sábado, 14 de noviembre de 2015

[A vuelapluma] Políticos



Ruinas del ágora ateniense


Como decía al final de mi entrada de ayer, creo que no han cambiado mucho las desde que Karl Popper dijera en su libro "La sociedad abierta y sus enemigos", hace casi setenta años, que "lo más que podemos esperar de los políticos es que causen los menos destrozos posibles". ¿Exagerado?, visto lo que hay, pienso que no.

Político: Del latín "politĭcus", y este del griego "πολιτικός". En la quinta acepción del diccionario de la Real Academia Española, "persona que interviene en las cosas del gobierno y negocios del Estado".

Hace un tiempo vi por televisión una película del gran director francés Claude Chabrol. Se titulaba "Le fleur du mal" (2002). La protagonista es una aún joven mujer, esposa de un destacado miembro de la alta burguesía provinciana francesa. Es concejal en el Ayuntamiento de su localidad y se presenta como candidata independiente a la alcaldía del mismo. En un momento de la película, su marido le pregunta por qué ha decidido presentarse si a ella nunca le ha gustado la política; la respuesta de la esposa es: "lo que yo hago, no es política".

Recuerdo también, varios años atrás, volver a casa después de dejar a mi nieto al colegio y oír por la radio las declaraciones de un concejal del ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria anunciar que iba a promover la creación de un "metro" de ocho líneas en la capital de la isla. Y cuando el locutor le pregunta, supongo que con ingenuidad: "¿Con la financiación del Estado, no?", la respuesta es rotunda: "Sí, claro". Sin comentarios. Pero pensé para mis adentros: Este señor ocupa un cargo público pero parece imbécil... Y probablemente lo era; lo de imbécil. 

Un buen amigo y compañero de lides sindicales me recordaba a menudo una frase que, al menos eso decía él, me había oído pronunciar al comienzo de nuestras relaciones: "Al sindicato y a la política se dedican profesionalmente los que no saben ganarse el pan con su trabajo de ninguna otra manera". Es muy posible que sí, que yo la pronunciara; creo que sigo pensando lo mismo hoy día, aunque reconozco que habrá notables excepciones; pocas, desde luego.

Hace un tiempo publicaba en El País el profesor Ramón Vargas-Machuca, catedrático de Filosofía Política y exdiputado socialista durante cuatro legislaturas, un artículo titulado "Decálogo del buen político", cuya lectura les recomiendo por su indudable interés. Decía en él, que al buen político cabe exigirle profesionalidad, talento, información, eficiencia, innovación, decisión, prudencia, astucia, responsabilidad y persuasión. 

Creo que son cualidades necesarias, pero no suficientes, porque a ellas habría que añadirle dos supuestos externos a ellos mismos: primero, una retribución justa, equilibrada y suficiente, establecida con carácter previo por un organismo supervisor e independiente de la Administración Pública, gracias a la cual el ejercicio de la actividad política no le resulte lesivo a sus intereses personales y profesionales; y segundo, una taxativa limitación en el número de mandatos en el ejercicio del cargo, sobre todo en los de carácter ejecutivo. 

La mayoría de las personas piensan de buena fe que los políticos están muy bien pagados. Yo, que no he cobrado nunca de ella, de la política, pienso que no es así. Si estuvieran bien pagados quizá se animarían a dedicarse a la política buenos profesionales civiles ajenos a ella, reticentes a hacer del "servicio público" una forma de vida o de vivir... Haberlos, haylos; como las meigas y las brujas en mi tierra, aunque no crea en ellas.

Y ahora, como decía Sócrates, "Ιωμεν", nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArend



La Escuela de Atenas (Rafael, 1512)


Entrada núm. 2506
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La verdad es una fruta que conviene cogerse muy madura (Voltaire)
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