sábado, 24 de octubre de 2026

DEL ASUNTO DE LA SEMANA QUE TERMINA: SOY ESPAÑOL Y NO ME DEJAN VOTAR, POR JOSÉ ANTONIO MARTÍN PALLÍN

 






El título podría ser el encabezamiento de una carta imaginaria dirigida por un nieto o una nieta a sus ascendientes exiliados a causa del golpe militar del 18 de julio de 1936, desde esa fecha y hasta el 31 de diciembre de 1955. La norma que concede la nacionalidad española a estas personas aparece, por primera vez, en la Ley de Memoria Histórica de 26 de diciembre de 2007. En su exposición de motivos se propugna la restitución de los que padecieron injusticias y agravios como los que, empujados a un largo, desgarrador y en tantos casos irreversible exilio. La disposición adicional séptima reconoce el derecho a optar por la nacionalidad española a los nietos de los que tuvieron que renunciar a ella como consecuencia del exilio. Los recursos procesales que se presentaron superaron las barreras y no existieron obstáculos para su aplicación.

Estas previsiones se reproducen en la Disposición adicional octava de la Ley 20/2022 de 19 de octubre de Memoria Democrática para los nacidos fuera de España de padres o abuelos originariamente españoles que hubieren perdido o renunciado a la nacionalidad española por razones políticas, ideológicas, de creencias o de orientación sexual. No deja de llamar la atención que los guardianes de las esencias patrias no hayan impugnado los otros dos supuestos de adquisición: los hijos e hijas nacidos en el exterior de mujeres españolas que perdieron su nacionalidad por casarse con extranjeros antes de la entrada en vigor de la Constitución de 1978 y los hijos e hijas mayores de edad de aquellos españoles a quienes les fue reconocida su nacionalidad de origen, en virtud del derecho de opción de acuerdo a lo dispuesto en la presente ley o en la disposición adicional séptima de la ley de Memoria histórica. Es evidente que también alteran el censo electoral.

Los partidos políticos Vox y Iustitia Europa han interpuesto unos recursos carentes de sustento legal e impregnados de motivaciones exclusivamente político-partidistas con un sesgo ideológico que nunca puede tener acogida en un procedimiento judicial. Han convertido la decisión judicial en un sudoku procesal que ha distraído la atención de algunos comentaristas, sobre la verdadera finalidad de los recurrentes. Cualquier persona con un mínimo de racionalidad es incapaz de comprender que una persona que tiene la nacionalidad española no pueda ejercitar el derecho consustancial e indisolublemente unido a la condición de ciudadano de una sociedad democrática.

La LOREG regula los supuestos y condiciones en los que se puede ejercitar un derecho fundamental que concede la Constitución a los ciudadanos para participar en los asuntos públicos por medio de representantes libremente elegidos por sufragio universal. En principio se exige tener la nacionalidad española, ser mayor de edad y estar inscrito en el censo electoral vigente. El censo electoral está compuesto por el censo de los electores residentes en España y por el censo de los electores residentes ausentes (CERA) que viven en el extranjero. Se establece que toda persona podrá ejercer su derecho de sufragio activo, consciente, libre y voluntariamente, cualquiera que sea su forma de comunicarlo y con los medios de apoyo que requiera.

Las demandas de Vox y Iustitia Europa son inadmisibles. Sin embargo, los cinco magistrados que conforman la mayoría, todos ellos muy buenos juristas, buscan el revés del derecho y hacen una trampa que les descalifica. Consideran que tienen legitimación porque se les ha vulnerado un derecho fundamental a que el censo electoral sea el que ellos piensan que debe ser. No sé si han sido conscientes que, si tomamos como referencia las elecciones de 2023, 37,5 millones de votantes estamos legitimados para impugnar la conocida como ley de nietos (Ley de la Memoria Democrática). Da hasta vergüenza ajena recordar a tan ilustres magistrados que no cabe recurso contencioso-administrativo contra una Instrucción Ministerial dirigida al Registro Civil y por extensión a los consulares, sobre los documentos que se deben exigir para inscribir a los nietos. Detrás de los juegos malabares que realizan para imputar a la Junta Electoral Central la responsabilidad de que se esté incrementando, como es lógico, el CERA, existe una maniobra política, que de forma descarada, exponen en una de sus resoluciones.

Reproduzco el párrafo para despejar las dudas: “Por tanto, este incremento extraordinario en el número de electores inscritos en el CERA de españoles residentes en el extranjero y la circunstancia de que tal número está en constante aumento, con cifras de la extraordinaria dimensión expuestas, unido a la incidencia que pueda tener en los censos de electores así conformados en las diferentes circunscripciones, son circunstancias que ha de valorar esta Sala, ya que pueden afectar a la transparencia del proceso electoral y a la confianza de la ciudadanía en sus resultados, amén de generar una circunstancia fundada de incertidumbre sobre el resultado electoral”. Puro argumento trumpista; al que, por cierto, el Tribunal Supremo de EE UU, ha parado, de momento, su propósito de eliminar el voto por correo.

Antes bien, las cuestiones que se dilucidan en este procedimiento, ya desde esta etapa inicial de las medidas cautelares, transcienden a aspectos mucho más relevantes y decisivos para nuestro Estado de derecho y para el derecho del pueblo español a decidir su futuro. En definitiva, han de ser fiel reflejo de la voluntad y del derecho de opción del pueblo español a decidir su futuro y a depositar su confianza en unos representantes elegidos en procesos electorales limpios y despojados de toda circunstancia, causa u obstáculo que pueda perjudicar o poner en riesgo la libre y voluntaria elección ciudadana.

Se han despojado del respeto debido a los principios esenciales del Estado de derecho y no tienen inconveniente en asumir la incongruencia de reconocer que no pierden la nacionalidad, pero se les despoja del derecho a votar consustancial a los nacionales de cualquier país. La lista de derechos que pisotean es interminable. Declaración Universal de derechos humanos (artículos 2 y 7), Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (artículos 16 ,25 y 26), Convenio Europeo de Derechos Humanos y Libertades Fundamentales (articulo 14). En el ámbito de nuestra Constitución, los artículos 14, prohibición de la discriminación y los 23, 68 y 69: derecho a elegir representantes.

El voto disidente les pone ante el espejo. Nos encontramos no solo ante un proceso improcedente, sino que se conculcan derechos fundamentales y se atenta contra la dignidad humana y el libre desarrollo de la personalidad. Ignoran que corresponde a los poderes públicos promover las condiciones para que la libertad y la dignidad de las personas sean reales y efectivas. La amputación del derecho al voto de un ciudadano lo expulsa de una comunidad en la que todos deben ser libres e iguales en derechos. Si quieren sustituir la memoria por la reconciliación no creo que este sea el mejor camino. Los jueces de la mayoría se han desviado del poder que les otorga la Constitución. Me parece necesario recordar las reflexiones de Hans Kelsen en su obra ¿Qué es la Justicia?: “La democracia es la forma de gobierno que permite alcanzar el mayor grado de libertad individual”. Se consigue ampliando derechos y no recortándolos. José Antonio Martín Pallín ha sido fiscal y magistrado del Tribunal Supremo. Publicado en El País.















ENTRADA NÚM. 11566

viernes, 23 de octubre de 2026

ESPECIAL DOS DE HOY VIERNES: FEIJÓO DESENCADENADO: NI VIDA DIGNA NI MUERTE DIGNA, POR JESÚS MARAÑA

 






Llegó Alberto Núñez Feijóo este viernes a ser entrevistado por Aimar Bretos, y algún asesor o asesora debió de sugerirle que hablara sin respirar, como una ametralladora oral capaz de arrollar al entrevistador esquivando cualquier pregunta incómoda. Y aun así, la desconversación ha servido para hacerse una idea bastante aproximada del “cambio” que el líder del PP pretende ejecutar del brazo de Abascal. Como vaticinó Alfonso Guerra con aquel otro “cambio” que el PSOE prometía hace ahora 44 años, “a España no la va a reconocer ni la madre que la parió”. Ni la madre que la parió, ni las jóvenes que quieran abortar, ni las personas que elijan libremente una muerte digna, ni mucho menos los trabajadores con los sueldos más precarios. Sólo podría reconocerla don Manuel Fraga si la IA fuera capaz de resucitarlo (dios no lo permita, ni el diablo ni la Santa Compaña tampoco). Vamos por partes.

Los mantras con los que desde hace años el PP se ha dedicado a deslegitimar al Gobierno y a sembrar esa corriente de emoción (que no de pensamiento) y hasta de odio antisanchista han desaparecido como por encantamiento. Así que ya no vale aquello de que debe gobernar la lista más votada aunque no logre la mayoría parlamentaria imprescindible, no vaya a ser que el 29N el partido más votado no sea el PP y entonces haya que recordarle también aquello de que no fue presidente porque no quiso (ver aquí). Tampoco habla ya de la amnistía, aquello que era la venta de España a Puigdemont por un puñado de votos y que congregó en la Plaza de Colón una y otra vez (unidos) a PP y Vox y a cientos de togados a las puertas de los juzgados incluso sin conocer el texto de la ley. El fin de semana pasado, Feijóo celebró su primer gran mitin en Barcelona junto a García Albiol (azote de migrantes y de lo que se le ponga por delante): ni una palabra sobre la amnistía. No vaya a ser (deduzco) que la mayoría súperabsoluta pronosticada para las derechas termine no siendo tan ‘súper’ y necesiten un cable de Junts.

Si a Feijóo se le pregunta por el salario mínimo, parece colocarse en modo sordera selectiva y habla del salario medio, concepto que nada tiene que ver con el mínimo, pese a que se precisan subidas del mínimo para que a su vez suba el medio. No sé si me explico (pero Feijóo tampoco). Se le olvida citar una cuestión “no menor” (que diría Rajoy), y es que el salario medio no está en manos del Ejecutivo, que sí puede decidir elevar el salario mínimo, como ha hecho el Gobierno de coalición –empujado por los sindicatos– en siete ocasiones (las mismas que el PP ha votado en contra). Pero en el lío de regates consigo mismo, Feijóo ha vuelto a darse un patinazo de grueso calibre al proclamar (y repetir) que “quien más dinero se ha llevado con las subidas del SMI ha sido el Gobierno, un 30% de cada incremento”, porque “cuando ese trabajador recibe más salario, muchas veces supera la tarifa del IRPF que venía pagando y cotiza más”. ¿Cóoooomo? Como lo acaban de leer. O Feijóo no tiene ni pajolera idea de lo que habla (cosa ya grave y reiterada en un candidato a la presidencia) o algo peor. Yolanda Díaz, ministra de Trabajo, se lo ha explicado en un solo tuit: “Feijóo miente o no sabe de lo que habla: quien cobra el salario mínimo no paga IRPF”.

Si se le interroga por las pensiones, le entra un ataque de verborrea para no responder a la evidencia de lo ya anunciado por su portavoz nacional, Ester Muñoz, o su responsable de Economía, Juan Bravo: el sistema público “está quebrado”, “va a petar” y por tanto hay que plantearse “reformas” que vienen a coincidir con lo que abiertamente sostiene Vox, o sea que hay que convertir el actual modelo en otro “mixto” (ver aquí). Para entendernos: que se abra un fondo privado de pensiones aquel que se lo pueda permitir.

¿Cómo solucionar el enorme problema de la vivienda? Vuelta al mantra: “Hay que construir, construir y construir” (ver aquí), liberalizando suelo como si no hubiera un mañana, al estilo de aquello que puso en marcha José María Aznar y que, pasado el tiempo y la primera legislatura de Zapatero, derivó en el crack inmobiliario y en la megacrisis de las hipotecas. Se ve que tampoco escucha a sus amigos constructores, porque lo que estos dicen es que no tienen dinero para construir ni tampoco mano de obra. Curiosa papeleta: Feijóo y Abascal, lanzados a la construcción masiva y a la vez expulsando de España a los inmigrantes y cerrando la puerta a los migrantes, única posibilidad real de que tengan quien construya (a saber con qué dinero, por no preguntar si esta vez van a impedir que la vivienda protegida se privatice como ha venido ocurriendo en las últimas décadas). De derechos humanos y de la dignidad de los migrantes si eso ya tal (zarandajas del wokismo y de la Europa que pudo haber sido y parece que no va a ser). Ya que renuncian a valores básicos del cristianismo, al menos podrían ser mínimamente pragmáticos. No parece.

Si se le plantea si va a derogar también la ley de eutanasia, lo primero que suelta es una de esas frases redondas que dejan tan a gustito (con permiso de Ortega Cano) a quien las pronuncia: “Antes de llegar a la muerte digna tenemos que garantizar una vida digna”. Redoble de tambor y un inciso: ya me dirán ustedes qué “vida digna” les espera a jóvenes y no jóvenes emplazados a invertir en un fondo privado de pensiones cuando el raquítico sueldo (medio o mínimo) no les llega para alquilar ni un trastero. Olvídense de aspirar a una muerte digna. Abascal y Feijóo van a derogar la legislación actual, plagada por cierto de filtros y garantías que no hacen nada fácil abandonar este perro mundo cuando uno lo desee firmemente.

Se propone Feijóo, eso sí, “reabrir” el debate sobre si las menores de 16 o 17 años pueden abortar sin el permiso de sus padres. No me ha quedado claro si Feijóo confunde (con o sin intención) la exigencia de “permiso” o la de que los progenitores o tutores estén informados. Porque esto último ya se exige. Una “niña de 16 años”, como repite, tiene que acudir acompañada de padre, madre o tutor o tutora legal si desea interrumpir su embarazo. Claro que tampoco veo claro dónde sitúa Feijóo la mayoría de edad, puesto que se refirió también como “una niña de veintipico” a Noelia Castillo, la joven de 25 años parapléjica después de sufrir una violación múltiple que logró recibir la eutanasia tras un calvario judicial provocado por su padre y por Abogados Cristianos (es un decir). Por ahí va la cosa: el concepto de la dignidad es un enigma dentro de un misterio en boca de los dirigentes de las derechas nacionalcatólicas.

Llegados a este punto, no nos puede sorprender que Feijóo opine que las políticas de Milei en Argentina son “sensatas”. Una sensatez que mantiene en la pobreza al 41% de la población mientras va desmantelando el Estado a golpe de motosierra. O que confirme que eliminará el ministerio de Igualdad para incluirlo entre las competencias de otros departamentos (ver aquí). O que considere razonable liquidar la “cultura partidista, la cultura sectaria financiada con fondos públicos”. Cabe deducir que Feijóo considera “partidista y sectaria” (sin verla) una función sobre García Lorca como la dirigida por María San Miguel, cancelada por el gobierno PP-Vox de Castilla y León (ver aquí). O que no se prive a estas alturas de seguir sacando el ‘comodín de ETA’ y la letanía de que Sánchez ha gobernado gracias a los “terroristas de Bildu”. Sin complejos.

Todo esto me lleva a insistir en algo que a mi juicio deberían exprimir las izquierdas tanto o más que la evidencia de que la extrema derecha y la derecha desnortada del PP están a punto de llegar a la Moncloa. Me refiero a los numerosos síntomas de insolvencia política tanto de Feijóo como de Abascal. Cada vez que hablan sube el pan. Por eso prefieren los insultos a las respuestas. Jesús Maraña es director de InfoLibre.



















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ESPECIAL UNO DE HOY VIERNES: PELEAS INVISIBLES, POR JUAN JOSÉ MILLÁS

 





En el interior de una frase se producen tensiones de carácter sintáctico, semántico, silábico, fonético, ortográfico… Una palabra tira de otra que a su vez depende de una tercera, mientras el verbo intenta dirigir el tráfico y los adjetivos tratan de hacerse notar porque son muy narcisos. La puntuación vigila el conjunto. Una coma mal puesta puede provocar una catástrofe gramatical y un punto prematuro romper el ritmo de la oración. Lo increíble es que no percibamos la actividad bárbara de todas esas fuerzas al leer el periódico o un libro o un pasquín o una receta de cocina. Una buena frase parece inmóvil, aunque sea el fruto de una descarga sentimental insoportable. La atraviesas como se cruza una habitación en la que cada mueble ocupa su lugar, sin considerar que el techo pesa toneladas ni que las paredes se sostienen gracias a un pacto milagroso entre energías de diferente signo. Si de pronto se oye un crujido, levantamos con susto la cabeza. También al leer levantamos la cabeza cuando el texto hace ruido.

Está, pues, asimismo, la cuestión del sonido. Escribimos al servicio del significado, pero leemos con el oído. De ahí que una frase pueda decir algo de interés estando mal escrita, o ser gramaticalmente perfecta y resultar banal. Con frecuencia, hay un punto en el que la frase comienza a independizarse de quien la escribe. Las primeras palabras predicen las que vienen después. Cada término elegido elimina cientos de posibilidades. Al llegar a la mitad, ya no mandamos nosotros, sino el texto.

Escribir consiste en hacer convivir fuerzas contrarias sin que el lector advierta el desasosiego que las une. Cuando funciona, las tensiones sintácticas, semánticas, silábicas y ortográficas permanecen en silencio. Una frase perfecta podría ser aquella en cuyas entrañas acaba de ocurrir un desastre. Al entrar en ella, sin embargo, vemos cada cosa tan en su sitio que nos preguntamos si las cosas tienen sitio. Juan José Millás es escritor. Publicado en El País.




















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DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE LA CUARTA SEMANA DE OCTUBRE

 























































































































































































ENTRADA NÚM. 11565