viernes, 27 de marzo de 2026

SAÚDOS NAS LINGUAS DA MIÑA TERRA. HOXE, VENRES, 27 DE MARZO DE 2026, EN GALEGO

 









Ola, bos días de novo a todos e feliz venres. O sol parece estar gañando a batalla contra a tormenta Teresa, que tanta devastación desatou na miña terra natal, as Illas Canarias. Aínda quedan os seus últimos vestixios, pero derrotámola; devastación, si, e moita, pero sen vítimas mortais. Os deuses estiveron do noso lado e o pobo canario sairá adiante unha vez máis. Imos ás entradas do blog de hoxe. A primeira, titulada "Ti es a árbore, ou as preguntas dun libro", é do escritor Lorenzo Luengo e comeza así: Nas marxes do libro, onde se falan de cultos antigos e visións sagradas, hai unha árbore que irradia luz propia. Aparece vestida de hedra, toda iluminada, case como o Deus dun poema de Rilke: "Como El, vestida de xoias de ouro / e sentada como nun trono do sol". A segunda é unha entrada de blog datada neste día hai sete anos, titulada "Concurso de demagogos", escrita polo xornalista Guillermo Altares, que comezaba: "A carta de López Obrador é moi desafortunada, como o é o ton dalgúns dos arrebatos na súa contra. Os problemas coa historia comezan cando se usa o pasado para manipular o presente, non para explicalo. E iso é o que está a suceder coa controversia que rodea a carta que o presidente Andrés Manuel López Obrador enviou ao rei Felipe VI pedíndolle que se desculpase pola conquista de México hai 500 anos". A terceira é o poema do día, titulado "Alquimia esencial", escrito pola poeta española Natalia Iglesias. A cuarta, como sempre, son as viñetas de humor, e para rematar, como todos os días, o sabor do café da tarde e os especiais da noite, se é que os hai —e hainos, como as bruxas desta vella terra que é España. Tamaragua, amigos meus. Ata mañá, se a sorte quere. Sede felices, prégovos: merecédelo. Bicos. Quérovos. HArendt












ENTRADA NÚM. 10096

”TÚ ERES EL ÁRBOL”, O PREGUNTAS A UN LIBRO

 






1.

En los márgenes del libro, allí donde se habla de cultos antiguos y visiones sagradas, hay un árbol que irradia su propia luz. Aparece vestido de hiedra, todo él iluminado, casi como el Dios de un poema de Rilke: «Como Él, de joyas áureas vestido / y como en trono de sol sentado». Habrían de pasar muchos años hasta que la hiedra que lo cubría recibiera un nombre, Hedera helix, pero en aquel tiempo solo era el río de lentejuelas que centelleaban sobre una luz encantada. Roble luminoso: ¿se inclinarían los hombres ante él? Al parecer era así. Otros hombres encontraron en ese árbol resplandeciente (hermano de la zarza ardiente, hija de Urzavista, que otorgó a Moisés la sabiduría divina) una forma de entender su propio destino interior, aquello misterioso que mucho antes de nacer ya les había sido deparado. El destino del hombre era esa luz. Y si el árbol estaba iluminado, entonces el hombre podía estar iluminado también. El árbol se convirtió así en la metáfora sagrada de esa difícil ascensión, el camino a la iluminación espiritual. Motivo por el cual ocupó el centro geométrico de un inmenso jardín, núcleo radiante del bosque salvaje —a veces en llamas— para ese pueblo de antepasados y fantasmas que visitábamos en sueños. Fue el Sefiroth y el Kundalini, el Árbol de la Ciencia y la Cruz de Cristo, fue Yggdrasil, e incluso fue ese árbol trenzado de serpientes que se aparecía revestido de colores en las visiones de los chamanes americanos, y que en Europa hemos visto grabado en escudos, en discos de bronce, en las piedras talladas al borde de un pobre calvero. Reconocemos en el árbol iluminado —miremos hacia arriba: en realidad, todos los árboles están iluminados— esa prolongación del cuerpo al infinito, esa necesidad ardiente de una altura. Situarlo en el centro de nuestro jardín interior es nuestra manera de aceptar que el árbol y el hombre comparten un espacio holístico, que lo sagrado en el árbol concierne muy profundamente a lo sagrado en el hombre, y que el hombre y el árbol pertenecen a una misma familia divina. Certezas que se encuentran, sin embargo, fuera de lugar en un mundo que ha decidido arrancar del camino del progreso las raíces de mandrágora de todo aquello que suena a superstición. Pero si al mirar por mi ventana en dirección a la montaña veo las construcciones artificiales de las (así llamadas) «placas solares», en lugar de los árboles de ayer, ¿qué es lo que puedo pensar que hemos ganado con ello? Se diría que estamos siendo testigos del amanecer en nuestro mundo de un culto siniestro, una especie de alquimia negra.

2.

Hay una (precaria) inmortalidad que parece aguardar al hombre en el paisaje tecnológico, pero su limitada definición sólo abarca la mera prolongación de la vida por medios artificiales, lo que nos lleva al inquietante universo de las piezas prostéticas, los implantes cerebrales y los órganos impresos en 3D que en un futuro quizá no tan lejano sólo pondrán en pie a un triste muñeco accionado por impulsos eléctricos. Sin embargo, frente a nuestra búsqueda artificial y enrevesada, descubrimos con asombro que algunos árboles son perfectamente capaces de alargar su ciclo vital extrayendo los materiales para la supervivencia de su propio cuerpo —sí, cuerpo: la palabra ha venido sola—, y reemplazar de esa manera lo que ya se ha consumido o ha quedado limitado por un continuo desgaste. El árbol abraza su cuerpo antiguo por medio de la corteza que revive en torno a sí, como un hijo que fuera al mismo tiempo su propio padre; como la forma absoluta y más lograda de un mito. Ernst Zürcher —ingeniero forestal y experto en ciencias de la madera— explica ese proceso con estas sencillas palabras:

Se confirma que, en el caso del tejo, cuanto más anciano es el árbol, menor es su crecimiento anual. Los tejos de más edad a menudo muestran un crecimiento anual de su circunferencia de sólo medio centímetro, como el tejo de Dryburgh. La circunferencia del tronco de algunos árboles, pese a la exuberancia de la que estos hacen gala, apenas ha crecido en el transcurso de los últimos siglos. Según Meredith, esta circunstancia se debe, por un lado, a que su tronco está hueco y, por otro, a que el árbol ha desarrollado una o varias raíces aéreas internas. En este caso, de acuerdo con los botánicos, el árbol puede haber formado nuevas hojas axiales a la altura de la corona (reiteraciones), provistas de sus propias raíces, y haber constituido poco a poco un tronco secundario interno. A partir de tales raíces internas, en el tejo de Linton (Hereford) se ha ido desarrollando un tronco secundario, hoy en día pluricentenario, rodeado de un viejo tronco hueco cuya circunferencia ronda los diez metros.

Pensando, una vez más, en los términos de «algo» que trasciende lo visible, árboles tan señeros en los rituales y los cultos de las antiguas religiones como el tejo podrían conservar todavía hoy su condición de «maestros espirituales», o así debería ser si supiéramos extraer las lecciones más importantes de ese proceso de rejuvenecimiento que les permite alargar su vida «consciente» —como equivalente de la vida «visible»— desde su propio interior. Y no puedo evitar entender dicho proceso en términos casi idénticos a lo que se concibe como el desarrollo de la conciencia entre las religiones y las filosofías orientales: es necesario que nos deshagamos de nuestro viejo ego para acceder a los encantamientos de nuestro nuevo yo. ¿El tronco antiguo, entonces, como el puntal de ese tronco interior que conduce a lo divino? ¿Y por qué no? La escalera de Jacob era algo así.

3.

Avanzando por el bosque, uno se siente en un terreno familiar ante todos estos árboles plantados muy cerca de las piedras erigidas por los hombres del pasado, como agujas laboriosamente dispuestas para una especie de acupuntura terrestre. Hablo del libro como un bosque, naturalmente. Al borde de un dosel, Ernst Zürcher se detiene a explicar las investigaciones realizadas por John Burke y Kaj Halberg, y plantea la posibilidad de que en esos alineamientos se estuviera experimentando con la conductividad del electromagnetismo terrestre y el geomagnetismo local1. Más allá de que algo como esto nos obligaría a reconsiderar buena parte de las ideas que nos hemos hecho acerca de las «supersticiones» de nuestros antepasados, la noción de una conductividad producida por la correcta alineación de piedras y árboles supondría darle algún crédito a la hipótesis de las líneas Ley y aceptar que, pese a todo, sí existen unos conductores invisibles para la energía interior y exterior de la tierra, y que esos conductores pueden ser localizados (como los movimientos del agua sumergida para el zahorí que percibe el temblor de la varita de encina) y utilizados como una fuente de energía más; o bien, lo que habría que aceptar es que las piedras erigidas de ese modo, con ayuda de los árboles alineados junto a ellas, podían crear una serie de redes propias que actuaban como nervios conductores. Muchas veces he pensado que estos alineamientos, con piedras de diferentes tamaños colocadas unas detrás de otras, son como un instrumento afinado en distintas frecuencias, una flauta gigante en la que el tamaño equivale a la longitud de onda. Lo que no estamos, tal vez, en condiciones de saber es qué música hicieron sonar. Pero a juzgar por los siglos y las inmensas tierras que cubrieron, lo que sí sabemos es que el alma debía saltar con ella.

En una ocasión, a cincuenta kilómetros de Dinard, descubrí por casualidad uno de esos alineamientos de árboles y piedras en los que Halberg y Burke vieron las primeras manifestaciones del tendido electromagnético, miles de años antes de que Tesla jugara con sus varillas a los pies de la torre obelisco de Wardenclyffe (Long Island). Aquel lugar olvidado se había convertido en un espacio liminal, una puerta abierta entre dos mundos: porque, después de muchos siglos, las raíces del árbol se habían empezado a petrificar.

4.

En la antigüedad, el tejo, cultivado desde el sur hasta el norte de Europa, dio lugar a una religión natural, una que todo el mundo era capaz de entender, y a la que todo el mundo podía responder. No es por casualidad que el tejo fuera el árbol sagrado en lugares tan alejados entre sí como Irlanda y la vieja Iberia, lo que significa que, o tenía una peculiaridad que cualquiera podía percibir (pero tan profunda como para irradiar algo verdaderamente significativo entre quienes se encontraban cerca), o debemos empezar a aceptar la idea de que existe algo, un «campo mórfico», si nos atenemos a la definición del biólogo británico Rupert Sheldrake, que permea nuestra realidad, y que el mundo antiguo se limitó a seguir los hallazgos de algún desconocido precursor que había descubierto una condición singular y especialmente atractiva en el tejo. Es una condición que lo determina o que está determinada por él, y que el tejo no comparte con ningún otro árbol (Robert Graves lo coloca también, por motivos evidentes, en el centro de La Diosa blanca2), y creo que podemos asumir la inquietante experiencia descrita por Albert Kukowka, profesor de Medicina en la Universidad de Greiz de Alemania, como una manera de empezar a confirmarlo: cierto día que se encontraba rodeado de tejos, Kukowka sufrió un desvanecimiento y una sensación de levedad inmediata, un estado de ensueño que puso su conciencia a volar. Al investigar lo sucedido, descubrió que los tejos liberaban un alcaloide cuyos efectos eran parecidos a los de un poderoso alucinógeno, como si el árbol (a semejanza de las diosas que desde la antigüedad llegaron hasta los poemas de Swinburne y Keats) pudiera ser también una adormidera. Pero la historia no era nueva para nosotros. Tiempo atrás se decía —Plinio el Viejo lo dijo, por ejemplo— que quien dormía a la sombra de un tejo ya no volvía a despertar. En Inglaterra se convirtió en el árbol que en los cementerios vigila el sueño de los muertos, y allí seguirán durmiendo mientras haya una cúpula enramada que disperse sobre las tumbas su polvillo dorado. Pero quizá el tejo no sea el único árbol que hace dormir por un instante al viejo ego y trae a la vida, también por un instante, un nuevo yo. Es posible que en general los árboles sean «puertas de percepción», y nos permitan abrir la mente a una especie de realidad aumentada si buscamos en nuestro interior —como extensiones del árbol que somos— las llaves adecuadas. Y ya no hablo del árbol como un sustituto del «maestro espiritual», sino literalmente como el portador de una enseñanza, el guía a un fabuloso mundo de símbolos que, a la manera de esos jardines rescatados por Jorn de Précy, con sus ninfas desmembradas y sus fuentes en ruinas, incomprensiblemente hemos abandonado3.

5.

Y si así fuera, ¿qué pensar entonces de la respuesta que desde los «pasillos de poder» empieza a darse a los incendios que cada verano sufren los bosques de todo el mundo? ¿Qué pensar de las sospechas que parecen despertar los lugares a los que no hace tantos años considerábamos los órganos sensibles del planeta, y no hace tantos siglos atribuíamos un encantamiento? Cada año el mundo pierde miles de árboles, parques naturales y zonas protegidas que tardaremos décadas en recuperar, y eso si el árbol sigue siendo entendido en el futuro no como un ornamento del entorno, no como un mero puntal, ni una pizarra sobre la que clavar la navaja, sino como nuestro hermano en la tierra, y existe la voluntad de respetarlo. ¿Es una sorpresa que este nuevo desastre coincida con el momento en que una parte considerable de las élites políticas han comenzado a extender la idea de que «tenemos demasiados bosques», y que no dejaremos de sufrir incendios como una consecuencia lógica de «nuestra abundancia de árboles»? Se trata sin duda de una aseveración extraordinaria, y, siendo generosos, llama la atención que quienes detentan un poder exclusivo para modificar nuestro entorno a golpe de decreto consideren que la mejor idea para redimir a un árbol de su peor muerte posible consista en matarlo por adelantado. Pero algo similar está sucediendo en el nuevo escenario que poco a poco se va apoderando de lo que antes podíamos considerar un paisaje natural. Cuando, desde mi casa en la montaña, subo hasta la cima y observo el campo que se extiende alrededor, no deja de asustarme la rapidez con que los (así llamados) «paneles solares» están ocupando los lugares abandonados por el destierro forzoso de los árboles. En su libro, Zürcher se detiene a describir la intrincada química que la tierra necesita liberar para poner un solo árbol en pie, y esa energía invisible (un domo electromagnético) que irradia de ellos y de la que depende todo cuanto existe en la naturaleza. Sabemos que los árboles son capaces de crear desde ese domo su propio rocío, su propia lluvia, todo cuanto precisan para inventar su propia vida. Ahora, sin embargo, por todas partes, incluso lejos de las ciudades, nos rodea una nueva cúpula, un enjambre artificial de ondas de radio que (esto también lo sabemos: véase El arcoíris invisible, de Arthur Firstenberg)4 interrumpe las señales de la bóveda natural bajo la cual nació la vida y, por lo tanto, afecta a la vida como la conocemos. Surge así una pregunta inevitable: ¿qué es lo que ha desaparecido en nuestro mundo y (algo mucho más inquietante) en nuestra humanidad para que el político medio y el hombre común, reeducado a fuerza de leyes y decretos, estén cada vez más convencidos de que una «naturaleza natural» es infinitamente menos necesaria que una artificial para nuestra supervivencia material y espiritual? Conviene recordar una premisa que Zürcher sostiene repetidamente en su libro: «La peor catástrofe que los reyes y los pueblos tuvieron que soportar fue la invasión y la tala de sus lugares sagrados». Me pregunto de qué modo cabría describir a los reyes y los pueblos que, en esa «peor de las catástrofes», han decidido con una alegría endemoniada empuñar el hacha.

6.

Árboles sagrados. Árboles como maestros espirituales. Árboles que unen lo que somos con lo que una vez fuimos, o aspiramos todavía a ser. El domo encantado que nos permite ver nuestra propia luz en el centelleo de unas hojas que proyectan sobre nosotros algo más que este mágico vuelo por el cielo, estos rayos de sol. ¿Cómo terminar un viaje así —como diría Octavio Paz—, «árbol adentro»?

Recordaba a Rilke hace un momento, en ese poema sobre la Madre que se llama «Anunciación»:

No estás de Dios más cerca que nosotros;

todos le somos tan lejanos.

Pero maravillosamente están de gracia

llenas tus manos.

No hay manos tan brillantes, tan maduras,

como las que brotan de tus mangas:

yo soy el día, yo soy el rocío,

pero tú eres el árbol.

¿Tú eres el árbol? ¡Pero Rainer! Si somos rocío, entonces también nosotros somos el árbol.

Reseña del libro Los árboles en lo visible e invisible, de Ernst Zürcher. Girona, Ediciones Atalanta, 2025. LORENZO LUENGO ES ESCRITOR. Publicado en Revista de Libros el 20 de marzo de 2026.























DEL ARCHIVO DEL BLOG. HOY, CONCURSO DE DEMAGOGOS. PUBLICADO EL 27 DE MARZO DE 2019

 






La carta de López Obrador es muy desafortunada, como lo es el tono de algunos exabruptos en contra. Los problemas con la historia comienzan cuando se trata de utilizar el pasado para manipular el presente y no para explicarlo. Y eso es lo que está ocurriendo con la polémica que se ha organizado en torno a la carta que el presidente Andrés Manuel López Obrador ha enviado al rey Felipe VI para que pida disculpas por la conquista de México hace 500 años. Es evidente que, desde los tiempos de Alba de América, ha cambiado mucho la sensibilidad hacia la conquista, aunque a tenor de las declaraciones de dirigentes del Partido Popular a veces no lo parezca, como cuando Pablo Casado dijo que la llegada de los españoles a América es el momento más brillante de la historia de la humanidad.

Como no podía ser de otra forma, el sufrimiento de los pueblos indígenas, cuando no su exterminio, y la brutalidad de los imperios coloniales ocupan un lugar cada vez más importante en la lectura que se hace de la conquista desde el continente americano. No es nada nuevo porque arrancó con Bartolomé de las Casas y el relato de Bernal Díaz del Castillo: es un debate tan antiguo como la llegada de los españoles. Desde este lado, en los últimos tiempos se está tratando de blanquear la leyenda negra, como si lo mejor que les hubiese podido pasar a los habitantes del nuevo continente fuese la llegada redentora y civilizadora de los conquistadores.

Resulta muy sensato enfocar la conquista desde el punto de vista de los que la sufrieron, pero eso no justifica condicionar las buenas relaciones de España con México a que se pida perdón por algo que ocurrió hace 500 años, cuando básicamente ni España ni México existían como los entendemos en la actualidad.

Por el otro lado, también es razonable argumentar que la leyenda negra española es sobre todo una construcción de sus enemigos históricos, pero eso tampoco quiere decir que lo que hicieron los españoles en América o en Flandes no fuese una salvajada. Es un problema de perspectiva: todas las conquistas de todos los países fueron brutales y provocaron un sufrimiento imposible de medir a los que las padecieron. Los siglos XVI y XVII fueron especialmente devastadores, seguramente los peores que haya conocido la humanidad.

Sacar el "y tú más" cuando se habla de historia siempre lleva a callejones sin salida argumentales de los que resulta muy difícil salir. ¿Fueron peores los padecimientos de los indios de las grandes llanuras norteamericanas a manos de los anglosajones? ¿Las matanzas de indios en Perú? ¿Los asesinatos en masa de los aborígenes australianos? ¿Las masacres de católicos y protestantes durante las guerras de religión en Europa? ¿El tráfico de esclavos? Se trata de padecimientos irreparables, sobre los que se debería debatir, investigar, enseñar, escribir... pero nunca convertirlos en materia de demagogia política. La carta de López Obrador es, por decirlo sin cargar las tintas, muy desafortunada, como también lo es el tono de algunos exabruptos en contra. La historia pertenece al pasado. Y lo último que necesita el pasado es un concurso de demagogos. GUILLERMO ALTARES es periodista. Publicado en el El País el 27 de marzo de 2019.






















DEL POEMA DE CADA DÍA. HOY, ALQUIMIA ESENCIAL, DE NATALIA IGLESIAS LAMELA

 





 



ALQUIMIA ESENCIAL



Hay un error mínimo

en la forma en que ahora ocurre el día.


Una luz extraña

se posa en las cosas materiales,

como la textura de tus manos,

que también ha cambiado de sabor.


Todos los colores nos responden

en forma de lluvia

y nos conducen

a esa nueva patria

que conquistamos al amanecer.


Somos los dioses desterrados

que aún creen en la alquimia.



NATALIA IGLESIAS LAMELA

poetisa española






















DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY VIERNES, 27 DE MARZO DE 2026

 





























jueves, 26 de marzo de 2026

POR FAVOR, NO ME DES LAS GRACIAS. TE DOY LAS GRACIAS. ESPECIAL TRES DE LA NOCHE DE HOY JUEVES, 26 DE MARZO DE 2026

 








Amigos, me resulta incómodo escribir esta entrada, y espero que nadie se ofenda. Pero volvió a suceder esta mañana, y necesito decir algo al respecto. Estaba haciendo cola en la farmacia del barrio cuando se me acercó una persona que no conocía.

—¿Eres Robert Reich? —preguntó ella.

“Eh, sí.”

—Bueno —dijo—, solo quiero darte las gracias. Continuó diciendo que apreciaba mis publicaciones, incluyendo esta de Substack, porque la ayudan a sobrellevar lo que estamos viviendo.

—Gracias —dije.

Estoy segura de que tenía buenas intenciones y agradecí su amabilidad. Pero realmente desearía que no lo hubiera hecho. Lo mismo me pasa con otras personas que se detienen a darme las gracias. Para empezar, me resulta vergonzoso. Además, no merezco agradecimientos. No estoy sacrificando nada más que el tiempo que me lleva escribir estas publicaciones o grabar algunos videos.

Yo tampoco corro ningún riesgo. No voy a perder mi trabajo, porque ya no estoy empleado. No corro riesgos en mis amistades, porque la mayoría de mis amigos están de acuerdo conmigo. No me importa recibir correos y cartas airadas, porque soy bastante resistente. Supongo que podrían hacerme daño, pero de todas formas soy un hombre mayor al que no le quedan muchos años de vida.

En tercer lugar, no soy diferente de las decenas de millones de personas que están haciendo lo que pueden. Esta es una emergencia nacional, y todos estamos llamados a salvar a nuestro país del sociópata en la Casa Blanca y sus peligrosos secuaces. Simplemente sucede que lo que yo puedo hacer es escribir y hablar ante una cámara.

Finalmente, la amable señora que se me acercó en la farmacia se equivocó. Debería haberle agradecido que leyera y viera mis publicaciones. Así como yo te debo una deuda de gratitud. Me considero extraordinariamente afortunado de poder hacer esto cada día en estos tiempos difíciles. Agradezco que me acompañen. Sé que tienen mil otras maneras de emplear su valioso tiempo. Gracias por sus comentarios tan reflexivos y por compartir con otros lo que escribo o digo. Me siento especialmente agradecido si mis publicaciones te inspiran a participar más activamente en el activismo.

Así que, por favor, no me den las gracias a mí. Dense las gracias a ustedes mismos y a los activistas que los rodean. Agradezcan que aún tengamos la libertad suficiente para oponernos a este régimen cruel. Y sigan usando esa libertad con la mayor sabiduría y eficacia posible. ROBERT REICH es profesor de la Universidad de California en Berkeley. Publicado en Substack el 24 de marzo de 2026.

























TRAICIÓN EN LOS MERCADOS DE FUTURO. ESPECIAL DOS DE LA NOCHE DEL 26 DE MARZO DE 2026

 





Personas cercanas a Trump están comerciando con información privilegiada basada en secretos nacionales. Durante el fin de semana, Donald Trump amenazó con una severa represalia contra Irán si su gobierno no abría el estrecho de Ormuz en un plazo de 48 horas, fecha límite que expiraba el lunes por la noche en Washington. En concreto, anunció que Estados Unidos comenzaría a bombardear centrales eléctricas —plantas que suministran electricidad a la población civil iraní— si no se despejaba el estrecho.

Pero el lunes a las 7:05 de la mañana, Trump canceló todo el plan, durante cinco días, según dijo, pero mucha gente da por hecho que la acción con la que había amenazado, que habría sido un crimen de guerra masivo, ya no está sobre la mesa.

Según él, el motivo del cambio de postura era que Estados Unidos estaba entablando negociaciones productivas con funcionarios iraníes, aunque esto parece haber sorprendido a los iraníes, quienes negaron que se estuvieran llevando a cabo tales negociaciones. Lamentablemente, en este caso, como intenté explicar ayer, el régimen iraní, fanático y brutal, resulta más creíble que el presidente de Estados Unidos. ¿Miente o vive en un mundo de fantasía? Ninguna de las dos posibilidades es tranquilizadora.

Pero en cualquier caso, la repentina rectificación de Trump fue sorprendente. ¿Quién podría haberlo previsto? La respuesta es, la persona o personas que compraron grandes cantidades de futuros del mercado de valores y vendieron grandes cantidades de futuros de petróleo unos 15 minutos antes del anuncio de Trump. Como informa CNBC ,

Alrededor de las 6:50 a. m. en Nueva York, la negociación de futuros e-Mini del S&P 500 en la CME registró un fuerte y aislado aumento de volumen, rompiendo con la relativa calma que reinaba antes de la apertura. Dada la escasa liquidez típica de las primeras horas de negociación, este repentino repunte se destacó como uno de los momentos de mayor volumen de la sesión hasta ese momento.

Se observó un patrón similar en los mercados petroleros. Los futuros de mayo del West Texas Intermediate también experimentaron un repunte notable en la actividad comercial casi al mismo tiempo, con un pico de volumen que interrumpió la calma que reinaba en ese momento.

Este “aumento repentino y aislado del volumen” —que se puede apreciar en el gráfico al inicio de esta publicación para el mercado de futuros del petróleo— resultó especialmente extraño, ya que no hubo noticias importantes —ninguna noticia relevante disponible públicamente— que justificaran transacciones masivas y repentinas en el mercado. La historia sería desconcertante, salvo por la obvia explicación: alguien cercano a Trump sabía lo que estaba a punto de hacer y aprovechó esa información privilegiada para obtener enormes ganancias instantáneas.

Esta no era la primera vez que ocurría algo así bajo la presidencia de Trump. Ya se habían producido movimientos importantes y sospechosos en el mercado de predicciones Polymarket antes de los ataques previos contra Irán y Venezuela. Pero esta anticipación de la política estadounidense fue realmente significativa: el Financial Times estima que las ventas de futuros de petróleo en ese minuto crucial del lunes por la mañana ascendieron a unos 580 millones de dólares, sin contar las compras de futuros de acciones.

Cuando los directivos de una empresa o personas cercanas a ellos explotan información confidencial para obtener beneficios económicos personales, se trata de uso de información privilegiada, lo cual es ilegal. Pero tenemos otro término para las situaciones en las que personas con acceso a información confidencial sobre seguridad nacional —como planes para bombardear o no bombardear otro país— explotan esa información para obtener ganancias. Ese término es «traición».

¿Por qué lucrarse con información privilegiada sobre decisiones de seguridad nacional constituye, en la práctica, una forma de traición? En primer lugar, es difícil imaginar un principio más fundamental para los funcionarios a quienes confiamos decisiones importantes, especialmente aquellas que involucran la seguridad nacional: que ni ellos ni las personas que conocen deben explotar sus cargos para beneficio personal.

En segundo lugar, las operaciones financieras basadas en información que debería mantenerse en estricto secreto revelan información a adversarios extranjeros actuales o potenciales. Exagerando un poco, pero solo un poco, ¿quién necesita sobornar a agentes del gobierno o reclutarlos con trampas amorosas cuando se puede obtener la misma información simplemente siguiendo las transacciones en los mercados de futuros?

Finalmente, no existe una gran diferencia entre utilizar el conocimiento de secretos nacionales para realizar operaciones financieras lucrativas y simplemente vender esos secretos al mejor postor. Una vez que se traspasa el límite que establece que no se debe obtener beneficio personal del acceso a información que es o debería ser altamente clasificada, la línea entre comerciar con base en secretos de Estado y venderlos directamente se vuelve difusa.

De hecho, me gustaría mucho saber quiénes realizaron esas operaciones ayer por la mañana. ¿Eran personas con información privilegiada o multimillonarios/operadores que pagaban a personas con información privilegiada a cambio de consejos? Estoy seguro de que lo sabremos una vez que el FBI de Kash Patel lleve a cabo su investigación minuciosa y sin escrúpulos.

Para quienes no entienden el humor, era una broma. Sin embargo, creo que será fácil identificar a los culpables una vez que los demócratas vuelvan al poder, y deberán aplicar todo el peso de la ley a los responsables.

Una cuestión que quizás sea más difícil de resolver es hasta qué punto la posibilidad de uso de información privilegiada pudo haber influido en las políticas. ¿Acaso las decisiones sobre la guerra y la paz sirven, en parte, a la manipulación del mercado en lugar del interés nacional? Si descartas esto como algo impensable, es que no has estado prestando atención.

Aquí hay una lección más amplia: no se puede confiar en un gobierno corrupto para proteger la seguridad nacional. Y nuestro gobierno es ahora completamente corrupto: es difícil encontrar un solo alto funcionario, desde el presidente para abajo, que considere el cargo público como una gran responsabilidad en lugar de una oportunidad para el engrandecimiento personal y el beneficio propio.

Entre otras cosas, los gobiernos profundamente corruptos suelen ser muy ineptos para la guerra, por mucho que exalten el "espíritu guerrero" y la "letalidad". Al analizar cómo se produjo el desastre de Irán, la arrogante ignorancia probablemente seguirá siendo la causa principal. Pero la grotesca venalidad ocupará un cercano segundo lugar. PAUL KRUGMAN es premio Nobel de Economía.