jueves, 30 de octubre de 2008

Los peces de colores

Por supuesto que ignoro si la reina Sofía cree en los peces de colores. Supongo que no, pero desde luego si alguien del entorno de la Casa Real pensó que sus declaraciones a la periodista Pilar Urbano, que ésta última ha hecho públicas con vistas a la edición de su libro sobre la reina, iban a pasar sin pena ni gloria se equivocó de medio a medio. Aborto, educación religiosa, matrimonio homosexual, los insultos y ofensas a la Corona, sus relaciones y opiniones sobre los presidentes del gobierno y sobre gobernantes extranjeros... A mi me han parecido bastante sensatas, la verdad, aunque no comparto algunas de ella (al menos de las que se han comentado), y desde luego, respetables. El problema es si la situación de excepcional privilegio de que gozan los miembros de la Familia Real no implica también una obligación de estricta neutralidad, incluso de opinión, sobre aquellos asuntos de confrontación política y social, por parte de los mismos. También es cierto que la figura de la reina consorte no tiene relevancia constitucional alguna, salvo en el caso de que se viera abocada al ejercicio de la regencia durante la minoría de edad del heredero o la incapacitación del rey, así que, al menos constitucionalmente, no cabe exigirle ese estricto papel de neutralidad política que corresponde cumplir al titular de la jefatura del Estado.

En este país nuestro tenemos un regusto bastante primario por poner a caldo, venga o no a cuento, al rey: si hace, por que hace, y si no hace, porque no hace.. Me parece de un infantilismo rayano en la estulticia. Por ejemplo, el del señor alcalde de Puerto Real, llamando crápulas al rey y a su consorte... Flaco favor le hacen a la república y al republicanismo, absolutamente respetables ambos, declaraciones como las de este descerebrado...

Y para descerebrados locales, los delegados asistentes al reciente Congreso Nacional de la Coalición Canaria-ATI (Asociación Tinerfeña Inmobiliaria) celebrado en Las Palmas este pasado fin de semana, ahora lanzados sin freno, de culo y marcha atrás por el camino del soberanismo, el pacto confederal con el Estado y la independencia nacional canaria... Lo más gracioso no es lo citado anteriormente, que es respetable, si fuera serio, es que para fundamentarlo, afirman categóricamente que no existe nación alguna llamada España y que tampoco existe pueblo español alguno... Vale, majos, si vosotros lo decís, será verdad... ¡Llevan éstos un carrerón hacia la hostia que no quieras ver!... No seré yo quien se lamente cuando se la peguen...

Otra que cree en los peces de colores, por lo que parece, es la prestigiosa editora catalana Esther Tusquets, que junto con la historiadora Mercedes Vilanova, escribieron una biografía "autorizada" sobre el ex-alcalde de Barcelona y ex-presidente catalán, Pasqual Maragall. La dolorida respuesta de la escritora a las críticas surgidas del entorno familiar del señor Maragall creo que es un monumento literario a la ingenuidad...

Y otra ingenuidad, y con esto termino mi crónica de hoy, es la de un entrañable compañero de militancia sindical que, como yo en su momento, creía en eso que se denomina democracia interna (de los sindicatos, los partidos políticos, las organizaciones empresariales, los colegios profesionales, y todos los etcéteras que ustedes quieran), democracia interna que, como ya demostró el sociológo alemán Robert Michels al formular a principios del pasado siglo su "Ley de Hierro de las Oligarquías", no es nada más que una entelequia digan lo que digan las normas legales y estatutarias respectivas.

Se queja este compañero en un correo electrónico de hace unos días, que no puedo hacer público porque es privado (justamente lo mismo que la Casa Real acaba de decir sobre las revelaciones de la periodista Pilar Urbano, que seguramente ésta desmentirá...)
de la falta de democracia interna dentro de la UGT de Canarias. No digo que no tenga razón, pero tampoco es como él lo pinta. Es, simplemente, que la "cosa" es así... Y eso no hay quien lo cambie.

Nosotros lo intentamos hace unos años... En un curso que hacíamos en la Escuela Sindical "Julián Besteiro", que la UGT mantiene en Madrid, el grupo de alumnos que asistíamos a ese curso sobre "Análisis y resolución de problemas" (Octubre, 1999), elaboramos como trabajo dentro del curso, un texto que denominamos "Manifiesto para un sindicato del siglo XXI", con el que pretendíamos dinamizar la vida organizativa interna del sindicato, modificando su estructura orgánica y territorial y abriéndolo a la participación activa de sus afiliados. Lo discutimos, lo aprobamos y nos ilusionamos con él, pero la vida posterior del "Manifiesto" fue tortuosa. La cúpula sindical de nuestra Federación de industria, a la que se lo remitimos, ni siquiera acusó recibo de la misma. Por supuesto no fue objeto de debate en instancia alguna del sindicato, aunque el grupo de "creyentes en los peces de colores" de los que yo formaba parte, lo intentamos de todas las maneras imaginables. La respuesta era siempre la misma: no era "el momento procesal oportuno"... Ese momento sigue sin llegar, pero yo, desde luego, hace bastante tiempo que dejé de creer para siempre en los peces de colores... Y así sigo... Sean felices, Tamaragua. (HArendt)



















El milagro de la vida: Esta tarde en el jardín de casa
(Maspalomas, Gran Canaria)




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