sábado, 14 de mayo de 2016

[Reedición] Mi subida al Roque Nublo






"Reedición" es una nueva sección del blog dedicada a reproducir antiguas entradas que tuvieron cierto predicamento en su momento entre los lectores de Desde el trópico de Cáncer. Estas entradas se publican diariamente, conservan su título, fecha y numeración original, y no cuentan en el cómputo general de entradas del blog. Disfrútenla de nuevo si lo desean.   

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Al atardecer de un 29 de marzo de 1967, a bordo del Caravelle de Iberia que me traía a isla de Gran Canaria desde Madrid, vi por vez primera el Nublo recortándose en el horizonte, con la majestuosa silueta del Teide, en la isla de Tenerife, al oeste, casi coincidiendo con la puesta del sol.  

El Roque Nublo es el monumento natural más emblemático de Gran Canaria. Uno de los mayores roques basálticos del mundo. Situado prácticamente en el centro geográfico de la isla, en una zona muy abrupta de origen volcánico, alcanza una altura de 80 metros desde su base y de 1813 metros sobre el nivel del mar. Fue lugar mágico, de culto, junto a su vecino el Roque Bentayga, de los aborígenes prehispánicos y hoy ocupa sin duda alguna el epicentro de los sentimientos más profundos de todos los grancanarios.

Ayer hizo 47 años, 3 meses y 5 días que lo ví por vez primera a 9000 metros de altura, y cinco años que subí a pie hasta él. No sé por qué no lo hice antes. Quizá porque estaba allí desde hacía unos cuantos millones de años y sabía que no se me iba a escapar. Que siempre iba a estar esperándome. Ayer hizo cinco años que subí por vez primera hasta la base del Roque Nublo. Me había prometido volver a hacerlo, ahora ya con un poco más de preparación, con toda la familia: mi mujer, mis hijas, mis nietos y mis yernos. Tengo la impresión de que es una intención que no va a poder realizarse; por falta de fuerzas y  de ánimo sobre todo. 

La visita de hace cinco año, la primera y única, fue bastante impremeditada, pues solo había salido con mi mujer y mi yerno más joven con la intención de dar un paseo en coche por las cumbres centrales de la isla y subir hasta su punto más alto, el Pozo de Las Nieves, a 1949 metros de altitud, justo donde termina la carretera que llega hasta allí. El día estaba espléndido, no como hoy que ha sido lluvioso y fresco, al menos en Las Palmas. Casi de repente, cuando ya bajábamos hacia la costa sur de la isla buscando un restaurante rural donde comer nos encontramos de bruces con el letrero que anunciaba el sendero forestal que lleva hasta la base del Roque Nublo. Y no pudimos ni supimos resistir la tentación... De lo impremeditado de la subida daba prueba que ni tan siquiera llevábamos una máquina de fotos o un móvil para inmortalizar nuestra hazaña. Los tres íbamos en chanclas y sin una mísera gorra que echarnos a la cabeza. Pero mereció la pena.

De todas maneras no se crean eso que dicen los folletos turísticos de que es una subida de extrema facilidad que se hace en 15 o 20 minutos. ¡Y un huevo para tres!, que dicen en mi pueblo natal. De subida fácil, nada. Y échenle de 45 a 50 minutos de ascenso empinado, aunque practicable, y no recomendable para los que sufran de vértigo, aunque tampoco es preciso ser un senderista profesional para hacerlo. Suban con cuidado y disfruten del paseo, nosotros lo hemos hecho y disfrutado. A pesar de lo que dije antes me gustaría volver a subir con mi familia. Ahora sí, con alevosía y premeditación. Muchas premeditación..., por eso de las fuerzas y que el cuerpo ya no es el mismo. Dejémoslo en un "ya veremos"...

Ahora, por favor, sean felices. Y como decía Sócrates, "Ιωμεν": nos vamos. Tamaragua, amigos. HArendt



Gran Canaria desde el espacio



Entrada núm. 2088
elblogdeharendt@gmail.com
Pues tanto como saber me agrada dudar (Dante Alighieri)
Publicada originariamente con fecha 5 de julio de 2014

3 comentarios:

Ángeles Impíos dijo...

Carlos, me gustan estas entradas de vivencias más personales. Yo soy de Tenerife, como sabes, y de adolescente iba a Gran Canaria de vacaciones, y el año pasado me fui a quedar a una casa rural en el Barranco de Fataga. Teníamos ganas de ver la isla bien, porque aunque habíamos ido era una gran desconocida. Por desgracia, el mismo día que llegué, me rompí el tobillo por dos lados, regresé a Tenerife, me operaron y me temo que me quedaré sin ver ese precioso lugar que nombras. Se me fueron las ganas de regresar. O quizá dentro de un tiempo, cuando me olvide... Un abrazo.

Carlos F. Asís Campos dijo...

Lamento tu accidente, querida Ángeles. Normal que estés reticente en volver, pero seguro que se te acabará pasando. El Nublo es un lugar mágico, sin duda alguna. Me gusta intercalar notas personales en lo que escribo, pero no siempre se da la oportunidad. En cualquier caso, soy muy pudoroso en cuanto a mis divulgar intimidades y procuro evitarlo en la medida de lo posible sin caer en lo superficial. Muchas gracias de nuevo por tus amables palabras. Un beso.

Mark de Zabaleta dijo...

Muy interesante...