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lunes, 11 de febrero de 2019

[UN CLÁSICO DE VEZ EN CUANDO] Hoy, con "Los hermanos", de Terencio



Talía, Musa de la Comedia, por Giovanni Baglione


En la mitología griega, Talía (Θάλεια) era una de las dos musas del teatro, la que inspiraba la comedia y la poesía bucólica o pastoril. Divinidad de carácter rural, se la representaba generalmente como una joven risueña, de aspecto vivaracho y mirada burlona, llevando en sus manos una máscara cómica como su principal atributo y, a veces, un cayado de pastor, una corona de hiedra en la cabeza como símbolo de la inmortalidad y calzada de borceguíes o sandalias. Era hija de Zeus y Mnemósine, y madre, con Apolo, de los Coribantes.

Les pido disculpas por mi insistencia en mencionar a los clásicos, de manera especial a los grecolatinos, y de traerlos a colación a menudo. Me gusta decir que casi todo lo importante que se ha escrito o dicho después de ellos es una mera paráfrasis de lo que ellos dijeron mucho mejor. Con toda seguridad es exagerado por mi parte, pero es así como lo siento. Deformación profesional como estudioso y amante apasionado de una época y unos hombres que pusieron los cimientos de eso que llamamos Occidente.

Continúo con esta nueva entrada la sección de Un clásico de vez en cuando dedicada a las obras de autores grecolatinos subiendo al blog la comedia Los hermanos, de Terencio, que pueden leer en el enlace inmediatamente anterior. 

Adelphoe, también escrito como Adelphoi y como Adelphi (en español, Los hermanos o "Adelfos"), fue representada por primera vez en el año 160 a. C., con motivo de los funerales de Lucio Emilio Paulo Macedónico​ y es, según todos los criterios de ordenación de la obra de Terencio, la sexta y última obra conocida de este autor. 

Como sucede habitualmente en el teatro de Terencio, no es exactamente una obra de acción y personajes, sino que se trata más bien de teatro de ideas. El autor pretende contraponer dos modelos de educación, uno rígido y estricto, y otro basado en la comprensión y la tolerancia. Aunque al final, el padre que encarna el modelo autoritario se arrepiente, Terencio tampoco parece inclinarse por una educación excesivamente permisiva. Más bien parece abogar, como en tantas otras ocasiones, por un ideal basado en el término medio.

La comedia trata sobre qué tipo de educación es mejor, una severa y rígida, u otra más liberal y abierta. Ambos modelos de educación están encarnados por los personajes de Demea y Mición, dos viejos hermanos de temperamento muy diferente: mientras que el primero es un padre muy estricto y muy preocupado por sus dos hijos, Esquino y Ctesifonte, el segundo es un solterón jovial y permisivo, que ha adoptado a uno de sus sobrinos, concretamente a Esquino.

Esquino, el joven educado de manera liberal, se apodera de la cortesana Báquide, pero no lo hace para satisfacer sus propios instintos, como todos creen, sino para entregársela a su tímido hermano Ctesifonte, que no se atreve a obrar por miedo a su padre. En realidad, Esquino estaba enamorado de Pánfila, prototipo de muchacha pobre, pero virtuosa.

Al final, todo se descubre, y los dos jóvenes logran casarse con la muchacha a la que amaban: Ctesifonte, con la cortesana Báquide; Esquino, con la virtuosa Pánfila. Por su parte, el viejo Demea renuncia a los viejos principios que habían guiado la educación de su hijo.

Publio Terencio Afro fue un autor de comedias durante la República romana. Se desconoce la fecha exacta de su nacimiento, aunque Suetonio menciona que murió en 159 a. C. a la edad de treinta y cinco años. Sus comedias se estrenaron entre 170 y 160 a.C. A lo largo de su vida escribió seis obras, todas conservadas. En comparación, su predecesor Plauto escribió alrededor de ciento treinta obras y actualmente solamente disponemos de los textos de veintiuna de ellas.

De origen beréber, nació como esclavo romano (tomó su nombre del senador Terencio Lucano, en cuya casa sirvió) pero fue liberado por éste debido a que despertó admiración dadas sus extraordinarias cualidades. Posiblemente y debido a su nombre Afer ('el africano') sea oriundo de Cartago.

Como Plauto, Terencio adaptó obras griegas de la última época de la comedia ática. Fue más que un traductor, como han confirmado los descubrimientos modernos de antiguas obras griegas. Sin embargo, las obras de Terencio utilizan un escenario 'griego' más convincente en lugar de romanizar la situación: las convenciones de la época impedían que los sucesos 'frívolos' tuvieran lugar en Roma.

Terencio trabajó concienzudamente para escribir en un latín conversacional, y la mayor parte de los estudiosos consideran que su estilo es particularmente agradable y directo. Elio Donato, maestro de San Jerónimo, es el comentarista de Terencio más antiguo conocido. Su popularidad durante la Edad Media y el Renacimiento está atestiguada por la gran cantidad de manuscritos que contienen sus obras o parte de ellas; la estudiosa Claudia Villa ha estimado que existen 650 manuscritos que contienen su obra posteriores al año 800. La autora medieval Hroswitha de Gandersheim argüía que había escrito sus obras para que sus monjas no malgastasen su tiempo leyendo a Terencio.

La primera edición impresa de las comedias de Terencio data del año 1470 en Estrasburgo, mientras que no existe constancia de puestas en escena de sus obras hasta 1476, año en el que se representó Andria en la ciudad de Florencia. 




Mercado de esclavos (Gustave Boulanger, 1882)



Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt 



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jueves, 3 de enero de 2019

[UN CLÁSICO DE VEZ EN CUANDO] Hoy, con "Miles gloriosus", de Plauto




Talía, Musa de la Comedia, por Giovanni Baglione


En la mitología griega, Talía (Θάλεια) era una de las dos musas del teatro, la que inspiraba la comedia y la poesía bucólica o pastoril. Divinidad de carácter rural, se la representaba generalmente como una joven risueña, de aspecto vivaracho y mirada burlona, llevando en sus manos una máscara cómica como su principal atributo y, a veces, un cayado de pastor, una corona de hiedra en la cabeza como símbolo de la inmortalidad y calzada de borceguíes o sandalias. Era hija de Zeus y Mnemósine, y madre, con Apolo, de los Coribantes.

Les pido disculpas por mi insistencia en mencionar a los clásicos, de manera especial a los grecolatinos, y de traerlos a colación a menudo. Me gusta decir que casi todo lo importante que se ha escrito o dicho después de ellos es una mera paráfrasis de lo que ellos dijeron mucho mejor. Con toda seguridad es exagerado por mi parte, pero es así como lo siento. Deformación profesional como estudioso y amante apasionado de una época y unos hombres que pusieron los cimientos de eso que llamamos Occidente.

Continúo con esta nueva entrada la sección de Un clásico de vez en cuando dedicada a las obras de autores grecolatinos, subiendo al blog la comedia Miles gloriosus, de Plauto, que pueden leer en el enlace inmediatamente anterior, y ver completa en el vídeo al final de la entrada, en la representación que de la misma hace la compañía Clásicos Luna, del IES Pedro de Luna, de Zaragoza. Disfrútenla.

Miles gloriosus o El soldado fanfarrón, una de las obras más conocidas del dramaturgo latino Plauto, narra las aventuras y desventuras de Pirgopolínices, un soldado fanfarrón del que se burlan hasta los esclavos, que rapta a Filocomasia, cortesana ateniense, y se la lleva a Éfeso consigo; además, el mismo militar recibe como regalo de unos piratas a Palestrión, criado del joven ateniense Pléusicles, que estaba enamorado de Filocomasia, al igual que ella de él. Pléusicles viaja también a Éfeso para intentar recuperar a Filocomasia, y se hospeda en la casa contigua a la del militar. El criado hace un agujero en la pared, para que los enamorados puedan verse. Escéledro, uno de los criados del militar descubre a Filocomasia y Pléusicles besándose, pero ellos y Palestrión lo niegan, y les hacen creer que ha llegado de Atenas la hermana gemela de Filocomasia, que era la que se estaba besando con Pléusicles.

Con la complicidad de Periplectómeno, el viejo vecino del militar, Pleúsicles y Palestrión tienden entonces una trampa al soldado, haciéndole creer que la mujer del vecino está enamorada de él, y le envía un anillo de regalo como prueba de su amor. Palestrión aconseja al militar que abandone a Filocomasia, que la deje marcharse a Atenas con su hermana gemela y que además le regale sus joyas para ganarse su perdón. Pléusicles finge ser un capitán que viene a buscar a Filocomasia, de parte de su madre enferma. El militar libera a Palestrión en agradecimiento por sus servicios, y éste se marcha con Pléusicles y Filocomasia, que se finge apenada por tener que separarse del soldado. Cuando el soldado entra a casa del viejo, éste lo retiene y lo acusa de adúltero, y hace que su cocinero lo azote hasta que Pirgopolínices promete no tomar represalias contra nadie por los azotes recibidos.


Tito Maccio Plauto (254-184 a. C.) fue un comediógrafo romano, de la región de Umbria, que se trasladó a Roma de muy joven ejerciendo allí de soldado y comerciante. El amplio conocimiento del lenguaje marinero que atestiguan sus obras confirma este último dato. Posiblemente también realizó viajes por el Mediterráneo. Comenzó a escribir comedias adaptadas del griego. Se le atribuyeron hasta 130 obras, pero ya Varrón en el siglo I en su monografía De comoediis Plautinis, redujo su número a las 21 que se tienen por auténticas. Plauto se inspiró en los autores de la Comedia nueva griega. No se limitó a traducir, sino que adaptó los originales al gusto romano, e introdujo canciones y danza. A decir de los antiguos, tanta fue su estimación durante todo el Imperio, que algunos autores llegaron a afirmar que si las Musas hablaran latín lo harían con el estilo de Plauto. La complicación de las tramas obligó a Plauto no pocas veces a poner un pequeño prólogo declamado por un actor, cuya función era explicar los argumentos demasiado complejos para que el público no se desorientara.






Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt




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lunes, 26 de noviembre de 2018

[UN CLÁSICO DE VEZ EN CUANDO] Hoy, con "Anfitrión", de Plauto



Talía, Musa de la Comedia, por Giovanni Baglione


En la mitología griega, Talía (Θάλεια) era una de las dos musas del teatro, la que inspiraba la comedia y la poesía bucólica o pastoril. Divinidad de carácter rural, se la representaba generalmente como una joven risueña, de aspecto vivaracho y mirada burlona, llevando en sus manos una máscara cómica como su principal atributo y, a veces, un cayado de pastor, una corona de hiedra en la cabeza como símbolo de la inmortalidad y calzada de borceguíes o sandalias. Era hija de Zeus y Mnemósine, y madre, con Apolo, de los Coribantes.

Les pido disculpas por mi insistencia en mencionar a los clásicos, de manera especial a los grecolatinos, y de traerlos a colación a menudo. Me gusta decir que casi todo lo importante que se ha escrito o dicho después de ellos es una mera paráfrasis de lo que ellos dijeron mucho mejor. Con toda seguridad es exagerado por mi parte, pero es así como lo siento. Deformación profesional como estudioso y amante apasionado de una época y unos hombres que pusieron los cimientos de eso que llamamos Occidente.

Continúo con esta entrada la nueva sección de Un clásico de vez en cuando dedicada a las obras de autores grecolatinos, subiendo al blog la comedia Anfitrión, de Plauto, que pueden leer en el enlace inmediatamente anterior. Disfrútenla.

En Anfitrión, el dios Jupiter, enamorado de Alcmena, aprovechando la ausencia de su marido, Anfitrión, que está al frente de las tropas tebanas en su campaña contra los teléboas, toma el aspecto físico de éste para engañar a su esposa, con la que disfruta en el momento del comienzo de la comedia de una larga noche de amor. Le acompaña y asiste, bajo la apariencia de Sosia, esclavo de Anfitrión, su propio hijo, el dios Mercurio, que, en el papel de fiel y astuto esclavo de comedia, está dispuesto a todo con tal de favorecer los amores de su padre y señor. Y es precisamente en esta situación cuando se produce, tras el remate feliz de la guerra, el regreso de los verdaderos Sosia y Anfitrión, que va a brindar a los personajes divinos la posibilidad de burlarse de ellos y provocar las más divertidas situaciones. 

El primero en ser burlado será el esclavo Sosia, que, enviado por delante por Anfitrión para anunciar a su esposa su regreso victorioso, va a encontrarse con un doble (el dios Mercurio) que no está dispuesto a dejarle pasar y que acaba haciéndole dudar de su propia identidad y obligándole a regresar al puerto. A continuación, tras despedirse afectuosamente Júpiter de Alcmena, alegando la necesidad de su presencia al lado de sus tropas, se produce el regreso del verdadero Anfitrión, que escucha con asombro las increíbles afirmaciones de su esclavo sobre la existencia de otro Sosia, mucho más fuerte que él, que le cerró por la fuerza el camino de la casa y le impidió cumplir con su misión. Pero su asombro será aún mayor ante el frío recibimiento de su esposa, que, no menos sorprendida por el rápido regreso de su marido, se cree víctima de una burla por parte de él. Y este asombro se va a tornar en furia al enterarse de que él mismo acaba de dejarla tras pasar una noche juntos, para acabar convirtiéndose en desconcierto cuando su esposa, encajando con la admirable dignidad de una matrona inocente los cargos de infidelidad que su marido profiere contra ella, aporta pruebas fehacientes en favor de sus palabras. 

Tras el altercado, Anfitrión sale en busca de sus propios testigos. Entra entonces en escena de nuevo Júpiter, que, siempre bajo el aspecto de Anfitrión, para complicar más las cosas y, de paso, satisfacer un poco más su pasión, viene a solicitar el perdón de su esposa, calificando de simple broma todas las acusaciones pronunciadas. A continuación, mientras Júpiter disfruta nuevamente de los favores de Alcmena, regresa Anfitrión, pero Mercurio, apostado en el tejado de la casa y fingiendo una borrachera, le impide la entrada y aprovecha la ocasión para someterlo a una nueva sesión de burla. En este punto se abre en la comedia una amplia laguna en la que, juntándose en escena Júpiter y Anfitrión, debían de acusarse mutuamente de adulterio y ni siquiera Blefarón, piloto, era capaz de distinguirlos. Al final, tras el relato por boca de la despavorida Bromia del milagroso parto de Alcmena, que de una vez da a luz a dos gemelos, Hércules e Ificles que lo acompañan, el propio Júpiter, revelando su verdadera personalidad, aclara todo lo sucedido.

Tito Maccio Plauto (254-184 a. C.) fue un comediógrafo latino. Se trasladó a Roma de joven y allí fue soldado y comerciante. El amplio conocimiento del lenguaje marinero que atestiguan sus obras confirma este último dato, y posiblemente también realizó viajes por el Mediterráneo. Comenzó a escribir comedias adaptadas del griego. Se le atribuyeron hasta 130 obras, pero ya Varrón en el siglo I en su monografía De comoediis Plautinis, redujo su número a las 21 que se tienen por auténticas. Plauto se inspiró en los autores de la Comedia nueva griega. No se limitó a traducir, sino que adaptó los originales al gusto romano, e introdujo canciones y danza. A decir de los antiguos, tanta fue su estimación durante todo el Imperio, que algunos autores llegaron a afirmar que si las Musas hablaran latín lo harían con el estilo de Plauto. La complicación de las tramas obligó a Plauto no pocas veces a poner un pequeño prólogo declamado por un actor, cuya función era explicar los argumentos demasiado complejos para que el público no se desorientara.




Representación actual de Anfitrión, de Plauto



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jueves, 18 de octubre de 2018

[UN CLÁSICO DE VEZ EN CUANDO] Hoy, con "Pluto", de Aristófanes




Talía, Musa de la Comedia, por Giovanni Baglione


En la mitología griega Talía era una de las dos musas del teatro, la que inspiraba la comedia y la poesía bucólica o pastoril. Divinidad de carácter rural, se la representaba generalmente como una joven risueña, de aspecto vivaracho y mirada burlona, llevando en sus manos una máscara cómica como su principal atributo y, a veces, un cayado de pastor, una corona de hiedra en la cabeza como símbolo de la inmortalidad y calzada de borceguíes o sandalias. Era hija de Zeus y Mnemósine, y madre, con Apolo, de los Coribantes.

Les pido disculpas por mi insistencia en mencionar a los clásicos, de manera especial a los griegos, y de traerlos a colación a menudo. Me gusta decir que casi todo lo importante que se ha escrito o dicho después de ellos es una mera paráfrasis de lo que ellos dijeron mucho mejor. Con toda seguridad es exagerado por mi parte, pero es así como lo siento. Deformación profesional como estudioso y amante apasionado de una época y unos hombres que pusieron los cimientos de eso que llamamos Occidente.

Continúo con esta entrada la sección de Un clásico de vez en cuando dedicada a las obras de autores grecolatinos, subiendo al blog la comedia Pluto, de Aristófanes, que pueden leer en el enlace inmediatamente anterior. 

Aristófanes (444-385 a.C.) fue un comediógrafo griego, principal exponente del género cómico. Vivió durante la guerra del Peloponeso, época que coincide con el esplendor del imperio ateniense y su posterior derrota a manos de Esparta. Sin embargo, también fue contemporáneo del resurgimiento de la hegemonía ateniense a comienzos del siglo IV a.C. Leyendo a Aristófanes es posible hacerse una idea de las intensas discusiones ideológicas (políticas, filosóficas, económicas y literarias) en la Atenas de aquella época. Su postura conservadora le llevó a defender la validez de los tradicionales mitos religiosos y se mostró reacio ante cualquier nueva doctrina filosófica. Especialmente conocida es su animadversión hacia Sócrates, a quien en su comedia Las nubes lo presenta como un demagogo dedicado a inculcar todo tipo de insensateces en las mentes de los jóvenes. En el terreno artístico tampoco se caracterizó por una actitud innovadora; consideraba el teatro de Eurípides como una degradación del teatro clásico.

Pluto fue escrita hacia el 380 a. C., y la da título el dios griego de la riqueza, Pluto. Como la mayoría de las obras de Aristófanes, es una sátira política de la Atenas de la época incluyendo a un maestro estúpido, un esclavo insubordinado, y muchos ataques a la hipócrita moral de entonces (y de siempre).

La obra está protagonizada por Cremilo, un anciano ciudadano ateniense, y su esclavo Cario. Cremilo se ve a sí mismo y a su familia como virtuosos pero pobres. Está preocupado por ello y pide consejo a un oráculo. La obra comienza justo después de haber recibido el consejo de seguir al primer hombre con el que se encuentre y convencerle de que le acompañe a su casa, un "hombre" que resulta ser el dios Pluto.

La primera parte de la obra expone cómo la riqueza no es repartida entre los virtuosos, ni necesariamente entre los no-virtuosos, sino aleatoriamente entre toda clase de hombres. Pero Cremilo está convencido de que si se restituyera la vista a Pluto, estos errores podrían rectificarse y el mundo sería un lugar mejor. En la segunda parte de Pluto la diosa Pobreza refuta el razonamiento de Cremilo de que es mejor ser rico, argumentando que sin pobreza no habría esclavos, pues todos ellos podrían comprar su libertad, ni tampoco comidas o bienes lujosos, pues nadie trabajaría si todos fueran ricos. Al final de la obra, el dios Pluto,  con su vista ya sanada, da riquezas a algunos y se las quita a los que ve que no son virtuosos, provocando comentarios rencorosos y clamores de injusticia por parte de los que han perdido sus riquezas. Aristófanes lanza en Pluto a los dirigentes atenienses, casi todo ellos ricos, algunos de sus más mordaces ataques.




Representación teatral de Pluto, de Aristófanes



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"La verdad es una fruta que conviene cogerse muy madura" (Voltaire)

lunes, 17 de septiembre de 2018

[UN CLÁSICO DE VEZ EN CUANDO] Hoy, con "Las aves", de Aristófanes



Talía, Musa de la Comedia, por Giovanni Baglione


En la mitología griega, Talía (Θάλεια) era una de las dos musas del teatro, la que inspiraba la comedia y la poesía bucólica o pastoril. Divinidad de carácter rural, se la representaba generalmente como una joven risueña, de aspecto vivaracho y mirada burlona, llevando en sus manos una máscara cómica como su principal atributo y, a veces, un cayado de pastor, una corona de hiedra en la cabeza como símbolo de la inmortalidad y calzada de borceguíes o sandalias. Era hija de Zeus y Mnemósine, y madre, con Apolo, de los Coribantes.

Les pido disculpas por mi insistencia en mencionar a los clásicos, de manera especial a los grecolatinos, y de traerlos a colación a menudo. Me gusta decir que casi todo lo importante que se ha escrito o dicho después de ellos es una mera paráfrasis de lo que ellos dijeron mucho mejor. Con toda seguridad es exagerado por mi parte, pero es así como lo siento. Deformación profesional como estudioso y amante apasionado de una época y unos hombres que pusieron los cimientos de eso que llamamos Occidente.

Continúo con esta entrada la sección de Un clásico de vez en cuando, dedicada a las obras de autores grecolatinos, subiendo al blog la comedia Las aves, de Aristófanes, que pueden leer en el enlace inmediatamente anterior. Disfrútenla.

Las aves ganó el segundo premio en las Grandes Dionisias del año 414 a. C. Ha sido celebrada por críticos modernos que la consideran una fantasía alegre y un farsa de diversión llevada a cabo a la perfección. A diferencia de las obras tempranas del autor no se incluye en ella mención alguna a las guerras del Peloponeso, y hay pocas referencias a la política ateniense, a pesar de haberse escenificado poco después del inicio de la expedición a Sicilia. De las obras de Aristófanes que han llegado a nuestro tiempo es la de mayor extensión.

Dos an­cianos, Pistetero y Evélpides, se marchan de Atenas, de­masiado ocupada en delaciones y procesos, y se van a vi­vir como pájaros en medio de las nubes, fundando una ciudad entre el cielo y la tierra a la que ponen el nombre de Nefelococigia. Entre las aves está una abubilla, que no es otro que Tereo, rey legendario de Tracia, hijo de Ares, al que enloquecido tras haber devorado a su propio hijo, los dioses, apiadados, habían convertido en ave. La abubilla (el ave en que se transformó Tereo) y las demás aves de la nueva ciudad, ven las grandes ven­tajas que han obtenido con ello, pero pronto se ven invadidas por atenienses gorrones: un poeta, un vendedor de oráculos, un geómetra, un inspector de im­puestos y un vendedor de decretos. Pistetero logra expulsarlos de la ciudad, y también a la diosa Iris, la mensajera de Zeus, que ha entrado en ella por error y sin salvoconducto. Tras saber por Prometeo que los dioses padecen hambre porque los hombres han dejado de celebrar sacrificios, Pistetero recibe a una embajada del Olimpo, compuesta por Heracles y Posidón, que negocian la cesión del poder de Zeus a las aves, y la corona de la nueva ciudad y la mano de Soberanía, hija de Zeus, a Pistetero.  

Aristófanes (444-385 a.C.) fue un comediógrafo griego, principal exponente del género cómico. Vivió durante la guerra del Peloponeso, época que coincide con el esplendor del imperio ateniense y su posterior derrota a manos de Esparta. Sin embargo, también fue contemporáneo del resurgimiento de la hegemonía ateniense a comienzos del siglo IV a.C. Leyendo a Aristófanes es posible hacerse una idea de las intensas discusiones ideológicas (políticas, filosóficas, económicas y literarias) en la Atenas de aquella época. Su postura conservadora le llevó a defender la validez de los tradicionales mitos religiosos y se mostró reacio ante cualquier nueva doctrina filosófica. Especialmente conocida es su animadversión hacia Sócrates, a quien en su comedia Las nubes lo presenta como un demagogo dedicado a inculcar todo tipo de insensateces en las mentes de los jóvenes. En el terreno artístico tampoco se caracterizó por una actitud innovadora; consideraba el teatro de Eurípides como una degradación del teatro clásico.




Representación teatral de Las aves, de Aristófanes



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"Atrévete a saber" (Kant); "La verdad es una fruta que conviene cogerse muy madura" (Voltaire); "Estoy cansado de que me habléis del bien y la justicia; por favor, enseñadme de una vez para siempre a realizarlos" (Hegel)

lunes, 13 de agosto de 2018

[UN CLÁSICO DE VEZ EN CUANDO] Hoy, con "Pséudolo", de Plauto



Talía, Musa de la Comedia, por Giovanni Baglione


En la mitología griega, Talía (Θάλεια) era una de las dos musas del teatro, la que inspiraba la comedia y la poesía bucólica o pastoril. Divinidad de carácter rural, se la representaba generalmente como una joven risueña, de aspecto vivaracho y mirada burlona, llevando en sus manos una máscara cómica como su principal atributo y, a veces, un cayado de pastor, una corona de hiedra en la cabeza como símbolo de la inmortalidad y calzada de borceguíes o sandalias. Era hija de Zeus y Mnemósine, y madre, con Apolo, de los Coribantes.

Les pido disculpas por mi insistencia en mencionar a los clásicos, de manera especial a los grecolatinos, y de traerlos a colación a menudo. Me gusta decir que casi todo lo importante que se ha escrito o dicho después de ellos es una mera paráfrasis de lo que ellos dijeron mucho mejor. Con toda seguridad es exagerado por mi parte, pero es así como lo siento. Deformación profesional como estudioso y amante apasionado de una época y unos hombres que pusieron los cimientos de eso que llamamos Occidente.

Continúo con esta entrada la nueva sección de Un clásico de vez en cuando dedicada a las obras de autores grecolatinos, subiendo al blog la comedia Pséudolo, de Plauto, que pueden leer en el enlace inmediatamente anterior. Disfrútenla.

El Pséudolo (El impostor) de Plauto, trata el tema de la separación y unión de dos enamorados, con el engaño del personaje que impedía que se reunieran. La acción se desarrolla en una calle de Atenas, delante de las casas de Simón, padre del joven Calidoro, y del lenón Balión, el alcahuete que trabaja con cortesanas. El Pseudolus, probablemente la mejor y más característica de las comedias de Plauto, (siglos II-III a. C.) tiene una trama tópica, cuyo motivo central es el engaño llevado a cabo por un esclavo contra un lenón (alcahuete) para arrebatarle una cortesana amada por su amo y que había sido vendida a un soldado.

El joven Calidoro ama apasionadamente a Fenicia, una cortesana que pertenece al lenón Balión, pero no sólo carece de dinero necesario para rescatarla, sino que, para mayor desesperación, por una carta de la propia Fenicia,  averigua que su amada había sido vendida por veinte minas a un soldado. Éste ya ha pagado quince a cuenta y Balión solo espera que un mensajero suyo, debidamente acreditado por una contraseña, le abone las cinco restantes, para entregarle a la muchacha. El plazo fijado para la entrega expira, precisamente, aquel mismo día. En su impotencia, Calidoro acude a su esclavo Pséudolo, que promete solemnemente a su amo quitarle la cortesana al lenón o conseguir las veinte minas necesarias para el pago del rescate.

Tito Maccio Plauto (254-184 a. C.) fue un comediógrafo latino. Se trasladó a Roma de joven y allí fue soldado y comerciante. El amplio conocimiento del lenguaje marinero que atestiguan sus obras confirma este último dato, y posiblemente también realizó viajes por el Mediterráneo. Comenzó a escribir comedias adaptadas del griego. Se le atribuyeron hasta 130 obras, pero ya Varrón en el siglo I en su monografía De comoediis Plautinis, redujo su número a las 21 que se tienen por auténticas. Plauto se inspiró en los autores de la Comedia nueva griega. No se limitó a traducir, sino que adaptó los originales al gusto romano, e introdujo canciones y danza. A decir de los antiguos, tanta fue su estimación durante todo el Imperio, que algunos autores llegaron a afirmar que si las Musas hablaran latín lo harían con el estilo de Plauto. La complicación de las tramas obligó a Plauto no pocas veces a poner un pequeño prólogo declamado por un actor, cuya función era explicar los argumentos demasiado complejos para que el público no se desorientara.




Representación actual del "Pséudolo" de Plauto



Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt




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"Atrévete a saber" (Kant)
"La verdad es una fruta que conviene cogerse muy madura" (Voltaire)
"Estoy cansado de que me habléis del bien y la justicia; por favor, enseñadme de una vez para siempre a realizarlos" (Hegel)