martes, 5 de julio de 2011

Sobre la revolución y la historia






Casa de la Independencia (Filadelfia, 1776)




Si uno se atiene a las ruidos más que a las voces, da la impresión de que para muchos las democracias occidentales ya están viejas, caducas e inservibles. Pienso que se equivocan. La  realidad es que la democracia representativa, la única posible, tal y como la conocemos apenas tiene dos siglos. Nació tal día como ayer de hace doscientos treinta y cinco años en Filadelfia, en la colonia  de Pensilvania, con la solemne proclamación de la independencia de los Estados Unidos de América de la corona británica

Hannah Arendt dedicó páginas inolvidables a la revolución americana en su libro "Sobre la revolución" (Alianza, Madrid, 1988). A comentar la efemérides y el libro dediqué mi entrada del 4 de julio de 2009: "Filadelfía: 4 de julio de 1776" y a ella remito a quien pueda interesarle.

Lo que hoy me gustaría destacar es que, curiosamente, y sin que se haya hecho de ello referencia alguna por los medios de comunicación, tal día como ayer de hace treinta y cinco años, es decir, el mismo día que los Estados Unidos de América celebraban su bicentenario como nación, Adolfo Suárez era designado presidente del gobierno de España por el rey Juan Carlos, y con ese nombramiento se ponía también en marcha, aunque muchos no lo vislumbraran en ese momento, el proceso de reasunción por los españoles de las libertades perdidas cuarenta años antes. 

En mi agenda del día anterior, sábado, 3 de julio de 1976, tengo anotado: "He ido al cine Vegueta para ver  "Belle de Jour", de Buñuel. A la vuelta a casa, por el telediario, anuncian que el rey ha designado presidente del gobierno a Adolfo Suárez. La sorpresa es total. Se comenta que en la terna propuesta al rey por el Consejo del Reino iban también Areilza y Silva Muñoz". 

El lunes siguiente, 5 de julio, Adolfo Suárez jura su cargo ante el rey. Ese mismo día, como secretario general que soy de la UDPE (Unión del Pueblo Español) en la provincia de Las Palmas, la asociación política de la que Adolfo Suárez era presidente nacional, hablo con él por teléfono y le felicitó por su elección. No volvimos a coincidir. En septiembre de ese mismo año, UDPE se fusionaba con otras fuerzas políticas para formar Alianza Popular, y yo no quise sumarme al nuevo proyecto político, en el que ya no estaba Suárez. Tampoco lo hice a la UCD (Unión de Centro Democrático) por él promovida pocos meses más tarde. 

Pero vuelvo a la conmemoración del 235 aniversario de la revolución americana con el que inicié este comentario. Sin relación alguno con la fecha (al menos eso supongo yo), el escritor, ensayista y laureado fotógrafo boliviano Hugo Estenssoro, publicaba en el número de Revista de Libros del pasado mes de junio, un excelente artículo, "El hemisferio intelectual", sobre la historia de los intelectuales latinoamericanos, que recoge algunas impresiones muy interesantes sobre las revoluciones que llevaron a la independencia a los pueblos de América.

Sobre el proceso independentista de la América española dice Estenssoro: "La independencia latinoamericana, como las revoluciones francesa y rusa, fue un inmerecido festival de improvisación -rasgo que se tornará característico en la historia hemisférica hasta hoy- en lo militar, lo político, lo social y lo intelectual. [...] Así y todo, el lírico inventor de su teoría, y virtuoso ejecutor de su praxis, Simón Bolivar, llegó a la desencantada conclusión de que había arado en el mar, metáfora que vale una biblioteca de estudios latinoamericanos". 

Y sobre el otro proceso, anterior en el tiempo, el de la independencia de la América británica, dice poco más adelante: "El gran triunfador de la modernidad, esa combinación de libertad y prosperidad para la mayoría, son los Estados Unidos, lo que explica el rencor inextinguible del resto del mundo. Pero los Estados Unidos no doblegaron, no vencieron a la modernidad: la adoptaron y la hicieron suya. [...] En la Convención Constitucional de 1787, treinta y uno de los cincuenta y cinco miembros tenía un título universitario, lo que resultaba excepcional en la época. De hecho, había dos presidentes de universidades y tres catedráticos. Los más destacados (Madison, Adams, Quincy, Jefferson, Gallatin, Livingston) eran algunas de las mentes más brillantes de la época, aunque casi todos ellos eran también hombres prácticos que vivían de sus actividades profesionales o comerciales".

Termino por donde comencé, volviendo al libro de Hannah Arendt citado al principio, cuya tesis sobre el éxito de la revolución norteamericana de 1776 puede resumirse así: triunfó porque no pretendió cambiar el mundo sino devolver la libertad a los hombres. Y es que, como dijo el presidente de la República español Manuel Azaña, "la libertad no hace felices a los hombres; les hace hombres". Sean felices ustedes también. Tamaragua, amigos. HArendt





Adolfo Suárez, jura como presidente del gobierno (1976)




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Entrada núm. 1387 -
http://harendt.blogspot.com
"Tanto como saber, me agrada dudar" (Dante)
"La verdad es una fruta que conviene cogerse muy madura" (Voltaire)

2 comentarios:

jtamiris@yahoo.es dijo...

Que buena memoria histórica!

HArendt dijo...

Muchas gracias; me alegra saber que le ha resultado interesante. Un saludo afectuoso desde la isla de Gran Canaria.