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jueves, 13 de febrero de 2020

[A VUELAPLUMA] Escribir en librerías



Una librería-cafetería en la ciudad de Barcelona


"Hay algo fascinante en la reunión de libros, ¿no les parece? Se acumulen como se acumulen y donde sea que se acumulen -comenta la escritora Flavia Company en el A vuelapluma de hoy jueves-. Por orden o por desorden, por necesidad o por capricho. Por organización alfabética, temática, por medidas o por editoriales. En estanterías, en mesas o en el suelo. Y si estamos de acuerdo en esta primera opinión, también lo estaremos en decir que el colmo de esos paraísos se encuentra en las bibliotecas, públicas o privadas, y en las librerías.

En las primeras reina un silencio obligado. En las segundas, uno inevitable que, desde hace ya tiempo, se ha visto modificado por la incorporación de pequeñas cafeterías, deliciosas, en las que suena una música suave de la que, en realidad, se podría prescindir, pues ningún lector tiene miedo del silencio, es más, suele preferirlo. Y no les digo nada si se trata de quienes decidimos ir a escribir allí. Podemos abstraernos, y sin duda lo conseguimos, pero cuánto mejor sería si no sonara de fondo una melodía, como suele ocurrir ya en todas partes, sea gran superficie, aeropuerto o consulta médica. (El tema del ruido que se vende como sonido que acompaña, no obstante, queda para la próxima entrega). Pocos espacios pueden resultarme más apropiados. Es como estar en el vestíbulo del lugar al que se va a ingresar. Me encuentro allí escribiendo en mi cuaderno una o varias historias que, cuando estén terminadas, se van a convertir en un libro que va a vivir con otros libros en aquellas estanterías hasta que alguien lo encuentre, lo sienta y se lo quede.

He probado muchas cafeterías de librerías por el mundo. Puesto que escribo a mano, con pluma, en cuadernos de papel liso que me haya regalado alguien que me quiera, no dependo de enchufes ni de baterías ni de tecnología alguna. Como los vinos, casi siempre las elijo por el nombre. Por el del local o por el de la calle en que se encuentra. Y cada día me dirijo allí a la misma hora, pido un cortado, y espero que llegue el principio de lo que sé que voy a narrar. Y miro todos esos volúmenes, todos esos lomos de colores, esa cantidad de títulos en cuyo interior anida al menos un secreto, uno distinto para cada persona que lo abra y lo lea, y sonrío y doy gracias a la vida, otra vez, por darme la fe necesaria para seguir creyendo que el mundo puede contarse con tinta".

A vuelapluma es una locución adverbial que el Diccionario de la lengua española define como texto escrito "muy deprisa, a merced de la inspiración, sin detenerse a meditar, sin vacilación ni esfuerzo". No es del todo cierto, al menos en mi caso, y quiero suponer que tampoco en el de los autores cuyos textos subo al blog. Espero que los sigan disfrutando, como yo, por mucho tiempo. 






La reproducción de artículos firmados en este blog no implica compartir su contenido. Sí, en todo caso, su  interés. Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt







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La verdad es una fruta que conviene cogerse muy madura (Voltaire)

[ARCHIVO DEL BLOG] Un centenario trágico. (Publicada el 27 de julio de 2009)




Barcelona. Julio de 1909



Ayer, 26 de julio, se cumplieron 100 años justos del inicio de los trágicos sucesos que con motivo de las levas de reclutas llevadas a cabo por el gobierno de España para sostener las guerras en Marruecos, sacudieron la ciudad de Barcelona. conmovieron a España y Europa, y pasaron a la historia con el sobrenombre de la "Semana Trágica".

Un interesante artículo: "Joan Maragall y la Semana Trágica", del controvertido historiador, sacerdote y monje benedictino de Montserrat, Hilari Raguer, daba cuenta del aniversario en El País de hace dos días, centrando su comentario no tanto en los hechos en sí, que expone sucintamente, sino en los sentimientos que esos acontecimientos suscitaron en el gran poeta catalán Joan Maragall, contemporáneo de los hechos. Y sobre todos ellos, el proceso, condena y ejecución del pedagogo Francisco Ferrer i Guardia, fundador de la "Escuela Moderna", al que el gobierno de Maura hizo responsable de los disturbios que dieron origen a la "Semana Trágica".

El artículo de Raguer se centra en los infructuosos esfuerzos que Joan Maragall realizó a través de tres famosos artículos de prensa para obtener el indulto de los condenados por los Consejos de Guerra sumarísimos organizados por el gobierno, artículos que motivaron una espectacular campaña en toda Europa a favor del indulto, y que recuerda la acaecida en 1976 con motivo de las ejecuciones llevadas a cabo en las postrimerías del franquismo, las últimas habidas en España.

En el tercero y último de los artículos de Joan Maragall, publicado el 18 de diciembre de 1909 en "La Veu de Catalunya", y titulado "La iglèsia cremada", cuenta el gran poeta catalán el fuerte impacto que, días después de la "Semana Trágica", le produjo una misa celebrada en una iglesia quemada: "Yo nunca había oído una misa como aquélla". Tres veces lo repite, dice Raguer, encabezando otros tantos párrafos, y a la cuarta añade: "... y, en comparación, puedo decir que nunca había oído misa". Aquel día entendió qué es la misa, y lo que la misa le exige a cada cristiano y a toda la Iglesia, añade Raguer.

Las conmovedoras reflexiones de Maragall sobre el mensaje cristiano que traslucen sus palabras me han hecho recordar un artículo leído hace unos días en el último número de Revista de Libros: "El nuevo debate entre la fe y la razón", escrito por la catedrática de Filosofía Moral y Política de la Universidad Autónoma de Barcelona Victoria Camps, en el que hablando del también filósofo italiano Gianni Vattimo, dice de él que practica un cristianismo muy "sui generis", al que "no le interesa la existencia de Dios ni la resurrección de los muertos, dice no a la teodicea, al paraíso, al infierno y al purgatorio, pero que no renuncia a proclamarse cristiano, no por inercia, sino porque le parece que algo interesante tiene que decir aún la religión y que no es legítimo eliminarla del todo".

¿Se puede ser cristiano sólo con Cristo, sin necesidad de Dios ni de la iglesia? Yo diría que sí. Y si nos guiamos por el ejemplo que muchos de los pastores de la iglesia dan, sobre todo en cuanto a caridad y amor al prójimo se refiere, tengo la impresión de que sus acciones no están a la altura de aquél al que dicen seguir... HArendt




Manifestación en contra de la ejecución de Ferrer i Guardia (1909)



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jueves, 2 de enero de 2020

[ARCHIVO DEL BLOG] No nos une el amor sino el espanto. (Publicada el 4 de junio de 2009)



Plaza de Oriente, Madrid


La frase que da título a esta entrada de hoy la dijo el escritor argentino Jorge Luis Borges en referencia a su amor por la ciudad de Buenos Aires. Lo cuenta el también escritor chileno, Rafael Gumucio, en un hermoso artículo: "Barcelona-Madrid, desencuentro conyugal", que hoy publica en el El País, sobre esa relación amor-odio, secular, que como en todo matrimonio o pareja que se precie, mantienen las dos grandes capitales españolas. 

Viví en Madrid entre los cuatro y los veintiún años, y desde entonces habré volado y vuelto a ella, desde Canarias, en un centenar de ocasiones. Me encanta Madrid. Y me encanta Barcelona, en la que he estado una media decena de veces, nunca más allá de uno o dos días en cada ocasión. No sabría elegir entre ellas si me fuerzan a que lo haga: son ciudades absolutamente distintas y complementarias: en sus paisajes, en su urbanismo, en sus monumentos, en sus gentes. Me pasa igual con Roma o París. ¿Cuál es más bella? No sería capaz de contestar, aunque sí reconozco que Roma es la ciudad en que más "como en mi casa" me siento. Será "deformación" por mi formación académica histórica y clásica... ¿No creen ustedes que limitar nuestra capacidad de amar, da igual el qué, es limitar nuestra condición de personas? HArendt




Plaza de Cataluña, Barcelona



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