jueves, 4 de diciembre de 2025

DE LAS ENTRADAS DEL BLOG DE HOY JUEVES, 4 DE DICIEMBRE. 50º ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE HANNAH ARENDT

 






Hola buenos días de nuevo a todos y feliz jueves, 4 de diciembre de 2025, 50º aniversario de la muerte de Hannah Arendt. Trump está ordenando ejecuciones extrajudiciales en aguas internacionales para forzar un cambio de Gobierno en el país con mayores reservas de petróleo del mundo, afirma en la primera de las entradas del blog de hoy la periodista y escritora Marta Peirano. En la segunda, un archivo del blog del 4 de septiembre de 2017, el profesor Daniel Innerarity, catedrático de Filosofía Política, decía que en todos los Estados democráticos hay instituciones —desde tribunales hasta bancos centrales— que no rinden cuentas directamente a los votantes o representantes electos; son imparciales, defienden determinado bien común y completan la democracia. El poema del día, en la tercera lleva el título de Abrir la tierra, es del poeta español Luis Ramos de la Torre, y comienza con estos versos: Porque el aire y la luz conocen/el don y la fértil sembradura de la tierra,/purifican y propician/lo crucial de la vida. Y la última entrada del día, como siempre, son las viñetas de humor. Volveremos a vernos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Sean  felices, por favor. Tamaragua, amigos míos. Y como decía Sócrates: ἡμεῖς ἀπιοῦμεν. HArendt














TRUMP: FISCAL, JUEZ Y VERDUGO

 







Trump está ordenando ejecuciones extrajudiciales en aguas internacionales para forzar un cambio de Gobierno en el país con mayores reservas de petróleo, afirma en El País (01/12/2025) la periodista y escritora Marta Peirano. Pongamos que las 83 personas a las que ha matado Trump en el Caribe en los dos últimos meses estuvieran transportando drogas, comienza diciendo. No hay pruebas de que lo hicieran pero, técnicamente, tampoco hay pruebas de que no. Podrían haber sido pescadores, como aseguran sus desoladas familias. Pero también podrían haber sido pescadores pobres dispuestos a cobrar 300 dólares por llevar un pequeño cargamento de cocaína a algún sitio. No sería la primera vez. Pero, si fuera una operación contra el narcotráfico, el protocolo estándar de interdicción marítima no es volarlos en pedazos y rematar a los supervivientes con un segundo misil. El protocolo es detener, inmovilizar y capturar las embarcaciones sospechosas, disparando a la propulsión para paralizar el bote y detener a la tripulación.

En una operación antidroga, la prioridad es interrogar a los traficantes y acumular inteligencia hasta llegar a los financiadores y líderes de los carteles, que no sangran una gota por la destrucción de un barco de pesca. Y, si son culpables, juzgarlos y aplicar las penas correspondientes, que en ningún caso sería la pena de muerte. En EE UU, la ley federal establece un máximo de cadena perpetua, incluso para los grandes capos de la droga. Hasta El Chapo Guzmán, jefe del cartel de Sinaloa, ha sido recientemente juzgado y condenado a cadena perpetua. Un hombre que ha ordenado asesinatos, torturas y ejecuciones directas contra rivales, desertores, policías y civiles. No un pescador.

Incluso si Trump estuviera librando una “guerra contra el narcotráfico” y eso no fuese metáfora sino una guerra de verdad, la Resolución de Poderes de Guerra, aprobada en 1973, obligaría al presidente a obtener la aprobación del Congreso en un plazo de 48 horas para cualquier acción militar de más de 60 días que implique el despliegue de tropas estadounidenses en “zonas de hostilidades”. Funcionarios de Trump han explicado que no se aplica porque en ningún momento se ha puesto en peligro la vida de personal estadounidense, confirmando que no es una guerra. No hay dos bandos armados en combate directo, sino un Gobierno grande asediando a otro mucho más pequeño con sanciones, bloqueos, despliegues militares y violencia letal.

Si fuese una operación contra el narcotráfico, estarían atacando en el Pacífico. La Agencia de Control de Drogas estadounidense estima en sus propios informes que el fentanilo entra por México y que el 74% de la cocaína que llega a EE UU lo hace por el Pacífico. Solo el 8% llega en lanchas rápidas desde las islas del Caribe. Aunque Venezuela es un país de tránsito para parte de la cocaína que viene de Colombia, es la que va camino de Europa.

Finalmente, si Trump estuviera en guerra contra el narcotráfico no indultaría al expresidente hondureño Juan Orlando Hernández quien, a diferencia de las 83 personas asesinadas, fue detenido, juzgado y condenado a 45 años de prisión en EE UU por conspirar para meter cocaína en ese país. Pero mientras dejamos que el público se entretenga debatiendo si en esas barcas había droga o no, dejamos pasar el titular: Trump está ordenando ejecuciones extrajudiciales en aguas internacionales para forzar un cambio de Gobierno en el país con las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, 5,5 billones de metros cúbicos de gas natural, e importantes reservas de minerales metálicos y estratégicos para la industria tecnológica y la carrera por la supremacía en la inteligencia artificial.




















ARCHIVO DEL BLOG. COMPLETAR LA DEMOCRACIA. PUBLICADO EL 04/09/2017

 







En todos los Estados democráticos hay instituciones —desde tribunales hasta bancos centrales— que no rinden cuentas directamente a los votantes o representantes electos. Son imparciales, defienden determinado bien común y completan la democracia. Quien así se expresa es el profesor Daniel Innerarity, catedrático de Filosofía Política e investigador Ikerbasque en la Universidad del País Vasco, y referente asiduo en Desde el trópico de Cáncer. Su último libro, La democracia en Europa (Galaxia-Gutenberg, Barcelona, 2017), terminé de leerlo hace unos días y se lo recomiendo encarecidamente. 

Las elecciones son demasiado poco para unos y demasiado para otros, comienza diciendo Innerarity. Unos insisten en recordarnos los errores de los votantes (Surowiecki) y otros subrayan las limitaciones de los procesos electorales para determinar y hacer valer la voluntad popular (Van Reybroucke). Para los primeros, las elecciones representan demasiado bien lo que quieren los electores y para otros demasiado mal; la principal preocupación es, en el primer caso, el populismo, y en el segundo, la crisis de la democracia representativa. Unos consagran el orden constitucional o la legalidad vigente como algo que en ningún caso puede ser socialmente verificado; otros apelan a la voluntad de los militantes, a las consultas o defienden la tesis de la “absolución electoral” para los corruptos.

Algo está pasando en nuestros sistemas políticos cuando la inminencia de una cita electoral es vista como una amenaza (o la ausencia de elecciones inmediatas se celebra como una oportunidad para llevar a cabo ciertas políticas) o, en el caso opuesto, se tiene una concepción descontextualizada e irrefutable de la voluntad popular, es decir, sin contrapesos, marco legal, información suficiente, espacio para la deliberación o protección de las minorías.

Lo complicado del asunto es que todos tienen algo de razón. Se trataría, por tanto, de compaginar ambas posiciones, de completar la democracia, que no es una mera legalidad constitucional, pero tampoco una serie de big bangs constituyentes, que no puede prescindir del electorado, pero que no debe ser solo democracia electoral. No se pueden suprimir las instituciones de la democracia electoral sin dañar la democracia, pero se la puede y debe completar con otro tipo de instituciones que defienden valores igualmente necesarios para la calidad de la vida democrática.

En todos los Estados democráticos hay previsiones constitucionales o cuasiconstitucionales que limitan el poder del demos y configuran una serie de instituciones que no representan tanto a las personas sino a ciertos valores o bienes públicos. Representan de algún modo la imparcialidad y defienden determinado bien común al margen e incluso por encima de los electores actuales. Una característica de la gobernanza de todas las democracias contemporáneas es la delegación de poderes significativos en instituciones que no rinden cuentas directamente ante los votantes o los representantes electos: tribunales, bancos centrales independientes, autoridades regulatorias de supervisión y regulación, comisiones de la competencia y tribunales de cuentas se hacen cargo cada vez de más ámbitos de la vida política y económica. Hay un desplazamiento del poder hacia lugares menos sometidos al escrutinio y control públicos, y esa derivación no siempre está motivada por intenciones perversas sino también por necesidades funcionales que es necesario entender y legitimar.

¿Cómo se justifica la existencia de tales instituciones? De entrada, hay una justificación funcional. Existe un amplio consenso en torno a la convicción de que, por ejemplo, el control de las normas y la política monetaria o crediticia son mejor desempeñados por los tribunales constitucionales y los bancos centrales que por los parlamentos. Imaginemos las consecuencias desastrosas que tendría la asunción de estas tareas por los parlamentos. De ahí que la delegación de estos momentos de soberanía no debilite sino que fortalezca la democracia, si es que por democracia entendemos no solo la formalidad de quién toma las decisiones sino la capacidad de proporcionar determinados bienes públicos.

No está de moda defender las instituciones técnicas, pero conviene recordar la función que ejercen en una democracia. En una entrevista publicada por Süddeutsche Zeitung, el director general de la oficina estadística de la UE, Walter Rademacher, explicaba la responsabilidad de los Estados miembros al dar por buenas las cuentas de Grecia para su ingreso en la moneda única cuando todos tenían serias dudas acerca de la fiabilidad de las informaciones proporcionadas por el Gobierno griego. Por esta razón el Eurostat pidió más poderes de control pero los Estados miembros se opusieron a ello. En aquel caso, los técnicos tenía razón frente a quienes representaban a sus electorados.

Un segundo tipo de legitimidad de esta delegación en instituciones independientes del ciclo electoral procede de la justificación por el largo plazo. Uno de los problemas de las actuales democracias es su inconsistencia temporal, el hecho de que sacrifiquen los proyectos de largo alcance ante el altar de los beneficios electorales inmediatos. Todo lo que tiene que ver con la protección de las minorías, la justicia intergeneracional o ciertos compromisos medioambientales (es decir, con los intereses que por definición están escasamente presentes en nuestros procedimientos de decisión) requieren algún tipo de justificación que no depende de la voluntad de los electorados realmente existentes.

Este tipo de bienes solo pueden protegerse cuando una parte de la soberanía es transferida a un nivel menos “electoralmente democrático” y son adoptadas por instituciones más inmunes a las presiones inmediatas. Las instituciones europeas fueron creadas en parte para gestionar este tipo de externalidades intratables por procedimientos democráticos. Algunas de las acusaciones de tecnocracia o déficit democrático tienen que ver con esta circunstancia; no con que no sean suficientemente democráticas sino con que no son electoralmente democráticas. Los costes de una institución no democrática (o mejor: no electoral o mayoritariamente democrática) tienen que ser sopesados con los beneficios de salvaguardar ciertos bienes colectivos. Pensar de este modo no equivale a derogar la democracia sino más bien defenderla frente a su debilidad. Todo ello no es incompatible con ciertas reformas que deben asegurar sus procedimientos para hacerlas más democráticas, por ejemplo, más representativas (pensemos en la escandalosa infrarrepresentación de las mujeres en el Banco Central Europeo) o reformulando su independencia, siempre y cuando se lleven a cabo sin comprometer su naturaleza.

Podríamos concluir afirmando que estas instituciones deben entenderse como un constitucionalismo democráticamente configurado y no como una democracia constitucionalmente restringida. Serían democráticamente inaceptables si fueran modos de impedir el poder del pueblo y no un modo de canalizarlo adecuadamente o si estuvieran configuradas de tal manera que se encontraran absolutamente fuera del alcance de la discusión pública y la reforma. Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt


















EL POEMA DE CADA DÍA. HOY, ABRIR LA TIERRA, DE LUIS RAMOS DE LA TORRE

 







ABRIR LA TIERRA




Porque el aire y la luz conocen


el don y la fértil sembradura de la tierra,


purifican y propician


lo crucial de la vida,


la sazón de la espera.


El topo humano nunca olvida


la condición raigal del humus,


su liquen necesario,


ni descarta el prodigio de los olores únicos,


la prevalencia de la sombra.


Ansía, sin más,


renacer en su respiro.


Darse de alta del silencio.


Vivir.


Habilitar sin más su letanía.




LUIS RAMOS DE LA TORRE (1956)

poeta español
























DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY, JUEVES, 4 DE DICIEMBRE DE 2025

 




























miércoles, 3 de diciembre de 2025

DE LAS ENTRADAS DEL BLOG DE HOY, MIÉRCOLES, 3 DE DICIEMBRE DE 2025

 






Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz miércoles, 3 de diciembre de 2025. El balance de la situación mundial es amargo: China busca un orden mundial chinocéntrico, Estados Unidos está liquidando su democracia, los regímenes autoritarios avanzan y la sociedad civil no parece oponer mucha resistencia; ante este desolador panorama, Europa debe pensar en volar sola y más unida; es cuestión de supervivencia, afirma en la primera de las entradas del blog de hoy el gran pensador y filósofo alemán Jürgen Habermas. Por desgracia para nosotros los canarios, Bananaria, no es sólo ese país imaginario creado por Eduardo Galeano al que alude el también escritor Juan García Luján en su artículo de Canarias Ahora de hoy, podía leerse en el archivo del blog de esta misma fecha de 2008. El poema del día, en la tercera entrada de hoy, se titula Soo, está escrito por el poeta canario Juli Mesa, y comienza con estos versos: Un perro sobre fondo negro/en el horizonte/historia del perro de abuelo/la policía. Y la última entrada del día, como siempre, son las viñetas de humor. Volveremos a vernos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Sean  felices, por favor. Tamaragua, amigos míos. Y como decía Sócrates: ἡμεῖς ἀπιοῦμεν. HArendt














LA VITAL INTEGRACIÓN POLÍTICA DE LA UNIÓN EUROPEA

 






El balance de la situación mundial es amargo: China busca un orden mundial chinocéntrico, Estados Unidos está liquidando su democracia, los regímenes autoritarios avanzan y la sociedad civil no parece oponer mucha resistencia. Ante este desolador panorama, Europa debe pensar en volar sola y más unida. Es cuestión de supervivencia, escribe en El País (30/11/2025) el gran pensador Y filósofo alemán Jürgen Habermas. La invasión rusa de Ucrania ha provocado, entre otras cosas, una percepción tardía entre la población europea de la profunda transformación que se está produciendo en la situación mundial,l comienza diciendo. No obstante, ese cambio llevaba ya tiempo gestándose a consecuencia del declive de Estados Unidos, la superpotencia del siglo XX. Una señal de alarma ya fue el giro repentino en el estado de ánimo de la sociedad civil estadounidense tras el 11 de septiembre de 2001. Este cambio de actitud que desató el miedo en la población se vio agravado por la retórica del Gobierno del entonces presidente George W. Bush y su implacable y belicoso vicepresidente.

Todo el mundo parecía sentir en primera persona el peligro acechante del terrorismo internacional. En el contexto de la propaganda que propugnaba la guerra contra Sadam Husein e Irak, en violación del derecho internacional, el cambio de actitud se afianzó y se radicalizó. Desde el punto de vista institucional, ese giro afectó en primer lugar al sistema de partidos. Ya durante la década de los noventa, bajo el liderazgo de Newt Gingrich [que presidió la Cámara de Representantes de EE UU], no solo se había transformado profundamente la práctica del Partido Republicano, sino también la composición social de sus seguidores. Sin embargo, las tendencias que propugnaron un cambio aún mayor y, al parecer, prácticamente irreversible del sistema político en su conjunto solo se impusieron después de que el presidente Obama decepcionara a quienes habían esperado un giro radical en la política exterior de Estados Unidos.

Actualmente, el debilitamiento de la posición internacional de la antigua superpotencia es ya innegable, como quedó de nuevo patente en la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (la APEC) celebrada en Corea del Sur a finales de octubre: los aliados de Estados Unidos, movidos por la inquietud, buscan ahora también acuerdos con otros vecinos más neutrales o con una mayor dependencia de China. Y parece ser que, tras la partida prematura del presidente estadounidense, más interesado en cerrar tratos rápidos que en afianzar la influencia a largo plazo de EE UU, el presidente chino, Xi Jinping, marcó el rumbo de la reunión promocionando su concepción de una sociedad mundial multicultural bajo el liderazgo de China.

Desde que la República Popular China se incorporó a la Organización Mundial del Comercio los sucesivos gobiernos demostraron su inteligencia al aspirar a convertir su país en una gran potencia económica. Pero solo con la llegada al poder de Xi Jinping en 2012 se convirtió en su objetivo declarado, presentado con cierta “agresividad defensiva”, el sustituir el régimen liberal de comercio mundial por un orden político mundial chinocéntrico. Con el proyecto de la Ruta de la Seda, China llevaba ya tiempo persiguiendo objetivos estratégicos y de seguridad de mayor alcance. Los principales beneficiarios fueron Rusia, Pakistán, Malasia e Indonesia. Pero China se ha convertido además en el mayor donante de fondos para países emergentes y en desarrollo. En general, un indicio del cambio de poder a escala internacional es que, en términos geopolíticos, los conflictos decisivos se concentrarán en el futuro en el sudeste asiático.

Será interesante observar cómo afectará la llegada al poder de Trump a la política interior de Taiwán. Pero, aparte de ese foco de conflicto, aquí no solo se enfrentan, por un lado, China y sus aliados regionales y, por otro, Estados Unidos y los países de la región de inclinación occidental, es decir, sobre todo Japón, Corea del Sur y Australia. En esa misma región, también la India aspira ahora a convertirse en una potencia mundial. Y los cambios en el equilibrio de poder geopolítico no solo se están produciendo en el Pacífico, sino que se detectan también en el auge de potencias de tamaño medio, como Brasil, Sudáfrica o Arabia Saudí, que aspiran con empaque a lograr una mayor independencia.

En EE UU se está liquidando por vía democráticamente legitimada la democracia más antigua del mundo

Muchos de esos países emergentes aspiran a ser admitidos en el grupo informal y ahora ampliado de los BRICS. Los profundos cambios geoeconómicos del orden económico liberal mundial también parecen apuntar al fin de la hegemonía occidental establecida por EE UU tras el final de la II Guerra Mundial. Y no es que este orden comercial mundial regulado, llevado al límite por el propio Trump, pueda liquidarse fácilmente, como se ve hoy en la interesante disputa sobre el abastecimiento de tierras raras. Pero nada ilustra mejor las ahora ya habituales restricciones al comercio mundial por razones de seguridad que la reciente decisión del Gobierno alemán, campeón mundial de las exportaciones, de ayudar con fondos públicos a su industria siderúrgica, que ya no es competitiva en el ámbito internacional.

Aunque estos cambios en las relaciones de poder geopolítico se venían gestando desde hace ya tiempo, y aunque al comienzo de la guerra de Ucrania no se podía descartar en absoluto una reelección de Trump, los gobiernos occidentales no comprendieron, tras la invasión rusa de Ucrania, que, ya que no habían logrado evitar el conflicto, al menos deberían haberle puesto fin durante el mandato de Joe Biden. Entretanto, con el segundo mandato de Trump se ha producido lo que venía anunciándose desde hace tiempo en el programa de la Heritage Foundation: la liquidación ya prácticamente irreversible del régimen liberal-democrático más antiguo, siguiendo un patrón que ya habíamos visto en Europa con el caso de Hungría y otros países.

Estos regímenes autoritarios de nuevo corte no se deben a las circunstancias especiales de una liquidación fallida de las formas de gobierno postsoviéticas, sino que son los precursores de la liquidación democráticamente legitimada de la democracia más antigua del mundo y de la rápida creación y expansión de una forma de gobierno libertaria-capitalista administrada por un equipo de tecnócratas.

En EE UU observamos esa misma transición de un “sistema” a otro, que avanza de manera no especialmente sigilosa, sino más bien discreta, ante una oposición más o menos paralizada. Las últimas o penúltimas elecciones democráticas fueron el inicio largamente anunciado de la rápida expansión arbitraria y autocrática de un poder ejecutivo ya en sí recortado y depurado. Trump hace uso abusivo de esta tendencia al tiempo que desdeña las reticencias de un sistema judicial en proceso de desintegración y gradualmente socavado desde las altas esferas.

El presidente ha comenzado por arrogarse los poderes legislativos del Parlamento con su rigurosa política arancelaria, e intenta restringir gradualmente la independencia de la prensa y del sistema universitario. A continuación, se ha dedicado a intimidar a la oposición desplegando por iniciativa propia a la Guardia Nacional en grandes ciudades como Los Ángeles, Washington y Chicago. Su mera presencia apunta ya a la voluntad del Gobierno de recurrir si fuera necesario al ejército, cuyos rangos superiores le son ya sumisos, para cargar contra sus propios ciudadanos. Y, mientras que en el marco de la UE el sistema de partidos y las elecciones democráticas siguen estando protegidos incluso en países autoritarios como Hungría (o, en su momento, Polonia), su devenir en Estados Unidos es, de momento, incierto.

Tras los últimos tímidos éxitos electorales de los demócratas, Trump se dedica a marginar y menoscabar a la oposición política a base de denuncias. En política exterior, como demuestran sus arbitrarias acciones militares contra los contrabandistas frente a las costas de Venezuela, tampoco le preocupa demasiado el derecho internacional. El fenómeno más sorprendente y hasta ahora inexplicable de esta toma de poder sigilosa pero decidida es la pusilanimidad de una sociedad civil que, en gran medida, no opone resistencia; por no hablar ya de la actitud conformista de estudiantes y profesores, que hasta hace poco llevaban al extremo en sus campus la resistencia gratuita frente a la supuesta potencia colonial israelí.

Y no insinúo con ello que nosotros fuéramos a reaccionar de otra manera. Hasta la fecha, sigo sin ver ningún indicio convincente de un cambio de rumbo en el camino emprendido hacia un sistema social políticamente autoritario gestionado por tecnócratas, pero económicamente libertario. De hecho, los posibles sucesores de Trump defienden una “visión del mundo” aún más cerrada que la del presidente, un narcisista patológico, orientado al “beneficio” y la satisfacción personales a corto plazo, que prefiere ser magnate y premio Nobel de la Paz antes que político visionario.

Para sustentar las reflexiones expuestas hasta ahora, las únicas competencias que puedo esgrimir son las de un lector de periódicos. Estos me interesan sobre todo respecto a la cuestión de las consecuencias para Europa, en la situación actual, del cambio de equilibrio geopolítico y de esa división política de Occidente que se viene gestando desde hace ya tiempo. A continuación, parto de la base de que, salvo contadas excepciones, los Gobiernos de la UE y de sus Estados miembros siguen teniendo de momento la firme voluntad de atenerse a los fundamentos normativos de sus constituciones respectivas y las prácticas correspondientes. Su objetivo político debe ser, por tanto, reforzar su peso, de modo que la UE pueda afirmarse como actor autónomo en la política y la sociedad a escala mundial, independientemente de Estados Unidos y de compromisos con dicho país o con otros Estados autoritarios que contravengan este sistema.

Sin embargo, en lo que respecta a la continuación de la guerra en Ucrania, “nosotros”, si se me permite hablar desde esta perspectiva europea, seguimos dependiendo del apoyo de EE UU, ya que de otro modo no disponemos de la tecnología necesaria para el reconocimiento aéreo. Sin el apoyo de EE UU no se podría mantener el frente ucraniano. Pero ese país, que ya no desempeña normativamente el papel declarado por Biden de brindar legítima asistencia a Ucrania conforme al derecho internacional y, en el mejor de los casos, le suministra armas financiadas por Europa (por Alemania, de hecho), se ha convertido en un socio impredecible para sus aliados.

Ya solo por esta razón, también nosotros estamos interesados en alcanzar el rápido alto el fuego que persigue el Gobierno ucranio. Pero eso conlleva una desafortunada consecuencia para Europa que hasta ahora no se ha abordado: la UE no puede alejarse políticamente de Estados Unidos, ahora miembro pasivo de la OTAN que, por así decirlo, ha dado un paso atrás. La consecuencia es que “Occidente” todavía sigue actuando de forma conjunta, aunque ya no hable con una sola voz desde el punto de vista normativo. La guerra de Ucrania obliga a la UE a mantener su vínculo con EE UU en el marco de la OTAN, que, debido al cambio de régimen iniciado por su miembro más importante y hasta la fecha líder de la Alianza, ya no puede invocar de forma creíble los derechos humanos para justificar su apoyo militar a Ucrania.

Quienes hayan escuchado el último discurso de Trump ante la Asamblea General de la ONU deben admitir que la retórica utilizada desde el primer día del conflicto por Occidente, entonces aún unido, para justificar en virtud del derecho internacional su apoyo a una Ucrania invadida ha perdido todo su valor. Los únicos que no se ven afectados por esta embarazosa situación son los originariamente 30 países que, más allá de la UE, pero con independencia de EE UU, se unieron bajo el liderazgo de Francia y Gran Bretaña para asistir a Ucrania. Y es una ironía, espero que involuntaria, que ese grupo de países se haya autodenominado “coalición de voluntarios”, el mismo nombre con el que George W. Bush, con la ayuda del primer ministro británico, pero en contra de los deseos de Francia y Alemania, forjó una alianza para apoyar su invasión de Irak en contravención de los preceptos del derecho internacional.

Angela Merkel ignoró fríamente a Francia. Qué hipócritas eran y siguen siendo sus palabras

Tras esbozar esta nueva situación de un Occidente dividido, paso a mi pregunta principal: ¿es realista aspirar a una concordancia política más amplia en el seno de la UE para que esta sea reconocida en el contexto de la sociedad mundial no solo como uno de los socios comerciales más importantes en materia económica, sino como un sujeto propio, capaz de afirmarse políticamente y de actuar por sí mismo?

Aunque los Estados miembros más recientes en el este de la UE son los que más claman por el rearme, son también los menos dispuestos a limitar su propia soberanía nacional para lograr ese fortalecimiento común. Por ello, la iniciativa debería partir de los principales países occidentales de la Unión (aunque el Gobierno de Meloni tampoco la asumiría). Y, hoy en día, dada la actual debilidad de Francia, ese papel recaería fundamentalmente en Alemania. La construcción de una defensa europea común, ya en curso, podría generar el impulso inicial para lograrlo.

El Bundestag ha aprobado ya los fondos para llevar a cabo una ampliación y un desarrollo considerables del ejército alemán, aunque no me interesa aquí el cuestionable argumento del supuesto riesgo actual de un ataque ruso contra la OTAN. El Gobierno alemán aspira a crear “el ejército más fuerte de Europa” bajo las premisas de los tratados existentes, es decir, en el marco de sus competencias nacionales. Con ello perpetúa la hipócrita política europea practicada ya por Angela Merkel: pese a una retórica siempre favorable a Europa, en las últimas décadas rechazó diversas iniciativas de Francia a favor de una mayor integración económica, la última de ellas manifestada con vehemencia por el entonces recién elegido presidente francés Macron.

Pero también el canciller Merz, digno discípulo de Schäuble, se cierra en banda ante los eurobonos. No existen indicios fundados de que el Gobierno alemán esté tomando medidas serias para lograr una Unión Europea capaz de actuar en la escena mundial.

Sin duda, en vista del auge que cobra a diario el populismo de derechas en todos nuestros países, la largamente esperada medida a favor de una mayor integración de la UE para que esta pudiera actuar en el ámbito mundial encontraría a priori un apoyo aún más exiguo que hasta la fecha. De hecho, en la mayoría de los Estados miembros occidentales de la Unión, los movimientos políticos internos a favor de descentralizar o revertir la UE, o al menos debilitar las competencias de Bruselas, son más fuertes que nunca. Por eso es probable que Europa sea ahora menos capaz que nunca de desvincularse de la hasta ahora figura de liderazgo de Estados Unidos. El gran desafío consistirá entonces en lograr mantener en medio de esta vorágine su identidad normativa y su talante todavía democrático y liberal.

Al final de una vida política más bien favorecida por las circunstancias, no me resulta fácil llegar a esta conclusión implorante, pero lo cierto es que una mayor integración política, al menos en el núcleo de la Unión Europea, nunca ha sido tan vital para nosotros como lo es hoy. Y nunca ha resultado tan improbable. Este texto es el manuscrito ligeramente revisado por Jürgen Habermas de la conferencia que pronunció el 19 de noviembre en el marco de un coloquio sobre la crisis de las democracias occidentales en la Fundación Siemens de Múnich. 












DEL ARCHIVO DEL BLOG. BANANARIA. PUBLICADO EL 03/12/2008

 






Por desgracia para nosotros los canarios, Bananaria, no es sólo ese país imaginario creado por Eduardo Galeano al que alude el también escritor Juan García Luján en su artículo de Canarias Ahora de hoy, titulado "Corrupción, presunta, en Bananaria". Es un territorio real y dramático poblado por más de dos millones de personas que gozan de la triste fortuna de ser gobernados al alimón por una pandilla de incompetentes, aportados por ATI-CC, y de sinvergüenzas, añadidos por el PP, que han convertido a Canarias en una auténtica y real, ahora sí, república bananera. ¿Hasta cuándo? Ni Dios, si existe, creo que lo sepa con certeza dado que el sistema electoral imperante en las islas impide que gobierne el partido que más votos obtiene en el conjunto del archipiélago. En todo caso, y dado que con el gobierno actual vamos absolutamente "de proa al marisco", como se dice por aquí, esperemos que no se alargue mucho nuestra agonía... Y en la calle Génova, de Madrid, no se ponen, no saben, no contestan... Otros que tal bailan... El artículo citado de García Luján dice así:

Bananaria era un lugar ideal para que Eduardo Galeano abriera la escuela del mundo al revés, la que describió en su libro "Patas Arriba". Los mismos que querían más policías ponían las manos en el fuego por los presuntos ladrones. En el Parlamento de Bananaria el zorro se dedicaba a cuidar las gallinas y el conde Drácula custodiaba la llave del banco de sangre. Bueno, la verdad es que la cosa era mucho más grave: el responsable de Hacienda pedía una moratoria para que los empresarios no pagaran sus impuestos, y un diputado de la Comisión de Medioambiente cobraba dinero de una empresa por defender la multiplicación del cemento sobre el territorio, y presionar para conseguir licencias irregulares.

En Bananaria había un mago que no usaba chistera, hacía trucos a base de escupir frases racistas por su boca. Mientras el mago nos asustaba con la llegada del moro y la gente miraba para la costa, en el aeropuerto aterrizaba el avión privado del anciano nórdico acompañado de la joven rusa, la rubia no era tonta, al contrario, era capaz de aprender la lengua española a la velocidad del recorrido que iba desde la entrada del Palacio de Justicia al despacho de la jueza. El político Humilde le había enseñado que a los periodistas había que hablarles en inglés, porque eran unos miserables que siempre estaban injuriando, y desde que el Caudillo no habitaba entre nosotros no había forma de meterlos en la cárcel. Sí, la cárcel y los calabozos, esos lugares por donde pasaban tantos subordinados de el Humilde.

En Bananaria estaba permitido mentir, el Humilde mentía en los tribunales y en el Parlamento, en las ruedas de prensa y en las de reconocimiento, en las comisiones de investigación y en la investigación de las comisiones. El Humilde era un hombre frío, por eso gustaba de los países de bajas temperaturas. Aquel verano que la isla ardió el Humilde prefirió buscar cielos más fríos y dejó al malísimo Zapatero solo en medio de las cenizas de las cumbres y se montó en el avión de su amigo. El Humilde era el máximo responsable del gobierno de la isla, pero no quiso pasar por ese sufrimiento de ver los pinos convertidos en cenizas, por eso fue a evadir sus penas escuchando la música de otro amigo en Austria y disfrutando de los saltos de los alegres salmones en un río de Noruega.

El viaje comenzó mal porque el dueño del avión se quedó dormido, como era un jet privado y no daban ambrosías Tirma ni nada, pues el viejo (que en paz descanse) se aburría y se echó una cabezadita entre Gran Canaria y Austria y otra sobadita entre Austria y Noruega. El colega del Humilde era un hombre de sueños largos, por eso necesitaba 3600 camas para dormir. Pero, según confensó el Humilde a la jueza, el viejo no se lo contó a su amigo. El Humilde se aburrió mucho en el jet privado, mientras el viejo dormía, la joven rubia leía una novela de un compatriota, "Crimen y castigo", y la procuradora se estudiaba el Código Penal, en concreto los artículos que recogían como atenuantes la recopilación de facturas y estractos bancarios en los amistosos viajes de placer. Así que como todo el mundo pasaba de él, el Humilde se puso a leer las noticias económicas en la prensa color salmón, que le relajaba mucho más que los periódicos digitales.

En Bananaria la ortografía cambiaba los significados. Hoy te veto a un periodista, hoy te veto a una diputada. Pero si lo decías con "b" entonces Tebeto se transformaba en una montaña muy rentable. Y aparecía un tío del Humilde trabajando para una empresa privada, valorando la montaña en una millonada. Oye, tío, pide por esa boquita que si pierdo las elecciones me darán la llave de la lata del gofio y les pago luego. La familia del Humilde merodeaba en los momentos más místicos, en las experiencias más enriquecedoras. Al hermano lo nombraban un día en una conversación donde hablaban de regalarle 100.000 eurillos de nada por defender un supermercado ante un alcalde, otro día el hermano aparecía en un puesto de mando y nombraba a un señor para negociar con los que iban a ganar un concurso que pararon los tribunales. Así eran algunos familiares del Humilde, que no quería que le nombraran a su familia, pero él era el que la nombraba primero: hoy te nombro consejero, hoy te nombro procuradora, hoy pides una indemnización para que una empresa privada asalte las arcas del gobierno.

En Bananaria éramos todos muy felices. Nos contaban las noticias a medias. A los cronistas de la Corte se les prohibía decir que el Humilde formaba parte del gobierno el día que visitaba los pasillos de los tribunales, pero el día que tocaba inaugurar alguna tontería entonces lo sacaban en los titulares con el título de Virrey o Rey sustituto si la tensión estaba alta. En los medios cortesanos los únicos sucesos los protagonizaban hombres con furgonetas blancas, los hombres que iban en oscuros coches oficiales nunca eran malos, ni siquiera los días que debían sentarse en el banquillo de los acusados. Así era Bananaria. Yo vivía allí y me convertí en un miserable el día en que me atreví a contarlo. (Canarias Ahora, 03/12/08).

P.S.: El "Humilde", citado por Juan García Luján, no es otro que el vicepresidente del gobierno canario y líder indiscutible e indiscutido del PP regional, don José Manuel Soria. Lo digo para los amables lectores de este blog no residenciados en este desafortunado territorio de Bananaria. Sean felices. Tamaragua. HArendt