sábado, 31 de enero de 2026

AGURRA NIRE HERRIALDEKO HIZKUNTZETAN. GAUR, LARUNBATA, URTARRILAREN 31, EUSKARAZ

 







Kaixo, egun on berriro guztioi, eta larunbat zoriontsua. Gaur amaitzen da urtarril madarikatu hau, hainbeste heriotza, desolazio eta tristura ekarri dituen hilabetea gure aberrira. Jainkoei otoitz egin diezaiegun otsaila mesedegarriagoa izan dadin. Gaurko blogeko sarrerak ikus ditzagun. Lehenengoak, distopiaren errealitateari buruzkoak, Fernando Vallespínek idatzia, oinarrizko giza eskubideen babesa nola dagoen orain estatu arrazoiaren edo inperio abenturen kapritxoen menpe aztertzen du. Bigarrenean, 2019ko martxoko blogeko sarrera artxibatu batean, Giovanni Sartorik demokraziaren garaipena eta krisia txanpon beraren bi aldeak direla esaten digu, arrakasta demokratikoak gure demokraziak kanpoko mehatxu baten existentziak dakarren lotura edo kohesiorik gabe uzten dituelako. Hirugarren poema Lina Buividaviciuté poeta lituaniarrarena da eta "Resplandor" (Distira) izenburua du. Eta laugarren eta azken zatia, beti bezala, marrazki bizidun umoretsuak dira. Mesedez, izan zaitezte zoriontsuak: merezi duzue, denok merezi dugu. Tamaragua, lagunok. Bihar arte, Zorte Andereak nahi badu. Musuak. Maite zaituztet. Harendt












ENTRADA NÚM. 9796

DE LA REALIDAD DE LA DISTOPÍA

 







La protección de los derechos humanos básicos queda sujeta ahora a los dictados de la razón de Estado o los caprichos de las aventuras imperiales, escribe en El País (29/01/2026) el politólogo Fernando Vallespín. Uno de los géneros de ficción que ha gozado de mejor salud en los últimos años, comienza diciendo, es el de la distopía. Al igual que ocurre con su reverso radical, la utopía, se ha concebido casi siempre, por definición, como algo situado en el futuro: ficciones sobre lo que está por venir, pues. De ahí la dificultad para asociarlas a la posibilidad de que puedan encarnarse en el presente. Sin embargo, el primer aviso lo tuvimos ya con la pandemia del coronavirus, que en sus inicios pareció materializar una de esas catástrofes largamente imaginadas. A pesar de los millones de víctimas que causó, y gracias a las campañas de vacunación masiva, al final logramos doblegarla y relegarla al olvido. Lo más espeluznante es que hoy basta con abrir cualquier diario para que nos asalte una sensación similar, la de estar deslizándonos hacia escenarios que creíamos reservados a la ficción, tan familiares por el cine o la literatura, y ahora mismo tan inquietantemente próximos.

Desde hace algunos años, los jinetes del Apocalipsis parecen haberse puesto de acuerdo para reanudar su galopada por el mundo. A 300 años del nacimiento de Immanuel Kant, el autor de La paz perpetua, la posibilidad de la guerra ha vuelto a situarse en el centro de nuestros temores. No solo por la desastrosa invasión de Ucrania —que suma ya más de un millón y medio de rusos y ucranios entre muertos y heridos—, o por el conflicto de Gaza. Vladímir Putin ha normalizado también la amenaza nuclear, y emprende una guerra difusa, “híbrida”, que se expande con profusión en territorio europeo, con China como otro actor de fondo. Retornan la guerra y la violencia, aquellos males que creíamos haber exorcizado mediante la creación de un sistema de reglas más o menos imperfecto.

La dinamitación de ese marco para sustituirlo por otro de carácter neoimperial, basado en el retorno de las zonas de influencia, augura más intervencionismo militar y más miseria. Pero, sobre todo, y esto es lo más estremecedor, actúa libre de cualquier inhibición moral. La fuerza y el poder se convierten en la única unidad de medida de la política y, con ello, se hacen reventar las restricciones civilizatorias que hasta ahora contenían la crueldad y la violencia, los males supremos que desde siempre han venido acompañando a la humanidad. O la humillación o persecución sistemática de quienes no encajan en la nueva sacralización de las adscripciones tribales, como casi a diario vemos en las acciones del ICE estadounidense. Como bien observaba Montaigne, sin una piedad que nos refrene y una justicia que instruya a los poderosos no hay baluartes contra la destrucción mutua. Esos guardarraíles son los que ahora están saltando por los aires.

Lo novedoso no es ya solo que quienes las propician sean sistemas autoritarios, sino que haga acto de presencia también en otros democráticos, como Estados Unidos e Israel. Eso es lo que más asusta, porque puede estar anticipando el derrumbe definitivo de lo que constituía su base de legitimidad más sólida, la protección de los derechos humanos básicos, el blindaje de la dignidad humana, sujeta ahora a los dictados de la razón de Estado o los caprichos de las aventuras imperiales. El miedo se expande porque de repente hemos tomado conciencia de la fragilidad de las democracias, que pueden estar virando hacia nuevas formas de autoritarismo, cuando no hacia sociedades sujetas a un permanente chantaje a su soberanía, tanto política como económica.

Incluso podemos estar a punto de romper con una de las leyes que los politólogos dábamos por supuestas, que no existen precedentes de democracias que se hagan la guerra entre sí. Una intervención militar estadounidense en Groenlandia hubiera supuesto ya su refutación. Pero quizá ni siquiera haga falta llegar tan lejos: el propio chantaje de Trump basta para evidenciarlo. Ese gesto es en sí mismo una señal clara de que Estados Unidos se ha autoexcluido de la comunidad de países democráticos.

Todo esto conecta con otro elemento que hasta hace poco asociábamos casi en exclusiva a la ficción distópica, la inteligencia artificial. No tanto en la forma de una dominación directa de la máquina sobre el ser humano, sino por su capacidad para articular sistemas de vigilancia masiva basados en datos, algoritmos y capacidades de anticipación que permiten escrutar, clasificar y orientar conductas a gran escala. Ignoramos aún muchos detalles de su funcionamiento y de sus aplicaciones futuras, pero sospechamos, con razón, que estas tecnologías se subordinan a los dictados del poder, un poder invisible y, por tanto, difícilmente controlable. Además, está en manos de una pequeña corte de tecnoplutócratas, cuyas ideas políticas son bien conocidas, como lo es también su dominio de la industria de la comunicación y el entretenimiento, así como su plena sintonía con el inquilino de la Casa Blanca. No solo en China, también en Estados Unidos se ha institucionalizado una fusión cada vez más descarada entre poder político y poder tecnológico, una suerte de Orwell 2.0.

Las distopías, aquello que durante décadas contemplamos como advertencia, como alertas sobre las tendencias autodestructivas de nuestras sociedades, han dejado de ser un futuro imaginable para convertirse en una descripción cada vez más precisa del presente. Ya no se trata de ficciones. Donde estas sí campan a sus anchas es en ese otro ámbito que considerábamos imprescindibles para orientarnos en la realidad, la información, hoy sometida a la espesa niebla introducida por la posverdad y la cada vez más indisimulada inducción al engaño, otro rasgo central de las distopías de Huxley u Orwell entre otros. Ya sea a través de las tan explícitas baladronadas de los nuevos demagogos a lo Trump o del poder enmascarado detrás del automatismo de los algoritmos.

Por todo ello, y porque no renunciamos a la esperanza depositada en un progreso sostenido de ideales como la paz, la justicia y la libertad, no queda otra opción que sacudirnos la perplejidad y la congoja y pasar a la acción. Convertir el miedo que nos paraliza en coraje activo. El único espacio con capacidad real para hacerlo es Europa, único actor capaz de pensar el poder en términos normativos y no puramente estratégicos. Siempre y cuando, claro está, abandonemos la ingenuidad geopolítica y los pequeños cálculos de interés de sus países miembros. Nos salvamos todos o no se salva ninguno. La situación en la que estamos es existencial. Sobran las reticencias, el postureo de salón, el ventajismo partidista y de vía estrecha y los políticos diletantes o pusilánimes.

Estábamos advertidos, e incluso se pergeñaron los medios necesarios, como los proyectos de autonomía estratégica y las ricas sugerencias de los informes de Letta y Draghi. No es porque no sepamos qué hacer, es que falta la voluntad política necesaria para ponerlo en práctica. Y esta no se activará hasta que no se plante la sociedad civil europea. Tan urgente como descartar en este proyecto a aquellos países condescendientes con quienes nos han traído estos lodos es apelar directamente a la ciudadanía europea. ¿A qué están esperando las principales cabeceras mediáticas europeas para ofrecer una acción informativa y de opinión concertada para crear un espacio público común? Dejemos de mirarnos el ombligo nacional, hoy tan tristemente local, y apelemos a quienes se siguen resistiendo a abandonar lo único que ha sido capaz de otorgarnos una identidad compartida: el gobierno democrático respetuoso de los derechos fundamentales. Todo lo demás son diferentes formas de barbarie.nFernando Vallespín es miembro de número de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.













ENTRADA NÚM. 9795

DEL ARCHIVO DEL BLOG. HOY, DE LA VICTORIA Y CRISIS DE LAS DEMOCRACIAS. PUBLICADO EL 17/03/2019

 









Victoria y crisis de la democracia son las dos caras de la misma moneda, dejó dicho el politólogo Giovanni Sartori (1924-2017), Premio Príncipe de Asturias de las Ciencias Sociales 2005, porque el éxito democrático deja a nuestras democracias sin el vínculo o la cohesión que se deriva de la existencia de una amenaza externa. Entendámonos: las democracias siempre se han encontrado en situaciones críticas. ¿Qué hay de peculiar en la crisis que ha llegado después de la victoria de la democracia sobre el comunismo? Mi respuesta viene de lejos: la causa principal de nuestros problemas actuales es el pensamiento débil. Y tras el pensamiento débil se encuentra a menudo un pensamiento crítico, que a fin de cuentas tiene poco de crítico. 

La crítica no puede ser nunca pura negatividad. La verdadera actitud crítica debe permanecer siempre abierta a la autocrítica. A saber, abierta a criticarse, en primer lugar, a sí misma. Más aún, el pensamiento crítico se debe enfrentar siempre a dos interrogantes. El primero: ¿cuál es mi objetivo? El segundo: ¿tengo alguna otra cosa que proponer? Se trata de preguntas que pocos plantean y a las cuales nadie ofrece una respuesta. Así termina por prevalecer una refutación vacía: lo que me divierte llamar contrismo. Se trata de la pendiente a la Derrida por la que se desliza nuestra cultura, empeñada en deconstruir todo y en no construir nada. Lo que puede llegar a ser divertido, incluso, pero que nos deja exactamente en el mismo punto de partida. 

Sin embargo, y por venir a la actualidad, es la fuerza de la tecnología, la era del vídeo-poder, lo que más me asusta. Cuando el fin de la cultura de la Ilustración se alía con el fin del hombre de Gutenberg, la democracia se pone verdaderamente en peligro. Sobre todo porque se expone a niveles de competencia política insosteniblemente bajos. 

Se trata de un punto en el que deben evitarse los malentendidos. Una democracia sin enemigos se convierte en una forma política sin alternativas legítimas, sin rivales en el plano de la legitimidad. Y quien no tiene enemigos puede terminar por convertirse en el peor enemigo de sí mismo. En la historia de la humanidad nunca se había dado un momento igual en el que personas se encuentran viviendo en sociedad sin un gran enemigo al que temer y al que combatir. Vivir sin enemigos externos se parece a vivir flotando en estado de ingravidez. Sin embargo, ¿las presiones que nos mantienen unidos resistirán a las fuerzas que nos inducen a separarnos? Mi impresión es que mientras cada vez resulta más difícil resistirse al poder de atracción de la democracia, al mismo tiempo resulta más difícil sostener una democracia exitosa. 

El principio de legitimidad que inspira todas las sociedades modernas señala que los cargos políticos deben ser desempeñados por políticos electos y responsables frente a los electores. Bajo este principio la democracia se ha convertido en the only game in town. Y haría falta una cantidad industrial de mal gobierno y estupidez para devolver a la escena a un gobierno, del tipo que sea, autocrático. Por tanto, el punto no es tanto el hundimiento de la democracia como tal, como su capacidad para crear condiciones de buen gobierno. 

Por desgracia no veo perspectivas particularmente halagüeñas. Ni siquiera en lo tocante al proceso de democratización, es decir, a la posibilidad misma de alcanzar mejores o más elevados estándares de democracia. En el plano de la retórica nos desenvolvemos a lo grande, pero en el plano de los hechos la sondeocracia y la videocracia están generando una democracia sin demos. Sin un pueblo digno de su nombre. Y así llegamos al problema de la demo-inflation. A saber, de la inflación o de la protuberancia del pueblo. La teoría de la democracia se ha encontrado siempre con dificultades cuando se ha enfrentado este tema. ¿Cuál es el verdadero pueblo? Normalmente se responde que si hoy el demos tiene carencias mañana mejorará -en preferencias y competencias- con el crecimiento de la democracia, porque es el kratos del pueblo el que crea (cualitativamente) al pueblo. Como diría Benjamin Barber es la "democracia fuerte" la que alimenta y nutre un "demos fuerte".

Sin embargo, ¿es realmente así? Lo que es cierto es que nuestras democracias se están dirigiendo hacia una presencia cada vez mayor de directismo. Vale decir con ello hacia un escenario donde los procedimientos directos van desplazando y reemplazando progresivamente a la democracia representativa (indirecta). Pero la democracia directa en cuestión es, en realidad, una democracia demoscópica y, por tanto, una democracia monitorizada por los encuestadores. 

La democracia participativa requiere que un número creciente de personas tome parte activamente en la política y que la participación constituya, por sí misma, un proceso educativo: participando se aprende. De este modo se vendría a formar ese "demos fuerte" que mencionábamos antes. Pero en la variante de la democracia demoscópica el pueblo se reduce a una muestra representativa de ciudadanos, a un millar de individuos que responden con monosílabos a un puñado de preguntas. Resulta evidente que en la sondeocracia no se produce participación, ni nadie desarrolla un interés genuino por la política. Y así no hacemos sino alimentar, de facto, un demos débil animado a no saber y no hacer. 

Además de las encuestas que sondean nuestras opiniones tenemos, también, una montaña de datos que confirman que las personas no saben, y no entienden, las cuestiones políticas sobre las que se les pide que manifiesten su opinión. Por tanto, sabemos bien, sin sombra de duda, que el estado de la opinión pública es pobre. Y que se está deteriorando progresivamente a la par que empeora la calidad de los medios de comunicación y la enseñanza en las escuelas. La consecuencia de todo ello es que estamos construyendo peligrosamente un sistema político basado en el pueblo a través de una expansión inducida del demos que, al final, nos deja ante un pueblo de cartón, un público de ficción, que en realidad no existe. Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt 













ENTRADA NÚM. 9794

DEL POEMA DE CADA DÍA. HOY, RESPLANDOR, DE LINA BUIVIDAVICIUTÉ

 







RESPLANDOR




¿Qué encontrarás en los recortes de la memoria, papá?

¿Cómo explicarás las mutaciones negras de los sueños,

las monstruosas bestias ocultas tras los setos?


Todo estuvo en nosotros desde el principio, siempre

necesité una luz para mirar dentro – largos los derroteros

de la historia, hinchados nervios de la casa –

lo recuerdo todo, por eso por las noches me

llama el hermano oscuro de la tierra – – –


¿Oyes las pezuñas de las bestias, papá?

Tus paredes son demasiado finas, ya respiras con dificultad –

mi hueso del tiempo sigue abierto, el nervio de mi miedo

sigue vivo.


Deambulo en tu purgatorio, soy un niño extraviado,

dicen que nací en domingo, que tenía seis sentidos,

pero qué duro el mazo, con qué fuerza marca el ritmo –


cómo reprende el trueno, papá,

cómo destruye la ira nuestras ventanas –

¿de qué nos sirve brillar con tanta desesperación?




LINA BUIVIDAVICIUTÉ (1986)

poetisa lituana





















ENTRADA NÚM. 9793

DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY SÁBADO, 31 DE ENERO DE 2026

 


























 




ENTRADA NÚM. 9792

viernes, 30 de enero de 2026

SAÚDOS NAS LINGUAS DA MIÑA TERRA, HOXE, VENRES, 30 DE XANEIRO, EN GALEGO

 







Ola, bos días de novo a todos e a todas, e feliz venres. Estamos a piques de entrar na última fin de semana deste terrible mes de xaneiro, non só polo tempo, que puxo España patas arriba. Xa veremos que nos depara febreiro: un día máis, e xa estamos nel. Imos ás entradas do blog de hoxe. Na primeira, o filósofo italiano Maurizio Ferraris fai unha profecía a moi curto prazo: en tres anos, o "Telón de Aceiro" evocado por Goebbels en 1944 e revivido por Churchill en 1946 volverá caer sobre un continente que deixará de existir. A segunda é unha entrada do blog arquivada de finais de xaneiro de 2017 sobre os riscos de polarización que azoutaron á esquerda política española ese ano, e especialmente ao PSOE. O poema do día na terceira publicación é un fermoso poema de Raquel Lanseros titulado "Chámanlle desencanto". E para rematar, coma sempre, as viñetas humorísticas. Tamaragua, amigos meus. Sede felices, por favor; merecédelo. Ata mañá, se a sorte quere. Tamaragua, amigos meus. Bicos. Quérovos. Harendt

























ENTRADA NÚM. 9791

DE UNA PROFECÍA SOBRE EL FUTURO DE EUROPA

 











Dentro de tres años, el ‘telón de acero’ evocado por Goebbels en 1944 y retomado por Churchill en 1946 volverá a caer sobre un continente que habrá dejado de existir, escribe en El País (27/01/2026) el filósofo Maurizio Ferraris. Permítanme hacer una profecía, comienza diciendo. Dentro de tres años, el telón de acero evocado por Goebbels en 1944 y retomado por Churchill en 1946 volverá a caer sobre Europa, que habrá dejado de existir tras haber dedicado sus fuerzas a advertencias y normas. Siempre ocurre así y, al menos en este campo, la ciencia humana puede basarse en reglas ciertas.

En 1812, Talleyrand se preguntaba qué podía empujar a Napoleón hacia Rusia, rompiendo un equilibrio milenario que llevó, en 1814, al zar Alejandro a París junto con los demás vencedores. Desde entonces, Rusia no ha esperado otra cosa que volver a París, o al menos a Berlín, y lo consiguió muy bien en 1945, apoderándose de la mitad de Europa, a diferencia de lo que había ocurrido en 1815, una vez más gracias a las artes de Talleyrand.

Y desde 1917 había entrado en escena el otro imperio, Estados Unidos, que con pocos gastos en soldados se arrogó, gracias a los puntos del presidente Wilson, que invocaban la autodeterminación de las naciones, la desintegración de ese complejo multiétnico y multinacional que era Europa, y además causó injusticias, porque dejó el Tirol del Sur a los italianos como consuelo. Pero no olvidemos que fue sobre la base de la autodeterminación de los pueblos que Hitler justificó la ocupación de los Sudetes en 1938, así como la anexión de Austria.

Esa potencia joven e inexperta, pero ávida de conquistas (Filipinas y Cuba las había tomado en 1898, en contra de la autodeterminación) era el reflejo invertido de la antigua y enorme potencia, Rusia, con una profundidad estratégica que la hacía invencible. Esta última se derrumbó cuando los primeros soldados estadounidenses desembarcaron en Francia, salvando a las potencias occidentales de una derrota inevitable frente al poderío alemán (Austria-Hungría, Italia y Turquía ya se habían derrumbado y no contaban para nada, los vencedores habrían sido los alemanes).

En la Segunda Guerra Mundial, un líder de una potencia ya decadente, Churchill, trazó con realismo (y al parecer con un lápiz mojado en Burdeos) la división máxima de Europa en dos, esperando en su corazón que los estadounidenses llegaran a Berlín, lo que no hicieron para no perder hombres y porque ya no tenían un presidente en activo: Roosevelt murió en vísperas de la batalla de Berlín y ya en Yalta estaba débil.

Ahora pregunto a todos, y en primer lugar a los gobernantes de Europa: ¿creen que, entretanto, la humanidad se ha vuelto buena? Nada lo indica, ni un solo acontecimiento posterior a la rendición de Japón ha respondido a los infantiles propósitos de la ONU, ni a las acciones de la OTAN, que han protegido los intereses estadounidenses, no los europeos, tal y como ocurrió al otro lado con el Pacto de Varsovia (buena elección, esa ciudad destruida primero por los alemanes y luego por los rusos).

Y si la humanidad no se ha vuelto buena, ¿creéis que en el enfrentamiento entre Estados Unidos y Rusia (con China mirando porque solo tiene que ganar, le bastará con recuperar Taiwán mientras el mundo mira hacia otro lado) no acabará exactamente como en 1945, con Europa bajo dos amos, uno de los cuales, el estadounidense, se ha vuelto tan totalitario como el ruso (no olvidemos la amenaza de Trump de castigar a quienes lo critican).

¿Qué hacer entonces? Por favor: nada de llamamientos, nada de flotas inútiles, nada de amenazas ridículas ni sanciones que no tienen ni tendrán nunca la fuerza del bloqueo naval de Inglaterra contra Napoleón, porque Europa en este momento, políticamente, es mucho menos que una expresión geográfica, como diría Metternich: es un pueblo disperso, como diría Manzoni, que añadía “que no tiene nombre”. Ahora tiene nombre, pero es solo, como en una vieja película, palabrería y distintivo.

Lo que hay que hacer es obvio. Formar un ejército común, lo que también significa un verdadero gobierno con un verdadero líder con plenos poderes en caso de guerra (quienes temen los plenos poderes los aceptarán de Trump o de Putin). ¿Con qué dinero? Ya lo he repetido miles de veces: con la web y el capital digital, un recurso que todos producimos y que Europa, a diferencia de los imperios, no utiliza. Somos un continente de viejos, de privilegiados, a veces de holgazanes, y ninguno de nosotros, hoy más que en 1939, tiene intención de luchar. Utilicemos entonces el enorme capital que el registro de nuestra forma de vida produce en la web para encontrar los recursos que nos permitan infundir miedo, es decir, para existir.

Debemos ser capaces de crear este poder de disuasión obteniendo de estos recursos la fuerza para tener un control informático y militar de un territorio que, tras haber sido atravesado por guerras durante milenios, ha encontrado la paz a costa de reducirse a la paz de los cementerios o de la esclavitud. Sé que mis palabras son fuertes, pero lo que está sucediendo ahora es mucho más fuerte. Maurizio Ferraris es Catedrático de Filosofía en la Universidad de Turín y autor del Manifiesto del Nuevo Realismo.













ENTRADA NÚM. 9790

DEL ARCHIVO EL BLOG. HOY, CAMINO DE LA IRRELEVANCIA POLÍTICA. PUBLICADO EL 31/01/2017

 







Decía Norberto Bobbio en Derecha e Izquierda que las elecciones se ganan en el centro del espectro político. Creo que tenía razón, y el PSOE las ha ganado solo cuando ha girado al centro, desde la izquierda, sí, pero mirando al centro y no más a su izquierda. Con una hipotética victoria de Sánchez en las primarias el PSOE va de cabeza a la irrelevancia política. Y con López a la división y la guerra civil dentro del partido. ¿Mejor con Díaz?: Tampoco, nunca lo ha sido, al menos para mí. Observen donde están los laboristas con Corbyn. Y los socialistas franceses, ahora, sin Valls. Todos camino del populismo más rancio, lugar que entre nosotros ocupa Podemos, que no deja hueco para nadie más después de laminar a Izquierda Unida con la complicidad del inefable Garzón.

Yo creía en las primarias. Ya no. Las primarias funcionan en un régimen de tipo presidencialista en el que los cargos, todos los cargos, son elegidos por los electores, no solo por los afiliados, y en los que los elegidos deben su puesto a esos electores, no a los aparatos de los partidos. No es nuestro caso, no en un régimen parlamentario. Y por supuesto, los elegidos aquí piensan más en sus leales y en sus amigos que en los ciudadanos, sean del partido que sean. Camino del exilio interior me refugio en mi familia, mis amigos y mis libros sin esperanza alguna de que el PSOE recupere la cordura. "Alea iacta est". Por desgracia.

El profesor Xosé Luis Barreiro publica hoy en La Voz de Galicia un interesante artículo que titula, premonitoriamente, Sánchez inicia la revolución pendiente. Dice en él que "convencido de que el PSOE es una unidad de destino en lo universal, que no puede abdicar del socialismo izquierdista y anticapitalista del siglo XIX; imbuido de la idea modernista (principios del siglo XX) de que España solo tiene futuro como república popular, laica, multinacional, desmilitarizada y obrera; y sintiéndose el líder providencial que está llamado a limpiar el partido de traidores, mencheviques, jacobinos y burgueses agazapados, el gran Pedro Sánchez, de triste y aciaga memoria, acaba de asumir el reto de culminar la revolución pendiente. Con el «Grito de Dos Hermanas» -eco melancólico del Grito de Yara-, cuyo resumen ideológico es: «Será un honor liderar vuestro proyecto colectivo», Pedro Sánchez le traspasó a la militancia la iniciativa y las responsabilidades de su audaz regreso, para abocar al PSOE a un delirio populista y cortoplacista en el que todos los intereses del partido y de España, y el futuro del partido, quedan supeditados al romanticismo militante, a darle gusto a una parroquia desencantada e indignada, y a impedir -¡como sea!- el Gobierno de Rajoy. Yo comprendo este regreso vengativo y enrabietado. Porque, cuando uno se da a conocer empecinándose en el error, acaba confundiendo la dignidad con la contumacia, y prefiere ser despedazado por estupidez antes que ser salvado por las dulces caricias de la rectificación. También es cierto que si yo fuese amigo de Pedro, le aconsejaría que buscase trabajo, abandonase la política durante una década, y se hiciese un hombre de provecho. Pero todas estas reflexiones ya son inútiles, porque Pedro se ha convertido en un héroe de tragedia cuya desmesura generó su fatalidad: «Aquel a quien los dioses quieren destruir, primero lo vuelven loco». El daño ya está hecho. Y todas las ansias de un congreso catártico, que diese al PSOE unidad y liderazgo, ya están muertas. Y no solo porque el enfrentamiento entre el currículo de López y el «no es no» de Pedro Sánchez aboca a los militantes a una fragmentación estéril, sino porque Susana Díaz ya no puede ser aclamada ni tiene clara su victoria, y porque, en el supuesto de que un puñado de votos le permitiesen cubrir el expediente, ya no es posible crear el «partido ganador» -unificado en un fuerte liderazgo y ansioso de recuperar el modelo político y de Estado nacido de la transición- en el que la presidenta andaluza está resumiendo todo su programa, toda su ideología, y toda su enferruxada ilusión.Pedro Sánchez solo puede hundirse, más aún, en el pozo de su ofuscación. Pero no tengo ninguna duda de que los militantes aún le pueden dar el poder que necesita para destruir al PSOE, llevar al límite la crisis política de España y salvar a Podemos de las arenas movedizas. Porque ese es, me temo, el destino del antihéroe que inició hace tres días su revolución pendiente". Yo, también.














ENTRADA NÚM. 9789

DEL POEMA DE CADA DÍA. HOY, LO LLAMAN DESENCANTO, DE RAQUEL LANSEROS

 







LO LLAMAN DESENCANTO




Soñé que era verdad lo que es mentira

pues es embaucadora la apariencia

se disfraza traidora de inocencia

efímero espejismo de quien mira.


La esperanza crepita hoy en tu pira

tras agotar el poso de paciencia

ante tu lacerante indiferencia

mi ilusión, mancillada, se retira.


¿Quién tendrá por fehaciente un vil engaño

y la cruel realidad por embustera?

¿Dónde está la virtud, dónde el amaño


dónde la infamia casi verdadera?

En el arca se vende hasta el mal paño

y a veces la razón no es lo que era.




RAQUEL LANSEROS (1973)

poetisa español
























ENTRADA NÚM. 9788

DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY VIERNES, 30 DE ENERO DE 2026

 






























ENTRADA NÚM. 9787