viernes, 22 de julio de 2011

Antígona y la Guerra Civil







Escena de uan representación de Antígona, de Sófocles




Comentaba en mi entrada de ayer que en tiempos de turbulencia suelo recurrir a la lectura de los clásicos y a la conversación con las amigas (gracias, María Françesca, y Ana...). En estos últimos días he disfrutado del "Hipólito", la "Medea", las "Bacantes" y la "Ifigenia en Áulide", de Euripides (Círculo de Lectores, Barcelona, 1993) . Y a raíz del artículo  sobre la representación de la "Antígona" de Sófocles (Cátedra, Madrid, 2004) en el teatro romano de Mérida (El País, 11/7/2011), he vuelto a releerla con emoción y placer contenidos el 18 de julio, en el 75 aniversario del inicio de la Guerra Civil..


No soy el único que piensa  que todo lo escrito en la literatura occidental desde hace 2500 años es una mera paráfrasis de lo que ya escribieron, y mucho mejor, los grandes trágicos griegos del siglo IV a. de C. El historiador A. Lesky, en su "Historia de la Literatura Griega" (Gredos, Madrid, 1968) dice que los filólogos de la Alejandría helénica pensaban ya que nada posterior a las tragedias griegas de la época clásica era digno de conservarse. Se pasaron, evidentemente, en lo de la conservación, pero no andaban muy errados en su juicio aunque fueran parte interesada... 

Hace unas semanas le preguntaba a una amiga que quién era su personaje femenino de ficción preferido. No me quiso contestar; supongo que es difícil para un amante de la buena literatura, y ella lo es, responder a una pregunta como esa sobre la marcha. Por mi parte, tampoco lo tengo claro, ¡son tantos!, pero si tengo que responder sin pensármelo, sobre la marcha, diría que la Antígona de Sófocles. 

Mi admiración por Antígona viene de muy antiguo. En concreto de una magistral versión de TVE, en su añorado Estudio 1, que interpretaba la actriz Nuria Torray. Desde ese día la he leído numerosas veces, y siempre encuentro en ella matices nuevos, frases olvidadas, palabras cuyos ecos resuenan en mi alma a pesar haberlas leído una y otra vez, que acrecientan mi admiración por el personaje y por el genio de su creador.

La trama de la "Antígona" de Sófocles es conocida sobradamente, pero la resumo lo mejor que puedo: Eteocles y Polinices, hermanos de Antígona y de Ismene, han muerto en un duelo fratricida por el poder sobre la ciudad de Tebas. Su tío Creonte se hace con la corona y ordena dar honras fúnebres solemnes a Eteocles y dejar insepulto el cadáver de Polinices, al que considera traidor a la ciudad.

Antígona se subleva contra esa orden al entender que las leyes del Estado nunca pueden ir contra las leyes de la naturaleza y la voluntad de los dioses que ordenan dar sepultura a los muertos, y da tierra con sus propias manos a Polinices, ante la negativa de Ismene a colaborar con ella. Descubierta por Creonte es condenada a muerte, pero antes de su ejecución, ella misma se ahorca. También se suicida al descubrir el cadáver de Antígona su prometido, Hemón, hijo de Creonte, y lo mismo hace la esposa del rey, Eurídice, al conocer la muerte de su hijo. La obra termina con un Creonte solo y derrotado que reconoce la injustica de su decisión demasiado tarde. 

¿Qué convierte una obra de literatura en un clásico? Evidentemente no la fecha en que fue escrita, sino el hecho de que a través del tiempo y las sucesivas generaciones de lectores siga diciéndonos cosas que nos emocionan, que vemos y sentimos como propias y que confieren validez universal y atemporal a su mensaje. 

En ese sentido, "Antígona", escrita y representada hace 2500 años, releída un 18 de julio de 2011, en el 75 aniversario del inicio de la Guerra Civil española, se ha constituido para mi en una alegoría de ese enfrentamiento fratricida que asoló España desde 1936 a 1939 e impuso su voluntad arbitraria a la mitad de sus ciudadanos hasta 1975. En esa alegoría, Eteocles y Polinices representarían las dos Españas en pugna; Creonte, el Estado autoritario y dictatorial surgido a raíz del enfrentamiento; Ismene, a aquella parte de la sociedad española que, aunque dolida, se acomoda a la nueva situación de poder y prefiere cerrar los ojos ante la injusticia; y por fin, una Antígona que representa a aquellos para la que no puede existir reconciliación, paz ni justicia mientras no se reconozca el derecho de sus muertos a gozar de la dignidad que su propia condición de españoles les confiere.

No se como lo verán ustedes; así es como lo sentí yo el 18 de julio pasado. Sean felices a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt

   



Fosas de la guerra civil en Navarra




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Entrada núm. 1390 -
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