sábado, 4 de octubre de 2008

... aunque al final dijo sí

Después de su aprobación por una amplia mayoría del Senado días pasados, el proyecto de ley para inyectar 700.000 millones de dólares (de dinero público) para reflotar el sistema financiero norteamericano, volvió a la Cámara de Representantes para una nueva votación. Al final salió hoy que sí, y no se si alegrarme o no... Quiero creer que sí, pero lo importante, ahora, es ver si funciona.

Hace ya bastantes años asistí a una reunión de representantes sindicales con un alto ejecutivo de la banca española. Recuerdo que explicó con una curiosa metáfora como funcionaba el sistema bursatil mundial. La Bolsa, decía, y todo el sistema económico y financiero en general, funciona en base a algo tan "sutil" como la confianza. Imaginen, nos contaba, que les ofrecen una caja, cerrada, que contiene los que según los expertos, son los mejores vinos del mundo. Y todo ello, por "x" euros, o dólares, o la moneda que ustedes quieran. Es seguro, que en base a la "confianza" que despiertan esos vinos, siempre habrá alguien interesado en pagarle a usted "x" más "n" euros o dólares por la caja. Y que conforme la caja aumente de valor por las sucesivas ventas, seguirá habiendo algún otro comprador dispuesto a ofrecer "x" más "n" más "y" euros o dólares por ella... Así, hasta que la compre alguien que decida abrirla y bebérsela sin ponerla a la venta, y descubra que los vinos que estaban dentro de la caja eran unos vulgares tintorros... El negocio de los vinos (de calidad) se hundirá irremisiblemente... Y todo, por que, un borrachín con dinero prefirió beberse la caja de vinos antes que seguir negociando y ganando dinero con su compra-venta sucesiva...

Decía días pasados el profesor Gabriel Tortellá, catedrático emérito de Historia Económica de la Universidad de Alcálá ("Crisis, ciclos e historia". El País, 25/09/08) que todo este asunto de la crisis económica y financiera que aqueja al mundo occidental le sonaba a historia "deja vu", que estas tremendas fluctuaciones económicas se repiten cíclicamente, y que con un poco más de "memoria histórica" por parte de los responables financieros, económicos y políticos, situaciones críticas como las que estamos viviendo se podían prever, paliar, e incluso, evitar...

En similar sentido, el también ex profesor de la Universidad Libre de Berlín, Ignacio Sotelo ("Una crisis anunciada". El País, 03/09/08), expone que todos sabíamos que antes o después llegaría esta crisis, anunciada por economistas ilustres, causada por una desregularización generalizada, que las crisis de los noventa en Asia y América Latina ya pusieron de relieve, y que como no se percibe una alternativa al sistema de producción existente, su desplome se considera una catástrofe que hay que impedir a cualquier precio, aunque todos los indicios apunten, concluye, a que esta crisis podría conducir al fin de la supremacía económica norteamericana.

Y los pobres, como siempre, a verlas venir y capear el temporal como podamos... Sean felices, a pesar de todo... (HArendt)





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Romeu (El País, 24/09/08)




"El Congreso de EE UU aprueba el plan de rescate". (Agencias)

Bush asegura que la aprobación del plan "ayuda de forma valiente a Wall Steet". El Congreso de EE UU valida el plan de rescate por 263 votos a favor y 171 en contra. Las enmiendas al plan original, decisivas para su aprobación.- La bolsa de Nueva York acoge con escepticismo la aporbación y cierra con una bajada del 1,50%

La Cámara de Representantes de EE UU ha aprobado por 263 a favor y 171 en contra el plan de rescate diseñado por la Administración Bush, que ha superado ampliamente la mayoría simple de 218 votos que era necesaria. Tras un debate de poco más de cuatro horas y media de duración que ha terminado con la intervención de los líderes de ambos partidos, legisladores republicanos y demócratas han dado su aprobación a un plan que fue rechazado por primera vez el pasado lunes. El Senado ya había dado el visto bueno en la madrugada del jueves por 75 votos a favor y 25 en contra. El plan ha sido ya firmado por el presidente George W. Bush, según informan fuentes de la Casa Blanca.

Bush ha asegurado que con la aprobación se ayuda "de manera valiente a que la crisis en Wall Street no se extienda por todo el país". En una declaración en los jardines de la Casa Blanca, el presidente estadounidense ha asegurado que la medida permitirá estabilizar la economía del país y "mantener un papel líder en la economía global".

"Hoy hemos afrontado una situación de consecuencias terribles, hemos tenido que mejorar el plan original una y otra vez (...) en un esfuerzo para que esto no pase de nuevo" ha asegurado la demócrata y presidenta del Congreso Nancy Pelosi poco despúes de la votación. "Queremos devolver la confianza al pueblo americano (...) ahora miramos al futuro, sabemos cómo evitar esto en el futuro", ha añadido la demócrata, que ha prometido que las irresponsabilidad en Wall Street "no volverá a amenazar la economía de los americanos".

Satisfacción en el Gobierno español. La reacción del Gobierno español a la aprobación del plan ha sido "satisfacción". Fuentes del Ministerio de Economía y Hacienda han dicho a la agencia Efe que la aprobación contribuirá a la "normalización de los mercados" financieros internacionales.

A pesar de la luz verde de la Cámara de Representantes, Wall Street ha cerrado en negativo. Según los datos disponibles al cierre, el Dow Jones de Industriles, el índice más importante de Wall Street, ha bajado157, 47 puntos (-1,50%) hasta las 10.326,26 unidades, tras haber llegado a subir durante la sesión un 2,98%. El mercado Nasdaq, donde cotizan la mayoría de las empresas de tecnología e informática, descendió 29,33 puntos (-1,48%) para quedar en los 1.947,39 enteros, mientras que el selectivo S&P 500 retrocedió 14,84 puntos (-1,33%) ubicándose en las 1.099,44 unidades.

Más fácil que el lunes. Precisamente, las enmiendas incorporadas durante los últimos días al plan han conseguido superar el escepticismo o la total oposición al plan de la que hacían gala miembros de los dos partidos y que dio al traste con la anterior votación. Estos legisladores se mostraban contrarios al plan por las presiones sociales y electorales que reciben allí donde fueron elegidos y que les hace difícil justificar un rescate de las entidades de Wall Street con dinero público. Sin embargo, las presiones de sus líderes en la cámara, unidas a los esfuerzos realizados por Barack Obama y John McCain y Henry Paulson y la desesperada estrategia del presidente Bush han terminado por dar resultado.

Estaba previsto que, en caso de convocarse, la votación fuese un éxito, ya que la demócrata y presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, había asegurado que sólo si veía claro el triunfo del 'SI' llamaría a los legisladores a votar. Previendo su aprobación, el demócrata neoyorkino Charles B. Rangel, ha calificado este viernes como "un día histórica para el Congreso de los EE UU". (El País, 03/09/08)




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El Roto (El País, 27/09/08)




"Las reformas del Senado favorecen la aprobación del plan de rescate". (Agencias)

Demócratas y republicanos introducen rebajas fiscales y aumentan las garantías para los ahorradores. Wall Street mantiene la incertidumbre con ligeras caídas

El Senado de Estados Unidos aprobó ayer -esta vez sí- el plan de rescate financiero presentado por la Administración. Las enmiendas introducidas por la Cámara alta -básicamente, recortes de impuestos y una ampliación de las garantías para los depósitos bancarios- deberían ser suficientes para que la Cámara de Representantes también dé esta semana su visto bueno y los fondos salvadores del Estado comiencen a llegar a Wall Street, tras el fiasco que supuso el rechazo el pasado lunes. Con 74 votos a favor y 25 en contra, la maquinaria de los dos candidatos a las elecciones, el demócrata Barack Obama y el republicano John McCain, permitió dar luz verde al plan.

Funcionaron los lobbies y las concesiones electorales a poco más de cinco semanas de los comicios, y a cambio de comprar los activos basura de Wall Street, los senadores endulzaron el plan de salvamento con la introducción de numerosas reformas de menor calado en un texto que al final superó las 450 páginas, desde los escasos tres folios a los que se limitaba la propuesta inicial.

Horas antes de la aprobación, la Bolsa de Nueva York cerró con una ligera caída del 0,1%. Wall Street mantuvo durante toda la jornada tantas precauciones como el resto de los observadores sobre el desenlace de este dramático debate que ha mantenido en vilo a la economía mundial. Pero las razones para el optimismo comienzan a ser sólidas.

Los líderes demócratas y republicanos en el Senado negociaron con sus colegas de la Cámara de Representantes los suficientes arreglos al texto inicial de la ley como para ser capaces de pronosticar que ésta puede ser ahora aceptada por algunos de los que la rechazaron el lunes. "Conozco bastante gente que votó no y que ahora tiene una opinión diferente", declaró ayer el presidente del Comité de Banca del Senado, el demócrata Christopher Dodd.

Las enmiendas introducidas en esa Cámara intentan, principalmente, atajar dos grandes preocupaciones detectadas entre los representantes: el futuro electoral inmediato de todos ellos -a menos de seis semanas para los comicios- y la oposición ideológica de un grupo de republicanos.

El plan de rescate salido del Senado incluye, en ese sentido, un aumento del seguro de los depósitos bancarios, que pasa de los 100.000 dólares a 250.000 (de 72.000 a 180.000 euros). En España, esa garantía es de 20.000 euros. Se ha añadido también a esa ley una extensión de ayudas fiscales a las empresas que vencían en los próximos meses, que incluyen rebajas de impuestos para las energías renovables.

De esta manera, los congresistas tienen un argumento ante sus votantes -la clase media norteamericana- para ayudarles a tragar la píldora de sacar 700.000 millones de dólares (en torno a medio billón de euros) de las arcas del Estado en socorro de los bancos y aseguradoras de Wall Street, en peligro de quiebra.

Al mismo tiempo, con esa automática reducción fiscal a las empresas, los representantes conservadores, a cambio de aceptar esta gigantesca intervención pública en la economía, obtienen una pequeña victoria en su permanente guerra contra el Estado.

El Senado cree, por tanto, haber puesto las cosas en la senda adecuada para una rápida solución a esta crisis. "Creo que para el final de esta semana habremos acabado de hacer lo que se necesita hacer para el pueblo norteamericano", pronosticó ayer el líder de la mayoría demócrata en esa Cámara, Harry Reid. Su contraparte republicano, Mitch McConnell, coincidía con ese cálculo optimista: "Hemos encontrado un camino para conseguir que las aguas vuelvan a su cauce".

No tan rápido, advirtieron inmediatamente desde la Cámara de Representantes. El líder de la minoría republicana allí, Roy Blunt, reconoció que esta nueva versión de la ley está siendo simplemente mejor recibida por sus electores. "Si antes se oponía el 90%, ahora estamos 50 y 50", declaró. Pero añadió que todavía hay que darse un tiempo para la reflexión y que no sería prudente apresurar una votación en la Cámara, donde está previsto que el plan se debata mañana.

Tampoco sería prudente anticipar el resultado final de esa votación. A la resistencia conocida de los republicanos, se añade ahora otro elemento de incertidumbre: ¿cómo encajarán los representantes demócratas preocupados por el aumento del déficit público una nueva reducción de impuestos?

El líder de la mayoría demócrata en la Cámara, Steny Hoyer, uno de los abanderados de la lucha contra el déficit, no quiso ayer resolver esa incertidumbre. "Estoy hablando con mis colegas sobre cuál es la mejor postura", se limitó a comentar. El plan prevé elevar el listón de la deuda pública por encima de los 11,3 billones de dólares (siete veces el PIB de España) para financiar la compra de activos tóxicos y establece rebajas fiscales, pero no alude a recortes de gasto.

La presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, que tampoco simpatiza mucho con la política de nuevos alivios fiscales, se resistió ayer a adelantar su voto. Su posición, a medio camino entre sus obligaciones políticas como demócrata y sus responsabilidades al frente de la Cámara, hacía difícil que encabezara una nueva rebelión.

Se aprecia ahora, no obstante, mucha más convicción, política y económica, sobre la urgencia de este proyecto de salvamento financiero en Estados Unidos. Un portavoz de la Casa Blanca, Tony Fratto, aseguró que ya se han comenzado a detectar síntomas de escasez de créditos a los pequeños negocios en todo el país. Esa es la correa de transmisión de las turbulencias desde el sector financiero a la economía real.

Los dos candidatos presidenciales, que acudieron anoche a Washington para ocupar sus escaños en el Senado durante la votación de esta ley, insistieron en la necesidad de apoyar la iniciativa del Tesoro, aunque ambos introdujeron algunas reservas para la galería electoral. "Todos tenemos la responsabilidad de resolver esta crisis, pero no permitiré que ese rescate se convierta en un plan de beneficencia para Wall Street", declaró ayer el candidato demócrata. "Este es el momento de actuar para solucionar esta crisis; ya ajustaremos cuentas y señalaremos a los responsables después", manifestó el aspirante republicano a la presidencia.

Tanto Obama como McCain se colocan en una posición que les permita reanudar en buenas condiciones la campaña una vez que se decida la suerte del plan. Ambos partidos emiten anuncios en televisión responsabilizando al otro de la crisis. Pero Obama parece haberse consolidado en las encuestas al frente de la carrera.

Las novedades: - Más garantías a los ahorradores ante posibles quiebras de bancos. Las garantías federales para asegurar los depósitos ante la posible quiebra de bancos pasan de los 100.000 dólares actuales a los 250.000 dólares, como respuesta a las críticas que señalaban que el plan es un salvavidas para Wall Street pero deja de lado a la clase media. La agencia que asegura esa garantía (FDIC, por sus siglas en inglés) podría endeudarse sin límites hasta el final de 2009. En Estados Unidos han quebrado ya 13 entidades financieras en 2008.

- Rebajas fiscales. El nuevo plan incluye rebajas de impuestos para particulares y empresas, en sectores como la energía solar y las renovables. Las primeras estimaciones cifran esa reducción de impuestos en unos 150.000 millones de dólares en la próxima década. (El País, 02/09/08)





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Forges (El País, 29/09/08)




"Una crisis anunciada", por Ignacio Sotelo

Sabíamos que antes o después llegaría la crisis, pero, como la muerte, nos pilla siempre de improviso. Keynes ya puso en tela de juicio que el mercado por sí pueda conseguir el equilibrio entre oferta y demanda, tal como a principios del siglo XIX había defendido J. B. Say. El fin del laisser faire se vio corroborado por la crisis de los treinta, experiencia que acabada la II Guerra Mundial dominó la política económica en un largo período de crecimiento y pleno empleo hasta que en 1973 la guerra árabe-israelí cuadriplicó el precio del petróleo. La conjunción de recesión, inflación y desempleo significó el fin del keynesianismo y la inauguración de una nueva época, que bien cabría poner bajo la advocación de Milton Friedman.

Se volvió a creer a machamartillo en el mercado, limitando al máximo, no ya la intervención del Estado para recuperar un equilibrio siempre precario, sino que se renunció incluso a la regulación estatal que la mundialización hacía por lo demás impracticable. Justo ahora que la crisis financiera ha puesto punto final a toda una época, importa dejar constancia del enorme crecimiento de estos últimos 30 años, alcanzado gracias a una economía desregularizada y globalizada, pero también el alto precio que han pagado los países más pobres y menos competitivos, así como amplios sectores sociales de los países piloto, con salarios reales en descenso que han visto tambalearse su principal baluarte, el Estado social.

Economistas ilustres y asociaciones progresistas anunciaron a bombo y platillo los peligros que se ciernen con una desregularización generalizada, que las crisis de los noventa en Asia y América Latina ya pusieron de relieve. Pero, mientras que en una actividad se obtengan pingües beneficios, nadie bien colocado está dispuesto a retirarse a causa de los riesgos. Ningún pronóstico se toma en consideración, por bien fundamentado que esté, si se opone a los intereses de los poderosos. Se desecha toda teoría económica que los ponga en entredicho, por lo menos hasta que la crisis haya adquirido tal tamaño que no quepa ignorarla por más tiempo.

Sabemos que acaba una época, pero nadie está en condiciones de vaticinar los nuevos rasgos de la que está empezando. Cada crisis presenta caracteres propios y conlleva consecuencias distintas de las que tuvieron las anteriores. Sirve de poco subrayar coincidencias con la de los años treinta, aunque aquella también empezase en Estados Unidos, arrastrando consigo a la economía mundial. La principal diferencia que hemos de tener muy en cuenta es que al estallar aquélla existía un modelo alternativo, el comunismo soviético, y en Europa la opinión estaba dividida entre los que creían que el capitalismo había llegado a su fin y los que estaban dispuestos a defenderlo, aunque para ello fuese imprescindible demoler el Estado democrático.

Si la crisis de los treinta polarizó la lucha social entre comunismo y fascismo, después del fracaso rotundo del socialismo real, pocos se atreven hoy a vincular la crisis con el capitalismo, ni mucho menos a prever su pronta desaparición. Los mismos que postularon que el mercado se bastaba a sí mismo son los encargados ahora de poner en marcha políticas estatales, es decir, a cargo del erario, volviendo al viejo principio, consustancial con el sistema, de que las ganancias son privilegio de unos pocos, pero las pérdidas hay que cargarlas sobre las espaldas de todos.

Como no se percibe alternativa al sistema de producción existente, su desplome se considera una catástrofe que habría que impedir a cualquier precio. Cierto que el capitalismo se distingue por una enorme capacidad de producir riqueza, pero también por depredar el planeta y, sobre todo, por una desigualdad creciente que desmantela las estructuras sociales establecidas. El mundo que resulte traerá consigo vencedores y vencidos, pero no cambios sustanciales en el modo de producir y sobre todo de repartir la riqueza. En todo caso, la peor secuela de la crisis de los treinta, la II Guerra Mundial, estuvo en el origen de la hegemonía mundial de EE UU. Tal vez sea prematuro identificar la crisis actual con el fin de la supremacía estadounidense, pero son muchos los indicios en esta dirección.

Tampoco es verosímil que la actual crisis financiera sirva para que nos movilicemos a tiempo ante otras amenazas a la vista, como una nueva catástrofe en una central nuclear, o un enfrentamiento bélico con armas atómicas, debido a la proliferación creciente de estas armas, cuando el único remedio, por utópico que parezca, es la desnuclearización de las grandes potencias atómicas. Thomas Hobbes ya advirtió de que se prohibirían los libros de geometría, para el filósofo el único saber seguro, modelo de todos los demás, si sus proposiciones resultasen contrarias a los intereses de los potentados. (El País, 03/09/08)





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El profesor Ignacio Sotelo




"Crisis, ciclos e historia", por Gabriel Tortellá

Para una persona con unos cuantos años encima y alguna lectura de Historia, la presente crisis tiene algo de monótono, de repetitivo, de déjà vu. Las crisis y los ciclos son, su nombre lo indica, recurrentes: aparecen periódicamente, cada cierto número de años.

Hay muchas teorías de por qué la economía crece de manera cíclica y no de manera continua; es decir, por qué, aunque la tendencia sea creciente, se producen altibajos periódicos.

Yo voy a proponer aquí una variante de las que se llaman "teorías psicológicas del ciclo". Yo afirmo que las fluctuaciones económicas se deben a que la gente no sabe Historia; se trata de una variante del conocido aforismo de George Santayana, no por manido menos atinado: "Los que no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo".

La mayor parte de los seres humanos se comporta como si el presente fuera a durar indefinidamente: más técnicamente, extrapolan el presente hacia el futuro. Las decisiones económicas se toman como si el futuro fuera a ser una simple continuación del presente, lo cual implica pensar que la economía va a evolucionar de manera continua y no cíclica. Y esto es, precisamente, lo que causa los ciclos: que no se cree que vayan a tener lugar. En economía a menudo las expectativas se cumplen por sí mismas. Pero en otros casos, como en éste, se produce el efecto contrario: las expectativas, a la larga, se tornan contra sí mismas. La razón es sencilla, y la historia está llena de ejemplos: si las acciones suben en Bolsa, los ahorradores suponen que las subidas van a continuar, y compran; las compras hacen subir las cotizaciones, por lo que las expectativas se cumplen y aumentan los ahorradores deseosos de comprar. Las cotizaciones siguen subiendo; pero llega un momento en que los dividendos resultan insignificantes ante el precio de las acciones: los ahorradores dejan de comprar y las cotizaciones caen. Los accionistas suponen que van a seguir cayendo, y venden, lo cual hace que, en efecto, sigan cayendo. Ya tenemos aquí un ciclo económico. Este ejemplo simplificadísimo se puede dar igualmente en el mercado inmobiliario, en el de las materias primas y hasta en el de las flores (es famosa la burbuja de los tulipanes en la Holanda del XVII). El fenómeno se viene dando desde tiempo inmemorial; ya en años bíblicos, el casto José interpretó el sueño de las vacas gordas y las vacas flacas del faraón como una premonición del inminente ciclo económico.

Resulta sorprendente, sin embargo, que personas que, si no la Biblia, sí debieran al menos conocer la historia reciente, se sorprendan ante la llegada de una nueva crisis. Cierto es que éstas cada vez revisten una forma algo diferente de la anterior; pero en esencia el mecanismo es siempre el mismo. Sin embargo, los agentes económicos, incluso los especialistas, incurren una vez tras otra en la ilusión de creer que por fin se ha dado con la fórmula mágica del crecimiento continuo. Así ocurrió hace ocho años con la crisis de las empresas tecnológicas (las famosas puntocom), hace 16 con el Sistema Monetario Europeo (que se pensó que era algo milagroso que garantizaba la estabilidad de las equivalencias monetarias aunque divergieran los niveles de inflación), etcétera.

Pero la gran pregunta es: ¿cuánto va a durar esta crisis? ¿Dice algo la Historia sobre eso? Lo único claro es que puede durar 10 años, como duró la "crisis del petróleo" de mediados de los setenta a mediados de los ochenta, o la "Gran Depresión" de los años treinta, o la crisis japonesa de los noventa. Cierto es que las más recientes que antes cité duraron menos, unos dos o tres años. Pero esta crisis lleva visos de ser duradera a nivel internacional porque existen graves incertidumbres acerca de los precios relativos de productos tan importantes como el petróleo y los alimentos, porque esta larga década precedente de bajos tipos de interés ha estimulado inversiones en sectores cuya viabilidad está ahora en entredicho y porque, tras las recientes catástrofes bolsísticas, llevará mucho tiempo reconstruir un sistema internacional de crédito, hoy en ruinas.

En contra de las afirmaciones optimistas de algunos políticos (cada vez menos), la perspectiva para España no puede ser halagüeña, en gran parte porque, incomprensiblemente, el Gobierno del partido socialista no ha sido consecuente con los diagnósticos que sus más distinguidos economistas habían hecho cuando estaban en la oposición, afirmando que el crecimiento económico basado en la construcción inmobiliaria estaba abocado tarde o temprano a una crisis como la que hoy padecemos. Y, sin embargo, una vez en el poder, muy poco se hizo para prevenir una crisis lúcidamente anunciada: ni frenar el gasto para aumentar el superávit en tiempos de bonanza, ni reformar las estructuras distributivas para mejorar la competitividad y moderar los precios, ni modernizar los centros de enseñanza superior e investigación para librarnos de la dependencia tecnológica y mejorar la productividad. El casto José fue más previsor.

Si queremos una recomendación eficaz para paliar futuras crisis, aquí va una: estudiar más Historia. Tiene mucho que enseñarnos. (El País, 25/09/08)





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El profesor Gabriel Tortellá





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