jueves, 28 de agosto de 2014

El poeta Francisco Giner de los Ríos y el tema de España en la poesía española contemporánea (L)




Palacio de Cristal. Parque del Retiro (Madrid)



¿Por qué buena parte de los españoles que nos declaramos de izquierdas damos la impresión de estar un tanto perdidos en el uso de términos tales como "pueblo, país, patria, gobierno, nación, España, estado"?... Al usarlos parecen similares pero no lo son. Para la derecha, sí; todo es lo mismo y va en el mismo saco. Los españoles que nos declaramos de izquierdas no deberíamos avergonzarnos de reivindicar el uso del nombre de España, la patria común que a todos nos acoge y ampara, No es solo de ellos, es también nuestra. Y deberíamos hacerlo sin vergüenza alguna, sin ningún tipo de remordimiento, sin amargura ni complejo de ninguna especie. Y para eso puede servirnos la poesía.

De ahí, mi atrevimiento de traer durante unas cuantas semanas, o mientras el cuerpo aguante, lo que algunos de los grandes poetas contemporáneos, poetas del exilio exterior e interior, pero españoles todos hasta la médula, han dicho sobre su patria común, sobre la nuestra, sobre España y su añoranza. Y es que, en palabras de Walt Whitman, "el poeta es el instrumento por medio del cual las voces largamente mudas de los excluidos dejan caer el velo y son alcanzados por la luz".

Hoy traigo hasta el blog al poeta Francisco Giner de los Ríos. Poeta, escritor, ensayista y traductor. Nace en Madrid en 1917. Sobrino-nieto del fundador de la Institución Libre de Enseñanza, hijo y sobrino de sendos ministros de la República, participa como soldado en la batalla del Ebro. Al final de la guerra civil se exilia en México donde trabaja para la prestigiosa editorial Fondo de Cultura Económica, el Colegio de México y la Universidad Nacional Autónoma de México. Reside temporalmente en Chile y Estados Unidos y en 1975 regresa a España, afincándose en la ciudad de Nerja (Andalucía), donde morirá en 1995. Su poesía tiene como tema fundamental a España y la añoranza del suelo español, común a toda la poesía del exilio, pero también el amor y la muerte. Su obra servirá de nexo entre la Generación del 27 y la poesía del exilio español en México, y entre esta y la poesía española actual. Les dejo con su poema "Los tercetos del Sena":


I

Desde mayo y París, la flor del Sena,
me vuelvo hacia tu luz, España mía
y encuentro el corazón hondo en su pena,

pero alto de esperanza, en la porfía
de alcanzar tu canción y tu ventura,
camino entre el dolor y la alegría.

El Sena me acompaña, y la frescura
que trasmina el castaño -su ancho leño
vuelve tierna la piedra en la verdura-

me lleva hacia la hora en que te sueño
con más terca pasión, ya sin fatiga,
pues van parejos siempre fe y empeño.

La primavera dulcemente hostiga
toda la luz del mundo aquí encerrada.
Muere la tarde sin que me persiga

otro afán que encontrarte, tierra amada.
Con el río que canta tiernamente
la redondez del agua aprisionada

mientras llega la noche blandamente,
por tus agrios pinares y tu sierra
paseo mi nostalgia enteramente,
España de mi paz y de mi guerra.

II

El mundo se levanta de costado
en esta terca y lenta madrugada
en que el dolor me tiene desvelado

y vuelto a tu sazón aprisionada,
España del silencio y de la muerte.
La primavera canta enamorada

sobre el agua del río, dulce y fuerte
en su voz florecida de ternura,
y sueña el día en que su voz despierte

la misma brisa en la ribera dura
del claro Manzanares valeroso,
mis ojos por la sierra azul y pura.

¡Qué florecer entonces más hermoso
del alma y de la tierra ya reunidas
en otro amanecer lento y gozoso!

La limpia voluntad tendrá las bridas
de su propio corcel. E irá a la tierra
el afán que la tierra dio a las vidas.

La mañana de España se me encierra
en este hondón del alma y me remueve
junto al dolor que su esperanza entierra

todo el dolor que su esperanza anida.
Tercamente la noche canta y llueve
y deja en el cristal su angustia leve
y al costado del mundo España herida.

"Los tercetos del Sena"
Francisco Giner de los Ríos



Y en la próxima ocasión nos vemos con el poeta Juan Rejano. Sean felices por favor, y ahora, como también decía Sócrates, "Ιωμεν": nos vamos. Tamaragua, amigos. HArendt




"La rama viva", de Francisco Giner de los Ríos



Entrada núm. 2152
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Pues tanto como saber me agrada dudar (Dante Alighieri
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