vulnere sus propios principios jurídicos, basados en la supremacía de la ley sobre cualquier otra opción personal por legítima que esta sea. 

Lamentable la reacción inmediata de la FAES, la fundación presidida por el expresidente del gobierno José María Aznar, con una declaración en la que hace responsable de la sentencia a "una operación política protagonizada por Rodríguez Zapatero". Así, sin santigüarse, literalmente: Eso se llama respeto a la justicia y al tan cacareado Estado de Derecho.

Conforme con la decisión de la corte europea y en apoyo de la misma se pronuncia el Grupo de Estudios de Política Criminal, formado por más de 200 juristas españoles (jueces, magistrados, fiscales, catedráticos y profesores de derecho penal). Sensato y crítico con las decisiones de la justicia española que han llevado a esta resolución se mostraba el abogado José María Ruiz Soroa en su artículo de El País "La ley no tolera atajos", que lamenta el triste papel que en toda esta historia han jugado las sucesivas instancias judiciales de nuestro país, con notables excepciones, y la irresponsable actitud -mirando hacia otro lado y haciendo dejación de su responsabilidad- del parlamento y de los sucesivos gobiernos españoles, olvidando el principio jurídico básico de la civilización occidental que establece que no hay pena sin ley previa: "Nulla pena sine lege". Nos lo tenemos merecido.

Mi desprecio absoluto para Inés del Rio y para todos los criminales que van a verse favorecidos por este clamoroso y lamentable "patinazo" de nuestra penosa justicia, y mi agradecimiento al Tribunal Europeo de Derechos Humanos por restablecer frente a todos el imperio de la ley. Esa es también la opinión, llena de sensibilidad hacia las víctimas, de las escritoras Elvira Lindo en su "No hay otra" (El País), y de Patricia Hernández con su "Y cuando no gusta..., también" (El Plural), que comparto.

En este enlace pueden ver la lectura de la sentencia por el pleno del Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Y en este otro acceder al texto de la misma en español.

Sean felices, por favor, aunque no está el horno para bollos, Y como decía Sócrates: "Ιωμεν", vámonos. Tamaragua, amigos. HArendt



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"Romeo y Julieta", de Prokofiev, desde El Palco de RTVE


Como en en anteriores ocasiones les invito a asistir desde El Palco de la 2 de la radio televisión española a la representación, esta vez, del "Romeo y Julieta" de Serguéi Prokofiev, desde el Teatro Real de Madrid, con la participación de la Orquesta Sinfónica de Madrid y la Compañía Nacional de Danza, presentado por la soprano Ainoha Arteta.

En este enlace pueden ustedes leer la génesis azarosa de la famosa pieza de Prokofiev, aunque en esta ocasión la representación del ballet, con la coreografía de Goyo Montero, y la dirección de José Carlos Martínez, esté más cercana a la Nueva York de "West Side Story" que a la Verona de Shakespeare. Disfrútenlo que merece la pena. Desgraciadamente, el vídeo solo estará visible hasta el próximo 4 de noviembre.

Sean felices, por favor, y como decía Sócrates: "Ιωμεν", vámonos. Tamaragua, amigos. HArendt


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sábado, 19 de octubre de 2013

Nombres de mujer: Aisha, Leonarda, Marilyn, Vanessa, y otras...


Hace unos años el escritor y premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa escribió un hermoso artículo lleno de elogios por la actriz británica y decidida activista proderechos civiles Vanessa Redgrave. Dicho artículo me hizo recapacitar sobre el enorme privilegio de vivir, a pesar de todos los "tsunamis" financieros, políticos y sociales que se nos vengan encima, en este acorralado puerto a la defensiva que llamamos Occidente. Sobre todo si uno es mujer.

Hoy es noticia que Francia, sí, la del lema universal de "Liberté, Egalité et Fraternité" y un gobierno socialista, permite volver a Leonarda, la niña kosovar de etnia gitana expulsada hace unos días del país, pero no al resto de su familia, algo que la niña, con suma dignidad, parece que ha rechazado. La crítica no va solo hacia Francia, ha sido un acto que, incluso dentro de su discutible legalidad, sume en la vergüenza a la Unión Europea en su conjunto.

Mucho más terrible y de una crueldad inusitada, resultó la pasmosa indolencia con que en este Occidente del que presumimos como eje de la civilización reaccionó hace ahora justamente cinco años ante la lapidación de una joven somalí de 13 años años, de la que sólo supimos su nombre: Aisha Ibrahim, acusada de adulterio. Ni una palabra del Secretario General de las Naciones Unidas, ni del Papa, ni de los candidatos a presidir los Estados Unidos, ni del presidente de Rusia, ni del Dalai Lama, ni de los líderes musulmanes moderados, ni de Dios... De nadie, salvo de los familiares y unos cuantos vecinos y amigos de Aisha, y de unas descomprometidas palabras de condena de los en aquellos momentos hipersensibilizados presidentes de Francia y de la Unión Europea. De vergüenza.

Amnistía Internacional sí dio la cara en aquel momento, aunque no sirvió para nada, y sigue dándola a diario, y gracias a su labor se salvan muchas Aishas en el mundo. ¿Será posible ver el día en que las religiones y los dioses, y sus intérpretes varios, dejen de jodernos a los pequeños e insignificantes humanos y que podamos vivir, equivocarnos y morir en paz?

No recuerdo quien dijo que en Filosofía y Literatura, después de los clásicos griegos, todo era mera paráfrasis... Lo comparto plenamente. Será por eso que mis tres personajes preferidos de ficción son mujeres y producto de los trágicos griegos. Dos de ellos de Eurípides: Ifigenia, la inocente y desventurada hija de Agamenón y Clitemnestra, sacrificada a los dioses en aras de la victoria aquea sobre los troyanos; Medea, la repudiada y vengativa esposa de Jasón, inmisericorde ante la traición del amado; y la tercera, mi favorita, la valiente y heroica Antígona, de Sófocles, hija de Edipo y Yocoasta, que afronta con serenidad la condena a muerte que le es impuesta por rendir honores fúnebres a su hermano, rebelde al gobierno constutuido.

Y si tuviera que nombrar a únicamente tres mujeres contemporáneas a las que admiro profundamente, me quedo con la imagen de ínfinita tristeza y soledad de la actriz norteamericana Marilyn Monroe, la valiente fragilidad y sensibilidad de la filósofa francesa Simone Weil, y la descarada independencia de juicio crítico de la politóloga estadounidense Hannah Arendt. Estas dos últimas lúcidas críticas de su tiempo, ambas intelectuales de prestigio, y judías. ¿Será casualidad esto último?... No creo que ellas se hubieran callado ante la actualidad de Leonarda, los muertos en Lampedusa ni la vil "ejecución" de Aisha. Vaya dicho en homenaje de todas las Aishas del mundo que nunca subirán a los altares, por muy mártires que sean...

Sean felices, por favor, y como decía Sócrates: "Ιωμεν", vámonos. Tamaragua, amigos. HArendt


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viernes, 18 de octubre de 2013

Patriotas, corruptos y desvergonzados


¡Ah, la diosa Fortuna, siempre veleidosa!... Parece que hoy le ha jugado una mala pasada a la secretaria general del partido popular español, a toda la dirección presente, pasada y futura del mismo, y por supuesto, a ese gobierno que tan bien le cae al señor Botín; por algo será pienso yo. Pero mejor dejémoslo así para no incurrir en posible delito de injurias, como El País en su día por publicar los "papeles de Bárcenas". 

Desconfío, por decirlo suavemente, de todos aquellos que hablan de Dios o la Patria en primera persona y en mayúsculas, poniéndolos siempre por delante como justificación de sus acciones. Me dan miedo. Y me repelen. Desde luego mi antipatriotismo no llega a los límites de exacerbación que reflejaba el escritor y académico Javier Marías en un artículo, justamente de hace cinco años -19 de octubre de 2008, lo que ya es casualidad- en El País Semanal, titulado "Cómo se llamará esta afección". Me pareció excesivo; desgarrador en todo caso. Aunque comparto con él ese sentimiento de "patriotismo negativo" al que alude en su texto: aquel que nos hace avergonzarnos de muchos de nuestros compatriotas y de muchas de las cosas que se han hecho y dejado de hacer en nombre de la patria.

Leyéndolo he recordado un libro del también escritor e ilustre filósofo, Fernando Savater, que me impresionó sobremanera cuando lo leí por su atrevimiento y la dureza de sus planteamientos contra el propio concepto de nación. Se titulaba "Contra las patrias" (Tusquets, Barcelona, 1987), y no se si don Fernando seguirá sosteniendo lo que en el decía contra "todas" las patrias".

También ignoro si Javier Marías ha leído la biografía de Hannah Arendt, escrita por la periodista y escritora francesa Laure Adler: "Hannah Arendt". (Destino, Barcelona, 2006). Pero tengo la sospecha de que sí. Al menos si nos llevamos de la sorprendente coincidencia, casi literal, entre lo que escribe Marías sobre el "amor patrio" y lo que pone Laure Adler en boca de su biografiada, sobre ese mismo concepto de amor a la patria, o al pueblo...

Dice Marías: "Siempre me ha costado mucho entender el patriotismo. Las proclamas del tipo "Amo España" (o Inglaterra, Escocia, Italia, Cataluña o Galicia, lo mismo da) me han sonado falsas y huecas, además de inverosímiles, porque nadie está capacitado para "amar" así, en bloque, un país entero, menos aún una metáfora o un concepto. Uno ama, como mucho, a unas cuantas personas a lo largo de su vida, sin que nos importen su lugar de nacimiento ni la lengua que hablen."

Y esto es lo que dice Hannah Arendt (pág. 426) en la biografía escrita por Laure Adler cuando la reprochan que no muestre su apoyo a Israel cueste lo que cueste: "Tiene usted toda la razón: no me anima ningún amor de esa clase, y eso por dos motivos: jamás en toda mi vida he amado a ningún pueblo, a ninguna colectividad; ni al pueblo alemán, ni al francés, ni al norteamericano, ni a la clase obrera, ni nada de todo eso. Yo amo únicamente a mis amigos y la sola clase de amor que conozco y en la que creo es en el amor por las personas."

¿Plagio inocente e inadvertido? Es lo más posible. No me preocupa. Como Marías, yo también me pregunto como se llamará "esa afección que nos hace incapaces de enorgullecernos junto a la capacidad de avergonzarnos por lo ajeno vecino". En todo caso, como él, estoy seguro de que no somos los únicos españoles que la padecemos.

Mi paisano Nicolás Estévanez (1838-1914), militar, conspirador, republicano ferviente, político prestigioso, y sobre todo un gran poeta, escribió unos hermosísimos versos sobre el mito de la patria, que el gran don Miguel de Unámuno, censuró con sorna. Se titulan "La sombra del almendro", y ya los he traído en ocasiones anteriores al blog. Les dejo con ellos.

Sean felices, por favor, y como decía Sócrates: "Ιωμεν", vámonos. Tamaragua, amigos. HArendt



LA SOMBRA DEL ALMENDRO

La patria es una roca,
la patria es una fuente,
la patria es una senda y una choza.

Mi patria no es el mundo;
mi patria no es Europa;
mi patria es de un almendro
la dulce, fresca, inolvidable sombra.

A veces por el mundo
con mi dolor a solas
recuerdo de mi patria
las rosadas, espléndidas auroras.

A veces con delicia
mi corazón evoca,
mi almendro de la infancia,
de mi patria las peñas y las rocas.

Y olvido muchas veces
del mundo las zozobras,
pensando de las islas
en los montes, las playas y las olas.

A mi no me entusiasman
ridículas uotpías,
ni hazañas infecundas
de la razón afrenta, y de la Historia.

Ni en los Estados pienso
que duran breves horas,
cual duran en la vida
de los mortales las mezquinas obras.

A mi no me conmueven
inútiles memorias,
de pueblos que pasaron
en épocas sangrientas y remotas.

La sangre de mis venas,
a mi no se me importa
que venga del Egipto
o de las razas céltica y godas.

Mi espíritu es isleño
como las patrias rocas,
y vivirá cual ella
hasta que el mar inunde aquellas costas.

La patria es una fuente,
la patria es una roca,
la patria es una cumbre,
la patria es una senda y una choza.

La patria es el espíritu,
la patria es la memoria,
la patria es una cuna,
la patria es una ermita y una fosa.

Mi espíritu es isleño
como las patrias costas,
donde la mar se estrella
en espumas rompiéndose y en notas.

Mi patria es una isla,
mi patria es una roca,
mi espíritu es isleño
como los riscos donde vi la aurora...



Entrada núm. 1984
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jueves, 17 de octubre de 2013

Hannah Arendt


El pasado día 14 de octubre se cumplieron los 107 años del nacimiento de Hannah Arendt, la gran pensadora y teórica de la política, nacionalizada estadounidense, de origen judeo-alemán. Remarco lo de norteamericana, judía y alemana, porque los tres conceptos son inseparables para poder entender la vida y la obra de Arendt.

Los lectores de este blog saben ya de mi admiración por ella, de ahi que en este aniversario de su nacimiento voy a limitarme a traer hasta él una recopilación, selectiva, de artículos que hacen referencia a su vida y a su obra.

Comienzo con los que la prestigiosa Revista de Libros, sin duda alguna la mejor publicación de crítica literaria en lengua española le ha dedicado a Hannah Arendt lo largo de sus veinte años de existencia. Desde este enlace pueden acceder a los comentarios críticos de cuatro de sus libros: "¿Qué es la política?", "Entre el pasado y el futuro. Ocho ejercicios sobre la reflexión política", "Los orígenes del totalitarismo" y "Escritos judíos". Y en este otro, a los sesenta y uno, ordenados cronológicamente, en que ha sido citada en la misma. 

Otro gran órgano de prensa español, el diario El País, ha dedicado a Hannah Arendt lo largo de los últimos veintidós años cuarenta y cinco artículos, a los que pueden acceder desde este enlace

Y los enlaces que le dedica Google en español, exactamente 4.180.000, ya me parecen excesivos y les dejo a ustedes la tarea de explorarlos si es que tienen voluntad y tiempo para ello.

Concluyo mi personalísima manera de homenajear su memoria en este 107 aniversario de su nacimiento con esta selección de caricaturas de Hannah Arendt que he encontrado en internet.

Sean felices, por favor, y como decía Sócrates: "Ιωμεν", vámonos. Tamaragua, amigos. HArendt


Entrada núm. 1983
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sábado, 12 de octubre de 2013

"Inshallah"


"Inshallah" es una palabra árabe, una invocación que podría traducirse por "¡Si Dios lo quiere!"... Creo recordar que fue el historiador y filólogo Américo Castro el que en su monumental obra "España en su Historia" (Círculo de Lectores, Barcelona, 1989) dejó escrito que el hebreo, el árabe y el castellano, este último por influencia de los dos anteriores, son los únicos idiomas del mundo que convierten en transitivos verbos que en otras lenguas vivas resultan de imposible conjugación transitiva. De ahí, a que el misticismo como expresión literaria sea casi una exclusividad del pensamiento judeo-árabe-español, solo hay un paso. No otra cosa es misticismo, (tan castizo para nosotros en el pensamiento y la obra de Teresa de Jesús o Juan de la Cruz, ambos místicos, ambos de origen judeo-converso): un sentimiento o estado de relación íntima con la divinidad que muy bien podría expresarse en esa invocación: ¡Inshallah!": "¡Si Dios quiere!".

"Inshallah" es también el título de una famosa canción de los años sesenta del joven (entonces) cantautor belga, Adamo. Pueden ustedes verle y oírle en el enlace anterior mientras continúan leyendo este comentario.

Y es también "Inshallah" (Plaza-Janes, Barcelona, 1992) una densa novela de guerra, ambientada en el Líbano ocupado por fuerzas de las Naciones Unidas durante la guerra civil que sacudió el país en 1983, escrita por la periodista y novelista italiana Oriana Fallaci, con dolor y con rabia; con mucho dolor y con mucha rabia. Léanla si tienen ocasión. No la olvidarán fácilmente.

El título de esta entrada del blog me lo sugirió la lectura, hace ya unos años, de un interesantísimo artículo en la revista Claves de Razón Práctica, titulado "La política de Dios", escrito por el profesor de Humanidades en la neoyorkina Universidad de Columbia, Mark Lilla. Espero que les resulte interesante su lectura en el enlace anterior; les aseguro que lo es.

Dice Mark Lilla en el primer apartado de su estudio, titulado "La voluntad de Dios prevalecerá", que el ocaso de los ídolos se ha postergado, y que durante más de dos siglos, desde las revoluciones americanas y francesa hasta el derrumbe del comunismo soviético, la política mundial ha estado girando en torno a problemas eminentemente políticos. Que la guerra y la revolución, la justicia social y de clases, la identidad racial y nacional eran las cuestiones que nos dividían, pero que hoy hemos progresado hasta un punto donde nuestros problemas vuelven a parecerse a los del siglo XVI, pues nos vemos enredados en conflictos sobre creencias que rivalizan entre sí, sobre pureza dogmática y sobre deberes divinos para concluir que en Occidente estamos desorientados y confusos.

Cuando leía esas palabras del profesor Lilla, recordé el revuelo social, político y sobre todo académico que, un hasta ese momento prácticamente desconocido profesor universitario norteamericano de origen japonés, Francis Fukuyama, desencadenó con la publicación en la revista The National Interest, en el verano de 1988, de un provocador artículo titulado "¿El fin de la Historia?", que pueden leer en el enlace citado. Con este artículo, entre otros, se estrenó en España en abril de 1990 la revista Claves de Razón Práctica. Fukuyama quiso abordar en él un intento de explicación de lo ocurrido en los últimos años de la década de los 80 en el plano de las conciencias y de las ideas, con la consecuencia por todos sabida de que el liberalismo económico y político habían acabado por imponerse en el mundo ante el agotamiento y colapso de otras alternativas ideológicas y políticas (léase el comunismo), dando paso a una situación en la que nos encontraríamos en presencia del final de toda evolución ideológica posible alternativa al capitalismo liberal, y por tanto, en el "fin de la historia" en términos hegelianos.

Cuatro años más tarde retoma el asunto planteado en su artículo y escribe un libro que en España se publicará con el título "El fin de la Historia y el último hombre" (Planeta, Barcelona, 1992), que leí con sumo interés y que me causó una gran impresión. Evidentemente, no se si decir por desgracia o por suerte, Fukuyama no acertó en su pronóstico.

Dice el profesor Lilla que aunque en Occidente tenemos nuestros propios fundamentalistas, nos parece incomprensible que las ideas teológicas todavía levanten pasiones mesiánicas (pero ahí tenemos el estado de beligerancia absoluta del sector más integrista de la conferencia episcopal española llamando a la "guerra santa" contra el gobierno de Zapatero), dejando tras sí sociedades en ruinas. Habíamos supuesto, continúa diciendo Lilla, que eso ya no era posible, que los seres humanos habíamos aprendido a separar las cuestiones religiosas de las cuestiones políticas y que el fanatismo había muerto. Estábamos equivocados, dice... ¡Inshallah!, concluyo yo...

Sean felices, por favor, y como decía Sócrates: "Ιωμεν", vámonos. Tamaragua, amigos. HArendt


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España - Espanya - Espainia


"Es el Estado y el nacionalismo el que crea la nación, no al contrario" (Ernest Gellner: "Naciones y nacionalismos"). Hoy, 12 de octubre, fiesta nacional de España, me sumo a la mayoría de mis compatriotas en la esperanza de que los españoles podamos convivir de una vez y para siempre en paz al amparo de una renovada Constitución federal de todos y para todos.



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lunes, 7 de octubre de 2013

Un evidente desasosiego y cansancio....


Los lectores asiduos de este blog me han oido hablar otras veces de un evidente desasosiego y cansancio que me invade y se repite cíclicamente y que se manifiesta en un agostamiento de ideas, reiteración de temas y repeticiones voluntarias. Estoy cansado... Son siete años seguidos rellenando líneas en el procesador de textos, apostillando con mejor o peor arte y fortuna comentarios y visiones del mundo y de su acontecer desde la atalaya de esta pequeña islita en medio del Atlántico, a cuatro grados del trópico de Cáncer.

Pero de vez en cuando se produce una convergencia de noticias y sucesos que me animan a ponerme ante la pantalla de mi portátil dejando de lado ese hastío del que hablaba al comienzo. Hace unos instantes he firmado una petición que está circulando hoy por las redes sociales solicitando a la conferencia episcopal, a través del papa Francisco, que la iglesia española pida perdón públicamente por el apoyo dado al régimen franquista y a la represión que siguió a la guerra civil. La he firmado porque me parece un acto de justicia.

Sobre la curia episcopal española habría que hablar largo y tendido. Desde luego, la palabra perdón no la pronuncian con excesiva frecuencia. Más bien todo lo contrario: se pasan el día largando andanadas y condenando al fuego eterno a quienes no comulgan con sus doctrinas. Afortunadamente, ese fuego ya no quema, pero no deja de ser molesta tanta desfachatez. No es extraño que de vez en cuando salga alguien con autoridad moral suficiente que les responde con claridad y pone las cosas en su sitio. Fue el caso del editor romano y profesor de filosofía Paolo Flores D'Arcais que en un artículo titulado "A Su Eminencia el cardenal Rouco Varela", en octubre de 2008, rebatía a monseñor unas declaraciones suyas ante el Sínodo de los Obispos reunido en Roma, en las que volvía a acusar al laicismo de querer hacer realidad la dictadura del relativismo ético a cuenta de propuestas como la regulación de la eutanasia. Lo irónico de todo este asunto, decía Flores D'Arcais, es que se hable de un Dios que es amor para obligar a los condenados a muerte por una enfermedad terminal a sufrir horas, días, semanas e incluso meses una tortura a la que su libertad desearía poner fin. Es un amor verdaderamente extraño éste que se atribuye a Dios, concluye, si no fuera porque al atribuir a Dios una crueldad semejante, demuestran ser los herederos -claramente no arrepentidos-, no de Francisco de Asís, sino del inquisidor Torquemada. ¿Pedirá alguna vez la Iglesia paz, piedad y perdón, como Manuel Azaña, por los sufrimientos que ha infligido a tantos inocentes durante dos mil años de existencia? Tengo mis dudas... 

Por esas mismas fechas publicaba el escritor y diplomático José María Ridao un brillante artículo, "El silencio de Azaña", glosando las emotivas palabras que el presidente de la República española, Manuel Azaña, pronunciara en Barcelona en plena guerra civil pidiendo a los españoles "paz, piedad, perdón". Pero no pudo ser: fue su último mensaje a un pueblo en plena vorágine fratricida. Y se preguntaba Ridao, con cierta angustia, que fue lo que el presidente de la República quiso decir a los españoles con su invocación, y si la invocación al "perdón" no pretendía hacer justicia a las víctimas inocentes de los desmanes de los tribunales populares republicanos. Ahora que unos hablan de "revancha" y otros de "procesos inquisitoriales" a cuenta de la Memoria Histórica, pienso que conviene mirar lo que está ocurriendo como simple afán de hacer justicia y no venganza. Y el emotivo artículo de Ridao creo que pone perspectiva y mesura en su tratamiento. Es lo que personalmente vengo defendiendo desde siempre: todos fueron víctimas y todos fueron responsables, aunque cueste admitirlo.

Y unos días antes el filósofo y profesor de la Universidad de Zaragoza Daniel Innerarity, había escrito también un artículo titulado "El retorno de la incertidumbre", en el que desde un punto de vista más filosófico que político o económico, examinaba la crisis financiera internacional que nos asola. ¡Y ya va para cinco años!... Decía Innerarity que mientras estuvo vigente el modelo de la certeza, el mundo estaba configurado por decisiones soberanas que se adoptaban sobre la base de un saber asegurado. Que ahora tocaba acostumbrarnos a la inestabilidad y la incertidumbre, tanto en lo que hace referencia a las predicciones de los economistas, el comportamiento del mercado o el ejercicio de los liderazgos políticos. Nuestro principal desafío, decía, es la gobernanza del riesgo, que no es la renuncia a regularlo ni la ilusión de que pudiéramos eliminarlo completamente, y se preguntaba si los gobiernos del mundo podrían decidir bajo condiciones de incertidumbre, incertidumbre que había venido para quedarse y para convertirse en regla y no excepción... ¿Sabrían hacerlo? Esperábamos que sí pero da la impresión de que no. Y a mí, de momento, y siento confesarlo, me pueden el cansancio y el desasosiego.

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domingo, 6 de octubre de 2013

Internet, lecturas, libros, líderes...


¿Está cambiando internet nuestra forma de leer y de pensar? ¿Leen nuestros líderes políticos, sociales y económicos a los clásicos o solo resúmenes e informes técnicos que otros técnicos les dan ya mascados y listos para engullir? ¿La alta literatura favorece las neuronas cerebrales más que la literatura de evasión o el ensayo científico o académico? Son preguntas a cuya respuesta se acercan los artículos que traigo hoy hasta el blog junto a dos bellísimas digresiones sobre la literatura y los libros en general.

Mi primer libro, al menos el primero del que yo tengo recuerdo exacto, me lo regalaron el día que cumplí ocho años; el segundo, poco después, fue "La isla del tesoro", de Robert Louis Stevenson. Con ellos comencé mi aventura con los libros y cincuenta y nueve años después, ahí sigo, aunque cada vez a un ritmo menor. En el margen derecho del blog en el apartado final "Relación mínima e incompleta de algunos de mis autores y libros favoritos", hay una serie de autores y de libros (solo uno por autor), citados por orden alfabético; no están todos los leídos, evidentemente, pero si están leídos todos los citados... A pesar de ello, reconozco que ya no puedo mantener el ritmo de épocas pasadas. Y confieso, con pudor, mi enorme deuda con la gran y buena literatura que no he leído ni leeré ya.

El premio nobel de Literatura Ohran Pamuk escribió hace un tiempo en la revista "Babelia" un artículo titulado "La memoria de Pamuk", que es un bellísimo recorrido sentimental, en primera persona, sobre su pasión por los libros desde su más temprana juventud, que salvando las distancias, me ha resultado muy familiar. Recuerda en él el orgullo con que su padre veía como se llevaba "sus" libros a "su" biblioteca en ciernes... Yo lo hice con la de mi padre, un gran lector también hasta su ancianidad. Y veo con orgullo que mis hijas arramblen con los libros de la biblioteca familiar para incrementar las suyas, pero sobre todo espero, deseo y pido a Atenea, diosa pagana de la Sabiduría, que mis nietos aprendan pronto a descubrir por sí mismos el mundo maravilloso que se esconde en los libros. 

En "El País" de hoy mismo otro premio nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, rinde un emotivo homenaje al gran filólogo e historiador de la literatura Martín de Riquer, recientemente fallecido, en su artículo "Entre caballeros andantes y juglares": Martín de Riquer, dice en él, se movía por la Edad Media como por su casa y nadie que yo haya léido me ha hecho vivir tan de cerca y con tanta verdad lo que debió ser la vida en Occidente hace mil años.

Yo soy más lector de ensayo que de ficción, aunque mi biblioteca familiar esté repleta de literatura, así que no sé si atreverme a llevarle la contraria a lo que hace unos días comentaba Javier Sampedro en "El País": "La alta literatura es gimnasia para el cerebro", sobre un estudio publicado recientemente por la prestigiosa revista "Science" en el que se analiza el por qué la escritura literaria estimula las áreas cerebrales implicadas en la emoción social y la empatía, mientras que la novela popular y el ensayo no lo hacen. Si ellos lo dicen...

También hace unos días Javier Rodríguez Marcos publicaba en "El País" otro artículo: "Libros para liderar el mundo", en el que comentaba que la dieta lectora de los políticos no debería ser solo de informes técnicos y que los futuros líderes políticos sociales y económicos del mundo, por ejemplo los que ahora se están formando en escuelas de élite como los alumnos de la Harvard Business School, estudian gestión leyendo la "Antígona" de Sófocles o "Muerte de un viajante" de Arthur Miller. Como soy algo provocón me gustaría ponerlo en relación con otro de hace unos años en "El País Semanal": "Sepa de libros sin leer ni una línea", escrito por Íker Seisdedos, que era un jocoso comentario sobre otro jocoso libro publicado por Anagrama: "Cómo hablar de los libros que no se han leído", escrito por el psicoanalista y profesor de literatura de la Universidad de París Pierre Bayard. ¿Cuántos de los libros que tienen en su casa han leído ustedes?, pocos, ¿verdad?... Lo mismo me pasa a mi...

He dejado para el final un reportaje firmado por el periodista Abel Grau: "Internet cambia la forma de leer... ¿y de pensar?", publicado hace ya un tiempo en "El País" sobre la forma en que internet está cambiando, a juicio de numerosos especialistas en comunicación, psicología y neurobiólogos, no sólo nuestra forma de leer, sino incluso nuestra forma de pensar, modificando los esquemas de funcionamiento del cerebro a la hora de procesar la información que recibe... ¿Ciencia ficción?, no lo se..., pero tengo que reconocer que no es lo mismo procesar la información obtenida a través de un libro determinado, la consulta de una bibliografía específica sobre un tema cualquiera en una biblioteca, la lectura detenida de un documento en un archivo, o lidiar con el caudal de información suministrada por la pantalla de un ordenador con solo teclear una determinada palabra en un buscador tipo como Google... ¿Verdad que no?... Espero que la entrada de hoy les haya resultado interesante.

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miércoles, 2 de octubre de 2013

"Iustitia"


La decisión de la justicia argentina de pedir el procesamiento de varios policías españoles por crímenes contra la humanidad durante el régimen franquista reabre heridas que la maltrecha y menospreciada Ley de la Memoria Histórica pretendió cerrar, como se ve, en vano. No era una ley perfecta, ¿cuál lo es?; muy probablemente pecó de voluntarista en algunos aspectos menores, pero era la expresión de una voluntad popular que ha sido ninguneada por el gobierno del PP sin el menor sonrojo. Si no le gustaba, tenía que haberla modificado o abrogado, no ignorarla.

Hace cinco años justos, en una comida de despedida a unos compañeros de trabajo que acababan de jubilarse, me reprochaba con cariño uno de ellos el reiterado uso de los latines en mis digresiones y comentarios en el blog. Desde luego, no es por pedantería, pues adelanto que mis conocimientos de latín son absolutamente rudimentarios y básicos, de bachillerato de ciencias, pero si presumo de interés por el mundo del derecho, y éste, es creación original y genial de Roma, y hay veces en que al citar las fuentes precisas de una máxima jurídica se hace necesario recurrir al idioma en que fue escrita. 

Por cierto, que desatino más grande considerar al latín como "lengua muerta" y haberlo relegado al olvido, cuando no al ostracismo más absoluto, en los estudios universitarios... ¿Sabían ustedes que hasta el siglo XVIII cualquier obra científica se escribía en latín? ¿O que en latín transcurren y se realizan hoy en día los actos académicos solemnes de las universidades más prestigiosas del mundo: Oxford, Cambridge, Princeton, Harvard, Yale..? Me estoy yendo por los "cerros de Úbeda", mil perdones, y vuelvo al argumento que me trae hoy hasta aquí...

"Iustitia est constant et perpetua voluntas ius suum cuique tribuens". Lo dice el "Digesto", promulgado en Bizancio por el emperador Justiniano en el siglo VI d.C., (Libro I, título I, ley 10), y casi se traduce solo: Justicia es la perpetua y constante voluntad de dar a cada uno su derecho.

¿Tienen derecho a que se haga justicia los miles de muertos y desaparecidos -de ambos bandos, pero no seamos ingenuos, infinitamente más de uno que de otro, aunque el "número" no sea siempre ni necesariamente lo más relevante- de la guerra civil? La ley, expresión de la voluntad popular, emanada de las Cortes Generales, y sancionada por el rey, dice que sí. ¿Entonces, a qué tantas reticencias ante la decisión del entonces juez Baltasar Garzón, expulsado de la judicatura por las presiones del partido popular, de conocer los nombres de los desaparecidos "hechos desaparecer" durante la guerra civil?

Resultan esclarecedores los argumentos estrictamente jurídicos que el magistrado emérito del Tribunal Supremo, José Antonio Martín Pallín, expuso en su día en El País en su artículo "No se puede enterrar el olvido". En todo caso, y como afirma con rotundidad al final de su artículo: "La verdad puede resultar incómoda pero el olvido mata y es un obstáculo insalvable para la salud y la dignidad de una sociedad".

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