jueves, 4 de junio de 2009

Obama en Oriente Medio

Seguro que me paso de ingenuo, o de optimista, que viene a ser lo mismo pero sin el candor del primero, pero yo también pienso que Estados Unidos (o eso que llamamos Occidente) comenzó a ganarle la "guerra fria" a la URSS (o al comunismo real, si lo prefieren) el día de junio de 1963 en que el presidente Kennedy se plantó en Berlín y pronunció su famoso "Ich bin ein Berliner" (Yo también soy berlinés) en respuesta al desafío que suponía la creación del muro de separación de las dos Alemanias por parte del régimen de Pankow, dos años antes.

¿Ha intentado Obama con su gesto (su discurso) de hoy en la Universidad de El Cairo sentar las bases de una nueva política de Estados Unidos (y Occidente, tras él) ante y para el mundo islámico? Para muchos analistas, sí. Y además, dicen, ha conseguido el mismo efecto que consiguió el de Kennedy en 1963. Tiempo habrá para analizarlo y para verlo. El periodista de El País, Javier Valenzuela, lo desmenuza en un artículo que puede verse ya en la edición electrónica de ese diario.

Yo acabo de leerlo hace unos instantes (lo reproduzco más adelante) y en una especie de compulsión publicadora me apresuro a dejar constancia del hecho en el Blog. Pero la verdad es que han coincidido en ello otras consideraciones. Casualidad o no, supongo que sí, el hecho de que apenas unos minutos antes de encender el portátil y ponerme a ojear la prensa electrónica hubiera terminado de leer en el último número de Revista de Libros un artículo de Julio Aramberri, sociólogo y profesor de la Universidad Drexel de Filadelfia (Estados Unidos), me ha animado a ponerme al teclado.

El artículo del profesor Aramberri se titula "El imperio deudor", y contra lo que pueda parecer en primera instancia, que también, no es un análisis estrictamente económico de las causas de la crisis financiera y económica global que estamos viviendo, sino algo más, bastante más, pues entra a saco en las razones políticas y de todo tipo que, a juicio de otros ilustres pensadores (como Paul Krugman, Robert Kagan, Fareed Zakaria y Kenneth Pollack) nos han llevado hasta donde estamos.

Quisiera destacar una frase del artículo de Aramberri que me parece muy significativa y que dice así: "Estados Unidos no puede seguir imponiendo unilateralmente sus soluciones porque no tiene todos los medios necesarios y porque buena parte de la sociedad estadounidense preferiría que el mundo se acabase en los confines de los cincuenta Estados de la Unión." Claro está que poco antes, el autor ha dado una sonora cachetada a los socios europeos al explicar el concepto que éstos tienen de multilateralismo: "Se deja solos a los estadounidenses cuando piden ayuda e inmediatamente se les acusa de actuar por su cuenta, aunque sus decisiones sean también ventajosas para ellos. Si sale cara, yo gano; si sale cruz, tú pierdes".

Dice Javier Valensuela en su crónica que alguien entre el público que asistía hoy a su conferencia en El Cairo le gritó a Obama "We love you too"... Me conformo con que se abra un resquicio de esperanza a una paz justa y duradera. Difícil está, pero que por intentarlo no quede. ¿Por cierto, saben ustedes quien puede ser el radiopredicador español del qué habla Javier Valenzuela en su artículo? Lo sospecho, pero tampoco voy a hacerle la propaganda gratis. Sean felices. Tamaragua, amigos. (HArendt)


Notas:
(1) Información sobre el discurso de Kennedy en Berlín, en:
http://es.wikipedia.org/wiki/Ich_bin_ein_Berliner
(2) El artículo "El imperio deudor", del profesor Julio Aramberri, puede leerse en:
http://www.revistadelibros.com/articulo_completo.php?art=4359
(3) Foto de Obama en la Universidad de El Cairo, en:
http://www.elpais.com/recorte/20090604elpepuint_9/XLCO/Ies/Obama_tiende_mano_mundo_islamico.jpg
(4) Discurso de Obama en la Universidad de El Cairo (en español), en:
http://www.elpais.com/elpaismedia/ultimahora/media/200906/04/internacional/20090604elpepuint_2_Pes_PDF.pdf








"We love you too", por Javier Valenzuela

Periodistas, analistas y representantes de la comunidad musulmana siguen el histórico discurso de Barack Obama en la embajada de EE UU en Madrid.

"We love you", le gritó a Barack Hussein Obama alguien desde el público que asistía a su discurso en la Universidad de El Cairo. ¿Resonará esa declaración de amor a lo largo y ancho de la umma -la comunidad- árabe y musulmán? Pronto para saberlo. En cualquier caso, Obama empleó el tono y las palabras exactas para comenzar a poner fin a una relación entre Estados Unidos y ese mundo que él mismo calificó como de "tensión", "miedo" y "desconfianza" mutuas. Obama también abordó todos y cada uno de los temas conflictivos, sin escabullirse ni al hablar de por qué EE UU sigue en Afganistán, ni de la desastrosa e injustificada invasión de Irak, ni del mucho dolor de los palestinos, ni de la ausencia de democracia y derechos humanos en buena parte del mundo árabe y musulmán, ni de la necesaria igualdad de la mujer.

Donde resonó de inmediato el "We Love You" de El Cairo fue en la embajada de Estados Unidos en Madrid, donde una veintena larga de periodistas, profesores universitarios y figuras representativas de las comunidades musulmanes en España habían sido invitados a asistir en directo al discurso de Obama. En la posterior ronda de comentarios, sólo un conocido radiopredicador muy de derechas le puso un pero a la totalidad del discurso. En su opinión, Obama había hecho todo una exhibición de "debilidad" ante el, para él, peligrosísimo universo
islámico. Al radiopredicador le había dolido en particular el que hubiera hecho una referencia a Al Andalus como modelo de convivencia, para lo que era la Edad Media, de culturas y religiones. Al Andalus, vino a decir, era una espantosa dictadura musulmana.

Le respondió súbito un prestigioso arabista: Obama había estado "brillante" y "valiente"; de hecho, había ido "más allá de lo que cabía esperar". En cuanto a los estereotipos negativos sobre el islam expresados por el radiopredicador, eran exactamente aquellos que el presidente estadounidense había denunciado desde el comienzo de su discurso en El Cairo. Ya se sabe, todo eso de religión de bárbaros, misóginos y terroristas, frente a la cual el cristianismo y el
judaísmo deben aliarse en un combate planetario, un auténtico choque de civilizaciones. Lo de Bush, vamos.

"Obama se dirigió directamente a los corazones y las mentes de los musulmanes, y de un modo que pudieran entenderlo", señaló un periodista. Cierto: recordó sus propios orígenes familiares -una familia de Kenia con musulmanes-, citó abundante y apropiadamente el Corán, homenajeó los vínculos de EE UU Unidos con la umma, desde el primer reconocimiento diplomático de Marruecos hasta la presencia hoy en territorio norteamericano de millones de musulmanes pacíficos y prósperos.

Una analista de un think-tank observó: "No ha excluido ninguno de los temas espinosos que le esperaban en El Cairo". Correcto: habló del dolor que sintieron los norteamericanos en el 11-S y de cómo dieron inicialmente una respuesta correcta -Afganistán- para perderse luego en un despropósito -Irak-; reiteró su voluntad de retirar las tropas de Irak y cerrar Guantánamo; proclamó que trabajará para que los palestinos puedan tener su Estado; condenó la metástasis de las colonias judías en Cisjordania, e instó a la umma a caminar por la senda de la democracia, los derechos humanos y la plena igualdad de las mujeres. Esto último con extrema sutileza: llevar el hiyab, si es por propia convicción y decisión, no debería ser perseguido en Occidente.

"Ha estado humilde y autocrítico; todo lo contrario de un Bush que decía que o se estaba con EE UU o se estaba con los terroristas", reflexionó un profesor árabe. Pues sí: Obama reconoció que algunas de las respuestas de EE UU al 11-S fueron contrarias a "las tradiciones e ideales" de ese gran país. Un país, recordó, que nació de una revolución contra un imperio basada en la idea de la igualdad sustancial de todos los seres humanos. Idea materializada nuevamente con la elección de alguien como él, mestizo y llamado Barak Hussein Obama, como presidente.

El 11-S y los días que siguieron todos nos sentimos neoyorquinos. Luego Estados Unidos se extravió, se hizo irreconocible, se convirtió en una potencia que recortaba derechos y libertades en el interior y se comportaba agresiva y autoritariamente en el exterior. Pues bien, Obama siguió este jueves intentando recuperar el gran capital de simpatía que su país recibió el 11-S. Y lo hizo ante el público más difícil: un mundo árabe y musulmán receloso no sólo por las políticas de Bush sino por décadas de doble rasero norteamericano. Y tal vez, como observaron tres de los participantes en el encuentro en la embajada de Estados Unidos en Madrid, consiguió su mayor punto de credibilidad cuando dijo: "La situación del pueblo palestino es intolerable".

Lo es. El dolor de los palestinos abrasa los corazones de la umma. Ésta ya sabe ahora cómo piensa y qué siente el nuevo titular de la Casa Blanca. Alguien que no se mostró en El Cairo débil y acomplejado, como denunciaba el radiopredicador. En absoluto. Obama también cantó las verdades del barquero que la ocasión precisaba: el terrorismo yihadista mata más musulmanes que occidentales, el Holocausto existió y fue el mayor espanto del siglo XX, la violencia de Hamás no lleva a ninguna parte y, aunque haya países en la zona con armas nucleares, Irán no debe hacerse con la suya.

El amigo americano ha vuelto a la escena global. El discurso de Obama ha sido su "Ich bin ein Berliner" para el mundo islámico. Y ha sido todo un placer seguirlo y comentarlo en la embajada de EE UU en Madrid, un país identificado de nuevo con personajes positivos como Jefferson, Lincoln, Roosevelt y Kennedy. A través de Obama, ese país nos envía de nuevo este mensaje: "Debemos escoger el camino correcto, no el camino fácil".



Entrada núm. 1163 (.../...)
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