sábado, 30 de abril de 2011

Diario de Sesiones de las Cortes de Cádiz - Abril de 1811






José I Bonaparte, Rey de España (1808-1813)






Octava entrega mensual del Diario de Sesiones de las Cortes de Cádiz. En esta ocasión, el correspondiente al mes de abril de 1811. Pueden acceder a él en este enlace de la página electrónica del Congreso de los Diputados español. Espero que les resulte interesante. Sean felices, por favor. Tamaragua, amigos. HArendt







La carga de los mamelucos (Francisco de Goya, 1746-1828)





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"Tanto como saber, me agrada dudar" (Dante)
"La verdad es una fruta que conviene cogerse muy madura" (Voltaire)

Galería de retratos de los Secretarios de Estado españoles durante el reinado de José I Bonaparte (1808-1813)

domingo, 24 de abril de 2011

Portugal: 25 de abril de 1974





Portugal, abril de 1974






Visité Portugal por vez primera en octubre de 1970. Había llegado en barco a Algeciras,desde Gran Canaria, junto con mi mujer y nuestra hija Myriam, que aun no había cumplido dos años. En Algeciras nos estaban esperando mis padres que habían venido desde Madrid. Pasamos allí la noche y al día siguiente partimos para Portugal, al que entramos por Rosal de la Frontera. En Lisboa nos alojamos en un pequeño hotel cuyo encargado, español, parecía odiar cordialmente a sus paisanos. Nos encantó la ciudad, aunque la encontramos "decadente". Por las noches, después de cenar, cuando mis padres ya estaban descansando, mi mujer y yo salíamos a pasear por la calles de la ciudad vieja con la niña en su cochecito... 

Desde Lisboa, subimos hacia el norte, hasta Oporto. Nos encantaron Nazaré, con sus barcos de pesca sobre la orilla de la playa, y Coimbra, un encanto de ciudad. Oporto, no tanto. Pero lo que más nos impresionó del viaje fue la escena que vimos en Fátima, a la que llegamos un 12 de octubre: decenas y decenas de soldados, con su uniforme de campaña, recorriendo de rodillas en compañía de esposas, madres e hijas la gran explanada que da acceso a la basílica.

Supusímos que eran soldados que daban gracias a la Virgen por haberles devuelto con vida de la sangrienta guerra que Portugal, la última potencia colonial de Europa, mantenía en sus posesiones africanas. Impresionaba de verdad el espectáculo.

Tres años y medio después, jóvenes oficiales del ejército, con la llamada "Revolución de los Claveles", que se iniciaba un 25 de abril de 1974, ponían fin a aquella anacrónica dictadura y a la guerra y devolvían su libertad a los portugueses. Y hacían que el régimen franquista en España pusiera sus barbas a remojar.

Una canción, "Grândola, Vila Morena", que treinta y siete años después aún hace que se me humedezcan los ojos cuando la escucho, se convirtió en icono de una revolución, casi incruenta: la "Revolución de los Claveles". Las prisas de algunos estuvieron a punto de llevarla al traste, pero como la Historia demuestra una y otra vez, las democracias cuando son reales tienen recursos para solventar todas las crisis. La portuguesa lo era y la solventó. Como solventará la que sufre ahora, con su propio esfuerzo y con la ayuda del resto de los europeos. No tengo la menor duda al respecto. Sean felices, por favor. Tamaragua, amigos. HArendt





Puente 25 de Abril (Lisboa)







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"Grândola, Vila Morena" (Portugal, 25 de Abril de 1974)

sábado, 23 de abril de 2011

Stéphane Hessel: ¡Indignaos, jóvenes de Europa!






Stéphane Hessel




Estoy con él, decididamente. "Él, es Stéphane Hessel, por supuesto. Y con el llamamiento a la juventud europea que se contiene en su libro-manifiesto "¡Indignaos!" (2), que pueden leer íntegramente en este enlace. Pero me abruma y desasosiega observar el ingenuo voluntarismo de muchos bienintencionados, la puerilidad ignorante de otros y el oportunismo de casi todos los que se indignan en estos días contra el capitalismo, el FMI, los bancos, la Unión Europea, los gobiernos y la democracia liberal...  Cuidado, mucho cuidado con las utopías y las revoluciones que prometen un mundo distinto y mejor. Ya sabemos como comienzan, pero también como terminan; algunas, la mayoría, en un baño de sangre.... Las utopías no dejan de ser ideologías, y las dos grandes ideologías que alumbró el pasado siglo XX, no acabaron con el mundo por pura casualidad y no trajeron a Europa nada más que sufrimiento, muerte y desolación... Mucho ojo con ese "Fiat iustitia et pereat mundus" (Hágase justicia y perezca el mundo) del emperador Fernando I (siglo XVI). Nunca la utopía debería estar por encima de los seres humanos.

Vuelvo a mi siempre inagotable fuente de inspiración, Hannah Arendt: "Una ideología difiere de una simple opinión en que afirma poseer, o bien la clave de la Historia, o bien la solución de todos los "enigmas del Universo" o el íntimo conocimiento de las leyes universales ocultas que, se supone, gobiernan a la Naturaleza y al hombre. Pocas ideologías han ganado suficiente importancia como para sobrevivir a la dura lucha competitiva de la persuasión y solo dos han llegado a la cima y han derrotado esencialmente a las demás: la ideología que interpreta a la Historia como una lucha económica de clases y la que interpreta a la Historia como una lucha natural de razas" ["Los orígenes del totalitarismo. II. Imperialismo" (Alianza, Madrid, 1987)]. 

¡Indignaos, jóvenes! ¡Tenéis todas las razones para hacerlo! Reclamad la herencia de vuestros padres y engrandecedla; pero no tiréis por la borda cuanto ellos os legaron. Luchad contra los que la han dilapidado y expulsadlos, pero no sigáis a los que os prometen utopías y mundos futuros que solo existen en su imaginación. Indignaos, pero no dejéis que la cólera enturbie vuestra razón. Y sed felices a pesar de todo, por favor. Al menos, intentadlo. Tamaragua, amigos. HArendt





Portada de "¡Indignaos", de Stéphane Hessel





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"¡Indignaos", de Stéphane Hessel

viernes, 22 de abril de 2011

Federalismo mejor que nacionalismo





Caricatura antifederalista (España, siglo XIX)




¡Me importan un huevo y la mitad del otro el ir contracorriente y el lenguaje políticamente correcto!, pero es que estoy hasta los mismísimos cojones del nacionalismo y de los nacionalistas, incluido el español, por supuesto... Detesto el nacionalismo, el cáncer de Europa, lo han llamado: el canario, el catalán, el vasco, el gallego, el andaluz, el extremeño, el español, el finlandés, el francés, el alemán, el británico, el lituano, el maltés, el padano, el serbocrata..., y el madrileño; sí, el madrileño también... ¿Qué coño pintaban esas miles de banderas nacionales españolas flameando en Mestalla durante la final de la Copa de Rey de áquel año entre el Real Madrid C.F. y el Barcelona F.C.? ¿Qué creen esos zafios e ignorantes energúmenos, que la final era entre un equipo español y otro de las antípodas? ¿Piensan acaso que más allá de la M-30 todo es "tierra conquistada" y que España es solo el territorio y las gentes que rodea esa autovía? El Real Madrid, que es un grandísimo equipo, no se merece tener algunos de los seguidores que tiene. 

Soy un federalista convencido. No solo creo que el federalismo, tal y como lo expusieron a finales del siglo XVIII los ilustrados norteamericanos Hamilton, Madison y Jay en su memorable libro "El Federalista" [Fondo de Cultura Económica, México, 1994] es la forma más perfecta de organizar políticamente una sociedad, es decir, de organizar un Estado, sino que como expreso en la columna de presentación del blog es también el mejor marco donde desenvolver y desarrollar la autonomía personal, el autogobierno de los pueblos y los estados, y la democracia como procedimiento y fin en sí misma. 

Llevo años defendiendo en cuantos foros académicos, sociales y políticos me han dado pie para ello que Canarias debería configurarse políticamente Canarias como una federación de las islas que componen su archipíelago,  dentro del Estado federal español. Ni los municipios, ni las provincias, ni las regiones, ni las naciones ni los estados son entidades naturales; todos sus límites y fronteras son creación humana, artificiales. Las islas, en los archipiélagos nos vienen dadas por la naturaleza. Canarias nunca podrá organizarse políticamente de manera correcta si no se tiene en cuenta ese hecho fundamental. Por eso defiendo para mi patria chica (tengo otras dos mayores que la engloban: España y Europa) una organización política federal. Algo tan sencillo como dotarla de un parlamento bicameral en el que esté representado todo el pueblo de Canarias en una cámara, y cada una de sus islas, en un plano de igualdad, en otra. [v. la etiqueta de la voz "Canarias" en el blog, y especialmente la entrada titulada "Canarias en la picota", del 29 de enero de 2009], junto a una aplicación estricta del "principio de subsidiariedad": lo que pueda hacer la isla mejor que la región que lo haga la isla; lo que pueda hacer la región mejor que el estado, que lo haga la región; lo que pueda hacer mejor el estado que la Unión, que lo haga el estado.

Supongo que habrá otros caminos, pero yo no veo otro mejor ni más idóneo para organizar políticamente las sociedades complejas y democráticas del sigo XXI, tanto en España como en Europa, que el federalismo. También es la opinión de Javier Tajadura, profesor titular de Derecho Constitucional en la Universidad del País Vasco y autor de "El principio de cooperación en el Estado Autonómico. El Estado Autonómico como Estado Federal Cooperativo" (Comares, Granada, 2010), cuya tesis central comparto plenamente, y que el.pasado 7 de enero publicaba en el diario El País un brillante artículo al respecto titulado "El horizonte federal de España" con cuya lectura les dejo. Sean felices, por favor. Tamaragua, amigos. HArendt



Palacio del Senado (Madrid)




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El profesor Javier Pérez Royo habla del federalismo

jueves, 21 de abril de 2011

Louis-Ferdinand "Céline": En el lado oscuro






El escritor Louis-Ferdinand "Céline" (1894-1961)




El próximo 1 de julio se cumplen cincuenta años de la muerte del escritor francés Louis-Ferdinand  Destouches (1894-1961), más conocido en el mundo de la literatura como "Céline". Para algunos, el más importante escritor en lengua francesa del siglo XX. El gobierno francés tenía preparado para la conmemoración una serie de actos oficiales en su homenaje, pero se han quedado en nada. La razón, la denuncia de organizaciones judías francesas que no le perdonan su pasado antisemita. La historia la traía a colación el diario El País del pasado 20 de febrero en un interesante reportaje titulado "¿Qué hacemos con los genios infames?", firmado por el periodista Javier Rodríguez Marcos. No dejen de leerlo porque realmente merece la pena


Hannah Arendt en su libro "Los orígenes del totalitarismo: I. Antisemitismo" (Alianza, Madrid, 1987) dice de Louis-Ferdinand 'Celine' cosas terribles. "Poseía una tesis sencilla e ingeniosa, que contenía toda la imaginación ideológica de que había carecido el más racional antisemitismo francés. Afirmaba que los judíos habían impedido que Europa evolucionara hasta formar una entidad política, habían provocado todas las guerras europeas desde el año 843 y habían conspirado para arruinar tanto a Francia como Alemania, incitando su hostilidad mutua. 'Celine' ofreció esta fantástica interpretación de la Historia en "L'École des Cadavres", escrita en la época del pacto de Munich y publicada durante los primeros meses de la guerra. Un folleto anterior sobre el mismo tema, "Bagatelle pour un massacre" (1938), aunque no incluía la nueva clave de la historia de Europa, resultaba notablemente moderno por su forma de abordar el tema: evitaba todas las diferenciaciones restrictivas entre judíos nativos y judíos extranjeros, entre judíos buenos y judíos malos, y no se molestaba en complejas propuestas legislativas (característica particular del antisemitismo francés), sino que iba derecho al fondo de la cuestión y pedía la matanza de todos los judíos".

Es cierto que el estallido de una guerra civil puede coger a cualquiera en el lado equivocado y en el momento más inoportuno. La II Guerra Mundial fue sin duda, la última gran contienda civil europea. Pero fue también y sobre todo una guerra ideológica, y cuando la adscripción a una ideología resulta previa y voluntaria al estallido de la misma, es mucho más complicado encontrarle justificación a esa caída en "el lado oscuro". 

Para algunos, se dice en el reportaje, esa adcripción "fue un sarampión -Mies van der Rohe, Mircea Eliade, Günter Grass-; para otros -Giuseppe Terragni, Pierre Drieu La Rochelle o el Nobel noruego Knut Hamsun-, una enfermedad crónica. Eso en la versión fascista, porque la versión estalinista del sarampión afectó a medio Parnaso, de Pablo Neruda a Rafael Alberti, que en 1937, durante una visita a la URSS, quedó fascinado por Stalin, por "su bondad, su conocimiento de la gente, su deseo de verla feliz".

El caso de Knut Hamsun, el escritor noruego Premio Nobel de Literatura en 1920, del que escribí en mi entrada del 20 de diciembre de 2009 [v. "El caso Knut Hamsun"] resulta paradigmático al respecto. Considerado el escritor más influyente del siglo XX, al finalizar la contienda mundial fue procesado y condenado por los tribunales noruegos por colaboración con el régimen nazi de ocupación. Él nunca reconoció haber traicionado a su patria.

La cuestión como dice el autor del reportaje al final del mismo, es que "el día que "Céline" nos resulte tan lejano como Quevedo algo se habrá ganado pero algo se habrá perdido. Significará que el horror que contribuyó a encender se ha vuelto para nosotros más ajeno que la belleza que él mismo consiguió crear. Entre tanto, habría que prescindir de la brocha gorda para asumir de una vez por todas que los buenos escritores son a veces malas personas. Y, de paso, asumir que para reconocer la grandeza de un artista no hace ir con flores a su tumba".

Solo he encontrado un vídeo en español sobre "Céline", titulado "Un diamante negro como el infierno", y lo he añadido como complemento a esta entrada del blog. Al enlazarlo podrán acceder si lo desean a otra serie de vídeos sobre él tanto en francés como en inglés. Espero que les resulten interesantes. ¡Ah, y Felices Pascuas a todos los creyentes y Felices Fiestas a los que no lo sean!, pero intenten ser felices en todo caso, por favor. Tamaragua, amigos. HArendt









La Academia Francesa (París)







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Louis Ferdinand Celine. Un diamante negro como el Infierno

lunes, 18 de abril de 2011

Roma




Comencé a escribir esta entrada el 15 de mayo de 2010. Mi intención era hacer un relato sobre los recuerdos que tenía de Roma. Y lo primero que recordaba es que, de entrada, lo que más me había impresionado no había sido su monumentalidad ni su historia, ni la exuberancia barroca de sus iglesias, plazas y fuentes, ni el esplendoroso testimonio de sus ruinas milenarias. No, lo que me había impresionado a primera vista había sido el caótico tráfico de la ciudad: un caos autordenado, eso sí, que parecía funcionar y sonar como una sinfonía de perfecta ejecución. Luego fui descubriendo todos los demás encantos y emociones que Roma guarda para el visitante, claro está, pero mi primera impresión de Roma fue algo tan prosaico como lo citado. 

He guardado ese borrador celosamente durante once meses en la memoria de mi portátil (uno más del centenar que tengo almacenado en ella como posibles nuevas entradas del blog) y no creo que hubiera acabado publicado sino llegar a ser por la intromisión, brillante como casi todas las suyas, de mi hija Ruth de hace unos días, que me ha animado a rescatarla. La publico sin terminar; tal y como la dejé en su momento, apenas esbozada. Con una salvedad, que no dejen de leer el delicioso reportaje que me llevó a escribirla...  Apareció publicado en la revista El Viajero de esa misma fecha, firmado por el periodista Enric González, con el título de "Historias de Roma". Reportaje que termina con la encomiosa recomendación del autor de que no se pierdan si tienen ocasión de presenciarlo el más maravilloso de los espectáculos que un mortal puede gozar en la Ciudad Eterna: ver caer la nieve en el interior del Panteón... Yo no lo he visto, aún, pero espero hacerlo algún día. En cada una de las ocasiones en que he visitado Roma, me he dejado muchas cosas por ver premeditadamente. Así, siempre encuentro una excusa para volver... La próxima tengo claro que me gustaría pasar una noche entera de verano deambulando por el Trastévere. Les dejo con mi crónica inacabada sobre Roma. Quizá en algún momento me anime a continuarla; solo quizá... 

Quince días en Roma dan para mucho, o para poco… Depende de las dotes de organización del visitante, de sus gustos estéticos, de sus posibilidades económicas, de su capacidad física. Sí, de su capacidad física, pues las calles de Roma están empedradas con adoquines y el asfalto brilla por su ausencia aun en las avenidas más afamadas y transitadas. Y además, lo de las Siete Colinas sobre las que se asentaba la ciudad en su fundación, se hace notar al paseante.

Lo primero que percibe el viajero nada más llegar a Roma es la fluidez con que discurre el aparente caos circulatorio de la ciudad. Es como si ese caos se autorganizara entre automovilistas, motoristas (¡muchos motoristas!) y peatones, que interaccionan entre sí, cada uno a su aire, sin inmiscuirse unos en la ruta de otros. Ves muchos policías y carabineros armados custodiando los numerosos edificios oficiales del centro de la ciudad, pero desde luego a ninguno de ellos parece preocuparles lo más mínimo la circulación. Los pasos de cebra no existen, o sólo son pintadas en el suelo; los semáforos, un adorno más de la ciudad. Los coches, y sobre todos las motos, circulan a una velocidad endiablada sorteándose unos a otros y, por supuesto, a los peatones. Se aparca en los sitios más inverosímiles y en las posiciones más extrañas y los peatones cruzan las calles y avenidas como pueden y donde pueden y donde quieren y como quieren. Curiosamente, no se ven apenas atascos ni siquiera a las horas centrales, no se oyen conciertos de cláxones, los peatones no insultan a los conductores ni estos a los peatones. En resumen: un caos absolutamente ordenado.

Nosotros hemos estado alojados en dos sencillos y cómodos hoteles. El primero, el Hotel Kent, junto a Porta Pia, una de las puertas de la muralla de Roma que daban acceso a la ciudad. Porta Pía fue precisamente la puerta por la que entraron en Roma las tropas italianas que incorporaron por la fuerza la ciudad al Reino de Italia en 1870, obligando al papa a recluirse en el Vaticano, de donde no volvió a salir ninguno de ellos hasta que lo hiciera Juan XXIII, a mediados del pasado siglo. En nuestra segunda visita a Roma lo hicimos en el Hotel Morgana, a unos doscientos metros de la imponente estación central de Roma, la famosa Estación Términi, y muy cerquita de la más hermosa de las basílicas romanas, la de Santa María la Mayor, territorio vaticano y no italiano, por cierto, al igual que las de San Juan de Letrán y San Pablo Extramuros. En la Piazza del Cinquecento, frente a la fachada principal de Termini, se pueden coger casi todas las líneas de autobuses urbanos que recorren Roma y tienen allí su parada terminal. Y entonces fuimos conscientes de una segunda percepción: y esta  es que los autobuses urbanos de Roma no son gratuitos pero que nadie paga. Los autobuses de Roma no tienen cobrador; el conductor se limita a conducir, y no expide billetes. Estos tienen que comprarse en los quioscos de prensa, las terminales de autobuses, los estancos, las librerías o incluso en bares y restaurantes. Hay varios tipos de billetes: el normal, a 1 euro, se puede utilizar todas las veces que se desee durante los setenta y cinco minutos siguientes al momento en que se pique por vez primera en cualquier autobús, o por una sola vez si viajas en metro (Roma sólo tiene dos líneas de metro que se cruzan, como no, en la Estación Termini). Luego, existe otro billete, a 4 euros, que te sirve para subir a cualquier tipo de transporte público (autobús o metro) todas las veces que desees a lo largo del día en que lo piques por primera vez. Los visitantes “aprenden” enseguida que las probabilidades de que suba un inspector y te pille sin billete son mínimas, y los romanos, por lo que se ve, lo saben de antiguo. Conclusión, los transportes públicos de Roma no son gratuitos, pero no paga nadie. A pesar de lo cual los autobuses son limpios, cómodos, rápidos, pasan con una frecuencia envidiable, llegan a todos los puntos de la ciudad y en cada parada está señalado todo el itinerario de la línea que corresponda. Como no todo va a resultar tan fácil hay que señalar una pega: las paradas, salvo excepciones, no están denominadas por lugares turísticos o monumentales sino por calles o avenidas que al visitante no le suenan de nada, y por otro lado, es relativamente frecuente coger el autobús en la acera equivocada y terminar en el lugar opuesto a aquél al que pretendías llegar… A nosotros nos pasó en más de una ocasión...

Y ahí dejé mi crónica. Si he logrado llamar su atención pinchen ahora en el enlace que les llevará hasta el reportaje de Enric González. Lo van a disfrutar, con seguridad. Y en cuanto pueden vayan a Roma y píérdanse por ella. Y sean felices, por favor, que este valle de lágrimas no da para mucho más... Tamaragua, amigos. HArendt




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El Panteón (Roma)

sábado, 16 de abril de 2011

Españoles y judíos





Tergiversando la Historia




¿Somos los españoles de 2011 antisemitas, antijudíos, o solo antiisraelíes? ¿Acaso las tres cosas a la vez? Un  reportaje del periodista Juan G. Bedoya titulado "La crisis dispara el odio antijudío en España", en El País del pasado 30 de marzo, daba algunas claves para responder esa pregunta, pero quizá, antes de responderla deberíamos llegar a algún tipo de acuerdo sobre la definición de los términos citados. Recurramos para ello a algo tan sencillo como consultar el Diccionario de la Real Academía Española: 

- antisemita: 1. adj. Enemigo de la raza hebrea, de su cultura o de su influencia. Apl. a pers., u. t. c. s.

- judío, a: (Del lat. Iudaeus, y este del hebr. yĕhūdī). 1. adj. hebreo (‖ del pueblo semítico que conquistó y habitó la Palestina). Apl. a pers., u. t. c. s. // 2. adj. Perteneciente o relativo al que profesa la ley de Moisés. // 3. adj. Natural de Judea. U. t. c. s. // 4. adj. Perteneciente o relativo a este país del Asia antigua.

- israelí: 1. adj. Natural de Israel. U. t. c. s. // 2. adj. Perteneciente o relativo a este país de Asia.

Parece claro que antisemitismo, antijudaísmo o antiisraelismo, no son exactamente lo mismo ni obedecen a  las mismas causas. Sigue en pie la pregunta. ¿Somos los españoles antisemitas, antijudíos o antiisraelíes? ¿No estará mal formulada la pregunta?

La escritora norteamericana de origen judeo-alemán Hannah Arendt en el prólogo a la primera parte de su trilogía "Los orígenes del totalitarismo" (Alianza, Madrid, 1987), la dedicada al "Antisemitismo" (las otras dos son "Imperialismo" y "Totalitarismo") escribía en julio de 1967 lo siguiente: "El antisemitismo es una una ideología secular decimonónica -cuyo nombre, aunque no su argumentación, era desconocido hasta la década de los años setenta de ese siglo- y el odio religioso hacia los judíos, inspirado por el antagonismo recíprocamente hostil de dos credos en pugna, es evidente que no son la misma cosa; e incluso cabe poner en tela de juicio el grado en que el primero deriva sus argumentos y atractivo emocional del segundo". 

Descartada la religión como fundamento de ese presunto antisemistismo de los españoles quedan la raza, o lo que es lo mismo, el odio a los judíos como pueblo, la economía o la historia...

Del resultado de una encuesta encargada en otoño pasado por el Ministerio español de Asuntos Exteriores y Cooperación -se dice en el reportaje- se desprendía que el 58,4% de los españoles se declaraba antisemita, muy por encima de la media europea, según el Informe sobre Antisemitismo 2010. La justificación, que "los judíos tienen mucho poder porque controlan la economía y los medios de comunicación". Y también, que más de un tercio de los encuestados (34,6%) tiene una opinión desfavorable o totalmente desfavorable de esa comunidad religiosa, que en España apenas suma 40.000 personas

Llamativo resulta que la extrema derecha tenga una opinión menos desfavorable de los judíos (34%) que el centro izquierda (37,7%), y que la simpatía hacia los judíos en la extrema derecha (4,9 en la escala de 0 a 10) es superior a la de la media de la población (4,6). O que entre los que reconocen tener "antipatía hacia los judíos", sólo un 17% aduzca que ésta se deba al conflicto de Oriente Medio. Por el contrario, no sucede así en los medios de comunicación, donde el auge del antisemitismo sí está en función de ese conflicto.

La crisis económica -se añade- ha agravado la situación, por el supuesto poder económico que la encuesta atribuye a los judíos españoles pese a significar apenas un 1% de la población total nacional. Dos tercios (62,2%) del 58,4% que opina que "los judíos tienen mucho poder porque controlan la economía y los medios de comunicación", son universitarios. El porcentaje sube hasta el 70% entre los que afirman "tener interés por la política". Es decir, los más antisemitas son supuestamente los más formados e informados.

Como descendiente de judíos conversos y como historiador es éste un tema que me resulta apasionante y apasionado. Ya he escrito sobre él en anteriores ocasiones [v. mi entrada del blog de fecha 11 de mayo de 2008: "La Noche de los Cristales: 70.º Aniversario"] o en la más reciente, del 8 de diciembre de ese mismo año (v. "Genética española"] en la que comentaba un artículo del historiador y genetista, el profesor Javier Sampedro [v. "Sefardíes y moriscos siguen aquí"]. Se dice en él que las investigaciones científicas más recientes realizadas sobre los genes de los españoles llevan a la conclusión de que el 20 por ciento de la población española actual son descendientes de conversos, es decir, de los aproximadamente 240000 judíos sefardíes que en 1492 se quedaron en España y se convirtieron al catolicismo de grado o por fuerza.

Algunos sabemos nuestro origen y nos sentimos orgullosos de ello. Otros, quiero suponer, que ni lo saben ni lo creen. Pero ese es su problema. Y en relación con la pregunta que me hacía al comienzo: ¿son los españoles actuales antisemitas, antijudíos, antiisraelíes, o las tres cosas a la vez?, mi opiniòn personal es que sí, en lo cual coincido con el resultado de la encuesta citada anteriormente, pero en cuanto a las causas, pienso, sinceramente, que solo es producto de la ignorancia de la mayoría de mis conciudadanos sobre su propia historia. Sean felices, por favor. Tamaragua, amigos. HArendt








La expulsión de los sefardiés (Emilio Sala, 1850-1910)






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Yasmin Levy canta sobre la "judería española" en sefardí

jueves, 14 de abril de 2011

Los españoles y la democracia





Ellos hicieron posible la democracia





14 de abril: 80.º aniversario de la proclamación de la república. Una buena fecha para recapacitar sobre aquella esperanza truncada que no fructificó por culpa de casi todos sus contemporáneos; de unos más que de otros, por supuesto, pero en la que todos colaboraron para que fracasara. Y sobre la democracia, por fin asentada, con todos los defectos inherentes a cualquier institución humana. Y sobre los críticos a la democracia, de los que habla con sabiduría y acierto Robert A. Dahl en su libro "La democracia y sus críticos" (Paidós, Barcelona, 1993), un análisis espléndido de sus límites y posibilidades. Quizá es que le pedimos demasiado (a la democracia) olvidándonos, como dijo Sir Winston Churchill, de que es el peor sistema de gobierno posible, si excluimos todos los demás...


Desde luego no tienen mal juicio de ella la mayoría de los españoles si nos atenemos a los resultados de la encuesta realizada por Metroscopia y publicada por El País el pasado 27 de marzo. Que con la que está cayendo la mayoría de los ciudadanos, un 88 por ciento muestren su adhesión a la democracia, es prueba palpable de su madurez política y también de una verdad casi universal: las democracias asentadas tienen recursos suficientes para superar cualquier crisis económica sin convertirla en una crisis social ni política. Una mala noticia para los catastrofistas y agoreros de izquierda, derecha y mediopensionistas, pero que le vamos a hacer, esa es la verdad que se desprende de la misma...

Sorprenden algunos datos de la encuesta: por ejemplo, que la mayoría de los españoles son mucho más tolerantes y respetuosos con las opiniones ajenas que su clase política; que nadie tiene derecho a considerarse en posesión de la verdad; que la democracia es buena como sistema de gobierno (a pesar de los políticos y la crisis económica); y que la corona y el ejército son las instituciones mejor valoradas por los ciudadanos (algo que el izquierdismo de salón no entiende ni aunque le asen a fuego lento).

Menos sorprendente resulta la valoración absolutamente negativa de los dirigentes políticos, tanto del gobierno como de la oposición, y sobre todo de las organizaciones partidistas que los sustentan (un 89 por ciento) a pesar de reconocer que los partidos son necesarios para el buen funcionamiento de la democracia.

Y un dato más que curioso y relevante, un 80 por ciento reconoce sentirse orgulloso de la forma en que se llevó a cabo la transición a la democracia y de los políticos que la llevaron a cabo y del espíritu de consenso que la presidió. ¡Ah!, y de la necesidad de llevar a término una "segunda transición" con el mismo espíritu de tolerancia, respeto y búsqueda de consenso de la primera que incluya una revisión de la Constitución que consideran absolutamente necesaria (posibilidad de revisión que provoca sarpullidos en la cavernícola derecha que aspira a gobernarnos). Como ven, nada más alejado de las preocupaciones, ocupaciones y objetivos a corto plazo de nuestra clase política. Y luego se quejan... ¡Los pobres, es que son unos incomprendidos!... Sean felices a pesar de todo, por favor. Tamaragua, amigos. HArendt






Españoles del siglo XXI








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Historia de la Transición Española

miércoles, 13 de abril de 2011

Maleta en mano






El Panteón (Roma)






Hace cinco años estando en Roma, me dije que intentaría ir cada cinco años a la Ciudad Eterna. Y si llego a Las Canteras me daré con un canto en los dientes pero la ilusión no se rompe. Una de mis grandes pasiones es viajar, lo malo es que no es tan rentable como el gusto al paseo; pero gracias a la imaginación y al canal VIAJAR, he vuelto a Roma por mi aniversario.

Nada como ponerte un documental sentadita en el sofá de casa y volver a vivir los cafés a las siete de la tarde y un frío espeluznante, fui en marzo. Y lo mejor de todo, ¡ni aviones ni aeropuertos! Vaya tembleque tenía el avión cuando despegó del Fiumicino. Que me encante viajar, no significa que me gusten los aviones, más bien todo lo contrario; pero la estancia compensa la mayoría de las veces.

No sé ustedes pero yo viajo unas cuatro veces al año al extranjero, especialmente a Europa. Escojo un país, luego una región, llamo a mi amigo Google y empiezan los nervios. Busco los vuelos, planeo la ruta (imprimo un mapa de la zona y voy marcando con colorines los puntos a visitar) escojo los hoteles, el coche si hace falta; en ese caso, voy a la guia Repsol, calculo las rutas y hasta los peajes. Hago una lista de los monumentos y sitios a visitar ( busco fotos, claro está) , mido hasta el tiempo que hay que dedicar en cada sitio. Vamos, que no hago una presentación en power point porque sería excesivo. Cuando ya está todo, se lo enseño a mis padres, a mi marido, en el trabajo y... entonces miro la cuenta del banco y digo: ¡Qué bonito fue! ¡Qué bien me lo pasé! Otro año volveré a visitar lo que me faltó. El año pasado me hice una ruta de Barcelona al Montblanc que ufffff mañana mismito me iba.

Mi marido dice que me dedique a la organización de viajes, así que si alguien quiere... por un módico precio hacemos vacaciones mejores que El Corte Inglés. Hasta otra, nos vemos. ¿En Roma...?  Ruth








El Foro (Roma)





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"Tanto como saber, me agrada dudar" (Dante)
"La verdad es una fruta que conviene cogerse muy madura" (Voltaire)

"La dolce vita" (Fellini, 1960)

domingo, 10 de abril de 2011

Sortu y el Digesto de Justiniano







Fachada del Tribunal Supremo (Madrid)






Después de mi entrada del pasado 7 de febrero, "Servidumbre y grandeza de la democracia", que concluía con una apelación a esperar la resolución final de los jueces, no tenía la menor intención de volver a escribir sobre el asunto de Sortu, el grupo político de la izquierda radical vasca al que la ha sido denegada por el Tribunal Supremo su inscripción como partido y con ello la posibilidad de presentarse a las elecciones locales del próximo mes de mayo. Un hecho reciente, la manifestación de ayer sábado en Madrid de diversas asociaciones de víctimas del terrorismo contra toda posible legalización de Sortu, me anima a plantear de nuevo algunas consideraciones al respecto. 

Sobre la manifestación de ayer quisiera dejar constancia de mi respeto por las asociaciones convocantes de la misma pero también de mi desasosiego por los insultos al gobierno, que no por esperados y reiterativos, dejan de ser preocupantes por lo que tienen de demagógicos y sobre todo de falsedad al acusarle de complicidad con los terroristas. Que lo digan los manifestantes, puede admitirse porque forma parte del guión; que lo piense y lo diga el partido que aspira a sustituir al gobierno de la nación en 2012 resulta desvorgonzado pero sobre todo clarificador sobre el concepto de democracia que manejan algunos dirigentes del PP. 

Desde mis profundas convicciones federalistas siento una animadversión rayana en el desprecio por el nacionalismo radical e independentista, pero ese juicio moral (o prejucio, si lo prefieren así) por mi parte, no puede ser óbice para reafirmarme en los criterios que exponía en la entrada citada del blog. Me gustaría reproducir una frase del político frances Georges Clemencau, pronunciada a finales del siglo XIX en relación con el afer Dreyfus: "Cuando se infringen los derechos de uno se infringen los derechos de todos". ¿Esa afirmación presupone por mi parte reconocer a Sortu su derecho a participar en política siempre que respete  la legalidad vigente? Por supuesto que sí. Me remonto al Derecho Romano, y en concreto al Digesto (Aranzadi, Pamplona, 1968) de Justiniano, publicado el año 533 d.C., base y fundamento del derecho civil occidental, en el que se recoge el famoso aforismo "In dubio pro reo" (Digesto: L, 17, 155), obviado por el Tribunal Supremo en su sentencia a juicio de siete de los dieciséis magistrados de la Sala 61 que ha dictado la resolución denegando la inscripción de Sortu en el registro de partidos políticos. 

 No voy a entrar en el análisis material del contenido de la sentencia mayoritaria ni del voto particular de los magistrados discrepantes de la misma. De cualquier modo se trata de una resolución de indudable importancia jurídica porque es la primera vez que una minoría de nada menos que un 44% de los magistrados de una Sala del Tribunal Supremo anteponen la primacía de los derechos fundamentales reconocidos por la Constitución a los ciudadanos, entre ellos el de participar en política mediante la formación de partidos, a cualquier otra consideración legal o de oportunismo político.

Les confieso con cierto pudor que el desencadenante, trivial y anecdótico, que me ha empujado definitivamente a publicar este entrada tan políticamente incorrecta ha sido una película vista esta misma tarde por televisión: "Cinco minutos de gloria", un film del año 2009 del cineasta alemán Oliver Hirschbiegel, interpretado por Liam Neeson y James Nebit, sobre la violencia  política y terrorista que asolaba Irlanda del Norte hace una treintena de años, pero también, conseguida la paz, sobre la necesidad del perdón y del olvido. Sino somos capaces de entender algo tan sencillo como esto es que no hemos entendido nada... Sean felices a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt






Dirigentes del PP en la manifestación de ayer en Madrid







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Entrada núm. 1362 -
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"La verdad es una fruta que conviene cogerse muy madura" (Voltaire)

"Cinco minutos de gloria" (2009), de Oliver Hirschbiegel