jueves, 19 de marzo de 2026

EL SABOR DEL CAFÉ. ESPECIAL TARDE DE HOY JUEVES, 19 DE MARZO DE 2026

 







Anthropic se ha convertido en el chivo expiatorio de un sistema disfuncional, pero podría ser su correctivo. Toda familia disfuncional con un narcisista en su centro es una estructura rígida y cerrada cuyo objetivo esencial es proteger el ego del narcisista y sostener la fachada de éxito, felicidad o eficiencia que proyectan para tapar la disfunción. Cuando uno de sus miembros se niega a cooperar con esa dinámica y empieza a señalar incoherencias, abusos y mentiras, el sistema se defiende como si se tratara de un virus extraño y letal. Invariablemente, es etiquetado como difícil, rebelde, desagradecido y problemático. Si no se reforma a tiempo para restaurar el equilibrio, se convertirá en el chivo expiatorio de todo el clan.

Ese proceso tiene dos fases. La primera tratará de forzar la reintegración al rol asignado, empezando por negar su percepción de la realidad. Por ejemplo: “yo nunca dije eso”, “eso nunca ha ocurrido”, “el único problema eres tú”. Hay manipulación, amenazas y culpa (vas a matar a tu madre a disgustos, estás destruyendo la familia). Hay triangulación con otros miembros (deja, que ya se lo pido a tu hermano) y un espectro de castigos emocionales, distancia, violencia, desprecio frontal. Si el rebelde mantiene sus límites, pueden pasar dos cosas: o bien es marginado y anulado dentro de la propia familia, con una carga importante de responsabilidades no ejecutivas pero despojado de derechos y capacidad de decisión; o bien es expulsado y desterrado, con la prohibición expresa de no volver a tener contacto con él. Esta última fase tiene una función disciplinaria: penalizar al díscolo y avisar a los demás. Imponer un castigo visible y ejemplarizante es un mecanismo de control. Sirve para reforzar la autoridad del líder y disuadir a otros miembros de cuestionar el statu quo. Esto es, punto por punto, lo que está pasando entre Anthropic y la Administración de Donald Trump.

El contrato que Anthropic firmó con el Gobierno en 2025 estipulaba que Claude no sería utilizado para dirigir armas letales autónomas ni para facilitar la vigilancia masiva doméstica. El Gobierno así lo aceptó. El 14 de febrero de 2026, la Administración de Trump informó a Anthropic de que cancelarían el contrato si se mantenían las restricciones. Cuando las mantuvieron, el aviso escaló y se desdobló en dos amenazas paralelas y mutuamente excluyentes. Podían invocar una ley de emergencia industrial de la guerra fría que obligaría a la empresa a ponerse al servicio total del Gobierno; o podrían declarar a la compañía “riesgo para la seguridad”, con lo que perdería no solo el acceso a contratos gubernamentales sino también a cualquier relación comercial con otros proveedores de los que depende, como Nvidia o AWS. La lista de tecnológicas que se consideran un riesgo inaceptable para la seguridad nacional de Estados Unidos es muy corta. Hay solo 10 y todas son chinas salvo una, la rusa Kaspersky Labs.

Para el sistema disfuncional, la persona que expone esa dinámica y le pone límites es más peligrosa que la disfunción misma. Su estabilidad es más importante que la verdad. Y el coraje es contagioso. La violencia demuestra su vulnerabilidad. Anthropic ha demandado al Gobierno por su postura ética sobre el uso de la inteligencia artificial (IA) y por vulnerar su derecho constitucional a la libre expresión. Si, en lugar de cerrar filas en torno al narcisista, suficientes miembros de la familia se oponen al régimen y deciden unirse para establecer límites éticos y reales en el uso militar de su tecnología, entonces el poder perderá su fuerza. MARTA PEIRANO es escritora. Su artículo titulado El régimen contra la tecnológica se publicó en El País el 16 de marzo de 2026.

















AGURRA NIRE HERRIALDEKO HIZKUNTZETAN. GAUR, OSTEGUNA, 2026KO MARTXOAREN 19A, EUSKARAZ

 






Kaixo, egun on berriro guztioi, eta ostegun zoriontsua. Bihar, ostirala, udaberriko ekinozioa da Ipar Hemisferioan eta udazkeneko ekinozioa ekuatorearen hegoaldean. Gerra? Berri txarrak, galdetzeagatik eskerrik asko. Gaurko blogeko sarrerak ikus ditzagun. Lehenengoak, Robert Reich ekonomialariak idatziak, galdetzen du: "Nork ateratzen du onura Trumpen gerratik?" eta bere erantzuna ezin da argiagoa izan: bere lagun eta babesle nagusiak, eta Vladimir Putin. Bigarrenean, 2012ko martxoko blogeko sarrera artxibatu batean, Arendtek gogotsu bat egiten du eguneko oroitzapenarekin: Cádizko Konstituzioaren bigarren mendeurrena, gure herrialdeko lehen Konstituzioa eta Europako lehen konstituzio liberala, zeinarekin jaio zen Espainiako Nazioa historiaren subjektu eta protagonista gisa. Gaurko poemak, hirugarren atalean, "Glosa" du izenburua eta María Gertrudis Hore Ley poeta ilustratuarena da. Laugarren atalean, beti bezala, marrazki bizidun umoretsuak daude, eta amaitzeko, egunero bezala, "Arratsaldeko Kafearen Zaporea" eta gaueko eskaintza bereziak, baldin badaude. Tamaragua, lagunok. Bihar arte, Zorte Andereak nahi badu. Zoriontsu izan. Musuak. Maite zaituztet. Harendt












ENTRADA NÚM. 10035

¿QUIÉN SALE GANANDO CON LA GUERRA DE TRUMP? SIGUE EL RASTRO DEL DINERO: TRUMP, SUS PRINCIPALES PATROCINADORES Y VLADIMIR PUTIN

 







Amigos, hoy quiero hablar sobre quiénes son los que más se benefician de la guerra de Trump. Esa guerra le está costando a Estados Unidos alrededor de mil millones de dólares al día. El presupuesto del Pentágono ronda el billón de dólares este año, y Trump quiere 500 mil millones adicionales. Debido a la guerra, el precio del petróleo ha superado los 100 dólares por barril, y el precio promedio de un galón de gasolina en las gasolineras estadounidenses es ahora de 3,67 dólares , frente a los 2,92 dólares anteriores a la guerra.

La presión sobre el presupuesto federal ha dado a los republicanos una excusa para exigir más recortes en la asistencia federal a las personas necesitadas. JD Vance inició recientemente una "guerra contra el despilfarro y el fraude" al anunciar la suspensión de los pagos de Medicaid a Minnesota, alegando que el programa está plagado de fraude perpetrado por " personas inescrupulosas de nuestra sociedad ... [que] deciden enriquecerse ".

Pero si lo que se busca es verdadero despilfarro y fraude, no hay más que fijarse en el libro "Department of War" de Pete Hegseth. Un nuevo análisis realizado por el organismo de control gubernamental Open the Books reveló que, al finalizar el año fiscal 2025, el Pentágono de Hegseth gastó: casi 100.000 dólares en un piano de cola Steinway para equipar la residencia del jefe de Estado Mayor de la Fuerza Aérea; 60.719 dólares en muebles de oficina de alta gama, incluyendo al menos una lujosa silla Aeron de 1.844 dólares; 12.540 dólares en soportes de tres niveles para cestas de fruta; 2 millones de dólares en cangrejo real de Alaska, 6,9 millones de dólares en cola de langosta, 15,1 millones de dólares en filete de chuletón y 1 millón de dólares en salmón; 124.000 dólares en máquinas de helados; y 26.000 dólares en mesas para la preparación de sushi.

El Pentágono ha suspendido todas las auditorías desde que se le exigió legalmente que comenzara a presentarlas en 2018 , y los informes indican que seguirá suspendiéndolas al menos hasta 2028. Las crecientes ganancias de los contratistas militares se ven favorecidas por su casi monopolio en la producción de defensa. Desde la década de 1990, el número de contratistas principales del Departamento de Defensa se ha reducido de 55 a cinco. Sigue el rastro del dinero.

Estos gigantes han gastado más en enriquecer a sus inversores que en expandir la producción. Entre 2020 y 2025, los principales contratistas militares destinaron 110.000 millones de dólares a la recompra de acciones y dividendos —más del doble de lo que gastaron en inversiones de capital—, lo que impulsó el valor de sus acciones y las remuneraciones de sus directores ejecutivos. ¿Y quiénes son sus mayores inversores y directores ejecutivos? Los leales a Trump.

Oracle, la empresa de Larry Ellison, proporciona a la maquinaria bélica de Hegseth infraestructura en la nube y software empresarial. (Cabe recordar que Ellison es la segunda persona más rica de Estados Unidos y un fiel seguidor de Trump, a punto de convertirse en dueño de un imperio mediático que incluye CBS, CNN, TikTok, Comedy Central y HBO). SpaceX, la empresa de Elon Musk, ha conseguido contratos multimillonarios para el lanzamiento de satélites sensibles y la vigilancia espacial. xAI, también de Musk, ha recibido un contrato del Pentágono para desarrollar herramientas avanzadas de inteligencia artificial. (Cabe recordar que Musk es la persona más rica del mundo y gastó 250 millones de dólares en la campaña para la reelección de Trump en 2024). Palantir Technologies, la empresa de Peter Thiel, ha conseguido contratos de defensa multimillonarios, incluido un acuerdo de 10.000 millones de dólares con el Ejército de EE. UU. para proporcionar análisis de datos basados ​​en IA y software para integrar sistemas de IA, vigilancia y gestión del campo de batalla. (Cabe recordar que Thiel es un multimillonario que contribuyó con 1,25 millones de dólares a la campaña presidencial de Trump en 2016, incluyendo 1 millón de dólares a un super PAC a favor de Trump, y posteriormente con 10 millones de dólares para la elección de JD Vance al Senado de EE. UU. en 2022). Sin olvidar a las grandes petroleras, que ahora disfrutan de ganancias extraordinarias gracias al alza de los precios mundiales del petróleo. (Recordemos que Trump pidió a los ejecutivos de las petroleras mil millones de dólares para su campaña de 2024 a cambio de favores no revelados).

Entre otros que se benefician de la agitación se encuentra Jared Kushner, yerno de Trump y uno de los principales negociadores del gobierno estadounidense en Oriente Medio, quien se dedica a recaudar al menos 5.000 millones de dólares o más para su firma de inversión de capital privado de gobiernos de Oriente Medio, incluido el Fondo de Inversión Pública de Arabia Saudí. Por último, está Vladimir Putin, aliado intermitente de Trump. En tan solo dos semanas de guerra, Rusia ha obtenido unos 6.900 millones de dólares gracias al aumento de los precios del petróleo y al levantamiento de las sanciones.

¿Qué hacer? Como mínimo, el Congreso debería: Prohíbir a los contratistas de defensa hacer donaciones a campañas políticas o ejercer presión en el Congreso. ¿Por qué deberían los contribuyentes subvencionar estas actividades? Gravar las ganancias extraordinarias derivadas de la guerra de Trump (o de cualquier guerra). Estados Unidos ya ha gravado las ganancias extraordinarias en tiempos de guerra. Dado el volumen de las ganancias extraordinarias actuales, necesitamos que esto vuelva a suceder. Recortar el presupuesto de defensa. Comiencen reduciéndolo un 10% cada año que no supere las auditorías. Esto es especialmente importante durante la era Trump-Hegseth, caracterizada por el desmesurado gasto en defensa. Mientras Trump y sus republicanos controlen el Congreso y el poder ejecutivo, estas reformas no tienen ninguna posibilidad. Aun así, los demócratas deberían presentarlas e impulsarlas. Que Trump y sus republicanos dejen constancia de su voto en contra. ROBERT REICH es economista y profesor de la Universidad de California en Berkeley. Este artículo se publicó en Substack el 15 de marzo de 2026.





















ENTRADA NÚM. 10034


DEL ARCHIVO DEL BLOG. HOY, CÁDIZ, 1812. NACIÓN ESPAÑOLA Y CONSTITUCIÓN. PUBLICADO EL 19/03/2012. (REEDITADO)

 







Me sumo con enorme respeto y admiración al homenaje que el pueblo español rinde en estos días a esos otros españoles de "ambos hemisferios", hijos de la Ilustración, que mañana hace justamente doscientos años, promulgaban en la ciudad de Cádiz la primera Constitución de nuestro país,  la primera constitución liberal de Europa, y que con ello hacían nacer la Nación española como sujeto y protagonista de la historia patria.  

Pueblo, patria, país, nación, estado: He utilizado cinco términos que coloquialmente pueden ser considerados como sinónimos pero que histórica, jurídica y políticamente designan realidades distintas. En el Diccionario de Política (Siglo XXI, Madrid, 1994) de Norberto Bobbio, Nicola Matteucci y Gianfranco Pasquino, ni tan siquiera figuran las voces "patria" o "país", y las tres restantes reciben tratamiento desigual: diez páginas la de "estado", cinco la de "nación", y dos la de "pueblo". 

Que el 19 de marzo de 1812 nacía la "Nación española", no es una afirmación gratuita. Contra lo que suele pensarse habitualmente el "Estado" no es una creación de la "Nación", sino, precisamente, lo contrario: es el Estado el que crea la Nación como entidad política. Por supuesto que España existía como Estado antes de esa fecha, pero no como nación. Antes de la Revolución Francesa y de la proclamación solemne de la Declaración de los Derechos del Hombre y de los Artículos de Constitución, en Octubre de 1789, existía el Estado francés, pero no la Nación francesa. Es el cambio de súbditos a ciudadanos que conlleva la revolución (en Estados Unidos, en Francia, en España, Iberoamérica, Alemania e Italia) y la promulgación de  sus respectivas Constituciones las que crean las nuevas realidades nacionales como sujetos y protagonistas de la Historia.

Desde la página electrónica de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, creada en 1988 por la Universidad de Alicante, y sostenida en la actualidad por la Fundación de ese mismo nombre que preside Mario Vargas Llosa, pueden acceder al portal dedicado a la Constitución española de 1812. Un portal temático que, bajo la dirección científica del profesor Ignacio Fernández Sarasola, de la Universidad de Oviedo, y en colaboración con Fernando Reviriego Picón, de la Universidad Nacional de Educación a Distancia, ofrece un amplio e impresionante catálogo de textos sobre la primera Constitución promulgada en España: contexto histórico, documentos, cronología, bibliografía, estudios, imágenes y enlaces de interés. Les animo a visitarlo y disfrutar de su contenido, así como de los vídeos que incorporo a la entrada.

También pueden ustedes acceder al monográfico especial que la Revista de Historia Constitucional, su número 13, editada también por la Universidad de Oviedo, dedica a la Constitución de Cádiz con motivo de su bicentenario. Más de 800 páginas con decenas de artículos publicados por los más eminentes y prestigiosos historiadores, profesores y politólogos en homenaje a nuestra primera constitución-

Con cierta dosis de nostalgia, no exenta de cariño, rememoro con ocasión de la fecha que conmemoramos dos entradas anteriores del blog sobre este mismo asunto del bicentenario de la Constitución de Cádiz: Una, publicada el 20 de abril de 2009, con el título de Los fastos de Cádiz. Carta abierta a la ministra de Cultura; la otra, de fecha 9 de abril de 2010, titulada Historiadores y fastos patrios, que espero les resulten interesantes.

Y como colofón de la efeméride pueden leer el artículo 1812: Cuando España quiere ser moderna e ilustrada" que en El País del 19 de marzo publicaba José María Lasalle, secretario de estado de Cultura, que dice así: Hace dos siglos las columnas de Hércules del Antiguo Régimen fueron desbordadas con la aprobación de la Constitución de Cádiz. El 19 de marzo de 1812 fue una jornada de júbilo que el pueblo gaditano celebró en las calles sin importarle el runrún homicida del cañoneo francés ni el aguacero ventoso que acompañó las celebraciones que festejaron que España daba forma a su recobraba libertad frente a la tiranía. Cádiz se sumergió en una fiesta cívica que, años después, Alcalá Galiano relató en sus Recuerdos como un día glorioso de fiesta que marcó el comienzo de un tiempo histórico revolucionario. El nacimiento de La Pepa fue un “aquí y ahora” que coincidió con el aniversario de la subida al trono de Fernando VII y que desgarró nuestra historia colectiva con uno de esos hitos que marcan un antes y un después que fracturan el tiempo e inauguran una época de cambio que altera la existencia secular de toda una nación. España proclamó a los cuatro vientos que era mayor de edad. Dijo al mundo que inauguraba un régimen basado en la soberanía nacional, la división de poderes con supremacía de las Cortes, los derechos individuales y la monarquía moderada. Poco importaba que lo hiciera en medio de vicisitudes y tribulaciones que ponían en cuestión la hazaña de un pueblo que se reivindicaba a sí mismo como dueño de su destino. España quería ser moderna e ilustrada para evitar los “abusos del poder”, la “arbitrariedad” y contribuir con su ejemplo a que la “justicia y el bien de la patria” fueran materializadas como un empeño de todos frente a los tiranos que la habían “oprimido y desolado”, convirtiéndola “en un campo de sangre, de escombros y ruinas”.

El impulso transformador de aquella jornada sigue vivo dos siglos después. No sólo porque el aliento de progreso que la hizo posible sigue provocando nuestra admiración, sino porque se convirtió en una de esas fechas que, como sucede con el 4 de julio de 1776 para los norteamericanos o el 14 de julio de 1789 para los franceses, identifican el soporte de dignidad colectiva en el que un país se reconoce a sí mismo al dar la medida de aquello que aspira a ser. El 12 de marzo de 1812 la Ilustración soñada durante todo el siglo XVIII fue hecha realidad. Desde entonces, la modernidad política y social puso su pie en nuestro país a pesar de las penalidades que luego acompañarían su discurrir decimonónico. Quizá porque, como Blanco White advertía tempranamente desde las páginas del Semanario: “Se enuncian y examinan los principios políticos en una nación a quien todavía Europa creía, por larga y continua opresión, ajena enteramente de semejantes investigaciones y sumida en la más profunda ignorancia”. Y es que España protagonizó en 1812 una revolución de progreso cuya andadura fue lenta y llena de vaivenes, pero que finalmente dio los frutos que hoy disfrutamos gracias a una experiencia colectiva de sangre y fuego que arrancó con aquellas aclamaciones y vivas a La Pepa y a los padres de la patria que sacudieron las callejuelas gaditanas de hace dos siglos. No cabe duda de que fue una proclamación de sentimientos que recorrió de un lado a otro la isla de León, pero, al mismo tiempo, sacó a la superficie la vieja aspiración de modernidad que había ido abriéndose camino a lo largo del siglo XVIII. Precisamente por ello, la concreción constitucional de aquel esfuerzo generacional centenario fue capaz de imponerse en medio del sufrimiento colectivo de una nación que no dudó en desafiar a los invasores franceses y la resistencia cerril del absolutismo. Lo hizo gracias a un puñado de patriotas liberales que fraguaron los ideales de nuestra frágil pero intensa Ilustración. Frágil porque el despotismo reaccionó contra ella de forma organizada y sistemática a partir del reinado de Carlos IV, socavando las raíces institucionales de la Ilustración y persiguiendo a sus promotores con una pinza de ortodoxia que aunó el trono y el altar. Intensa porque los ilustrados, a pesar de las dificultades, constituyeron una poderosa corriente reformista que, iniciada con Macanaz y Feijoo llegó hasta Jovellanos y Floridablanca. Gracias a ella, España recuperó su aliento de heterodoxia y restableció una circulación trasatlántica que americanizó nuestro continente con el semblante de la esperanza mientras el Nuevo Mundo fue receptor de apetitos europeos de cambio que contribuyeron con el tiempo a su independencia.

Un puñado de liberales consiguió fraguar una Constitución en medio del sufrimiento colectivo

De aquel esfuerzo ilustrado brotó lo mejor que aportó a nuestra historia el siglo que media entre la Guerra de la Sucesión y la Guerra de Independencia. Se diagnosticaron nuestros problemas y se propusieron las soluciones, tal y como el abate Gándara al comienzo del reinado de Carlos III se encargó de detallar en sus Apuntes sobre el bien y el mal de España. Es indudable que faltaron los medios y que las voluntades no fueron lo suficientemente enérgicas. Con todo, contemplado desde la distancia del siglo XXI, el legado de la Ilustración inundó de luz una época que, a pesar de las resistencias, fue un avance y un progreso para España. Ya lo planteó hace varias décadas Antonio Elorza en La ideología liberal en la Ilustración española y, de un modo otro, la hazaña política que representa la Constitución de 1812 lo demuestra. Sería interesante, transcurridos dos siglos desde entonces, que se delimitará con mayor precisión las pulsiones ilustradas que, de forma subterránea, se proyectaron en la cobertura institucional que hicieron emerger las Cortes de Cádiz desde el inicio de sus sesiones el 24 de septiembre de 1810. No hay que olvidar que los dos primeros decretos que surgieron de ellas fueron la proclamación de la soberanía nacional y la libertad de prensa. En este sentido, sería interesante estudiar con mayor detalle la influencia directa que ejerció el empirismo anglosajón y la tradición whig sobre el discurso de la Ilustración española y el liberalismo que adquirió carta de naturaleza en Cádiz. Sobre todo cuando resulta evidente que esta influencia fue notable en Jovellanos. Hasta el punto de dibujar en su obra una senda norteña que arranca de Locke y que continúan Hume, Adam Smith y Ferguson y que fue transitada también por aquel círculo anglófilo de la Junta Chica que, en marzo de 1810, reunía Quintana en la Secretaría de la Junta Central y del que formaban parte protegidos de Jovellanos como Argüelles y Flórez Estrada.

El texto que identifica nuestra primera Carta Magna condensa, en un breve espacio temporal y un parco reducto físico, un acontecimiento sobrecogedor en términos históricos. Primero, porque cuajó entre los muros que defendían Cádiz de la marea napoleónica, la grandeza cívica de aquella divina libertad que Goya retrató de rodillas y con las manos abiertas. Y segundo, porque en medio de la dislocación de la monarquía, la invasión francesa y la guerra civil, los representantes de un pueblo diseminado por dos hemisferios, fueron capaces de proclamar sin miedo que querían ser soberanos y libres para decidir por dónde querían transitar. La épica de sus protagonistas merece que sigamos sintiendo el estremecimiento de aquella gesta colectiva. Máxime cuando al cabo de un par de años, el golpe de la reacción cayó sobre sus cabezas con el azote de la cárcel y el exilio. Desde entonces, el desarraigo y la tribulación fueron los compañeros de viaje de los liberales gaditanos y, con ellos, de aquella España que quería vivir en paz y concordia para fructificar bajo el paraguas de la razón y la tolerancia. Cuando hoy celebramos la proclamación de La Pepa, bien merecería que nuestro reconocimiento se centrara en aquellos que se dieron a sí mismos el nombre de liberal porque, como señalaba El Diario Mercantil de Cádiz, era: “El amigo de que el ciudadano goce de aquella justa libertad que sólo sujeta a la razón o lo que es lo mismo a la ley que exija de ésta”. Lástima que la sinrazón servil y la arbitrariedad se cebaran sobre ellos con tanta saña a partir de entonces. Del ejemplo cívico que fundó la tercera España seguimos viviendo.

















ENTRADA NÚM. 10033


DEL POEMA DE CADA DÍA. HOY, GLOSA, DE MARÍA GERTRUDIS HORE LEY

 







GLOSA




¡Oh ser que me das el ser,

toma este ser que me das,

que yo no quiero ser más,

que ser en quien es mi ser!

Puede, tal vez, engañada

la humana naturaleza,

tener por propia riqueza,

la que de ti es derivada.

Y entonces, precipitada,

engreírse más y más.

Tú, señor, que viendo estás

lo que mi engaño no advierte,

si con él he de ofenderte,

toma este ser que me das.

¡Ay mi Dios!, ¿sin ti qué fuera

este envanecido ser,

que sólo con tu querer

en nada se resolviera?

Cuando pienso en lo que era

y soy, temo lo que harás

conmigo, y al ver que estás

pronto a castigar mi error,

te entrego mi ser, Señor,

que yo no quiero ser más.




MARÍA GERTRUDIS HORE LEY (1742-1801)

poetisa española




***




MARÍA GERTRUDIS HORE LEY (1742-1801) fue conocida como HIJA DEL SOL (o H.D.S. que era como firmaba sus escritos).Nació en Cádiz de padres irlandeses, ricos comerciantes. Era tan bella, que sus conciudadanos, los gaditanos de la segunda mitad del siglo XVIII, la designaban con el apodo de "Hija del Sol". Fue visitante asidua de las tertulias de Madrid y Cádiz. Se hallan sus poemas en el "Correo de Madrid", en el "Semanario de Cartagena" (1787) y en el "Diario de Madrid"(1795-1796). Entre los títulos más relevantes de su obra se cuentan "Aviso a una joven que va a salir al mundo", "Deprecación"... y "Traducción del Hymno Stabat Mater". María Gertrudis Hore despertó la pasión y la polémica en su tierra no solo por sus conocimientos y su erudición, sino también por su misteriosa existencia de mujer rica, atrapada entre el Siglo de las Luces y la clausura. Doscientos años después de su muerte ocupa un merecido lugar en el mundo de las letras en lengua española.

























ENTRADA NÚM. 10032

DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY JUEVES, 19 DE MARZO DE 2026

 





























ENTRADA NÚM. 10031

miércoles, 18 de marzo de 2026

EN EL 250 ANIVERSARIO DE LA RIQUEZA DE LAS NACIONES, EL REVOLUCIONARIO TEXTO DE ADAM SMITH. ESPECIAL TRES DE HOY MIÉRCOLES, 18 DE MARZO DE 2026

 







Amigos, hoy les traigo una publicación más larga de lo habitual, que no trata sobre Trump, ni sobre su guerra, ni sobre Jeffrey Epstein, ni siquiera sobre la política estadounidense. Trata sobre algo más poderoso que todo eso: una idea. Una idea que mucha gente malinterpreta fundamentalmente.

Hace 250 años, Estados Unidos no solo declaró su independencia de Gran Bretaña, sino que el hombre considerado el padre de la economía conservadora publicó su obra cumbre, La riqueza de las naciones, hace 250 años este mismo mes. Eso también fue revolucionario.

La obra maestra de Adam Smith es uno de esos clásicos excepcionales que casi todo el mundo conoce, muchos citan, pero muy pocos han leído. Sin embargo, aborda temas tan actuales y relevantes hoy como lo eran a finales del siglo XVIII: empleo, salarios, política, gobierno, comercio, educación, negocios y ética. Y distaba mucho de ser conservador, ni entonces ni ahora.

Smith no era un «economista» en el sentido estricto de la palabra, ni escribía con una jerga complicada y matemáticamente compleja, comprensible solo para otros especialistas. Se autodenominaba «filósofo moral», empeñado en explicar por qué las personas y las sociedades funcionan como lo hacen, y también cómo deberían funcionar.

Escribió para el público en general con un estilo que aún se conserva: a menudo ingenioso; rico en digresiones sobre historia, religión y temas de actualidad como los "disturbios" en las colonias americanas; y lleno de vívidas ilustraciones y metáforas para ilustrar sus ideas.

La época en que vivió Adam Smith estaba repleta de las consecuencias de una idea completamente nueva. El antiguo orden de la Iglesia y la prerrogativa real estaba cediendo terreno al concepto revolucionario de que las sociedades existían para las personas que las integraban.

No es casualidad que Una investigación sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones (título que suele abreviarse como La riqueza de las naciones) apareciera el mismo año en que los estadounidenses se declararon ciudadanos libres e independientes, con un derecho natural a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.

Los principales pensadores de la Ilustración, como se conoce ahora a esta época, daban por sentado que los individuos se esforzarían de forma natural e inevitable por mejorar sus vidas, para maximizar su propia satisfacción y felicidad.

Esto no significaba que la gente fuera egoísta ni que no le importaran el patriotismo o la religión. Significaba, simplemente, que su motivación fundamental era mejorar su situación en la vida. Por consiguiente, una buena sociedad era aquella que permitía a sus ciudadanos lograrlo.

Las ideas de Adam Smith encajan a la perfección con esta nueva concepción democrática. Para él, la «riqueza» de una nación no se determinaba por el tamaño del tesoro de su monarca ni por la cantidad de oro y plata en sus arcas, ni por la valía espiritual de su pueblo a los ojos de la Iglesia.

La riqueza de una nación debía medirse por el valor total de todos los bienes que su pueblo producía para el consumo de todo su pueblo. Para un lector del siglo XXI, esta afirmación puede parecer obvia. En su momento, fue una visión democrática revolucionaria.

La riqueza de las naciones trata fundamentalmente sobre los seres humanos: sus capacidades e incentivos para ser productivos, su bienestar general y la conexión entre productividad y bienestar.

En la primera frase de su Introducción, Smith arremete contra los mercantilistas y declara: «El trabajo anual de cada nación es el fondo que originalmente le proporciona todas las necesidades y comodidades de la vida...». Y dos párrafos más adelante afirma que la riqueza de una nación crece debido a «la habilidad, la destreza y el juicio con que se aplica generalmente su trabajo...».

La preocupación de Smith por todos los trabajadores de una nación es evidente. En un país rico, «un trabajador, incluso de la clase más humilde y pobre, si es frugal y trabajador, puede disfrutar de una mayor parte de las necesidades y comodidades de la vida que cualquier salvaje». En el resto del libro explica por qué esto es así.

Si bien la obra anterior de Smith, La teoría de los sentimientos morales, mostraba cómo las personas normales y egoístas podían emitir juicios morales consultando a un "espectador imparcial" interno (similar a su conciencia), en La riqueza de las naciones Smith explicaba cómo esas personas contribuirían automáticamente al bienestar de los demás incluso sin tales consultas, simplemente persiguiendo sus propios fines.

«No es de la benevolencia del carnicero, del cervecero o del panadero de donde esperamos nuestra cena», escribe Smith, en uno de los pasajes más citados en la historia del pensamiento económico, «sino de su propio interés. Nos dirigimos no a su humanidad, sino a su amor propio…».

Con unos pocos trazos de su pluma, Smith proporcionó así una justificación moral a motivos que habían sido moralmente sospechosos en el pensamiento occidental durante miles de años.

¿Cómo puede el comportamiento egoísta —los “intereses y pasiones privadas” que Smith denomina— contribuir al bien común? Según él, mediante una “mano invisible”, quizás la metáfora corporal más famosa, o infame, de todas las ciencias sociales.

Con la expresión "mano invisible", Smith no se refería a una fuerza mística; hablaba de un mercado sin restricciones impulsado tanto por la competencia entre vendedores que buscan su propio beneficio como por compradores que buscan las mejores ofertas posibles para sí mismos.

Si los vendedores producen muy poco de un producto para satisfacer la demanda, por ejemplo, el precio subirá hasta que otros vendedores intervengan para cubrir la demanda. Si algunos vendedores cobran un precio demasiado alto desde el principio, otros intervendrán y ofrecerán un precio más bajo.

Sin obstáculos, la mano invisible distribuirá los bienes de manera eficiente. Pero para Smith, la clave para la creación de riqueza residía en la división del trabajo, mediante la cual los individuos se especializan en hacer o producir algo en particular.

Smith ilustra este principio de forma magistral haciendo referencia a la fabricación de alfileres en el tipo de pequeñas fábricas que caracterizaron los primeros años de la Revolución Industrial.

“Un hombre estira el alambre, otro lo endereza, un tercero lo corta, un cuarto le da punta, un quinto lo afila en la parte superior para colocar la cabeza; para hacer la cabeza se requieren dos o tres operaciones distintas… He visto una pequeña fábrica de este tipo donde solo trabajaban diez hombres… [que] podían fabricar entre todos más de cuarenta y ocho mil alfileres al día.”

Él contrasta esto con la probable producción de individuos que intentaron fabricar todos los alfileres por sí mismos. “[S]i todos hubieran trabajado por separado e independientemente... ciertamente no podrían haber hecho cada uno veinte, tal vez ni un solo alfiler en un día. . . .”

La especialización mejora la productividad porque permite a los trabajadores adquirir mayor destreza en sus tareas específicas, los motiva a descubrir formas más eficientes de realizarlas y les ahorra el tiempo que supone cambiar a diferentes tareas.

Aquí, Smith se percató de algo que los gerentes modernos suelen pasar por alto: la innovación a menudo comienza con los trabajadores más cercanos a los proyectos en los que se está trabajando.

“Una gran parte de las máquinas utilizadas en aquellas industrias donde el trabajo está más subdividido, fueron originalmente inventos de obreros comunes, quienes, al estar cada uno de ellos empleado en alguna operación sencilla, naturalmente dirigieron sus pensamientos hacia la búsqueda de métodos más fáciles y rápidos para realizarla.”

Para aprovechar al máximo la especialización, el mercado debe ser lo suficientemente grande. Al fin y al cabo, de poco sirve fabricar cuarenta y ocho mil pines si no hay suficientes compradores. Cuanto mayor sea el mercado, mayores serán las oportunidades de especialización.

De ello se deduce que las barreras al comercio, tanto dentro de un país como entre naciones (regulaciones, licencias, aranceles, cuotas y otras medidas de protección del mercado), reducen la riqueza potencial.

En casos extremos, la necesidad de autosuficiencia provoca dificultades, como en "las casas aisladas y los pueblos diminutos que se encuentran dispersos en un país tan desértico como las Tierras Altas de Escocia, [donde] cada agricultor debe ser carnicero, panadero y cervecero para su propia familia".

Smith no vivió para ver la industrialización a gran escala ni las escandalosas condiciones de pobreza urbana, lugares de trabajo inseguros, trabajo infantil y contaminación que marcaron los siglos XIX y XX.

Una de las ironías en la historia de las ideas es que La riqueza de las naciones —un libro dedicado a mejorar el bienestar del hombre común y no solo de los comerciantes o la nobleza— haya sido utilizado por la creciente clase de industriales como justificación para no intentar remediar estos y otros males sociales relacionados.

Smith no se oponía al gobierno en sí mismo. Se oponía al uso que los intereses económicos hacían del gobierno para obstaculizar el comercio en beneficio propio. «Rara vez se reúnen personas del mismo oficio, ni siquiera para divertirse, sin que la conversación termine en una conspiración contra el público o en alguna maniobra para subir los precios», advirtió.

Estas conspiraciones contra el público dieron lugar a monopolios, preferencias restrictivas, privilegios y protecciones que perjudicaron al ciudadano común, al tiempo que enriquecieron a intereses creados con el poder de "intimidar al poder legislativo" para que les concediera lo que querían.

De hecho, a Smith le preocupaban las consecuencias del trabajo fabril para el carácter de los trabajadores. Un obrero obligado a realizar la misma operación sencilla repetidamente no tendría «ninguna ocasión para ejercitar su entendimiento ni su ingenio para encontrar soluciones a las dificultades», pensaba Smith. Por consiguiente, dicha persona «pierde el hábito de ese esfuerzo y, en general, se vuelve tan estúpida e ignorante como puede llegar a ser un ser humano».

Smith advirtió que las virtudes del trabajador declinarían "a menos que el gobierno se esfuerce por evitarlo", incluyendo la provisión de educación.

Smith arremetió contra la Ley de Pobres inglesa, que ponía a los desempleados en una situación imposible: les exigía mantener su residencia en un lugar para poder optar a las ayudas sociales y, por lo tanto, no les impedía trasladarse a donde pudiera haber trabajo disponible.

Smith tampoco sentía simpatía por los ricos, cuyo “principal disfrute de las riquezas consiste en el alarde de ellas, que a sus ojos nunca es tan completo como cuando parecen poseer esas marcas decisivas de opulencia que nadie más puede poseer”.

Smith defendía un impuesto sobre la renta progresivo, mediante el cual los ciudadanos contribuían "en proporción a los ingresos de los que disfrutan respectivamente bajo la protección del Estado".

En todos estos aspectos, el pensamiento de Adam Smith es tan relevante para el siglo XXI como lo fue para el siglo XVIII.

La globalización y los avances tecnológicos han creado oportunidades maravillosas, pero también han llevado a las corporaciones y a sus directivos a buscar ventajas especiales mediante la monopolización, el proteccionismo comercial y un sinfín de beneficios fiscales y subsidios. Los grupos de presión pululan por Washington D.C. y las capitales de otros países buscando favores para los grupos con el dinero y el poder para reclamarlos.

Al mismo tiempo, una buena educación sigue siendo inalcanzable para muchos, las prestaciones sociales siguen estando diseñadas de tal manera que dificultan el progreso de los pobres, y los sistemas tributarios siguen plagados de lagunas que favorecen a los más pudientes.

En estos tiempos, como cuando Adam Smith escribió, es importante recordar la idea revolucionaria que subyace en la obra de Smith: que la riqueza de una nación no se mide por sus riquezas acumuladas, sino por la productividad y el nivel de vida de todo su pueblo. Robert Reich es economista. Este artículo se publicó en Substack el 17 de marzo de 2026.





















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