viernes, 31 de octubre de 2014

Cáculo de probabilidades




Pistas del aeropuerto de Gando (Gran Canaria)



¿Sabían ustedes que la probabilidad de sufrir un accidente aéreo es de 1 entre 4.000.000? ¿Sabían ustedes que la probabilidad de sufrir un error clínico grave si está internado en un hospital es de 7 entre 100? ¿Sabían ustedes que una revisión de historias clínicas en los hospitales de Nueva York demostró que 4 de cada 100 pacientes fueron objeto de errores clínicos registrados y que esos errores causaron la muerte de 14 de cada 100 pacientes afectados? ¿Sabían ustedes que cada año 300.000 personas desarrollan infecciones adquiridas en los hospitales españoles? Sí, seguramente si lo sabíamos, o lo intuíamos, pero preferimos ignorarlo. Entrar en un hospital es hacer oposiciones a contraer una enfermedad más grave que aquella que te ha hecho ir a él... Es como para echarse a temblar. Lo comentaba hace un tiempo en El País, con ironía y algo de mala leche (justificada), el doctor Jesús Villar, miembro de la Red de Investigación Translacional en Disfunción Orgánica del Hospital Universitario Dr. Negrín de Las Palmas de Gran Canaria. Una de las causas principales de estas infecciones son responsabilidad directa de los médicos, enfermeras y del personas sanitario de los hospitales por no cumplir con las normas de esterilidad previstas... 

Nuestra casa en Las Palmas está a escasos quinientos metros de dos de los principales centros hospitalarios de la isla: el Hospital General Universitario de Gran Canaria (el Hospital Insular) y el Hospital Materno-Infantil de Gran Canaria. Cada día decenas de médicos, enfermeros, personal sanitario, limpiadoras, administrativos, bedeles y el sursumcorda, aparcan sus coches en las calles de nuestro barrio y bajan hasta los hospitales citados con sus batas blancas y verdes, sus monos de trabajo, y sus zuecos puestos, los mismos con los que van a atender a los pacientes, enfermos y visitantes de los centros sanitarios. Y al finalizar su jornada de trabajo, vuelta al coche, arrastrando todos los virus y bacterias a su domicilio particular... Y así, hasta el día siguiente, y vuelta a empezar. A pesar de que los protocolos de ambos centros hospitalarios establecen claramente que el personal no puede entrar ni salir de los mismos con las ropas de trabajo puestas a nadie parece preocuparle. Ni a los gestores de los hospitales, ni a los controladores del personal sanitario, ni a los propios infractores, ni a los pacientes y sus familiares... Procuren no ponerse enfermos por si acaso.

Sean felices por favor. Y ahora, como también decía Sócrates, "Ιωμεν": nos vamos. Tamaragua, amigos. HArendt



Complejo Hospitalario Materno-Infantil e Insular (Las Palmas GC)



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"La verdad es una fruta que conviene cogerse muy madura" (Voltaire)

miércoles, 29 de octubre de 2014

Máscaras y personas: ¿solo somos humo?




Máscara teatral griega


A mi hija Myriam, que hoy cumple años

"Prosopon" es palabra griega y con ella se designaba a la máscara que los actores usaban en el escenario para representar un personaje en las tragedias clásicas. De allí pasó al etrusco como "phersu", y de éste al latín, ya convertido en "persona". Es decir, que los antiguos ya tenían claro que ser "persona" lo que significa realmente es representar un papel en la vida. Nada más, o nada menos..., según se mire. Pero las personas se mueren y con la muerte se acaban actor y representación.

Decía mi siempre admirada Hannah Arendt que "morir es el precio que todos tenemos que pagar por haber vivido". Sin duda es un precio razonable por el placer que supone ver pasar los años y la vida aprendiendo y sorprendiéndose a cada instante.

Hoy me puede la melancolía, aunque no sabría explicar muy bien el por qué. El nuevo diccionario de la lengua española, recien salido de la imprenta, la define en su primera acepción como "tristeza vaga, profunda sosegada y permanente...". No suelo ser dado a ella, pero hoy me ha dado por pensar en la futilidad de la existencia. Quizá, solo quizá, movido por la que nos está cayendo a los españoles; algo que no creo que nos merezcamos, sinceramente. Pero es lo que hay y tenemos que apechar con ello.

Hace unos años representaron en el teatro Cuyás de Las Palmas de Gran Canaria, la ciudad donde vivo, una obra de Juan Carlos Rubio titulada "Humo". Guardé la reseña que de la misma hizo la revista "La Luna del Cuyás", editada por la empresa que gestiona el teatro. No tiene autor, pero me parece que merece la pena reproducir sus primeros párrafos porque se pueden aplicar al ámbito general de la vida, y no sólo al del teatro.

Dice así: "El escenario es un ámbito mágico donde se descubren dimensiones escondidas de la existencia: sueños pesadillas, ilusiones, anhelos, recuerdos, deseos ocultos, esperanzas y temores... El enigma de la vida, que se escapa tantas veces a los argumentos de la razón, se muestra en el escenario con toda su grandeza. En ese gigantesco espejo tratamos de reconocernos y, al actuar, sentimos que existimos. Lo mismo hace cada ser desde que nace hasta que muere; repetir concienzudamente su papel durante toda su vida. Apariencia y simulacro, eso es "Humo". Si alguna vez llegamos a comunicarnos con los demás es sólo por azar. La máscara es la existencia posible. Sin ella los tigres del pasado que esconden nuestra conciencia nos comerían por dentro. Sólo si nos alejamos de nosotros mismos podemos ver, y burlarnos, como representamos ante el mundo nuestro absurdo y tonto papel. Algunos incidentes aparentemente triviales marcan nuestro destino, nos guste o no, y después dedicamos el resto de nuestra vida a defendernos como víctimas, haciendo el papel de culpables, ante el gran jurado del mundo. La única forma de sobrevivir sin caer en la locura es reirnos de nosotros mismo". O escribirlo, pienso yo, aunque sólo lo leamos nosotros... Hoy la melancolía me ha resuelto la entrada. 

Sean felices por favor, y ahora, como también decía Sócrates, "Ιωμεν": nos vamos. Tamaragua, amigos. HArendt



Representación en el teatro romano de Mérida (Extremadura)


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lunes, 27 de octubre de 2014

Corrupción, mentiras y política. ¿A quién creer ya?



No se puede mostrar la imagen “http://ssajer.files.wordpress.com/2007/05/la-mentira.jpg” porque contiene errores.
Alegoría de la mentira




Esto más que un goteo es ya un chorro abierto sin control y una alcantarilla que revienta porque no da más de sí: solo en el día de hoy un exvicepresidente de la comunidad autónoma de Madrid y exsecretario general de su partido en esa comunidad, el presidente de la diputación provincial de León, un grupo de alcaldes en ejercicio y hasta una cincuentena de empresarios repartidos por toda España, detenidos por presunta corrupción... Es para no creer en nada ni nadie, pero el caso es que yo si creo que la inmensa mayoría de los políticos españoles son honrados, pero también creo, como dice el aforismo romano, que el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente. ¿Entonces, qué hacer? 

No soy dado a las grandes admiraciones. Por cumplir con mi personal ley de igualdad de género cito entre esas grandes admiraciones a dos mujeres, Hannah Arendt, teórica política estadounidense de origen judeo-alemán y a Simone Weil, filósofa francesa de origen judío, y a dos hombres, Emilio Lledó, filósofo y filólogo español y a Hans Küng, teólogo católico suizo. Por los cuatro siento una profunda admiración y respeto, tanto por la importancia de su obra intelectual como por el ejemplo de sus vidas. Y uno de ellos fue profesor mio en la Facultad de Geografía e Historia de la UNED; sólo por el privilegio de haberle conocido y tenido como profesor merecieron la pena todos los años de estudio.

Pero hoy sólo quiero traer a colación a Hans Küng, teólogo católico de renombre universal, consultor especial del Concilio Vaticano II por decisión expresa del papa Juan XXIII, y apartado fulminantemente de su cátedra de Teología en la Universidad alemana de Tubinga por el papa Juan Pablo II por oponerse públicamente al dogma de la infalibilidad pontificia.

No soy creyente. No lo era ya cuando leí durante unas vacaciones en Mallorca hace al menos cuarenta años la primera de sus grandes obras teológicas: "Ser cristiano". Seguí sin serlo después de leer con sincera admiración al menos una docena sus títulos posteriores. Y al día de hoy sigo ateo-no beligerante, a Dios gracias, diría yo. Pero no, desde luego, por culpa suya, porque reconozco que pocos libros existen con la profunda religiosidad y el rigor teológico de los escritos por Hans Küng. A sus casi 90 años, sigue empeñado en la elaboración de una ética de validez universal y del diálogo sin condiciones entre todas las iglesias. Y yo, sigo esperando con ilusión la publicación en español de la tercera parte de sus memorias. 

Hace unos años el diario El País publicó un interesantísima artículo suyo, hoy más que nunca de plena actualidad, titulado "¿Está justificada la mentira en política?" por el que desfilan George W. Bush, Henry Kissinger, Richelieu, Metternich, Bismarck, Theodore Roosevelt, Maquiavelo, Thomas Jefferson, Martín Lutero, Helmut Schmidt, Jimmy Carter, Bill Clinton y Monica Lewinsky..., entre otros. Hoy, oyendo justificarse ante sus electores a la presidenta del partido popular de Madrid y expresidenta de dicha comunidad autónoma, expresidenta del Senado y exministra, Esperanza Aguirre, y soplar plumas hacia arriba a la secretaria general del partido popular español, Dolores de Cospedal, o mirar hacia otro lado como si la cosa no fuera con él y con todos nosotros al presidente del gobierno de España, Mariano Rajoy, creo que merece la pena releer lo que en su día dijera un teólogo tan solvente como Hans Küng sobre la mentira y la política.

Sean felices por favor, y ahora, como también decía Sócrates, "Ιωμεν": nos vamos. Tamaragua, amigos. HArendt





¡Qué tiempos, Señor, qué tiempos!




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domingo, 26 de octubre de 2014

Valores, civismo y mayúsculas



Rajoy, Aznar y Rato: ¡Qué tiempo tan feliz, que nunca volverá...! 


Siempre he desconfiado de la gente que habla o escribe con mayúsculas. Por supuesto que con eso no me refiero a los que escriben en alemán, un idioma que hace uso profuso de ellas. Me refiero a aquellos a los que no se les cae de la boca, la pluma o el teclado palabras como Dios, Patria, Libertad, Justicia, Estado, Nación, Derecha, Izquierda, Religión, Paz, Guerra, Valores, Civismo y todo el largo etcétera que ustedes quieran. Me cabrean mucho porque suelen ser -hay pocas excepciones a la regla- los que uso más torticero hacen de esos valores que dicen defender. ¿Pruebas?: Basta con abrir un periódico y encender un televisor para ponerse al día. Me excusarán de citar algún caso en particular pues se iría al traste el límite de palabras que me impongo para cada entrada del blog en un mero índice de los susodichos.

Frente a la generalizada apelación a los valores no vendría nada mal un poco más de prosaico interés en la defensa de los derechos y libertades individuales consagrados constitucionalmente y cada vez más restringidos en esta España y Europa nuestras: el proyecto de ley de seguridad ciudadana y la falta de acuerdo para hacer frente al tremendo desafío de la inmigración ilegal, por ejemplo.  

Daniel Innerarity, catedrático de Filosofía Política y Social en la Universidad del País Vasco, en un artículo en El País de hace ya unos años titulado "Cuidado con los valores" comentaba con sarcasmo que cuando un profesor de Oxford se refiere a la decadencia de Occidente en realidad está pensando en lo malo que es el servicio doméstico. ¿Una boutade más de un ingenioso profesor universitario? Me temo que no, porque como se decía en el artículo citado, a lo largo de la historia los seres humanos hemos justificado hasta lo menos justificable apelando a los valores morales. Pero habría que preguntarse -continuaba- si con la actual inflacción de discursos morales no se estaba poniendo de manifiesto algo más ideológico e inquietante para las democracias contemporáneas, algo que se traduce en un permanente cuestionamiento de la prioridad que en una sociedad democrática le corresponde a los derechos, el consentimiento, las garantías y las libertades individuales reduciendo el espacio de la política, no para fundar los derechos sino para ponerlos en cuestión.


Sean felices por favor, y ahora, como también decía Sócrates, "Ιωμεν": nos vamos. Tamaragua, amigos. HArendt




Reunión del Consejo Europeo, febrero 2013


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sábado, 25 de octubre de 2014

Noche de Difuntos



Doña Inés y don Juan, en la famosa escena del sofá



Dentro de unos días el mundo católico y algunos países cristianos de origen anglosajón celebran la festividad de Todos los Santos. Una fiesta a la que sigue indisolublemente unida la noche de ese día, "Noche de Difuntos", ahora trivializada como tantas otras cosas para convertirla en fiesta de disfraces para niños y adultos infantilizados, como si de una celebración carnavalera anticipada se tratara.

Hoy día la fiesta de Todos los Santos, unida a la Noche de Difuntos, la llaman en todo el mundo la fiesta de "Halloween", contracción de la frase en inglés "all hallow's eve" (víspera de todos los santos), una celebración de origen celta que se celebra en los países anglosajones la noche del 31 de octubre y que se ha extendido prácticamente a todo el mundo occidental perdiendo por completo su sentido originario.

Las cosas ya no son como eran. Si eso es para bien o para mal, no soy quién para decirlo..., pero a mi me gustaba más lo de antes. Cuando era niño, a inicios de los 50 del pasado siglo, la "Noche de Difuntos" era mágica ¡y terrible! para mí. Sentado al calor del brasero bajo la mesa camilla, oí junto a mi madre durante años la retransmisión radiofónica del Don Juan Tenorio de Zorrilla lleno de miedo, emoción y asombro. Me encantaba la escena de la seducción de doña Inés por don Juan, aquella de "¿No es verdad, ángel de amor...?"; o esa otra en que, a punto de huir de Sevilla, lanza su famoso "¡Llamé al cielo y no me oyó...!", pero cuando de verdad los pelos se me ponían de punta, literalmente, era cuando el espíritu del comendador, don Gonzalo de Ulloa, invitado sacrílegamente por don Juan en el cementerio a cenar aquella noche en su casa, se presenta a la misma con sus llamadas a las puertas de la casa que iban sonando cada vez más cercanas...

Durante años escuché el "Don Juan" con la cabeza apoyada sobre los brazos simulando dormir pero emocionado hasta los tuétanos; o ayudando a mi madre a separar a mano y una por una las lentejas, o desgranando las judías verdes, que ella cocinaría al día siguiente para todos nosotros; son cosas que no se olvidan... Mis hermanos mayores, sabedores de mis miedos y emociones, cuando llegaba la escena de la aparición del comendador golpeaban las puertas de nuestra casa para asustarme..., ¡y bien que lo conseguían, los muy c...! Esa noche me resultaba difícil conciliar el sueño, y cuando lo lograba era para ser presa de una especie de duermevela agitada que duraba hasta el alba, en la que los esqueletos de los difuntos salían de sus féretros, con sombreros de copa, y se ponían a bailar sobre las tumbas...

Yo sigo prefiriendo recordar esa noche el mito universal, y tan español, de "Don Juan". Quiza por eso, en estas fechas próximas a la noche mágica de Difuntos, o de "Halloween" si lo prefieren, intento releer y disfrutar una vez más el "Don Juan Tenorio" (1844), de José Zorrilla, o su antecedente directo, "El burlador de Sevilla" (1617), de Tirso de Molina. Pueden leer ambas obras en los enlaces de más arriba, pero si no tienen ganas de leer, esperen a la doce de la noche del 1 de noviembre y disfruten de este vídeo, rescatado de los archivos de RTVE, con la representación del "Don Juan Tenorio" de Zorrilla en un "Estudio 1" de 1966, dirigido por Gustavo Pérez Puig, con el actor Francisco Rabal en el papel de don Juan y la actriz Concha Velasco en el de doña Inés. Es un auténtico lujo, se lo aseguro.

Sean felices por favor, y ahora, como también decía Sócrates, "Ιωμεν": nos vamos. Tamaragua, amigos. HArendt





Los espíritus de doña Inés y del comendador se disputan el alma de don Juan




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viernes, 24 de octubre de 2014

Los Premios "Príncipe de Asturias" 2014





Emblema de la Fundación Princesa de Asturias




La Fundación Princesa de Asturias (ayer tarde su Patronato acordó el cambio de nombre de la misma) entrega esta tarde en la ciudad de Oviedo (Asturias), en presencia de los reyes de España don Felipe y doña Letizia, los premios que hasta hoy llevaban el nombre de "Príncipe de Asturias" y que a partir del próximo año llevarán ya el de "Princesa de Asturias". 

Los galardonados este año con el Premio han sido los siguientes:


Frank O. Gehry
Arquitecto
Premio Princesa de Asturias de las Artes

John Banville
Escritor
Premio Princesa de Asturias de las Letras

Joseph Perez
Historiador
Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales

Joaquín Salvador Lavado (Quino)
Dibujante
Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades

Avelino Corma, Mark E. Davis y Galen D. Stuck
Químicos
Premios Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica

Programa Fulbright
Premio Princesa de Asturias de Cooperación Internacional 

Caddy Adzuba
Activista Pro-Derechos Humanos
Premio Princesa de Asturias de la Concordia

Maratón de Nueva York
Premio Princesa de Asturias de los Deportes


Los premios otorgados por la Fundación Princesa de Asturias están considerados como los segundos en importancia y prestigio en el ámbito internacional tras los Nobel otorgados por la Academia Sueca. 

Se vienen entregando desde el año 1981, y en el año 2004 recibieron el reconocimiento de la UNESCO por su excepcional aportación al patrimonio cultural de la humanidad.

La Fundación Princesa de Asturias es una organización civil sin ánimo de lucro cuyo objetivo primordial es la consolidación de los vínculos existentes entre el Principado de Asturias y S.A.R. la princesa de Asturias, así como contribuir a la exaltación y promoción de cuantos valores científicos, culturales y humanísticos constituyen patrimonio universal de la humanidad.

Desde el enlace de más arriba pueden acceder a las biografías de los premiados este año, las actas de los jurados que les otorgaron el premio, declaraciones de y sobre los galardonados y vídeos interactivos sobre cada uno de ellos, así como referencias de todos y cada uno de los premiados desde al año 1981, y un vídeo con la solemne ceremonia de entrega de los premios de 2014 en su integridad.

Sean felices por favor, y ahora, como también decía Sócrates, "Ιωμεν": nos vamos. Tamaragua, amigos. HArendt




S.A.R. doña Leonor de Borbón, Princesa de Asturias





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miércoles, 22 de octubre de 2014

China: ¿potencia mundial o tigre de papel?




China, hoy. Shanghai



Dos días después de mi llegada a Canarias, el 29 de marzo de 1967, me incorporé a mi nuevo destino en los aledaños del Puerto de La Luz, en Las Palmas de Gran Canaria, permaneciendo en el mismo hasta febrero de 2006 en que me jubilé. En febrero de ese mismo año había pedido a la empresa para la que trabajaba en Madrid desde 1964, el traslado a Canarias, una tierra mítica en la vivencia personal y la historia de mi familia. En ella me casé, nacieron mis hijas y nietos y en ella vivo desde entonces. 

En aquellos lejanos tiempos la comunidad hindú, aparte de enormemente apreciada por todos los isleños, era un emporio de riqueza para Canarias. Las calles que llevaban al Puerto de La Luz, sobre todo Albareda, Juan Rejón, La Naval, y el parque de Santa Catalina, estaban completamente tapizadas de bazares de "indios". Y lo mismo ocurría en la calle de Triana, unos kilómetros más al sur, otro emporio comercial. La razón de esa riqueza, que llegaba a todos, era la Ley de Puertos Francos de 1852, promulgada durante el reinado de Isabell II, que liberalizó la entrada y salida de mercancias en el archipiélago canario y que duró ciento veinte años, hasta 1972, en que fue sustituida por la Ley de Régimen Económico y Fiscal para Canarias, especificidad económica y fiscal de Canarias que recogió la Constitución de 1978 en su disposición adicional tercera.

Uno podía encontrar de todo en los bazares de los "indios": artículos que en la Península conocían solo de nombre, y que si los había, estaban a precios exorbitados. Cuando volvíamos de vacaciones a la Península siempre llevábamos máquinas de fotos, grabadoras, radios portátiles y hasta televisores, que lográbamos colar en la aduana de Barajas (por avión) o en Cádiz (por barco) que nos habían encargado familiares o amigos, o como simples regalos.

La entrada en la Unión Europea, a pesar de nuestra especificidad fiscal y económica, acabó con ese comercio que a todos beneficiaba. Hoy, los bazares de "indios" han desaparecido casi por completo para convertirse en "chinos": locales inmensos, abarrotados de ropas, juguetes y utensilios de toda especie, regentados (a título de franquicia) por jóvenes ciudadanos chinos que trabajan de sol a sol, y lo que haga falta. Hace unos días una amiga mía se encontró en la tesitura de adquirir un carrito, de esos para la compra, en un "chino". Diez metros después de salir del local, se le habían desprendido las dos ruedas al carro. Reclamó, y le dieron otro sin rechistar. En general, uno encuentra de todo en uno de esos locales, pero los productos son de ínfima calidad. Y son útiles para una urgencia, lo reconozco, pero de ahí no pasan. Pero no quiero elevar lo que no es nada más que una anécdota a la condición de categoría; solo era eso, una anécdota.

La expresión "tigre de papel" tiene su origen en un antiguo proverbio chino y se utiliza para designar algo o alguien que aparenta ser una amenaza pero que a la hora de la verdad se revela como inofensivo. La utilizó políticamente por primera vez en 1956 el dirigente y fundador de la República Popular China, Mao Zedong, para definir al imperialismo estadounidense, y luego fue reutilizada con profusión por los Estados comunistas (ellos se definían a sí mismos como de "socialismo real") para referirse a los Estados y sociedades capitalistas y socialdemócratas del bloque occidental. ¿Es hoy la República Popular China, a finales de 2014, la nueva potencia económica mundial en ciernes, o más bien como dijo de los "otros" Mao Zedong, solo un "tigre de papel"?

A dilucidarlo en la medida de lo posible, ayuda el artículo del sociólogo español Julio Aramberri, titulado "China: ¿del sueño a la pesadilla?", y publicado recientemente en la prestigiosa Revista de Libros. Para ello, Aramberri, que es profesor visitante en la Dongbei University of Finance and Economic de la ciudad china de Dalian, se sirve de las más recientes publicaciones internacionales sobre la economía china y su realidad en el escenario internacional. Hasta cinco libros de reciente aparición publicados por economistas y analistas económicos de acreditada solvencia son comentados por el profesor Aramberri en su artículo (que pueden leer en el enlace de más arriba). 

El extenso artículo del profesor Aramberri, que escribe siempre con grandes dosis de ironía y humor sin perjuicio de un profundo rigor conceptual, contiene apartados con subtítulos tan sabrosos y provocativos como "Godzilla resurge de nuevo", "Andy Warhol y el desarrollo económico", "Mal guión, pésimos actores", "Un día en la vida del honorable Zhon y del honorable Zhang", "Los parias de las tierra", "Juegos prohibidos" o "¿Y mañana el mundo entero?", concluye con una nada amable reflexión sobre el futuro de China que dice así: "El presidente Xi ha bautizado su programa de gobierno como el sueño chino. Es un programa de rejuvenecimiento nacional, mejora de las condiciones de vida del pueblo, prosperidad, construcción de una sociedad mejor y fortaleza militar; en suma, una opción estrechamente nacionalista. La represión con mano de hierro de las protestas en el Tibet y en Xinjiang (o en Hong Kong, de momento más suaves), la imposición unilateral de una zona de exclusión aérea en el Mar del Este y las fricciones con Filipinas y Vietnam en el Mar del Sur no se corresponden con las ilusiones de los defensores de la gobernanza global. Dejarse guiar por ellas contribuiría a ignorar la posibilidad, en absoluto remota, de que, llevado de sus problemas internos, el sueño chino acabe por convertirse en una pesadilla universal".

Les encarezco su lectura. Estoy seguro de que les resultará más que interesante. Sean felices por favor, y ahora, como también decía Sócrates, "Ιωμεν": nos vamos. Tamaragua, amigos. HArendt





China, hoy. ¿Tibet o delincuentes comunes?





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lunes, 20 de octubre de 2014

Libros que no he podido leer y seguramente nunca leeré.



Biblioteca Nacional de España (Madrid)




Creo que fue Jorge Luis Borges el que dijo que si un libro nos desagrada (por las razones que sean) una vez comenzada su lectura, por muy interesante que nos hayan dicho o que pensemos que es, no merece la pena que prosigamos con él. Evidentemente, aunque con la subjetividad que palabras como belleza y placer encierran, para gustos se hicieron colores, como dice el refrán. 

Yo, por deformación profesional, soy más lector de ensayo o libros académicos que de literatura de ficción. En ningún caso, desdeño esta última. Un ejemplo: acabo de leer "Nos vemos allá arriba", la novela de Pierre Lemaitre, ganadora del último premio Goncourt, que me ha encantado. Y en estos últimos meses he disfrutado sobremanera con dos autores israelíes contemporáneos como Amos Oz y David Grossman y varias de sus novelas; más con el primero que con el segundo, lo confieso. Ahora, para variar, estoy releyendo la apasionante historia del cristianismo que escribiera el teólogo Hans Küng, titulada: "El cristianismo: Esencia e historia".     

En agosto de 2008 escribí una entrada en el blog, que titulé "Los clásicos", en la que traía a colación el famoso "canon occidental", establecido por el profesor, erudito y crítico literario vivo más famoso del mundo, el estadounidense Harold Bloom, sobre las obras literarias cuya lectura resulta imprescindible para el hombre moderno y culto de hoy. Ni que decir tiene que esa lista, como cualquier otra, resulta subjetiva, pero el peso de los clásicos está ahí, y en todo caso, merece la pena conocerla, aunque leerla resulte otra cuestión. Les invito a hacerlo en el enlace de más arriba.

Pero hoy no quiero hablarles por más tiempo de los libros que "deberíamos" haber leído, sino de aquellos otros que, a pesar de su fama, nos ha sido imposible leer. Un interesante artículo en el diario El País de ayer domingo, titulado "Diez libros que muy pocos han logrado terminar", construído a base de opiniones de escritores actuales sobre los libros que no han podido terminar de leer, por razones de todo tipo, en el que la lista resultante parece como mínimo, tan subjetiva o más, que la del canón de Bloom sobre las lecturas imprescindibles. 

De las del canon no voy a decir cuales no he leído porque no tengo necesidad ni ganas de exponerme al escarnio público; de la lista de esos diez libros que se comentan como que muy pocos han logrado terminar si me gustaría refutarla en algunos de los títulos en ella reflejados.

Estos son los títulos y sus autores: 1) "El arco iris de la gravedad", de Thoman Pynchon; 2) "Crimen y castigo", de Fiodor Dostoyievki; "Guerra y paz", de Leon Tolstoi; 4) "Orgullo y prejuicio", de Jane Austen; 5) "Vida y opiniones del caballero Tristam Shandy", de Laurence Sterne; 6) "La divina comedia", de Dante Alighieri; 7) "Moby Dick", de Herman Melville; 8) "Paradiso", de José Lezama Lima; 9) "Don Quijote de La Mancha" de Miguel de Cervantes, y "Las aventuras del buen soldado Svejk", de Jaroslav Hasek; y 10) "La broma infinita", de David Forster Wallace. 

Discrepo educadamente de la inclusión en esa lista, aun admitiendo mi profunda subjetividad, de las obras de Dante, Melville y Cervantes. De las restantes, a pesar de conocerlas, no puedo decir nada salvo que yo tampoco las he leído. Pero, insisto, a pesar de su subjetivismo, no alcanzo a comprender como de esa lista han sido excluidos títulos como "Ulises" o "Finnegans Wake", de James Joyce, o "En busca del tiempo perdido", de Marcel Proust. El "Ulises" tardé diecisiete años en decidirme a leerla; cuando lo hice, la leí de un tirón, y me encantó. Por el contrario, su "Finnegans Wake", confieso que si no dejo su lectura hubiera acabado completamente loco de atar. Sobre la novela de Proust no me atrevo a decir nada más que la tengo pendiente de lectura desde hace infinito tiempo y que siempre encuentro alguna excusa, seguro que injustificable, para comenzarla.

Termino con una, de nuevo, confesión personal. No puedo con los autores rusos; ni con los clásicos ni con los modernos: es algo psicosomático. En parte por los nombres, que me resultan imposible de retener. Sí, supongo que es pueril, pero es real. Y en la literatura española no he podido, y he puesto voluntad, con "La regenta", de Leopoldo Alas. No me pregunten por qué, porque no sabría explicarlo. Como tampoco puedo con la novela realista: ni la española (Galdós), ni la francesa (Balzac) o la británica (Dickens). Me he leído los "Episodios Nacionales" de Galdós, pero no puedo con sus novelas: imposible. Sé que me estoy perdiendo lo mejor de la literatura española, pero es así. Sin embargo, leo con mucho placer su teatro y el de García Lorca o Buero Vallejo. 

En fin, les invito a que dejen en el blog si lo desean su lista de lecturas imposibles; "Desde el trópico de Cáncer" está siempre abierto a todos ustedes. Sean felices por favor, y ahora, como también decía Sócrates, "Ιωμεν": nos vamos. Tamaragua, amigos. HArendt












Entrada núm. 2179
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martes, 14 de octubre de 2014

Cambio smartphone por una mano. Del Blog "Pensando en la estación"









Parece una tontería pero es verdad, hemos dejado de tener mano para tener un apéndice en forma de teléfono ultramoderno. Da igual donde estés: la parada de autobús, dentro de él, la sala de espera del médico o en una cena con tu pareja. El teléfono va a estar en tu entorno visual directo. Ya no sabemos vivir sin él o eso creemos. El hecho de tener un móvil sin internet te convierte, aparentemente, en un ser antisocial y casi prehistórico. Te tachan de no estar comunicado, de querer aislarte del mundo y hasta de ser mal amigo por no tener el WhatsApp. ¿Tan difícil es llamar? Es tan incomprensible la comunicación verbal que ya no sabemos mantener una conversación... (Continúa aquí).




Entrada núm. 2178
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lunes, 13 de octubre de 2014

Sobre Hannah Arendt. En el 108 aniversario de su nacimiento





Caricatura de la pensadora Hannah Arendt



Un reciente artículo de Juan Arias en el diario El País, titulado "Hannah Arendt, la musa ideológica de Marina Silva", sobre la derrotada profesora candidata a la presidencia de Brasil por el partido Verde y sus propuetas políticas, basadas en los planteamientos teóricos de Hannah Arendt, pone de nuevo de actualidad,  el pensamiento de la teórica política estadounidense de origen judeoalemán de la que mañana martes se celebra el 108 aniversario de su nacimiento.

Nacida en Hannover (Alemania) el 14 de octubre de 1906, Hannah Arendt comienza sus estudios de Filosofía en la Universidad de Marburgo, donde tiene como profesores a Martin Heidegger, Nicolai Hartmann y Rudolf Bultmann, estudios que continúa en la Universidad de Friburgo con Edmund Husserl y culmina con su doctorado en la Universidad de Heidelberg bajo la dirección de Karl Jaspers. A pesar de su impresionante currículo académico filosófico, ella nunca se considero a sí misma como filósofa sino como teórica de la política, a cuyo estudio dedicó prácticamente toda su vida como pensadora y profesora en las universidades estadounidenses de Princeton, Chicago y Berkely (Estados Unidos), a donde se trasladó en 1941 huyendo del régimen nazi que la había privado de la nacionalidad alemana por su condición de judía. Murió el 4 de diciembre de 1975 en la ciudad de Nueva York, donde residía, y está enterrada en el campus del Bard College, en la ciudad de Annandale-on-Hudson (Nueva York). 

Me uno a la commemoración de su nacimiento invitando a los amables seguidores de "Desde el trópico de Cáncer" a la lectura de dos de sus obras más famosas y controvertidas: "Los orígenes del totalitarismo" y "Eichmann en Jerusalén", que pueden descargar gratuita y legalmente desde los enlaces anteriores. 

Sean felices por favor, y ahora, como también decía Sócrates, "Ιωμεν": nos vamos. Tamaragua, amigos. HArendt





Hannah Arendt, durante su época de estudiante en Alemania





Entrada núm. 2177
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"La verdad es una fruta que conviene cogerse muy madura" (Voltaire)

viernes, 10 de octubre de 2014

12 de octubre. Fiesta nacional de España



Plaza del Fuero Real de Gran Canaria (Las Palmas, Islas Canarias)




Dejad que siga y  bogue la galera
bajo la tempestad, sobre las olas:
va con rumbo a la Atlántida española.
en donde el porvenir calla y espera.
No se apague el rencor ni el odio muera
ante el pendón que el bárbaro enarbola:
si un día la justicia estuvo sola
lo sentirá la humanidad entera.
Y bogue entre las olas espumeantes,
y bogue la galera que ya ha visto
como son las tormentas de inconstantes.
Que la raza está en pie y el brazo listo,
que va en el barco el capitán Cervantes,
y arriba flota el pabellón de Cristo.


"España"
Rubén Dario 
(1867-1916)




Sean felices por favor, y ahora, como también decía Sócrates, "Ιωμεν": nos vamos. Feliz día a todos los españoles de ambos hemisferios. Tamaragua, amigos. HArendt







Desembarco de Colón en Guanahani-San Salvador (Bahamas)




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"La verdad es una fruta que conviene cogerse muy madura" (Voltaire)

jueves, 9 de octubre de 2014

Cambio de ciclo: ¿Fin del capitalismo? ¿Hora de revoluciones?



Lenin arengando a los soviets (Anónimo, Museo de Bostón)



A mis nietos Gabriel, Guillermo y Saúl,
aunque aún no puedan entenderlo,
porque ellos representan el futuro


Cuando el Muro de Berlín se vino abajo en noviembre de 1989, y con él todo el sistema de dominación política y económica de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas sobre su propio territorio (que saltaría hecho pedazos dos años más tarde) y sobre el del resto de países del llamado "bloque socialista" de Europa Oriental, pareció a muchos que la Historia (con mayúsculas) se hubiera detenido y que un nuevo ciclo histórico dominado por el sistema capitalista en lo económico y el democrático-liberal en lo político, se hubiera instalado ya para siempre, o para mucho tiempo, en toda la sociedad. Era, el "fin de la historia", ya predicho por Hegel y Marx en el siglo XIX, entendido, en palabras del profesor Israel Sanmartín, como término de un proceso dialéctico que a través de unos estadios comprensibles e incluso predecibles desembocan en uno postrero que otorga sentido y realidad a los acontecimientos. ¿Se equivocaron Hegel y Marx? Parece que sí.

Un año antes de la caída del Muro, en 1988, un joven profesor de Ciencias Políticas estadounidense, Francis Fukuyama, escribió un polémico artículo que alcanzó una enorme difusión en todo el mundo. Se titulaba "El fin de la historia". Y en España mereció el estreno con él de la revista Claves de Razón Práctica, una publicación fundamental para conocer, en español, lo que se cuece en el mundo sobre historia, cultura, filosofía, sociología, economía y política. La tesis central del artículo era que, con el triunfo insoslayable del sistema económico capitalista y el político democrático-liberal, la Historia (de nuevo con mayúscula) había llegado a su culminación. Que nada más perfecto para el desarrollo del hombre y de la sociedad podría sustituir a ambos sistemas. ¿Se equivocó Fukuyama? Parece evidente que sí.

Veinticinco años después el mundo y el sistema económico capitalista y el político democrático-liberal están, como mínimo, trastocados. ¿Cambio de ciclo? ¿De paradigma? (Paradigma es, en palabras del filósofo estadounidense Thomas S. Kuhn, toda una constelación de convicciones, valores y modos de proceder compartidos por los miembros de una socidad dada). Bien pudiera ser...

Lo es, por ejemplo, para el sociólogo norteamericano Jeremy Rifkin, que acaba de publicar un libro (2014) titulado "La sociedad del coste marginal" en el que augura la jubilación del sistema capitalista, una tesis que defiende en un recientísimo artículo titulado "Hacia el Internet de las cosas". Dice en él que para el año 2050 los "prosumidores" (ya no existirán consumidores) dominarán el mundo con una nueva concepción de la economía, la cultura y las artes como productores y consumidores de manera gratuita, o casi, gracias al coste marginal cero. Un penúltimo logro, dice, de la democratización, la autogestión y autoregulación de un nuevo sistema llamado "procomún colaborativo", que habrá derrocado para esas fechas, al capitalismo. ¡Cuán largo me lo fiáis, amigo Sancho!, le dijo don Quijote a su escudero... ¿Será posible? Me gustaría que sí.

¿Será este, ahora, el momento de la Revolución? ¿De ese cambio de ciclo presentido? ¿De ese nuevo paradigma en la historia de la humanidad? Pienso, sinceramente, que no deberíamos dejarnos llegar por las ensoñaciones ni las utopías. Es cierto que sin "utopías" es difícil avanzar, pero las utopías, las más recientes: el comunismo (el dominio de una clase para abolir las clases) y el nazismo (el dominio de una raza para abolir la libertad y dominar a las demás) han causado demasiado sufrimiento, demasiada sangre, demasiadas muertes, como para no tomarlas, al menos, con un cierto escepticismo.

Mi admirada y profusamente citada Hannah Arendt, decía en su libro "Sobre la revolución", que la palabra "revolución", etimológicamente, no significa "cambio hacia delante", sino al contrario, cuando una situación se entiende como defectuosa o necesitada de cambio, como un "volver hacia atrás". Es decir, a una situación que se reconoce como "mejor" y "más justa", basada en la experiencia y el recuerdo del pasado.

Un joven, polémico y famoso filósofo surcoreano, Byun-Chul Han, muy crítico con las ideas de Jeremy Rifkin, ha escrito un reciente artículo titulado "¿Por qué hoy no es posible la revolución?", en el que afirma que quien pretenda establecer un sistema de dominación lo primero que debe hacer es eliminar resistencias. ¿Por qué el régimen  de dominación democrático-liberal es tan estable? ¿Por qué hay tan poca resistencia? ¿Por qué toda resistencia se desvanece tan rápido? ¿Por qué ya no es posible la revolución a pesar del creciente abismo entre ricos y pobres?, se pregunta el profesor Han. Para explicarlo, dice, es necesario comprender adecuadamente como funcionan hoy el poder y la dominación. Y a ello se dedica en el artículo que comento. ¿Tendrá razón Han? 

Como ven sigo planteando más preguntas que respuestas. En todo caso espero que los enlaces les resulten de interés. Sean felices por favor, y ahora, como también decía Sócrates, "Ιωμεν": nos vamos. Tamaragua, amigos. HArendt




La libertad guiando al pueblo (E. Delacroix, Museo del Louvre)





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