viernes, 26 de junio de 2009

Jurisdicción Universal: ¿Requiescat in pace?

El pasado día 21 leía en El País Semanal, el suplemento dominical de El País, un interesante reportaje de Gabriela Cañas, titulado "Los justicieros del mundo", sobre algunos de los dieciocho jueces que conforman la Corte Penal Internacional con sede en La Haya (Países Bajos). Me gustó. Y me llamó poderosamente la atención la seriedad y confianza con que afrontan su misión, la de poner en la medida de lo posible coto a la impunidad conque muchos gobiernos se pasan por la entrepierna el Derecho, no sólo el Internacional, en materia de Derechos Humanos. Entre ellos, por supuesto, están todos los poderosos: Estados Unidos, Rusia, China, India.., y algunos no tan poderosos, pero si lo bastante como para sojuzgar impunemente a sus ciudadanos y cometer toda clase de tropelías con ellos y sobre ellos. Antes de leerlo no es que tuviera mucha confianza en la Justicia, a decir verdad, muy poca. En la española, nula, cero absoluto. En la del Tribunal de Justicia Europeo, un poco más. En la de la Corte Penal Internacional, hay que reconocer que se la está ganando a pulso...

Pero hoy ese poso de confianza se me ha ido al traste ante la noticia de que el Congreso de los Diputados aprobó ayer, con el acuerdo del PP y el PSOE (y de otros grupos minoritarios) la limitación de la jurisdicción universal de la justicia española a los casos estrictos en que se hayan visto envueltos ciudadanos o intereses españoles.

Es una mala noticia para la Justicia, y sobre todo para los ciudadanos. Se ha quedado corto el portavoz parlamentario de Izquierda Unida, el señor Llamazares en sus críticas a la decisión mayoritaria del Congreso. Y desde luego no ha estado muy afortunado cuando para referirse a ello ha dicho que brindarán con champán por tal decisión "los halcones del Pentágono", como si solo fuera a los "los halcones del Pentágono" a los que va a encantar la decisión de nuestro Parlamento. También le habría encantado a Pinochet y Milosevic, y seguro que les ha encantado a los causantes del genocidio de Darfur, al todavía presidente de Zimbabue, a los dirigentes de la República Popular China, a los hermanos Castro, a Ariel Sharon, al ínclito Chaves, y porqué no, a Tony Blair, José María Aznar, George Bush (hijo), al reelegido presidente iraní y a una buena parte de la clase política internacional.

Por parte del PP, un partido meapilas y reaccionario, me parece normal la decisión; por parte del PSOE, al que comienzan a sobrarle muchas letras de sus siglas, no le encuentro ninguna justificación. Allá ellos. Supongo que es una forma como otra cualquiera, aunque chapucera, de quitarse de encima los problemas diplomáticos que unos cuantos jueces españoles tocapelotas le estaban creando a nuestro ministerio de Exteriores. Es una auténtica lástima. "Un día de luto", titula su comunicado Amnisntía Internacional. Yo también pienso que lo es: ¿Requiescat in pace por la jurisdicción universal de la Justicia?, en España parece ser que sí. Sean felices. Tamaragua, amigos. (HArendt)




Tres de los jueces de la Audiencia Nacional: Andreu, Garzón y Pedraz



Notas:
(1) La Jurisdicción Universal en:
http://noticias.juridicas.com/articulos/55-Derecho%20Penal/200707-00214589654125874541.html
(2) Acuerdo del Congreso de los Diputados en:
http://www.elpais.com/articulo/espana/Congreso/limita/jurisdiccion/universal/justicia/espanola/elpepuesp/20090625elpepunac_14/Tes
(3) Comunicado de Amnistía Internacional en:
http://www.elpais.com/elpaismedia/ultimahora/media/200906/25/espana/20090625elpepunac_1_Pes_PDF.pdf
(4) La Corte Penal Internacional en:
http://es.wikipedia.org/wiki/Corte_Penal_Internacional
(5) Artículo sobre los jueces de la Corte Penal Internacional en:
http://www.elpais.com/articulo/portada/justicieros/mundo/elpepusoceps/20090621elpepspor_8/Tes



Sede la Corte Penal Internacional (La Haya)



Entrada núm. 1175 (.../...)

martes, 23 de junio de 2009

Las Palmas de Gran Canaria, de cumpleaños

Mañana, 24 de Junio, día de San Juan Bautista, El Real de Las Palmas, la actual ciudad de Las Palmas, capital de la isla de Gran Canaria, co-capital de la Comunidad Autónoma de Canarias, la ciudad más populosa del archipiélago, sede primada de la Iglesia de África, primera ciudad fundada por europeos fuera de su continente, cumple 531 años. ¡Feliz Día, Las Palmas! Tamaragua, amigos. (HArendt)




La Casa de Colón (Vegueta, Las Palmas)



Nuestra ciudad, con 531 años de historia, fue en sus inicios más campamento militar que urbe. El Real de Las Palmas, levantado en la margen derecha del barranco Guiniguada, fue el primer centro urbano ultramarino de Europa y sirvió como ejemplo para crear centenares de ciudades en América, desde la Patagonia a Estados Unidos.



Palacio Episcopal (Vegueta, Las Palmas)



El 24 de junio de 1478 es la fecha de fundación de la ciudad. En poco tiempo, el Real de Las Palmas pasó de bastión militar -desde el que se inició la conquista de Gran Canaria- a floreciente villa. Donde hoy se ubica la Ermita de San Antonio Abad y la Casa de Colón, hincaron los castellanos sus pendones.



Lady Harimaguada (Vegueta, Las Palmas)



Finalizada la conquista de la Isla, seis años después, se dio inicio a la colonización con el reparto de tierras y la introducción de la caña y la fabricación de azúcar destinada a los mercados europeos. Es este cultivo el que determina el primer impulso económico, demográfico y urbanístico importante de Las Palmas de Gran Canaria. Permite el ‘salto’ al otro lado del Guiniguada y da lugar a la formación de Triana. Un barrio, desde sus comienzos, comercial y marinero, pues también aquí -en el actual parque de San Telmo- se ubica el primer puerto.



El Gabinete Literario (Triana, Las Palmas)



Durante siglos, la capital grancanaria se limitó a una y otra zona, debido a las murallas que sirvieron para su defensa ante la multitud de ataques piráticos que padeció en los siglos XVI y XVII. Así, mientras en octubre de 1595 las milicias de canarios rechazaron la embestida de 27 navíos capitaneados por los británicos John Hawkins y Francis Drake; en junio de 1599, los holandeses, al mando de Van der Does, protagonizaron uno de los episodios más trágicos de nuestra historia, con el saqueo y el incendio de las edificaciones más representativas.



Parque de San Telmo (Triana, Las Palmas)



La industria de la cochinilla y la construcción del nuevo puerto en el XIX sacan a la ciudad del largo letargo de los siglos anteriores, sólo amortiguado por las innovaciones de la Ilustración. A mediados de centuria la ciudad comienza a extenderse hacia la bahía de La Isleta, hacia el actual Puerto de La Luz, cuya construcción en 1883 propició la modernización de la ciudad. Sin el Puerto, Las Palmas de Gran Canaria sería otra.



Auditorio Alfredo Kraus (Las Canteras, Las Palmas)



Por el mar llegaron los viajeros y los pobladores que han ido conformando la imagen abierta y amable de los palmenses. Castellanos, flamencos, genoveses y portugueses buscaron aquí tierras libres para asentarse; hicieron parada de camino a América o emplearon la ciudad como plataforma tricontinental. Las Palmas de Gran Canaria es un crisol de razas y culturas, una sociedad cosmopolita. (De la página electrónica del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria)



Playa de Las Canteras (Las Palmas)




Entrada núm. 1174 (.../...)

Vivir, ¿y morir?, con dignidad

No creo que haya muertes dignas o indignas. La vida es la que tiene que vivirse con dignidad. Y cuando esa dignidad desaparece, desaparece todo sentido de vida. Un antiguo amigo y compañero de afanes universitarios, filósofo, historiador y abogado, que se llama Julio Santamaría, me escribe hace unos días enviándome un texto emocionado y emocionante sobre la experiencia que ha supuesto para él la muerte de un familiar muy cercano. Supongo que muchos de ustedes, todos más o menos tarde, han pasado por ese trance, y la experiencia personal de cada uno es intransferible. Mi amigo Julio ha titulado su artículo "¿El suicidio como proyecto vital?", y es una crítica de la legislación española y canaria sobre la muerte digna, llámese ésta testamento vital, tratamientos paliativos o eutanasia. Me ha parecido muy interesante y digno de reproducirlo en el blog. Sean felices. Tamaragua, amigos. (HArendt)




"La muerte de Sócrates" (Jacques-Louis David, 1787)




"¿EL SUICIDIO COMO PROYECTO VITAL?", por Julio Santamaría Pampliega

1.- No hay contradicción en el título de estas reflexiones. Está así redactado premeditadamente. Las circunstancias y experiencias sociales y personales delimitan y definen la trayectoria del ser humano. En otros términos: de la misma forma, modo y decisión con que proyectamos nuestra vida de joven hacia el futuro, igual ha de ser la proyección a la muerte. Una y otra elección son los actos más trágicos, de mayor responsabilidad, y de creación del ser personal, o profesional y/o de su despedida de este mundo. No me refiero a la eutanasia en su plenitud de significación, sino al hecho mismo de morir. Hume, filósofo Inglés del Empirismo en su Ensayo, el Suicidio, dejó ya escrito que el ser humano, cuando en su deterioro se convierte y llega a ser carga para sí y para la sociedad, su destino es claro: la muerte voluntaria: “Que el suicidio puede a menudo ser consistente con el interés, y el deber para con nosotros mismos es algo que nadie puede cuestionar, una vez que se admite que la edad, la enfermedad, o la desgracia pueden convertir la vida en carga, y hacer de ella algo peor que la aniquilación”“Ningún un hombre ha renunciado a la vida, si ésta merecía conservarse”.”Tal es nuestro horror a la muerte, que motivos triviales nunca tendrán fuerza suficiente para hacer de ella algo deseable,”-, incluso dejando a parte la religión y el código penal de las sociedades. “Si se admite que el suicidio es un crimen, sólo la cobardía nos puede empujarnos a cometerlo. Pero si no es un crimen,-y los códigos penales no pueden definirlo,-“sólo la prudencia y el valor podían llevarnos a deshacernos de la existencia, cuando ésta ha llegado a ser una carga.”, “Es este el único modo en que podemos ser útiles a la sociedad y preservaría para cada uno su oportunidad de ser feliz en la vida, y lo libraría eficazmente de todo peligro y sufrimiento.”

Hipócrita, patana y engañosamente a ese camino no van dirigidas la Ley nacional del testamento vital, ni la norma regional. Ni el parlamento español, ni el canario han entrado a legislar vitalmente sobre la eutanasia. Han servido legislación descafeinada del mismo color. Muerte o su aproximación. Pero sucede que, en ese camino del ser humano hacia su destino final, se le puede endulzar y racionalizar el sufrimiento. Y a esa permisión vergonzante se le llama testamento vital. Manifestación documental del que ha de morir, realizada en plena advertencia y conciencia ante presencia notarial, sobre su voluntad de tratamiento al perder la capacidad de obrar. Nada más. Y sin embargo las situaciones vitales que todos los seres humanos hemos de vivir, y de quienes han desaparecido de este paraíso “infernal” exigen más. Exigen algo más que orientaciones psicológicas a enfermo y familia, y profesionales médicos, que convierten esos días, meses, o años de deterioro general, y situación amenazante, difícil y cambiante: la concienciación de la persona, y de la sociedad, que la muerte debe y puede elegirse como solución, y meta final.Y ello como se elige una profesión en el recorrido de la vida. La equivocación en la elección profesional crea o puede crear, desorientación, angustia e improductividad personal, familiar y social del apocado, permanentemente equivocado y carente de voluntad.

2.- A nuestro criterio sólo con una preparación para la muerte antes de la enfermedad, la inseguridad física y personal del enfermo, y su temor, se transforma o debe transformarse en tranquilo vivir para morir. La capacidad de verbalización del hombre le ha servido para desempeñar muchas facetas en su camino evolutivo; en su evolución cognitiva, para la resolución de sus problemas, planificación de sus objetivos, y el control de sus eventos fundamentales de su vivir. La misma capacidad con la que ha creado y elaborado el conjunto de sus creencias. En la realidad y en el contexto de la certeza de la muerte próxima, ser verbal significa tener la habilidad de traer al presente cosas totalmente desconocidas, y que aún no han sucedido: el deterioro trágico del su salud, lo que puede ocurrir después de su desaparición; las imágenes de futuros cargados de gran dolor, y las comparaciones seguras de lo que podía, y pudo hacer antes de su situación límite de salud, y sentir lo que no puede hacer en el instante mismo de de su grave enfermedad.

Los pensadores existencialistas fueron los primeros predicadores de la construcción del hombre. El hombre ante la tragedia de la elección de su ser. La posibilidad de error ante la elección de su trayectoria vital provoca y obliga a sentir en el hombre el sentimiento aquel o estado anímico de asco, tragedia, nausea, y temor por las consecuencias de la equivocación. Los existencialistas sembraron gratis la verdad y la necesidad del obrar libre y conscientemente en la construcción del ser del hombre. Toda elección equivocada en su profesión, esclaviza al ser, o ciudadano concreto a un continúo vaivén de acciones y proyecciones cuyo final es el fracaso y la despersonalización. El hombre sin meta electiva y programada orilla la nausea perenne de su existencia. La ineficacia en la acción, y la despersonalización constante traducida en presente y permanente desesperación. Hoy, y ayer es la tragedia de la falta de formación. La equivocación constante y no percibida coloca al hombre en situaciones límites, en las que la cobardía y el miedo a la vida le impiden consumar lo que desea y rechaza culturalmente su sociedad, el suicidio. Se hermanan, pues, el fracaso ante la vida, como es la vida personal desarticulada, con el desastre final de la vida como degeneración de su salud, y la carga innata para si mismo, y la sociedad. Filippo Strozzi, rico comerciante de Florencia, (1488-1538) que fue capturado tras el fracaso de la rebelión que había planeado contra Cósimo de Médicis, fue encontrado muerto en su celda. Junto a él, una nota en la que se decía:”hasta ahora no he sabido cómo vivir; sabré ahora cómo morir”.

Sería fácil probar que el suicidio es tan legítimo dentro de la doctrina cristiana como lo fue para los paganos. Esa grande e infatigable norma de fe y de costumbres que debe dar dirección a toda razonamiento humano, nos ha dejado en completa libertad en lo que se refiere a este punto. La resignación a la Providencia se nos recomienda, ciertamente, en la Escritura, pero eso implica solamente sumisión a males que pueden remediarse con el ejercicio de la prudencia o de la fortaleza, pero no a los males que son inevitables como la muerte por degeneración y destrozo lentamente del cuerpo con inseparabilidad del dolor más atroz. No matarás es, evidente, un mandamiento que prohíbe matar a los demás, sobre cuya vida no tenemos autoridad., Que este precepto, como la mayoría de los preceptos de la Escritura, debe ser modificado mediante la razón y el sentido común, queda de manifiesto en la práctica del derecho penal, en la que los Magistrados, aún hoy, castigan a criminales con la penal capital, a pesar de lo que dice la letra de la Ley, y la norma penal. Pero si ese mandamiento se refiriera también al suicidio, ahora no tendría autoridad, porque toda ley de Moisés ha sido abolida, excepto en aquellos puntos, que se basan en la ley natural. Pero el suicidio no está prohibido por esa ley, la natural. Y el caso es que cristianos, y paganos han participado del mismo fundamento. Catón y Bruto, Arrea y Porcia actuaron heroicamente. Quienes ahora imitan su ejemplo deberían recibir las mismas alabanzas de la posteridad. Algo así como la admiración que despierta Sócrates que consumó el suicidio con la cicuta.

3.- Insinuado ya el pensamiento de Plinio debería terminar traduciendo textualmente sus palabras de su Historia Natural, II ,5: Dios aún cuando quisiera no puede darse muerte, y ejercitar es privilegio que concedió al hombre en medio de tanatos sufrimientos. He ahí por qué bautice al testamento vital como falacia ante la necesidad del enfermo terminal. En el caso del individuo enfermo, sin capacidad de aseverar, conocer o casi respirar por los retortijones del dolor,

¿ El profesional de la medicina, y familiares pueden, y se deben acoger, y respetar literalmente al testamento descafeinado vital de nuestras leyes, o aplicar de forma progresiva la sedación, como práctica racional paliativa del bienestar del enfermo y su paz final, tal y como personalmente haya dejado escrito aunque suene a suicidio ?.La razón y el sentido común me obligan, y me obligaron a desear ese tratamiento no hace unos días para un familiar. Suicidio testamentario o desgarramiento final. Pero…en esa Comunidad donde se produjo la muerte la terapia paliativa se confunde con el homicidio. Por desgracia, también, se dan homicidios culturales. -¿No lo siente así el lector?



Entrada núm. 1173 (.../...)

lunes, 22 de junio de 2009

La mujer del César

Llevo varios días de absoluta sequía anímica para enfrentarme a la pantalla en blanco del portátil. Un poco antes del asesinato del inspector de policía Eduardo Puelles por esa pandilla de mafiosos que conforman ETA tenía medio esbozado un comentario que se iba a titular "¿Por qué detesto el nacionalismo?". Ya no voy a escribirlo. No deseo que nadie piense que presupongo una relación causal entre el nacionalismo vasco, -en este caso-, y ETA. Me niego rotundamente a hacerle el juego a ninguno de los dos. ETA no es más que una organización mafiosa sin más objetivo que sojuzgar al pueblo vasco, al nacionalista y al no-nacionalista, en su propio interés, que confieso ignorar cual pueda ser. Pero saben, aun siendo despreciables los mafiosos etarras, me merecen mucho más desprecio quiénes les jalean y apoyan desde las instituciones, las urnas, las pancartas, las manifestaciones, los insultos y las amenazas. Estos últimos son doblemente cobardes porque se aprovechan de las libertades que les otorga una democracia en la que no creen. Pero no lo conseguirán. Como ha dicho con enorme entereza y valentía la mujer del policía asesinado, lo único que han conseguido es dejar a dos hijos huérfanos y a una mujer viuda. Y no van a conseguir nada más.



La viuda y los hijos del policía asesinado por ETA



Irán es otra de las cuestiones que me tiene ensimismado. De niño, en Madrid, vivía muy cerca de la Embajada Imperial del Irán, en la avenida de Pío XII. Eran los tiempos del Sah y sus encantadoras esposas, y de los fastos de la coronación en Persépolis. Que el Sah era un sátrapa a la antigua usanza lo supe mucho más tarde. Pero también es cierto que llevó a su país a unas cotas de modernización que no había conocido nunca antes, aunque no seré yo quien se atreva a sugerir que todo tiempo pasado fue mejor. Desde mi inocencia, mantenía una curiosa relación de amistad y buena vecindad con el personal de la Embajada, incluyendo al embajador y su familia, que me regalaban libros, cuentos y folletos turísticos de su país en cada visita que les hacía . Es agua pasada, claro está, pero estos días recuerdo aquellos momentos con cariño, y estoy convencido de que la ola de libertad que se ha levantado en Irán es el prólogo irreversible del principio del fin del régimen teocrático impuesto por los imanes y que el pueblo iraní, más pronto que tarde, recuperará la libertad que sin duda merece.



Velas en recuerdo de la joven iraní Neda Agha



En El País de hoy el escritor Julio Llamazares ha publicado un artículo: "Lectura estética de las últimas elecciones", que no se como calificar, si como irónico o como sarcástico, sobre la utilización del resultado de las mismas por parte del PP del Sr. Rajoy, -¿hay otro PP que no sea el del Sr. Rajoy?-, como salvoconducto de prácticas corruptas. Sin librar de crítica al partido del gobierno ni a toda la clase política española en su conjunto. A mi, lo digo con toda sinceridad, más miedo que el PP del Sr. Rajoy, muchísimo más, me dan sus votantes de Madrid, Valencia, o Canarias.



El escritor Julio Llamazares



Casualmente, el sábado pasado me dio por ojear un viejo y estupendo libro del sociólogo norteamericano V.O. Key: "Política, partidos y grupos de presión" (Instituto de Estudios Políticos, Madrid, 1962) , que había leído hace al menos treinta años. Apenas iniciado, en las primeras líneas de su capítulo preliminar, afirma Key con rotundidad: "la Política no es más que la lucha por el poder". Una verdad que solemos olvidar presos de la ingenuidad.

Dice un antiguo adagio que "la mujer del César no sólo tiene que ser honesta sino parecerlo". No creo que esa sea la situación actual en nuestro país. Para mi, la clase política española, salvo excepciones personales concretas, cada vez se parece más a un decadente prostíbulo lleno de viejas putas, dicho con todo el respeto debido a las putas ya sean éstas viejas o jóvenes. Sean felices. Tamaragua, amigos. (HArendt)




HArendt ante el Tagoror indígena de Tafira (Gran Canaria)




"LECTURA ESTÉTICA DE LAS ÚLTIMAS ELECCIONES", por Julio Llamazares
EL PAÍS - Opinión - 22-06-2009

Se podrá dudar de la palabra del sastre que confeccionó los trajes de los que tanto se habla en la prensa española últimamente, pero no de su profesionalidad: a sus destinatarios los trajes les sientan de maravilla.

Así que, si yo fuera el juez, seguiría investigando por ahí, puesto que, aunque no deja de ser cierto lo que dijo el presidente del partido al que aquellos pertenecen de que nadie se vende por cuatro trajes, no es menos cierto que, si éstos están tan bien cortados como se ve, cualquiera puede caer en la tentación de ponérselos, máxime si, como es el caso, ha de cambiar de traje a diario en función del cargo que ostenta, siempre al servicio de los demás, por supuesto.

Igualmente, y aunque nuestra Constitución ampare la presunción de inocencia de todos los españoles, incluidos aquellos a los que, como los del caso Gürtel, el aspecto delata sólo con verlos (la fotografía de la explanada de El Escorial con Correa y El Bigotes desfilando con chaqué en el convite de Agag y Aznar serviría como prueba acusatoria en cualquier juicio), si yo fuera el juez del caso, seguiría los pasos de los imputados aunque solamente fuera por aquello que dicen los americanos de que, si un ave anda como un pato, vuela como un pato y nada como un pato, lo normal es que sea un pato (en España hay otra versión de ese silogismo, más costumbrista y menos avícola, que es esa que asegura que, si alguien lleva casco, hacha y manguera, lo normal es que sea bombero).

Lo que no comprendo, en cambio, dicho sea con todos los respetos hacia quienes actúan y piensan de modo diferente, es la insistencia de los partidos de izquierda en utilizar esos casos de corrupción, así como otros varios que salpican al Partido Popular desde hace tiempo, como arma en la batalla partidista cuando la realidad demuestra que al electorado conservador la corrupción no sólo no le preocupa, sino que la considera consustancial a la actividad política, incluso digna de admiración y aplauso (siempre y cuando, eso sí, la protagonicen personas de su ideología; otra cosa es que afecte a los contrarios), como recientemente han vuelto a demostrar los resultados de las últimas elecciones al Parlamento Europeo.

¿O cómo explicar si no que las comunidades más afectadas por esos casos de corrupción, incluso con personas ya imputadas por los jueces, sean precisamente donde el partido al que pertenecen mejores resultados ha obtenido, incluso acrecentando su número de votos?

Cierto que existen otros factores (la crisis económica, por ejemplo, o la abstención de muchos votantes, especialmente en ciertas regiones) que explican esos resultados, pero lo que parece claro es que la que los partidos de izquierda creían iba a ser su baza principal en esa cita se ha demostrado no sólo inocua, sino hasta revitalizadora para sus opositores; tan revitalizadora que algunos de éstos han llegado a argumentar, ignorando los principios democráticos más básicos (el de la división de poderes, el primero, y el de la independencia de los jueces, el segundo) que esos buenos resultados obtenidos en las urnas suponían de hecho una absolución de los imputados en los citados escándalos de corrupción. Un argumento que serviría para que cualquier persona con cuentas con la justicia se presentara a unas elecciones esperando a que las urnas revocaran la decisión del juez.

Algo pasa en un país cuando la corrupción no sólo no penaliza a quienes se benefician de ella sino que les favorece. En los últimos días se han hecho muchos análisis sobre el asunto, comparando el caso de España con los de otros países de nuestro entorno (el de la Italia de Berlusconi o el del Reino Unido de Gordon Brown, tan parecidos a primera vista, pero resueltos por la población de modo muy diferente), pero nadie se atreve a decir lo que muchos sospechamos o pensamos ya hace tiempo: que la sociedad española tiene un problema muy grave y éste no es tanto la crisis económica, que existe, eso es evidente, cuanto la moral y estética. Y esa crisis, que es ya antigua (viene de la dictadura, incluso de más atrás), se ha acentuado en estos últimos tiempos al socaire de la bonanza económica que el país ha vivido durante años y de una cultura, o incultura, la de la picaresca, que, arraigada en nuestro carácter (el español presume de listo, nunca de honrado, ni de trabajador), se adapta a cada momento en función de sus características.

El problema principal es que quienes deberían solucionar esa crisis (que no se arregla con inyecciones de dinero, como la económica, sino con el ejemplo y la educación de la población) son los que más contribuyen a acrecentarla, los unos utilizando la corrupción como munición política, pero sin preocuparse mucho por lo que de verdad supone, y los otros protegiendo a los corruptos con el desvergonzado argumento de que las urnas no le condenan.








Entrada núm. 1172 (.../...)

miércoles, 17 de junio de 2009

Entre todos la matamos y...

De la Política (con mayúsculas) cabría decir eso de "entre todos la matamos y ella sola se murió"... Hoy estoy bajillo de ánimos así que no quiero polémicas ni sesudas reflexiones estériles. Me sumo a lo expresado por la escritora Elvira Lindo en su artículo de El País. Sean felices, si les dejan... Tamaragua, amigos. (HArendt)


Notas:
(1) Alegoría de la Política en:
http://farm3.static.flickr.com/2117/2457168410_1cfa76398b.jpg?v=0
(2) Fotografía de la escritora española Elvira Lindo en:
http://telaviv.cervantes.es/FichasCultura/Imagenes/FOTOELVIRA1.jpg




La escritora española Elvira Lindo



"PARTIDITIS", por Elvira Lindo
EL PAÍS - Última - 17-06-2009

Tras la insufrible campaña para las elecciones europeas los partidos se encontraron en la inevitable Tercera Fase: ese momento de ciencia ficción en el que tratan de explicar que han salido ganando aunque no hayan conseguido los votos que esperaban. A esto, que siempre tiene su gracia, se añadía en esta ocasión el hecho de que debían interpretar la abstención.

La visión optimista fue la norma. Todos los partidos afirmaron que, en comparación con otros países, España no podía quejarse del nivel de participación. Luego añadieron que el electorado aún no acaba de entender el verdadero significado de las instituciones europeas. Desde luego. ¿Y ellos?, ¿entendían de qué iba la cosa? Porque dio la impresión de que trataban de esquivar la razón por la que se convocaba a los ciudadanos. Esa táctica elusiva me trajo a la memoria una antigua artimaña escolar: "Me preguntaron por Roma y contesté con Grecia, que era lo que me sabía".

Para rematar la lectura de los resultados, nuestro presidente optó por felicitar a los responsables de su campaña, y la oposición, tras anunciar que está a un paso de La Moncloa, se sintió refrendada hasta en sus más sonoros disparates, como esa chiripitifláutica Educación para la Ciudadanía en inglés que tanto le gusta al señor Camps. A partir de ahí, la vida sigue igual: los telediarios son previsibles partidos de pinpón entre Rajoy y Pajín, y la mayoría de los contertulios políticos (salvo honrosas excepciones) muerden si es necesario por defender al partido para el que parecen trabajar. Los supuestos defensores de la izquierda aseguran que detrás de un independiente siempre hay un derechista, y los defensores de la derecha afirman que detrás de un independiente hay un miedoso. Y a nadie se le ocurre pensar que a cuenta de la partiditis se está acabando con la política.




Alegoría de la política española



Entrada núm. 1171 (.../...)

martes, 16 de junio de 2009

La izquierda, sin discurso

Permítanme una disquisición bastante retórica: ¿Obama es de izquierdas?; visto desde la perspectiva europea, yo diría que no. Sigamos con la digresión: ¿la socialdemocracia europea es de izquierdas?; visto desde la perspectiva americana yo me atrevería a pensar que sí. Y sin embargo, tendrán que reconocer conmigo que Obama está realizando una política progresista que no realiza, porque no puede o no sabe, la socialdemocracia europea... Traducido al román paladino de nuestros clásicos: la izquierda europea se ha quedado sin discurso. Y ese discurso progresista tiene que recuperarlo de nuevo la izquierda socialdemócrata europea porque es el que respaldan los ciudadanos mayoritariamente.

Carlos Mulas, director de la Fundación Ideas, y Luis Arroyo, presidente de Asesores de Comunicación Pública, lo exponen de manera muy didáctica en su artículo de hoy en El País, titulado "Progresistas: una mayoría en minoría". Hay que quitarle su discurso de "fuerza, seguridad y libertad" a la derecha neoconservadora, dicen, con un nuevo discurso neoprogresista que "no acepta la contraposición clásica entre libertad e igualdad, porque la verdadera libertad se logra promoviendo la igualdad".

Soy de los que piensan que en una democracia consolidada no hay grandes diferencias entre lo que defienden derechas e izquierdas, que las diferencias son de matiz, pero, perdónenme la redundancia, que son, precisamente, esos matices los que marcan la diferencia: la derecha, siempre ha dado prevalencia a la libertad; la izquierda, a la igualdad. Y hay está la cuestión clave: que no es posible libertad sin igualdad ni igualdad sin libertad.

Recuperar el discurso neoprogresista es recuperar el binomio, inseparable, de igualdad y libertad; y si quieren, añadirle la tercera pata, que sería la solidaridad (la fraternidad de la trilogía revolucionaria). Ese fue el discurso de Lincoln, Roosevelt, King, González, Brandt, Allende o tantos otros, dicen Mulas y Arroyo; y lo es ahora de Obama, Zapatero, Sócrates, Brown, Rudd, Bachelet, Lula...

Ojalá fuera todo tan sencillo como cambiar la etiqueta "izquierda" por "neoprogresismo". No creo que lo sea, pero por algún sitio hay que comenzar. La prueba de que es posible la hemos tenido esta misma tarde en el Congreso, cuando una holgada mayoría de diputados de partidos de izquierda, derecha y centro, le ha dicho "no" al intento de la derecha mas casposa y reaccionaria de frenar la tramitación del proyecto de modificación de ley del aborto. Ahora, lo que hay que hacer es bajar a la tierra y ponernos todos a trabajar en resolver los problemas reales de los ciudadanos con un "discurso cohesionado, emotivo y movilizador, heredero de una larga y épica historia de libertad, derechos y protección". Recuperar ese discurso creo que es motivo suficiente para una alianza de todas las fuerzas progresistas de Europa. Sean felices. Tamaragua, amigos. (HArendt)





Romeu (El País, 03/06/09)




"PROGRESISTAS: UNA MAYORÍA EN MINORÍA", por Carlos Mulas y Luis Arroyo
EL PAÍS - Opinión - 16-06-2009

La mayoría de los ciudadanos, en España y en casi todo el mundo, prefiere las políticas progresistas, pero no se moviliza en su defensa. Según el último European Election Survey, un 58% de los europeos se autodefine de centro izquierda, pero en las elecciones del pasado 7-J los partidos conservadores han obtenido un 15% más de escaños que los socialdemócratas. ¿Cómo explicarlo? La mayoría cree que el Estado debe actuar para proteger a los más débiles y que la religión no debe interferir en la política; defiende la promoción activa de las minorías y acepta nuevas formas de familia; otorga un papel importante al Estado en educación, sanidad, seguridad o dinamización económica, y sospecha de la capacidad de las grandes corporaciones para comportarse como deben sin controles públicos. Pero los partidos progresistas no logran persuadirles de que les voten con un mensaje sólido vinculado a valores ampliamente sentidos. En esta crisis económica es evidente: los progresistas ponen "las políticas" y los conservadores se llevan "la política", es decir, los votos, como Antonio Estella ha escrito aquí mismo recientemente. ¿Por qué los conservadores sacan la mejor tajada electoral? Pues porque aunque formuladas con franqueza sus políticas no tendrían apoyo general, su relato de "fuerza, seguridad y libertad" suena bien. En general, los conservadores ya no discuten los logros políticos y sociales defendidos y conquistados por sus adversarios a lo largo de la historia (el derecho a votar, a trabajar dignamente, al subsidio de desempleo, a la educación y la sanidad públicas, a la libertad de expresión, etc.), e incluso se han apropiado de algunos de ellos. Ahora se presentan como "centristas" y combinan su histórica defensa de la bandera nacional, la familia tradicional y la política de ley y el orden con un aura, más mítico que real, de gestión eficaz de la economía. El retrato que haría de sí un neoconservador es el de un centrista compasivo, hombre o mujer de principios claros y moral sólida, buen gestor económico, amante de la libertad individual y riguroso en la defensa de la seguridad. Enfrente estarían los progres: izquierdistas trasnochados, empeñados en defender la salud y la educación públicas de inexistentes enemigos, que llaman a la lucha de clases, la nacionalización, el libertinaje, la desaparición de la religión, el aborto, la subida de impuestos, el despilfarro, la promoción de la pereza, la tolerancia con los criminales y la falta de principios morales. Esta caricatura ignora la herencia de los pensadores de la Ilustración y de políticos progresistas egregios como Lincoln, Roosevelt, King, González, Brandt, Allende o tantos otros. Y ofende porque la Historia repite siempre lo mismo: los conservadores estuvieron siempre instalados en el "no" a cualquier avance cívico y social. Siempre "no"... hasta que el avance se impone y ya no hay vuelta atrás. ¿Cómo superar esta caricatura grosera e interesada del progre? Tal vez ayudaría la acuñación de un nuevo término que deshiciera tal simplificación y recogiera la esencia del nuevo pensamiento progresista del siglo XXI. De hecho, bajo el término neoprogresista se comienzan a agrupar distintos pensadores y políticos en los foros mundiales. Un neoprogresista no acepta la contraposición clásica entre libertad e igualdad, porque la verdadera libertad se logra promoviendo la igualdad. Ama la libertad más que los conservadores, pero no sólo la del "dejar hacer, dejar pasar". Porque, ¿cómo puede llegar a ser libre un niño que no accede a la mejor educación posible a causa de la pobreza de sus padres? ¿Cómo puede ser libre una persona con discapacidad si no se garantiza desde el Estado que pueda circular como cualquiera por las calles? ¿Cómo puede una mujer ser libre si no se garantiza su igualdad cuando trabaja? ¿Cómo puede un país ser libre si no se le protege de los abusos del mercado y no se favorece su nivelación? La búsqueda de esa verdadera libertad es lo que motiva las dos grandes políticas que hoy distinguen un programa progresista de uno conservador: la protección y la capacitación (lo que en inglés se llama empowerment). Un neoprogresista cree en la necesidad de dar seguridad a los niños, a los mayores, a los débiles, a las minorías, a los pobres... porque no cree que las desigualdades tengan un origen natural, sino un origen social que puede mitigarse. No se trata de proteger a los trabajadores frente a los empresarios, ni a los parias de la tierra y los descamisados contra los terratenientes y los nobles. Se trata de proteger a todos los ciudadanos de los excesos de un mercado sin normas y sin control. Protección, sí, pero también capacitación, porque con ella se libera el potencial de los individuos y disminuye la necesidad de protección. Así adquiere sentido la regulación frente a una "libertad" mal entendida: para equilibrar las desigualdades, para que el porvenir del planeta no quede hipotecado por la ambición desmedida de unos cuantos, para que la generación de hoy no condene a las siguientes. Bajo los nuevos conceptos de "economía virtuosa", "recuperación verde" y "sociedad sostenible", los neoprogresistas están agrupando las políticas que marcarán el futuro. Para capacitar hay que invertir y habilitar recursos públicos: es decir, cobrar impuestos. Sin avergonzarse. Reniegan de los tributos quienes no creen en lo público. Pero mucha gente necesita de la acción pública... y máxime en tiempos como los actuales de crisis financiera y económica. De estos temas y enfoques se debate en los diferentes foros de think-tanks progresistas de todo el mundo celebrados en los dos últimos años en Londres, Washington, Santiago de Chile... o en el que, dentro de unos meses, se celebrará en Madrid. La idea que va emergiendo de tales intercambios de ideas es que una mayoría de ciudadanos firmaría un manifiesto con estos principios y apoyaría las políticas que de ellos se derivan. Ahora el reto está en comunicarlos bien. Los neocon llevan décadas promoviendo sin pudor ni complejo sus ideas, defendiendo "la libertad, la fuerza y la seguridad", y presentándose como portentosos gestores que acabarían con los funcionarios y las instituciones públicas supuestamente inoperantes. La crisis en que nos encontramos ha demostrado que estaban equivocados, pero su habilidad comunicativa ha conseguido distraer a la ciudadanía de la responsabilidad plena que sus políticas tienen en la actual situación. Los neoprogresistas deben neutralizar la demagogia conservadora y acertar a comunicar su visión esperanzada de futuro. Si no lo hacen, verán como se imponen de nuevo el miedo, el desprestigio de lo público, la llamada al poder duro más peligroso. Un ambiente en el que los conservadores se mueven como pez en el agua, pero que nos abocará a la asunción resignada de la formación y estallido de burbujas insostenibles, con la consiguiente ampliación de las desigualdades. El desafío es grave y urgente. Obama, Zapatero, Sócrates, Brown, Rudd, Bachelet, Lula y sus pocos colegas progresistas aún en el poder han de contarnos su relato con claridad: protección y capacitación para la igualdad y para una verdadera libertad. También para la paz, la seguridad y el desarrollo sostenible. Y deben hacerlo con determinación ante cada reto. El más inmediato es el de superar un estereotipo aún vigente, un estereotipo que puede haber pesado en los resultados del 7-J en el conjunto de la Unión Europea: que la derecha gestiona mejor la economía y es más decidida ante las crisis. Los progresistas tienen que demostrar que sus valores son capaces de producir las políticas más eficientes. Esto requiere coraje, y también asumir que las reformas que ganan el futuro no siempre satisfacen a todos en el presente. La mayoría estaría con ellos si desplegaran un discurso cohesionado, emotivo y movilizador. Como lo hicieron antes cientos de líderes que lucharon para que las mujeres y los hombres fueran libres, para que se sintieran seguros y para que fueran capaces de construirse un futuro mejor. Los neoprogresistas, si decidimos asumir este término, son herederos de una larga y épica historia de libertad, derechos y protección que hoy deben reivindicar más que nunca.



Entrada núm. 1170 (.../...)

lunes, 15 de junio de 2009

Liderazgos

Hace unos días leía un artículo en El País sobre liderazgos. Se titulaba "Liderazgos en nuestros tiempos", y estaba escrito por José Luis Álvarez, doctor en Sociología por la Universidad de Harvard. Lo primero que se me ocurrió fue acudir a la definición de "liderazgo" del Diccionario de la Real Academia Española, que en su versión electrónica, la presenta como voz enmendada para la próxima edición, la vigésimo tercera, con las acepciones de:

1. m. Condición de líder.
2. m. Ejercicio de sus actividades.
3. m. Situación de superioridad en que se halla una institución u organización, un producto o un sector económico, dentro de su ámbito.

Como el artículo de José Luis Álvarez tiene claras connotaciones políticas, me quedo con las acepciones primera y segunda y busco de nuevo la definición académica de "líder" y me encuentro con otras tres acepciones, de las que sólo me interesan las dos primeras:

(Del ingl. leader, guía).
1. com. Persona a la que un grupo sigue reconociéndola como jefe u orientadora.
2. com. Persona o equipo que va a la cabeza de una competición deportiva.
3. com. Construido en aposición, indica que lo designado va en cabeza entre los de su clase.

Ya puestos, me asomo al "Thesaurus. Gran Sopena de Sinónimos y Asociación de Ideas", de David Ortega Cavero (Ramón Sopena, Barcelona, 1987), que me da, entre otros, los siguientes sinónimos de "líder": jefe, superior, director, mayor, amo, cabeza, jerarca, prepósito, capataz, presidente, caudillo, prócer, patricarca, jerifalte, abanderado, mandón, importante, capitán, portavoz, primate...

Y no se muy bien porqué, me quedo con la impresión de que todos esas acepciones tienen en mayor o menor grado connotaciones negativas, o al menos peyorativas. ¿Será por qué casi todas son aplicables a los responsables políticos, y esa negatividad es la percepción mayoritaria de la ciudadanía española y europea? Si tomamos como termómetro de nuestra valoración de la clase política la reciente respuesta ciudadana en las elecciones al Parlamento europeo, yo me atrevería a decir que sí.

El artículo que comento de José Luis Álvarez se centra específicamente en un análisis histórico de las cualidades de liderazgo de los cinco presidentes del gobierno que hemos tenido en España desde la aprobación de la Constitución de 1978: Adolfo Suárez, Leopoldo Calvo-Sotelo, Felipe González, José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero, en el que incluye al actual líder de la oposición, Mariano Rajoy.

El artículista en cuestión establece dos tipos de liderazgo político (el transformacional y el transaccional) y encuadra a cada uno de los líderes citados en uno u otro tipo de liderazgo explicando el por qué de ese encuadramiento.

No voy a opinar sobre ese encuadramiento, que me parece tan subjetivo como cualquier otro, pero que encuentro sumamente interesante. La cuestión, para mi, es que tipo de liderazgo es mejor para la ciudadanía, y ahí, reconozco que me pierdo de nuevo. Personalmente, en circunstancias políticas "normales" (no me pregunten que considero "normal" en política porque la liaríamos de nuevo), prefiero el liderazgo transaccional, a lo Calvo-Sotelo. En circunstancias "excepcionales" (¿estamos ahora en una de ellas?, prefiero pensar que no, y clasificarla como "complicada") optaría por un liderazgo transformacional, como el que significó, al menos para mi, el de Adolfo Suárez, hasta el momento de la aprobación de la Constitución.

El artículo que comento apareció publicado el pasado día 11 en las páginas de Opinión (lo reproduzco más adelante) y no se si por casualidad (es la penúltima pregunta que me hago hoy: ¿existen las casualidades en política?) en el día de ayer la revista Domingo publica dos extensos e interesantes reportajes de mi paisano, el periodista e escritor Juan Cruz, sobre la persona de Adolfo Suárez: uno, centrado en su ascenso al poder, en 1976, aupado por una hábil estratagema del presidente de las Cortes, Torcuato Fernández-Miranda, con la complicidad del Rey; el otro, mucho más intimista, sobre su situación de enfermo de alzheimer, y su vida actual retirada de todo ámbito público, junto a su familia. Los reproduzco también más adelante.

Y termino con una última pregunta que les hago y que me hago a mi mismo: ¿existe hoy algún líder real o potencial en la escena política española y europea? Tengo la impresión de que no, pero, en fin, ustedes dirán...

Todas las fotos que acompaño están tomadas de las publicadas ayer por la revista Domingo. Sean felices. Tamaragua, amigos. (HArendt)




Adolfo Suárez, en su etapa de presidente del gobierno



"LIDERAZGO EN NUESTROS TIEMPOS", por José Luis Álvarez
EL PAÍS - Opinión - 11-06-2009

La crisis ha hecho del liderazgo político el 'test' fundamental de Zapatero y Rajoy. Buenos tácticos, ambos están absorbidos por su propia supervivencia. Les falta una visión de futuro articulada por una ideología.

El liderazgo ha sido raramente empleado, fuera de invectivas partidistas, como medida para la evaluación de presidentes de Gobierno y jefes de la oposición españoles. Sin embargo, escasamente añorado en contextos benéficos, la crisis económica lo está convirtiendo en el test fundamental de José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy.

Hay dos tipos fundamentales de liderazgo. Uno es el transformador, que permite a una comunidad solventar sus problemas y, al mismo tiempo, las causas de los mismos, mejorando su capacidad para afrontar retos futuros. Requiere sobre todo trabajo ideológico o de relato: hacer balance de dónde se está y señalar adónde se va. Requiere más legitimidad del líder y es más propio para contextos de dificultad.

El segundo es el transaccional, que capacita a una comunidad para solucionar sus retos corrientes. Se denomina así porque son el toma y daca, la negociación, el acomodo de intereses, los mecanismos habituales de acción en tiempos de bonanza.

Este país tiene ahora que solventar graves dificultades económicas, pero también la causa que ha provocado la impotencia de los gobernantes ante las mismas: la progresiva independencia de la economía respecto a la política, y la consiguiente incapacidad de lo público para influir en la primera. Es hora de examinar el liderazgo transformacional de nuestros políticos.

Todos nuestros presidentes de Gobierno ilustran aspectos clave del liderazgo político. Por ejemplo, pocas veces un político transaccional como Adolfo Suárez ha estado tan cerca de convertirse en líder transformacional. Su estilo se acomodaba perfectamente a la "reforma" como método de desmontaje del régimen franquista desde dentro. Pero Suárez es ejemplo de los riesgos del agente de cambio hipertáctico, sin ideología sostenida. El virtuosismo transaccional, el trabajo político en distancias cortas, acaba quemado cuando las rutinas de actuación son descubiertas, cuando las bases de poder se agotan de tanto usarlas, cuando por haber logrado buena parte de sus objetivos el líder es prescindible. Es entonces cuando los que cedieron ante el personaje, o se sintieron postergados o incluso subyugados por él, reconociendo su debilidad, dan rienda suelta a su resentimiento. El liderazgo transaccional, como el de Suárez, nunca es suficiente cuando los objetivos son transformacionales, y el final de los líderes transaccionales es la descalificación y acoso personal, porque es precisamente su estilo personal el que les hizo eficaces en su día.

En sus dos primeras legislaturas fue tal el capital político de Felipe González que fue capaz de conseguir objetivos transformacionales (europeización de España) sin necesidad de abusar de tácticas transaccionales. Pero con el tiempo, habiendo cumplido sus aspiraciones, acosado por los escándalos, sin mayoría absoluta, se adaptó mal a una presidencia a la baja, aislándose en Moncloa con fastidio ante unos tiempos que ya no sentía a su altura.

González, el modernizador, ejemplariza las dificultades psicológicas de asumir un cambio a menos del liderazgo, de transformacional a transaccional, pero también muestra el ímpetu de largo recorrido que proporciona haber iniciado la presidencia con aspiraciones transformadoras. El dicho afirma, con razón, que toda historia de poder acaba mal, pero la caída desde el liderazgo transformador, como la de González, aunque melancólica, es siempre más atenuada que desde el liderazgo transaccional.

José María Aznar fue, como González, un presidente vocacionalmente transformador, despreciador, todavía más, de lo transaccional. Pero mientras que al presidente socialista los tiempos le agraciaron con unos desafíos a la altura de sus ambiciones, al popular se los negaron. Aznar, versión española de Margaret Thatcher, Ronald Reagan y Karol Wojtyla, los tres "grandes repudiadores" de la socialdemocracia y el liberalismo cultural, y a quien pareciera que le rebajasen política e íntimamente los compromisos y cesiones escasamente grandiosos que caracterizan las prácticas democráticas, buscó para sí, con espíritu político emprendedor, el reto que los tiempos no le proporcionaban: la emergencia de una nueva Europa frente a las viejas potencias continentales, un desafío propio de un Churchill, su exigente superego político. Las inesperadas consecuencias últimas de esta empresa son conocidas y Aznar, el más interesante psicológicamente de nuestros presidentes, acabó fracasando también en su intento de seguir mandando vicariamente en el país a través de Rajoy, sin necesidad de ser electoralmente responsable. El destino de Aznar enseña que sin un módico trabajo transaccional no hay política posible. Los liderazgos transformacionales y transaccionales no son excluyentes y, aunque todo líder tiene sus preferencias, necesita ser mínimamente activo en ambos modos de acción.

Zapatero es, con Leopoldo Calvo Sotelo, el presidente que ha llegado a Moncloa con menos capital político. Opuesto a un ciclo conservador dominante durante su primera legislatura en la escena internacional y nacional, estuvo bloqueado en sus iniciativas más importantes, como la negociación con ETA, por una oposición que mantenía el poder mediático, económico y judicial. Zapatero fue invirtiendo su escaso capital político en iniciativas de "ciudadanía", que garantizan estilos de vida plurales, pero no son transformadores para el general de la población. Y cuando se le viene encima una crisis económica histórica es incapaz de reaccionar, porque desde hace años la izquierda ha aceptado la premisa conservadora de que la cuestión económica está resuelta. Zapatero carece de un discurso de futuro que incluya de manera creíble la economía, lo que le permitiría incorporar a su proyecto a clases sociales con aspiraciones de movilidad vertical, que le siguen percibiendo demasiado enfocado en cuestiones de estilos de vida no centrales para esos grupos. Y su escaso capital político sólo le permite tácticas de resistencia, y éstas siempre son transaccionales.

Reducido en su capacidad de hacer política, apenas reteniendo el poder ante una derecha que, paradójicamente, debería estar en retirada por agotamiento de su modelo económico liberal, Zapatero, el político, está como Suárez sujeto a descalificaciones personales constantes, como el epíteto de mentiroso que Rajoy le dedica diariamente, o el "pinocho" que le ha adjudicado Artur Mas. Sin el respaldo de un partido disciplinado, su equilibrismo sería fatal.

Mariano Rajoy traslada a la política el estilo de su oficio original: registra la realidad, pero carece de proyecto de transformación. Su vocación y capacidades -y la de su equipo, altos funcionarios como él- es la mera administración de las cosas. Acosado desde 2004 por sectores de su partido ha ido resistiendo con resabios de funcionario experimentado. Pero si gana las próximas elecciones generales se puede encontrar con el pie cambiado respecto al ciclo político. Ni amado por sus bases, que siguen añorando el estilo de Aznar, ni temido por los adversarios -su desprecio hacia el presidente parece perjudicarle más a él mismo-, Rajoy difícilmente podrá, de ganar las próximas elecciones, sostener con mera gestión la previsible espiral de demandas sociales, contenidas ahora por el miedo al paro, que caracterizará el final de una crisis que ha hecho patente las desigualdades de oportunidades. Superviviente, como Zapatero, Rajoy, el administrador, es el más transaccional en objetivos y medios de los dirigentes políticos actuales.

En tiempos que requieren liderazgo transformacional, Zapatero y Rajoy están absorbidos en su propia supervivencia. Nunca en la España democrática ha habido tal desajuste entre necesidades objetivas y liderazgo disponible.

El problema no es un déficit particular de Zapatero o Rajoy, ambos eficaces líderes transaccionales. La elevación a liderazgo transformacional no lo dan las personas, sino una clara dirección de futuro articulada alrededor de una ideología a su vez reflejada en programas políticos. Y ese es un trabajo de partido. Salvo la excepción de Suárez, aquellos presidentes que han contado con una narración de futuro han impactado el país, como González y Aznar. Calvo Sotelo no la tuvo, Rajoy no la tiene y la de Zapatero es incompleta por carencia de economía política. Sin ideología no hay ni tracción, ni sostenibilidad políticas, ni autoridad, ni legitimidad para llevar a cabo los cambios necesarios.





Adolfo Suárez, paseando con el Rey



"LOS DÍAS DE SUÁREZ. ¿CÓMO ESTÁ SUÁREZ?", por Juan Cruz

El ex presidente del Gobierno vive en la desmemoria, protegido por los suyos, ajeno a todo. Mañana se cumplen treinta y dos años de las primeras elecciones democráticas que él impulsó, pero no se dará cuenta de nada. Ésta es una historia de sus días.

No sabe quién es. Tiene energía, responde al afecto con el mismo afecto; hace guiños, se burla de broma de los que tiene cerca. Pero no tiene ninguna relación con la realidad. Ésta se le ha ido por completo. Como cientos de miles de personas en este país, sufre alzheimer. No relaciona una cosa con la otra, mantiene conversaciones a trompicones. Pero es feliz, se le nota feliz, tranquilo; los que le tratan piensan que está tranquilo, que es un hombre en paz. Pero él tampoco lo sabe. Mañana se cumplen treinta y dos años de las primeras elecciones democráticas que él impulsó (y ganó, al frente del Gobierno y de Unión de Centro Democrático) en este país, pero él no sabe nada, no sabrá nada. No sabe ni que le quieren ni que no le quieren, y de todo hay.

Desde hace seis años, cuando perdió el hilo mientras hablaba en un mitin político a favor de su hijo Adolfo en Albacete, Adolfo Suárez González, el primer presidente del Gobierno de la democracia, está sumido en la bruma de la desmemoria.

No recuerda nada de lo que fue, ni supo que su hija Marian ha muerto. Y si lo supo, en seguida lo olvidó. No recuerda nada. Una frase suya que puede resultar coherente se contempla como un suceso extraordinario. Pero él tampoco sabe que la ha pronunciado. Le preguntamos a su hijo Adolfo. Sí, el padre es físicamente el que fue; te mira y ahí hay una mirada inteligente; te guiña un ojo, se muestra cómplice, te avisa de que alguien llega para que calles por si acaso... Bromea, te pide silencio, o se ríe. En los ojos hay vida. Ya no lee, su manera de mirar sigue siendo la suya, aquella mirada de Suárez entre confiada y veloz. Y te mira con cariño ("si le miras con cariño"). Esta imagen sirve para explicar cómo está: si le ves ahora y no te habla, parecería que estás viendo una película muda en la que un señor mayor que fue como el Suárez que conocimos vive el inicio de la vejez. Y punto. No hay ningún gesto que delate su condición de persona ida, completamente fuera de este mundo; y tampoco hay miradas perdidas.

Se suceden ahora libros sobre su vida y sobre su actitud como artífice del cambio, al lado del Rey; Javier Cercas, Gregorio Morán, Carlos Abella..., han escrito libros sobre su figura, a favor o en contra; Charles Powell prepara una biografía. E incluso aquella fotografía ha dado que hablar, en pro y en contra, como si aún resonara la figura que en otros tiempos no fue una ausencia, sino una polémica presencia en la historia de España. Todos le recuerdan y él no recuerda nada, absolutamente nada.

¿Y cómo está? ¿Qué recuerdos se llevó su desmemoria? Ésa es una pregunta que ahora sólo se puede responder con la voluntad de reconstruir una figura que la enfermedad ha dejado fuera de combate para la razón que supone el ejercicio de los recuerdos.

Hace tres años, quizá, Adolfo Suárez, que cumple 77 en septiembre, dijo la última frase coherente que recuerdan sus próximos. Esa frase es ahora como un talismán, que se reproduce como si fuera el último ejercicio de una despedida; inconsciente, acaso, pero coherente. Antes de escucharla, volvamos a ver cómo está Suárez, respondamos a esa pregunta que se hace quizá desde aquel dramático debilitamiento público de la memoria que le ocurrió en Albacete. ¿Cómo está Suárez?

Suárez está protegido, le ven sus hijos, le ve poquísima gente. Su última fotografía pública fue aquella en la que se ve de espaldas ("hacia el fondo de la historia") con el rey don Juan Carlos; "soy tu amigo", le dijo el Rey. Acaso la simplicidad de ese intercambio dice mejor que nada a qué grado de desmemoria llegan estos enfermos, y ese mismo intercambio, también conmueve. La enfermedad acerca, y esta enfermedad llega al fondo del sentimiento incluso a aquellos que son lejanos.

Tal como era Suárez, dice Suárez Illana, seguramente no querría retratos de su rostro en este periodo de su existencia en que vive en la bruma. Durante algún tiempo, durante su proceso de desmemoria, su hijo le daba If, de Rudyard Kipling, un poema que amaba; lo tenía ante sí, alguna vez se detuvo a leerlo como si ese folio tuviera la extensión de una novela, pero luego ya se le perdió el papel en la nebulosa en que vive. Ya no podrá leer estos versos que Kipling puso al principio de su famoso poema (reproducido aquí en la versión de Aquilino Villegas): "Si puedes estar firme cuando tiemblen de miedo / todos te señalen con vengativo miedo...".

No lee, no recuerda. Tampoco podría relacionar esos versos con el momento más tremendo de su despedida del poder. No es nada, If ahora no es nada para él, nada es nada. Pero él está bien, protegido por los suyos. Le visita muy poca gente, porque sus allegados no han querido que la casa sea una sucesión de personas que quisieran decir cómo está Adolfo Suárez. Han ido algunos, elegidos por la familia; Suárez Illana nos contó que él había querido invitar a algunas personas que, por su relación y por su honorabilidad, él creía que iban a mantener la discreción que se debe cuidar en relación con una persona enferma. Entre esas visitas estuvo la de Alfonso Guerra, en torno a la primavera de 2005. Acertó de pleno, dice, eligiendo a Guerra, "que dijo luego tan sólo que había estado allí para corroborar que mi padre estaba bien atendido".

Lo visita el Rey también; aquel de la fotografía no fue el único encuentro. En este periodo, Suárez vivió un drama familiar más, después de la muerte de su mujer, Amparo Illana, el 17 de mayo de 2001, dos años antes de que comenzara su proceso de deterioro mental. Ya en la nebulosa en la que está sumido falleció de cáncer su hija Marian, el 7 de marzo de 2004; una vez resueltos los trámites tristes de estos desenlaces, Adolfo hijo fue a la casa de su padre.

Dicen los médicos que atienden a este tipo de enfermos que éstos han de hallar siempre afecto a su alrededor, tienen que saber que aquellos a los que tienen cerca son de veras sus próximos, y les quieren.

Desde el principio del pasillo de la casa, Suárez hijo saludó con afecto al padre, y se fue acercando hasta él; cuando estuvieron uno junto al otro, el Adolfo Suárez perdido en la desmemoria le miró y le dijo, como si no le hubiera abandonado la intuición que la gente conserva para adivinar los dramas:

- Tú tienes algo que decirme.

- Sí -le respondió el hijo.

- Pues dímelo.

- Marián ha muerto.

- ¿Y quién es Marián?

- Tu hija.

- ¿La has enterrado?

- Sí.

- Has hecho muy bien.

Después, Adolfo Suárez González se fue a pasear con su hijo, y ambos charlaron sobre el césped de mayo, el mismo en el que el Rey y el ex presidente pasean en la ya famosa última foto que les junta y que hará el 18 de julio un año exacto que apareció.

Adolfo hijo nos contó, cuando le preguntamos cómo está su padre, otro acontecimiento que ha ocurrido en este tiempo de niebla perpetua; lo hizo y acabó visiblemente emocionado.

La historia es la de la última vez que el ex presidente del Gobierno pronunció una frase coherente, redonda, una respuesta verdadera a una pregunta concreta. Suárez Illana es un creyente católico, como su padre, y pensó que a una persona de esas creencias "le gustaría estar preparado para enfrentarse a Dios en la eventualidad de su muerte".





Adolfo Suárez, ya enfermo, con el Rey


Y decidió llamar al confesor habitual del padre, el arzobispo Antonio Cañizares. Era la primavera de 2005, en el centro de la bruma; invitó a cenar al sacerdote, que acababa de ser nombrado vicepresidente de la Conferencia Episcopal.

El ex presidente saludó a Cañizares como saludaba antes el Adolfo Suárez que nosotros recordamos, pero del que él mismo no sabe nada. Ahora ya no tiene aquella energía, pero sí conserva la energía del saludo. Pero es así habitualmente: cálido, directo, sentimental, se deja querer; el hijo dice: "No soy un héroe: me lo paso bien con mi padre. Él es ahora un hombre alegre. No lo sabe, no sabe qué es alegre o triste, pero se muestra alegre".

Así que Cañizares se sentó al lado de Suárez y le puso la mano en la rodilla, y le preguntó al ex presidente, después de unas palabras circunstanciales, según la fórmula ritual:

- ¿Quieres que te administre el perdón?

Suárez le respondió al sacerdote:

- Yo siempre estoy dispuesto a dar y pedir perdón.

Esa frase sonó como un destello, una rareza; el hijo se fue del cuarto. Se quedaron a solas el cura y Suárez, y al cabo de cinco o siete minutos, "don Antonio abrió las puertas, y me dijo: 'Te puedes quedar muy tranquilo".

En Adolfo Suárez González el hijo ve ahora paz; "no es responsable de nada. Me dolerá su pérdida, pero me da alegría verle alegre, y en paz. Está vivo, y eso le convierte en un símbolo; si estuviera muerto ya lo hubieran olvidado; es una llamada permanente; su ausencia le hace presente. Si estuviera bien no se callaría, y una opinión suya, con lo que sabe, seguramente resultaría incómoda".





Adolfo Suárez y Santiago Carrillo, lider del PCE



"LOS DÍAS DE SUÁREZ. Y QUE PAREN LOS TANQUES", por Juan Cruz
DOMINGO - 14-06-2009

La enfermedad de Adolfo Suárez ha convertido al ex presidente en un ser sobre el que se vierten realidades y leyendas a las que él no puede responder; ni las puede contar ni las puede desmentir. Alrededor de su figura silente, sin embargo, flotan anécdotas o sucesos que la historia va perfilando, y que convierten su época en un territorio en el que se mezclan la ilusión, la intriga y el navajeo, en gran parte en el seno de su propio partido, que al fin le hizo tirar la toalla. Aquí se reúnen, recogidas de testimonios fiables, a veces contradictorios, muchas veces próximos, algunas de las anécdotas que en su tiempo fueron metáforas de la vida de España, en una época en que los militares vigilaban su acción democratizadora y sus correligionarios trataban de someter su huella a un barrido permanente. La evidencia de que Suárez está ausente añade misterio a los sucesos, sobre los que se alimenta una bruma que él mismo ya no podrá despejar.

» "Mi General, no se lo crea". Franco le dijo a Adolfo Suárez, cuando éste acababa de ser nombrado gobernador civil de Segovia:

-Dice usted que la provincia está mal. Pues yo voy y me vitorean.

-Mi general, no se lo crea.

Franco lo sabía, pero Suárez le refrescó la memoria. "Ya sabe usted cómo se preparan esas visitas. Las aclamaciones las preparamos muy bien".

-Bueno, Suárez -le dijo Franco-, espero que no haya venido sólo a traerme problemas. Deme soluciones.

-Si usted me deja usar su nombre un día la provincia se arregla.

-Es usted muy audaz, Suárez. Hágalo, y luego me cuenta.

Y el joven gobernador civil se fue a ver a Laureano López Rodó, director del Plan de Desarrollo, correligionario de Fernando Herrero Tejedor, del Opus, el hombre que le había recomendado a Franco.

-Me ha dicho Franco que debemos declarar Segovia Provincia de Acción Especial.

-Eso es una barbaridad. ¡Cien millones de pesetas de libre disposición!

-Pues llame usted al Pardo y se lo explica al general.

López Rodó fue más astuto: hizo que su secretario llamara al Pardo: "¿Ha estado por ahí Adolfo Suárez?". Había estado, "acaba de salir".

Franco le envió después a Segovia al joven Príncipe. Don Juan Carlos fue con su cuñado, Constantino, a comer a Cándido. Le esperaban las cámaras de TVE, y un exultante gobernador.

Hubo química. El príncipe le pregunta al gobernador lo que Franco ya le había preguntado, qué habría que hacer cuando se produzcan "las previsiones sucesorias".





Adolfo Suárez y Felipe González, líder del PSOE



Fue entonces cuando Suárez le prepara un papelito que ahora está entre los papeles de Suárez (y del Rey). Algunos lo han visto; otros niegan su existencia. Suárez lo cita: "Este proyecto político, que tenía concretado incluso por escrito, en notas y esquemas, era conocido -y pienso que compartido- por algunas de las más altas instancias del Estado, y lo expliqué a todas las personas a las que ofrecí formar parte de mi primer Gobierno y que me interrogaron sobre el diseño político de la etapa de gobierno que se abría". Lo dijo en Diario 16 en 1983. Aún hoy se discute si existe o no.

Según quienes sí lo han visto, en el papelito se establecen las líneas maestras de la Transición. Devolución de la soberanía al pueblo. Una Constitución acordada por todos. Amnistía. Partidos Políticos.

Era finales de 1969. Siete años más tarde el papel iba a resurgir, en manos de don Juan Carlos, que ya era Rey. Se lo dio a Suárez, después de darle un susto, el día en que lo eligió presidente del Gobierno.

» Por "Un desastre sin paliativos". La herencia de Franco fue Carlos Arias Navarro. Con él en la presidencia del Gobierno era muy difícil poner en marcha el papel de Segovia. Y el Monarca se valió de un periodista extranjero para dinamitar al heredero. Don Juan Carlos dijo que Carlos Arias Navarro era "a resounding disaster", un desastre sin paliativos. Arias era un personaje incómodo, representaba al Régimen, era un obstáculo para la amnistía, para la creación de partidos políticos... Dimitió, y comenzó en efecto el proceso sucesorio que Franco había querido dejar atado y bien atado...

Suárez sabía que iría en la terna, y los otros cuyos nombres llegaron al Consejo del Reino (Areilza, López Bravo) creían que el nombre del ex gobernador, cachorro del Régimen, ligado al Movimiento, era una manera de completar una lista. Torcuato Fernández Miranda cumplió la misión; y pronunció esa frase que la historia ha consolidado como la expresión que explica mejor que nada la voluntad que tenía el Rey de nombrar a Suárez presidente del Gobierno: "Estoy en condiciones de dar al Rey lo que el Rey me ha pedido".

Las grandes familias (Areilza, López Bravo) se habían dedicado a debilitarse mutuamente, a batir al contrario, y el advenedizo se quedó con el cetro. Un cuarto hombre, Manuel Fraga Iribarne, se había quedado lejos de la pugna, y en ello veía la sombra del ex gobernador. Un día le dijo en los baños del Congreso:

-Jamás te perdonaré que me hayas jubilado doce años antes.

Y entre los que aspiraban era Areilza el que se suponía más seguro. La leyenda dice que en uno de aquellos días alguien llamó a su casa, y alguien respondió:

-El presidente está descansando.

» "Señor, arreglando unos papeles". A Suárez le parecía evidente que el Rey quería que fuera su primer ministro, pero el Rey le hizo sufrir. Era julio, y la familia se fue a Baleares, a buscar sitio donde pasar agosto. La terna había sido dilucidada, y el resultado estaba en manos de don Juan Carlos. Sábado, un día sin gloria, y el ex gobernador que le entregó aquel papelito en Segovia despachaba sus nervios más que sus asuntos en la casa familiar, en Puerta de Hierro. "Este tío no me llama".

A las tres de la tarde llamó el Rey. ¿Qué haces? "Aquí, ordenando unos papeles". Vente para acá.

Acá era el palacio de La Zarzuela, un lugar lleno de vericuetos, pasillos y antedespachos. Le pusieron en un despacho solitario; en un aparcamiento inmenso había quedado empequeñecido su Seat 127, y él se sentía empequeñecido. Hasta que un grito -"¡Uhhhhh!"- le despierta del sopor y le provoca finalmente una carcajada. Es el Rey, que le quiere asustar. No le dice nada; se sienta ante una mesa de despacho y de un cajón saca un papelito. Le dice:

-Esto que me dijiste en Segovia hay que llevarlo a cabo.

» "Es tu oportunidad". El papelito dice (según quienes lo vieron, o lo citan) que hay que desmontar el Régimen, más o menos.

Él está capacitado para el haraquiri, porque forma parte de la corte que se quiere desmontar, la corte del franquismo. Y cuando el haraquiri se produjo de hecho (en las Cortes) se pudo ver en la televisión su rostro. Uf, lo hemos hecho. Esto va a poder ser. Eso dijo. No está grabado, pero eso dijo. Esto va a poder ser. Ahí nació la transición, que él llamaba La Transición. Federico Ysart, un destacado colaborador de él, le regala un cuento de El Capitán Trueno, cuenta Carlos Abella. Es un momento culminante. Él está feliz, y le van a odiar. Esa noche se afilan al tiempo la admiración y el odio. Él lo sabe.

Su compromiso democrático fue inminente, caliente todavía el cuerpo místico del franquismo: habrá elecciones libres en el plazo de un año. Las adelantó, casi sin haber organizado un partido político que él pudiera usar como su propia plataforma. Es lícito pensar que hasta el Rey tembló: o sea, se monta el equipaje de una democracia y el país queda en manos de los socialistas y de los comunistas (éstos aún eran ilegales), que son los únicos que están organizados.

Quizá ese aliento de las alturas convenció a Suárez para formar Unión de Centro Democrático, acuciado también por la evidencia de las encuestas: si no se presentaba, o si presentaba la derecha que venía de Franco (Fraga y los suyos), el triunfo socialista iba a ser redondo, rotundo.

Es lícito pensar que diría para sí que esa era una oportunidad, que no sería muy inteligente desperdiciarla. Alrededor había voces que le animaban a desanimarse: eres el presidente interino, no te aproveches de tu interinidad. Esas voces provocaban una coalición en torno a Fraga. "Nos equivocamos, con esto nos equivocamos".

Descartada la idea de la mayoría natural, Suárez se quedaba al mando del centro, que según su criterio era el único que podía aglutinar más votos que Felipe y Carrillo. En febrero de 1977 Suárez tiene sobre la mesa un macrosondeo que le da la victoria a González sobre la coalición de Fraga; y es entonces cuando se produce la inquietud que acelera la construcción de UCD. Una construcción precipitada en cuya virtud (electoral) llevó su penitencia (de futuro): una aglomeración cuyo cemento era Suárez..., hasta que dinamitaron el cemento desde todos los sectores de esa entente.

Y ahí estaba el Ejército, que entonces era el de Franco, y no el de 1982. Vigilante, el Ejército que luego dio un golpe y varias intentonas. Vigilando a Suárez, que estaba enfrascado en crear un partido sin darse cuenta de que estaba creando, también, una reunión de notables y que cada uno iba a ser de su padre y de su madre. Suárez los sumaba, todavía, y optó por aquella frase, "puedo prometer y prometo", para contarles a los ciudadanos que en efecto él era el garante de aquella amalgama.

Era una jaula de grillos, pero ganaron. Uno de aquellos gallos en el gallinero de UCD le envió a Suárez, cuando empezaron a escucharse los ruidos que dinamitaron UCD, un volumen de primero de Derecho. Para que aprendas. La ironía fue un símbolo de ironías más gruesas. Era un político, no era un intelectual; las familias quisieron afeárselo. Pero él quiso seguir, hasta la Constitución, en 1978. Desde entonces aquel tipo siente en su rostro, en sus discursos, en su vida cotidiana, la decepción.

Y en 1980, en agosto, ya empieza a decirle a sus íntimos que está harto, que se va. Está harto de gestionar la normalidad en que se ha instalado el partido; sabe que ya está construido el esqueleto del Estado, pero él no es feliz. Y la normalidad es un puñal tras otro. Afilados. Está tocado. La melancolía no se combate con café con leche y tortilla francesa. Pero él trata de combatir así al ogro del desafecto.

» "Que el Ejército maniobre". Lo que Suárez ve alrededor, el día electoral de 1977, es que excepto Fuerza Nueva todo el mundo rema hacia una ilusión que entonces no se llamaba aún movida. La campaña ha sido rudimentaria, hecha casi con el boca a boca. Y en La Moncloa sigue los resultados desde una pequeña terminal de ordenador cuya pantalla desprende letras de fósforo verde... El resultado es su triunfo, y un alivio, parece, para el Rey.

Había ganado las primeras elecciones. Estaba en condiciones de decir que había acabado él, que fue uno de sus epígonos, con el franquismo. Sus aliados para gobernar aquel país que tenía al Ejército vigilante no estaban en la derecha, él lo sabe, estaban en Santiago Carrillo. La relación había sido rara, y pactada. Con Felipe González desarrollaría más tarde una relación más frecuente, pero Carrillo era un confidente más fiel, o más cómodo o seguro para él. Si la derecha extrema (que quería perpetuarse) hubiera sabido de la frecuencia con que se encontraban, el país a lo mejor hubiera sido aún más explosivo.

Se juntaban en las reuniones de Carrillo y Suárez el que hizo la guerra y era antifranquista y el que no la hizo y fue franquista. Sabemos qué pasó, no queremos que se repita. Y Carrillo quería una contrapartida obvia: que el PCE fuera legalizado. No podían celebrarse las elecciones democráticas con su fuerza política en la penumbra. Suárez también lo sabía. Pero quería prendas. Carrillo tenía que aceptar la Monarquía parlamentaria, la Corona. A Suárez no le importaba demasiado que Carrillo no se fiara de un hombre del Régimen. "No importa, no te fíes. Dilo. Me viene bien que lo digas. Ponme verde. No se te ocurra elogiarme".

El pacto fue en casa de José Mario Armero, el presidente de Europa Press. Fumaron hasta el amanecer. Carrillo aceptó la bandera, renunció a la República..., si el clima hubiera seguido así ¡hubiera aceptado hasta el crucifijo!

Y así hasta que se produjeron aquellas renuncias comunistas que fueron cayendo como la ceniza de los incontables pitillos. Carrillo iba a ser legalizado. Y Suárez iba a ser amigo suyo (en la clandestinidad; una amistad aparente era un suicidio..., los militares vigilaban).

Venía el Sábado Santo de 1977, poco antes de las elecciones, y el Ejército seguía vigilante, siguió vigilante. Suárez sabía que el Ejército iba a reaccionar si no actuaba con sigilo, o con audacia. Eligió la audacia, no bastaba con hacerlo en Semana Santa.

Él seguía teniendo muy buenos amigos en Ávila, su tierra natal, y los tenía también en la Academia de Intendencia. Buscó complicidades, allí y aquí, y organizó para abril unas maniobras militares de todas las unidades de Madrid.

Para qué, Adolfo. Él no lo dijo entonces, ni se dijo en aquel momento, nadie lo sospechó en ese instante. Pero en la secreta intención del presidente estaba dejar sin reservas (de gasolina, de armas) los tanques del Ejército.

Así no podría haber movimiento de tropas..., y llegó el Sábado Santo y Suárez pudo ofrecerle a Carrillo (y a los comunistas, y en realidad a la sociedad española) el triunfo principal de su mus democrático: la legalización del PCE. Sin que el Ejército pudiera, aunque hubiera querido, mover pieza.

Cuando se repuso del susto el Ejército, o muchos de sus mandos, ya Carrillo había hecho su rueda de prensa..., "poniendo a parir" a Adolfo Suárez. Lo acordado, una cosa, la legalización, y la otra, arremeter contra el amigo presidente. "Si me pones bien me hundes".

» El papelito. Se habla mucho del papelito que Suárez le hizo al Rey cuando éste era el Príncipe. ¿Lo han visto otros, aparte de ellos dos? Quizá lo vio Torcuato Fernández Miranda; es posible que lo haya visto Fernando Abril Martorell, que fue amigo y vicepresidente de Suárez; y es probable que lo haya visto Constantino de Grecia, el cuñado del Rey. ¿Existió? Un libro de José Ramón Saiz de 1979, el año de las primeras elecciones democráticas, asegura que sí. Lo dice: "Sus ideas claras, imaginación y juventud, despertaron una gran atención de don Juan Carlos. Fue entonces cuando Adolfo Suárez elevó al Rey un informe sobre el desarrollo político de la transición". Según este testimonio, fue dos años antes de ese nombramiento cuando el Rey hizo el encargo. Carlos Abella cuenta también (en su biografía ahora reeditada por Espasa) la trayectoria de ese papel. Franco le había preguntado a Suárez cuando éste le fue a presentar a la junta directiva de la Unión del Pueblo Español. "Esta asociación política", le dijo Suárez a Franco, "no es más que un embrión imperfecto e insuficiente del pluralismo político que será inevitable cuando se cumplan las previsiones sucesorias". Abella cuenta que Franco "le pidió que se quedara, preguntándole por qué había puesto tanto empeño en hablar de que la democracia era inevitable, a lo que Suárez contestó: 'Porque estoy convencido de que es así, Excelencia. La llegada de la democracia será inevitable porque lo exige la situación internacional. (...) Cuando Franco falte, ese deseo de futuro democrático será imparable". Abella dice que a Franco aquello no debió gustarle mucho, porque a algunos les dijo que Suárez estaba traicionando el espíritu de Herrero Tejedor, su mentor. Y eso fue porque Franco supo que don Juan Carlos le había pedido a algunos colaboradores de Herrero -y también a Herrero- papeles sobre la transición. Y a Suárez le sentó fatal haber creído que don Juan Carlos tan sólo se lo había pedido a él...

Charles Powell, director de la Fundación Transición Española, que está preparando una biografía de Suárez, desconfía de la existencia de ese papelito, aunque es cierto que Suárez, en un coloquio sobre la transición habido en el seno de la Fundación Ortega y Gasset, en 1983, se había referido a que el entonces Príncipe le había pedido opinión en 1971. "Lo contó con mucha gracia", nos decía el historiador Powell. "Decía que en un momento determinado, después de hablar con don Juan Carlos, que las ideas sobre cómo salir del franquismo pasaban por sus manos..., hasta que supo que el Príncipe había consultado también a muchísima gente. ¡No era el único! Lo contó con mucha gracia, y quitándose importancia".

» La alegría, la tristeza. Le pregunté a los dos historiadores qué alegró a Suárez, qué lo hirió. Powell: "Le alegraba contar la entrada de La Pasionaria y de Rafael Alberti al hemiciclo. Le llenaba de emoción contarlo. Y haber convencido a Carrillo para que le ayudara a llevar adelante su proyecto. Contaba la primera reunión, en el chalet de José Mario Armero, como se cuenta una experiencia inolvidable. Haberse ganado a Carrillo. Fue una victoria para él, en contra de Osorio y de Torcuato, que no querían ni que se viera con él. ¿Lo peor? Su relación con su propio partido. Pero no era un hombre rencoroso; todos tendieron a minusvalorarlo, y eso le dio fuerza". Abella: "Hasta en sus derrotas no te lo podías imaginar postrado. ¿Sus errores? No acompañar a las víctimas del terrorismo en los entierros de los ochenta, cuando cayeron tantos compañeros suyos. Su gran momento fue cuando se resolvió la Reforma Política. Estaba exultante. Su gran momento".

» "Me voy". Supo pronto que se iría; Helmut Schmidt, el canciller alemán, le avisó, en La Moncloa, de que sus correligionarios socialistas irían a por él, con todas las armas. "Pero si me voy". El político alemán le escuchó. Era 1979, tras las elecciones. Los enemigos ya no eran sólo los socialistas; y él había decidido marcharse "en cuanto se organizara el sistema en torno a la Corona". UCD estaba ya en una guerra de todos contra todos, y para seguir Suárez no tenía sino el débil pálpito de sus intuiciones. Decía entonces que él seguiría apoyando incluso a los que lo apuñalaban, si éstos tomaban el mando. Le apuñalaban. Por todas partes. Las turbulencias de 1980 (moción de censura, congreso agitado de UCD) bajan la moral de Suárez y lo ponen en el extremo de la melancolía, donde habita la rabia. En el verano gallego pasa del "no puedo seguir" al "me voy".

Ahí, entre aquellas brumas de verano, pergeña el cambio; si convoca elecciones gana el PSOE, y esa perspectiva considera entonces que puede ser nociva para el sistema que tenía en mente; por eso depositó el legado en Leopoldo Calvo Sotelo, un candidato de consenso entre las familias de UCD que estaban a la greña. El 23-F simboliza el final de un camino; la bruma en la que ahora vive Adolfo Suárez lanza sobre su figura una niebla que nubla también con el aire de las leyendas tanto sus fracasos como sus logros, su ambición, su derrota y su triunfo.

"...Y de tu desventura no murmurar después". Ya no lee a Kipling, ya no sabe nada, sólo que quienes le saludan con afecto son sus amigos. Y cada día se renuevan para él, aunque sean los mismos, y casi siempre son sus hijos. Él no sabe nada. Se levanta, feliz, camina. Se mueve en la historia como un nombre pero su propia memoria es una bruma a la que no llega ni la leyenda.



Entrada núm. 1169 (.../...)