viernes, 12 de diciembre de 2025

NO ESTAMOS SOLOS. ESPECIAL DE HOY VIERNES, 12 DE DICIEMBRE DE 2025

 







Buena parte de la angustia que vive Europa se debe a una sensación extendida de soledad y de amenaza, escribe en la revista Ethic (09/12/2025) el periodista Íñigo Alfonso Imízcoz. El miedo al futuro que sienten muchos compatriotas obliga a reparar las redes de inmediato. De otra manera, los extremismos se adueñarán de la agenda y de las mayorías suficientes en los parlamentos nacionales.

Se termina un 2025 complicado para Europa, comienza diciendo. Y aunque las proyecciones para el próximo año no indican cambio de vientos, es mejor no caer en la resignación que genera el fatalismo. Como en tantos campos de la vida, eso es lo complicado. Encontrar el equilibrio entre la preocupación de muchos hogares ante un contexto, internacional e interno, que se percibe como hostil y la sensación derrotista que conduce a pensar que los problemas son irresolubles. Nos merecemos algo más que tener miedo al futuro o vivir sin esperanza. ¿Cómo se gestiona este sentimiento compartido por muchos en Europa de que no existen expectativas positivas y de que van a vivir peor que sus padres? ¿Cómo se reconduce ese malestar que alimenta los populismos y ofrece a los más extremistas una oportunidad que antes no tenían?

La primera opción: estamos solos. O mejor, para evitar la contradicción, estoy solo. Hay quien encuentra la esperanza –en este entorno turbulento en el que Europa busca su lugar– plegando las antenas literalmente y reivindicando su aislamiento. Sin atender las noticias ni las redes sociales, descenderá el ruido pero se corre el riesgo de no poder interpretar bien qué está ocurriendo y por qué. Una suerte de e-ermitaño, un Baterbly contemporáneo. Antes de optar por el exilio eterno en Radio Clásica, es posible mejorar la escucha diaria combinando esta excelente emisora musical con una dieta informativa que sea saludable, diversa, plural y profesional. Eso depende de cada uno. Y sin olvidar que, este instante de la vida, este microsegundo en el que algo puede estar cambiando de forma irremediable, quizá se comprenda mejor mejor si al buen trabajo periodístico se le añade una buena conversación y una dosis de ficción. Barra libre para la ficción, pero de la que como diría el filósofo Javier Gomá permite «a las polillas aspirar a ser ángeles».

La segunda posibilidad: estamos acompañados. Buena parte de la angustia que vive Europa se debe a una sensación extendida de soledad y de amenaza. El individualismo creciente introduce los nervios en una caja de resonancia en la que todo suena mucho más intenso. Son monstruos, algunos con pies de barro, como los que con frecuencia asoman cuando uno no puede conciliar el sueño. El miedo a perder el estatus, o lo poco que se tiene, la ausencia de aspiraciones inspiradoras y el avance de la precariedad que se ceba sobre todo con los jóvenes y muchas familias de trabajadores están cargando de explosivos las bases de nuestra convivencia y modelo de vida. Y el reto es tan evidente y tan mayúsculo que solo colectivamente podremos abordarlo. Si la situación geopolítica se traduce en recortes de la calidad de vida de los europeos, hay que empezar a discutirlo ya. Si ya tenemos en Europa un problema de desigualdad creciente que fractura las sociedades, urge abordarlo ya. El miedo al futuro que sienten muchos compatriotas obliga a reparar las redes de inmediato. De otra manera, los extremismos se adueñarán de la agenda y de las mayorías suficientes en los parlamentos nacionales. La radicalidad rebasará, entonces, los discursos y se traducirá en decisiones extremistas y excluyentes.

Para reparar las redes es conveniente pasar del yo al nosotros. Como sostiene Minouche Shafik en su ensayo Lo que nos debemos los unos a los otros, se trata de «no vernos abocados a una destructiva fracturación de la confianza mutua en la que se basan la ciudadanía y la sociedad». En el discurso público conviene cambiar el enfoque hacia planteamientos más constructivos como la alianza por un nuevo pacto social que olvide tanta queja y lamento. Porque no se puede pedir más a quien hoy está sufriendo las consecuencias de la pobreza o hace equilibrios entre tanta precariedad. Pero a los que gozan de una posición más holgada pero se han apuntado al catastrofismo, sí. Por supuesto que sí. Porque todos somos responsables de lo que se tiene en común.

Como lamentaba en 2016 el jurista Joseph H. H. Weiler, se extiende la creencia de que «el Estado, el servicio público –ellos– es el responsable. Nunca nosotros. La idea de que ellos son nosotros ha desaparecido. (…) Somos una Unión de derechos, nunca de deberes». La construcción de un espacio, si se quiere incluso desde el punto de vista sentimental, más colaborativo y mutualista proporcionará aliento para resistir mejor los tiempos recios que llegarán. Y ayudará a generar un marco de pertenencia. Sí, de comunidad. Eso es lo que necesitamos. Sentir la compañía del otro, confiar en él para dar sentido al compromiso individual. Porque esa es la paradoja del momento: la suma de individuos y de sus voluntades es necesaria para no acabar arrastrado por esta corriente de pesimismo. Este es el camino si nos importan las cosas. De otra manera, paralizados, solo quedará cantar con Rosalía las señales de la trascendencia.












DE LAS ENTRADAS DEL BLOG DE HOY VIERNES, 12 DE DICIEMBRE DE 2025

 






Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz viernes, 12 de diciembre de 2025. En los primeros años de la democracia, Carmen Díez de Rivera, llegó a ser una de las mujeres más poderosas de España, sin embargo, su figura y su legado quedaron desdibujados por el machismo de la clase política y los prejuicios de la sociedad, escribe en la primera de las entradas del blog de hoy el periodista Martín Bianchi; yo la conocí y hablé con ella, dice HArendt. Despido la séptima singladura anual de "Desde el trópico de Cáncer", escribía HArendt en la segunda de las entradas de hoy, con un soberbio artículo de nuestro controvertido Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, sobre otro controvertido escritor, intelectual, y también premio Nobel de Literatura, Jean-Paul Sartre. El poema del día, en la tercera, se titula Soy, está escrito por la poetisa costarricense María Montero, y comienza con estos versos: Soy la gran Virginia Grütter, ¿la recuerdas?/la que escupe tabaco en las esquinas/y está ronca de pegar gritos/y camina como una estela pintarrajeada y tambaleante. Y la última entrada del día, como siempre, son las viñetas de humor. Volveremos a vernos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Sean  felices, por favor. Tamaragua, amigos míos. Y como decía Sócrates: ἡμεῖς ἀπιοῦμεν. HArendt

















CARMEN DÍEZ DE RIVERA: EL GRAN ENIGMA DE LA TRANSICIÓN

 







En los primeros años de la democracia llegó a ser una de las mujeres más poderosas de España. Sin embargo, su figura y su legado quedaron desdibujados por el machismo de la clase política y los prejuicios de la sociedad. 26 años después de su muerte, el Gobierno la reconocerá con la Encomienda de la Orden Española de Carlos III, escribe en El País (07/12/2025) el periodista Martín Bianchi. A finales de mayo de 1977, comienza diciendo Bianchi, pocos días después de ser cesada como jefa de Gabinete de Adolfo Suárez, Carmen Díez de Rivera recibió una llamada del presidente. Algunos medios de derechas afirmaban que la habían echado de La Moncloa por comunista. La acusaban de ser una espía a sueldo de Alemania del Este y aseguraban que estaba en arresto domiciliario. Suárez la llamó para anunciarle que iba a publicar una nota desmintiendo los rumores. La relación entre ambos no pasaba por su mejor momento. Tras apartarla, el presidente le había ofrecido un puesto como asesora y ella lo había rechazado. Díez de Rivera no quería saber nada de la naciente UCD, no le gustaba la inclusión de tantos funcionarios franquistas en las listas electorales. “Para quitarle hierro al tema, Carmen, he pensado que te voy a dar una Gran Cruz”, le propuso Suárez. “Antes muerta que cogida con una cruz. Cruces ya tengo bastantes. Si insistes en dármela, la rechazaré”, respondió ella.

Casi medio siglo después de esa conversación, que contó la propia Díez de Rivera a su biógrafa, Ana Romero, y 26 años después del fallecimiento de Carmen, finalmente se va a reconocer el papel clave que tuvo la política y aristócrata en la Transición y su trascendencia y legado como la primera y única mujer que ha ocupado el puesto de jefe de Gabinete de un presidente de España. El pasado 29 de noviembre, coincidiendo con el aniversario de su muerte, Pedro Sánchez anunció que el Gobierno va a reconocerla a título póstumo con la Encomienda de la Orden Española de Carlos III, la más alta condecoración civil que puede ser otorgada en este país. Según explican fuentes de La Moncloa a EL PAÍS, todavía no hay fecha para la ceremonia “por un tema de agenda de los familiares”.

El anuncio de la condecoración ha sorprendido a la familia de la llamada “musa de la Transición”, término que acuñó Umbral en las páginas de EL PAÍS y que Carmen detestaba. “Nosotros nos hemos enterado por vosotros, por los medios. Nos llevamos la misma sorpresa que se pudo llevar usted”, afirma Sonsoles Díez de Rivera al otro lado del teléfono. Para la hermana de Carmen, la distinción llega tarde: “A buenas horas, mangas verdes. Esto se hace cuando sales de la política o cuando te mueres. Ya nadie sabe quién fue Carmen. Vaya a preguntar por ahí quién era. Nadie lo sabe. Pero ella hizo lo que creyó que debía hacer y ya está. No lo hizo para que le reconocieran absolutamente nada”.

Sonsoles Díez de Rivera no parece impresionada por el reconocimiento a su hermana ni por lo que representó en la España de la Transición. “Estoy acostumbrada a codearme con todo lo más alto que hay y no nos dejamos pasmar por estas cosas”, zanja.

La periodista Ana Romero, biógrafa autorizada de la política, es más efusiva. “Los reconocimientos llegan cuando llegan y yo me alegro mucho”, dice. “Es normal que llegue tarde porque Carmen no tenía un partido político o una familia que pelearan por su reconocimiento. De esa época, de la Transición, tampoco hubo ningún hombre que luchara por ella. Lo podría haber hecho Felipe González; lo podría haber hecho el rey Juan Carlos; o lo podría haber hecho Alfonso Guerra, con quien Carmen tuvo una relación muy estrecha. Ninguno de esos hombres que trabajaron con ella ha movido nunca un dedo para que se la dignifique”, lamenta Romero, autora de El triángulo de la transición (Planeta), probablemente el libro más completo y riguroso sobre la vida y el legado político de Díez de Rivera.

Se ha escrito mucho sobre el papel de los hombres de la Transición. Pero apenas se ha profundizado en la figura de la única mujer con poder político real y con un papel activo en el desmantelamiento del franquismo y la restitución de la democracia en España. Y cuando se ha hecho, casi siempre ha sido en clave de ficción, a veces con tintes telenovelescos. Ahí están novelas como Lo que escondían sus ojos, de Nieves Herrero; Dejé de pronunciar tu nombre, de Luis Herrero; o El azar de la mujer rubia, de Manuel Vicent; o la obra de teatro Carmen, nada de nadie, de Francisco M. Tallón y Miguel Pérez García. En Anatomía de un instante, la miniserie que acaba de estrenar Movistar Plus+ basada en la novela de Javier Cercas sobre el 23-F, Carmen aparece brevemente, retratada como una simple secretaria.

No hay grandes estudios académicos sobre Díez de Rivera. Tampoco hay calles o plazas con su nombre. “Se habla poco de Carmen porque estuvo poco tiempo en el gobierno. Fue poco tiempo, pero fue ‘el tiempo’. Fueron los nueve meses que vivimos peligrosamente y en los que se desmontó el andamiaje del franquismo. Ella estuvo ahí cuando se aprobó la ley para la Reforma Política; cuando se legalizó el Partido Comunista, tras la matanza de Atocha; y cuando se convocaron las primeras elecciones democráticas”, explica Romero.

Hay otros motivos que explican por qué España la ha olvidado. “Era una mujer en un mundo y en un tiempo de hombres, y luego fue calumniada, vilipendiada, maltratada, descrita como una secretaria, como una espía, como una amante, o como una chica para todo. Es un poco la historia de las mujeres: siempre nos cuesta más”, apunta su biógrafa.

La excesiva discreción de Díez de Rivera tampoco jugó a su favor. Cada vez que alguien la llamaba para hablar sobre su labor en la Transición, decía que no. Ella misma contribuyó a su silencio. Y cuando quiso dar el paso y escribir sus memorias, enfermó de cáncer y murió. Falleció en 1999, solo tenía 57 años.

Pese a esa discreción, Carmen Díez de Rivera e Icaza estaba llamada a tener un papel importante en la extinción del franquismo. La primera vez que puso en aprietos a la dictadura fue el 29 de agosto de 1942, el mismo día de su nacimiento. Su llegada al mundo, tres años después del fin de la Guerra Civil, provocó la indignación de la clase alta y el enfado de Franco y su esposa, Carmen Polo. Era vox populi que la niña no era hija de su padre, Francisco de Paula Diez de Rivera, marqués de Llanzol, sino de Ramón Serrano Suñer, ministro de Exteriores, mano derecha y cuñado del dictador. Franco podía tolerar el affaire de Serrano con Sonsoles de Icaza, la tan admirada marquesa de Llanzol, pero no una bastarda en el seno del régimen. Solo tres días después del nacimiento de Carmen, Franco apartó a su “cuñadísimo” de todos sus cargos.

La segunda vez que Díez de Rivera hizo tambalear al franquismo fue en 1959. Tenía 17 años e iba a solicitar la partida de bautismo para iniciar los trámites para casarse con el amor de su vida, Ramón Serrano Suñer Polo. Su tía, la escritora Carmen de Icaza, tuvo que comunicarle que su futuro marido, sobrino de Franco, era en realidad su hermano. Hasta entonces, las élites del régimen le habían ocultado quién era su verdadero padre. La noticia la destrozó. Se fue de misionera a África, luego tuvo que someterse a curas de sueño en Francia y Suiza y hasta se metió a monja de clausura.

A la tercera, consiguió lo que siempre había ansiado: el fin de la dictadura. El 5 de julio de 1976, con 33 años, Díez de Rivera aceptó convertirse en jefa de gabinete del recién nombrado presidente Adolfo Suárez. El rey Juan Carlos consideraba que la aristócrata, amiga suya y sobrina de Alfonso Armada, era la persona adecuada para darle “validez democrática” y “aperturismo” al gobierno de transición y crear una nueva imagen de España en el extranjero. Era cosmopolita, moderna, hablaba idiomas, y tenía una agenda impresionante. El nuevo presidente, en cambio, estaba demasiado vinculado al viejo régimen y era poco conocido por el gran público.

En julio del 76, recién llegada al gobierno, la flamante jefa de Gabinete habló con un periodista de Blanco y Negro, el semanario de Abc. La conversación fue toda una declaración de intenciones. “Lo peor que nos podía pasar es que nos llegara otro Pinochet”. “La derecha en España ha sido siempre irracional”. “No conocemos a los que de verdad manejan el país y esos son los más peligrosos. Ahí es donde está el verdadero peligro de la ruptura, no en la izquierda”. “Si el capital no cambia de manos, todo seguirá igual”.

El Rey y Suárez se molestaron por esas declaraciones. Según Ana Romero, esa entrevista marcó el inicio de los problemas de Carmen dentro y fuera de la presidencia. “La derecha ya me la juró eternamente”, le reconocería la política a la periodista años después.

Díez de Rivera empezó a recibir amenazas y presiones, pero no dio un paso atrás. En septiembre de 1976, publicó en Blanco y Negro un artículo feminista exigiendo “la descolonización psicológica en torno a la mujer y su integración paritaria dentro de la actividad política”.

Demostró su compromiso con el feminismo dando ejemplo, desobedeciendo sistemáticamente a los hombres que querían controlarla. En noviembre del 76 dio su primera entrevista a EL PAÍS, en la que pidió la legalización del Partido Comunista y admitió la existencia de “una lucha de clases”. Sus palabras disgustaron a Adolfo Suárez, pero ella no retrocedió. En diciembre de ese año, cuando Santiago Carrillo fue detenido, recibió a los comunistas en la sede de la presidencia. Cuando liberaron al líder del PC, se encontró con él y le dijo frente a la prensa: “A ver cuándo nos tomamos un chinchón”. Ese mes de enero del 77, tras la Matanza de Atocha, también hizo presión para que el Gobierno autorizara un funeral público.

Tras meses de tira y afloja, Suárez finalmente legalizó al PC. Esa noche, la del 9 de abril de 1977, Carmen escribió en su diario: “Sábado rojo: se acabó la dictadura fascista”. No sabía que sus días en La Moncloa estaban contados. Casi un mes después, el presidente la iba a cesar.

Ese mayo consiguió que el Rey recibiera a Enrique Tierno Galván. El líder del PSP fue la primera persona de la oposición con la que se reunió el monarca en la Zarzuela. Ese mes, también, se reunió con Pilar Primo de Rivera para anunciarle que el Gobierno iba a “desamortizar” la Sección Femenina. Suárez se lo había prohibido, pero ella siguió adelante. Ante la indignación de la lideresa falangista, Carmen Díez de Rivera, hija biológica de Serrano Suñer, le replicó: “Es mejor así, ahora pasará a convertirse en patrimonio de todos”.

“Carmen demostró más valor que el propio Suárez. Estuvo más lanzada y más decidida. Tenía una visión mucho más realista y demócrata de lo que debía ser la Transición. Tenía claro que el mapa de una España democrática no podía terminar en el PSOE, que había que legalizar los partidos a la izquierda del PSOE y no solo el PC”, explica Jorge Carrillo, hijo de Santiago Carrillo. “Carmen es uno de los grandes personajes de la Transición y uno de los que menos se habla. Ahora parece que la Transición solo la hizo el rey Juan Carlos. Si Juan Carlos hubiera hecho la Transición que quería, la habría parado en el PSOE”, señala Carrillo.

Díez de Rivera no sintió tristeza por su cese. Se sintió incomprendida y decepcionada, pero también aliviada. El día de su despido coincidió con el regreso de Dolores Ibárruri a España. Admiraba a Pasionaria. “Conocí a Carmen en el 77. Cuando me dijeron que tenía 33 años, me quedé con la boca abierta. Yo pensaba que tenía 50. Parecía como si ya hubiera vivido diez vidas”, recuerda Lola Ruiz-Ibárruri, nieta de Pasionaria. “Dolores, mi abuela, se reía hasta de su propia sombra. Para una persona como Carmen, que tenía ahí dentro sus dramas y sombras, Dolores era un ejemplo de supervivencia”.

La “musa de la Transición” siempre fue una gran incomprendida. Los de izquierda le reprochaban que había estado cerca de la UCD; los de derecha decían que era afín al Partido Comunista. Su evolución ideológica fue impresionante. Comenzó en política de la mano de Dionisio Ridruejo y la USDE. Trabajó para Adolfo Suárez, pero se acercó al Partido Socialista Popular de Tierno Galván. Rechazó ser de la UCD, pero volvió a trabajar con Suárez como eurodiputada para el CDS. Y terminó afiliándose al PSOE, aunque nunca se vio a sí misma como una militante socialista al uso.

“Carmen era un cóctel político imposible de definir. Era demasiado grande en todos los sentidos como para reducirla a un partido”, señala Romero. “Era una mujer progresista, que creía en la igualdad, pero también era profundamente católica. Era muy moderna. Una de sus obsesiones eran los jóvenes. Siempre decía: ‘Aquí siempre están los mismos”. Al final de su vida, se definió como “ecosocialista”. Fue una adelantada en la defensa del medio ambiente. En el Parlamento Europeo también luchó contra el tabaco, el turismo de masas o la precarización de la sanidad.

“Era muy conocida en el Parlamento Europeo y una gran desconocida en la sociedad española. Aquí solo se la conocía como ‘la mujer rubia de Moncloa’. No ha sido suficientemente reconocida y se merece este reconocimiento”, dice Francisca Sauquillo, que fue su amiga y compañera en las filas del PSOE. “Yo estuve con ella hasta el momento final de su vida, fui quizá la última persona que estuvo con ella. Carmen era una mujer valiente, que trabajó por la democracia, el feminismo y el ecologismo. Estos dos últimos temas los llevó a Europa cuando nadie hablaba de eso en España”, concluye Sauquillo.

Es difícil saber si Díez de Rivera aceptaría hoy un reconocimiento por su papel en la Transición. “Es una buena pregunta. Yo creo que sí”, responde Ana Romero. “Al menos intentaríamos convencerla porque se lo merece muchísimo”.













DEL ARCHIVO DEL BLOG. SARTRE Y SUS DEMONIOS. PUBLICADO EL 31/12/2012

 







Despido la séptima singladura anual de "Desde el trópico de Cáncer" con un soberbio artículo de nuestro controvertido Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, sobre otro controvertido escritor, intelectual, y también premio Nobel de Literatura, Jean-Paul Sartre. Lo publica en El País de hoy  con el título de "Sartre y sus ex amigos". 

Basado en lo escrito por el propio Sartre en el tomo IV de su libro Situaciones, Vargas Llosa comenta en él  las tormentosas relaciones de amistad-odio que éste tuvo con otros escritores e intelectuales comprometidos de su época como Albert Camus, Paul Nizan o Maurice Merleau-Ponty. Pero el hilo conductor del artículo, como no, es la relación que el gran filósofo francés mantuvo a lo largo de casi toda su vida con el partido comunista soviético, el "Partido" por antonomasia.

De las filias y fobias políticas de nuestro Nóbel no parece necesario hablar porque son conocidas. Pero ello no invalida la calidad literaria de su obra novelística ni de su prosa, ni la de aquellos a los que ataca o ensalza. En todo caso, me ha parecido un interesante texto, polémico como casi todos los suyos, digno de lectura mientras esperamos el nuevo año que se nos echa encima en apenas unas horas.

Hay un vídeo en YouTube en el que pueden disfrutar de la entrevista concedida por el gran filósofo francés al programa Encuentro. Una larga entrevista en la que habla sobre sí mismo, la filosofía, la política y su concepto de libertad. Está subtitulada en español. Se lo recomiendo encarecidamente.

Les dejo con el artículo de Mario Vargas Llosa. Dice así: Estaba ordenando el escritorio y un libro cayó de un estante a mis pies. Era el cuarto volumen de Situations (1964), la serie que reúne los artículos y ensayos cortos de Sartre. Lo encontré lleno de anotaciones hechas cuando lo leí, el mismo año que fue publicado. Comencé a hojearlo y me he pasado un fin de semana releyéndolo. Ha sido un viaje en el tiempo y en la historia, así como una peregrinación a mi juventud y a las fuentes de mi vocación.

Sus libros y sus ideas marcaron mi adolescencia y mis años universitarios, desde que descubrí sus cuentos de El muro, en 1952, mi último año de colegio. Debo haber leído todo lo que escribió hasta el año 1972, en que terminé, en Barcelona, los tres densos tomos dedicados a Flaubert (El idiota de la familia), otra de las tetralogías que dejó incompletas, como las novelas de Los caminos de la libertad y su empeño en fundir el existencialismo y el marxismo, Crítica de la razón dialéctica, cuya síntesis final, prometida muchas veces, nunca escribió. Después de veinte años de leerlo y estudiarlo con verdadera devoción, quedé decepcionado de sus vaivenes ideológicos, sus exabruptos políticos, su logomaquia y convencido de que buena parte del esfuerzo intelectual que dediqué a sus obras de ficción, sus mamotretos filosóficos, sus polémicas y sus úcases, hubiera sido tal vez más provechoso consagrarlo a otros autores, como Popper, Hayek, Isaías Berlin o Raymond Aron.

Sin embargo, confieso que ha sido una experiencia estimulante —algo melancólica, también— la relectura de su polémica con Albert Camus del año 1952, sobre los campos de concentración soviéticos, de su recuerdo y reivindicación de Paul Nizan, de marzo de 1960, y del larguísimo epitafio (casi un centenar de páginas) que dedicó a la memoria de su compañero de estudios, aventuras políticas y editoriales, amigo y adversario, el filósofo Maurice Merleau-Ponty (1961).

Era un soberbio polemista y su prosa, que solía ser siempre inteligente pero seca y áspera, en el debate se enardecía, brillaba y parecía insaciable su afán de aniquilación conceptual de su contrincante. No se equivocó Simone de Beauvoir cuando dijo de él que era “una máquina de pensar”, aunque habría que añadir que ese intelecto desmesurado, esa razón razonante, podía ser también, por momentos, fría y deshumanizada como un arenal. Leída hoy, no cabe la menor duda de que su respuesta a Camus era equivocada e injusta, y que fue el autor de El extranjero quien defendió la verdad, condenando la muerte lenta a que fueron sometidos millones de soviéticos en el gulag por el estalinismo a menudo por sospechas de disidencia totalmente infundadas y sosteniendo que toda ideología política desprovista de sentido moral se convierte en barbarie. Pero, aun así, los argumentos que esgrime Sartre, pese a su entraña capciosa y sofística, están tan espléndidamente expuestos, con retórica tan astuta y persuasiva, tan bien trabados e ilustrados, que suscitan la duda y siembran la confusión en el lector. Arthur Koestler pensaba en Sartre cuando dijo que un intelectual era, sobre todo en Francia, alguien que creía todo aquello que podía demostrar y que demostraba todo aquello en que creía. Es decir, un sofista de alto vuelo.

La evocación de Paul Nizan (1905-1940), su condiscípulo en el liceo Louis le-Grand y en la École Normale Supérieure, a quien lo unió una amistad tormentosa, es soberbia y —adjetivo que rara vez merecían sus escritos— conmovedora. Hijo de un obrero bretón que, gracias a su talento, recibió una educación esmerada, Nizan fue muchas cosas —un dandi, un anarquista, autor de panfletos disfrazados a veces de novelas que seducían por su violencia intelectual y su fuerza expresiva— antes de convertirse en un disciplinado militante del Partido Comunista. Cuando el pacto de la URSS con la Alemania nazi, Nizan renunció al partido y criticó con dureza esa alianza contra natura. Poco después, apenas comenzada la Segunda Guerra Mundial, murió en el frente de una bala perdida. Pero su verdadera muerte fue la pestilencial campaña de descrédito desatada por los comunistas para envilecer su memoria.

Camus rompió con Sartre por la cercanía de éste con el Partido; Nizan, por las diferencias y reticencias que guardaba con aquél. En su ensayo, que sirvió de prólogo a Aden, Arabie, Sartre hace un recuento muy vivo de la fulgurante trayectoria de ese compañero que parecía destinado a ocupar un lugar eminente en la vida cultural y que cesó, de aquella manera trágica, a sus 35 años. En tanto que, cuando refuta a Camus, aparece como un perfecto compañero de viaje, en el que dedica a defender la vida y la obra de Nizan, Sartre es un debelador implacable del sectarismo dogmático que cubría de calumnias infames a sus críticos y prefería descalificarlos moralmente antes que responder a sus razones con razones. El ensayo es también una premonición de lo que podría llamarse el espíritu de mayo de 1968, pues en él Sartre propone a Nizan como un ejemplo para las nuevas generaciones, por haber sido capaz de romper los moldes ideológicos y las convenciones y esquemas dentro de los que se movía la izquierda francesa, y haber buscado por cuenta propia y a través de la experiencia vivida un modo de acción —una praxis— que acercara el medio intelectual a los sectores explotados de la sociedad.

El ensayo sobre Merleau-Ponty es, también, una autobiografía política e intelectual, un recuento de los años que compartieron, como estudiantes de filosofía en la École Normale Supérieure, su descubrimiento de la política, del marxismo, de la necesidad del compromiso, y, sobre todo, su toma de conciencia del odio que les inspiraba el medio burgués de que ambos provenían. Este odio impregna todas las frases de este ensayo y se diría que, a menudo, es él, antes que las ideas y las razones, y antes también que la solidaridad con los marginados, el que dicta ciertas tomas de posición y pronunciamientos de los dos amigos. Sartre es muy sincero y poco le falta para reconocer que, en su caso, la revolución no tiene otro objetivo primordial que borrar de la tierra a esa clase social privilegiada, dueña del capital y del espíritu, en la que nació y contra la que alienta una fobia patológica. En este ensayo aparece la famosa afirmación sartreana (“Todo anticomunista es un perro”) que llevó a Raymond Aron a preguntar a Sartre si había que considerar a la humanidad una perrera.

Merleau-Ponty fue el último de los intelectuales de alto nivel con los que Sartre fundó Les Temps Modernes en romper con la revista que, durante años, fue para muchos jóvenes de mi generación una especie de Biblia política. A partir del alejamiento de Merleau-Ponty, en los años cincuenta, sólo quedarían con Sartre los incondicionales, que, durante toda la guerra fría, aprobarían sus idas y venidas y sus retruécanos a veces delirantes en esa danza sadomasoquista que vivió hasta el final con todas las variantes comunistas (incluida la China de la revolución cultural).

Este ensayo impresiona porque muestra la fantástica evolución de Europa en el medio siglo transcurrido desde que se escribió. Cuando Sartre lo publica, la URSS parecía una realidad consolidada e irreversible. La guerra fría daba la impresión de poder transformarse en cualquier momento en guerra caliente y, aunque Sartre y Merleau-Ponty discrepan sobre muchas cosas, ambos están convencidos de que la tercera guerra mundial es inevitable y que, una vez que estalle, el Ejército soviético tardará muy poco en ocupar toda Europa occidental.

La política impregna hasta los tuétanos la vida cultural en todas sus manifestaciones y los extremos apenas dejan espacio a un centro democrático y liberal que tiene pocos defensores en el mundo intelectual. No sólo Sartre y Merleau-Ponty ven en De Gaulle y la Quinta República a un fascismo renaciente y en Estados Unidos a un nuevo nazismo. Semejante disparate es en aquellos años de esquematismo e intolerancia un lugar común. Produce vértigo que pensadores que nos parecían los más lúcidos de su tiempo se dejaran cegar de ese modo por los prejuicios políticos.

Ahora bien. Pese a las orejeras ideológicas que delatan, aquellos debates tienen algo que en el mundo de hoy ha sido barrido por, de un lado, la banalidad y la frivolidad, y, por otro, el oscurantismo académico: la preocupación por los grandes temas de la justicia y la injusticia, la explotación de los más por los menos, el contenido real de la libertad, cómo conciliar ésta con la justicia e impedir que sea sólo una abstracción metafísica, etcétera. En nuestros días los debates intelectuales tienen un horizonte muy limitado y transpiran una secreta resignación conformista, la idea de que aquellas utopías de los tiempos de Sartre y Camus han quedado para siempre erradicadas de la historia. Hoy por hoy, tratándose de política, el sueño está prohibido, ya sólo son admisibles los sueños literarios y artísticos.






















DEL POEMA DE CADA DÍA, HOY, SOY, DE MARÍA MONTERO

 






SOY



Soy la gran Virginia Grütter, ¿la recuerdas?

la que escupe tabaco en las esquinas

y está ronca de pegar gritos

y camina como una estela pintarrajeada y tambaleante


Soy Marguerite Duras con su joven amante

y su vida refinada y alcohólica


Soy Simone de Beauvoir con todo y su Jean-Paul Sartre

y su intelecto y su feminismo y su academia


Soy la imbécil “femme” que desde este pueblo polvoriento

habla del erotismo francés

frente a un auditorio de subnormales


Soy la puta más puta que arrastran de los pelos

asquerosa y desnuda


Soy la pobre infeliz

que no tiene un centímetro de cerebro

hipocondríaca

que camina como idiota esperando que el padre de sus hijos

o el cura

le dé una limosna.


Soy yo

la del cuerpo grabado en la piedra

la que consume sus ojos en la arena

la que ya no puede hablar de amor tan fácilmente.



MARÍA MONTERO (1970)

poetisa costarricense













DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY VIERNES, 12 DE DICIEMBRE DE 2025

 































jueves, 11 de diciembre de 2025

HA LLEGADO LA HORA DE UNA DECLARACIÓN DE INDEPENDENCIA DE LA UNIÓN EUROPEA. ESPECIAL DOS DE HOY JUEVES, 11 DE DICIEMBRE DE 2025

 






Ha llegado la hora de una Declaración de Independencia de la UE. La seguridad, prosperidad y democracia del continente ya no pueden depender de la voluntad cambiante de Estados Unidos, se lee en el manifiesto que hoy publica El País (11/12/2025), basado en la declaración aprobada por el nuevo Comité de Acción Monnet por los Estados Unidos de Europa, el 18 de octubre de 2025, y firmado por Enrico Letta, exprimer ministro de Italia, Josep Borrell Fontelles, exalto representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad y expresidente del Parlamento Europeo; Danuta Hübner, excomisaria europea de Política Regional y exeurodiputada; y un centenar más de personalidades europeas.

La Unión Europea se enfrenta a desafíos sin precedentes en un momento en el que el orden multilateral basado en la ONU está bajo asedio. La estrategia de apaciguamiento hacia Donald Trump —desde la cumbre de la OTAN hasta la desregulación de las normas digitales, de inteligencia artificial y medioambientales, incluida la humillación arancelaria de Turnberry— no está funcionando. Las concesiones no han reducido la imprevisibilidad ni la hostilidad de Trump. Al contrario, han profundizado la vulnerabilidad estratégica de Europa, han producido un plan de capitulación inaceptable para Ucrania y una declaración política de guerra a la UE en forma de Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, en la que se llama a un retorno a una Europa de naciones y se anuncia, en consecuencia, una alianza de Trump con las fuerzas políticas nacionalpopulistas del continente.

Europa debe, por tanto, extraer las conclusiones necesarias: su seguridad, prosperidad y democracia ya no pueden depender de la voluntad cambiante de Estados Unidos. La autonomía estratégica ya no es una opción, sino una necesidad. La Unión Europea debe ser capaz de actuar de manera independiente, asumir la plena responsabilidad de su propia defensa, y perseguir sus intereses y valores en la escena global con soberanía y credibilidad.

Una Europa más productiva y competitiva es condición previa del poder geopolítico y del bienestar social. Por ello, debemos garantizar para 2028 la plena aplicación de los informes Letta y Draghi sobre la finalización del mercado único y la competitividad europea. Además, necesitamos un presupuesto plurianual que apoye nuevas inversiones, públicas y privadas, en industrias clave e innovadoras. Por ello, instamos a la Comisión a que presente una nueva propuesta de Marco Financiero Plurianual (MFP), reforzada y más ambiciosa, capaz de financiar bienes públicos europeos, incluidas nuevas prioridades en defensa e investigación, preservando al mismo tiempo las dimensiones social y medioambiental, la cohesión y la agricultura, respetando el control parlamentario y el papel de las regiones y ciudades europeas, y financiada con verdaderos recursos propios de la UE.

Pero recuperar la competitividad y modernizar el presupuesto no es suficiente para construir una Europa geopolítica. Al igual que en 1950, debemos concentrarnos en un punto crítico: el establecimiento de una Defensa Común Europea respaldada por una unión política más fuerte. Solo una Europa más federal puede hacer frente a estos desafíos, garantizando el respeto de nuestros valores y derechos fundamentales, a menos que estemos dispuestos a aceptar a Trump como autoridad política mundial, en una asociación ambigua con Putin y Xi Jinping. Reconociendo la amenaza a la seguridad que afronta la UE y la abierta hostilidad de Trump, confirmada por la citada Estrategia de Seguridad Nacional, instamos a los Estados miembros en el Consejo Europeo a establecer una Defensa Común Europea, tal como prevé el artículo 42 del Tratado de la Unión Europea, lo que también puede hacerse mediante una nueva Cooperación Estructurada Permanente entre los Estados miembros dispuestos en caso de falta de unanimidad. Esto constituirá un Sistema de Defensa Europeo capaz de coordinar las fuerzas armadas nacionales en caso de agresión contra cualquier Estado miembro. Para ello se requiere un Centro de Mando y Control de la UE.

De manera más general, las instituciones y los dirigentes de la UE deben explotar plenamente el Tratado de Lisboa, mediante una interpretación federalista del mismo en todos los ámbitos, como se hizo con la respuesta a la pandemia de coronavirus, también siguiendo el llamamiento de Mario Draghi a un “federalismo pragmático”. La UE no se habría convertido en una potencia comercial si esta política hubiera estado sometida a la unanimidad. Debemos superar la vetocracia en política exterior, defensa y finanzas. Un presupuesto de la UE más fuerte, beneficioso para determinados Estados miembros, podría condicionarse a su apoyo a la activación de las cláusulas pasarela para pasar de la unanimidad a la votación por mayoría. En paralelo, el Consejo Europeo debe dar un seguimiento coherente a la propuesta del Parlamento de reformar los Tratados para abolir la unanimidad en el sistema de toma de decisiones de la UE —presupuesto y fiscalidad, política exterior, seguridad y defensa, y ampliación deberían pasar todos al procedimiento legislativo ordinario—, incluida la futura reforma de los Tratados.

Consideramos que el Parlamento Europeo puede desempeñar un papel fundamental en la aplicación de las reformas institucionales necesarias, también con vistas a la ampliación. En primer lugar, condicionando su apoyo a los próximos presupuestos anuales y al MFP a que el Consejo Europeo actúe conforme a las peticiones mencionadas. En segundo lugar, promoviendo una Asamblea Interparlamentaria (Assises) para defender la plena aplicación de esos objetivos, junto con una Asamblea Ciudadana Europea ad hoc para implicar a la ciudadanía y al espacio público europeo en su conjunto.

A tal efecto, apoyamos la creación de una coalición proeuropea renovada, transversal y entre instituciones, que abarque a los Estados miembros más comprometidos en el Consejo Europeo, a la mayoría proeuropea en los Parlamentos Europeo y nacionales, a la Comisión Europea y a las instituciones regionales y locales, más allá de las inercias particulares de cada institución, así como a la sociedad civil organizada europeísta. Hacemos un llamamiento a todos ellos para que se movilicen a nivel local, nacional y transnacional en apoyo de estas demandas en favor de una Unión más soberana y democrática.

Este texto se basado en la declaración aprobada por el nuevo Comité de Acción Monnet por los Estados Unidos de Europa, el 18 de octubre de 2025, en la Casa Jean Monnet, Houjarray/Bazoches-sur-Guyonne, Francia.

Firman: Enrico Letta, exprimer ministro de Italia y autor del informe Mucho más que un mercado; Josep Borrell Fontelles, exalto representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad y expresidente del Parlamento Europeo; Danuta Hübner, excomisaria europea de Política Regional y exeurodiputada; Hans-Gert Pöttering, expresidente del Parlamento Europeo; Guy Verhofstadt, presidente del Movimiento Europeo Internacional, exprimer ministro de Bélgica, y exeurodiputado; Monica Frassoni, presidenta del Centro Europeo de Apoyo Electoral (ECES), expresidenta del Partido Verde Europeo y exeurodiputada; Jacques Attali, escritor y exasesor especial del presidente francés François Mitterrand; Pascal Lamy, exdirector general de la Organización Mundial del Comercio y excomisario europeo de Comercio; Paolo Gentiloni, excomisario Europeo de Economía y exprimer ministro de Italia; Daniel Cohn-Bendit, escritor y exdiputado al Parlamento Europeo; Domènec Ruiz Devesa, presidente de la Unión de los Federalistas Europeos y exdiputado al Parlamento Europeo; Robert Menasse, escritor; Isabelle Durant, exvicepresidenta del Parlamento Europeo y exsecretaria general interina de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo; Javier Cercas, escritor; Dominique Méda, profesora de la Paris School of Economics (PSL) – Paris-Dauphine; Petre Roman, exprimer ministro de Rumania; Mercedes Bresso, expresidenta del Comité Europeo de las Regiones y exeurodiputada; Rosen Plevneliev, expresidente de Bulgaria; Gabriele Bischoff, presidenta del Grupo Spinelli y eurodiputada; Nicolas Schmit, excomisario europeo de Empleo y Derechos Sociales; Enrique Barón Crespo, expresidente del Parlamento Europeo; Andrea Wechsler, presidenta de Europa-Union Deutschland, y eurodiputada; Klaus Hänsch, expresidente del Parlamento Europeo; Luca Visentini, expresidente de la Confederación Europea de Sindicatos; Daniel Freund, eurodiputado y expresidente del Grupo Spinelli; Othmar Karas, exvicepresidente primero del Parlamento Europeo; Richard Corbett, exeurodiputado; Sandro Gozi, eurodiputado y expresidente del Grupo Spinelli; Jo Leinen, exeurodiputado y expresidente del Movimiento Europeo Internacional; Pierre Larrouturou, exeurodiputado; Elmar Brok, exeurodiputado y expresidente del Grupo Spinelli; Andrew Duff, exeurodiputado y expresidente de la Unión de los Federalistas Europeos; Francisco Aldecoa Luzárraga, presidente del Consejo Federal Español del Movimiento Europeo y profesor; Michele Fiorillo, filósofo y coimpulsor de Citizens Take Over Europe, y Slavoj Žižek, filósofo.