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miércoles, 31 de julio de 2019

[DESDE LA RAE] Hoy, con el académico Fernando Fernán-Gómez







La Real Academia Española se creó en Madrid en 1713 por iniciativa de Juan Manuel Fernández Pacheco y Zúñiga (1650-1725), octavo marqués de Villena, quien fue también su primer director. Tras algunas reuniones preparatorias realizadas en el mes de junio, el 6 de julio de ese mismo año se celebró, en la casa del fundador, la primera sesión oficial de la nueva corporación, tal como se recoge en el primer libro de actas, iniciado el 3 de agosto de 1713. En estas primeras semanas de andadura, la RAE estaba formada por once miembros de número, algunos de ellos vinculados al movimiento de los novatores. Más adelante, el 3 de octubre de 1714, quedó aprobada oficialmente su constitución mediante una real cédula del rey Felipe V. La RAE ha tenido un total de 483 académicos de número desde su fundación. Las plazas académicas son vitalicias y solo ocho letras del alfabeto no están representadas —ni lo han estado en el pasado— en los sillones de la institución: v, w, x, y, z, Ñ, W, Y. 

En esta sección del blog, que espero tengo un largo recorrido, voy a ir subiendo periódicamente una breve semblanza de esos cuatrocientos ochenta y tres académicos, comenzando por los más recientes, hasta llegar a la de su fundador, don Juan Manuel Fernández Pacheco y Zúñiga. Pero sobre todo, en la medida de lo posible, pues creo que será lo más interesante, sus discursos de toma de posesión como miembros de la Real Academia Española. 

Continúo hoy la semblanza de los actuales y pasados miembros de la RAE con la del académico Fernando Fernán-Gómez nacido en Lima (Perú), el 21 de agosto de 1921, y muerto en Madrid el 21 de noviembre de 2007

Fue elegido académico de número el 17 de noviembre de 1998, y tomó posesión de la silla B de la Academia el 30 de enero de 2000 con el discurso titulado Aventura de la palabra en el siglo XX, al que respondió en nombre de la corporación, el también académico Francisco Nieva.

Fernando Fernández Gómez, más conocido como Fernando Fernán-Gómez, fue «uno de los actores más prestigiosos del mundo de la interpretación teatral y cinematográfica española, un director versátil y prolífico, autor de una filmografía densa y variada […], gran autor teatral, escritor, guionista y realizador […] y asiduo colaborador de publicaciones en presa», según explica Cristina Ros Berenguer en el Diccionario biográfico español (DBE, 2011).

Según cuenta Alonso Zamora Vicente en su Historia de la Real Academia Española, «su vinculación con el mundo teatral fue muy temprana», ya que su madre era actriz: Carlota Fernán-Gómez. Su primera oportunidad como actor de reparto se la brindó Enrique Jardiel Poncela en 1940 en su obra Los ladrones somos gente honrada. Dos años más tarde, y tras participar en otras comedias del dramaturgo madrileño, pasó al cine. Debutó en 1942 en Cristina Guzmán, profesora de idiomas, película dirigida por Gonzalo Delgrás. Con ella inició una larga carrera como actor de cine en la que se incluyen más de ciento cincuenta largometrajes.

Fernán-Gómez trabajó a las órdenes de los más destacados directores del cine español, como Édgar Neville, Carlos Saura, Mario Camus, Víctor Erice, Ricardo Franco, Manuel Gutiérrez Aragón, Jaime de Armiñán, Gonzalo Suárez, Juan Antonio Bardem o Luis García Berlanga.

A partir de la década de 1950 empezó a dirigir, realizando, entre cine, televisión y teatro, numerosos títulos, como los destacados La vida en un bloc (1953), El extraño viaje (1964), Mi hija Hildegart (1977), El alcalde de Zalamea (1979), Mambrú se fue a la guerra (1986) y Lázaro de Tormes (2000).

Tal y como explica Zamora Vicente, Fernán-Gómez «compaginó su labor cinematográfica con la de escritor. Fue autor de varias novelas, como El mal de amor (1987), La cruz y el lirio dorado (1998) y Capa y espada (2001). Por encima de todas, destaca El viaje a ninguna parte (1985), […] que él mismo se encargó de llevar más tarde a la gran pantalla con gran éxito. También se convirtió en película su aclamada obra de teatro Las bicicletas son para el verano (Premio Lope de Vega 1978)». Además de esta, fue el autor, entre otras obras teatrales, de La coartada. Los domingos, bacanal (1980), Del rey Ordás y su infamia (1983) y El pícaro. Aventuras y desventuras de Lucas Maraña (1992).

Fue autor, también, de ensayos en los que reflexiona sobre el mundo del cine, como El actor y los demás (1987) y Desde la última fila: cien años de cine (1995). Su poesía está recogida bajo el título de El canto es vuelo (2002). Cabe destacar, asimismo, sus memorias, El tiempo amarillo (1990), que fueron ampliadas en 1998.

Entre los reconocimientos que recibió Fernando Fernán-Gómez por su carrera sobresalen, además de los premios Goya concedidos a su labor de actor, director y guionista, los premios a la interpretación conseguidos en festivales internacionales como Berlín o Venecia, la Medalla de Oro de las Bellas Artes (1981), el Premio Nacional de Teatro (1984), el Premio Nacional de Cinematografía (1989), el Premio Donostia del Festival de Cine de San Sebastián (2000) y la Medalla de Oro de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España (2001).

En 1995 recibió el Premio Príncipe de Asturias de las Artes por ser un «cómico extraordinario que durante más de medio siglo de vida artística y profesional ha construido en España y América —desde la gran riqueza de su personalidad— una meritoria biografía como actor de cine, teatro y televisión, director, autor y, en suma, creador del espectáculo. Su obra, además, es un testimonio crítico de nuestra época». En 2007, a título póstumo, recibió la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio.



Fernando Fernán-Gómez en su toma de posesion académica




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Entrada núm. 5111
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