sábado, 30 de mayo de 2009

Día de Canarias

Aparquemos hoy discusiones, desavenencias, enfrentamientos y desencuentros. Es nuestro día: 30 de Mayo, Día de Canarias. Como dice un el famoso villancico navideño canario "hoy somos todos una sobre el mismo mar". ¡Feliz Día de Canarias! Tamaragua, amigos. (HArendt)







Entrada 1157 (.../...)

miércoles, 27 de mayo de 2009

¡Campeones!


¡El F.C. Barcelona, campeón de Europa! ¡Vaya temporada 2008-2009, para recordar...! Sean felices; hoy, yo lo soy. Es infantil, lo se, pero que quieren que les diga: alguna vez tenía que ser... Tamaragua, amigos. (HArendt)




Entrada núm. 1156 (.../...)

martes, 26 de mayo de 2009

¿Por quién votar en Europa?

Sigo a distancia y sin excesivo interés la campaña para las elecciones al Parlamento europeo del próximo 7 de junio. Puntualizo: No me interesa la campaña; las elecciones, por supuesto que sí, y mucho. Ya expuse las razones hace unos días y no es cuestión de repetirme. Y de todas maneras, yo ya he votado por correo.

He puesto el título de este comentario entre interrogaciones por la sencilla razón de que también lo hacen así los dos artículos cuya lectura me atrevo a recomendarles, y las interrogaciones siempre motivan más a la reflexión que las aseveraciones o negativas tajantes. Así pues, repito la pregunta, ¿por quién votar en Europa?




El artículo de Xavier Vidal-Foch, periodista de El País: "¿Para qué queremos Parlamento europeo?" (El País, 24/05/09), es una elaborada reflexión sobre el papel que juega el Parlamento dentro del complejo juego de intereses de las instituciones de la Unión, mucho más abierto y escorado a la izquierda que la Comisión y el Consejo, y defensor a ultranza de una más amplia democratización, participación y protagonismo de los ciudadanos en la vida europea. Se puede dar la paradoja, dice Vidal-Foch, que justo en el momento en que el Parlamento europeo, elegido directamente por los ciudadanos, adquiere mayor poder institucional en su historia, se vea desligitimado por una mayoritaria deserción en las urnas de esos mismos ciudadanos a los que representa.

El del profesor de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), José Ignacio Torreblanca, lleva por título "¿A quién votar?" (El País, 25/05/09), y lo que hace en él es dar cuenta de la iniciativa llevada a cabo por el Instituto Universitario Europeo de Florencia, mediante un proyecto de investigación que pretende ayudar a los ciudadanos europeos a averiguar por qué partido deberían votar en las próximas elecciones al Parlamento Europeo, y lo hace a través de una sencilla encuesta de 30 preguntas. Las respuestas que demos se ponen automáticamente en relación con un trabajo de elaboración efectuado por el propio Instituto sobre los programas electorales de los distintos partidos que concurren, en cada país miembro, y en el conjunto de la Unión, a las elecciones del 7 de junio. El análisis de nuestras respuestas aparece una vez completada la encuesta de una forma visual muy atractiva: primero mediante una brújula que sitúa a cada partido y elector en un doble eje ideológico (izquierda-derecha) y europeo (más o menos Europa), y posteriormente, sobre una tela de araña con siete picos (inmigración, seguridad ciudadana, impuestos, medio ambiente, gasto social, valores y economía), que se superponen gráficamente a las propuestas programáticas de cada partido dándonos una visión muy clara de afinidades y distanciamiento en cada uno de los temas sometidos a encuesta. Más de medio millón de personas ya han completado el cuestionario y encontrado el partido más afín a sus posiciones. Yo ya la he hecho. Y lo confieso, me he quedado sorprendido por el resultado, ya que mi opción partidista preferida aparecía en tercera posición, de once en total. Espero que les resulte interesante. Ya me contarán que les ha parecido.

La "Alegoría de Europa" es un grabado de Adriaen Collaert (1551-1600), y las imágenes, las sedes respectivas del Parlamento europeo, en Estrasburgo (Francia), y de la Comisión europea, en Bruselas (Bélgica). Sean felices. Tamaragua, amigos. (HArendt)




"¿A QUIÉN VOTAR?", por José Ignacio Torreblanca
(El País, 25/05/09)

Escribo estas líneas desde Budapest, en la impresionante sede del Parlamento húngaro, donde participo en un seminario sobre las elecciones europeas organizado por la Sociedad Europea de Hungría. Está conmigo Alex Trechsel, del Instituto Universitario Europeo de Florencia, director de un proyecto de investigación que pretende ayudar a los ciudadanos europeos a averiguar por qué partido deberían votar en las próximas elecciones del 4-7 de junio al Parlamento Europeo.

Se trata, recordemos, de unas elecciones en las que más de 350 millones de votantes están llamados a las urnas, lo que las convierte (numéricamente) en las segundas elecciones democráticas más importantes del mundo, después de las de India. Y sin embargo, la desorientación de los votantes es tan grande que, según las encuestas, más de la mitad de ellos se abstendrán.




Pero Trechsel y sus colegas no se han desanimado. Han creado una página web multilingüe (www.euprofiler.eu) en la que se pide a los ciudadanos que respondan a 30 preguntas acerca de inmigración, gasto social, impuestos o las fronteras de Europa. Previamente, un equipo de 130 investigadores ha recopilado información sobre las posiciones de 300 partidos políticos europeos en estas mismas materias, de tal manera que, una vez respondido el cuestionario, el programa le dice a cada usuario cuál es el partido que mejor se ajusta a sus intereses y con qué porcentaje de concordancia lo hace. También permite averiguar si hay otros partidos en otros Estados miembros que defiendan mejor los intereses de uno, o, si uno pertenece al grupo de extranjeros comunitarios con derecho de voto en nuestro país, señala qué partido representa mejor sus intereses.

Todo esto lo hace de una forma visual muy atractiva: primero mediante una brújula que sitúa a cada partido y elector en un doble eje ideológico (izquierda-derecha) y europeo (más o menos Europea), y posteriormente, sobre una tela de araña con siete picos (inmigración, seguridad ciudadana, impuestos, medio ambiente, gasto social, valores y economía). Más de medio millón de personas ya han completado el cuestionario y buscado el partido más afín a sus posiciones. La página está bien construida, el cuestionario se completa en poco tiempo y los resultados pueden dar más de una sorpresa a alguno. Ustedes pueden juzgarlo por sí mismos si quieren.

Lo más interesante es que permite ver la distancia entre uno y su partido o partidos de referencia, pero también ver cuáles son las características dominantes en cada sistema de partidos. En España, por ejemplo, la mayoría de los partidos se sitúa en el cuadrante proeuropeo, con algunas diferencias entre, por un lado, socialistas (PSOE), populares (PP), nacionalistas y verdes catalanes (CiU, ERC e ICV) y UPyD y, por otro, los nacionalistas de fuera de Cataluña (PNV, CC, BNG) e Izquierda Unida, menos europeístas. No obstante, estas diferencias son mínimas si las comparamos con lo que ocurre en otros países, donde las posiciones están más polarizadas.

Estas elecciones van a marcar un punto álgido por dos razones de las cuales no podemos sentirnos muy orgullosos. Primero, porque, si los sondeos están en lo cierto, el nivel de participación será tan bajo que la legitimidad democrática de la Unión Europea saldrá muy mal parada, especialmente en Europa central y oriental, donde ya los resultados de las últimas elecciones de 2004 fueron demoledores (16% de participación en Eslovaquia, 20% en Polonia y así sucesivamente). En circunstancias normales, una participación no muy elevada no tiene por qué representar un obstáculo insalvable. Pero el problema en el contexto europeo es que la participación no sólo es reducida, sino que lleva bajando continuadamente desde 1974, cuando se celebraron las primeras elecciones directas. Entonces, un 63% de los europeos votaron; veinte años más tarde, en 2004, la participación había caído hasta el 45%. Lo que es peor: la participación ha descendido en proporción inversa a los poderes del Parlamento Europeo (a más poderes, menos participación), lo cual presenta una paradoja difícil de digerir. Por tanto, estas elecciones deberían ser las últimas en las que la noticia es que la participación ha vuelto a bajar.

Segundo, estas elecciones deberían también ser las últimas en las que el resultado es conocido de antemano. El Partido Socialista Europeo tiene una cohesión ideológica y de voto mayor que la del Partido Popular Europeo y, sin embargo, ha renunciado a presentar de antemano un candidato a la presidencia de la Comisión. A la vez, Gobiernos como el español han hecho pública su intención de apoyar la reelección del actual presidente de la Comisión, Barroso.

En ausencia de competición nacional en torno a Europa y en ausencia de competición europea en torno a Europa, los incentivos para votar en clave europea no parecen muy elevados. En ese contexto es fácil entender que los votantes se pregunten primero por qué votar y sólo subsidiariamente por quién votar.




"¿PARA QUÉ QUEREMOS PARLAMENTO EUROPEO?", por Xavier Vidal-Foch

Estrasburgo no es una tercera cámara para resolver litigios perdidos en casa. Es la primera, condiciona la mayoría de las leyes domésticas. El 7-J es clave para evitar las derivas nacionalista y antisocial de la UE

Para qué queremos el Parlamento Europeo? Sencillo: para frenar el creciente desequilibrio entre el alma social y el bolsillo económico de la Unión Europea. Para sortear la exponencial deriva nacionalista de muchos de sus Gobiernos, rendidos al síndrome de intentar inútiles soluciones individuales a problemas mundiales. Para aprovechar los resquicios que dan cauce a las iniciativas de los ciudadanos, desbordando las disciplinas partidistas y asumiendo la defensa de las más nobles causas perdidas. Para presionar a los líderes en favor de una democracia europea más evidente y más visible. O, cuestión de gustos, para todo lo contrario.




¿Es eso posible? Depende. Si el futuro inmediato se escribe con los mismos renglones del pasado más próximo no es imposible. Porque el balance de la legislatura recién clausurada exhibe bastantes luces. Así, los eurodiputados han logrado limitar el giro antisocial al que tienden al unísono las otras dos grandes instituciones (Comisión y Consejo), espoleadas por la presión de ultraliberalismo salvaje propia de los nuevos socios del Este... y aprovechada y fomentada por algunos de los socios ya añejos, como el Reino Unido.

De esa tramontana ultraliberal, que no liberal, tampoco escapa el Tribunal comunitario de Luxemburgo, otrora campeón de las libertades y de la extensión de derechos sociales. Ahora dicta sentencias como las Viking, Laval y Ruffert, que entre otros desatinos priman las peores condiciones laborales de los países de origen sobre las de los países de acogida a inmigrantes comunitarios. En vez de colocar el estándar por arriba, avalan que se ubique por abajo.

En todo caso, la Cámara de Estrasburgo ha moderado las aristas más antisociales de ciertas iniciativas de Bruselas, como la directiva de servicios Bolkenstein. Espléndida en cuanto simplifica la apertura de empresas de servicios (el 70% del PIB europeo) e impone la "ventanilla única". Pero reaccionaria porque también bendecía un sueldo a los inmigrantes internos según su país de origen y no según la empresa de destino: pretensión tumbada.

Estrasburgo también ha bloqueado la ampliación de la jornada laboral hasta 65 horas, en tanto que regla y no excepción, salvando así la conquista centenaria de las 48 horas y el riesgo de enajenar a los sindicatos del proyecto global de la UE. Pero se plegó al drástico trato infligido a los inmigrantes exteriores por la directiva de Retorno, que autoriza su detención hasta 18 meses, mientras en España el máximo es de 40 días; en Francia, de 32, y en Alemania... de 18. Nueva armonización a peor, en vez de a mejor, contra lo que se solía.

Un éxito estrella de Estrasburgo, con valor político más que jurídico, ha sido la investigación sobre la complicidad de los Gobiernos europeos con los vuelos de la CIA transportando prisioneros a cárceles secretas, dirigida por Claudio Fava. O el desmontaje de la directiva de retención de datos por las policías, durante cinco años, sin intervención judicial. ¿Qué habría sido de la Europa liberal, en ausencia de su Cámara?

También ha registrado otros muchos logros: el apoyo a la Comisión, que salvó el abaratamiento de las tarifas de roaming telefónico; la denuncia que alertó del urbanismo salvaje en el litoral mediterráneo español; las aportaciones al rescate de la naufragada Constitución, en el Tratado de Lisboa; el paquete de cambio climático amenazado por los orientales más contaminantes...

Los fracasos y los éxitos del hemiciclo, la originalidad que le hace permeable a las pulsiones ciudadanas frente a las presiones gubernamentales, obedecen a su particular aritmética exenta de mayorías aplastantes, que permite acuñar múltiples alianzas de geometría variable: gran coalición PPE-PSE, cuyos mandatarios, Josep Borrell y Hans Gert Poetering, dividieron presidencia; pacto liberal-conservador; o alianza roji-verde-liberal. Y a los distintos énfasis en el interior de cada familia, que permiten heterodoxias en la disciplina: un democristiano alemán de ideario social no equivale a un colega suyo berlusconiano. ¿Volverá a ser así?

La Cámara que emanará de las elecciones del próximo 7 de junio encarnará probablemente una cruel paradoja. Será la más poderosa e influyente en la historia de la Unión. Y la que más riesgo corra de jugar a la contra y tirar piedras sobre el propio tejado: la más euroescéptica. Resultaría un contrasentido que la institución a la que, Tratado tras Tratado, se ha ido otorgando más mecanismos de poder, se troque en una corporación descreída del uso de ese poder, y de su fin último, una Europa políticamente unida.

Ocurrirá eso, si Dios, o los votantes más europeístas, no lo remedian. Porque la minoría de euro-nihilistas y euro-escépticos, estimulados por el soberanismo nacionalista de británicos y ex parasoviéticos, esos sí se movilizarán. Jugar a la contra activa la adrenalina. Pero la mayoría de euro-entusiastas y euro-críticos está aquejada de desinterés y desafección. Desmotivada entre otras causas porque considera que la UE no está a la altura deseable en el combate contra la recesión mundial. La última encuesta (en pocas horas será la penúltima) arroja una previsión de votantes de sólo el 34%, frente al 45,5% de 2004 y el 63,8% de 1979. Mucho peor se augura en España, el 27%, trasunto de la desconfiada decepción de quien creyó sin fisuras. El corolario de ese despecho es la abstención, el peor voto de castigo, porque funciona como una enmienda a la totalidad.

Y sin embargo, esta elección es clave. Si al fin se ratifica el Tratado de Lisboa -la Constitución derrotada por los nacionalismos, pero al cabo sustancialmente rescatada-, venciendo las resistencias irlandesa y checa y cuantas surjan a cada esquina, el Parlamento mandará mucho. Colegislará junto con el Consejo (los Gobiernos) sobre un número de materias mayor que nunca, siempre a propuesta de la Comisión.

Ya ahora, más de un 70% de las leyes nacionales vienen predeterminadas por las normas de la Unión, muchas de ellas corredactadas por los eurodiputados, o son su mera traducción. Con Lisboa vigente, ese porcentaje debería crecer. ¿Acaso es un reto nimio? Contra la percepción de muchos españoles, la de Estrasburgo, y no el Congreso de los Diputados, es su primera cámara parlamentaria. Los partidos son responsables de esa falsa percepción. Porque atiborran sus listas europeas de ex ministros y amortizados. Y porque con frecuencia apelan al Parlamento Europeo como altavoz de los litigios de clave partidista interna. Como si forzasen una prórroga artificial ante una tercera cámara de apelación para los asuntos que pierden o temen perder en casa.

Así, los socialistas buscaron y obtuvieron el aval de Estrasburgo a la negociación por la paz en Euskadi: también lo hizo Londres con el proceso de paz irlandés, pero en el Reino Unido no había en eso disputa doméstica. Y los populares (con Luis Herrero y Alejo Vidal Quadras a la cabeza) prosiguieron en la capital alsaciana su curiosa montería antiautonomista: votaron contra el derecho de los ciudadanos a dirigirse a la Eurocámara, y a recibir su respuesta, en cualquiera de los idiomas cooficiales en el país; predicaron contra ¡la política de licencias de radio en Cataluña! Los españoles comparten esa tontuna costumbre con los italianos, pero nunca con británicos ni franceses: éstos buscarán fijar allí marcos generales que condicionen a sus Gobiernos (u oposiciones) pero no tratarán de gobernar u opositar por cámara interpuesta.

Partidos y Gobiernos son también responsables de mantener al poderoso hemiciclo sin el instrumento de soberanía más visible: la competencia de elegir al Ejecutivo. Cierto que pueden arrumbarlo, como hicieron con la Comisión Santer en 1999. O forzando la renuncia del candidato a comisario de Justicia Rocco Butiglione, famoso papista homófobo. Pero no atrae tanto al votante destituir como elegir.

Los líderes nacionales ya se han cuidado de evitar candidaturas paneuropeas. Un cabeza de lista común por familia ideológica en todos los países, que fuese el aspirante por cada credo a presidente de la Comisión, dotaría a ésta y al Parlamento del auténtico poder continental... en detrimento de sus ajadas poltronas nacional-comarcales. Prefieren reelegir en cónclave íntimo al hábil, maleable, José Manuel Durão Barroso. Aunque sea a costa de laminar el interés y la participación electoral. Es lo que hay.




Entrada núm. 1155 (.../...)

Al sur de Granada...

Una de las cosas con las que más disfruto cuando estoy de viaje es con la lectura de las placas conmemorativas que adornan ciudades, pueblos y lugares; unas veces celebrando que en tal o cual calle o edificio vivió, nació o murió un célebre personaje; en otras, que en aquel lugar ocurrió un hecho memorable digno de recuerdo. Así, a bote pronto, recuerdo algunas de ellas que me impresionaron vívamente. Por ejemplo, la que bajo el Pont Neuf de París, recuerda que en aquel lugar fue quemado vivo el último gran maestre de la Orden del Temple; o la otra en Madrid, en la plaza de Oriente, en la fachada del Palacio Real, conmemorando que en aquel lugar tuvo inicio el levantamiento popular de los españoles contra Napoleón; o esa otra en los aledaños de la Vía Apia romana, en el lugar en que fueron fusilados por los nazis, en las denominadas Fosas Ardentinas, varios centenares de presos italianos en las postrimerías de la II Guerra Mundial; y por terminar con el relato de efémerides varias, una pequeña plaquita en el muelle del pueblo de Sardina, en la costa norte de Gran Canaria, en la que se rememora que en aquel lugar hizo aguada Cristóbal Colón camino del Nuevo Mundo. También recuerdo con ilusión cuando descubrí casualmente en Madrid la casa donde vivió Miguel de Cervantes, en la calle que lleva ahora su nombre; o la primera vez que visité la casa natal del escritor Benito Pérez Galdós en la calle Cano, de Las Palmas de Gran Canaria... Pero basta de recuerdos.

Alhaurín el Grande (1) es una hermosa ciudad andaluza de la provincia de Málaga, de unos 23.000 habitantes, situada en la vertiente norte de la Sierra de Mijas y en el valle del río Guadalhorce, a unos 30 km. de la capital provincial. Yo nací en ella hace 63 años, un poco por accidente, como casi todos los hijos de militares. Mi padre había sido destinado allí tras su ascenso a teniente de la guardia civil, después de haber permanecido con mi madre y mis hermanos mayores durante cinco años en la isla de El Hierro, la más occidental de las islas Canarias. Y allí, en Alhaurín el Grande, estuve hasta los dos años en que de nuevo toda la familia salió hacia Asturias con motivo del ascenso paterno a capitán y el nuevo destino en la capital del Principado. Sólo volví por mi ciudad natal en 1967, durante un día, camino de Canarias, de vuelta de mi viaje de novios por la Península. Desde entonces he estado en la provincia de Málaga en dos ocasiones, pero no he vuelto nunca más a Alhaurín, así que no creo que nadie en ella me recuerde ni que hayan colocado ninguna placa conmemorativa celebrando mi natalicio. Tampoco creo que tenga ninguna placa en ella, -aunque sí lo recordarán-, otro hijo de Alhaurín, trístemente célebre: el ex teniente coronel de la guardia civil Antonio Tejero, protagonista del golpe de estado del 20 de febrero de 1981, en el que asaltó con otros guardias civiles el Palacio del Congreso de los Diputados en Madrid. E ignoro si la tienen dos actuales vecinos ilustres de la ciudad: el actor de origen belga Jean-Claude Van Damme, y el afamado escritor español Antonio Gala.

Quién sí estoy seguro que debe tenerla, sin duda, es el más célebre de los hijos y vecinos de la ciudad, el escritor británico Gerald Brenan (2), don Geraldo para sus paisanos, que vivió y murió en Alhaurín el Grande durante muchísimos años, y cuyas cenizas descansan para siempre en tierra malagueña. No recuerdo cuando fue la primera vez que oí o leí hablar de Gerald Brenan. Supongo que fue con motivo de alguna de mis lecturas académicas referidas a él, entre otras "El laberinto español", o "Historia de la literatura española". Hace unos años tuve una excelente relación de amistad con un compañero de trabajo, Julio Martínez, granadino, que había sido -y era en aquel momento- amigo personal de Gerald Brenan. Él fue el que me regaló el único de los libros que he leído de Brenan, su famosísimo "Al sur de Granada" (Siglo XXI, Madrid, 1984), con una preciosa dedicatoria en la que relacionaba el Roque Nublo grancanario con el Veleta granadino y expresaba su esperanza de que algún día pudiéramos contemplar juntos el sur y el alma de Granada. Esperanza que no se ha realizado.

Todo lo anterior me ha venido a la mente tras leer hace unos días el precioso artículo que Carlos Pranger ("Brenan, memoria personal de España". El País, 23/05/09), custodio del "Legado Español de Gerald Brenan", e hijo del que fuera secretario personal del escritor británico publicó hace unos días. Miembro del denominado "Círculo de Blomsbury", al que perteneció también la escritora Virginia Woolf, de la que fue amigo íntimo, Brenan llegó a España en 1919, con una excelente formación académica, buscando paz y tiempo para profundizar en sus lecturas, y quedó prendado por los paisajes y las gentes de la Alpujarra granadina. Y aunque viajero incansable y aventurero, allí quedó enganchado a los españoles para siempre. En su artículo, Carlos Pranger dice que España, la suya, la del "todo o nada", era un país que le fascinaba, aunque nunca fue ni se sintió español; que ni siquiera se nacionalizó y que siguió siendo muy inglés y perteneciente a su clase social media-alta. Pero, al final, con su estilo personal y entrañable, mezcla de inteligencia y sensibilidad, cautivó al pueblo sobre el que tanto y tan bien había escrito, y supo congeniar con los españoles, que lo vieron como uno de los suyos. Espero que disfruten de su lectura, que reproduzco más adelante.

Las imágenes expuestas corresponden a un retrato pictórico de Geral Brenan y a una vista panorámica de Alhaurín el Grande. Sean felices. Tamaragua, amigos. (HArendt)




"BRENAN, MEMORIA PERSONAL DE ESPAÑA", por Carlos Pranger
(El País, 23/05/09)

Conversador nato y escritor curioso, el hispanista británico Gerald Brenan supo congeniar con los españoles, que acabaron viéndolo como uno de los suyos. Ahora se publican algunas de sus obras inéditas

Con la aparición de El señor del castillo -la primera de una serie de obras inéditas que publicará la editorial Alfama-, el hispanista Gerald Brenan vuelve a estar de actualidad. Pasados ya 22 años desde su muerte, cabe preguntarse por la vigencia de su obra y sobre la relación que mantuvo con España, lugar donde se forjó como escritor.

A Gerald Brenan puede considerársele como uno de los grandes exponentes de un género literario popularizado por los escritores románticos: especular sobre un país ajeno. Al escritor foráneo se le otorga un punto de vista más válido y objetivo, puesto que se asume que no está involucrado emocionalmente con el país sobre el que escribe. España ha sido uno de los epicentros inspiradores de esta corriente literaria. Los dos grandes ejemplos procedentes del Reino Unido son Richard Ford y George Borrow, y de Estados Unidos, Ernest Hemingway. Todos son interesantes, pero fueron meros observadores, presenciaron los acontecimientos desde la barrera. Por el contrario, Brenan no se limitó a la mera observación, su acercamiento fue más arriesgado e intuitivo, y a juzgar por el respeto que se ganó entre los españoles, no del todo equivocado. Sin embargo, esa relación tan especial con España comenzó años antes de pisar suelo español. "Cualquiera que se plantee como modo de vida el ideal de 'todo o nada', está siguiendo, sea o no consciente de ello, un camino que discurre paralelo al trazado por los santos". Estas palabras escritas por Gerald Brenan con apenas 18 años están recogidas en el primer volumen de su autobiografía, Una vida propia. Embebido por sus lecturas obsesivas de Teresa de Jesús y Juan de la Cruz, Brenan se había creado la imagen de un país, España, dentro de sí mismo, mucho antes de visitarlo. Llegó a España después de la Primera Guerra Mundial, a finales de 1919. Era un lugar barato y con buen clima, el lugar idóneo para mejorar su formación intelectual, para empaparse de conocimiento por medio de la lectura. Su intención era continuar viaje hacia el Oriente. Se instaló en Yegen, un pueblo de la Alpujarra granadina que describe en Al sur de Granada. En una entrevista recogida en la revista Litoral (1985), Brenan le describe a Eduardo Castro lo que significó esta experiencia: "Vine a Andalucía como se va a una universidad, pero sin clases ni profesores ni más compañeros que mis propios libros. Por supuesto, no podía imaginarme que terminaría quedándome aquí para casi toda mi vida". Encontrar a un escritor, como Brenan, que escriba con tanta profundidad sobre un país ajeno, y que aglutine temas tan diversos como su historia, su literatura y sus gentes, no es frecuente. Llegaría como autor, pero también como persona, a identificarse con un país extraño y diferente por completo al suyo. Su infancia y los años de escuela, unidos a las difíciles relaciones con su padre, hicieron a Brenan retirarse en sí mismo. Ansiaba escribir, pero le daba miedo exponerse, mostrarse. Fue en España donde Brenan dio rienda suelta a su talento literario. Sintiéndose seguro en la distancia, comenzó a escribir de verdad, sin cortapisas. Este proceso latente se inició en Yegen y eclosionó con el estallido de la Guerra Civil española; su reacción ante el horror fue un trabajo de cinco años, El laberinto español, aclamado por igual por crítica y público. Había nacido el gran escritor. No es casualidad que sus mejores escritos tengan por tema a España y los españoles. Leer a Brenan es un recorrido preciso por la historia reciente de nuestro país. Observó de primera mano el tránsito de España pobre y rural de los años veinte, pasando por los años oscuros de la dictadura de Franco, hasta la aparición de los aires de esperanza que trajo la democracia. Hombre de vida azarosa, y mejor escritor, es autor de obras capitales en el conocimiento de la literatura, la historia o la etnografía de España como son Historia de la literatura del pueblo español, La copla popular española, La faz de España, El laberinto español o Al sur de Granada; junto con biografías como San Juan de la Cruz, o sendos volúmenes autobiográficos como Una vida propia y Memoria personal. La relación personal de Brenan con España es comparable con la del biógrafo con el biografiado. El biógrafo termina dejando su impronta sobre la persona de la que escribe. España y su complejidad es el reflejo de la propia complejidad de Brenan. "Dentro de cada español descansa un derviche confuso, un genio de inmenso poder aprisionado en una botella, lo que García Lorca llama un duende, al que le encantaría liberar si fuera posible", escribe Brenan en su introducción a La copla popular española. Las intuiciones y observaciones de Brenan sobre España y los españoles, como pueden ser el orgullo, la impaciencia, el optimismo exagerado, la cólera ante la frustración etcétera, no tienen todas que ser correctas, son de un origen muy profundo, y muy próximo al propio Brenan persona. Es verdad que ciertas opiniones y algunas de las descripciones que aparecen en sus libros pueden circunscribirse a una tradición romántica. Además, el propio Brenan siempre se consideró un romántico y fue lector acérrimo de los libros de Borrow y Ford, llenos de campesinos, bandoleros, paisajes pintorescos, gitanos, flamenco etcétera. Pero no siempre una cierta visión romántica tiene que ser desacertada. Es más, hace que el escritor se involucre emocionalmente y haga el tema suyo. Por otra parte, Brenan nunca se cortó a la hora de criticar a los españoles. "España es pródiga en hombres que creen ellos solos ser capaces de alumbrar el manantial puro de las tradiciones nacionales y proyectarlo hacia el futuro. Todos los que no estén de acuerdo con ellos son necesariamente perversos y, en consecuencia, han de ser aplastados", escribe Brenan en El laberinto español. Instintivamente descubrió que una parte de los españoles y él compartían una misma alma. "El alma española es un castillo fronterizo, adaptado para la defensa y para la ofensiva en territorio hostil: la soberbia, o el orgullo, sumados a una eterna suspicacia, son sus cualidades más inveteradas, junto a la desconfianza de todo lo que no sean su destreza y sus propias armas. No obstante, lo que percibe la guarnición a todas horas es soledad", escribió Brenan. Por tanto, el tópico de la religión, el realismo extremo de su literatura, la fuerza tiránica de los sentidos, según Brenan, forzaban a la aridez de imaginación, a la preocupación obsesiva por el dolor y la muerte; pero, por encima de todo, abocaba al orgullo desmedido que implicaba que nada estaba a la altura. "Así son los españoles en todas partes. Son hombres sin conflictos. Creen que siempre tienen razón, hagan lo que hagan, y esta convicción los dota de mayor vitalidad", escribe Brenan en La faz de España. Gerald Brenan era un conversador nato y un escritor de una curiosidad inusitada. Esas cualidades, que terminaron de explotar en España, forjaron un escritor de estilo vivaz y preciso, cuyos textos están regados de feraces generalizaciones que espolean la imaginación del lector. "Para la mente española supone un placer ascético el ver las cosas llevadas a sus últimas consecuencias", de modo tal que "la meta del hombre está más allá de la razón, en el desconcierto de la razón". España, la suya, la del "todo o nada", era un país que le fascinaba, aunque nunca fue ni se sintió español, ni siquiera se nacionalizó y siguió siendo muy inglés y perteneciente a su clase social. Pero, al final, con su estilo personal y entrañable, mezcla de inteligencia y sensibilidad, cautivó al pueblo sobre el que tanto y tan bien había escrito. Supo congeniar con los españoles, que lo veían como uno de los suyos. Como bien dice su lápida, que se encuentra en el Cementerio Inglés de Málaga: "Gerald Brenan. Escritor inglés. Amigo de España".




Entrada núm. 1154 (.../...)

sábado, 23 de mayo de 2009

Recapitulando sobre el Blog

Hoy cumple este Bitácora (blog) de HArendt sus primeros 1239 días de existencia. Primero en http://ccampos1946.blog.com, y luego en http://harendt.blogspot.com. Con éste de hoy son 1153 los comentarios (post) publicados por su autor en ese espacio de tiempo (220 en Blogspot.com y 933 en Blog.com. También hoy se cumplen 365 días desde que se instaló en ella el "contador de visitas" de Histats.com. En ese período de un año justo ha recibido 66.470 visitantes que han ojeado 131.985 páginas de la misma. Todo ello hasta las 20 horas del día de hoy. La viñeta que ilustra este comentario es del humorista Forges en El País.

Sean felices. Y gracias por soportarme; son ustedes la mar de amables. Tamaragua, amigos. (HArendt)




Entrada núm. 1153 (.../...)

jueves, 21 de mayo de 2009

Goya y las guerras, en el CAAM de Las Palmas

Mi hija Ruth y yo asistimos ayer en el Centro Atlántico de Arte Moderno, el CAAM de Las Palmas, a la última jornada del curso de "Iniciación al arte contemporáneo a través de la colección del CAAM", que ha impartido el museo grancanario a lo largo de cinco meses. Lo hemos disfrutado. Y aunque es cierto que sigo pensando que gran parte del llamado arte contemporáneo no perdurará más allá de una o dos generaciones, también es verdad que he aprendido a enfrentarme a él con otra mirada, más abierta, menos encorsetada por mis prejuicios al respecto. Es bastante más de lo que me esperaba cuando inicié el curso.

Como llegamos al curso con antelación suficiente nos dio tiempo a una primera toma de contacto (que ambos pensamos repetir) con la exposición recién inaugurada en el museo que lleva el título de "Goya, cronista de todas las guerras. Los "Desastres" y la fotografía de guerra", que permanecerá abierta hasta el 13 de septiembre.

La base de la exposición son la primera edición, realizada por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid en 1863, de la serie de grabados elaborados por Goya con el título de "Los Desastres de la Guerra", así como varias planchas originales del pintor aragonés, un resumen audiovisual sobre la historia de la fotografía de guerra, una selección de imágenes del archivo fotográfico sobre la guerra civil española conservadas en la Biblioteca Nacional, varios grabados de "Las Ruinas de Zaragoza" realizados por Fernando Bambrilla y Juan Gálvez (grabadores contemporáneos de Goya, junto al cual acudieron a Zaragoza por invitación del general Palafox para contemplar y reproducir el estado en que se encontraba la ciudad tras el primero de los sitios que sufrió por las tropas napoleónicas), así como otros interesantes documentos entre los que cabe destacar un ejemplar de la primera edición de la Constitución de Cádiz de 1812.

La exposición, de las mejores que yo recuerdo en la historia del CAAM, resulta impactante. Los 82 grabados originales de Goya sobre los horrores y crueldades que por ambos bandos, españoles y franceses, se cometieron en el transcurso de la Guerra de Independencia española (1808-1814), están explicados con todo detalle en las cartelas expuestas junto a cada uno de ellos, y a su lado, fotografías originales de los reporteros de guerra que dejaron constancia de los horrores de la última guerra civil española, entre 1936 y 1939, para una mejor comprensión de cuanto las guerras, antiguas y contemporáneas, suponen de sufrimiento y horror para quiénes las padecen.

Tanto mi hija como yo hemos visto "Los Desastres" en incontables ocasiones en el Museo del Prado de Madrid, pero reconozco que nunca, sus imágenes me habían impactado de la forma que lo han hecho ahora. Una exposición sencillamente impresionante que les recomiendo con calor. Las imágenes que reproduzco corresponden al grabado titulado "Esto es peor" y un autorretrato del pintor. Ambos en el Museo del Prado de Madrid. Sean felices. Tamaragua, amigos. (HArendt)



Entrada núm. 1152 (.../...)

miércoles, 20 de mayo de 2009

Votar en las europeas

Mi desencanto con la política canaria y española no tiene paralelo en la dimensión continental. Europeísta convencido y confeso, creo que es el único ámbito en el que los ideales aún cuentan. Se me dirá que "ese" es un mundo muy lejano: el de los ideales y el de Europa. Es posible que para algunos si lo sea; sobre todo para aquellos que no ven ni se miran algo más allá del ombligo (propio). Como no tengo la menor vocación evangelizadora ni afán proselitista no voy a insistir mucho en ello. Allá cada cuál con su visión del mundo. Yo me quedo con el futuro. Y con la visión de Europa, mi casa común, la patria común de todos los europeos, desde el Atlántico a los Urales, que con acierto y premonición vislumbrara el genio del escritor francés Víctor Hugo mediado el siglo XIX. Le cité en el blog hace unos días, y aun a fuer de reiterativo, repito lo dicho por él sobre la Europa con la que soñaba: "Llegará un día que todas las naciones del continente, sin perder su idiosincracia o su gloriosa individualidad, se fundirán estrechamente en una unidad superior y constituirán la fraternidad europea. Llegará un día que no habrá otros campos de batalla que los mercados abriéndose a las ideas. Llegará un día en que las balas y las bombas serán sustituidas por los votos". Un sueño hecho ya realidad. Se me ocurren un buen número de razones, mucho más prosaicas, para ir a votar en las elecciones del 7 de junio, pero la verdad es que a mi me basta con la expuesta.

En El País de hoy miércoles el profesor de Derecho Administrativo de la Universidad Carlos III de Madrid, Antonio Estella, escribe un interesante artículo ("La reconciliación es el nudo del relato europeo") sobre el proceso de unificación europea, visto sobre todo desde el prisma de la reconciliación entre los eternos enemigos de siempre. Lo suscribo totalmente. Y es que en mi caso, el comienzo de ese proceso me afecta muy directamente en lo personal, pues fui concebido en el mismo día en que arrancaba: el 8 de mayo de 1945, el día en que finalizaba la II Guerra Mundial. Sean felices. Tamaragua, amigos. (HArendt)


Notas:
(1) La foto de las banderas de la Unión Europea puede verse en:
http://deorienteaoccidente.files.wordpress.com/2008/11/europea.jpg




http://deorienteaoccidente.files.wordpress.com/2008/11/europea.jpg
Las banderas de la Unión




"LA RECONCILIACIÓN ES EL NUDO DEL RELATO EUROPEO", por Antonio Estella
(El País, 20/05/09)

Al igual que sucede en Estados Unidos, Europa tiene también su propio relato; lo que ocurre es que todavía no está escrito. Y en ese relato la socialdemocracia ha tenido mucho que ver. Mientras que la historia norteamericana es una historia de superación individual, la europea es una historia de reencuentro, de reunificación, de reconciliación colectiva.

Toda buena historia necesita contar con unos ingredientes mínimos: necesita un buen referente intelectual, necesita un conjunto de héroes públicos y anónimos y necesita, como en las buenas películas, que tenga una cierta continuidad, que no se escriba al final the end sino simplemente to be continued. El éxito del relato dependerá de su capacidad de enganche, de que la mayor parte de la gente se sienta reconocida e integrada en él. Y Europa tiene todos esos elementos en su historia, en su cultura, en su tradición, sólo que nadie se ha molestado hasta ahora en ponerlos en conexión, en montar las diferentes piezas de esta historia.

El referente intelectual de nuestro relato europeo es Stefan Zweig, en su libro El mundo de ayer. Todos deberíamos leer y releer este documento de incalculable valor. Zweig cuenta en esa obra cómo era la Europa de antes de la Primera Guerra Mundial. Europa era un espacio abierto, de tolerancia, de solidaridad, un espacio de incipiente igualdad, de seguridad, de convivencia. Nadie perseguía a nadie ni por su condición sexual, ni por su raza, ni por su género. Cristianos y judíos (y en algunas partes, musulmanes) convivían de una manera pacífica y razonable, respetando los usos propios de cada cual al mismo tiempo que respetaban reglas mínimas y básicas de civismo comúnmente aceptadas por todos.

No todo era idílico en esa Europa, por supuesto. Su mayor error fue pecar de indolencia. Y en ese espacio de seguridad nadie fue capaz de percibir las señales, cada vez más evidentes, de lo que iba a suceder a continuación: el ascenso del nacionalismo, la crisis económica y dos grandes guerras que convirtieron a Europa, a esa vieja y querida idea, en un auténtico sumidero de fuego, sangre, odio y destrucción: la anti-Europa.

La Segunda Guerra Mundial terminó en 1945. Solamente siete años después, en 1952, franceses y alemanes se sentaban alrededor de una mesa para firmar el Tratado CECA. Y cinco años después de eso, en 1957, franceses y alemanes se unían de nuevo para firmar el Tratado de Roma. Es decir, los enemigos irreconciliables, los causantes de tanto sufrimiento y de tanta destrucción, eran capaces de reencontrarse de nuevo y sentar las bases de un proyecto en común. Los hacedores de ese éxito tie-nen apellidos: se llaman Jean Monnet, Robert Schuman, Konrad Adenauer, Alcedi de Gasperi. Ellos son nuestros Adams, Franklins y Jeffersons. Ellos son los padres fundadores, los cuatro magníficos de esta gran epopeya de reunificación que es Europa.

Cuando pienso en Europa, cuando pienso en el ideal de reconciliación y reencuentro que encarna, pienso en una historia que me contó un conocido hace no mucho tiempo. Mi amigo conoció en Florencia, en el curso de unos estudios posuniversitarios que estaba realizando en la capital de la Toscana, a dos seres excepcionales, Veronique y Klaus. Veronique era francesa, socialista y atea. Klaus era alemán, demócrata-cristiano y católico practicante. Nada más conocerse se reconocieron el uno en el otro, se pusieron a vivir juntos, y con el tiempo se casaron y tuvieron hijos.

Mi amigo me contaba cómo fue la noche en la que, en una cena preparada con esmero entre los dos, los padres de Veronique conocieron a Klaus y su familia. La tensión se palpaba en el ambiente, porque la madre de Veronique se había resistido hasta el último momento a bendecir esa unión. Tuvo que superar muchos prejuicios. Y es que en la ocupación alemana de París, en la Segunda Guerra Mundial, cuando la madre de Veronique era muy niña, tuvo que asistir impávida a un espectáculo que la marcaría para toda su vida: cómo unos soldados del Ejército alemán tiraban por la ventana de su casa, junto con todos sus enseres, a su padre. Para ella fue un trago ver cómo su hija decidía unir su vida a un alemán. También tuvo que superar sus viejos prejuicios, reconciliarse con su pasado, con ella misma y con sus propios fantasmas.

Historias así son posibles porque Europa es hoy un espacio en el que de nuevo se puede vivir con una relativa seguridad, sensación de protección, sentido de la solidaridad y bienestar. Es un ámbito abierto, en el que caben todo tipo de opciones ideológicas democráticas, pero en el que los valores socialdemócratas desde luego están presentes y de manera evidente. Siempre he pensado que existe un paralelismo claro entre la historia de la formación de la Unión Europea y la historia de cómo Europa cambió con la socialdemocracia.

Esta segunda historia es bien conocida: los países europeos pasaron de ser Estados liberales a convertirse en Estados del bienestar, gracias fundamentalmente al impacto que en muchos lugares tuvo la revolución socialdemócrata. Se pasó de un mundo en el que el ciudadano estaba básicamente dejado a su suerte a una situación en la que empezó a contar con un aliado para desarrollar sus proyectos y sentirse seguro: el Estado.

Por su parte, la Unión Europa que concibieron nuestros padres fundadores se forjó con los hierros del liberalismo. Tuvo sentido en su momento: se trataba, con ello, de romper las inercias proteccionistas en las que de manera natural habían caído los viejos Estados-Nación después de la Segunda Gran Guerra. Así, los protagonistas de esa "unión cada vez más estrecha entre los pueblos europeos", como reza, de manera magnífica, el preámbulo del Tratado de Roma, no eran, curiosamente, los ciudadanos, sino las mercancías, los servicios, los capitales.

Así evolucionó Europa durante más de 30 años. Pero gracias al esfuerzo de algunos líderes socialdemócratas, esa dirección cambió de rumbo a principios de los años 90, cuando el lenguaje europeo de las tasas aduaneras, las cuotas, y las medidas de efecto equivalente, se transformó en otro puramente político: el lenguaje de la ciudadanía.

Desde entonces, Europa ha superado su origen marcadamente economicista y se encamina hacia el reencuentro con sus propias señas de identidad políticas. El proyecto no está todavía terminado, está haciéndose.

Y de nuevo emerge nuestro relato de reencuentro, de reconciliación, porque en el horizonte aparecen dos grandes objetivos. Uno, de cara al exterior, que es dar nuevos pasos hacia la reunificación de Europa, incorporando a más países a este gran proyecto, y consolidando a los que ya están embarcados con nosotros. Y otro, de cara al interior, que es hacer evolucionar la idea de ciudadanía europea hacia una nueva dimensión social y del bienestar. (Antonio Estella es profesor de Derecho Administrativo en la Universidad Carlos III de Madrid)



















Monnet, Schuman, De Gasperi y Adenauer




(Entrada núm. 1151) .../...

lunes, 18 de mayo de 2009

El arte de lo posible

Se dice de la política que es "el arte de lo posible". Quizá sea mejor así. Los deseos de cambiar por la fuerza la naturaleza del mundo y de quienes lo hemos ido habitando en oleadas sucesivas, los intentos de convertir en realidades lo que no son mas que utopías, no han traído para los hombres nada más que sangre, muerte y lágrimas. El ejemplo más clásico el de "La República", (Círculo de Lectores, Barcelona, 1994), del ateniense Platón, en el siglo IV a.C.

Dos experimentos sociales llevados a cabo en el pasado siglo, dos intentos de transformar por la fuerza la naturaleza propia del ser humano, comunismo y nazismo, acabaron en inmensas tragedias. Ambas eran doctrinas totalitarias; ambas pretendieron cambiar el hombre y el mundo, y sus injusticias, de raíz; ambas provocaron la muerte de millones de seres inocentes; ambas fracasaron. Hannah Arendt las estudió muy bien en uno de sus más originales libros: "Los orígenes del totalitarismo", (Alianza, Madrid, 1987). Pero lo han intentado desde el principio de la historia.

En las democracias modernas también hay "lados oscuros". La "razón de estado" es uno de ellos. El "Diccionario de Política", (Siglo XXI, Madrid, 1994), dirigido por Norberto Bobbio, Nicola Matteucci y Gianfranco Pasquino, le dedica nada menos que 11 páginas a dos columnas de diminuta y apretadísima letra. Su punto de partida, podemos leer en él, se encuentra en los umbrales de la edad moderna y está representado por la intuición genial e iluminadora de Maquiavelo ("El príncipe", Temas de Hoy, Madrid, 1994), a través de la cual empieza a surgir en sus términos más generales el concepto de "razón de estado", aunque todavía no su precisa formulación verbal. Otro de esos "lados oscuros", es, o fue, el de la "obediencia debida", desmantelada tras la II Guerra Mundial por los Tribunales de Nuremberg (1945-1949), el Derecho Internacional y las Naciones Unidas (Declaración de 9 de diciembre de 1975).

Quizá por eso, a pesar de aceptar y compartir que la política sea el arte de lo posible, me produce cierta decepción la decisión del presidente Obama de no perseguir judicialmente a los responsables de las torturas de Guantánamo y Abu Ghraib. Mi confianza en su ya mítico e ilusionante lema de campaña: "Yes, we can", permanece intacta, pero esta -quiero suponer difícil decisión para él- representa para mí la primera rayadura en ella.

El escritor y crítico literario argentino Alberto Manguel, comenta la decisión de Obama en su artículo de hoy en El País ("La crueldad de Dante") y la pone en relación con uno de los Cantos (Infierno: XXXII, 72-123) de su "Comedia" (Barcelona, Seix Barral, 1973), y con una cita del escritor británico G. K. Chesterton, muy bien traída a colación. Lo pueden leer más adelante. Espero que les resulte interesante. ¡Ah!, y sean felices, por favor. Tamaragua, amigos. (HArendt)





http://www.infobae.com/adjuntos/imagenes/98/0229836B.jpg
Presos retenidos en la base norteamericana de Guantánamo, en Cuba




Notas:
(1) Las citas sobre ediciones de libros corresponden a ejemplares de mi biblioteca familiar.
(2) La foto de presos recluidos en la Base norteamericana de Guantánamo puede verse en:
http://www.infobae.com/adjuntos/imagenes/98/0229836B.jpg
(3) La ilustración que reproduzco sobre el "Infierno" de Dante puede verse en:
http://www.biografiasyvidas.com/monografia/dante/fotos/dante_8.jpg
(4) La foto del escritor argentino Alberto Manguel puede verse en:
http://3.bp.blogspot.com/_pSO5Oh1UJ1A/SBHMNdvCH9I/AAAAAAAAClc/wzPrakurhwk/s400/alberto+manguel+-+richard+mildenhall.jpg





http://www.biografiasyvidas.com/monografia/dante/fotos/dante_8.jpg
Representación ilustrada del Infierno de Dante




"LA CRUELDAD DE DANTE", por Alberto Manguel
(El País, 18/05/09)

La decisión del presidente Obama de dar a conocer los documentos sobre las prácticas interrogatorias de Guantánamo y Abu Ghraib y, al mismo tiempo, no ordenar la investigación de quienes llevaron a cabo tales prácticas, me recordó un caso bien anterior, en el que el sistema legal es también utilizado para justificar la tortura, y en el cual el torturador tampoco es condenado por sus acciones. Ocurre casi al final del viaje al infierno de Dante, en el Canto XXXII de su Comedia.

Siguiendo a Virgilio por los varios círculos infernales, Dante llega al lago glacial en el que las almas de los traidores son presas hasta el cuello en el hielo. Entre las terribles cabezas que gritan y maldicen, Dante cree reconocer la de un cierto Bocca degli Abati, culpable de haber traicionado a los suyos y haberse aliado al enemigo. Dante pide a la inclinada cabeza que le diga su nombre y, como es ya su costumbre a lo largo del mágico descenso, promete al pecador fama póstuma en sus versos cuando vuelva al mundo de los vivos. Bocca le contesta que lo que desea es precisamente lo contrario, y le dice a Dante que se vaya y no lo fastidie más.

Furioso ante el insulto, Dante coge a Bocca por el pescuezo y le dice que, a menos que confiese su nombre, le arrancará cada pelo de la cabeza. "Aún si me dejases calvo", le contesta el desdichado, "no te diría quien soy, no te mostraría mi cara/ aunque mil veces me azotases". Entonces Dante le arranca "otro puñado de pelo", haciendo que Bocca lance aullidos de dolor. Mientras tanto, Virgilio, encargado por la voluntad divina de guiar al poeta, observa y guarda silencio.

Podemos interpretar ese silencio de Virgilio como aprobación. Varios círculos antes, en el Canto VIII, cuando los dos poetas navegan a través del Río Estigio, Dante, viendo cómo uno de los condenados se alza de las aguas inmundas, le pregunta, como siempre, de quién se trata. El alma pecaminosa no le da su nombre, sólo le dice que es "uno que llora" y Dante, sin conmoverse, lo maldice ferozmente. Virgilio, sonriente, toma a Dante en sus brazos y lo alaba con las palabras que San Lucas usó para alabar a Cristo. Entonces Dante, alentado por la reacción de su maestro, le dice que nada le daría mayor placer que ver al condenado volver a hundirse en el fango atroz. Virgilio le dice que así ocurrirá, y el episodio concluye con Dante agradeciendo a Dios la concesión de su deseo.

A través de los siglos, los comentadores de Dante han intentado justificar estos actos como ejemplos de "noble indignación" u "honorable cólera", que no es un pecado como la ira (según Santo Tomás de Aquino, uno de las fuentes intelectuales de Dante), sino una virtud nacida de una "causa justa". El problema, claro está, reside en la lectura del adjetivo "justo". En el caso de Dante, "justo" se refiere a su comprensión de la incuestionable justicia de Dios. Sentir compasión por los condenados es "injusto" porque significa oponerse a la imponderable voluntad divina.

Tan sólo tres cantos antes, Dante cae desmayado de piedad cuando el alma de Francesca, condenada a girar para siempre en el vendaval que castiga la lujuria, le cuenta su triste caso. Pero ahora, más avanzado en su ejemplar descenso, Dante ha perdido su flaqueza sentimental y su fe en la autoridad es más robusta.

Según la teología dantesca, el sistema legal impuesto por Dios no puede ser tachado ni de erróneo ni de cruel; por lo tanto, todo lo que decrete debe ser "justo" aun cuando se halle más allá del entendimiento humano. Las acciones de Dante -la tortura deliberada del prisionero preso en el hielo, su sórdido deseo de ver al otro prisionero ahogarse en el lodo- deben ser entendidas (dicen los comentadores) como una humilde obediencia a la Ley y a una incuestionable Autoridad Mayor.

Un argumento similar es propuesto hoy en día por quienes argumentan contra la investigación y condena de los torturadores. Y sin embargo, habrá pocos lectores de Dante que no sientan, al leer esos pasajes infernales, un mal sabor de boca. Quizás sea porque, si la justificación de la aparente crueldad dantesca yace en la naturaleza de la voluntad divina, entonces, en lugar de sentir que las acciones de Dante son redimidas por la fe, el lector siente que la fe es envilecida por las acciones de Dante.

De la misma manera, el implícito perdón a los torturadores, sólo porque los abusos ocurrieron en un pasado inmutable y bajo la autoridad y ley de otra administración, en lugar de alimentar la fe en la política del Gobierno actual, la envilece. Peor aún: tácitamente aceptada por la Administración de Obama, la vieja excusa de "sólo obedecí las órdenes" adquirirá renovado crédito y servirá de antecedente para futuras exoneraciones.

G. K. Chesterton dijo alguna vez: "Obviamente, no puede haber seguridad en una sociedad en la que el comentario de un juez de la Corte Suprema, diciendo que asesinar está mal, sea visto como un epigrama original y deslumbrante". Lo mismo puede decirse de una sociedad que, bajo no importa qué circunstancias, rehúsa investigar y condenar infames actos de tortura.




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El escritor argentino Alberto Manguel




(Entrada núm. 1150) .../...

domingo, 17 de mayo de 2009

In memóriam: Mario Benedetti, poeta del Sur

Murió Mario Benedetti (1). Que la tierra le sea leve a uno de los más grandes poetas del Sur. Un Sur que existe a pesar de todo. Mi amigo Alberto Atienza, mendocino de Argentina, me lo recuerda casi diariamente en sus escritos: "Acuérdate de que el Sur también existe", me repite. Imposible olvidarlo. Yo también soy Sur... Sean felices a pesar de todo. Tamaragua, amigos. (HArendt)




http://www.ua.es/webs/centrobenedetti/Imagenes/Benedetti_1.jpg
El poeta Mario Benedetti



Con su ritual de acero
sus grandes chimeneas
sus sabios clandestinos
su canto de sirenas
sus cielos de neón
sus ventas navideñas
su culto de dios padre
y de las charreteras
con sus llaves del reino
el norte es el que ordena

pero aquí abajo abajo
el hambre disponible
recurre al fruto amargo
de lo que otros deciden
mientras el tiempo pasa
y pasan los desfiles
y se hacen otras cosas
que el norte no prohibe
con su esperanza dura
el sur también existe

con sus predicadores
sus gases que envenenan
su escuela de chicago
sus dueños de la tierra
con sus trapos de lujo
y su pobre osamenta
sus defensas gastadas
sus gastos de defensa
con sus gesta invasora
el norte es el que ordena

pero aquí abajo abajo
cada uno en su escondite
hay hombres y mujeres
que saben a qué asirse
aprovechando el sol
y también los eclipses
apartando lo inútil
y usando lo que sirve
con su fe veterana
el Sur también existe

con su corno francés
y su academia sueca
su salsa americana
y sus llaves inglesas
con todos su misiles
y sus enciclopedias
su guerra de galaxias
y su saña opulenta
con todos sus laureles
el norte es el que ordena

pero aquí abajo abajo
cerca de las raíces
es donde la memoria
ningún recuerdo omite
y hay quienes se desmueren
y hay quienes se desviven
y así entre todos logran
lo que era un imposible
que todo el mundo sepa
que el Sur también existe

"El Sur también existe", por Mario Benedetti



Notas:
(1) El poeta uruguayo Mario Benedetti, en:
http://es.wikipedia.org/Mario_Benedetti

Fotos:
(1) El poeta uruguayo Mario Benedetti, en:
http://www.ua.es/webs/centrobenedetti/Imagenes/Benedetti_1.jpg

Videos:
(1) Serrat canta a Benedetti, en:
http://www.youtube.com/watch?v=1ZF6fHU-zEY




(Entrada núm. 1149) .../...

viernes, 15 de mayo de 2009

Pronombres posesivos

A la mayoría de los políticos, pero no sólo a ellos, también a jueces, médicos, militares, obispos, misioneros, funcionarios, maestros, banqueros, periodistas y líderes de opinión, por citar algunos especímenes de la diversa fauna humana, se les llena la boca con lo de la "vocación de servicio"; sobre todo cuando hablan de la suya. No deberíamos creerles siempre. El altruismo no es moneda de uso corriente entre las clases altas (ni entre las medias, ni las bajas, dicho sea de paso) aunque excepciones, haberlas haylas. Y lo que ellos llaman "vocación de servicio" la mayoría de las veces no pasa de ser ambición personal, ganas de medrar, búsqueda de gloria, pasión por el poder, ansias de mando, y a veces, hasta búsqueda del martirio como medio para ganarse el cielo. Casi cualquier cosa menos altruismo.

No tengo muy claro cual ha sido el proceso mental o la asociación de ideas que me ha llevado hasta este apesadumbrado diagnóstico; quizá la lectura de los dos textos que reproduzco más adelante. El primero de ellos, titulado "Narciso Sarkozy", del analista de política internacional y subdirector de El País, Lluís Bassets, sobre la peculiar forma de hacer política del actual presidente de la república francesa; el otro, titulado "Dejadme solo, que ya veo los brotes verdes", del periodista José María Izquierdo, es un sarcástico, demoledor y desencantado análisis, sobre la clase política española. No espero que los disfruten, pero sí que les haga pensar. Y sean felices a pesar de todo. Tamaragua, amigos. (HArendt)



Fotos:
(1) Nicolás Sarkozy, en:
http://www.periodismoenlared.com/wp-content/uploads/2008/04/20070508010817-nicolas-sarkozy.jpg
(2) José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy, en:
http://www.hazteoir.org/files/images/Zapatero%20vs%20Rajoy.JPG


http://www.periodismoenlared.com/wp-content/uploads/2008/04/20070508010817-nicolas-sarkozy.jpg
Nicolás Sarkozy




"NARCISO SARKOZY", por Lluís Bassets
(El País, 14/05/09)

La egocracia es el régimen político de Narciso: yo, mi, me, conmigo. Pero monarquía, despotismo, tiranía o dictadura no son las palabras que mejor se ajustan para definir una forma de poder en la que un solo hombre en solitario puede decidirlo todo, mediante una frase transformadora que suele encabezar muchas de sus largas parrafadas: "Yo quiero". La expresión es obra de un destacado político francés, candidato presidencial centrista en 2007 y también hombre de letras, François Bayrou, en su libro Abuso de poder, recién salido de imprenta y dedicado íntegramente a aguarle a Nicolas Sarkozy el aniversario de sus dos años en la presidencia de la República.

El argumento es tan claro como bien fundamentado: desde mayo de 2007, cuando ganó la elección presidencial, el Gobierno y su primer ministro han sido borrados del mapa. "No tengo recuerdo de haber visto un Gobierno tan maltratado y despreciado por el presidente que lo ha nombrado", escribe Bayrou. Lo mismo vale para el Parlamento e incluso para la función presidencial, "un poder que debe estar por encima de los partidos, las querellas y los clanes" y ha sido ocupado, en cambio, por un presidente partisano. Pocos discuten hoy en Francia esta tesis, ni siquiera Sarkozy, que nunca ha escondido su ansioso protagonismo. Bayrou sostiene que para el egócrata no es un obstáculo que se le reconozca como tal. Al contrario: lo aprovecha "para dar miedo a quien debe tener miedo". Pero "detrás de esta práctica hay una derrota de nuestra idea francesa de democracia y de República", hasta ahora regidas, según el autor, por la meritocracia del funcionariado de Estado, que da los cargos a lo mejores, y no por el spoil system a la americana, que sitúa en todos los cargos públicos a los seguidores del vencedor.

Bayrou tiene sobrados motivos personales para atacar a Sarkozy, que le ha vencido en las elecciones presidenciales y ha diezmado las filas del centrismo llevándose a un buen puñado de sus partidarios a su UMP (Unión para una Mayoría Presidencial) e incluso al Gobierno. Pero no son únicamente las bajas pasiones que se le achacan desde el Elíseo las que le han movido a lanzar un ataque furibundo contra el presidente. El motivo central de la embestida en toda regla justo al empezar la campaña para las europeas es su ambición presidencial. Bayrou se halla ahora prácticamente en igualdad de intención de voto con la que fue candidata socialista Ségolène Royal (20%, frente al 21% de esta última); mientras que en abril de 2007, en la primera vuelta, obtuvo 18,5% de los sufragios, a siete puntos de Royal, después de remontar unos sondeos que le daban sólo un 8% seis meses antes. Abuso de poder es en la forma una acometida contra Sarkozy, pero como mensaje electoral es una OPA hostil contra la izquierda y el socialismo.

Con este panfleto, bien escrito y trufado de la sabiduría literaria propia del profesor de lenguas clásicas que es su autor, Bayrou se ha hecho con la bandera más disputada y flameante que ondea hoy en las calles de Francia: el antisarkozismo. Su iniciativa tiene un antecedente, subrayado por muchos comentaristas sólo ver la luz: François Mitterrand publicó un libro muy similar durante la campaña presidencial de 1964 en la que se enfrentó con el fundador de la Quinta República, Charles de Gaulle y le puso en ballotage, es decir, le obligó a pasar a una humillante segunda vuelta a falta de una mayoría absoluta que el glorioso militar consideraba descontada. El paralelismo con Bayrou no es tanto el libro, titulado El golpe de Estado permanente y dedicado también a denunciar el personalismo y los abusos de poder, como el asalto de un Mitterrand, que también venía del centrismo, a las filas diezmadas de la SFIO (Sección Francesa de la Internacional Socialista), convertidas pronto bajo sus órdenes en el actual Partido Socialista.

Así lo han entendido todos cuantos tienen que entenderlo. El envite de Bayrou ha sido recibido con preocupación por unos y otros. Sarkozy quiere para las elecciones de 2012 una izquierda dividida y a Royal de candidata. Esta última y la secretaria general del Partido Socialista, Martine Aubry, temen una primera vuelta presidencial en la que Bayrou descabalgue al candidato socialista, sea quien sea, y se convierta él mismo en el candidato del centro-izquierda frente al sarkozismo. Los sondeos ofrecen buenas razones para estos temores: a un 41% de los franceses les gusta una alianza entre Bayrou y el PS, cifra que sube hasta el 56% entre quienes votan a la izquierda.

Narciso Sarkozy sólo sabe hacer política con la declinación de la primera persona del singular: yo, mi, me, conmigo. Bayrou quiere convertir ese uso posesivo de la política en la palanca para sacarle del Elíseo.







http://www.hazteoir.org/files/images/Zapatero%20vs%20Rajoy.JPG
Rajoy y Zapatero, se miran pero no se escuchan




"DEJADME SOLO, QUE YA VEO LOS BROTES VERDES, por José María Izquierdo
(El Pais, 15/05/09)

¿Por qué creerá Zapatero que él solo, sin ayuda de nadie, puede hacer frente a la mayor crisis económica en décadas? ¿Por qué desprecia a los pesos pesados de la propia izquierda? ¿Quién le jalea tanta suficiencia?

José K., a dos pasos de la ancianidad, se despierta aterrorizado. Tembloroso, rememora la terrible pesadilla que le tiene, a estas horas de la noche, incorporado en la cama bañado en un sudor de hielo. Revive el desvarío: negros cuervos le acosaban con gestos fieros y sonidos amenazadores que salían de sus negras fauces: estaba seguro de haber oído, entre horrísonos gemidos y pasear de cadenas, cosas como pensión, años de cotización, no hay dinero. Precedía a estos monstruos de la razón un gran personaje: de inmediato se percibía su mucha autoridad. Era muy educado, tenía el hablar pausado y gestos de profesor. A José K., vaya usted a saber por qué, una tontería, le recordó al gobernador del Banco de España. Con paciencia, desgranaba argumentos: subprime, burbujas inmobiliarias, crisis mundial, contracción del crédito, circulante, demanda interna, aumento del desempleo. Así que como consecuencia de tantos movimientos telúricos, en su boca todo tenía una lógica aplastante: tú, José K., te vas a quedar sin la dispendiosa pensión, que es una pasta y un derroche. No tenemos un duro, decía el señor principal, y lo poco que hay lo estamos destinando a salvar a un hatajo de banqueros rufianes, luz de nuestras vidas, soporte de nuestra civilización.

Ahora, sentado ante su mesa de siempre en el café de siempre, aún le tiemblan las manos cuando rememora el terror nocturno, sin haber decidido qué le producía más espanto, si el graznido de los cuervos o la suave dialéctica del muy razonable profesor. Ha ojeado su periódico -tarda poquito: será para talar menos árboles; decisión encomiable de la dirección del medio, se dice- y reflexiona. Lleva días aún más perplejo de lo habitual... si tal cosa fuera posible.

José K. vive desde hace años, muchos años, atrapado en el desconcierto y el asombro permanentes, sumido en un sinfín de dilemas de salida imposible. A nuestro veterano amigo le asedian, una y otra vez, ciclópeos problemas sin solución, comparables al teorema de Fermat, la conjetura de Hodges o la hipótesis de Riemamm. Por ejemplo: ¿Por qué serán tan inanes nuestros jóvenes socialistas? O, ¿por qué son tan zafios los dirigentes de la derecha? Cuestiones irresolubles, enigmas esotéricos, incógnitas del destino.

José K. se arremanga dialécticamente, dispuesto a la pelea cuerpo a cuerpo. Porque vamos a ver, señores míos -¿advierten su progresiva elevación del tono, el aumento de la vena en la frente, el acero en su mirada?-, no es de recibo asistir al día a día de la cruda realidad, económica y política, y contemplar, cada vez más irritados, cómo unos viven y medran en la impunidad, y otros callan, sorprendentemente acobardados como aquel viajero del metro que asiste impasible a la vejación de la pasajera emigrante. Nadie de su alrededor en el café lo nota, pero José K. se ha calzado el taparrabos del sumo, los guantes del boxeador, el bate del beisbolista y el florete del esgrimista. Reconvertido mentalmente en un temible M-198, comienza a disparar razonamientos como proyectiles M-155.

Recurre a tan aparatoso arsenal nuestro amigo porque es consciente de la enorme distancia que le separa no ya de Superman o Lobezno, sino de muchos ciudadanos más inteligentes, más fuertes, más listos, más cultos, más preparados. A José K. le parece normal creer que Pedro Solbes sabe más de economía que él. El reconocimiento de nuestra debilidad debe ser nuestra fuerza, epigrama que José K. no recuerda si es precepto confuciano, consejo de Sun Tzu, reflexión de Clausewitz, verso suní o máxima de Camino. Por eso se indigna cuando el joven presidente juega a don Tancredo, quieto en mitad del ruedo, sin ayudantes ni peones, a sortear al descomunal toro de la mayor crisis que hemos padecido en décadas. Ha prescindido de pesos pesados en los saberes imprescindibles en estos momentos, y ha decidido jugar la carta de Soy Yo Quien Va A Resolver Esta Dura Situación. Así reveló a los mortales en el debate sobre el Estado de la nación Mi Cambio Histórico Del Sistema Productivo, con el que logró dos cosas: no tener que pisar el sucio fango de la realidad, mejor fijar la mirada en el horizonte siempre promisorio, y, de segundas, volver a noquear al adversario consuetudinario que ya de por sí vive noqueado. Claro que para esos grandes proyectos de futuro, gentes como Obama han reclutado a los mejores economistas para su gobierno; ¡pobre tipo sin confianza en su carisma! Ignora José K. qué ha llevado al inquilino de La Moncloa a confiar en este insólito dejadme solo, decisión que más que heroica aparece ridícula por prepotente. ¿Cree acaso que no hay recoveco económico que no domine, envite financiero que no pueda frenar, tsunami monetario que no sepa amansar? Y si eso piensa, ¿por qué lo piensa? ¿Se engaña solo? ¿Tanto le halagan sus íntimos: "Oh, capitán, mi capitán"?

Se sorprende nuestro hombre con la primera y gran comparecencia pública de la gran esperanza blanca del nuevo Gabinete. Se esperan, claro, espectaculares medidas anticrisis. ¿Alguien las vio? ¿Quizá estábamos distraídos cuando la nueva vicepresidenta económica anunció decisiones espectaculares que acabaron con las incertidumbres de los mercados? ¿Acaso dormitamos en esos momentos y sólo despertamos para oír el momento Heidi y los brotes verdes? ¿Quizá nos las perdimos porque estábamos corriendo camino de la agencia de viajes para anular los billetes de avión, ante el singular anuncio del nuevo ministro de Fomento de que la mundialmente famosa T-4, hombre, bonita sí es, pero de seguridad, un desastre?

Vamos bien, piensa José K. Ya hemos logrado que José Luis Perales escriba los discursos de la vicepresidenta económica, y Stephen King los del ministro del gasto. Sólo falta que alguien le diga al Gran Timonel que conviene que en el debate del estado de la nación ofrezca algo más a los cuatro millones de desempleados que echar a correr a comprar un coche o un piso para hacerse con unas rebajillas fiscales. Para volvos y adosados estamos, dirán cargados de razón: ¡cualquiera pierde la vez en la cola del paro!

Porque millones de ciudadanos que no votan al PP asisten asombrados a las premoniciones que nos juran que las europeas las va a ganar -José K. está a punto de pedir una ristra de ajos cada vez que pronuncia su nombre- Jaime Mayor Oreja, espectro del pretérito, ectoplasma de emanaciones ignotas, brillantemente apoyado en su campaña, señoras y señores, por José María Aznar, doble espectro, triple ectoplasma. Por eso la vena ya está a punto de estallarle a José K., que asiste, incrédulo, a que este baile de los monstruos tenga el refrendo de los votos -de sus votos- y que la izquierda huya despavorida al campo, al mar, al supermercado o, al paso que vamos, a los comedores sociales, una vez más espantada ante el panorama de sus gaseosos dirigentes.

¿Contribuirá a ello, se dice nuestro pendenciero amigo, ya de vuelta a casa, el hecho de que importantes dirigentes regionales del PSOE anden dormitando por las esquinas, entretenidos en vaya usted a saber qué miserables peleas de mesa camilla, mientras los presuntos culpables de pingües untos de la oposición sigan impertérritos ocupando escaños, cargos y cinturillas? ¿Alguien sabe en qué grandes aprietos ha puesto el número uno del socialismo madrileño, Tomás Gómez, a su rival Esperanza Aguirre o a sus presuntos pillos? ¿Alguien recuerda su valiente actuación, sus artículos brillantes, sus sólidas argumentaciones? Similares medallas luce, ya se cabrea José K., Jorge Alarte, secretario general del Partido Socialista valenciano, poseedor del magnífico récord de permanecer invisible en toda España cuando ha recibido el regalo de los dioses de que el presidente de su región luzca en la primera página de todos los periódicos, acusado un día sí y otro también de graves irregularidades.

Ha tomado su tila José K., y no puede evitar que regrese el recuerdo de la pesadilla de cuervos negros y profesor meloso. Gusta durante el día de evadirse con análisis y otros circunloquios, pero en la noche, ahora lo es y cerrada, le asalta, como a millones de españoles, la triste realidad del hoy y ya veremos mañana. Echa mano de un librito de José Emilio Pacheco, el mexicano recién galardonado, y allí relee tres, cuatro, cinco veces, dos humildes versos: "No me deja pasar el guardia. / He traspasado el límite de edad".


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jueves, 14 de mayo de 2009

Sobre los nombres de las cosas

"Dijo luego Yahvé Dios: No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada. Y Yahvé Dios formó del suelo todos los animales del campo y todas las aves del cielo y los llevó ante el hombre para ver como los llamaba, y para que cada ser viviente tuviese el nombre que el hombre le diera. El hombre puso nombre a todos los ganados, a las aves del cielo y a todos los animales del campo, mas para el hombre no encontró una ayuda adecuada." (Génesis, 2, 18-20).

He escogido como introducción de mi comentario de hoy estos versículos iniciales del primer libro de la Biblia, a cuenta de la estéril y estúpida polémica suscitada por ese engendro de la radio-televisión pública canaria (TVC) al publicitar un programa de debate sobre si a la isla donde habitan (a 1 de enero de 2008, según datos oficiales del Instituto Canario de Estadística) 829.597 personas, llamada Gran Canaria, se le debe quitar el "Gran" y dejarla con el "Canaria" a secas.

La ocurrencia no es original de la radio-televisión pública canaria, incapaz de pensar nada por sí misma si no se lo dictan desde la presidencia del gobierno canario, y ni aun así salen del encefalograma plano, sino del dueño y editor del periódico santacrucero "El Día", don José Rodríguez, pertinaz defensor y adalid del franquismo al que aduló con servilismo abyecto al servicio de los intereses de lo más reaccionario de la burguesía tinerfeña, y ahora re-convertido al radicalismo independentista y anti-grancanario.

Las cosas no existen antes de ser nombradas. Es metafísicamente imposible que algo exista si no tiene nombre. ¿Quién le puso a Gran Canaria su nombre? Los historiadores sólo constatan al respecto que a lo largo de su existencia (es decir, desde que tiene nombre) la isla donde viven esas 829.597 ha sido llamada "Canari" por sus pobladores aborígenes y "Canaria" o "Gran Canaria", indistintamente, desde su entrada en la Historia.

Un artículo del periódico "La Provincia-Diario de Las Palmas" de hoy, jueves, escrito por el profesor de historia de la Universidad tinerfeña de La Laguna, don Francisco Fajardo, y que reproduzco más adelante, aporta interesantes datos e información histórica al respecto, y concluye con una verdad de Perogrullo: Que los nombres los pone la Historia; nada más que eso, pero nada menos también.

No me preocupa en exceso si esta estéril y absurda polémica sobre el nombre de la isla en la que vivo es producto del recurrente pleito insular (que no es tal, pues no es entre islas -Gran Canaria y Tenerife-, sino entre las más rancias y casposas burguesías capitalinas de Las Palmas y Santa Cruz), del latente y manifiesto complejo de inferioridad de don José Rodríguez, o de alguna deficiencia hormonal del susodicho, pero en todo caso, quiero pensar que si hay que cambiarle el nombre a Gran Canaria, nos deje a nosotros, los 829.597 grancanarios censados, que lo decidamos por nuestra propia voluntad. Les aseguro que yo jamás pondría inconveniente alguno en que a esa hermosísima ciudad que es Santa Cruz de Tenerife y a su aún más hermosa isla, le pusiesen los nombres respectivos de Ciudad Rodríguez e Isla de Rodríguez, si esa fuere la voluntad de los santacruceros y tinerfeños. Espero que no, porque no creo que don José se merezca ese honor, pero allá ellos. Sean felices. Tamaragua, amigos. (HArendt)





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"Canaria o Gran Canaria: Notas acerca de un debate", por Francisco Fajardo
La Provincia-Diario de Las Palmas, 14/05/09

Desde hace un cierto tiempo, el periódico 'El Día' viene sosteniendo que al nombre de la isla de Gran Canaria debe retirársele el 'Gran'. La cuestión fue planteada hace unos días en un programa de la Televisión Canaria. Con poco ánimo polémico, debo decir, quiero aportar aquí algunos datos, citas y consideraciones al respecto, por si pudieran servir al alguien para hacerse una composición de lugar, reafirmar su postura con más fundamento o cambiarla, en un sentido o en otro

El nombre primero de la isla es el de Canaria. Fuera de procedencia aborigen o se tratara de una denominación aplicada desde afuera, Canaria fue el nombre que desde la Historia Natural de Plinio el Viejo (s. I) se dio a la isla que hoy llamamos Gran Canaria. La tesis más plausible es la de que la palabra venga del nombre de la tribu del Atlas Canaria (los "Canarii" de los textos romanos). El término Tamarán, que aún algunos piensan que alguna vez fue el nombre de la isla, lo inventó Ossuna y Saviñón a mediados del siglo XIX. En su Resumen de la Geografía (…) y de la historia (...) de las Islas Canarias, escribió que los naturales dijeron a los normandos de Juan de Béthencourt que su isla "se llamaba Tamerán, que quiere decir país de los valientes". La afirmación, aceptada por varios estudiosos del pasado isleño, fue después difundida a través de Millares Torres, especialmente. Pero se trataba de una más de las fabulaciones de Ossuna, como lo fueron otras fraudulentas aseveraciones suyas contenidas en la misma obra.

Del nombre de la isla se deriva el del Archipiélago. Ya a principios del siglo IV d. C. Arnobio de Sicca designó al conjunto de las islas como Canarias Insulas, en lo que parece una extensión del nombre de Canaria a todo el Archipiélago. En el siglo XIV, al reanudarse e intensificarse los contactos de los europeos con el Archipiélago, éste viene referido, en los textos y en la cartografía, como "islas de Canaria". Así, desde luego, se entendía más adelante: Abreu Galindo escribió que "desde que hay noticia de estas islas (…) siempre ha tenido y conservado esta isla el nombre de Canaria, que jamás lo ha perdido, y las otras comarcanas por ella se llaman las Canarias". Las razones que llevaron a extender al conjunto insular el nombre de una de las islas quizás no fuesen las mismas en el siglo IV que un milenio más tarde, pero podríamos suponer que a Canaria se la distinguiera por su posición central (junto con Tenerife), su población (en el relato del viaje de Nicocoloso da Recco, de 1341, se afirma que era la más poblada) o quizás su riqueza (mayor nivel de la cultura material de sus habitantes), y por todo ello debió de ser la más conocida. De Gran Canaria se dice en Le Canarien (versión B, o de Béthencourt) que "es la más célebre de todas estas islas". Durante la decimocuarta centuria, en efecto, se dirigieron a ella mayoritariamente las expediciones mallorquinas, y en relación con éstas tiene lugar el establecimiento de misiones evangelizadoras y del obispado de Telde (en 1351, el Papa ordenó el envío de misioneros a "Canaria y las otras islas adyacentes a ella").

El nombre de Canaria es anterior a la conquista. Es un absurdo decir o escribir que en la denominación Gran Canaria tengan o tuvieran alguna parte los habitantes de esa isla, actuales o del pasado, pues aquélla es anterior no sólo a su conquista a finales del siglo XV, sino anterior también a los inicios de la conquista normanda a principios de esa centuria: en la Crónica de Enrique III, de 1393, se la nombra ya como Canaria la grande. No fue, pues, Juan de Béthencourt el creador del calificativo de "Grande" -en eso se equivocaron Abréu Galindo y cuantos lo siguieron-; como en realidad sucedió con las demás islas: Le Canarien las designa con nombres que ya existían y circulaban en distintos textos y mapas. Por supuesto, no tiene ningún fundamento relacionar con Juana la Loca la denominación de "Gran", como han hecho algún editorial periodístico y algún contertulio de programa de televisión, quizás confundidos porque fue esa reina la que concedió a Las Palmas el título de ciudad; pues, como hemos repetido, aquella designación era muy anterior.

Sin duda, la denominación de Gran Canaria era un modo de diferenciar a esa isla del resto de las Islas que también eran Canarias. Aunque pudiera no haber una exacta noción de sus respectivas superficies, no parece que tal nombre respondiera a la idea de que fuese la más extensa. El veneciano Ca'da Mosto escribía (1455-1457) que entre "las islas de Canaria" la mayor era Tenerife. Es cierto que el cronista portugués Eanes Da Zurara (1448) dice que "Gran Canaria (…) es la mayor de todas las islas", pero después de él no volvemos a encontrar tal afirmación, excepto en un texto que lo copia. Posiblemente lo creían así por el título de Gran que tenía (y no que se le hubiese dado éste porque se la considerara la mayor). En las crónicas del momento de la conquista realenga las cosas están claras: Alonso de Palencia, muy bien informado, como comisario que fue de la conquista de Gran Canaria, decía de ella que era "su nombre el más divulgado de entre todas las demás islas Afortunadas; aunque en extensión sea mucho menor que" [Tenerife]. Por supuesto, los historiadores posteriores que describieron las Islas sabían bien esto: "Entre las siete islas que comúnmente llaman de Canaria (que de la una de ellas llamada así se denominan), la mayor, más rica, abundosa y fértil es Tenerife", escribía Alonso de Espinosa.

¿Por qué entonces el calificativo de "Grande"? En primer lugar, pensamos, se heredó la denominación procedente del siglo XIV, reforzada quizás entonces por ser Canaria la sede del obispado de Telde. El Papa decidió en 1435 el traslado del obispado desde Rubicón a Gran Canaria (Canaria Magna, la llama el texto pontificio). Por entonces, en las bulas papales se usaban expresiones semejantes: Grandis Canariae (Martín V, 1420), Magne Canarie (Eugenio IV, 1434). Gran Canaria se eligió como sede episcopal por ser más rica y segura (se aducía la escasa población y la indefensión de Lanzarote); y ello casi medio siglo antes de que aquella isla fuese efectivamente conquistada y el obispado se trasladase (1483). Después, su carácter de primera isla de realengo en ser conquistada y el hecho de que albergase la sede episcopal y otras instituciones consagraron su condición de "cabeza" del Archipiélago.

La isla aparece desde finales de la Edad Media como cabeza de las demás. El ingeniero militar Lope de Mendoza y Salazar, probablemente natural de Tenerife, escribía a mediados del siglo XVII: "Es cabesa Canaria de esta provincia por asistir en ella la Audiencia real por mandado de su magestad, el tribunal de la Santa Inquisición, el Obispo y la Santa Cruzada". Viera y Clavijo, que el nombre de Gran le venía, entre otras razones, por "la dignidad de capital". Sin que pueda hablarse de una capitalidad administrativa como la entenderíamos hoy, pues cada isla tenía su propio Cabildo o Concejo y su propio Gobernador (o Corregidor, según la época), albergar las citadas instituciones daba a Gran Canaria una innegable centralidad: "verdadero centro estratégico del realengo canario", según Roldán Verdejo. Cuando se instituyó el cargo de Capitán General en 1589, se le indicó que "la isla de la Gran Canaria (…) ha de ser vuestra principal residencia". Los Capitanes Generales se establecieron en Tenerife desde mediados del siglo XVII, pero no se dejó de señalar (como, por sus particulares razones, lo hizo el Intendente Ceballos en 1720, en petición dirigida al Rey), que debían volver a Las Palmas, ya que eran presidentes de la Real Audiencia. El jesuita granadino Mathías Sánchez, que vivió en las islas entre 1729 y 1736, decía que La Laguna sería sin duda la mejor población del Archipiélago, "a tener los Maiorazgos de la Orotava, y los Tribunales de la Gran Canaria".

La crónica Ovetense se intitulaba "Libro de la conquista de la ysla de gran Canaria y de las demas Yslas della". La circunstancia de que Canaria hubiese dado nombre al resto de las islas y fuese el asiento de las instituciones que tenían jurisdicción sobre todo el Archipiélago fue el fundamento para que cronistas e historiadores dieran a sus obras el título de Historias de las Islas de Canaria (Marín de Cubas, Pérez del Cristo, Pedro Agustín del Castillo, Viera y Clavijo), o de la Gran Canaria (Viana, Abreu Galindo, Núñez de la Peña). Esa dependencia, jurisdiccional y en cuanto a la denominación, no significaba superioridad material. Núñez de la Peña, exaltando la prosperidad de su isla, escribía: "Es la isla de Thenerife, la mayor, y mas poblada de las de Canaria, y mas rica […]. Està esta isla en medio de todas, como madre; y si Canaria lo es en el nombre, esta de Thenerife lo es en las obras". Pero no se quiera ver "pleito insular" antes de tiempo.

Los nombres de Canaria y de Gran Canaria se usaban indistintamente. Que se empleara la expresión Gran Canaria no significa que se hubiese abandonado el nombre primitivo de Canaria, sino que uno y otro alternaban, incluso en un mismo texto. Los dos nombres, Canaria y Gran Canaria, aparecen en todas las versiones de las crónicas isleñas de su conquista, así como en los cronistas peninsulares y en los historiadores. Colón, en su Diario, al describir todo el episodio de cómo han de llevar La Pinta a tierra, para reparar su timón, escribe unas veces Gran Canaria y otras Canaria. En el Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España de Pascual Madoz (1848-1850), en la voz Gran Canaria se dice que es una de las siete islas, remite a "Canaria (Gran)", y emplea a lo largo del texto fundamentalmente el nombre de Gran Canaria, particularmente al tratar de los topónimos correspondientes a esta isla.

En el uso de una u otra denominación no había ninguna diferencia que respondiera a cuál fuese la isla desde la que se hablara o escribiera: en 1515, justificando el Cabildo de Tenerife la solicitud del título de ciudad para La Laguna, aduce que es "mayor pueblo mucho que la ciudad real de Las Palmas en Gran Canaria"; en un contexto ya de pleito insular, José Murphy se dirige tanto a la Junta Suprema de Sevilla como a la de Canarias escribiendo Gran Canaria cuando se refiere a ella.

La denominación Canaria era más popular y cotidiana, y la de Gran Canaria más oficial. Se ha escrito que el Gran no es "legal", pero sucede justamente lo contrario: Gran Canaria es expresión más oficial o solemne, y así aparece habitualmente en disposiciones normativas, edictos, nombramientos o proclamas: cartas episcopales, concesión del Fuero a la Isla; creación de la Real Audiencia; nombramiento del primer Capitán General; o en la mayoría de las cartas, órdenes o incitativas dirigidas a sus gobernadores. Por no hablar, naturalmente, de los textos legales contemporáneos. Pero también encontramos que en aquéllos documentos oficiales del pasado se decía Canaria; como sucedía (el uso de una u otra fórmula) en los protocolos notariales. Hay que tener en cuenta en cualquier caso que con la voz Canaria se estaba haciendo referencia, muchas veces, a la ciudad de Las Palmas, también designada de esa manera.

Probablemente el término Canaria fuera más frecuente en textos privados, en la conversación diaria o en declaraciones personales, como cuando alguien decía que era de esa isla, o que se dirigía a ella. Ejemplos tomados de una obra del profesor Anaya: entre los cautivos canarios que en Berbería daban su filiación, ante el escribano de la redención, la mayoría de los de la isla decían que eran de Canaria; otros, que de Gran Canaria; uno, "de las Canarias, de la grande"; y en otro caso (de 1646) que "de la isla de Canaria cabeza de todas las siete islas".

También en la cartografía antigua aparecen indistintamente Canaria y Gran Canaria. En contra de lo que se ha afirmado -incluso con repercusiones políticas y manifestaciones de alguna autoridad-, la isla en cuestión era designada antes del siglo XX de los dos modos. Sirva de muestra, casualmente equitativa, la de los mapas exhibidos en la Exposición "Las Islas Canarias y de Cabo Verde en la Cartografía. Siglos XVI-XIX", celebrada en el antiguo Convento de Santo Domingo de La Laguna en junio-julio de 2008. Consultando su Catálogo advierto que aparecen con el nombre de Canaria los mapas de 11 cartógrafos, y con el de Gran Canaria otros 11 (Hondius, Bertius, Claesz, Goos, Keulen, De Witt, Pierre Du Val d'Abbeville, Halley, Jefferys, Baldwin and Cradock, y Thomson). Varela Ulloa pone en su mapa Canaria, pero en el texto de su Derrotero… escribe Isla de Gran Canaria (y también Canaria); Nicolás Sanson d'Abbeville, Isle Canarie ou Grande Canarie; tres más fueron para mí ilegibles, incluso con lupa: los mapas de Borda, Tofiño y Tallis. No soy un buen conocedor de la cartografía histórica del Archipiélago, pero podría añadir una docena más de mapas en los que la isla aparece nombrada como Gran Canaria, desde el más antiguo conocido, el de 1460 de la Biblioteca Ambrosiana de Milán (según Tous Melián). Naturalmente, sería posible citar otros tantos, o más -no lo sé-, en los que figure con el nombre de Canaria; lo que no hace sino poner de relieve lo inútil que resulta citar textos, grabados o mapas en los que aparezca una u otra denominación, pues, como venimos repitiendo, ambas coexistían.

Con el tiempo, sobre todo en el siglo XX, se ha impuesto Gran Canaria. Hoy los textos oficiales, la literatura científica, la cartografía, la prensa, la información turística, la documentación mercantil y, lo que es más importante, la gente, la llaman unánimemente Gran Canaria. Ello a mí no me produce ningún tipo de complacencia, ni lo contrario: sólo lo constato. En mi infancia aún se decía Canaria (bien cierto es que ya sonaba antiguo, o más propio de ambientes populares o menos cultos), y canarios a sus habitantes (canarión era una voz inexistente). Los que no empleaban la expresión Canaria a menudo decían (o decíamos) Las Palmas para referirse a la isla y no sólo a su ciudad capital. En mi particular, y discutible, opinión, lo que finalmente ha ocurrido ha sido un triunfo de lo "oficial" y de los mass media; pero así ha sucedido con tantos vocablos y expresiones.

Desde la idea de que ninguna isla sea superior a otra, sin pretender reivindicar nada (ni del pasado, ni del presente), sin ninguna parcialidad -si se me quiere creer-, pienso que Gran Canaria no es más que un nombre que la Historia nos ha dejado. Pero nada menos que eso, también.




(Entrada núm. 1147) .../...