jueves, 31 de mayo de 2012

Condena y ejecución de Adolf Eichmann: Hace 50 años





Adolf Eichmann (1906-1962)




Hoy ha hecho cincuenta años de la ejecución de Adolf Eichmann en la prisión de Ramla (Israel). Había sido secuestrado en Argentina por un comando del Mossad el 11 de mayo de 1960 y trasladado a la fuerza hasta Israel. El 15 de diciembre de 1961 el tribunal que le juzgó le encontró culpable de crímenes contra la humanidad y contra el pueblo judío y le condenó a la pena capital. La suya ha sido la única pena de muerte ejecutada en toda la historia del Estado de Israel.

Resulta llamativo que el 50 aniversario de un acontecimiento de tanta notoriedad mediática como fue el jucio y ejecución de Aldof Eichmann haya pasado desapercibido. Un excelente artículo en El País de hoy, del escritor argentino Álvaro Abós, titulado "Eichmann en la horca"  rememora aquel hecho y analiza con detalle las consecuencias que tuvo para la instauración de una justicia internacional que persiguiera y enjuiciara delitos calificados como crímenes contra la humanidad, sentando principios jurídicos como los de la imprescriptibilidad y la no consideración de la obediencia debida como eximente cuando se juzgan crímenes de lesa humanidad. Y es que, como dice al final de su artículo, el olvido no puede lavar el horror.

En una anterior entrada del blog, titulada "Asociación de ideas", de septiembre de 2008, traté este mismo asunto, y tal y como hace en su artículo Álvaro Abós, resulta imposible hablar del secuestro, procesamiento, condena y ejecución de Adolf Eichmann sin hacer mención a una obra capital de la teórica política norteamericana de origen judeo-alemán, Hannah Arendt. Harendt siguió todo el proceso como corresponsal de una prestigiosa revista neoyorkina y escribió una serie de artículos sobre el mismo que más tarde publicaría en forma de libro. Ese libro fue "Eichmann en Jerusalén. Un informe sobre la banalidad del mal", un texto que levantó notable polémica en Estados Unidos, en Alemania, y dentro del mundo judío, por lo atrevido de algunas de sus conclusiones, por ejemplo, la de que el mal no necesariamente encarna en psicópatas delirantes como Hitler, sino que puede también presentarse en envases cotidianos, bajo la forma de un señores normales como Adolf Eichmann, buenos padres de familia, ciudadanos ejemplares y funcionarios cumplidores. Para no resultar reiterativo les remito a mi entrada citada y al artículo de El País, que pueden leer en los enlaces mencionados más arriba.

Yo tenía catorce años cuando Adolf Eichmann fue secuestrado por el Mossad, y llevado de forma clandestina a Israel. No recuerdo nada especial sobre el proceso que se siguió contra Eichmann, del que conocí muchos años más tarde los detalles, gracias entre otras razones al libro de Hannah Arendt. Si recuerdo el revuelo que causó la noticia de su ejecución en España, y sobre todo recuerdo con precisión la admiración que suscitó en mí la operación desarrollada por el Mossad, con detalles que parecían sacados de una novela policíaca, y que a tan temprana edad no era capaz de enjuiciar en todas sus dimensiones políticas, diplomáticas y jurídicas.


Si desean profundizar en el conocimiento de aquel hecho histórico y sus consecuencias nada mejor que recurrir a las fuentes, que no pueden ser otras que el propio texto de "Eichmann en Jerusalén. Un informe sobre la banalidad del mal" (Lumen, Barcelona, 2003) de Hannah Arendt. 


Pueden acceder a él y descargarlo en este enlace. Les recomiendo igualmente vean en este otro el magnífico documental televisivo  titulado "Captura y juicio de Adolf Eichmann" que incorporo como anexo a la entrada.



Sean felices, por favor, a pesar del gobierno. Tamaragua, amigos. HArendt










Eichmann en Jerusalén (1961)









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"Tanto como saber, me agrada dudar" (Dante)
"La verdad es una fruta que conviene cogerse muy madura" (Voltaire)
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Captura y juicio de Adolf Eichmann

martes, 29 de mayo de 2012

30 de Mayo: Día de Canarias






Mi nieto Saúl





La patria es una peña
la patria es una roca,
la patria es una fuente,
la patria es una senda y una choza.



Mi patria no es el mundo;
mi patria no es Europa;
mi patria es de un almendro
la dulce, fresca, inolvidable sombra.



A veces por el mundo
con mi dolor a solas
recuerdo de mi patria
las rosadas, espléndidas auroras.



A veces con delicia
mi corazón evoca,
mi almendro de la infancia,
de mi patria las peñas y las rocas.



Y olvido muchas veces
del mundo las zozobras,
pensando de las islas
en los montes, las playas y las olas.



A mí no me entusiasman
ridículas utopías,
ni hazañas infecundas
de la razón afrenta, y de la Historia.



Ni en los Estados pienso
que duran breves horas,
cual duran en la vida
de los mortales las mezquinas obras.



A mí no me conmueven
inútiles memorias,
de pueblos que pasaron
en épocas sangrientas y remotas.



La sangre de mis venas,
a mí no se me importa
que venga del Egipto
o de la razas célticas y godas.



Mi espíritu es isleño
como las patrias rocas,
y vivirá cual ellas
hasta que el mar inunde aquellas costas.



La patria es una fuente,
la patria es una roca,
la patria es una cumbre,
la patria es una senda y una choza.



La patria es el espíritu,
la patria es la memoria,
la patria es una cuna,
la patria es una ermita y una fosa.



Mi espíritu es isleño
como las patrias costas,
donde la mar se estrella
en espumas rompiéndose y en notas.



Mi patria es una isla,
mi patria es una roca,
mi espíritu es isleño
como los riscos donde vi la aurora.



"La sombra de un almendro"
Nicolás Estévanez (1838-1914)








Canarias no solo es  un archipiélago situado a 100 km. de la costa occidental de África entre los paralelos 27 y 29 del hemisferio Norte; ni tampoco es solo una comunidad autónoma más dentro del reino de España.

Canarias es ante todo y sobre todo un estado de ánimo, rodeado de agua por todas partes, con los pies en África, las manos y la mente en Europa y el corazón en América.

Quizá sea por eso que se dice que el espíritu de los isleños, de todos los isleños del mundo, tiene vocación universal. Quizá fue eso lo que quiso decirnos, en lenguaje poético, Nicolás Estévanez, militar, político y poeta grancanario, en los versos que me sirven de emotiva introducción a esta entrada con la que pretendo rendir homenaje a mi patria de adopción. 

Todos los pueblos antiguos consideraban que su "patria", la tierra de sus padres, era el centro del mundo. Canarias no es ni ha sido nunca el centro del mundo, pero para el mundo clásico greco-romano, sus filósofos, sus historiadores y sus poetas, Canarias fue el lugar donde estaba el Paraíso, los Campos Elíseos, el Jardín de las Hespérides, la cumbre de la Atlántida, las islas Afortunadas. Y eso marca... Y perdónenme la reiteración de mayúsculas.

Canarias ocupa un lugar central en la historia de mi familia. Mis padres vivieron en la isla de El Hierro entre 1941 y 1945, y durante unas semanas de ese último año, a la espera de su traslado, en la ciudad de La Laguna, en la isla de Tenerife. De vuelta a la Península, donde yo nací unos meses después, Canarias fue, sobre todo para mi madre y mis hermanos mayores, esa Arcadia feliz a la que añoraban y de la que hablaban continuamente. Y yo, en cuanto llegué a la mayoría de edad, no lo dudé ni un momento: tenía que volver al Paraíso, a la Tierra Prometida, de la que no entendía muy bien porque habían salido mis padres. Y a mis veintiún años aterricé, literalmente, en tierra canaria. Y aquí me quedé. Canarias son mi mujer y mis hijas; canarios mis tres nietos. Canario soy yo ya para siempre, no solo porque lo diga la ley, sino porque lo dice y lo sabe mi corazón.

En el vídeo que acompaña la entrada pueden ver y escuchar el Himno de Canarias, cantado por el grupo musical grancanario Los Gofiones. Las fotos, la de mi nieto más pequeño, Saúl, con el traje típico canario, esta tarde en Triana, y la de un mapa de las islas Canarias de 1746. Y ni mañana, 30 de mayo, que celebramos el Día de Canarias, ni hoy, y sin que sirva de precedente, voy a meterme con el gobierno; lo dejo para otro día. Pero hoy si quiero desearles de nuevo que sean felices, por favor. Háganlo por ustedes, no por mí. Tamaragua, amigos. HArendt










Mapa de Canarias (1746)







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Los tiempos felices son en ella páginas en blanco" (Hegel)

El Himno de Canarias, cantado por Los Gofiones

domingo, 27 de mayo de 2012

Sobre lecturas infantiles y canciones adultas










Hace unos días intenté sin demasiado éxito excitar la curiosidad literaria de mi nieto mayor -tiene 7 años- con unos versos de "Las Flores del Mal", de Baudelaire. No le disgustaron pero reconozco que quizá fue excesivo por mi parte, así que me pasé a "La isla del tesoro" y me prestó un poco más de atención. Normal. 

He recuperado para el blog una antigua entrada, de febrero de 2008, en la que hablaba de mis primeras lecturas. No es un ejercicio de narcisismo; dejémoslo en nostalgia más bien, de un tiempo pasado que nunca volverá. La he reescrito para acomodar los tiempos verbales al momento actual.


Mi primer libro, el primero del que tengo recuerdo, me lo regaló la muchacha que ayudaba a mi madre en las tareas de casa. Se llamaba Cristina. Fue el 8 de febrero de 1954. El día que yo cumplía 8 años. ¿Qué como es posible que recuerde algo que ocurrió hace cincuenta y ocho años? Sencillamente porque el libro iba de un niño llamado Carlos que cumplía ocho años un ocho de febrero… Es difícil de olvidar una cosa así. Fue impactante para mi. Aún hoy, pasado tanto tiempo, me recuerdo con mis pantalones cortos y saltando como un loco al sofá del salón de nuestra casa, en la calle Batalla del Salado de Madrid, para leerlo. Después vinieron más libros y más lecturas, pero ese fue el primero, el inolvidable.



El segundo, ya un poco menos infantil, más serio, fue “La Isla del Tesoro”, regalo de mis abuelos maternos. No puedo recordar la fecha pero seguro que no fue mucho después de aquel inolvidable 8 de febrero de 1954. Y luego siguieron muchos más. Algunos de ellos están citados en el blog. Recuerdo con especial cariño "Leyendas heroicas de la antigua Grecia", y el de similar título: "Leyendas heroicas de la antigua Roma". Y otro sobre "Los nibelungos". Y las ediciones juveniles de "El paraíso perdido", y  "La Divina Comedia". Y también "El último mohicano", "La cabaña del tío Tom", "Las aventuras de "Tom Saywer", "Robinso Crusoe",  "Los viajes de Gulliver" o "Tarzán de los Monos. 



La primera vez que leí algo sobre la "Odisea" de Homero fue en el citado libro de “Leyendas heroicas de la antigua Grecia”. Recuerdo el título, pero no el autor. Era una versión para niños que me cautivó. Más tarde, en el Colegio Infanta María Teresa de Madrid, donde estudié entre los diez y los dieciseis años, tuve un profesor de Lengua y Literatura que nunca sabrá la conmoción que causó en mi y al qué nunca tuve la ocasión de agradecérselo. Se llamaba Mariano Abánades. Nos dictaba los argumentos de las principales obras de la literatura universal, y la vida de sus autores. Lo hacía de memoria, sin papeles delante. Y yo me quedé subyugado para siempre con sus relatos sobre el “Ramayana”, de Valmiki; el “Mahbarata”, de Vyassa; la “Divina Comedia”, de Dante; la “Iliada” y la “Odisea”, de Homero; la "Eneida" de Virgilio; el poema del "Mio Cid" o de "Los Infantes de Lara", “El Quijote”, de Cervantes; “Fuenteovejuna”, de Lope, o "La vida es sueño", de Calderón… Él despertó una pasión por la buena literatura que aún perdura en mi.



He leído varias veces la “Odisea” de Homero. La última, en la magnífica edición de 1996 del Circulo de Lectores para la Colección de Clásicos Griegos de su Biblioteca Universal. Y también me gustaron sobremanera las versiones del universal mito homérico en "La tejedora de sueños”, de Antonio Bueno Vallejo; “La hija de Homero”, de Robert Graves; o el singularísimo “Ulises”, de James Joyce.



Aquella entrada de febrero de 2008 me llevó a escribirla un artículo publicado por esas fechas en El País por el historiador José Andrés Rojo, titulado “Ulises, el primer turista sexual”, que mi hija Ruth, siempre atenta con las quisicosas de su padre tuvo la amabilidad de enviarme. Y en esas estaba, en aquella lejana fecha, cuando recuerdo que saltó en el navegador de mi portátil (sigo teniendo el mismo viejo cacharro) un aviso de noticia en El País sobre Jane Birkin, la cantante británica, que actuaba esos días en España, y que los de mi edad recordarán por su canción, suya y de su pareja, Serge Gainsbourg, titulada “Je t’aime… mois non plus” que escandalizó (¡Dios, con qué facilidad se escandaliza la gente aún hoy!) a media Europa a finales de los sesenta.


Reproduzco de nuevo literalmente el artículo de Rojo y en el vídeo anejo a esta entrada les dejo el  “Je t’aime,… mois non plus” de Serge Gainsbourg y Jane Birkin. Y sean felices, por favor, a pesar del gobierno. Tamaragua, amigos. HArendt




Ulises y las sirenas





“Ulises, el primer turista sexual”

por José Andrés Rojo



Un desmitificador ensayo propone veinte lecturas distintas de la ‘Odisea’. Ulises pudo volver a Ítaca porque Poseidón, su feroz enemigo, no asistió a la asamblea en la que los dioses discutieron si permitían al héroe volver a casa. Faltó su voto, y ganó la facción de Atenea, su benefactora. Así que Ulises regresó a su país y se enfrentó a los pretendientes que acosaban a Penélope, su mujer, y dilapidaban sus riquezas. Es curioso que pudiera regresar a Ítaca sólo porque Poseidón se hubiera corrido una gran juerga con comilona incluida de toros y corderos. Eran alimentos que estaban prohibidos para los dioses. Núria Perpinyà cuenta la historia durante una conversación en Madrid y explica que procede de la lectura que los estructuralistas hicieron de la Odisea, el poema trágico que cuenta las aventuras de Ulises después de la guerra de Troya. Esta es sólo una de las 20 interpretaciones del clásico que la escritora analiza en Las criptas de la crítica (Gredos), donde revela que los posmodernos, por ejemplo, consideran a Ulises el primer turista de la historia y, teniendo en cuenta sus ardientes relaciones con Circe y Calipso y su promiscuidad, se le podría considerar, escribe, “el primer turista sexual que satisface sus deseos eróticos en tierras exóticas”.



Veinte interpretaciones que son otros tantos viajes alrededor de una obra inagotable. “Los estructuralistas se acercaron a la Odisea a partir de la comida y desde allí buscaron comprender cuanto allí se narraba”, comenta Perpinyà (Lleida, 1961). Pero hay quienes la han leído atendiendo al ritmo de sus versos, otros lo han hecho para entender la personalidad de Homero y los de más allá han pretendido explicarse la sociedad griega de aquella época.



Está la crítica biográfica, la psicológica, la temático-moral, la social, la filológica, la historiográfica. La que hicieron los marxistas y las feministas, la de la escuela formalista y la deconstructiva, la impresionista, la del nuevo historicismo y la del new criticism…



Profesora de Teoría de la Literatura en la Universidad de Lleida, Núria Perpinyà ha publicado cuatro novelas en catalán y un ensayo sobre las lecturas críticas de la obra de Gabriel Ferrater. Hay mucha sabiduría e información en su libro sobre la Odisea, pero también hay sentido del humor. Cada capítulo desentraña las claves de las distintas maneras de leer el texto (sus referentes teóricos, sus maestros y logros, sus objetivos y desafíos). Y termina con un pastiche: la autora remeda a la corriente que acaba de analizar y nos cuenta desde sus esquemas su interpretación de la Odisea. Y es ahí donde los posmodernos consideran a Ulises el primer turista sexual.



A la crítica feminista no le gusta mucho el papel de Penélope, que es más ama de casa que reina. Pero celebran la variedad de papeles femeninos que hay en la obra: Atenea, la diosa de la inteligencia; Nausica, con su dulzura e inocencia; la apasionada Calipso; Circe y sus malas artes, y las sirenas. “Tanta variedad de caracteres femeninos desaparece de la literatura desde los griegos hasta por lo menos finales del XVIII”, dice Perpinyà. “Las mujeres quedaron durante ese largo periodo reducidas a ser o santas o fulanas”.



Entre los marxistas, T. W. Adorno y M. Horkheimer, de la Escuela de Francfort, se centran en el episodio de las sirenas para diagnosticar la lucha de clases. “Ulises puede permitirse no trabajar y escuchar el canto de las sirenas, aunque por estar atado no tenga capacidad de intervenir. A los marineros, la clase trabajadora, se les pone en cambio cera en los oídos para que sigan pringando”. Perpinyà señala que hay que tener en cuenta que la Odisea es anterior a la polis, a la democracia, a la filosofía.



En el pastiche que la escritora catalana ha escrito para el capítulo sobre la crítica biográfica, la que pone el acento al interpretar las obras en la vida de sus autores, defiende apasionadamente que Homero existió, cuando se admite desde hace ya tiempo que hubo por lo menos dos autores detrás de la Ilíada y la Odisea y que trabajaron además sobre unos versos que procedían de la tradición oral. “Hay que leer la Odisea en verso”, dice. “Así fue concebida y así se fue recitando en su tiempo, siguiendo la tradición oral. No tendría sentido acercarse hoy sólo a las letras de las canciones de los Beatles. Sin la música no son nada”.



Igual que hay corrientes que se acercan al texto clásico con las anteojeras propias de una escuela de pensamiento determinada, y muchas veces sus lecturas chirrían, hay otras interpretaciones que ofrecen una información muy sofisticada (“te pueden dar pistas sobre toda la literatura viajera, por ejemplo”) o invitan a relativizar tópicos que se dan por hechos. Es lo que ocurre con la crítica comparada o con la crítica historiográfica. “La Odisea dejó de interesar al llegar la Edad Media y sólo volvió a levantar pasiones en el siglo XX”, explica. “Hasta entonces la consideraron un poco folclórica y vulgar. Las cosas no son tan estables como imaginamos, hay cambios bruscos y las opiniones y los valores pueden transformarse radicalmente”.



No parece ser eso lo que ha ocurrido con esta joven profesora y novelista. Sus pasiones son duraderas. Hace unos quince años leyó la interpretación estructuralista de la Odisea, la que analiza la obra a través de la comida, y le fascinó. Desde entonces lleva trabajando en Las criptas de la crítica, un libro que a la postre es una ardiente defensa del perspectivismo. No hay una verdad única, no existe la lectura definitiva: hay variaciones. No hay por tanto una Odisea: hay muchas. (El País, 18/02/08)






Jane Birkin y Serge Gainsbourg








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Jane Birkin y Serge Gainsbourg: "Je t'aime,...moi non plus"

viernes, 25 de mayo de 2012

No solo era un gato




"Jeanne con gato negro", de Mercedes García Bravo




A la entrañable memoria de Parchís, Pep, Abril, Akira, Michel, Livy, Inda, y de todos los gatos que nos han hecho felices con su compañía. Siempre estarán en nuestros corazones. Para vosotros y en vuestro recuerdo estos inmortales versos de Charles Baudelaire.

Y sean felices, por favor, a pesar del gobierno y de todos los demás infiernos de este mundo. Tamaragua, amigos. HArendt




Le Chat

I

Dans ma cervelle se promène,
Ainsi qu'en son appartement,
Un beau chat, fort, doux et charmant.
Quand il miaule, on l'entend à peine,

Tant son timbre est tendre et discret;
Mais que sa voix s'apaise ou gronde,
Elle est toujours riche et profonde.
C'est là son charme et son secret.

Cette voix, qui perle et qui filtre
Dans mon fonds le plus ténébreux,
Me remplit comme un vers nombreux
Et me réjouit comme un philtre.

Elle endort les plus cruels maux
Et contient toutes les extases;
Pour dire les plus longues phrases,
Elle n'a pas besoin de mots.

Non, il n'est pas d'archet qui morde
Sur mon coeur, parfait instrument,
Et fasse plus royalement
Chanter sa plus vibrante corde,

Que ta voix, chat mystérieux,
Chat séraphique, chat étrange,
En qui tout est, comme en un ange,
Aussi subtil qu'harmonieux!


II

De sa fourrure blonde et brune
Sort un parfum si doux, qu'un soir
J'en fus embaumé, pour l'avoir
Caressée une fois, rien qu'une.

C'est l'esprit familier du lieu;
Il juge, il préside, il inspire
Toutes choses dans son empire;
peut-être est-il fée, est-il dieu?

Quand mes yeux, vers ce chat que j'aime
Tirés comme par un aimant,
Se retournent docilement
Et que je regarde en moi-même,

Je vois avec étonnement
Le feu de ses prunelles pâles,
Clairs fanaux, vivantes opales
Qui me contemplent fixement.

"Les fleurs du mal": Charles Baudelaire (1821-1867)





El gato

I

Por mi cerebro se pasea, 
Lo mismo que en su apartamento,
Un gato hertmoso, dulce y fuerte,
Cuyo maullido apenas se oye,

Tan tierno y discrteto es su timbre;
Mas que su voz gruña o se calme,
-Tal es su encanto y su secreto-
Siempre resulta rica y honda.

Esta voz que alcanza y toca
Mi más tenebroso fondo, 
Me colma cual amplio verso
Y como filtro me alegra.

Adormece los peores males, 
Todos los éxtasis convoca;
Para musitar largas frases,
No necesita de palabras.

Perfecto instrumento, no existe
Arco igual que me estremezca
Y que haga más regiamente
Cantar mi cuerda más tensa,

Que tu voz, gato misterioso,
Gato seráfico y extraño,
En que todo es, como en un ángel,
Tan armonioso como sutil.


II

De su piel dorada y oscura
Tal perfume brota, que un día, 
Fui embalsamado por haberlo
Acariciado solo una vez-

Es mi espíritu familiar;
Juzga, preside, inspira todo
Desde la altura de su imperio,
¿Por ventura es un mago, un dios?

Cuando mis ojos hacia ese gato,
Como atraídos por imán,
Sumisamente se vuelven
Y miro dentro de mí.

Con estupefacción hallo
El resplandor de sus pupilas,
Claros fanales,vivientes ópalos,
Que fijamente me contemplan.

"Las flores del mal": Charles Baudelaire





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Entrada núm. 1470
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domingo, 20 de mayo de 2012

Gran Canaria, en 25 000 imágenes




El Roque Nublo, con el Teide en lontananza





La escritora francesa Laura Adler, en su espléndida biografía sobre la gran pensadora norteamericana de origen alemán Hannah Arendt (Destino, Barcelona, 2006), cita unas palabras de ésta que me parecen acertadas: "Amor solo se puede sentir por las personas". No será amor, pero yo siento un cariño y un agradecimiento inmensos por la tierra y las gentes de Gran Canaria, mi gente y mi tierra, que me acogieron hace ya cuarenta y cinco años, y donde me gustaría seguir hasta el fin de mis días.

No es la temática habitual de este blog, pero hago de nuevo una excepción para llevar hasta ustedes este inmenso catálogo de más de 25 000 fotografías de lugares, monumentos y paisajes de la isla de Gran Canaria, del fotógrafo grancanario José Daniel Vinuesa. 

Espero que las disfruten. Las fotografías expuestas en el catálogo gozan de "copyrigth", pero el autor dice en su página que pueden utilizarse siempre que no sea con fines comerciales. Las dos que acompañan esta entrada están extraídas de él.

Y sean felices, por favor. A pesar del gobierno. Tamaragua, amigos. HArendt  







Un rincón de Vegueta, en Las Palmas de GC









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Entrada núm.  1469
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viernes, 18 de mayo de 2012

La iglesia y sus demonios: Post scriptum





El teólogo Roger Haight





"¿Puede conseguirse la salvación sólo por medio de un contacto histórico explícito con Jesucristo y con la fe en él? ¿Es Jesucristo la causa de la salvación incluso para aquellos «cristianos anónimos» que no saben que son salvados por él? ¿Es la salvación por medio de Jesucristo la norma, pero no la única vía de salvación? ¿O están todas las religiones al mismo nivel? Haight mantiene que es urgente pasar «de un cristomonismo a un teocentrismo», ya que el Dios de los cristianos no puede concebirse como un Dios únicamente para los cristianos y la trascendencia de Dios descarta el exclusivismo de la experiencia religiosa cristiana. El Santo Oficio replica enérgicamente que cualquier reconocimiento de otras religiones como mediadoras de la salvación de Dios «al mismo nivel que el cristianismo» niega la misión salvífica universal de Cristo y la Iglesia."

Las palabras anteriores contienen en esencia la tesis central del artículo "Cristología posmoderna", artículo del teólogo Henry Wansbrough en el número de Revista de Libros de octubre de 2009. comentando el libro "Jesús, símbolo de Dios" (Trotta, Madrid, 2009), del también teólogo Roger Haight, expresidente de la Sociedad Teológica Católica de los Estados Unidos, apartado por el Santo Oficio de su cátedra de teología en la Western School of Theology, regentada por los jesuitas en la prestigiosa ciudad universitaria de Cambridge, en el estado de Massachusetts.   



Escrita y publicada en el  blog mi anterior entrada, "La iglesia española y sus demonios", me quedó una especie de amargor profundo de que "aquello" se me había quedado cojo. Mi intención primaria no era la que al final quedaba reflejada en ella, bastante superficial y como anecdótica. Quizá debería haber escrito algo sobre las motivaciones que despiertan mi interés por las religiones, especialmente por la cristiana, en alguien que no tiene pudor en confesarse como "no creyente". Si por "creyente" entendemos la afirmación de una entidad superior y pre-existente desde el principio de los tiempos, la vida eterna, la resurrección de los muertos, o la existencia del cielo o del infierno, aunque este último término ya esté tan matizado por la propia jerarquía eclesiástica que resulte de imposible calificación, desde luego no soy creyente. Y ha sido esta tarde que recordé haber leído el artículo de Wansbrough que cité anteriormente y lo que la  condena de Roger Haight por el Santo Oficio tenía de similitud con la del teólogo suizo Hans Kung bastantes años antes.

Todo nació en un verano de mediados de principios de los 70, que me resulta imposible determinar con precisión, durante unas vacaciones familiares en Mallorca. Me había traído desde Gran Canaria un libro de Hans Küng, "Ser cristiano" (Cristiandad, Madrid, 1977) en aquel momento el más prestigioso teólogo católico del mundo, que había participado en el Concilio Vaticano II como asesor a propuesta del papa Juan XXIII. 

No tengo intención de profundizar en lo que ese libro supuso para mí porque eso es algo estrictamente personal. Como el reseñado de Roger Haight, no pretende otra cosa que hacer inteligible al hombre de hoy el mensaje del Cristo histórico y real, pero en todo caso me reveló que religión e iglesia no son lo mismo. Y cuando las sanciones vaticanas comenzaron a llover sobre Küng, especialmente con Juan Pablo II, mi apartamiento de la iglesia fue deslizándose por una pendiente que acabó por ser insalvable y que he asumido con indiferencia y sin preocupación o sentimiento de culpa alguno. 

Yo les recomiendo encarecidamente su lectura si es que tienen interés en profundizar en la fe que dicen profesar o al menos en comprenderla mejor. Quizá así acabarán entendiendo el por qué no fue expulsado de su cátedra de teología en la Universidad de Tubinga por lo que dice en este o en sus otros libros, sino por poner en duda el dogma de la infalibilidad del papado y su supremacía absoluta sobre el Concilio, una controversia que viene de antiguo en el seno de la iglesia y en la que no tengo interés alguno salvo el estrictamente académico sobre Historia de las Ideas o de las Religiones. El por qué lo fue también Roger Haight queda bastante claro en el artículo citado que me ha dado pie a este casi obligado "post scriptum", que pueden leer en el enlace de más arriba, y que complementa mi entrada anterior sobre esos demonios, tan familiares, que atenazan y coartan la libertad de expresión y de pensamiento en el seno de la iglesia católica.


Como complemento de la entrada he puesto un vídeo bajado de YouTube donde se expone el pensamiento de Hans Küng en pro de una teología de carácter universal y ecuménica.


Y sean felices, por favor, a pesar del gobierno. Tamaragua, amigos. HArendt 






El teólogo Hans Küng











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Entrada núm. 1468
"Tanto como saber, me agrada dudar" (Dante)
"La verdad es una fruta que conviene cogerse muy madura" (Voltaire)
"La historia del mundo no es un suelo en el que florezca la felicidad. Los tiempos felices son en ella páginas en blanco" (Hegel)

Hacia una teología universal: El pensamiento de Hans Küng.

lunes, 14 de mayo de 2012

La iglesia y sus demonios





La iglesia católica universal y la española en particular mantienen su pertinaz obsesión inquisitorial fruto de una tradición de siglos. El historiador Américo Castro (1885-1972) ya enfatizó sobre ello: "Desde 1481 el supremo tribunal del Santo Oficio fue como ciertos Ministerios del Interior, la Gestapo, la NKVD, y todo lo parecido a esos arbitrarios medios de coerción y terrorismo para la masa disconforme. Todavía -añadía-, en 1600 calificaba el padre Mariana a la Inquisición de servidumbre gravísima y a par de muerte". 

Desaparecida formalmente en 1820, la inquisición sigue ahí, con nombre distinto pero misma función. Y si ahora no quema a los heterodoxos no es porque no quiera, sino porque no puede ni la dejan.

Varias noticias de prensa en estos días han sacado el asunto a relucir: La amonestación vaticana a una asociación de monjas estadounidenses, preocupadas por el deterioro y la injusticia social [1], es una de ella. Otra, la condena [2] del teólogo español Andrés Torres Quiroga. Es solo una muestra de como está el ambiente; no creo que merezca la pena insistir al respecto.

No soy creyente. A pesar de ello, o quizá por ello, siento un profundo respeto por las religiones, especialmente por la cristiana, a la que el filósofo español George Santayana (1863-1952) calificaba como parte sustantiva de la cultura occidental y fuente simbólica de inspiración para nuestro perfeccionamiento personal. 

Hay una frase de la filósofa francesa, de origen judío, Simone Weil (1909-1943) que me impactó desde que la leí por vez primera: "Si el Evangelio omitiera toda mención de la resurrección de Cristo, la fe me sería más fácil. La Cruz sola me bastaría".

En ese sentido podría yo decir sin rubor que me siento cristiano.

A mí el catolicismo de los españoles me produce vergüenza ajena. Es más idolatría que religión. Casi nada que ver, salvo por el nombre, con el mensaje de su fundador. Y si en el pueblo llano -el escritor francés Georges Bernanos (1888-1948) decía que él tenía la fe no de un bretón, sino la de una bretona-, podría resultar excusable la ignorancia casi absoluta sobre los fundamentos de la fe que dice profesar, no lo es en cuanto al comportamiento exigible a su jerarquía, que tiene de todo menos de caridad cristiana. Pruebas de esto último, las que se quieran, rozando el cinismo cuando no la más absoluta desvergüenza.

No es de extrañar que españoles que elevaron la mística [3], entendida como la relación íntima y espiritual entre el ser humano y su Creador a categoría universal, como Teresa de Jesús, Juan de la Cruz o Fray Luis de León, tuvieran problemas con el Santo Oficio. Y lo que son las casualidades, si es que algún ignorante quiere verlo así, que los tres fueran "cristianos nuevos", o lo que es lo mismo, descendientes de judíos convertidos al cristianismo.

Como complemento de la entrada les invito a ver el vídeo [4] que sobre el pensamiento de Simone Weil en relación con la paz y la guerra, guerra que ella vivió con intensidad, he encontrado en YouTube.

Y sean felices, por favor, a pesar del gobierno y de monseñor Rouco y compañía. Tamaragua, amigos. HArendt


   


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Entrada núm. 1467
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