sábado, 13 de agosto de 2016

[Cuentos para la edad adulta] Hoy, con "Los nueve mil millones de nombres de Dios", de Arthur C. Clarke






El cuento, como género literario, se define por ser una narración breve, oral o escrita, en la que se narra una historia de ficción con un reducido número de personajes, una intriga poco desarrollada y un clímax y desenlace final rápidos. Durante los próximo meses voy a traer hasta el blog algunos de los relatos cortos más famosos de la historia de la literatura universal. Obras de autores como Philip K. Dick, Franz Kafka, Herman Melville, Guy de Maupassant, Julio Cortázar, Alberto Moravia, Juan Rulfo, Jorge Luis Borges, Edgar Allan Poe, Oscar Wilde, Lovecraft, Jack London, Anton Chejov, y otros.

Continúo hoy la serie de "Cuentos para la edad adulta" con el titulado Los nueve mil millones de nombres de Dios, de Arthur Charles Clarke (1917-2008), escritor y científico británico, autor de obras de divulgación científica y de ciencia ficción, como la novela 2001: Una odisea del espacio. Estudió matemáticas y física en el prestigioso King's College de Londres y fue presidente de la Sociedad Interplanetaria Británica. Muchos de sus relatos iniciales giran alrededor de una trama científica, a la que gustaba de adornar con un final sorprendente y dos ideas fundamentales: optimismo por los beneficios del progreso científico y el encuentro con especies y culturas superiores.

"Los nueve mil millones de nombres de Dios", narra la historia de un grupo de monjes tibetanos que viajan a Estados Unidos para solicitar ayuda a una empresa informática. Esa empresa envía dos científicos al Tibet para que ayuden, con la colaboración de un potente ordenador, a culminar un proyecto ideado tres siglos antes por otros monjes que trata de elaborar la lista completa de todos los nombres de Dios... Pero el final resultará imprevisible... Disfrútenlo.





Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt





HArendt




Entrada núm. 2832
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La verdad es una fruta que conviene cogerse muy madura (Voltaire)
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