jueves, 10 de septiembre de 2015

[Humor & Poesía] Hoy, "A mi esposa", de José María Heredia





José María Heredia




Es muy posible que a algún purista le parezca una blasfemia lo que pretendo hacer durante unas semanas: unir en la misma entrada algunos de los más bellos sonetos de amor y a mis viñetistas cotidianos preferidos. Bien, pues lo siento por los puristas, pero un servidor piensa que hay pocas cosas en la vida más serias que el amor y el humor, así pues, ¿por qué no juntarlos?  Todo ello sin mayores pretensiones, aun reconociendo que meter en el mismo envoltorio un soneto de amor y unas viñetas humorísticas, por muy preñadas que estén de crítica social y realidad cotidiana, puede no resultar una fórmula afortunada. En cualquier caso, espero que sean de su agrado. 

El soneto es una composición poética compuesta por catorce versos de arte mayor, endecasílabos en su forma clásica, que se organizan en cuatro estrofas: dos cuartetos y dos tercetos. En el primer cuarteto suele presentarse el tema de la composición, tema que el segundo cuarteto amplifica. El primer terceto reflexiona sobre la idea central expresada en los cuartetos. El terceto final, el más emotivo, remata con una reflexión grave o con un sentimiento profundo desatado por los versos anteriores. De Sicilia, el soneto pasó a la Italia central, donde fue también cultivado por los poetas del "dolce stil nuovo" (siglo XIII). A través de la influencia de Petrarca, el soneto se extiende al resto de literaturas europeas.

Continúo hoy la serie de sonetos de amor con el titulado "A mi esposa", de José María Heredia (1803-1839). Poeta, escritor y activista hispano-cubano. Siendo aun pequeño se trasladó con su familia a Santo Domingo, donde transcurrió la mayor parte de su niñez. Su padre fue nombrado Oidor y Regente de la Real Audiencia de Caracas en 1810 y la familia se mudó a Venezuela. En 1818, de regreso en Cuba, comenzó sus estudios de Leyes en la Universidad de La Habana, que siguió al año siguiente en México. En 1821 regresa a Cuba y tras doctorarse en Derecho se establece como abogado en Matanzas y colabora en diversas publicaciones. En 1823, a punto de publicar una edición de sus poesías, se vio envuelto en la Conspiración "Soles y Rayos de Bolívar" y se exilia en Estados Unidos. La primera edición de sus versos apareció en 1825 en Nueva York. En 1825 marcha a México, donde ejerce como catedrático de Literatura e Historia, legislador, juez de Cuernavaca, así como oidor y fiscal de la Audiencia de México. En 1832 publicó en Toluca una segunda edición de sus versos, considerablemente revisada y ampliada. Fue redactor de varias revistas como El Iris y La Miscelánea, y principal redactor de El Conservador. En 1836 se retracta de sus ideales independentistas y regresa a Cuba, pero en unos meses regresa desanimado a México donde muere tres años después de tuberculosis. En Cuba se le considera como uno de sus más grandes "Poetas Nacionales" e insigne representante de la escuela pre-romántica. Algunas de sus obras son extraordinarias composiciones descriptivas donde plasma su percepción fina y rápida de la naturaleza. Una de las características centrales de su obra es el sentido espiritual del paisaje físico.

Las viñetas de humor que reproduzco hoy son, de nuevo, de Ros (El País), suaves y exentas de crítica social o política, y del acre y sarcástico Montecruz (La Provincia). Todas ellas se han publicado en estos últimos días. 

Y ahora, como decía Sócrates, "Ιωμεν", nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt 




***


A MI ESPOSA

Cuando en mis venas férvidas ardía
la fiera juventud, en mis canciones
el tormentoso afán de mis pasiones
con dolorosas lágrimas vertía.

Hoy a ti las dedico, esposa mía, 
cuando el amor más libre de ilusiones
inflama nuestros puros corazones,
y sereno y de paz me luce el día.

Así, perdido en turbulentos mares,
mísero navegante al cielo implora,
cuando le aqueja la tormenta grave;

y del naufragio libre, en los altares
consagra fiel a la Deidad que adora
las húmedas reliquias de su nave.

José María Heredia


***


VIÑETAS






















Entrada núm. 2437
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La verdad es una fruta que conviene cogerse muy madura (Voltaire)

3 comentarios:

Mark de Zabaleta dijo...

Soberbia combinación....

Saludos

Águeda Conesa Alcaraz dijo...

Vanidad de las riquezas

Si la pálida muerte se aplacara
Con que yo mis riquezas le ofreciera,
Si el oro y plata para sí quisiera,
Y a mí la dulce vida me dejara;

¡Con cuánto ardor entonces me afanara
Por adquirir el oro, y si viniera
A terminar mis días la Parca fiera,
Cuán ufano mi vida rescatara!

Pero ¡ah! no se libertan de su saña
El hombre sabio, el rico ni el valiente:
En todos ejercita su guadaña.

Quien se afana en ser rico no es prudente:
Si en que debe morir nadie se engaña,
¿Para qué trabajar inútilmente?

Carlos F. Asís Campos dijo...

Muchas gracias, Águeda. Bonitos versos; algo desencantados, pero como la vida misma.

Y Mark, gracias también a ti. Me alegra que te guste la "mezcla". Como a Águeda.